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viernes, 8 de septiembre de 2017

Atómica (Atomic Blonde)

Lo primero que llama la atención de ésta película, y es inevitable ya que suena como arbitraria y potente la banda sonora, es la selección de la música del filme, con canciones de los 80s de músicos y bandas emblemáticos de la época. Escuchas a David Bowie, The Clash, Queen, Depeche Mode, New Order, Blondie, The Cure, George Michael, Peter Schilling, entre otros. Las canciones en medio de las luchas cuerpo a cuerpo se oyen extrañas, pero son canciones que hacen distinguir la película y le dan una combinación curiosa y simpática a fin de cuentas, luego de acostumbrarnos. Propician una atmósfera de intensidad y de fiesta.

El director de la presente película, David Leitch, es un consumado doble de acción y coordinador de escenas de riesgo y combate quien fue codirector de la magistral película de acción John Wick (2014), oficialmente sólo de Chad Stahelski, donde Leitch hizo de productor, además.  Atomic Blonde (2017) es un filme de espías en toda regla, es decir, uno tan complejo que es difícil de comprender en su totalidad, cargado de traiciones y dobles espías, uno no sabe para quienes trabajan muchos de los involucrados hasta el último segundo.

La protagonista es una espía de las más duras, interpretada por la hermosa y talentosa Charlize Theron, que demuestra que es capaz de hacer hasta lo impensable en su carrera de actriz, se reta constantemente, como con la actual película donde tiene que demostrar dominio del arte marcial y enfrentarse a puño limpio hasta la muerte con tipos enormes e igual de preparados que su personaje, una badass, una James Bond de última generación. Theron le da volumen a su personaje, cuando éste tiene mucho trabajo de campo, especialmente matar rusos.

Lorraine Broughton (Charlize Theron) en el presente es interrogada no de forma muy cálida por sus duros superiores del M16. Cuenta su periplo por la Alemania comunista a puertas de caer el muro de Berlín (el año de 1989), sobre la misión de hallar -antes de que empiece una cacería- una lista donde se delataría a todos los espías en favor de su país. A través de flashbacks Lorraine entra de encubierto en Alemania del este, lugar en que debe contactar con el espía David Percival (James McAvoy), un tipo pícaro y muy cool, que carga a menudo su Jack Daniel's. Entre ellos está una espía aprendiz francesa, Delphine Lasalle (Sofia Boutella), con la que Theron tendrá un romance de esos candentes pero finalmente intrascendentes en la trama. También Lorraine tendrá que sacar del país a un miembro del Stasi –servicio de inteligencia de Alemania del este- interpretado por el competente Eddie Marsan, como Spyglass, un hombre pequeño. Junto a estos cuatro personajes están los militares rusos con sus guardaespaldas, asesinos y guerreros gigantes, y el malvado jefe ruso (Roland Moller) que hace su impactante entrada dándole una golpiza a un skater con su propia patineta. Estos enemigos rusos poco importan, son un lugar común sin mucha pompa efectiva, aunque algo se les distingue; sus combates sí son excelentes, como el que Lorraine tiene al querer salvar a Spyglass de una lógica emboscada para que no traicione a la Stasi, que hasta el final es espectacular, con el auto en el agua. Theron sale bien golpeada, sangrante, quedando con mal semblante. Hay otros personajes, aliados, espías y pequeñas vueltas de tuerca adicionales, pero ésta película es complicada de seguirle en todo, y tampoco es indispensable hacerlo.

Quedarse con sólo las peleas es ser tacaño con la propuesta, porque el filme de David Leitch no se trata únicamente de esto, tanto que sorprende por ser un filme arduo de espías, aunque tiene sus ejes claros (la lista; Satchel, el traidor de la corona; Spyglass). Si buscas sólo combates marciales los tendrás pero no hay en demasía aunque suficientes (si quieres muchos de ellos, intensos, frenéticos, alucinantes y en toda gloria, John Wick es la mejor opción), más es el juego de los traidores, de identificar enemigos y amigos (y conocer mejor a los amantes), de especular y sacar conjeturas. Lo que pasa es que Atomic Blonde palia su complejidad argumental con los combates, con ejes fáciles y vistosos y con su locuaz banda sonora, pero todo se complementa y entrega una muy buena película, que tiene estilo y su originalidad como película de acción, y como cine de espías es más llevadera. Se basa en la novela gráfica The Coldest City (de esto también lo cool del filme), del inglés Antony Johnston.

