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martes, 16 de enero de 2018

La forma del agua

Una empleada de limpieza muda llamada Elisa (Sally Hawkins) descubre que a donde trabaja han llevado a un espécimen sinigual, un anfibio humanoide (Doug Jones), para estudiarlo. En el lugar es cuidado por un agente policial, Richard Strickland (Michael Shannon), y estudiado científicamente por el doctor Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg). A Strickland le importa muy poco el espécimen, sólo quiere avanzar en su trabajo y pasar a otra cosa.  Strickland es cruel con éste monstruo, que recuerda a El monstruo de la laguna negra (1954). No obstante el anfibio del filme de Guillermo del Toro es tratado también de manera diferente, mostrando lo freak que es el director mexicano haciendo que la película sea una historia romántica.

Elisa es una mujer solitaria, en el filme esto está también en su vecino, el que hace Richard Jenkins, mejor amigo y cómplice de Elisa. A su modo Strickland también está sólo, sumido en la típica vida americana, pero con un trabajo especial, cuidar a un monstruo. Strickland es interesante, además de que Michael Shannon es un gran actor. Este hombre parece aburrido de su vida, pero está dispuesto a seguir hacia adelante a toda costa. Su problema es que es un tipo frío y excesivamente práctico, y esto no solo lo hace más fuerte que muchos otros sino también una mala persona. El mejor personaje del filme es sin duda Strickland, aunque más tarde caiga en la convencionalidad de que se cuente una historia made in Hollywood.

Lo que sale del lugar común en ésta propuesta es el hecho de cómo se llega a tratar más tarde al doctor Robert Hoffstetler, un agente ruso encubierto en la guerra fría de los 60s, que finalmente es pura nobleza, por encima de cualquiera de sus trabajos. También sale de lo común cómo Guillermo del Toro retrata la vida sexual de su protagonista, una perfecta Sally Hawkins, en un mundo que parece en varios momentos el de Amelie (2001). Ciertamente luce todo una locura, pero Guillermo del Toro de la forma más inocente lo hará ver muy poético, salvo lo sexual, los desnudos y la insinuación de la dependencia de Elisa de la masturbación (que lo tratará de contrarrestar comiendo cereal y, desde luego, no le funcionará). Lo poético incluye el musical y el baile clásico. Para esto, realmente su anfibio humanoide, salvo por unos momentos a lo E.T. (1982), se comportará tan salvaje como El monstruo de la laguna negra. Apenas se comunicará (aparte de decapitar a un gato de una mordida), aunque con Elisa será muy dócil, a cambio de unos huevos duros (disculpen la ironía anexa de un vulgar doble sentido).

Pero metiéndote en la fantasía, aventura y simpatía del relato de Guillermo del Toro, con unos ataques de justificada crueldad (que otorgan madurez al producto y reducen lo cursi), sumando algo de buen noir, el filme gustará bastante. Es prácticamente ineludible caer rendido al muy noble y dulce sentido que busca dejar la película, el de aceptar el amor poniendo lo físico en un muy segundo plano, éste no importa, entendiendo cómo el amor verdadero sin límite alguno desaparece la soledad, la tristeza y genera un estado de felicidad y fortaleza contra todo pronóstico. Éste sencillo, pero potente mensaje es honestamente hermoso. Será manejado a través de un escape y persecución romántico. El filme brilla de la mano de sus extravagancias, justificadas, en una bonita historia de amor con su toque de horror. 

sábado, 28 de enero de 2017

Animales nocturnos (Nocturnal Animals)

Esta película junta dos mundos diferentes y los une detrás de una lectura simbólica. Uno de los universos –el contextual en primera instancia - es el del director de ésta película, Tom Ford, famoso diseñador de modas, hombre de dinero y alta sociedad, que en su primera película tocó un tema sensible para él, su sexualidad, Ford es gay, y le resultó un filme poético y melancólico, en la adaptación de una novela de Christopher Isherwood, Un hombre soltero (2009), que fue un muy buen debut cinematográfico, y como todos sabemos/presenciamos Colin Firth estuvo más que iluminado y de esto saltó como actor a la fama. El mundo del dinero, la elegancia y la superficialidad es también el universo de Susan Morrow (Amy Adams), una famosa galerista, que presenta performances artísticas también, las que por lo general van en busca de lo distintivo o extravagante y muchas veces el arte moderno resulta esperpéntico en cuanto a significación. En pocas palabras, Susan es una mujer algo antipática (aminorado por la simpatía que exuda Amy Adams), como en buena parte se siente así igualmente su mundo.

