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lunes, 20 de enero de 2014

New World

Que me encanta el cine surcoreano no hay duda, y había que revisar alguna película coreana ya siendo tiempo, y encima una bastante buena, por lo que escogí el segundo trabajo de Park Hoon-Jung, famoso por ser el creador de los guiones de The unjust (2010) y I Saw the Devil (2010), éste último uno de los mejores thrillers que se han hecho en Corea del Sur, mientras el primero paga con creces finalmente en su segunda parte tanto contexto, su argumento sofisticado,  al que podemos atribuir de un logrado cine de acción coreano. Y como era de esperar ante los dos precedentes, New World ostenta un guion y una historia rocambolesca, muy bien intrincada y fabulada en donde todo queda preciso para generar traiciones y espionaje, con la participación de agentes policiales encubiertos entre los gángsters y una fuerte rivalidad por el poder en la propia mafia dentro del anhelo de ser el presidente de la exitosa empresa que encubre sus negocios sucios, la que genera luchas internas y asesinatos que terminarán en la sorpresa final de un liderazgo impredecible donde el cierre como suele ser en este séptimo arte es una bomba de ingenio que reúne todas las piezas del juego tras una explicación y desarrollo con muchos giros, suma inestabilidad en medio de los tantos bandos en combate, como hacia sus protagonistas que son tan complicados de definir en sus lealtades, bajo el magnetismo de la ambición y el crimen como método de realización.

Lee Ja-sung (Lee Jung-jae) es un policía que tiene muchos años -desde muy joven- metido de gangster en "Goldmoon", la fachada empresarial de una organización delictiva, al punto de yacer difuminada su verdadera presencia al convertirse en mano derecha e íntimo amigo de uno de sus cabecillas, de Jeong Cheong (Hwang Jeong-min), un alocado e impredecible sujeto aficionado como muchos en su país a los objetos de marca, pero que muchas veces no puede costear, y es como un rasgo de su personalidad, el usar copias. Ja-sung vive en el miedo continuo de ser descubierto, al estar su esposa embarazada y tener la presión de compartir infidencias con una falsa maestra que va a jugar una especie de ajedrez con él, pero que es también un agente secreto. Detrás está la operación “New World”, la infiltración de las llamadas ratas en los oficiales de la ley entre los mafiosos y que busca manejar la ascensión del nuevo jerarca criminal de "Goldmoon". La dirige el jefe policial Kang (Choi Min-sik) que es muy entregado a su profesión, siendo capaz de ciertas bajezas si son necesarias, con quien se ve a menudo Ja-sung en una piscina abandonada. Y no solo está Jeong Cheong, sino Lee Joong-Goo (Park Seong-Woong) otro gangster regente que disputa la presidencia, y que es ladino y de aspecto fiero, desconfiado. Entre ellos se exacerba su enemistad tras las trampas de Kang y la operación “New World” y con ello tenemos enfrentamientos como el cine coreano sabe enarbolar al estilo de una fiesta de violencia y arte en el trayecto, como en esa batalla en el estacionamiento en la abundancia de las dos pandillas armadas con cuchillos y palos, llegando a una lucha en un ascensor que es corta pero apasionada, irreverente y contundente, como lo es la película, que fluye y se llena de energía mientras va soltando detalles y agregando argumento, porque van juntos intercalándose, lo que funciona tan bien.

New World es la historia donde se corrompe la sensación de yacer en un bando correcto, aunque sabemos que los reyes del mambo son gángsters y no se pretende lo convencional, no del todo, porque tampoco se pueden evitar referentes, aunque el relato se priva de cierta coherencia para hacer su juego maestro, y vaya que se trata solo de ligeros cambios. No hay buenos ni malos, sino seres humanos bastante imperfectos y ambiguos, que no respetan reglas ni protocolos, son lo que les da la gana, y eso se lleva hasta el final que descubrimos un vínculo definitorio, y pues hay cierta virtud incluso en quien no parece tenerla, y una brutalidad desconocida que se hace camino y leyenda, entendible en un pequeño colofón de la propuesta, cuando hay un trabajo suicida en un bar.

La amoralidad es carta de presentación del filme, que se da con noción de sus personajes, que aquí nadie evita verse en el espejo, no les importa ninguna reprobación ni consciencia, y en ello la película es un divertimento que sigue la libertad total. Es la ley y representación de un submundo que resulta caprichoso, imprudente, emocional o a su vez muy calculador y frío, dentro de una anhelada hegemonía en donde hay que matar y ser desleal para llegar o mantenernos, aunque brille de vez en cuando un rayo de extraña humanidad y afecto. Vemos que los policías pueden ser crueles tanto como los sicarios, para sobrevivir y ganar la partida.  