martes, 26 de mayo de 2015

Mad Max: Furia en la carretera

Estamos ante el canto de lo artesanal vuelto parafernalia, pero de la que la modernidad y el avance técnico se puede sentir bastante orgullosa de lo que concibe y no como suele pasar que a pesar de la portentosa pirotecnia de punta termina siendo anodina, demasiado artificial, vacía y ni siquiera cautivante para el cinéfilo, sino que yace recogiendo la mejor brutalidad y el espíritu cool de antaño, en un rocambolesco y estrambótico palpitar que todo lo subyuga y pasa por alto para bien, renovándose, creando un nuevo filme en base a todos los elementos pasados, reorganizándolos, produciendo mucha adrenalina, sobre todo sacando más emulación de Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981) en el camión de gasolina o concubinas y objetos sexuales/maternales escapando de los tiranos motorizados en plena carretera infernal, como manda el meollo del asunto, en el peligroso desierto, ese que toma cromatismos enteros, sea el puro rojo candente, a la vera del sofoco, implicando intensidad, como que no hay escapatoria, o un azul de frio y temple en la huida y en la esperanza de la tierra prometida, que baña la pantalla. Y ya no es un lord Humungus (que plantea ser la inspiración de la máscara de Jason Voorhees, a partir del Viernes 13 número III, de 1982, parte importante de su mítica), sino un Immortan Joe, que tiene de ridículo, de figura de payaso, pero también parece recoger -y todo el conjunto- el espíritu y figura del grupo Iron Maiden, como si el director George Miller se hubiera propuesto traspasar su música al cine, de un arte a otro, y no solo por un curioso acto de rebeldía en un guitarrista lanzallamas, más bien por toda la esencia de su fuerza escénica, en la fusión de la violencia y lo heavy, en un filme al que no le faltan tampoco los discursos altruistas, ecológicos, en futurizar nuestros recursos, como el agua, o el petroleo, que es recurrente en el cineasta; o de igualdad de género, donde una todo-terreno Charlize Theron como Furiosa se equipara en batalla al legendario Mad Max, que hace un parco Tom Hardy.

Hay que hacer memoria y rememorar para ver todo el alcance de la presente propuesta que Mad Max - Salvajes de autopista (1979) ha quedado en la historia del mejor séptimo arte mundial, siendo un objeto de osadía cinematográfica hecho más con creatividad y audacia que cualquier otra cosa, con un primerizo Mel Gibson de precisa fisonomía, un poco tieso, medio tímido y de pocos recursos histriónicos, pero el ideal al objeto de culto que es éste filme (con el que se hizo tan merecidamente famoso), y su segunda parte, en donde esa pista y motociclistas pasando por encima de una familia y dejando unos cuantos elementos en el encuadre es pura mítica (en la presente algo torturador, esquizoide y fantasmagórico), en medio de cierta extravagancia narrativa luego cimentada con las venideras en lo post-apocalíptico, una carretera vigilada por policías vestidos tan igual que los pandilleros motoristas que circulan y hacen vandalismo a alta velocidad. Y no hay mucho que decir, pero todo resulta más que suficiente para hacer filmes tan potentes y rabiosamente entretenidos. Sólo la tercera parte, Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (1985), bajaría el listón, con un filme que pierde la esencia primigenia, y toma otro objetivo. Se convierte en gran parte en una historia familiar, hasta infantil, en un sentido del humor naif, como en el peor Peter Pan, de lo que tendrían que pasar más de 30 años para que George Miller resurja como el ave fénix, en cuanto a su trabajo más personal e identificador. El renacimiento sucede a través de un viaje de escape por las llanuras, a lo western, y una lucha en carretera contra sus perseguidores urbanos, una fauna de punks, musculosos y grotescos. El ánimo es implicar furia y rebeldía cool, que hacen de éste un goce mayúsculo para el espectador, logrando que toda la crítica se rinda ante ella.

miércoles, 20 de junio de 2012

Prometheus

La nueva cinta de Ridley Scott ha sido uno de los estrenos más esperados del año, llevaba una buena publicidad que logró acaparar la atención, el cineasta inglés decía que iba a ser algo nuevo y que abordaría una de las grandes búsquedas de la humanidad. Ha sido verdad pero también son promesas incompletas las del director de las legendarias Alien (1979) y Blade Runner (1982), que lo sindican como un maestro del sci fi aunque algo dormido tras estos éxitos.

