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martes, 12 de noviembre de 2013

Carme Riera en la Academia

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Los discursos de entrada en la Academia de la Lengua tienen mucho de acto social y no poco de encuentro intelectual. Respecto a lo primero, fueron las mujeres las protagonistas absolutas, con la escritora y profesora Carme Riera, experta en literatura del Siglo de Oro y en los miembros de la generación barcelonesa de los 50, quien llevaba un espectacular vestido de tafetán de seda color burdeos. La princesa de Asturias presidió el acto, más envarada y distraída de lo natural y conveniente. Uno apenas sabe nada de protocolos, pero creo que debería moverse con más naturalidad y, desde luego, no puede dedicarse a hojear el discurso mientras habla la escritora. En fin.
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La parte digamos intelectual tuvo su lado bueno: el excelente discurso de Carme Riera sobre los visitantes de Mallorca en el siglo XIX y primera mitad del XX, hasta que el turismo empieza a acabar con la belleza de la isla. Al salir, como es costumbre, nos lo regalaron, y es todo un libro sobre el tema. Más dubitativo se mostró en su contestación, cómo no, Pere Gimferrer, pues aparte de que se le entendía regular y se perdió en digresiones que no venían  mucho a cuento, se hizo un lío con los grandes folios que manejaba, unos escritos en forma horizontal y otros en forma vertical, vaya usted a saber por qué.
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Entre los académicos que asistieron al acto se encontraban José Manuel Blecua, Luis Goytisolo, Luis Mateo Díez, José María Merino, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Víctor García de la Concha, Pedro Álvarez de Miranda, Darío Villanueva, Salvador Gutiérrez, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez, Santiago Muñoz Machado y Miguel Sáenz. Pero echamos de menos a Ana María Matute, Francisco Rico, Mario Vargas Llosa, Álvaro Pombo, Francisco Brines, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Juan Luis Cebrián y Arturo Pérez Reverte.
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La sala estaba llena de amigos, escritores, profesores, agentes y editores, tales como Carmen Balcells, Alberto Blecua, José María Pozuelo Yvancos, Jorge Herralde, Pilar Reyes, Rosa Montero, Pilar Beltrán, Olga Merino, Félix de Azúa, Raúl Guerra Garrido, Ramón García Mateos, Neus Aguado, Irene Gracia, Jesús Ferrero, etc. Y yo me encontraba estupendamente acompañado, sentado entre las escritoras Marina Mayoral y Cristina Fernández Cubas. También asistió al acto el fanático conseller Ferran Mascarell, ayer socialista y hoy convergente en el poder e independentista, quien esa noche debió de tragar bastante quina... Carme Riera ocupará el sillón `n´, letra a cuyas ventajas le dedicó unos divertidos comentarios al comienzo de su intervención. La noche se alargó razonablemente, en distendidas conversaciones, en el cocktail que la escritora ofreció a sus amigos en el salón Felipe IV (¡ojo, no Felipe V!) del cercano Hotel Ritz.
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viernes, 24 de mayo de 2013

Aurora Egido en la Academia

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La filóloga Aurora Egido ha sido elegida miembro de la Academia Española de la Lengua y con el buen humor que la caracteriza ha declarado a EFE que la escasez de mujeres "se irá arreglando por la fuerza de la gravedad". Y añadió, además, que "es mejor que los méritos primen por encima de cualquier otra consideración y, como cada vez hay más mujeres que tienen muchos méritos, llegarán a la Academia y adonde sea".
En una entrada anterior explicamos que Aurora Egido es profesora en la Universidad de Zaragoza y una de las grandes expertas en el Siglo de Oro español, habiendo estudiado, entre otros muchos, a autores tan importantes como Cervantes, Calderón y Gracián. 
Ocupará el sillón B que perteneció al cineasta y escritor José Luis Borau, con quien mantuvo una cierta amistad, pues cuando estuvo en Los Ángeles, como profesora visitante, Borau acababa de dejar la ciudad, tras haber trabajado en Hollywood y de haber rodado allí Río abajo.
También ha comentado que el plan de Bolonia en la universidad española "está siendo demoledor con algunas disciplinas", como las humanísticas. Y continúa con otras opiniones que no me resisto a repetir aquí: "Creo que la literatura tendría que tener una presencia mayor en los planes de estudio", pues en estos últimos años ha podido observar en sus clases cómo "los estudiantes Erasmus contestan a preguntas básicas sobre Lengua o Literatura españolas que los españoles no saben". Y concluye: "Y la culpa no es de ellos. Es de los padres, maestros, políticos y de todos los que formamos parte del ámbito de la enseñanza, que no les hemos dado lo que merecían".........