El filme se alimenta de decisiones audaces en el interior de un panorama manipulado, leitmotiv de la propuesta. Le saca la vuelta a lo que aunque trepidante llega a nadar en algo visto, y en ello se cimienta una historia cautivante que continua generando complicidad y entusiasmo, entregando más y mejor entretenimiento, que se solventa en su capacidad para proveer intensidad, junto al aporte de las múltiples personalidades de derroche bien trabajadas, políticamente incorrectas, sea Kang y su intercambio de humillaciones con Joong-Goo, los exabruptos, abusos, comedia o rudeza de Jeong Cheong (como la liquidación de ratas), o los silencios, soplos y miedos dramáticos de Ja-sung, en que se llega hasta el estandarte de vivir en el límite, enfrentarse y dominar -en lo posible- a la muerte.

viernes, 29 de marzo de 2013

La filmografía de Kim Jee-woon

El podio del mejor cine moderno coreano se lo pelea Kim Ki-duk, Park Chan –wook y Hong Sang-soo, como también Lee Chang-dong, con sus dramas sublimes; Bong Joon-ho, con su originalidad; y Kim Jee-woon con el atrevimiento de su abordaje cinematográfico dentro de distintos géneros y combinaciones bajo un estándar de alta calidad. Kim Jee-woon cuenta con siete películas y dos segmentos en colaboraciones grupales.

The Quiet Family (1998)



Su ópera prima es entretenida, de espíritu joven, francamente salvaje, cómica en un humor negro ácido pero fácil de asimilar; la cual le saca la vuelta al terror burlándose y rompiendo todo género (incluso el amor se presta para el juego como en un posible romance que se convierte en un intento de violación que desencadena risa y violencia), llegando a explotar un lado dramático pero siempre irreverente, con lo que se nos entrega el arranque y el descubrimiento de alguien audaz a quien seguir indefectiblemente. The Quiet Family es sobre una familia que tiene un albergue de campamento en las montañas y que tras la desesperación inicial de querer y no tener clientes finalmente los consigue pero implican suicidios y homicidios que deben ocultar perennemente. Cuenta con dos figuras muy importantes del cine coreano, Song Kang-ho y Choi Min-sik que por entonces andaban en el comienzo de sus carreras.

The Foul King (2000)


Su segundo filme no sería tan genial como el anterior pero sigue siendo entretenido. Sobre un tipo atormentado por su jefe que descubre el deporte de la lucha profesional, con la que remonta su cariz de perdedor ganándose la admiración del entorno, como de su padre que lo menosprecia, aspirando con mayor facilidad a una novia y sintiéndose personalmente mejor, en un motivo de vida que visto con gracia se disfruta con una cálida sencilla reflexión. Song Kang-ho yace en su natural simpatía, tontería y soltura. La película no se toma en serio y esa constante extravagancia y espontaneidad de su trama funcionan logrando cautivar sin pretensiones.

Three (2002)



Cuenta con tres segmentos sobre el género de terror. El más flojo aun en un contexto exótico y folclórico bastante atractivo, por culpa de darle un tono de telefilme con escenas sobreactuadas, insípidas y melifluas, es el del tailandés Nonzee Nimibutr. El de Peter Chan es el más ingenioso aunque tenga una que otra falla, como con el atropello, donde a leguas se ve que es un muñeco el cuerpo arrollado, o pensando que mantener un cadáver en buenas condiciones durante mucho tiempo suena imposible, sin embargo asumir desde un inicio un contexto de rapto, desaparición, necrofilia y resurrección paga y mucho el visionado. Nuestro director Kim Jee-woon trabaja sobre una historia bastante conocida que se engrandece con su arte y creatividad dándole un toque críptico, denso y complejo a una marcada ausencia, en que se crea un enigma continuo hasta un final redondo. Estéticamente tiene detalles terroríficos y un tono lúgubre, oscuro (tirando a un cromatismo verdoso/azulado a ratos) aunque manidos que se agregan a un centro como artificios que brindan sobresaltos que yacen bien ejecutados pero son algo arbitrarios (hermosamente macabra la caída de los dedos amputados en el lavabo). Se trata a todas luces de explotar algo pequeño, y el resultado aunque denota la intención artística de sus elementos complementarios, que no la trama en la que quiere confundirnos, está bastante bien.

A Tale of Two Sisters (2003)



Experimentado el género de terror en su participación anterior lo aborda ahora en solitario, con vasta solvencia, con su infaltable y a un grado inefable atrevimiento. Uno que se ajusta a lo psicológico y de una forma complicada, oscura, densa, nuevamente con algunos artificios muy propios del cine asiático y el horror en general que buscan inquietarnos en medio de una trama ardua e intrincada de definir en su argumento y que busca ser ambigua a propósito mostrando mucha inteligencia, y seguro aburriendo a algunos que sientan que se hace difícil entender sus vueltas de tuerca, el esquivar dar respuestas sino más bien buscar lo contrario, desconcertarnos, en un relato que se mueve en el odio de una madrastra hacia una niña que siente entre otros nebulosos sentimientos culpa por la pérdida de una hermana.

