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viernes, 28 de octubre de 2022

Frenesí (Frenzy)

 


Alfred Hitchcock tiene varias grandes películas; populares, exitosas y hasta bastantes alabadas por la crítica hoy en día. Frenzy (1972) es su penúltima película y una muy buena. Es sobre un asesino en serie que mata con corbatas, estrangula mujeres con éstas. El protagonista es Richard Blaney (Jon Finch), un barman que es echado de su trabajo y se va en busca de su ex mujer que tiene una agencia que te busca pareja para casarte. Blaney tiene una buena relación con su ex mujer, aunque él es una joyita, es muy enojón y arrebatado, y no fue un buen marido. En fin, todo apunta a culpar a Blaney de ser el asesino en serie de éste Londres que se mueve entre un gran mercado típico de pueblo, de alimentos, pero Hitchcock en su estilo muestra la verdad rápido al público y empieza a laborar desde ahí con su excepcional maestría en el suspenso y una investigación a puertas abiertas, visible para entusiasmar así a un público voyerista y espectador privilegiado. Muestra con pelos y señales al asesino en acción, su personalidad y sus motivos a raíz de su locura, en una escena gloriosa, donde una mujer mientras es asesinada recita una poesía sobre lamentaciones y malas circunstancias al tiempo que el asesino la viola, se excita con su sufrimiento y hace lo que siempre hace con las corbatas. El filme abre con un cuerpo femenino joven flotando desnudo sobre un río. Hitchcock puede ser crudo. Frenzy abre como con la intro musical de Jurassic Park, con apoteosis, como si fuéramos a ver una película grande popular, y es verdad en cierta manera, aunque el presupuesto sea mucho más pequeño y el filme sea británico y no americano, pero Hitchcock se ha ganado ese lugar en toda grandeza, de entretenedor mega popular, el más internacional y grande, por algo fue muy célebre y ganador en Hollywood haciendo sus películas. Es un filme que no tiene estrellas como actores pero todos lo hacen estupendamente, dentro de un gran nivel que otorga personalidad, siempre manejada desde la creatividad e ingenio del maestro del suspenso. Hay una secuencia de esas impresionantes que hacen un portento del séptimo arte con el deseo de recuperación de un pin por parte del asesino en un camión que transporta tubérculos y algo que ha dejado el maldito. La secuencia es una clase maestra de suspenso, es ponerse a intentar algo riesgoso e ingenioso con mayúsculas. Hitchcock usa aquello de que objetos olvidados o dejados por descuido incriminan y hacen capturar a los malvados una clase personal de como hacer un thriller, de propias reglas y originalidad, se muestra impredecible. Por algo fue quien fue en el género y la historia del cine. También el gran Hitchcock se permite ironizar con el matrimonio desde la interacción entre la comida gourmet y la comida humilde o típica británica que define justamente qué estamos viendo, un filme magnífico popular, de entretenimiento sin complejos pero realmente bueno (con autoría); es decir lo muy extravagante o raro, lo disforzado u oscuro es lo gourmet y la comida realmente deliciosa es la que solemos ver como más próxima a la gente común, tremenda declaración de principios de alguien que puede hacerlo, decirlo, porque en efecto fue un genio en lo suyo. Hitchcock celebra al clásico británico con su buen investigador; educado, formal, sensible, pero también sencillo; además muestra mucha gente más pedestre en ese contexto de mercado que proclama lo popular con veracidad pero sin perder tampoco ese cuidado donde nunca asoma lo impresentable en su cine. Hitchcock con poco y tangencial es más divertido, sabio e interesante hablando del matrimonio que esas comedias que se dedican a ello. Como Hitchcock con su asesino juega sus cartas a vista del publico presenciamos la maldad y el peligro en toda plenitud en varias escenas de lujo, de esto se permite varios giros y se salta las resoluciones obvias a la hora de la verdad -tras plantear expectativas- para que en los últimos 15 minutos del filme -como es clásico en él también- dé una clase magistral de mostrar mucho en muy poco tiempo, dando tremenda profundidad escénica y narrativa en 15 minutos resolutivos, cuando ya ha dado un montón de suspenso, mucha sabrosa tensión cinéfila, mucho cine, mucha hondura psicológica desde un asesino y desequilibrado esencial, y desde su protagonista, Blaney, que es también ver la cotidianidad del hombre de a pie, del que no tiene ninguna excepcionalidad, y de un ser golpeado. Un poco ésta obra es cine social -en Inglaterra éste cine es toda una escuela- aunque esto no es lo suyo sino el mejor entretenimiento. 

