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lunes, 18 de abril de 2022

Ceremonia secreta y The Damned

Éstas 2 películas son curiosas e interesantes dentro de la filmografía de Joseph Losey.


Ceremonia Secreta (1968)

Ésta película es un thriller psicológico, pero puede entenderse de manera lineal y frontal a grosso modo. Losey es bastante sutil por un lado y "práctico" por otro con ella, pero nunca es pesado. No es una maravilla de película, pero es rara en su filmografía y rara en general. Adapta un cuento del argentino Marco Denevi. Digo práctico entre comillas porque en general se pueden coger las ideas, pero hay lugares para interpretarlas, hay cierta ambigüedad, pero no luce una obra demasiado intrincada. No obstante se puede ver esto como el intento de hacer un thriller psicológico más que un drama con esos lugares oscuros. En la trama una chica de 22 años, interpretada por Mia Farrow cuando recién empezaba su carrera, luce infantil, más que loca, aunque le falta algún tornillo por ahí. El filme explica porque es así, y tiene que ver en esto el personaje que hace Robert Mitchum, curiosamente hay mucha similitud con los hechos reales que le señalan de malogrado a Woody Allen, sólo que aquí la hija joven y bella es Mia, incluso hay misterio y dudas de qué realmente ha ocurrido aquí -medio que hay dos posturas enfrentadas-, que tiene que ver con el desequilibrio que tiene Cenci (Mia). Albert (Mitchum) dice que su comportamiento es culpa de esa mamitis que le ha impuesto la madre, esa madre que Cenci cree ver en Leonora (Elizabeth Taylor). Leonora ha perdido una hija pequeña, esto se repite mucho, pero otras cosas apenas se mencionan y en ella carga cierto misterio además. El quehacer del filme es curioso, todo puede ser muy simple, pero la propuesta se hace más grande porque maneja oscuridad y extiende bastante su magma. Es una obra que tiene un pie en el absurdo o ridículo, y otro en el razonamiento comprensible. Digamos que en varias oportunidades en último minuto suele salir de caer en la idiotez. Mia hace un papel llamativo en su carrera, luce por momentos atractiva siendo rara y a ratos se encuentra en el infantilismo idiota. Se puede leer como parte de cierta estulticia, pero también se leen traumas. En un momento parece que Cenci inventara todo, recrea una escena de agresión, pero por otro lado las tías extravagantes le dan indirectamente la razón. Muy bien las tías como complemento, que recuerdan un poco a lo que se verá en Dont Look Now (1973). Luego, desde el balcón del hotel, Leonora parece ver -con alguien en buena parte oculto- o soñar con lo que cuenta Cenci. Es una obra algo extremista, como con el final. El filme sigue cierto surrealismo, todos parecen medio teatrales, más que locos. En otro rato Cenci se pone muy sexual, todo va alimentando distintas posiciones, culpable o inocente, invento o trauma. Hay un acercamiento con la imagen de la madre que también versa en cierto lesbianismo. Cenci es un cúmulo de sorpresas, de extravagancias. El soporte coherente si se quiere lo trata de poner Leonora, aunque también se comporta o a veces vulgar o a veces como ciega ante Cenci, como si pudiera ser una proyección mental, y así el filme almacena muchas sugerencias. Definitivamente es un filme curioso, aunque no perfecto, una rara avis, y por tanto, aunque criticable, interesante. 


The Damned (1962)

Ésta película es producida por la famosa productora Hammer y aunque puede ser encasillada en el terror es más una película de ciencia ficción. Se puede leer como otra posibilidad de interpretación a The village of the damned (1960), con respecto a los niños extraños y peligrosos, pero aquí son sobrevivientes, incluyendo en esto la proyección del futuro apocalipsis, que por la tensión nuclear de la época ven inminente. Éste filme es bueno, puede verse como un excelente complemento del maravilloso clásico de Wolf Rilla. Inicia con un enamoramiento entre un hombre mayor y una chica joven, entre Simon (Macdonald Carey, maestro actor del cine B) y Joan (la hermosa y por aquí prometedora Shirley Anne Field), a partir de la trampa de una pandilla de motoristas. Joan vive sojuzgada por el líder de la pandilla, su hermano, que interpreta el genial Oliver Reed, que pinta de un poco histriónico, un poquitín exagerado, a ratos demasiado para el tipo de filme, pero sosteniéndose simpáticamente a prueba de balas. Es un filme muy entretenido, incluso cuando aun no hay terror o sci-fi alguno cerca. La pandilla de King (Reed) hacen suya una canción que llegan a cantar completa y silban constantemente, esto le da un plus de cierta personalidad a su participación y a la propuesta en general; hay una especie de pequeña sub-trama con King, como si hubiera podido tener su propia película. Ganas no le faltaban. Joan y Simon lucen como gente de tipo perfil bajo, aunque lo que hacen es más; ellos también otorgan personalidad al filme, hay un tira y afloja bueno ahí; igual con el personaje de la mujer del científico maestro de todo, que le pone cierta extravagancia y aire de cine extranjero la actriz sueca Viveca Lindfors. Es una obra inteligente para ser un filme austero o de pocas pretensiones o de bajo presupuesto. Losey hace algo ingenioso. Todo tiene una explicación bastante audaz y bien argumentada. También hay buenos momentos de acción, hay novedad continua, desde el arranque. Así mismo se sueltan pequeñas ideas y detalles, de manera muy clara, como con el arte de la mujer de la llamada Pajarera. El final es contundente y siniestro. 

