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lunes, 19 de septiembre de 2022
El santo oficio
El santo oficio (1974), de Arturo Ripstein, es una muy buena película. Es a un punto curiosa, porque se enfoca en la santa inquisición, pero en algo menor digamos, en la persecución y castigo de parte de ellos de la práctica de otras religiones en territorio colonizado por España; en México y hacia los judíos específicamente. Empieza muy detalladamente en la práctica de un entierro que parece católico, pero de donde sutilmente se desprende que están en realidad practicando el judaísmo y pronto surge un impensado traidor y delator, porque solo está presente la familia y los más confiables digamos, pero, craso error (el confiarse). En estos tiempos de miedo por la inquisición y devoción fanática dominante, impuesta y también voluntaria, reino de la doctrina e ideología extrema, no se puede confiar en nadie, hay un gran estado de tensión y terror por doquier, ese mismo (género) que veremos con pelos y señales al final de la película en tremenda recreación histórica, pormenorizada, pero llena de existencia y cine. Nuestro protagonista se llama Luis de Carvajal (Jorge Luke) y es un hombre que se debate entre su judaísmo, su fe y disciplina, y el miedo que lo subyuga por no querer padecer ante la temible e implacable y cruel inquisición y corromperse y fallarle a su religión y a esa devoción que quiere mantener viva, como lo hace su familia y un pequeño grupo de allegados judíos, pues son una especie de comunidad, aunque lógicamente secreta (como esperable la persecución fanática de otros cultos viendo la esencia de la conformación de la dictadura dogmática), pero la inquisición tiene tanto poder que es un monstruo que parece olfatear el miedo y estar siempre a dos pasos de engullirse a todos los que llama infieles. El retrato de Ripstein de la inquisición es absoluto en su hegemonía, no alberga mucha fantasía -si bien la familia protagonista es una de tantas- y aunque ésta inquisición puede perdonar, torturar pero dar segundas oportunidades, es finalmente un reino de horror en lo más puro de la palabra. Luis y sus compañeros judíos tratan de mantener su fe, vemos como hacen todo lo posible por sobrevivir en ella, mostrando valentía, pero pronto el temor a sufrir, la natural debilidad, asoma, y es cuestión de tiempo antes de quebrarse, fallar y caer en el abismo o en lo literal del castigo y la mortandad. Luis es muy humano, a ratos no sabemos cual será su reacción, puede ser muy falso y traidor, o puede arrebatarse y circuncidarse y rechazar al amor sin doblegarse, rechazar el poderoso deseo sexual, aun cuando ella es una prostituta (aunque parece capaz de redimirse por él, pero extrañamente nadie le pide nada), en la piel de la bella Silvia Mariscal como -la visualmente sensual en su medida- Justa Méndez, nombre compuesto que se repite entonando la voz como clara representación del oprobio. No obstante Justa profesa el judaísmo y es aceptada en su comunidad, y es algo notorio que todos saben que es una prostituta, lo cual suena bastante contradictorio para la época, y para la fe que no la guía a otra opción. Ésta comunidad, si bien profesa a escondidas su religión tomando muchos riesgos, no son especialmente heroicos, o no hay cabida con la inquisición para una rebelión o pegarla de frontal, son sólo un pequeño grupo de judíos. Luis es impredecible (punto a favor del dúo de guionistas, Ripstein y José Emilio Pacheco), aunque intenta argumentar siempre, luciendo medio un vendedor de piel de serpiente. No obstante estos judíos imperfectos son más humanos, más redimibles, que el despiadado y ciego en su doctrina inquisitoria Fray Alonso de Peralta (interpretado por un talentoso Claudio Brook, que tiene de paso la imagen perfecta), que está para hacer cumplir su ley, y no cae en lo fácil. La inquisición está representada como una dictadura del terror y al mismo tiempo con una lógica interna, aunque repudiable, hay una intelectualización decente aquí. Alonso de Peralta piensa lo que hace, lo cual hace el escenario más oscuro, mientras que cuando Luis piensa vemos más emotividad, pero se entiende porque su amor tiene de corrupto y el miedo a sufrir y morir no es ligero en el filme. El horror que presenciaremos deja en claro que el temor (y fallar por ello) tiene fundamento. A Luis lo sigue la vergüenza desde llevar todo el tiempo el poncho con la equis que lo sindica de infiel y perdonado por la iglesia, puesto a prueba. Pero éste no es un filme de superhéroes, sino de seres humanos. El padre que hace de profesor siente pena por Luis, se ve que hay espacio en el catolicismo para la bondad. Pero es la era de la dictadura del terror y la oscuridad en ésta crítica histórica contundente.
viernes, 7 de enero de 2022
El castillo de la pureza
El castillo de la pureza (1973), de Arturo Ripstein, es una de sus más grandes películas y de su país. Es una historia basada en ciertos hechos reales. Es un filme que claramente parece haber inspirado Canino (2009), la película que puso en el centro de atención -dio a descubrir- a Yorgos Lanthimos. Lanthimos y su guionista Efthymis Filippou sin duda han debido conocer de éste filme, aunque el suyo es propio de otra época, de esa modernidad que expone cine raro. Lo de Ripstein es algo muy realista, claro y directo, tanto como con fuerza. No obstante versa sobre algo extraordinario, cómo un padre mantiene encerrados a sus tres hijos y esposa por más de 18 años, pensando que el mundo es muy corrupto y dentro de su casona los mantiene seguros de esa corrupción. Lo "curioso" es que éste hombre, Gabriel (Claudio Brook), es como todos, imperfecto, y lo que prodiga tiene encima de hipocresía, como con lo sexual. No solo eso, es un hombre violento; desencantado de la vida su frustración lo tiene enojado y abusador dictador contra su propia familia; llega hasta amenazar de la manera más vulgar y peligrosa. Su mujer, Beatriz (Rita Macedo, con unos 48 años muy bien llevados y que recuerda de rostro aunque levemente a Sophia Loren), ama a Gabriel a pesar de tanta locura, pero ama también a sus hijos y es inteligente, ha prometido protegerlos, entonces al tener a Gabriel siempre en estado de pelea trata de traerlo a la normalidad si es posible, aun aceptando vivir encerrada. El único que sale a la calle es Gabriel, a vender lo que fabrica con sus hijos, que es otro atractivo del filme, hacen raticidas, y vemos cómo es el proceso de hacerlos, y cómo hasta la hija pequeña está al tanto de todo, participa. También el filme tiene una gran dirección de arte con esa lluvia constante que yace sobre la casona, tal un mundo a puertas de desbarrancarse. Al estar encerrada la familia bajo un yugo férreo todo apunta a autodestruirse, observando para peor que la cabeza está desvariando un poco, y para furiosa, le falta cordura. Es una obra que por la actitud y poder de Gabriel te mantiene en vilo todo el tiempo. Se ve interesante cómo muchas cosas de aquí están reflejadas en Canino pero llámese mediante una actualización más freak, propia del nuevo cine griego y del cine último moderno. Lo que no se puede negar es que es mejor la de Ripstein, aunque la de Lanthimos tiene su atractivo y virtud también.
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