domingo, 20 de febrero de 2022

La soga (Rope)


La soga (1948), de Alfred Hitchcock, es una de sus obras más reconocidas. Se basa en la obra de teatro del mismo título del británico Patrick Hamilton que se inspira en el famoso caso de los estudiantes asesinos Leopold y Loeb escrita a cinco años de cometer su famoso homicidio de un niño de 14. En el filme de Hitchcock dos mejores amigos, Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger), matan a un compañero de estudios y lo meten en un cajón donde especifica y macabramente van a comer en una pequeña reunión que organizan. Brandon es la mente maestra, un tipo perverso que quiere probar las elucubraciones de su maestro universitario, de Rupert Cadell (James Stewart), que se basa en Nietzsche, sobre la superioridad y el superhombre por sobre la insignificancia de cierta humanidad. Brandon lo hace también por disfrute personal, lo siente como un reto constante, por eso organiza una fiesta y quiere que el mismo maestro Rupert asista, como para jugar con él, vencerlo intelectualmente, de manera secreta. A la reunión poco después de matar al compañero va el padre del muerto, su novia, el ex de la novia, Rupert y la tía de la victima. En plena reunión Brandon saca el tema del profesor y éste empieza inmediatamente a sospechar de ellos. La fama de particular le precede a Brandon. Por dársela de astuto empieza a luchar por no ser atrapado. Luego saltan algunos indicios; también suma que Phillip luce nervioso, alterado, para como apunto de llorar o rendirse, y para peor para él empieza a emborracharse fastidiando a Brandon que yace gozando con todo el asunto organizado. El baúl y el cadáver pueden simbolizar la homosexualidad de la pareja de asesinos; el miedo a que se descubra el cuerpo puede ser el mismo por la propia sexualidad, visto como una trasgresión de la moral de la sociedad. Tanto Phillip como Brandon no dan esa imagen ni se manifiestan nunca así, salvo por algunos engreimientos en su expresividad, pero se decía que los verdaderos asesinos pudieron serlo en secreto. No obstante esto jamás se confirmó. De la misma manera tanto Granger como Dall si lo eran en su vida intima. Como bien dice un débil Phillip está Rupert jugando al juego del gato y el ratón, a investigar que algo extraño está pasando en la reunión y quiere saberlo. Es un filme que recurre sólo a 9 personajes, incluidos unos segundos el cuerpo del asesinado David Kentley. A los invitados se le suma la criada. John Dall actuaría muy poco en el cine, su pasión sería el teatro, aun cuando su debut en el cine le dio una nominación al Oscar y lo puso como prometedor en el medio. No obstante nunca llegó a saborear mucha popularidad en el cine aun así. Farley Granger sí tiene algunas películas muy famosas en su filmografía, aunque su carrera no fue del todo gloriosa, pero sí nutrida, con altibajos. James Stewart fácil puede ser el mejor actor clásico del cine y no es poco decirlo. Como se basa éste filme en una obra de teatro es una propuesta digamos que austera, con pocos recursos, como estar en un único lugar, la casa de los asesinos. Hitchcock lo convirtió un poco en un filme experimental, no por raro, porque es super clásico y muy bueno, sino porque se estructuró bajo unas pocas secuencias de 10 minutos cada una y Hitch trató de esconder los cortes, las uniones, como mediante la repetición de apuntar -salir y entrar-con la cámara a la ropa. La soga es un filme sencillo, pero notable, con muy buenas actuaciones, con conversaciones directas al punto, pero muy ricas, con su sabrosa interacción de misterio e investigación, con su toque de picardía, su pizca de trasgresión y su pequeña cuota de filosofía, con el famoso y poderoso suspenso del director y con sus inteligentes momentos de tensión, sospecha tras sospecha. Se disfruta de manera muy fluida a través de algo interesante. El profesor lanzará un monólogo de subsanación en pos de su cátedra de autosobrevaloración narcisista intelectual, explicación que responde a Nietzsche. También se puede ver ahí a Hitchcock que se divertía con esto -el negocio del crimen- con su cine y lo fantástico, la excepcionalidad que le otorga su profesión, como ese juego intelectual en el aula que profesa Cadell y es malentendido y fríamente puesto en práctica. Como se dice, hay una personalidad dañada que es la culpable, la que convierte fantasía y abstracción en sordidez.

