No tengo nada contra los toros, lo siento; ni a favor, tampoco. Me hago taurófilo en cuanto oigo a los fanáticos de ERC ponerse en contra; y antitaurófilo cuando escucho las demagógicas explicaciones de Sánchez Geta Dragó. En toda mi vida, sólo he estado en una ocasión en la plaza, y se remonta a la noche de los tiempos, tanto que ni siquiera recuerdo a uno solo de los toreros. Más allá de la niñez, tampoco recuerdo haber visto una corrida en televisión. Pero no es esto, desde luego, lo que hoy quería contar, sino lo mucho que me llama la atención el despliegue que últimamente dedica el diario El País a la fiesta, la entronización -incluso ¿intelectual?- que ha hecho del torero José Tomás..
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Manuel Vicent
El caso es que, ni sé de toros, ni frecuento las corridas, como decía; en cambio, disfrutaba mucho con los artículos de Joaquín Vidal, como pura escritura de maestro en el arte de la crónica que era, del artículo literario. Quizá la memoria me falle, pero me parece que ni siquiera en los tiempos de máximo esplendor del gran Joaquín Vidal (fallecido en el 2002), su diario le había dedicado tanto espacio a la fiesta. A mí no me disgustan los artículos, excelentes al menos como piezas literarias, que algunos escritores le han dedicado al tema. La crónica de la corrida, propiamente dicha, me la salto. En el ABC, el escritor Andrés Ibáñez dedica una pieza magistral ("Ni justo, ni noble, ni bello", 31 de mayo del 2008), estemos o no de acuerdo con sus argumentos, a preguntarse cuándo van a prohibirse los toros. En fin.
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Lo que no puedo es dejar de pensar en Manuel Vicent, en su artículo antitaurino anual, el artículo, con los que incluso ha llegado a componer un libro, Antitauromaquia (Aguilar, 2001). Quizás el próximo podría dedicárselo a su periodico. Cada año abril trae las llaves del toril, como aprendíamos en el colegio, y en el mismo periódico conviven, con absoluta naturalidad, los razonamientos de Vicent, un cartel con Alaska oponiéndose a la fiesta, muestras ambas de pura mala conciencia, y un despliegue inusitado de taurofilia, sin que falte el colorido especial de exaltación de la fiesta. En fin, que todo vale en esta idiota posmodernidad, de la que no acabamos de salir...
José Tomás
Alaska contra los toros
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