Descoloca en buena medida el tiempo de sus partes, no se percibe lineal, y es que es un recurso e intrepidez esencial de la obra, no quiere el director ser en ese sentido claro. Son como las piezas de un rompecabezas que no se limitan en la libertad visual de como contar una trama, rompiendo nuestra lógica de observación. Hay solo datos parciales en una aparente unidad que aun así no llegan a verse desordenados e insalvablemente incompleto como conjunto (yo diría que hay más de una historia posible), que frustra en buena parte, pero provoca resolverlo en la mente, abstraernos en una búsqueda interpretativa. Se juega con lo onírico, con la pesadilla y la “proyección” de asesinato aunque más con el recuerdo y la distorsión mental. La estética aparte de ingeniosa en su trama es sublime, como la escena del saco con el cadáver.

A Bittersweet Life (2005)



Una película en que predomina la adrenalina, la intensidad –los sentimientos que son parte de ello, al más puro estilo del mejor Hamlet- y la acción sin complejos pero aun así en la sabiduría de lo llano. Empieza suave con esa engañosa calma del mundo asiático o que solemos asumir como intrínseca a ellos, un lado clásico que domina nuestra impresión general, como la “falsa” tranquilidad que esconde al poderoso mar. Sin embargo pronto una deslealtad y un rasgo nuevo de humanidad en el trabajo de guardaespaldas y asesino de nuestro protagonista, Sun-woo (Lee Byung-hun, otro ícono del cine coreano), pondrá en movimiento toda la infernal matanza que tejen las mafias y los comercializadores de armas tras un individuo de hierro, un antihéroe silencioso y sumiso desprovisto de personalidad hasta el día en que se enamora y simplemente la belleza de una mujer le infringe piedad, un error que le costará caro en un mundo de fríos gángsters en donde el deber no se cuestiona, solo se obedece, sin pero que valga.

Nuestro personaje pregunta que ha hecho para merecer semejante humillación, menosprecio y sentencia a costa de olvidar todo el gran servicio casi ciego que ha tenido hacia su trabajo y su lugar en éste hasta el punto de levantar envidias, y aunque es en parte cínico y en otro momento se entiende su sorpresa ante la ingratitud despiadada, él sabe que sí es culpable, aunque fue por algo impoluto y platónico, que lo llevó a perdonar la infidelidad de una Elena de Troya en éste moderno drama griego.

A razón de un sentimiento exógeno a una acostumbrada esencia anulada éste ser invisible simplemente cambia de dueño, por él mismo, y pone la máquina de muerte en ejecución. Y con ello tenemos cuatro frentes implacables, en un tres contra uno que no merma un ápice de su intrépida actividad en el ecran, ya que el filme vive para la espectacularidad, desde ese ajuste de cuentas salvaje que trata de poner fin a Sun-woo quien es más peligroso y atómico que cualquier otro sujeto, como se espera y se le atribuye es más duro y temible que el peor de los hombres. El filme vive en el acribillamientos atroz, de un individuo contra el mundo, uno detrás de otro como en una épica de muerte, bajo la grandilocuencia del asesinato, rápido, fácil y directo, sin perturbación ni engolamiento. La historia de un outsider vengador que invoca dignidad haciendo pagar el mal a su enemigo y antiguo jefe, que se cree omnipotente, pero que desconoce la ira de la justicia en la propia ley. La trama es poética y rabiosa a más no poder. Su fuego a sangre fría es como un canto frenético en que nos sumimos en el entretenimiento, es lo básico del instinto que nos acerca y nos confabula con una historia muy simple, y que suma gracias a sus elementos estéticos dulces, sus detalles, en la musa de tantos, del asesino y del padrino, la que le da sentido y motivo al conjunto, como en el momento de la última memoria, del sueño, de creer en la vida paradójicamente ante la muerte.

Una obra de arte en el aspecto más embrionario de nuestra humanidad en medio de nuestra naturaleza violenta. Esa única chispa por la que constantemente creemos que el mundo es mucho mejor de lo que es, y eso en carne viva lo representa nuestro protagonista en toda magnitud, como una radiografía compacta y simbólica de la realidad, en el evocativo, emotivo y duro Lee Byung-hun. Y todo desde la claridad del mejor cine de acción que no se contiene en absoluto ni tergiversa su personalidad, tantas veces menospreciado y que a muchos les parece ya todo conocido. Por más increíble que suene.

El bueno, el malo y el raro (2008)



Un filme que es un homenaje al spaguetti western y en especial a Sergio Leone en un título y subgénero que alude claramente. Tiene bases muy atractivas, en donde yace como contexto Manchuria en la época del  dominio japonés, y eso pone sobre la mesa a chinos, japoneses y coreanos, lo cual enriquece la trama. Los tres personajes principales son jugosos, el bueno es el caza-recompensas (Jung Woo-sung, que ganó un premio por este papel), el malo el asesino a sueldo (Lee Byung-hun) y el raro un ladrón (Song Kang-ho).