sábado, 19 de febrero de 2022

Vértigo

Éste filme es de los más populares y celebrados oficialmente del séptimo arte. Muchos lo consideran, antes más quizá, el filme número 1 de todo el cine. Hitchcock fue un director de muchas obras maestras, pero éste filme suelen destacarlo en particular, adaptación de una novela negra del francés Pierre Boileau. Es una propuesta que puede leerse como relato de terror, pero a media hora de terminar se define como cine negro por la puerta grande o con alevosía, una historia de crimen. Es un thriller psicológico, juega con la locura al tiempo que es una historia de fantasmas, de posesiones e inducción al suicidio. Finalmente todo queda como un plan perfecto, el asesinato perfecto. Es una historia de amor también, muchos la ven como de necrofilia o atraviesa esto sutilmente como perversa fantasía sexual. El protagonista, John Ferguson (el legendario James Stewart), se enamora con pasión, con furia, convencido de haber hallado a su otra mitad. A él no le importa meterse con una mujer casada, ni pareja de alguien de confianza, la necrofilia tampoco parece asustarle, lo suyo es obsesivo. Es un filme que puede leerse un poquitín machista, haciendo de una mujer semejante a otra (copiándola), ideal en la mente de John, pero también es su subconsciente que está buscando respuestas y curas, como a su fobia con la altura que va de la mano con la propia locura tras el sentido de culpa y debilidad de no poder haber salvado al objeto de amor absoluto, se trata entonces de una reconstrucción del alma. Es así que todo conduce a recrear el momento clave de la historia. Puede leerse que esto implica cierta perversidad, pero también es una investigación trunca que un detective por naturaleza -frustrado en ese ámbito también- está administrando cerrar. Todo pasa porque John, alias Scottie, halle la luz, su tranquilidad profesional y su sanación emocional. Aunque se plantea un accidente, y también un final rápido y de efecto a lo Hitch, se entiende tener cerca recurrentemente a una mala mujer, un asunto que va en varias sub-tramas, si bien alguna por meterse con criminales habiendo elipsis al respecto. Así mismo la mujer española parece haber sido infiel, denota otro juego de espejos. Tenemos entre manos una trama que hace uso del doble, del que no puede despegarse de la imagen preconcebida, quiere decir que hay un destino que no suelta a ésta mujer que interpreta Kim Novak, un objeto de adoración, pero también maldito, aun cuando hay belleza y un aura de sofisticación y actos de bondad y sensibilidad de su parte. No obstante no falta cierta vulgaridad, como deja ver el aspecto en cierta manera de Judy, mientras lo español puede que juegue con el cliché de lujuria. Así mismo Scottie es un tipo destinado a sufrir. El crimen parece pagar. Paradójicamente amar se siente como un error que deviene en fatalidad. Es el mal el que hace de las suyas, como buen cuento de terror, aunque no pueden o no suelen faltar las soluciones. La mujer perfecta en el relato es la amiga, Marjorie, pero es Madeleine y la española las escogidas y con ellas la tragedia. Es la eterna elección de las pasiones, por lo que uno cree aburrido o más convencional, también parte clásica del noir y de la novela en general, la atracción por el pecado. Pertenece a la obra romántica, de aire gótico, aunque se ubica en lo urbano, frente al imponente puente Golden Gate. Como crimen perfecto se oye algo fantástico, pero finalmente suena aceptable. Dicho desde una lectura sencilla, hacer películas se puede decir, tomando específicamente de parámetro ésta película, es meterle literalmente rollo, un poquito de poesía -mucha amabilidad- y otro de mítica -trabajar detalles como la forma de llevar el cabello-. Es así que Hitch propone el éxito con un estilo comercial-exagerado (a su manera), con ideas ligeras, cine de masas pues, aunque los académicos fieles al pensamiento de Truffaut lo tomaron más que en serio. Truffaut fue defensor del cine comercial por encima del cine intelectual, de donde se puede entender tanto respaldo por Vértigo (1958), a diferencia de Godard, que después de tocar el éxito éste dominaría su quehacer cinematográfico, sería el sentido de su cine. Godard, incluso, priorizaría la política por encima del cine (como arte) donde rompería con Truffaut y dejaría de hacer obras maestras como Alphaville (1965), donde justamente hace arte con mayúsculas, que contiene política, un logro mayor a todo lo demás suyo. Truffaut, en su visión, llamó a un cine, de qualité (o esnob), que no era tampoco radicalmente distinto al que apoyó, pero suena lógico lo que hizo, porque sus obras en general denotan cierta imperfección, si bien no llegan a casos graves. Lo denominó de qualité por hallarlo más cuadriculado, menos vitalista, quizá más formal, más cuidado, con más recursos. Dicho como un hecho, no le fue difícil imponerse. La reconstrucción física de la obsesión es rauda pero es parte del estilo del director de como cerraba muchas veces sus películas. Vértigo tiene una explicación llamémosle decente, aunque coquetea con lo ridículo, una explicación de esas impresionantes o espectaculares, cosa que ciertamente Hitchcock defendía de su cine, de manera abierta, de donde tuvo detractores inicialmente. Las caídas lucen realmente brutales, son terror del bueno, y curiosamente desde lo clásico, lo cuidado, lo delicado. Ésta propuesta es una buena historia de terror que se convierte en cine negro, psicología que gira hacia la practicidad, entretenimiento de nivel, popularidad a la vena, como era lo que hacia uno de los grandes directores del séptimo arte.