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viernes, 26 de abril de 2013

Aurora Egido, candidata a la Academia

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Hoy, la Agencia EFE, su eficiente periodista Ana Mendoza, ha comunicado que el único candidato al sillón B de la Real Academia Española de la Lengua, que ocupaba José Luis Borau, es la filóloga Aurora Egido, profesora de la Universidad de Zaragoza, discípula de José Manuel Blecua, padre, y una de las mayores especialistas en la literatura del Siglo de Oro. Sus trabajos sobre Cervantes, Gracián, Lope de Vega, Calderón y la poesía barroca, entre otros muchos también muy meritorios, varios de ellos dedicados a la literatura del siglo XX, son imprescindibles para entender diversos capítulos fundamentales de la historia de la literatura española.
En el trato personal, Aurora Egido es una persona amable y divertida, con la que en los últimos años he pasado momentos gratos, alejados de la rigidez del trato académico, tanto en Madrid como en la Alemania profunda, Tubinga o Münster. Mujer sapientísima, su elección supondría un acto de justicia y, para mí, además, una gran alegría.    
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* Tubinga, marzo del 2009. En la foto, Fernando Doménech, Aurora Egido y FV. Cerca del puente, sobre el Neckar, está la casa en la que pasó las últimas décadas de su vida el poeta Hölderlin. La foto es de GP.
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lunes, 23 de abril de 2012

Carme Riera en la Academia

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Espero que la elección de Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) como miembro de la Real Academia Española de la Lengua haya sido en calidad de narradora notable y prestigiosa filóloga e historiadora de la literatura española, y no por su condición de mujer, porque supondría una injusticia y una humillación. A la escritora mallorquina le sobran méritos intelecuales, como experta en literatura del Siglo de Oro español, siendo autora de un libro reciente titulado El Quijote desde el nacionalismo catalán, y en la poesía de la llamada generación del mediosiglo, en especial en lo que ella ha denominado como Escuela de Barcelona, sobre todo en la obra de los poetas Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo (cuya cátedra dirige), a quienes ha editado y antologado. Su candidatura fue presentada por Carmen Iglesias, Álvaro Pombo y Pere Gimferrer,  y ocupará el sillón `n´ que quedó vacante tras el fallecimiento de don Valentín García Yebra. 
Carme Riera se formó en la Universidad de Barcelona, fue discípula de José Manuel Blecua, padre, y de Martín de Riquer, aunque siempre profesó como docente de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde es catedrática.
Con sus narraciones ha obtenido algunos de los premios más importantes de la literatura catalana, además del Premio Nacional de Literatura. Entre sus novelas destacaría, sobre todo, Dins el darrer blau (En el último azul)Cap al cel obert (Por el cielo y más allá), pero yo todavía recuerdo el impacto que causó la aparición en 1975 de su primer libro Te deix, amor, la mar com a penyora. Toda su obra narrativa está traducida al castellano, a menudo por ella misma, que se autotraduce reescribiendo cuando lo considera oportuno el original catalán. Además, entre sus diversas singularidades llamaría la atención sobre su condición de mallorquina dentro de la cultura catalana, y de catalana dentro de la cultura española.
Mi satisfacción y alegría también es personal, pues Carme Riera, amena conversadora que posee un excelente sentido del humor, es una querida compañera de Departamento.
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miércoles, 7 de marzo de 2012