La trama mezcla la tendencia de cómo se expresa el cine coreano moderno normalmente, con un toque personal de Kim Jee-woon aunque no es que sea tan creativa la película en realidad para lo que uno puede atribuirle en el papel o lo que podría esperarse, sin embargo es suficientemente entretenida para tenerla en cuenta, que es lo que quiere ser.

Desde el comienzo es notorio que prima una vocación relajada, de tomárselo muy a lo ligero, en asumir como se va a desenvolver toda la historia, que estilo va a recorrer, y no le va a faltar acción ni aventura. Hay buenas luchas, escapes, tiroteos, persecuciones, asaltos a un tren y ansiados enfrentamientos, habiendo tomas mayores al respecto, estados de mucha combatividad y explosividad. Es un filme que lleva bastante comedia, y es que al cine de Corea nunca le falta, pero en esta en particular lo lleva de forma constante y en ello Song Kang-ho cuando se le requiere es un especialista, quien colinda con la simpatía y cualidad de guapo literal y metafórico de su compañero momentáneo, Park Do-won, el bueno, que sin querer pasa a ser bastante inocuo en su alcance formal como personaje fuera de que sea heroico, como que demasiado sano que cae en lo plano. Y tercero está el malo que es el más elaborado del grupo, porque está como quien sobreactúa a propósito, que no se cree la interpretación del todo seriamente, pareciendo un personaje propio del cómic. Lee Byung-hun demuestra sutilmente que puede ser gracioso o jugar con el estándar de su figura. Estamos ante un filme de los buenos para pasar el rato, que era la esencia y voluntad del western mediterráneo, y que Kim Jee- woon asume en emulación, continuidad y vocación de buen anfitrión, no tan gloriosa sea dicho, pero sin duda siendo curiosa.




Hacer click en el enlace del título para leer la crítica respectiva

Doomsday Book (2012)



Vi algunos fotogramas del filme y me llene de mucha expectativa, pero una vez que lo he visto no ha sido lo que esperaba, sin embargo entendiendo que subyace la libertad creativa, el amor al cine y el juego en las secciones del director Yim Pil-Sung se hace más que aceptable, mientras Kim Jee-woon tiene la mejor participación.

Yim Pil-Sung. Es un nombre interesante a descubrir en el séptimo arte coreano, tiene sus atributos, especialmente en su primer filme Antarctic Journal (2005) que para quien escribe le parece una obra maestra, pero de esas al estilo de A Tale of Two Sisters (2003), de las que podemos no entender buena parte, que resultan a un punto engañosas (en el buen sentido), que imprimen un personal estilo con historias muy libres y hasta arbitrarias tanto que rompen la lógica del entendimiento normal, del ser siempre lógico y querer saberlo todo, que buscan la ambigüedad y se saltan las explicaciones. Juegan con el artificio imprimiendo tensión y atención. En dicho filme siempre subyace la inminencia de algún peligro pero la realidad es que más es la psicología del hombre, de una manera de pensar. El filme recarga muchas ideas y las deja en el aire, hay mucha elipsis. Se trata del transcurrir de una expedición coreana a la Antártida en que la voluntad férrea se distorsionará negativamente. El espíritu conlleva la muerte de la mano de un capitán llamado Choi Do-hyung (Song Kang-ho) que quiere romper una marca.

El segundo filme de Yim Pil-Sung, Hansel and Gretel (2007), es una buena idea, muy poderosa y sugerente, la que te atrapa inmediatamente. Más que todo cuando guarda el misterio, cuando no vemos nada claro aún ni sabemos de qué se trata en realidad, en ello hay tensión y curiosidad, y es al inicio que maneja muy bien sus fichas. Cada extrañeza y acto fantástico alimenta nuestra expectativa y por buen rato no decae aun siendo difícil de sobrellevar el argumento, el no poder salir de la zona sin perder lógica. Y es que en ningún momento quiere tener sentido normal, eso lo notamos una vez que yace palpable que se pretende irreal y que sus personajes ya lo saben. Pero luego peca de demasiado alucinante, se vuelve empalagosa en varios sentidos, su reflexión pesa y fastidia, no conmueve como quiere hacerlo y la resolución que encaramos disuelve y mata la buena predisposición, después se llena de un toque de melodrama vacío que quiere justificarse demasiado mientras los actos fantásticos en toda presencia no llevan la fuerza de lo oculto, de lo sugerido o enigmático, como el de la mujer convertida en muñeca. Y no toda explicación es mala (la del cuento de hadas sobre la vida del protagonista y toda la escena en el jardín es bastante exitosa porque mezcla fantasía y realidad), pero el desenlace es poco ingenioso, autodestructivo, y el filme decae, se hunde. A partir de la puerta en el bosque, otra gran idea desperdiciada, se da mayormente un tropiezo tras otro hasta el final. Aparte presenta cierta arbitrariedad con respecto al título –aunque no sea tan importante- que parece otra promesa incumplida una vez que se halla la casa de colores. Y no es una película desechable porque se agradece parte del metraje pero está bastante lejos de su antecesora.