martes, 18 de octubre de 2011

Sospecha

Un director que supo hacer continuamente una obra maestra tras otra fue Alfred Hitchcock y ésta no es la excepción aún con algunas pocas imperfecciones y un aire a ratos naif que es parte de ese pasado glorioso. En ésta oportunidad gracias a ésta película y a su actuación la actriz principal Joan Fontaine ganó el único Oscar de su carrera. Entre las filas de los protagónicos está el carismático Cary Grant que hace un papel destacado como un seductor y vago oportunista que enamora a una mujer esperando arreglar su existencia –o será que el afecto cura todas las limitaciones personales- debido quizás a una herencia y a su buena condición social, lo cual está por verse. Ella, Lina, a quien cariñosamente le llama carita de mono, se debate entre la desconfianza y el amor que le provoca su pareja, siendo una dama de poco mundo, una solterona bien educada e intelectual con dotes de amazona que producto de un menosprecio y por la atracción física que siente se envuelve con un caballero que parece siempre estar al acecho de la trampa y del engaño para su beneficio, un pillo capaz de cegar a una señorita sin que ésta pueda advertir su verdadera jugada o que la conmueve a últimas instancias ante el inminente peligro. Sin embargo Lina vive en completa tensión imaginando no solo a un embaucador sino hasta a un asesino aficionado a las novelas de criminales, y continuamente se debate entre confiar o no.

Es una cinta que nos moviliza constantemente en el suspenso de manos de uno de sus mejores artífices. Lina se enfrenta a una verdadera prueba de supervivencia creyendo que su marido quiere eliminarla para cobrar un cuantioso y suculento seguro; sus emociones se mezclan y no sabe si huir o seguir al lado del hombre que ama perdidamente aunque otorgándole el sentimiento de duda sobre su comportamiento.

