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domingo, 13 de septiembre de 2020
I'm Thinking of Ending Things
Ésta es una de las películas top del año, la pongo desde ya en la lista de lo mejor del 2020. Charlie Kaufman logra su mejor película hasta la fecha, con sus pensamientos íntimos y personales y el cine que ha hecho y trae de background. Su cierta lástima y soledad están presentes, su dificultad de adaptación social. Sentimos un cierto aire de depresión recorriendo toda la propuesta. El filme se enfoca en el amor como herramienta para vencer la complejidad de ser uno mismo y de existir, como salida a derrotar las poderosas taras mentales que no nos dejan vivir con normalidad. Pero aun así no falta un poco de humor negro para señalarlo. El filme en gran parte es una historia contada convencionalmente, mediante una voz femenina, sobre una chica, que cambia de nombre constantemente, interpretada por Jessie Buckley, que quiere terminar con su novio, Jake (Jesse Plemons, que tiene un cierto parecido físico con Philip Seymour Hoffman, pero transmitiendo mucho más temple y un aire más común). Lo piensa -está segura- cuando la pareja está realizando un viaje en carro a la casa de los padres de él. Ella siente que su historia debe acabar, no especifica bien la causa, pero siente que su relación debe terminar así sin más, siente que esta relación se ha extendido demasiado, casi 2 meses. Jake es un hombre inteligente y preocupado por su novia. No obstante no sabe que su relación está por finalizar, curioso cuando él la lleva a dar un paso más hacia adelante, conocer a su familia. Esto molesta a la chica, pero no lo dice. El filme tiene a la joven ensimismada en sus pensamientos, filosofando sobre su relación, por algo ella es algo entre física y poeta. Todas estas cavilaciones se mezclan con sus conversaciones mientras están dentro del auto. Después conocerán a los padres de Jake, interpretados por los geniales Toni Collette y David Thewlis. El filme es muchas versiones de una misma historia, es mucha gente también en una sola interpretación, se trata de proponer miles de alternativas y posibilidades a la temática de la relación de pareja que es el centro del filme, pero que se extiende al tiempo de una vida y etapas de las personas. El amor se presenta como la salida, pero no es acatar sin más, es también perder y sufrir, quedarse tal cual en el abismo, patear el tablero, ahí radica su lado pesimista y lastimero, propio del cine de Charlie Kaufman. La pareja es muy racional, todo pasa por su pensamiento, en éste yace incluso la infancia, la fuerte presencia de los padres, el aislamiento de vivir en el campo. La chica protagonista también es Jake, el desdoblamiento y la mezcla de la tesis de la ardua adaptación al mundo lo recorre todo. El filme es ingenioso en romper la linealidad de la narrativa y proponer cinematográficamente la fusión de miles de vidas e historias representadas en la pareja protagonista, e incluso mediante los padres y hasta por medio de la participación de gente que trabaja en empleos desgastantes. Puede que todas sean versiones del mismo ser humano, es decir las tantas caras de nuestra humanidad, la de los mundos paralelos o del recorrido hacia el nirvana. Todo esto ocurre en la tercera parte del filme, tras dos tercios de linealidad. El filme rompe con lo "convencional", lo hace con apenas algunos detalles, como cuando la joven ve un cuadro de Jake y se ve a sí misma de pequeña en la fotografía. El sótano hace de película de terror, de puerta secreta a la psiquis, porque también el filme es un aparato mental, el interior de una cabeza. Hay un hombre personal de limpieza que se encarga de asear un colegio, su intervención que parece intrascendente propone más amalgamas que juegan con el tiempo. En un momento en una representación de ballet, o propio de un musical, lucha el Jake en plena efervescencia y lozanía con el Jake derrotado por la vida, el final es triste, tanto como artístico. La propuesta incluye el surrealismo de un crimen, la historia de un homicidio, ese carro abandonado en la nieve es un cuento de miedo también, una radiografía americana. El filme de Kaufman está repleto de melancolía, también de erudición, hay mucha intervención de la literatura y del cine, si bien no es que no se entienda, no se trata de una erudición pedante, hay intelectualidad, sabiduría y reflexión en muchas conversaciones que parecen poco importantes. Las películas y la literatura conversada por la pareja protagonista sirven para estudiar la realidad y la temática del filme en especial. Hay muchas intervenciones interesantes. Kaufman debate con John Cassavetes, específicamente con A woman under the influence (1974) y con otro tema que también pasa por sus obras, la locura. La muerte también está presente en el filme, aunque de manera sutil, con David Foster Wallace.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Anomalisa