Doomsday Book. Antología cinematográfica que sigue el patrón del fin del mundo.

El primer segmento se llama “Un mundo feliz”, perteneciente a Yim Pil-Sung. Éste no está mal aunque versa sobre un lugar medio gastado, pero no menos divertido, la epidemia de zombies. El amor y re-encuentro de dos de ellos de los que parte el filme luce como una escena que vale bien toda la propuesta. A su vez como otra en la hermana sentada ocupada en el baño teniendo encima una muerte segura con el zombie empujando la puerta, ensangrentado mientras ella se defiende y a la vez se deja llevar por sus necesidades. Y es ahí que uno refrenda que el autor tiene una valiosa imaginación muy a pesar del alcance conjunto, que se ampara en los detalles, unos más acertados que otros. La trama viene a ser el desarrollo de una transformación que concibe una película sin pena ni gloria, pero lo de los vómitos, lo de la cámara próxima, la erección o el escupitajo están bastante demás, son molestos más que un aporte realmente valioso, aunque aunando que toda la trama se da con bastante soltura y resulta entretenida.

El segundo segmento tiene el rótulo de “Criaturas celestiales” y es de Kim Jee-woon, es el mejor del grupo. Es bastante claro pero no rehuye literalmente algo de filosofía sosteniéndose además de un existencialismo muy seductor, la destrucción del mundo pasa por el nirvana de los “autómatas”. Un robot que parece la reencarnación de Buda dispersa el pánico por la empresa que los construye y quieren destruirlo, pero la comunidad budista pide clemencia por él mientras un técnico descubre mucho de sí a través de éste. Una película que permite muchas lecturas de forma diáfana, que como buen arte es un cántico de reflexión. Es el lado inteligente del autor puesto al servicio del entretenimiento con mensaje. Se deja ver muy bien, es una historia ágil y sencilla y si uno es observador su temática intrínsecamente da para mucho jugo, y es que la elección de un relato también importa y mucho.   

El tercer segmento es de Yim Pil-Sung denominado “Feliz cumpleaños” y aunque uno se lo pasa bastante bien debo confesar que sentí vergüenza ajena contándoselo a un ser querido. Y lo dejo a la libre interpretación. Se trata de una niña que asustada por defraudar a su padre al malograrle una bola de billar solicita un reemplazo en internet y ese mensaje desata que un meteorito vaya a impactar contra la tierra, ¿saben que es? La bola Nro. 8 gigante enviada por extraterrestres. El filme es estoico y afronta toda la payasada con un aire de comedia (las peleas en el noticiero) pero "creyéndolo". La famosa actriz coreana Doona Bae participa en el desenlace. Estamos ante una tontería con algo de gracia, pero nada más. 

El último desafío (2013)




Debo decir a boca de jarro que me gustó este filme y eso que esperaba lo peor. Alguna cantidad considerable de extranjeros se han adaptado a Hollywood y hasta se han quedado en USA pero demasiados también –más yo diría- lo han hecho pésimo. Y no es que tampoco no haya disfrutado con Arnold Schwarzenegger, porque tenemos a Terminator (1984), Depredador (1987), Total Recall (1990) y Terminator 2: el juicio final (1991) que digan lo que digan con imperfecciones o siendo sumamente comerciales son grandes obras del séptimo arte. Total Recall también aun en sus efectos especiales y maquillaje tan primitivos, clásicos de serie B. Pero claro Arnold ya está viejo para hacer de héroe y cada nueva participación de los antiguos ídolos del género son como estados de anacronismo. Sin embargo el filme está consciente de ello que prepara todo para la gran intervención del austriaco nacionalizado americano, que yace en medio de la modernidad que imprime este as del cine coreano actual.

Si notamos, su momento se reduce al desenlace (con algo de presencia breve anterior), a los últimos cuarenta minutos. Después es mostrarnos cuan terrible puede ser este capo del narcotráfico Gabriel Cortez (bien Eduardo Noriega), lo cual juega a favor de este sheriff testarudo que lo espera en la frontera. Él hará lo imposible, y se debe al trabajo de grupo en una atmósfera de ligereza, no yendo con la solemnidad de antaño, tanto que incluso una anciana se deshace de un asesino, y es que la broma, la sencillez y la frescura permiten la acción del otrora Terminator.