Cary Grant no sólo es guapo sino despliega un encanto y una verborrea prodigiosa, es en su personalidad que logra cautivar al espectador sosteniendo un personaje muy simpático tanto que esa característica suya tan propia y bien ganada nos confabula con él para presenciar por ratos momentos muy graciosos producto del temor que genera en su esposa que trata de descubrir su esencia, su auténtico yo. Eso no significa que todo sea leve sino es una mirada fresca de una posibilidad que guarda el misterio de quien es realmente Johnnie, hasta qué punto puede llegar su ambición y su falta de escrúpulos, ¿es todo una invención o existen pruebas que indican un futuro homicidio?

La sonrisa acompaña ésta película y la curiosidad, Hitchcock nos involucra con su magia y nos brinda la tensión que nos mueve a pensar que algo grave va a suceder y luego nos tranquiliza ante la resolución de ese clímax momentáneo, es un ir hacia adelante pensando en hallar la carta que esconde el encantador de serpientes. El misterio es el plato fuerte del maestro y de ésta realización que discurre en el romance y en su compenetración o en su falsedad, con una ambientación bien dispuesta, metódica y acompasada como ya es marca de la casa, con un reparto de secundarios idóneos como el gracioso, inocente y chismoso Beaky, compañero alcohólico que pretende invertir su dinero en una empresa con Johnny, otra circunstancia que desencadena los temores de Lina.

Joan Fontaine no sólo es pequeña, delgada, rubia y bonita sino una actriz histriónica muy verosímil que se hace querer tanto como Grant, el galán que mantiene el equilibrio en la ambigüedad que ha de proveer su presencia. Ella en un alarde de dominio escénico se desmaya, se enferma, se enturbia, vigila y produce inquietud con respecto a un calmado, ladino y escurridizo Johnny que cambia de piel y se guarda de ser hallado culpable de la pesquisas que va montando Lina, una Fontanie que hay que decir que cuando sonríe ilumina el cielo y cuando se ensombrece nos hace temblar, con su habilidad nos tiene al borde del infarto, de la locura. No escatima esfuerzos para hacernos creer que Johnny, un agraciado, distinguido y amable aunque ocioso Cary Grant, ese amigo entrañable, ese ser humano listo que supo atrapar al ratón y conquistar su corazón, es un temible homicida.

Hitchcock es un despliegue completo de asertividad, de un derroche de proyección creativa que se impregna en el público bajo la dócil empatía, como con la escena de una entristecida Lina escuchando a su padre hablar a sus espaldas en la mesa junto con su madre y luego voltear en toma abierta con un rápido galán a la mano para acallar aquellas críticas. En otro de esos ratos destacables de la cámara los forcejeos en la cima nos sobresaltan del asiento mientras la frase precisa es la dirección que toma la realización en toda la trama, el amor y la contracara de si existe o solo es un pretexto para otros intereses menos encomiables.

Hay que agradecer la pulida destreza de aquellos planos tan llenos de estética y provistos de giros imprevistos que no hacen más que enriquecer el filme. Es el favor de una estructura que nos ha brindando una inolvidable satisfacción que en ningún instante decae, aunque disculpando una efectiva conclusión aunque algo precipitada que ya no daba para más porque ha sido demasiado explotada. Ésta es otra incursión cinematográfica de la cual hay que puntualizar que es un clásico de aquellos que no se puede dejar pasar.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La ventana indiscreta

Clásico indiscutible, muy popular dentro del mundo cinematográfico, perteneciente al director británico Alfred Hitchcock, maestro del suspenso, que está dotado de una filmografía muy rica y admirada alrededor del orbe. Cuenta con la hermosa Grace Kelly, una de las rubias más idealizadas del séptimo arte, sueño de tantos hombres, provista de una belleza en la cual faltan adjetivos para alabarla. Y con James Stewart, el actor del rostro inteligente.