viernes, 5 de octubre de 2018

Los demonios (The devils)


Es la película más excesiva, famosa, polémica, odiada y celebrada de Ken Russell, que es una historia religiosa, pero del tipo de quema de brujas o de lucha contra el demonio, la versión hardcore de películas como La pasión de Juana de Arco (1928) o de El Proceso de Juana de Arco (1962), donde un cura es perseguido por la inquisición, pero no por algo sobrenatural, sino por señalarle una vida libidinosa, por ser muy sexual y casarse a escondidas con una joven, que en realidad es porque éste cura, Urbain Grandier (Oliver Reed), defiende la independencia de su ciudad, de Loudon, del poder del Cardenal Richelieu quien manda a destruir a Grandier.

Grandier es como un rock star en su ciudad, y además un sex symbol, que en especial hace que las monjas se sientan fuertemente atraídas, lideradas por la madre Juana (Vanessa Redgrave), quien se mueve con la cabeza doblada, con una joroba, y es la más obsesionada con Grandier. De esto vendrá la idea de la posesión satánica en las monjas con lo que Russell proporcionará tremenda secuencia de locura, de desenfreno, de una orgía brutal, que tiene de esperpéntica, fiel al estilo del director británico, aunque no se percibe del todo explicada. Es más como una histeria que sigue a la madre Juana, de la mano de la persecución de la iglesia liderada por Richelieu y sus peones, el barón De Laubardemont (Dudley Sutton), el padre Mignon (Murray Melvin) y el cazador de brujas o exorcista padre Barre (Michael Gothard).

Es un filme extravagante, pero bien narrado, muy interesante también por su parte histórica, pero como acostumbra Russell se toma muchas libertades y sobre todo excesos. De cierta manera también se puede considerar una película de terror, pero no con un enfoque de miedo, es de utilizar sus elementos para hacer algo distinto. Varias escenas de la película tienen un toque visual artístico de horror, inclusive en la apariencia de la madre Juana, pero el filme propone con ello el drama histórico eclesiástico, el estallido psicológico, la demencia, cierto absurdo. En mayoría los excesos funcionan, porque tiene un background de hechos reales conseguido, sólido, aun cuando sus formas invocan el entretenimiento ligero.

Vanessa Redgrave y Oliver Reed están maravillosos, en los roles icónicos de sus respectivas carreras; Redgrave como una mujer poseída por una obsesión sexual y también afectiva, negada por el hombre que desea, porque a ella en realidad ganas y acciones nunca le faltan. Grandier es un hombre coherente aunque propenso a cumplir con su carnalidad. Yace más cerca de los protestantes -en varios sentidos- que la iglesia católica persigue con ahínco, dejando regados sus cadáveres –que explota visual y constantemente el filme- y tortura. Grandier a pesar de todo es consecuente, hasta confiesa sus culpas, acepta sus defectos, quiere su devoción a Dios pero también ser un hombre libre en su hedonismo, y aun trasgrediendo las reglas no merece la inquisición –las monjas se incitan solas-, ésto queda claro, con Russell haciendo énfasis en casi todo, es el exceso en su máxima potencia, afuera la sutilidad, y por más paradójico que suene funciona, porque es muy transparente, muy propio de su cine.

No todo es genial, pero es un filme más que decente, yo diría que hasta bastante bueno, pero entendiendo que el mal gusto y la vulgaridad coexisten con el interesante interés histórico que valga decirlo lo ha hecho Russell más atractivo que el común. Russell tenía especial aprecio por lo histórico, por lo intelectual, solo que también por plasmar el arte a su manera, volverlo popular, fácil y muy entretenido, con un infaltable toque de locura que queda más que presente en los comportamientos de las monjas, donde brilla la polémica, ya que en los curas más bien yace la maldad o frialdad, el interés personal, y así Grandier es el héroe del relato, pero con su cuota de corrupción, como es visto su deseo sexual –lo cual también lo puede dibujar doblemente heroico visto desde otra perspectiva-, luego hasta calmo al confesarse enamorado, y se le siente un tipo normal, pero trasgresor por ser un cura católico.

En el fondo parece la película tratarse de la defensa del evangelismo y de paso de lo británico –pensando en el tema serio de la propuesta- o, quizá más bien –pensando en el lado más marcado de Russell, el exceso-, de la libertad y liberalidad sexual, del placer per se, con los católicos como los verdaderos demonios, poseyendo en las sombras en realidad a unas monjas reprimidas y neuróticas, mujeres con ganas de tener sexo limitadas en sus anhelos, el resto simple pretexto. Pero a esto hay que agregarle un festín de cierto efectismo, de irreverencia, en una orgia mítica, y así es Ken Russell. Hizo lo que le dio la gana, y se saltó con ello su lugar en los libros más serios, pero se hizo también un cineasta de culto.