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jueves, 4 de julio de 2019

Ferat Vampire (Upír z Feratu)


Que un auto sea un vampiro suena híper extravagante y original, pero el resultado es un filme extraño para el cine de terror, pero interesante aun así. El auto en cuestión tiene un desenvolvimiento más discreto que algo potente y terrorífico, el terror es más anexo por otras cosas que por el propio auto; el auto vampiro, el ferat, más bien tiene una especie de investigación, comprobación, de que en efecto es un vampiro, y el trabajo en ello parte de un tipo que es freak y cuenta esto a un doctor (Jirí Menzel), el doctor se convence porque el ferat implica a una mujer que él ama, una enfermera, Mima (Dagmar Havlová). El filme gira en base a un rally, el ferat va a competir en éste rally. Mima va a conducir el auto, ya que la anterior piloto murió, supuestamente chupada su sangre por el ferat. En el filme hay un juego del doble con ésta mujer, Luisa (Jana Brezková) y su hermana Clara (la misma Jana), presentándose como una alucinación, un juego de terror, donde muchas mujeres quedan confundidas. Esta propuesta tiene su complejidad, es algo intrincada de entender. Mima y Luisa tienen sus vidas vinculadas, la morgue las espera. El doctor Marek es el padrote, las seduce a ambas, aun cuando tiene la pinta de nerd. Ferat Vampire (1982) es un poco seria con su investigación de hacer ver al ferat como un vampiro, esto se dilucida al final finalmente, antes todo busca comprobar los supuestos disparates de un tipo. Esto del ferat vampiro hace percibir al filme raro, porque no busca hacer terror barato, terror básico o intenso, es algo más sutil, el auto chupa la sangre por el pedal, hay una adicción y dependencia ahí, esto se conjuga con la pasión por el automovilismo y el deseo de éxito y reconocimiento. Mima ama el automovilismo, igualmente como Luisa lo amaba, ambas están dispuestas a morir por ello. También tiene influencia que un vampiro chupa la sangre a alguien y la vuelve dependiente de su hechizo, es como una esclavitud la que genera, hipnotiza a la persona, roba el alma. Ambas cosas van de la mano, la pasión por el automovilismo y el vampirismo, hay una fusión sólida en esto en la presente propuesta. Luego veremos hasta el rally en acción. Aparte el checo Juraj Herz espolvorea terror en el filme, pequeños sustos, pero también coloca una pesadilla potente con el ferat a lo Cronenberg, con un auto latiendo como la carne, lleno de sangre. El rally que es auténtico está bien inmerso en el filme. La compañía Ferat tiene una administración y directores que da a entender a un capitalismo violento, un capitalismo depredador y corrupto. El filme tiene su erotismo, pero nunca deja de lado su historia. La escena con las botellas en la cama es chocante, pero el filme da una explicación freak, así se ve un poco el filme. Es un cine de terror raro, particular, cine de autor con su roce con el ridículo en el que nunca cae. Ferat vampire no será una obra maestra, pero es una película bastante curiosa.

domingo, 15 de abril de 2018

Morgiana


El checo Juraj Herz es un director bastante atrayente en el cine de terror, sobresalen en especial tres de sus películas. La mejor de las suyas es El incinerador de cadáveres (1969), una película de horror, pero también cine arte complejo, cargado de estilo y detallismo, sobre un incinerador amante de la muerte que pasa de ser un inofensivo extravagante a un insano partícipe del Holocausto en su país. Otra es La virgen y el monstruo (Panna a netvor, 1978), una adaptación del cuento de la bella y la bestia, bajo una ilustración gótica, pero también algo sucia y violenta, con un monstruo con cuerpo de pájaro que habla consigo mismo como un psicótico en pugna por su humanidad, que por el amor aparentemente imposible de una dama bondadosa e impoluta sufre doblemente su bestialidad, su fealdad física, pero por ella trata de ser diferente a su naturaleza animal y controlar sus trastornos producto de verse rechazado por el mundo. La tercera es Morgiana (1972).

Morgiana nos pone a dos hermanas, interpretadas por la misma actriz, Iva Janzurová, que por el maquillaje y color y forma del cabello increíblemente parece dos personas distintas, uno fácilmente las puede confundir por físicamente individuales. El filme juega con la dualidad, a dos personalidades, psicologías, que escenifican una, aunque en la trama se trata de dos personas, pero una está muy unida a la otra. Viktorie envidia a su hermana Klára, envidia su belleza y sensualidad, sus apasionados encuentros sexuales, su fortuna y propiedad, ya que ella ha recibido la mayor parte de la herencia familiar. Viktorie planea matarla y la envenena lentamente, ocasionándole alucinaciones, distorsiones.

En el trayecto vemos que Viktorie odia prácticamente al mundo, está insatisfecha de todo, la observamos apedrear a una mujer por ser simplemente bella, por yacer libre y desnuda bañándose a la intemperie con otras féminas. Viktorie tiene una cierta locura a cuestas. Klára es libre y superficial, pero una buena persona al final, está feliz con su existencia y vive despreocupada. La hermana en cambio sufre cada minuto. Una representa el placer, la otra el dolor, dos caras capitales de nuestra humanidad.

El filme de Juraj Herz estéticamente es exagerado, es muy abundante en todo sentido, gótico pero con su toque de mal gusto, todo lo que hace del filme un lugar de originalidad visual, más no como se pudiera pensar de daño o asco estético. Como curiosidad está decir que Morgiana es el gato de Viktorie quien observa toda la maldad de su ama, nos ponemos en varias oportunidades aunque de manera sencilla desde la vista del animal que pareciera seguir cada acto cruel de Viktorie. En el filme hay un quehacer de cine B, como que la muerte no es determinante por más que antes, el último suspiro, ha sido muy claro. Se hace un especie de juego de ruleta rusa donde el veneno apunta a matar y se escabullen las predicciones.

El galán del filme, un militar, juega a las cartas con habilidad y pasea con compañeros alcoholizados y con prostitutas. No obstante el galán enamorado finalmente rechaza acostarse con una puta, que no aguanta la negativa y le arma un espectáculo. El filme tiene un cierto sabor barato, donde abunda el color. En un momento Klára se topa con un vagabundo y éste intenta emborracharla y violarla. Una mujer chantajea a Viktorie, se dan –entre éstas dos brujas ambiciosas y amorales- unos diálogos jugosos, aun cuando huelen a telenovela, a su grandilocuencia expresiva y emotiva. La desesperación toma otro nivel en el filme, en la vida de Viktorie. Es como si Herz se propusiera utilizar todo lo malo y convertirlo en arte, sin perder el sentido popular, por más que estemos viendo gente adinerada.

El comportamiento es medio salvaje en el filme, camuflado en ciertas formas. Esta propuesta recuerda indefectiblemente a What Ever Happened to Baby Jane? (1962). Un poco lo malo del filme es la banda sonora, ayuda en varios momentos, pero su omnipresencia llega a molestar, a hacerse sentir demasiado. Por ratos es hasta incongruente, un rasgo más de esas fusiones “inverosímiles” propias de éste genial director checo.