Cuando vemos como disfruta Susan con sus amigos y familiares esnobs, y su marido guapo y físicamente perfecto (Armie Hammer), del que se bromea orgullosamente a ese respecto, uno puede sentir cierta desidia como espectador, pero el filme no se queda ahí, por supuesto; Ford criticará -aprovechará más bien- su propio mundo, en otra buena elección de adaptación de una novela, “Tony y Susan”, de Austin Wright. La desidia se emparenta con la desilusión que siente Susan de su vida, producto de un marido infiel y distante, un trabajo en etapa de baja –y mediocre- inspiración, y de esa superficialidad que decidió escoger por sobre un amor romántico, poético, para quedarse con su alto nivel social y su dinero. En esto hay una gran escena con la actriz Laura Linney detrás de repetir/aceptar el lugar que uno tiene en el mundo, y del que se desprenderá tristeza, pesimismo e inmovilidad.

El filme coloca al romanticismo de las mano con la pobreza pero sin esa entrega, sacrificio y nobleza que suele acompañar como ideal de aceptación, la pobreza se dice que es producto de la debilidad de carácter, la del aspirante a escritor y primer marido de Susan, un sujeto noble y con un sueño –escribir- pero que a los ojos de la familia de Susan luce mediocre, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal). No se le recrimina a Susan –en primer lugar- la debilidad por no querer apoyarlo ni creer en él. El filme termina exhibiendo en ese otro mundo más atrapante (aquí cinematográficamente más entretenido), el de un sur americano rural, pobre, medio primitivo y muy violento, el golpe de vuelta a la crueldad de Susan.

Edward Sheffield le envía una novela llamada “Animales Nocturnos”, escrito bajo la esencia que le señalaban faltante a Edward, lo que significaría que Susan lo inspira pero erra al mismo tiempo, de lo que se suceden múltiples lecturas con el manuscrito -que le dedica- por medio de la reflexión de su pasado en común. Hay solvencia en las similitudes libro-pasado, un lugar intermedio entre difícil y fácil de coger, pero hay más que suficiente genialidad en su interrelación. Ayuda mucho también en qué situación última se hallan los ex.

Jake Gyllenhaal interpreta también al protagonista de la obra literaria, y presenta una actuación magnifica, la mejor del filme, intensa y al filo de lo emocional. Mientras va leyendo Susan vivimos/presenciamos el libro, en un buen thriller, del que surge una propuesta emocionante y extrema, con dos puntales en estado de gracia, el rustico villano salido de la carretera, que hace Aaron Taylor-Johnson (que sorprende y bien mereció un Globo de Oro), y el oficial a cargo que no tiene nada que perder, del querido y talentoso Michael Shannon.

Lo entretenido que nos resulta la parte del thriller es la comprobación además (realista) del futuro éxito de Edward, que en la trama impacta y admira a Susan; como que el mundo de Susan tiene su salvedad, tal que Ford nos parece estar diciendo, es malo este universo porque Susan lo es, aunque se deja aflorar un lado humano en ella, claro que desde donde ahora tira menos la cuerda en esa especie de competencia en que se convierte el divorcio. No obstante, la melancolía inunda todo el filme, y lo torna más complejo, estando plagado de sucesos tristes, y ni que decir de la novela, que hace del filme uno bastante brutal, demostrando que Ford piensa/escoge muy bien qué adaptar, dando a entender compromiso artístico, identidad.