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domingo, 26 de abril de 2026

The Lady Eve


Preston Sturges es uno de los grandes nombres del cine clásico americano. En otra película de él del mismo año, Sullivan´s Travels (1941) se menciona a Ernst Lubitsch y Frank Capra que estaban consagrados para 1941. Sturges entre 1940 y 1944 buscaría emularlos, haría sus mejores películas que lo inmortalizarían de golpe en la historia del séptimo arte americano. Fue uno de los guionistas precursores en convertir sus escritos en éxitos dentro de su propia dirección de cine. Tuvo mucho respaldo durante estos 5 años de gloria y popularidad porque venía de haberse labrado un nombre sólido en el teatro. La presente película es una comedia romántica, de verdad cómica y de verdad romántica, y también una screwball comedy donde hay golpes, caídas, torpezas, y mucho movimiento, mucha intensidad, en la palabra, en las acciones, presentando un dotado ritmo y una economía para narrar muchas cosas en un espacio de hora y media que es lo que los más grandes poseen. Es una película bastante sencilla, pero sumamente efectiva. Jean Harrington, Barbara Stanwyck con 34 años de edad y cerca de 15 años de experiencia como actriz, es una muchacha avispada, muy astuta y pícara, que viene de una familia de estafadores. Sabe que el hijo de un millonario de la cerveza, Charles Pike, Henry Fonda con 36 años de edad y 6 años de carrera como actor pero que ya había trabajado con Fritz Lang, William Wyler y John Ford, va a ir en el mismo crucero suyo. Junto con su padre planean sacar una buena cantidad de dinero de él. No obstante Jean se enamorará realmente de Charles, quien es un hombre de ciencia pero bastante inocente como persona. En el inicio dicen que no sabe tratar con las mujeres, que desconoce su proceder. Cuando recién está en el barco, todas las mujeres de alrededor lo ven como el mejor partido, guapo, muy educado y millonario. Charles no sabe como ignorarlas a todas, que no le quitan la mirada. Es así que Jean le pone literalmente cabe, así de lo más ordinaria, y le achaca haberle roto un taco, y que debe ayudarle llevándola a su recámara. En dicho lugar surge un coqueteo que maneja la muy "moderna" -éste cine maneja tremenda elegancia como buen cine clásico-, feminista en toda ley, Jean. Para esto Sturges muestra que estaba adelantado a su época, proponiendo una fémina muy independiente y muy segura de sí misma, por encima de los hombres, sin que sea difícil de tratar o caiga antipática. A pesar de ser muy aprovechada y tomarle el pelo a Charles, exhibe un halo de mujer simpática, carismática, cosa que es pura Barbara Stanwyck, donde no cabe duda que tenía una notoria personalidad avasalladora, por encima de su real belleza, pero se las ingeniaba con su cuerpo muy delgado y de pocas curvas para pasar por incluso sensual. En ésta película la que manda, la que hace prácticamente todo, es ella, la que genera las situaciones. Charles es un monigote en sus manos. Henry Fonda lo hace muy bien, como éste hombre ingenuo y que se deja llevar por Jean. En una cena se cae mil veces, se ensucia de manera atroz en múltiples oportunidades, como un gag. La esencia de la screwball comedy en ese sentido no se denota forzada, sino muy natural, además Sturges era terrible haciendo que sus protagonistas hagan el tonto. Fonda le da mucha dignidad a su personaje, aun cuando tiene mucho de bobo. Ante la trampa de la doble no llega a entender en pantalla de que va la burla del segundo encuentro. Jean para sus deseos enamora dos veces -hasta tres veces- a Charles que cae fácil redondito en sus encantos. Lo bueno que es cine amable y Jean finalmente no es una mala persona, más allá de sus antecedentes criminales, familiares y sus allegados. Hace ver que el dinero puede ser secundario para ella, mostrando que está en sí ser otro tipo de persona. Es una comedia en toda la palabra, es una propuesta que va de ligera, de alegre, que gusta a muchos y es una muy buena película. Tiene escenas dulces, románticas, muy conseguidas. El rato en el tren enumerando a los incontables amantes bromea con las convenciones de manera limpia y audaz. Jean no puede ser cruel porque está en realidad enamorada y eso cambia hasta al más reticente. Le duele mofarse de Charles, pero éste en mucho tradicional ni se da cuenta. Es una película feminista, pero de las que hace al público cómplice sin distinción de género. Sturges igualmente muestra que se adelanta un poco al futuro cuando en Sullivan´s Travels menciona que los afroamericanos merecen mayor igualdad que la que poseen para la época, enfocándolo desde una visión religiosa, si bien los emparenta con el trato a los presos. La aparición de Lady Eve Sidwich es una audacia formal de Sturges, porque como le responde Charles a su desconfiado guardaespaldas (William Demarest, cómico en sus refunfuños) sería un descaro venir así sin más, pero sólo basta engolar la voz. Esto habla de que la clase alta no parece marcar grandes diferencias. Esa parte agrega un chisme y sostiene el suceso muy bien. Pensaba previo a ello: ¿Cómo hará para no ser rechazada en la cena?, que se repite sin caer en la telenovela o la corrección política de hoy en día, aun tratando con el arribismo, las diferencias sociales y el background sexual. He ahí la grandeza del cine clásico y el dotado guion, la portentosa claridad y la inteligencia del director. La propuesta lleva mucha mención del relato bíblico de Adán y Eva, pero sin mucha parafernalia o trascendencia argumental, sino como sencilla comedia, alusiones ligeras. Jean le suelta una manzana en la cabeza al distraído Charles, cuando recién llega al barco, lo que parece un acto absurdo, pero que da a entender que ella hará lo que quiera con él. Sin embargo el amor lo salvará de ésta truhan. Igualmente Charles es un estudioso de la serpientes y hasta tiene una como mascota. El sobrenombre de Eva es otra mención, como quien dice, un dolor de cabeza. Así mismo representa seducción. Todo lo que invoca comer de la manzana. 