Haciendo un descargo habría que pedir que no le den cameos tan feos a Harry Dean Stanton, primero mismo abuelo tierno en un desconcertante basurero en The Avengers (2012) y ahora de campesino obstinado que al no tranzar lo aniquilan salvajemente. Rescato la ocurrencia de poner a pelear a Arnold y a Noriega muy contemporáneos, aunque uno sienta que yacen fuera de su elemento. También la persecución de astucia en el maizal, o las tomas aéreas del veloz auto deportivo en la carretera. Sin embargo hay muchos aspectos que no salen de lo común y no seducen tanto (no se llega a poner toda la magia del cine coreano y con ello el filme se haga especial), como el caso de no ser fácil dominar la comedia absurda y la acción trepidante en un solo personaje sin descreer de su papel como hacen tantas veces los coreanos por lo que no se le exige nada a Arnold (aunque se le explota un lado activo no tan intenso pero decente para el tipo) como debiera ser, sino Johnny Knoxville y Luis Guzmán asumen esa ausencia, relajando directamente el ambiente pero sin que sea nada del otro mundo. Al final estamos ante una película para comer popcorn, abrazar a la pareja y entretenerse sin complicaciones.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nameless Gangster


El anterior y segundo filme del director coreano Yun Jong-bin, Beastie Boys o también llamado The Moonlight of Seoul (2008), versaba sobre los anfitriones sexuales en su país, que son buscados por damas jóvenes, guapas, algunas salvajes, adineradas y no siempre solteras emocionadas por su belleza y galantería, viniendo a cuento la notoria broma de los filmes coreanos de que un tipo es o no guapo (es que el pobre es tan feo dicen antes de pasar a mencionar algunas virtudes). La película aborda el tema seriamente y de forma directa, mostrando dos casos interconectados, uno de un puto y vividor endeudado que se aprovecha de las parejas que tiene y otro del dueño de un lugar de este tipo de servicios que se enamora -como atrapado por el karma- de una atractiva y discreta prostituta de alto vuelo. Un filme que en su conjunto resulta un poco apagado, demasiado calmo y seco en ciertas partes, pero con algunos giros y problemáticas muy bien desarrolladas a pesar de ello, predominando mucho el drama personal.

Lo mismo pasa con su última película, que no llega a ser redonda pero sigue siendo suficientemente valiosa para tenerla en cuenta. Se trata de la relación de un peligroso y violento joven gángster, Choi Hyung-bae (Ha Jung-woo) y un familiar lejano al que llama padrino, Choi Ik-hyun (Choi Min-sik), tras encontrar el segundo un fuerte cargamento de heroína por lo que entablan negocios y desarrollan un vínculo afectivo que los lleva a trabajar juntos. El más viejo quiere las gollerías y ventajas de los mafiosos, pero aparte de producir dinero no tiene esa sordidez e inmisericordia que se necesita, aun con los grandes contactos en las altas esferas ministeriales y policiales. De fondo yace la lucha contra la criminalidad desde un fiscal en particular que mediante flashforwards interroga a Choi Ik-hyun como principal acusado o delator.

Como es costumbre no falta la comedia ni una cierta frescura para narrar la historia, y en ese trayecto el famoso actor Choi Min-sik es objeto de cuanto vejamen y golpes se le ocurre al director, no falta el maltrato ni el compromiso con el papel. Más que respetar su intocable aura de superioridad artística, parece empujado a hacer mayores méritos para sostener su notoriedad. No luce como un tipo serio sino medio bobo y padece bajo esa imagen, solo que enfrentado a un contexto temible donde acuchillarse, enterrar vivos a los que nos descontentan o masacrar a botellazos a algún rival es muy propio del mundo al que se adscribe. Mientras en la otra orilla, el actor Ha Jung-woo invoca el poder de la fuerza, con ese aspecto de estar por encima del resto, ostentando seguridad y maldad a partes iguales pero sin caer en el estereotipo. No le faltan a estos personajes humanidad y sencillez cotidiana, no es que no caigan en alguna broma o relajo. Como el que proporciona en su abuso de confianza su contraparte sobre él. Sin embargo hay una característica principal en cada cual, y uno juega con el ridículo y el otro con lo temible.  

Un problema del filme es la larga duración de su metraje, más de dos horas en que parece sobre-explotarse la trama, inflarla sobre algunas circunstancias manidas solo que descritas al son del cine coreano, más libre, espontaneo  y atrevido que lo antes visto, junto con la buena actuación de sus protagonistas en un tono en parte de farsa, exagerado y a la vez irrespetuoso. No podemos desestimar la imaginación que da un toque de atractivo en éste séptimo arte, pudiendo ser al mismo tiempo convencional con la ambientación del mundo del hampa que tenemos en mente. Y es que juega con esas dos caras. Como de los tiempos, a través de los años, la delincuencia y los arrestos, en un proceso de la destrucción de las mafias por el quehacer policial, el que queda en segundo plano aunque simbólicamente termina siendo el ejecutor y el que se lleva la gloria.

Pesa mucho la contextualización en la trama, a favor está que hay su infaltable originalidad en la forma pero a su vez es como si la temática, los gángsters (como antes la prostitución masculina) predominara por encima de la historia en sí, en su particularidad, no siendo en ello algo verdaderamente especial. No en su trama especifica. Y eso suena a un gancho, a ampararse en algo que suele seducir al público y que uno lo identifica con el nuevo cine de Corea, salvando que resulta todavía novedoso, a diferencia de las mafias americanas que yacen muy bien popularizadas y son sumamente conocidas, pero que por ser parte de un género cinematográfico nunca dejara de verse en pantalla ni de buscarse la excelencia.

