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sábado, 10 de mayo de 2025
L'Istruttoria È Chiusa : Dimentichi
Lo que sorprende inicialmente es que Franco Nero aunque hizo una carrera con varias producciones de bajo nivel es de reconocerle que es tremendo actor. Aquí realmente lo hace muy bien, es muy expresivo, sabe contener el miedo y el dolor de su personaje, sabe ser frágil y también valiente, todo de manera convincente y bajo contundente emocionalidad. El director del filme, Damiano Damiani, también es un gran director de cine, quizá muy poco reconocido para la buena calidad de sus películas, que no se revisten de demasiada materia, recurren bastante a lo esencial sin caer en lo monótono. Igualmente domina el cine de entretenimiento y lo hace con cierto grado de sofisticación en sentido de darle sustancia al cine de género que hace y que puede leerse hasta un poco intelectual, sin dejar las coordenadas de un cine accesible a cualquier espectador, hasta el más afín al de la acción pura y dura. El cine de Damiani es realmente seductor. Mantiene un alto nivel de atractivo como narrador. Su arte es interesante y al mismo tiempo se ve con mucho agrado hedonista básico. Nero interpreta a un arquitecto que cae en una terrible cárcel llena de mafiosos y asesinos producto de un choque accidental y su fuga. Es un hombre de bien, un hombre de dinero, un hombre incluso idealista a cierto punto, pero esto se pondrá a prueba producto de la ley de lo criminal, la ley de la sobrevivencia. En la cárcel conoce a un hombre realmente probo e intachable que es capaz de sacrificar su vida por sus principios. Vanzi (Nero) intenta hacer lo correcto, pero al tratar con un importante mafioso de la prisión, Salvatore Rosa (Claudio Nicastro), que uno puede confundir con el director de la penitenciaria y quien necesita deshacerse de Pesenti (Riccardo Cucciolla), el sujeto idealista que quiere señalar la culpa de cierta mafia empresarial, entra en una vorágine de miedo frente a la criminalidad de la prisión. Damiani maneja éste miedo como pocos, como se puede ver en el esquema y ejercicio dotado que coloca en su magistral película –valga la obviedad del título- I Am Afraid (1977), con los grandes Gian Maria Volontè y Erland Josephson. Hay un buen plan –que lleva cierta originalidad como película en toda su estructura hasta el final devastador y traumático- para sacar de en medio a Pesenti que lo involucra a Vanzi como fintiando su participación casualmente y en ese trayecto se ve como puede uno quedar fuera de circulación si chocas con los poderosos amos de la prisión. Es un filme que muestra muy bien la fragilidad de vivir o morir si te ponen en la lista de los enemigos oficiales o cuando estás como anillo para el dedo como prueba de legitimidad. Es de esa manera que muchos capos de la mafia se ganan el miedo y el respeto, por su cualidad de miserabilidad. Vanzi hace lo que puede para adaptarse, pero el lugar lo sobrepasa, como a cualquier persona de bien. El realismo del filme es potente, no cae en la caricatura, ni tampoco en la sobredimensión. Así el sistema para tener sexo (con la impresionante Patrizia Adiutori) en prisión es audaz y coherente. El dinero en la cárcel te puede ayudar, pero el poder (la pirámide) está primero. En ese ámbito Pesenti es un kamikaze, pero Vanzi es alguien mucho más pedestre y la pieza clave para el jaque mate en varios sentidos. Temer morir está en todos, pocos hombres pueden ser realmente heróicos, Pesenti es uno de ellos. Pero Salvatore es un demonio en toda la palabra. Igualmente, el cinismo y la frialdad del guardia al mando del centro (Turi Ferro). Hay diversos vínculos de amistad en prisión. Asistimos a muchos tipos de presos, como Biro (John Steiner), el eterno delincuente juvenil. También se apela a la dignidad del preso, como con Campoloni. Muchos estan expuestos a la fragilidad de la existencia, en un lugar donde es un pequeño reino donde favores esenciales valen más que la propia vida. Es el opuesto de la civilización idealista donde cada ser humano es importante. También hay una señalización de clases bajas empujadas a corromperse, como arguye el jefe de policía. Es una película pesimista, pero también la cárcel representa un submundo infernal.
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acción,
cine europeo,
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Damiano Damiani,
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séptimo arte,
thriller
jueves, 12 de julio de 2018
Il mercenario
Franco Nero es el mercenario del título, el polaco Kowalski,
hace del asesor de un joven revolucionario, el mexicano Paco Roman (Tony
Musante). Paco es inmaduro e ignorante como él mismo se adjudica, pero en parte
también es inteligente al buscar asesorarse, aunque Kowalski es abusivo con sus
beneficios, dada la situación social, provocando la buena broma en el trayecto,
como bañarse en el desierto cuando todos están sedientos.
El dúo Nero-Musante es uno muy bueno, y de esto se sostiene
el filme, de la interacción entre jefe y asesor o asesor jefe y jefe pantalla o
simple hombre de acción. Además está la injerencia de una mujer inteligente,
Columba (Giovanna Ralli), que quiere que Paco se ponga los pantalones y le
quite el poder al polaco, pero como Paco no es muy planificador no puede dejar
de depender de Kowalski, que todo lo hace con una naturalidad y dominio que por
algo nos parecen decir que Franco Nero es tremenda figura del spaghetti western,
aunque mucho se debe también al genio del director, a Sergio Corbucci.