viernes, 24 de agosto de 2018

Las Furias (The Furies)


Éste western de Anthony Mann es más un drama que una película con llamativas escenas de acción, apenas hay un par y sirven a la historia, a ese respecto tiene muy poca adrenalina. Pero hay varias escenas dramáticas bastante intensas y alguna hasta chocante. El filme pone primero un vínculo muy cercano entre padre e hija, entre Vance (Barbara Stanwyck) y T.C. Jeffords (Walter Huston, padre de John Huston, en su último papel en el cine), para luego enfrentarlos.

El filme es sobre un patriarca dueño de muchas tierras, con gente que vive en ellas sin su aprobación, colonos, y éste terrateniente, T.C., quiere botarlos, pero su hija Vance defiende a una familia de estos habitantes, en especial al hijo mayor, Juan Herrera (Gilbert Roland), galán enamorado de ella, todo un caballero, pero ésta corresponde más bien a un tipo más discutible, de cierto aire vanidoso, jugador, apostador, materialista, seductor, Rip Darrow (Wendell Corey). Pero guarda una gran amistad y lealtad por Juan y viceversa.

Ésta propuesta es una épica, que recurre a caminos imprevistos, muy ricos, es todo un clásico que parece tomar de pretexto ser un western. No hay pistoleros ni outlaws, no hay duelos ni tiroteos grandiosos. Apenas hay un pequeño choque entre los colonos y el patriarca y su gente, y el resto son relaciones de familia y de negocios. Rip tiene una vendetta con T.C. pero piensa como capitalista y no con las armas, ganar dinero, quitarle el poder al patriarca.

Tanto Rip como T.C. están muy bien dibujados para el oeste sin ser pistoleros, como unos excéntricos y amantes de sí mismos. Rip es más fino, pero con un toque machista; T.C. es más brusco, como cuando coge a un borracho y lo arroja como un saco de papas, o domina un buey frente a su tropa de trabajadores. Pero ni Juan hace ninguna gran demostración con las armas, todo queda en imaginación, prefiere quedar como un tipo de poeta.

Vance es inteligente, pero también salvaje y un poco engreída, gracias a una gran Barbara Stanwyck, como cuando le dice una mujer voluptuosa que los hombres las prefieren flacas, como quien quiere decir actrices talentosas y con personalidad primero que demasiado atractivas. El filme tiene un lado romántico rudo propio del oeste en Rip y uno muy suave en Juan. Hay varias escenas en ese son, de seducción, de traición, rechazo y sensualidad.

El filme es algo pesado, es un gran drama, pero también tiene momentos impactantes, tanto como discutibles, como los que propicia la relación tirante entre la madrastra Flo Burnett (Judith Anderson, la muy recordada señora Danvers de Rebecca, 1940) y Vance, que salta del intelecto avispado a lo bruto y criminal. Con esto los personajes tienen un lado bárbaro y bastante recriminable, no hay figuras limpias de polvo y paja. También está el maltrato físico visto como seductor y macho, propio de la época.

Pero también tienen un lado de nobleza. El trato de T.C. con Flo y su trato con Juan, el bien y el mal habitan en todos, hacia lo extremo. La franqueza de Flo –aun con cierta ambición de por medio- y su argumentación no merecen lo que le pasa en la trama, luce más como un error del filme y flagrante contradicción en Vance, algo demasiado extremo y que se toma a la ligera.

El filme brilla por su interacción, por sus relaciones tensas, y lo típico de lo rural, con un pie en el pasado –lo tosco, lo violento, la falta de ley- y otro en la civilización –el poder del dinero, los negocios y no las armas-. Es más que todo un drama, un clásico que puede bailar en varios géneros, que un western en toda la palabra, pero aun así una buena película.