La propuesta peca de abundancia reiterativa aunque se mueve en la sugerencia de los elementos y no termina en su abarrotamiento. Tanto alrededor de un eje que cae en la disminución de su potencial, por culpa de su falta de atractivo argumental. Lo mejor, los dos monstruos de actores que se amoldan a sus personajes. Choi Min-sik da más de lo que uno  espera, afín a su buena fama y talento en donde su solo nombre nos crea expectación, junto con Ha Jung-woo que lo secunda magistral y le da el vínculo necesario para fomentar el relato. El que aprovecha y predomina en Min-sik.

Filme que entretiene pero que le falta sustancia, aun siendo aparatoso o aparentemente profundo o intrincado, y que pierde por ello, sin embargo sobrevive por otras cualidades, actores, temática o por seguir las características del típico cine moderno de su país. Irreverencia, soltura, sorpresa, en una “re-invención” de lo que conocemos por gángsters. Y por lo tanto, habrá valido la pena.

martes, 10 de abril de 2012

I saw the devil

Otro nombre importante dentro del cine surcoreano contemporáneo es el del cineasta Kim Jee-woon que nos trae un filme en la dirección de la llamada trilogía de la venganza de Park Chan-wook que nos recuerda en particular a Oldboy (2003). El asesino en serie que es perseguido y torturado por el agente del servicio secreto que quiere hacerle pagar un daño insalvable de su alma, es el actor Choi Min-sik, el que hiciera del protagónico en la mencionada famosa película. Su contrincante en ésta salvaje cacería es el actor Lee Byung-hun, popularmente conocido de otra cinta de Kim Jee-woon, El bueno, el malo y el raro (2008), un western asiático muy libre que invoca a la obra maestra de Sergio Leone.

Bajo la premisa de un monstruo engendra otro monstruo el filme busca la redención del dolor infringiendo el mismo método, cuando un agente decide cobrar venganza ante un asesinato que marca su existencia; pero es cuando el juego de atrapar y soltar a la presa cobra una mayor dimensión y el desenlace parece no augurar ninguna retribución, que finalmente no falla logrando triunfar el conjunto que genera unos vaivenes que ponen a prueba al espectador y le brindan la satisfacción de un constante imprevisto y una sensación de callejón sin salida, cerrando una realización que desde el inicio juega limpio, coherente, y nos enseña de que va la propuesta.

No bien iniciada la película parece todo acabar con velocidad ante un desarrollo precoz cuando nos damos cuenta que nos espera un contexto de sadismo en el ojo por ojo y diente por diente, un alargamiento que se torna pleno en la trama, incluso con explicación de por medio, y no queda ahí nada más sino que se vincula la violencia con el castigo con múltiples ejemplos que desfiguran la línea de lo correcto y lo malvado sin que quede duda de que nada detiene a ninguno de los dos demonios protagonistas, intercalados uno con el otro en esa aparición que delinea y titula la cinta, ante el no entender la dimensión de maldad que se propicia y que no tiene donde acabar siendo la acción próxima mayor a la anterior en una inquietante subida de adrenalina constante, hacia un nivel superior de recurso, para lo que el ingenio último propone una salida que inutiliza el no temer, el resistir a la brutalidad y a la falta de remordimiento que es como la cereza del pastel de cara a venir de otros finales, de los que llegan y se estiran en nuevo reto.

La intensidad es palabra digna en la obra cinematográfica presente, un cuento fantástico de depredadores humanos donde la ira y el sufrimiento se mezclan bajo la frialdad de los actos, acabando donde inicia, en un espejo donde el policía Kim soo-hyeon (Lee Byung-hun) y el criminal Kyung-chul (Choi Min-sik) juegan a destruirse moralmente, uno por naturaleza y el otro por el contexto que inflige el primero para luego en retribución fabricar otros similares en el deambular por la cotidianidad de un asesino pagando sus culpas con la propia sangre.

Lleva actuaciones de lo más destacables de los dos intérpretes principales que se ciñen a la incapacidad de compasión sea por goce o por condena correlativa, sin que medie la constricción en sus semblantes implacablemente herméticos a la debilidad en lo que ejecutan, a la burla en la iniquidad mostrando vehemencia, sinrazón o la justicia por propia mano que se amolda a la convicción de una ley anormal. Un discurrir de dos bestias muy bien dibujadas, una con algún matiz sensible, serio y algo entendible aunque semejante al otro descabellado.

El presionarse para generar sufrimiento en el enemigo es algo que llena la pantalla en cada gesto facial o ademán, hay fuertes emociones que se pueden sentir con ambos, indisolubles para entender la furia interior logradas en la lucha que pone a Choi Min- sik en situaciones límites pasiva o activamente, como el destemple que genera el ya no tener corazón en la dureza que impregna la caracterización de Lee Byung-hun.