Segunda película del director y famoso guionista Charlie
Kaufman, esta vez acompañado en la dirección de Duke Johnson. Kaufman es el
escritor de los guiones de Cómo ser John Malkovich (1999), El ladrón de
orquídeas (Adaptation, 2002) y Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). Su
ópera prima como cineasta, Synecdoche, New York (2008), trataba de un hombre, Caden
Cotard (Philip Seymour Hoffman), un director de teatro que quiere hacer una
gran obra, la cual está emparentada con su propia vida, que sería aquella
máxima puesta en escena, ya que como se sabe el mundo es como un teatro y es
justo en ese lugar que la ficción y la realidad se entremezclan habiendo vasos
comunicantes y vínculos con toda la humanidad y su lucha por la felicidad,
donde Caden suele ser un perdedor, un tipo patético, pero también un posible
genio, siendo un tipo enfermizo y lastimero, que suele perder a todos sus
amores (incluyendo a sus hijas), a quienes conquista en buena parte por la
lastima y su cualidad de director. Caden es cualquier persona en el mundo,
aunque exagerando la figura, quien provoca que la imitación de su vida torne a los
clones de esta en seres autónomos, creando una red compleja de ficción, a la
vez que Caden se torna otras personas, desarrollando cierto misterio e
interrelación simbólica y repetitiva. Cosa que se verá también en Anomalisa,
pero esta vez ya no es tanto una lucha por la felicidad, un tira y afloja en el
tiempo en cuanto a alegrías y frustraciones, o un lugar de sueños, anhelos y
placeres, que en gran parte se convierten en promesas incumplidas y
aceptaciones pacíficas, sino un lugar mayormente de depresión, de derrota
absoluta, teniendo nuevamente como partícipe a la locura velada, como bien indica el título del hotel en que se hospeda
el protagonista, Michael Stone (la voz de David Thewlis), que alude al síndrome
de Frégoli, que bien representa el actor Tom Noonan en la interpretación de
todas las voces y parecidos, que es como que el mundo es una absoluta
repetición anodina, una falta de gracia, goce y efervescencia total, provocando una abulia generalizada, una tristeza que
ronda el suicidio.
A Michael le abruma su esposa y su pequeño hijo, de los que quiere escapar;
sus amigos, a los que desconoce y siente intrusos, un lugar de conformismos; y su trabajo, como gurú –paradójicamente- de
relaciones interpersonales y atención al cliente, siendo un exitoso
relacionista público y gestor de un libro de cabecera sobre productividad mediante
lo social, que lo lleva a dar una conferencia en Cincinnati, Ohio, por lo que en
líneas generales detesta toda su vida, y decide aprovechar el viaje para
reencontrarse con un viejo amor que él abandono sin mayores explicaciones, a
razón -como bien dice- de que suele perderlo todo, toda alegría e ilusión, como
ejemplificará su hallazgo en la a un punto patética Lisa (Jennifer Jason Leigh)
que a través de escuchar su voz, femenina y anómala al conjunto o mundo cree
hallar la esquiva felicidad, siendo una mujer muy parecida a Caden, una que no
se quiere mucho a sí misma (producto de creerse fea y poco inteligente, aunque
curiosamente se plantea especial dentro de su propio menosprecio), se ve de
menos, hasta el punto que se torna algo molesta al ser tan lastimera (rasgo de
identidad del cine de Kaufman, que puede que pretenda una empatía, pero no es del
todo eficaz), sin embargo a su vez es capaz de brillar y distinguirse a través
de la canción “Las chicas solo quieren divertirse” de Cyndi Lauper y explotar
una cierta ternura, no obstante no podrá evitar mostrar que es un ser común a muchos,
tan imperfecto y vulgar, a las pretensiones subconscientes de aquella pesadilla paranoide de la repetición y la robotización tratando de llenar el apartado
trascendental del amor, con lo cual a Michael le duele el sueño de la
extravagancia (tal cual sostiene y admira aquella máquina musical japonesa
comprada en una tienda de juguetes sexuales), la ilusión de lo excepcional, padeciendo
la monotonía, en una labor pesimista a más no poder, tanto como harto realista y
detallista en toda su recreación en animación stop motion de una temática para adultos,
como en el cunnilingus o todo el desarrollo pormenorizado del hospedaje que
trabaja el lugar común y el aburrimiento sostenido.
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