En la película se nos narra que un fotógrafo que viaja por el mundo de nombre Jeff está en reposo en su apartamento tras llevar una pierna escayolada, siendo en medio del tedio que empieza a espiar a todos sus vecinos, y a modo de recreación descubre una fascinante gama de personajes que pululan por los edificios de enfrente a su hogar, como la dama solitaria, el pianista fracasado, la bailarina avispada y en particular un misterioso hombre del cual intuye ha asesinado a su convaleciente mujer.

A partir de ese momento, Jeff (James Stewart), empezará a hacer conjeturas sobre aquel “asesino”, observando cada movimiento que ejerza, junto con su novia Lisa (Grace Kelly), con la que se convertirá en espía de aquellos actos ajenos. En medio de la trama hay un pequeño drama casero, Lisa es una mujer perfecta según la definición de Jeff, ella es guapa, adinerada, sofisticada y culta, trabaja en el círculo de la moda, lo que la hace un poco superficial. Lisa sólo ansia casarse con su pareja, sin embargo Jeff no está muy convencido ya que suele viajar en condiciones precarias y destinarse a una actividad riesgosa, por lo que le parece que su vida es incompatible con el estilo distinguido de su bien amada. Y de ello que estén envueltos en una encrucijada con respecto a su relación.

La confidente de nuestro fotógrafo resulta ser la criada y enfermera que viene a hacerle masajes y a prepararle el desayuno, Stella (Thelma Ritter), una mujer campechana y hacendosa pero provista de una lengua viperina y cáustica. Stella también es participe de la vigilancia de Lars Thorwald (Raymond Burr), el supuesto homicida. Por último hay un cuarto personaje atento al espectáculo que otorga la ventana indiscreta aunque incrédulo al crimen que se le atribuye a Lars, se trata del detective Thomas Doyle (Wendell Corey), antiguo amigo de Jeff.

Mientras vemos la cotidianidad de nuestro enclaustrado protagonista, que curioso observa todo lo que sucede alrededor por binoculares o por la lente de su cámara de largo alcance, Hitchcock va alimentando nuestra sospechas con las acciones que se divisan desde el cristal del domicilio de Jeff, pero a su vez desestabilizándolas con argumentos contrarios, generalmente ésta contraparte proviene de Doyle que con sus pesquisas técnicas tratan de desmentir toda hipótesis. En esa discusión que provoca la ambigüedad de un suceso no esclarecido, ni siquiera asumido oficialmente, que parte de una interpretación algo ligera y privilegiada, yace el leitmotiv de la película. Suficiente para fabricar una historia provista de mucho temple, indagación, vaivenes discursivos, aplicada diversión y sobre todo mucho suspenso.

La obra es sencilla en sus postulados creando un in crescendo a medida, agregando pistas, distrayéndonos, atrayéndonos, haciéndonos cambiar de parecer continuamente, con una esencia cargada de una inocencia rayando en lo hermoso tan característico de éste cine clásico rotundo y sin complejos, de amable trato con el espectador que rápidamente interviene en toda la realización. Ésta es una obra maestra que ha sido aclamada por crítica y público. Tiene una estructura de orfebrería que a manera de cuento accesible a todos hace hincapié en el misterio, sólo que otorgándole cabida a otros temas secundarios en la relaciones de pareja, en la socialización humana, en el deber para con el prójimo, en nuestra humanidad diaria, pero sin obligarnos a asumirlo por descontando sino viéndolo discretamente, porque el esquema de Hitchcock está desprovisto de enseñanzas rimbombantes aunque claramente se le ubica si prestamos atención, es un tómalo o déjalo, un aprovéchalo si lo captas, porque el maestro no se hacía problemas de ningún tipo, tenía una osadía de gigante.

Como plato fuerte sigue la ruta de un thriller que se rige bajo la regla de emular el teatro con todo ese garbo e histrionismo aceptado y consciente, pero que aún así mantiene su proximidad con cualquier individuo promedio, con un producto que justifica por completo su destino, lo que define el cine de éste estupendo director amado e idolatrado con justa razón.