Un rito de violencia que implica canibalismo, secuestros, violaciones, mutilación o inmisericordes múltiples apuñalamientos en un auto sin control en lo que puede ser una road movie de castigo mutuo de dos imbatibles adversarios. 

domingo, 25 de septiembre de 2011

Oldboy


Segunda película de la trilogía de la venganza del director surcoreano Park Chan-wook, la que es su obra más destacada, en la cual no podía faltar como se acostumbra en el cine asiático la violencia descarnada, pero se ha de agregar que su desenlace resulta de imponente audacia, con justificaciones que explican un conflicto amoral que puede herir susceptibilidades. Sucede en medio de un diabólico e implacable ajuste de cuentas que se vale del hipnotismo y de la crianza cautiva de un ser humano. Todo esto descubrirá la originalidad de Park Chan-wook, en un filme de mucha fuerza. Por más que es bastante compleja la trampa y digna de la más perfecta elucubración mental, que puede sonar demasiado increíble, cautiva sin agotar un milímetro siquiera, ya que ésta obra maestra profesa mucha adrenalina y tantos cambios de rumbo que hacen imparable el montarse en ésta realización desenfrenada y despiadada. Se trata de una vorágine que mueve a dos ángulos enfrentados bajo sus convicciones, uno tras la verdad oculta de su feroz confinamiento y otro como moviendo los hilos de un títere en que se ha convertido su víctima -y verdugo- que debe encarar la resolución de su idiosincrasia arduamente castigada a razón del refrán de la curiosidad mató al gato.

El calvario de Dae-su (Choi Min-sik), alcohólico y natural antisocial sin remordimientos, un tipo rodeado de enemigos producto de sus múltiples pecados, empieza un día frente a una cabina de teléfono. Al poco rato se verá aprisionado en un cuarto durante 15 años sin saber la razón de semejante penitencia ni quienes lo mantienen de esa manera, aunque en su celda tiene televisión y alimento, cuidado como si fuera una mascota, en buenas condiciones. Inmerso en esas cuatro paredes dedicará su tiempo a planear su desquite, envuelto en la ira más desbordada. Una noche verá la luz y empezará un nuevo nivel de tortura.

La cinta es muy dinámica con demostraciones de combates físicos descomunales, muy bien trabajados, como es costumbre en oriente, bajo una furia incontrolable, en un hacer de aspecto espontáneo que no escatima excesos y que a pesar de su siempre grotesco espectáculo no agrede nuestra sensibilidad sino la exalta con su venia. Destaca a su vez una parte psicológica sostenida, que merodea la trama; perseguido o perseguidor, en ello está el juego perfecto, los papeles se invierten constantemente. Sin embargo al final sabremos que todo es una maquinación perversa que planea enseñar la culpa dolorosamente, sin contemplaciones, mediante la experiencia.

La tesis resulta contundente, de acuerdo o no con ella no deja de ser impresionante. Pone a prueba al personaje principal, aleccionándolo en evitar asumir algo por hecho. El amor distorsionado por un lado y en otro manipulado aparece teniendo matices punibles, no obstante en la libertad del guion se permite su manejo sin tapujos ni timidez, muy por el contrario su firmeza potencia su uso. Deja lejos los veredictos condenatorios de índole moral. Uno queda sorprendido y a su vez entusiasmado con la habilidad de darle forma a esos giros tan deleznables que yacen como síntoma de una humanidad que incomoda y que subvierte las reglas de la naturaleza.

Todo el circo que impone la personalidad de vocación prepotente de Dae-su se dará de rostro con la inteligencia que prepara su trasformación, que aunque no busca ser noble predicará sobre su figura imbuyéndola de humildad. Es una inquietante manera de entablar comunicación, un escarmiento pedagógico macabro; justo quizás, si pensamos en el ojo por ojo o en la ley en nuestras manos. Endiabladamente venenoso afecta lo que en época de guerra se le hace llamar de daños colaterales, vidas humanas periféricas que no tienen culpa alguna, pero que caerán en el pozo que arrastra sus vínculos, el mal habido destino dirían algunos.

La voz en off de los pensamientos de Dae-su pretende dar la sensación de control pero eso termina siendo engañoso porque las situaciones nunca son lo que parecen, y en ese artificio yace la buena disposición de Park Chan-wook, que vacila hacia diferentes perspectivas con mano diestra. Y como no puede faltar, a la vera de la creatividad, se reiteran los acontecimientos imprevistos, una de las virtudes de ésta obra, no siendo en absoluto previsible. Frente a las explicaciones conclusivas y redondas denotamos que el director es otra mente maquiavélica en sentido que tiene su filme completamente definido, estructurado a la par de un arquitecto monumental y esa omnipotencia no hace más que retratar la máxima maestría, a través de extravagancias infaltables, acción desbocada, frases elocuentes (como “llora y llorarás sólo, ríe y el mundo reirá contigo”), comedia impúdica, una escena de sexo amplia y fundamental, escenas variopintas en el encierro y flashbacks decisivos y brutales aún en lo formal. Oldboy es un plato super apetitoso para la buena mesa cinematográfica.