Nos dio algo reciente aunque tampoco demasiado novedoso que nos remite a una etapa anterior a la del octavo pasajero tocando sutilmente los antecedentes del monstruo alienígena. No resolvió mucho en lo central -a lo que nos dispuso- ni tanteando ni presentado ninguna hipótesis en la trama. Lo que sí logró es mantener la tensión en la primera parte del filme en que nos hallamos en un planeta desconocido que ha enviado señales que pueden responder a la grandes preguntas de para qué existimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, conociendo a nuestros creadores. En la cinta, denominados como los ingenieros.

La trama remite al descenso de un espacio extraño que pronto empieza a ser un lugar temible y amenazador para la que se considera una expedición pacífica de reconocimiento e investigación financiada con capitales privados de un mecenas que acaba de morir, Peter Weyland (Guy Pearce, irreconocible bajo tanto maquillaje, una figura visualmente recargada y de aspecto falso) que dejó todo a cargo de la dura y absorbente Meredith Vickers (Charlize Theron) junto con su sirviente el autómata David (Michael Fassbender), una vez que quedó fascinado con las teorías de una pareja de científicos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall Green, actor americano poco conocido que predomina en la primera parte de la realización).

El filme es atractivo en cuanto a la curiosidad que va despertando, desarrollado con mucha inteligencia y que denota obvia experiencia del director que pone cada encuentro como si de una clase de arqueología espacial se tratara. La cueva en la que se introducen es misteriosa y tiene elementos que van entendiéndose, generando dudas, emociones, desencadenando circunstancias que van poniendo la nota de terror fantástico en el ambiente y anticipan un clímax que nos llevará a un desenlace céntrico y reparador si bien se compone de varios ratos de estupefacción o lucha que lleva un ritmo constante de sacar una novedad más cada cierto tiempo que inevitablemente u adrede va bajo lo que hila/oculta el mundo de Alien repitiendo ideas muy bien tratadas, una autopsia, una inoculación y un space killer. Éste último es el trasunto o germen que da base y sentido a lo que estamos presenciando.

Vuelven las constantes de Scott como en la mayoría de autores que llevan una cosmovisión única procesada, una marca de casa, y en realidad ya de todos en el género del horror mezclado con la ciencia ficción, pero agregando a ésta realización algunas razones filosóficas y literarias, preguntas sobre todo, que quedan rondando por debajo de la acción que lo aborda todo a manera de imán para el espectador, aunque solo se atreve ante la particular interrogante de ¿por qué nos odian? en el enfrentamiento de los padres con los hijos y en relación a la motivación de los actos de ambos, una audacia del cineasta británico en otro nivel que se plantea interesante en la convivencia social e incluso del arte. 

Yendo al meollo del asunto, lo que compete al filme, se pueden hallar contundentes respuestas entorno a ésta inquietud desconcertante y es que parte del secreto de la expedición justifica ese deseo de aniquilación, el ser humano es tantas veces un monstruo al que no le importa nada si tiene algo que quiere. No solo eso, sino porque puede, se adapta fácilmente de uno de los diálogos de David con un desenfadado Holloway que habla con toda franqueza y sencillez cuando el robot hace una comparación entre a que se debe su invención y la del hombre. También principalmente porque la humanidad busca ser su propio dios como en la mitología griega en que el titán Prometeo buscaba equiparar a los hombres con Zeus a quien engañó en varias oportunidades como en el robo del fuego que es como entregar la sabiduría ancestral al control humano, y que es el nombre de la nave espacial que articula el periplo de la aventura.

Un holograma es el disparador oficial de lo que se viene y se van dando descubrimientos, superficiales pero atrayentes que van creando un contexto que empieza a agregar datos que vamos hilando sobre qué pasa en éste lugar que esconde secretos que pueden ocasionar la destrucción de nuestro planeta. Algo se agazapa en la oscuridad y estamos por conocerlo. Las expectativas van disminuyendo a medida que evoluciona el metraje. Más es meterse en sucesos que sólo distraen, perdiéndose ese especial entusiasmo por algo interesantemente oscuro en pos de ser develado, que antecedía como promesa. Vemos esas cápsulas que nos recuerdan a la incubación del alien pero efectivamente se van dando otras “novedades” pero pequeñas, relativamente repetidas, muy acordes con disponerse para un videojuego, lo cual igual está perfecto porque es un filme entretenido, despierto.