La Fonética y Fonología de la Academia

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La Real Academia Española ha publicado, tras ocho años de trabajo, la tercera parte de la Nueva Gramática de la Lengua Española, dedicada a la Fonética y la Fonología. Este volumen ha sido coordinado por José Manuel Blecua, actualmente director de la Academia, y en su elaboración han participado Dolors Poch, Gloria Clavería, Margarita Freixas, Carolina Julià, Ana Paz, Oriol Roca, María Machuca, Antonio Ríos y Carmen de la Mota, todos ellos compañeros míos de Departamento, dejadme que presuma un poco.
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La obra consta de un volumen de 530 páginas en el que se describen las características fonéticas y fonológicas del español en sus distintas variedades de España y América, y se complementa con un DVD que, mediante contenidos visuales y auditivos, ilustra la enorme riqueza de la pronunciación del español. Este material fue grabado, en su mayor parte, en el Laboratorio de Fonética de mi Universidad, dejadme que siga presumiendo, y comprende muestras de habla formal e informal de los 23 países hispánicos. Del libro se han tirado 20.000 ejemplares, al módico precio de 40 euros. 
Los que tuvieron la fortuna de poder asistir a la presentación oyeron al actor José Luis Gómez, nuevo académico, recitar a Garcilaso y Quevedo, a Marisa Paredes leyendo "Lo fatal", de Rubén Darío, aunque los números fuertes debieron ser la lectura que el cubano Vladimir Cruz, actor en la película Fresa y chocolate, hizo de poemas de Nicolás Guillén, como el que reza: "¡Ay, negra,/ si tu supieras!/ Anoche te bi pasá/ y no quise que me biera...". Para concluir con la interpretación que el uruguayo Jorge Drexler hizo de su canción "Que el soneto nos tome por sorpresa", con la que ganó un Goya a la mejor canción original, en la película Lope.
¡Felicidades compañeros, pues tan compañeros son Dolors, Gloria y Margarita, como José Manuel!      
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viernes, 17 de diciembre de 2010

José Manuel Blecua, nuevo director de la Academia

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Ayer, cuando me enteré de la elección del filólogo y gramático José Manuel Blecua como nuevo director de la Academia de la Lengua pensé en su hermano Alberto, editor del Lazarillo, del Libro de buen amor, del Quijote, y en el padre de ambos, el también filólogo José Manuel Blecua, maestro nada menos que de Aurora Egido, Carme Riera, Franciso Rico o José-Carlos Mainer. Me alegré mucho por sus discípulos más cercanos, como son Dolors Poch, Gloria Clavería y Margarita Freixas. Y, desde luego, por mis queridos Aurora y Carlos Galán, con quienes compartió tantas horas en los cursos de extranjeros de la UIMP, de Santander, y alguna que otra suculenta marmita. Blecua, como conté en una entrada reciente, fue mi profesor de Lengua española en el segundo curso de la carrera y es, desde 1980, compañero de un Departamento, el de Filología española de la Universidad Autónoma de Barcelona, plagado de grandes profesores e investigadores, tanto en Lengua como en Literatura, Teoría y Literatura Comparada.
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En la biografía que se le atribuye en la Wikipedia dice que, junto a su hermano pequeño, Alberto, se aficionó a la lectura con los tebeos y la literatura popular (las novelas de José Mallorquí sobre El Coyote, sobre todo). Hizo el bachillerato en el Instituto Goya, de Zaragoza, donde trabajaba su padre. Allí tuvo como profesores a filólogos de la talla de Francisco Ynduráin y al poeta y crítico Ildefonso Manuel Gil. José Manuel, también como su hermano, por consejo de su padre, fue primero catedrático de enseñanza media y luego catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde ha sido decano y vicerrector y ha dirigido el Seminario de Filología e Informática. Sus maestros fueron el citado Ynduráin, Rafael Lapesa y Martín de Riquer, nada menos. Pero antes de todo esto estuvo como profesor invitado de la Ohio State University (1970) y años más tarde en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987). Y fue director académico del Instituto Cervantes, en sus primeros años de existencia. Su gran obra, quizá sea la Gramática española (1975), que compuso con don Juan Alcina Franch, y entre el resto destacaría la dirección del Diccionario general de sinónimos y antónimos, Vox, 1999. Es imprescindible recordar que ha sido pionero en la aplicación de las nuevas tecnologías al estudio de la lengua española y el estudio del español como lengua extranjera. Es autor del libro de estilo del diario La Vanguardia. Su ingreso en la Academia data del 2006, institución de la que había sido secretario entre el 2007 y el 2009. Ahora, sólo nos queda esperar la aparición de la Fonética y Fonología de la Academia, coordinada por él.
¡Felicidades, José Manuel, y suerte en tan complicada y grata empresa!
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martes, 30 de noviembre de 2010