Éste filme es muy bueno, sobre todo usando la comedia,
cuando la comedia suele arruinar el entusiasmo que genera un western como
acción al quitarle seriedad y mítica. Pero éste está en su punto de genialidad,
fusionándose plenamente a la acción. El filme llega incluso a abrir con unos payasos
en un rodeo, uno de ellos es Paco que yace escondido. Otro aporte bueno es el
del enemigo, interpretado por Jack Palance, como Curly (Risos), por su cabello.
Inicialmente puede verse algo ridículo, pero más tarde toma forma. Curly es un
malvado competente. Hay un duelo excelente al final entre Musante y Palance con
escopetas.
Il mercenario (1968) es un filme entretenido, con su gracia
al ritmo de las ametralladoras que tanto ama Corbucci. Nero no exagera y
Musante se ve muy natural como un muchacho alegre, despreocupado, risueño.
Giovanna Ralli también tiene talento para hacer de una fémina que se da cuenta
de las cosas y no sólo quiere ser una beldad o una mujer para la cama, su
aporte en el filme no es tampoco muy argumental, pero ya es una cierta mejora
de cómo se retrata a las mujeres en los spaghetti western, cosa a la que no es
tampoco muy ajeno Corbucci como cuando el polaco analiza una situación usando el
culo de una mujer desnuda.
Algo ingenioso del filme es que la revolución está como en
segundo plano, nadie parece muy convencido de ello, o muy comprometido, hasta
el final donde muy ligeramente se deja ver que es ahora el sueño idealista del
protagonista. Esto es en favor del entretenimiento, de la comedia, de lo
práctico y de la interacción de los principales. El final es haber aprendido,
pero tal cual se despachan fácilmente a los malos, a los militares de una
dictadura.
También es audaz el Musante al servicio de la libertad de
Corbucci, y que no lo endiose, sino juegue mucho con él hasta llegar a tirarlo
a un lugar de chanchos, de barro. Nero tiene un papel más de líder, de tipo
privilegiado por el guion, pero finalmente le llegan a poner un bozal de
caballo, todo esto puede parecer intrascendente, pero quitar y poner mítica en
un personaje, generar un balance, manejar la broma, el relajo y la imagen del
tipo duro no es tan sencillo, no siempre funciona o se es favorablemente intrépido,
pero en la presente Corbucci está en toda gloria. Musante se hace querer y Nero
está en una de sus mejores actuaciones.
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cine europeo,
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Jack Palance,
séptimo arte,
Sergio Corbucci,
Tony Musante,
western
martes, 3 de julio de 2018
Vamos a matar, compañeros
El italiano Sergio Corbucci hace una película
contextualizada en la revolución mexicana, con dos líderes revolucionarios enfrentados
y muy distintos entre sí, uno utópico, idealista, interpretado por Fernando Rey
como el profesor Santos, y el otro, un tipo bastante corrupto y salvaje, en el
general Mongo (José Bódalo), genial en su rusticidad. Pero la fiesta viene con
los dos héroes, porque el presente aunque un spaghetti western también es una
comedia.
El filme pierde algo de valor porque cantidad de momentos
privilegian la broma que la acción. Pero es una película entretenida aun así y
también le sobreviven muchas escenas intensas. Los 2 héroes son El Vasco (Tomas
Milian) y el sueco Yodlaf Peterson (Franco Nero).
Entre El Vasco y el sueco surgen muchas bromas, con un
Peterson muy listo, tanto como ambicioso, y un Vasco humilde y medio tonto pero
muy corajudo, como un creyente en la revolución, salido de abajo, empieza de
lustrabotas. Peterson le toma el pelo a su amigo todo el tiempo, El Vasco aun
así exuda mucho carisma y tiene sus ratos de pequeña revancha.
Ambos pasan momentos de indefensión –el astuto Peterson
siempre está a puertas de morir, aunque mantiene su sentido del humor- y
requieren de la suerte o del otro para vivir. Corbucci bromea en toda libertad con
la imagen de sus héroes y mantiene su bravura con las armas.
Otro puntal curioso es el de un tal John (Jack Palance), típico
nombre americano y cowboy ruin, que se parece en el accionar al sueco, ambos se
ven movilizados por el dinero. John es aficionado a la marihuana, tiene una
mano artificial y carga un halcón que ama. Todo esto apunta a crear un rival
atractivo en el plano de la imagen, aunque en la acción en sí genera poca
magia. Jack Palance no está particularmente inspirado, se le aprecia mejor más serio, rudo.
Es un filme que se burla un poco de la revolución o da a
entender que prefiere el espectáculo. Se celebra la violencia como
entretenimiento, se celebra el western no tomándosele demasiado en serio. En la
parte política –que hay mucha, sin mayor profundidad- la broma dispara por
todas partes, el sueco puede ser visto como un extremo capitalista y el Vasco como
un idiota revolucionario, más una figura a lo Che Guevara, lo mismo con Santos, como
un tipo inocente, y a Mongo como un mentiroso, un oportunista, un clásico político.
Lo mejor del filme es la interacción entre Milian y Nero, actores
representativos del spaghetti western, prestos en ésta oportunidad a la
comedia, a bromear con su imagen. Como están en toda la película -que abre
con un duelo entre ellos- hay que decir que es una película decente, salvaje,
como algo en bruto. Mención especial de la belleza de la alemana Iris Berben
como una creíble mexicana, rústica, sensual, combativa, aunque secundaria.
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