Rapace es nuestra actual Ripley que es menos combativa pero aún eficiente. Destila una cierta sensibilidad y delicadeza aunque puede ser fuerte. Debe serlo, ya que es básico en su interpretación que de no ser así no la hubieran escogido. No es tan carismática e impresionante como la caracterización de Sigourney Weaver pero termina funcionando. La mejor de sus intervenciones se da cuando se auto-practica una cirugía que junto con la inmolación del capitán y algunos tripulantes destaca de lo que vemos en la película, generando adrenalina en la primera tanto como épica emoción en la segunda que es lo antagónico de una secuencia en que una transformación crea un ataque frontal a poco de una rociada salvaje de fuego con un lanzallamas. Ésta parte del filme aunque encaja parece estar demás siendo la mala resolución de una expectativa. La actriz sueca contrasta para bien entre lucir pequeña y normal con la actividad a la que debe acometer. Cuando dice ya no puedo más se hace muy verosímil. Da la sensación de estar enfrentando algo muy superior y eso agrega porque sobredimensiona lo que hay, sin increíblemente ser incoherente al resolverlo (punto a favor que ayuda al mismo Scott en cuanto a los rivales).  

Theron, ésta vez, luce en cierto grado forzada para dar la cara de una mujer fría que quiere subyugar al grupo. Esto quizás porque se le quiere en el guion de intrascendente y esquemática siendo muy propio su valor de ese final de para que no moleste más. Fassbender es el personaje más rico del conjunto y el otro sostén de la película. Sobresale en su actuación, sin tampoco reventarle bombos y platillos. Consigue dar la talla como protagonista (quien pasa por indispensable), gracias a que se le emplea como el que se mueve en las sombras y va generando el movimiento que requiere el filme. A un plano el planeta y su enigma; al lado el autómata.

Prometheus respeta el legado de sus predecesoras, razonablemente porque Alien es una obra maestra y el concepto que reúne las cuatro son palabras mayores. No obstante puede verse como algo independiente siendo un filme menor dentro del sci fi, o ser encuadrada como un complemento de la saga ganando la eternidad para los fanáticos. Un quinteto entonces. Que así sea.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Young adult



El director Jason Reitman se vuelve a reunir con la guionista Diablo Cody tras su buena fusión en Juno (2007) con la que Cody ganó el Oscar, una stripper y reconocida bloguera que saltó a la fama con su primer libro, Candy girl: a year in the life of an unlikely stripper (Diario de una stripper, en español). Reitman ha demostrado que es un creador talentoso contando con dos nominaciones a mejor director a la estatuilla dorada luego de cuatro películas dirigidas.

Su actriz principal es Charlize Theron que hace de Mavis Gary, una mujer divorciada de 37 años de edad que pasando por un mal momento en la escritura de libros para adolescentes decide ir a su ciudad natal en busca de su amor de juventud. Sin embargo el inconveniente que lleva pretender su unión con el pasado es que Buddy Slade (Patrick Wilson) es un hombre felizmente casado y acaba de tener una niña, por lo que se le envía una invitación para celebrar su nacimiento, que para ella es una señal del destino y de su situación conyugal, en favor de su aspiración a reencauchar un romance.

Ésta comedia de humor negro no tiene mucho de risa y sí bastante crueldad en su exposición de los llamados perdedores, en una sociedad que juzga a los seres humanos sin clemencia. Mavis es una chica que se cree especial, no solo por guapa sino por haber salido de un pueblito en donde todos son considerados promedio, además habiendo sido popular en el colegio y la reina de la promoción, por lo que vuelve creyendo que encontrará la adoración de quien ella llama su alma gemela. No obstante la verdad es más salvaje de lo que puede imaginar y será como una cachetada a su ego que la terminará aproximando a un lamentable desenlace, con quien a diferencia de ella es un verdadero estereotipo, un nerd grueso que está mal de la piernas y del órgano sexual producto de una golpiza de abuso escolar al creerlo homosexual.

La vuelta de tuerca o trampa final que nos depara Cody en el guión es aplastantemente desconcertante, que sólo salva a la protagonista tras una concesión que la deja intacta en su locura pero que ya nos ha desvelado la esencia real patética de quien es sustancialmente.

Mavis no puede ni debe adaptarse al pasado como tampoco lo harían los que luchan sin querer contra ella (con quienes ha crecido), no estarían bien en su mundo, Minneapolis, conocida sarcásticamente como la pequeña manzana, en alusión a New York. Minneapolis es una ciudad avanzada en comparación de su insulso y diminuto hometown.

Estamos ante una opinión dura sobre las relaciones humanas en donde las personas ordinarias viven vidas tranquilas y realizadas sin grandes ambiciones ni problemas, a contraste de la protagonista que en lo más destacado y alto del éxito está derrotada, solitaria, vacía y se mueve en la superficialidad.

