Aqui hay otra cosa que también es verdadera. En el día a día de la vida adulta no existe tal cosa como el ateismo. No existe algo como no idolatrar nada. Todos idolatramos. Podemos escoger que, pero el acto de adoración es inevitable. Lo más convincente acerca de idolatrar a alguna deidad religiosa, sea Jesucriso o Allah, es que casi cualquier otra cosa que adoren los comerá vivos. Si idolatran al dinero, si eso le da sentido a su vida, entonces nunca tendrán suficiente. Idolatren su cuerpo y la belleza y siempre se sentirán feos y cuando el tiempo y la edad causen sus estragos morirán un millon de muertes antes de su funeral. En cierto nivel todos sabemos esto ya, está codificado en mitos, proverbios, clichés, epigramas y parábolas; el esqueleto de cualquier gran historia. El truco está en mantener la verdad en nuestra conciencia día a día.
Idolatren al poder y se sentiran débiles y asustados. Adoren al intelecto y se sentirán estupidos y fraudulentos, siempre a punto de ser descubiertos. Pero lo más alarmante de estas formas de culto no es que son malas o pecaminosas, sino que son inconscientes. Son configuraciones de fábrica.
Son el tipo de cultos en los que caemos gradualmente cada día, volviéndonos más y más selectivos acerca de qué vemos y cómo medimos el significado sin estar nunca concientes de lo que estamos haciendo.
Recuerden que hay muchos tipos de libertad, pero el mundo jamás les hablará de la libertad más preciada. Hablará de la libertad de ser los reyes de nuestro pequeño mundo (del tamaño de un craneo para ser exactos), solos en el centro de toda la creación. La verdadera libertad no tiene nada que ver con eso, y tiene mucho que ver con la atención, la conciencia y la disciplina, pero sobre todo con la habilidad de preocuparnos por las demás personas de sacrificarnos por ellos una y otra vez en miles de maneras pequeñas y poco sexys.
En la foto en b/n que encabeza el comentario, JEFF KOONS por MICHEL COMTE