Acentos, por Agustín Monsreal

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Las nuevas normas ortográfícas que recomienda la Academia de la Lengua han producido a ambos lados del Atlántico bastantes comentarios. Véase, a continuación, el que me ha enviado el escritor mexicano Agustín Monsreal.
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Pues sí (o será si), es cierto, como diría el célebre (o celebre) testarudo, que no se puede confundir revólver con revolver, pero sí (otra vez sera si), sin ofender a dicho testarudo, la pérdida de su madre con la perdida de su etcétera, frase famosa para demostrar que con los acentos no se juega, como ocurre también con mendigo y méndigo. Y tampoco es lo mismo, por ejemplo:
sólo te mueres y ya
solo te mueres y ya;
ni tampoco:
voy a tomar sólo un vaso de vino
voy a tomar solo un vaso de vino,
ni tampoco:
sólo llegó a la casa
solo llegó a la casa;
ni tampoco:
discute sólo del acento
discute solo del acento,
¿cambia o no cambia el sentido de lo que se dice? Claro que suena igual, pero no quiere decir lo mismo, y para eso en la lengua escrita existe el acento ortográfico, lo que demuestra que el acento en solo es sólo cosa de sentido común. ¿Y qué (que) queda si le quitamos el acento a académicos?, pues acade-micos.
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* Agustín Monsreal (Mérida, Yucatán, 1941) es poeta y articulista, en el Excelsior, pero tiene fama de ser uno de los cuentistas mayores de México; junto con José de la Colina, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Edmundo Valadés forma parte de lo que podría denominarse la cofradía de El cuento. Revista de imaginación. En 1978 ganó el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí con Los ángeles enfermos. Su último libro, al menos el último que yo conozco, se titula Los hermanos menores de los pigmeos (Ficticia, México, 2004).
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sábado, 22 de agosto de 2009

En favor de ACERCANZA

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El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define escuetamente acercanza como "proximidad, relación". Leo en una entrevista con José María Merino, en quien estoy trabajando ahora, que en una de sus comisiones, los académicos habían decidido desecharla porque había dejado de utilizarse. Pero, al darse cuenta de que era una palabra hermosa, varios de ellos se juramentaron para emplearla en sus ficciones y artículos, a ver si conseguían volverla a poner en circulación.
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La palabra, en efecto, es hermosa, y recuerda a la catalana recança, que indica arrepentimiento por no haber hecho algo que -en su momento- se habría deseado hacer. A ver si conseguimos entre todos volver a darle vida. Por ejemplo, incluyéndola en poemas, aforismos, microrrelatos y poemas visuales. Abriré una nueva sección para publicar los mejores que me lleguen.
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..... "Acercanza"
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Aquella tarde, al volver a verla junto al faro, sentí una rara acercanza, como si no hubieran transcurrido los años y sólo quedara memoria de aquellos momentos que compartimos durante un lejano veraneo en Santander.
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* El cuadro es de Eduardo Sanz.
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viernes, 12 de diciembre de 2008

