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miércoles, 28 de febrero de 2018

Loveless (Nelyubov)


Ésta película habla de un matrimonio en trámite de divorcio, que tiene un niño de 12 años, pero parece que no saben que hacer con él, como que les importa poco y no encaja en sus futuras nuevas vidas, y el destino les prepara un duro golpe, el niño desaparecerá y entrarán en fuerte tensión por hallarlo. La burocracia policial demorará el proceso de búsqueda –ellos apuntan al crimen- y los padres harán uso de voluntarios para la búsqueda, todo será muy profesional. Más de media película se trata de hallar al niño.

Loveless (2017), de Andrey Zvyagintsev, es un filme que señala la frialdad en distintas formas. Una se ve en el paisaje, en el bello cromatismo del filme, en aquel lago por donde el pequeño Alyosha pasa y deja una cinta colgada de un árbol; es el clima de la ciudad, y que invoca a Rusia, descrita en aquella madre, Zhenya (Maryana Spivak), que en la máquina de correr se detiene sintiéndose golpeada, sufriente, melancólica, agotada por las circunstancias de su pasado, de manera idéntica a su país. Ésta frialdad está también en la pareja protagonista, que caen en la desesperación tras el hijo perdido, aunque son malos padres. Al hijo lo han maltratado psicológicamente y les ha sido indiferente, tal cual apreciamos en el cuidado del segundo hijo del padre de Alyosha, un padre que no reflexiona.

Lo más poderoso de la propuesta es que la mayoría del filme es una autocrítica y auscultación del propio país, en gran parte a través de lo transversal, en como son tratados los ciudadanos por Rusia, visto como el nuevo país que es, pero con mucha historia (peso) detrás, al tiempo de cómo lo sienten; falta el amor en su mutuo trato, similar a ésta pareja a punto de divorciarse. Rusia es vista desde su modernidad, es tan igual a cualquier país capitalista. Pero el resentimiento le cobra factura, resentimiento que yace a diestra y siniestra, resentimiento que señala justa culpa, véanse esos conflictos con Ucrania que muestra casual el televisor.

Es una película muy cuidada y calculada, muy correcta, muy bien hecha, aunque puede caer en el rotulo –negativo- de académica, le falta algo de atrevimiento y originalidad, más que presentar a los próximos divorciados teniendo sexo con sus nuevas parejas. Estas escenas sexuales son un requerimiento, una “trasgresión”, que lucen más bien banales.

La búsqueda del hijo se expande fluidamente y no afloja en ningún momento el interés, mientras se refleja constante el conflicto entre la pareja protagonista. Zhenya es una mujer hermosa y de cuerpo escultural, joven, pero sofisticada, sólo que se comporta de manera insoportable; él es exitoso en la pertenencia a la clase media alta, pero es algo indolente a su entorno, quizá es demasiado simple, la parte femenina está más trabajada. Muestran una cierta superficialidad, sin convertirse en estereotipos. Son muy emocionales, y ella en especial se presta bastante explicativa, con lo que se entiende las razones de su desbordada y omnipresente furia, y compensa el fastidio que genera. No obstante, la ira y locura –por aislamiento y cerco- de la madre de Zhenya no se entiende en buena parte, pero se desliza la idea de que es la furia de la histórica URSS. Rusia está en todas partes.

sábado, 30 de mayo de 2015

Leviathan

Leviathan (2014) está nominada a mejor película extranjera en los Oscar 2015, obtuvo el premio de mejor guion en el festival de Cannes 2014. La cuarta película del ruso Andrey Zvyagintsev hace hincapié en la política sucia de su país coludida con la iglesia ortodoxa, ahí yace el retrato del presidente Vladímir Putin detrás del escritorio de un alcalde que quiere apoderarse de un terreno y casa de nuestro protagonista llamado Kolya que pasa además por su viacrucis personal con la infidelidad de su mujer con su mejor amigo y abogado, lo que pone muy clara la parábola de Job, que dice en la biblia que ha venido a sufrir a la tierra y que en última hora Dios lo premia con la longevidad y la descendencia, como explica un prelado en una conversación casual, y en que muchos ven obviedad. Éste alcalde déspota y corrupto del tipo gángster, al puro estilo del trazo grueso del de Marcelino, pan y vino (1955), hará hasta lo imposible por apoderarse del lugar de Kolya que no quiere vender, mientras esa sub-trama del engaño matrimonial hace que la narrativa tome justificaciones y causes que presentan mayor complejidad y encanto como historia, ganando un cariz de menos lugar común en lo del abusivo poderoso, con lo que se aleja un poco de ello, y también del tema, tomando consonancia de melodrama romántico tanto como de velado drama criminal.

Luce como una lectura comprometida con denunciar al poder reinante de Rusia en una ficción emocional, que tiene ramificaciones burocráticas y policiales para el ciudadano común, pero esto puede abrumar a quien ve cierto oportunismo y gancho, o diluir el arte en propiciar un mensaje demasiado sonoro. Sin embargo, esto puede pasar a segundo plano, dando predominio a la parábola, lo humano, en la mención del Leviatán, hasta lo filosófico, que trasciende corrupciones específicas de corte realista, en que el mal está en todas partes como un cáncer, no solo en lo nacional, sino sobre todo en lo vivencial, en la agresión al hombre común, mientras se recrimina el abuso de los que suelen ostentar el poder, aunque aquello vuelva una vez más como algo tan visto. El leviatán es la osamenta de una ballena en la playa, el misticismo de los bellos paisajes e incluso la máquina de construcción derruyendo una edificación. Leviathan trata de la lucha por sobrevivir, ver la luz de la misericordia, humana, divina, legal o de cambio, aunque el filme se muestre tan pesimista, deliberadamente cruel.

Hay una narrativa cautivante, de buen narrador, empático y entretenido, muy contemporánea que derriba ciertos clichés de como los vemos a los rusos, o sea en el folclore, aunque no quita del todo lo tradicional como en el quehacer rural, manual y salvaje si se quiere, como en El regreso (2003), máximo logro de Andrey Zvyagintsev, ganadora del león de oro del festival de Venecia, donde un padre vuelve a casa y enfrenta el rechazo firme de uno de sus hijos, haciendo un viaje con ellos dos a una isla donde aguarda mucho suspenso y misterio, y no falta la poética sorpresa en un canto además estético y bien actuado entre sus tres protagonistas.

Elena (2011) es otro título de interés, aunque más light, en la madre obnubilada por el amor hacia el hijo pobre y vago, y su familia, frente a la dureza de un marido adinerado, en competencia con la hija engreída, atrevida y liberal, interpretada por Elena Lyadova, gran actriz que más tarde en Leviathan hace de una mujer ordinaria, pero bastante carnal e internamente conflictiva, si bien en Elena, la misma del título, que hace Nadezhda Markina, desde luego, se roba el show y nos provee de tremendo impacto. No obstante en Leviathan la estructuración toma mayores alcances, se supera, creando más líneas de conflicto, interconexiones y novedad que sus predecesoras, con lo que el premio de Cannes resulta muy merecido.