Por donde se mire éste es un filme sin gracia o encanto pero no absurdo sino muy inteligente, sin embargo seco hasta el tuétano y que te deja frío ante su realismo pavoroso. En su visionado, se acomete contra outsiders o emprendedores de capa caída, que quedan mal parados, aunque son rescatados a último momento, albergando una mejor sobrevivencia o quizá un cambio, desubicados del contexto en que el gran golpe llegará para sacudirlos y derrumbarlos, equivocados en su sobredimensión personal y ridiculizados hasta el cansancio, quitándoles la dignidad, en donde la empatía para el espectador no funciona si tienes corazón.

Theron es natural en su representación al resto de los mortales, cuando bebe gaseosa de la botella o al día siguiente del acto pone cara de asco ante un gesto de mimo del acompañante sexual, y a su vez muy guapa hasta deslumbrarnos cuando quiere apabullarnos con su estética de modelo. Resulta muy cool en su performance de mujer joven adulta moderna y segura de sí hasta la demencia. Mavis se comporta extraña en sus decisiones, ya que ir a enamorar a un hombre casado porque cree que están destinados a ser la eterna pareja, a costa de daños colaterales -la esposa y la recién nacida- que ella justifica, no parece lógico. La mujer de Buddy también se muestra bastante cruel, pero aparenta ser inocente y bien intencionada, pero cómo no ver que tiene la vida que Mavis pudo tener, con su ex, con su ilusión de juventud, y que contrasta brutalmente con su fracaso actual. 

Matt Freehauf (Patton Oswalt) se lo hace ver, el parásito de Mavis, la rémora que es aceptado en su universo y que solo puede hundirla mucho más en un oportunismo ocasional. De la boca del rengo sale una crítica directa, además. Le dice: cuando te mirabas incasablemente en el espejo yo estaba en mi mejor época y tú no me veías. Pero suena a palmadita en el hombro para el corpulento fanático de Star Wars, y lo que es más irritante, hacer leña del árbol caído, cuando la dama ha tocado fondo.

El asunto son las falsas efigies y lo que es la felicidad, el mensaje es sigue tu propia ruta, circunscríbete al entorno que te sea propio, aunque apuntando a destacar y elogiar la normalidad de la clase media anglosajona, aun siendo una cinta rebelde e independiente al mainstream.

Mavis no puede con esos padres que cuchichean detrás suyo generando lastima sobre ella y que de hecho repercuten en todo éste drama (aunando el propio desequilibrio), o que guardan la foto que delata su fracaso matrimonial porque su ex marido es agradable a contraposición de ella que solo despierta fastidios por su egocentrismo e imposición de abarcarlo todo bajo su liderazgo. Pero también hay algo de lo que le hace ver la hermana menor de Matt, que la envidia y la mediocridad subyuga a la mayoría de gente del pueblito. Y sí, duele y pica el filme, una hazaña para el cine que no se congracia -en grandes rasgos- con nadie, aunque permite aire en cada capa sacudida.

Arrancarse cabellos y ser proclive al alcoholismo juegan a desdibujar límites hacia el abismo mientras vamos descomponiendo la figura de la independencia, la libertad, la soltería, la escritura o el atractivo físico, todo es menos de lo que implica, sea siendo una redactora fantasma en una serie moribunda o con modeladores de senos que al descubrirlos restan voluptuosidad. Hay una desmitificación de un orden establecido que seguro contentará a algunos, sin embargo seguirá siendo muy poco para ir a contracorriente del deseo de lograr lo que Mavis tiene y se destruye.

Young adult (2011) es un filme audaz sin lugar a dudas, pero pobre en cuanto a emociones, a hacernos soñar y a ser optimistas, está plagado de conformismo, de una misericordia miserable, de una crudeza y sarcasmo que no produce confabulación sino fastidia y que se ajusta a mostrar lo que es en realidad la existencia en éste planeta pero que viene con aspereza por más que quiera otorgarse un aire ligero y superado. Claramente es buena la propuesta pero todavía extraña, es difícil de asimilar, muy en la línea de lo que hace Reitman, un cineasta con bastante futuro, que hace honor a la creatividad personal, a trabajar en lo complicado, como la rubia actriz sudafricana haciendo papeles de antihéroe, saliendo de la gratuidad de su belleza para ser algo distinto a lo que se espera de su persona, sin que eso merme atributos irrefutables e inevitables, pero los tres -Cody, Reitman y Theron- muestran estar dispuestos a romper el molde y por lo tanto a ganarse un nicho importante en el séptimo arte.