Más sobre la mujer en la Academia

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A pesar de que hace ya veintiún años que se creó el premio Loewe, hasta el presente, cuando lo acaba de obtener Cristina Peri Rossi, no lo había ganado ninguna mujer. La pregunta que habría que hacerse, al respecto, es si no hubo en las convocatorias anteriores del premio ninguna mujer que lo mereciera. Ayer, Luis María Anson dedicaba su habitual artículo en El Cultural de El Mundo a llamar la atención sobre la escasez de mujeres en la Academia, proponiendo una serie de nombres, algunos muy bien traídos (Clara Janés, María Victoria Atencia, Olvido García Valdés, Carme Riera, Esther Tusquets, Cristina Fernández Cubas y Adela Cortina) y otros -en mi opinión- disparatados. El caso es que, de lo que no se trata es de citar nombres al tuntún. En alguna ocasión, según me han contado, Anson insistió en proponer a Ana Diosdado y los señores académicos, con excelente criterio, miraron al techo y pasaron a otra cosa. Sí se trata, en cambio, de recordar a las que realmente tienen méritos probados y una obra importante consolidada. Y entre ellas estaría también, olvidadas por Anson, la poeta, narradora y ensayista Julia Uceda, la filóloga y narradora Paloma Díaz-Mas, o las filólogas Aurora Egido o María José Vega (ya no tan joven). Aunque de este asunto ya nos ocupamos en esta Nave de los locos el 5 de marzo pasado, y no parece que sea necesario repetir lo dicho.
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Se aducen también, en el mismo artículo de El Cultural, otros nombres de indiscutible mérito, como los de la dramaturga Lluïsa (no Luisa) Cunillé o el de Almudena Grandes, a los que podríamos añadir el de Rosa Montero, periodista y narradora de interés.
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Pero voy a limitarme ahora a comentar dos casos interesantes, de los que cita Anson. El primero es el de Lluïsa Cunillé, en mi opinión, nuestra mejor dramaturga, tanto en catalán como en castellano. El caso es que todavía es joven, aunque -a decir verdad- más jóvenes llegaron Gimferrer y Muñoz Molina a la Academia. Y lo que resulta más grave es que, dada su conocida discreción y timidez, en realidad lo van a tener pero que muy difícil para convencerla. Por otra parte, me pregunto si es razonable hacerla académica cuando su maestro, el excelente autor y dramaturgo José Sanchis Sinisterra, no figura, por lo visto, ni siquiera entre los candidatos.
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Lo más chocante del artículo es lo bajo que deja el listón, al recordar ciertos nombres. Si ése es el nivel para Anson, cualquiera que alguna vez haya publicado un libro podría estar en la Academia, incluidos Antonio Gómez Rufo y Juan Manuel de Prada, por citar un par de casos extremos. El nivel de comparación -me parece a mí- debería estar formado por aquellos escritores que no están y que, sin duda, tienen una obra de calidad suficiente como para ser elegidos, así José Jiménez Lozano, Ramiro Pinilla, Luciano G. Egido, Javier Tomeo, Eduardo Mendoza (si es que quiere, que parece ser que no), Rafael Chirbes, Enrique Vila-Matas, Luis Landero, Quim Monzó y Juan José Millás; o profesores y críticos como Ricardo Senabre, José-Carlos Mainer, José María Pozuelo, Alberto Blecua, Joan Oleza, Leonardo Romero y Luis Iglesias Feijoo, el poeta y profesor Guillermo Carnero, o el ensayista Fernando Savater, con tan buena prosa.
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El criterio para formar parte de la Academia debería ser siempre la excelencia, la calidad, y nunca las cuotas, pues me parecen una humillación para cualquier mujer meritoria. Claro que hay bastantes caballeros que ocupan sillones en la casa y cuyos méritos son escasos, pero una metedura de pata no se arregla con otra. Recientemente, han entrado en la casa, entre otros, Javier Marías y José María Merino, el lingüista Salvador Gutiérrez, el cineasta y escritor José Luis Borau, y el profesor y crítico literario Darío Villanueva. Y ése debe seguir siendo el nivel.
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Por tanto, sin que falten candidatas de lustre, con méritos más que suficientes, como venimos recordando desde hace tiempo, va a ser un poco difícil, como propone el señor Anson, que "durante los próximos díez años, de cada tres académicos que se elijan, dos deben ser mujeres". Me temo que los académicos volveran a mirar para otro lado y, en esta ocasión, además, silbarán.

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Pero si quieren que les confiese un secreto, a mí a quienes en verdad me gustaría ver como académicos son a Angélica Lidell, la postula Anson, y a Rodrigo García. Entonces sí que se lo iban a pasar en grande durante las sesiones. Que sea para bien.
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P.S. Me acaban de contar que Inés Fernández-Ordóñez, catedrática de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid, será la próxima académica. De nada.
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* La primera ilustración es de Arnal Ballester y la segunda de Alma Thomas, Red Rose Cantata, 1973.
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lunes, 28 de abril de 2008

Javier Marías en la "laica, culta e independiente" Academia

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En junio del 2006 fue elegido Javier Marías miembro de la Academia de la Lengua, a propuesta de Claudio Guillén, Arturo Pérez-Reverte y Gregorio Salvador, para ocupar el sillón R que había sido nada menos que el de Fernando Lázaro Carreter. Ayer domingo leyó Marías su discurso de entrada, "Sobre la dificultad de contar", dedicado a la novela, tema muy presente en sus obras narrativas. Con su habitual gracejo le contestó Francisco Rico, "Breve aproximación a una teoría general de la vida y de la obra de JM", inmortalizado como personaje en varias de sus novelas. A pesar de que se lo habían propuesto antes (la primera vez en 1994), no había querido aceptar mientras viviera su padre, quien ha pertenecido a la institución durante más de cuarenta años.
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Se suma así Marías a Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo o José María Merino, con lo que algunos de los mejores narradores actuales forman ya parte de la institución ("laica, culta e independiente", como la ha definido Marías), a la que deberían incorporarse también -si es que se lo proponen y ellos lo aceptan, lo que está por ver- Cristina Fernández Cubas, Rafael Chirbes, y Enrique Vila-Matas, por seguir con los narradores.

Javier Marías (Madrid, 1951) ha cultivado la novela, la traducción, el cuento, el retrato (él los llama miramientos) y el artículo de opinión. Pero también es editor, y Rey de la isla de Redonda, aunque le diguste a Andrés Trapiello. Sus novelas, desde Todas las almas (1989) a la trilogía Tu rostro mañana (2002-2007), sin olvidar Corazón tan blanco (1993), forman ya parte de la historia de la narrativa española de las últimas décadas. Sus cuentos, en libros como Mientras ellas duermen (1990), Cuando fui mortal (1996), figuran también entre los mejores de estos últimos años. Y su reconocimiento, tanto nacional como internacional (su obra está traducida a más de treinta lenguas), es indiscutuible. Por tanto, en estos tiempos de comercialismo descarado y de experimentalismos literarios banales y archisabidos, en el que incluso algunos críticos y escritores rigurosos alientan estas modas pasajeras con argumentos que no tardarán en sonrojarlos, la literatura de Javier Marías sigue siendo un reducto de entretenimiento y reflexión, en el que a menudo nos refuguiamos los que seguimos apostando por la calidad, la exigencia y el rigor.
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A la izq., en primer término, el profesor Darío Vilanueva y el escritor José María Merino

Los que frecuenten sus novelas y artículos no ignoran que los diversos usos de la lengua, su utilización en la vida cotidiana, pero también en la ficción, ha venido siendo motivo de interés y preocupación de nuestro autor. Su labor en la Academia, por tanto, quizá pueda consistir en permanecer alerta contra los innecesarios anglicismos. Trabajo no le va a faltar al siempre joven Marías, diga lo que diga el profesor Rico, hombre de gran saber..

martes, 1 de abril de 2008

José Luis Borau y José María Merino en la Academia de la Lengua

Creo que aún no es tarde para felicitar a Borau y a Merino por su entrada en la Academia de la Lengua. Ambos poseen méritos sobrados. El primero como guionista, director de cine, editor (al cine ha dedicado sus Ediciones El Imán) y escritor (obtuvo el Premio Tigre Juan con Camisa de once varas, 2003), quizá por este orden. Y el segundo, como narrador, poeta, ensayista y antólogo, aunque en este caso no estoy seguro de que sea el orden preciso.

Borau ocupará el sillón B, que hasta ahora había pertenecido nada menos que a Fernando Fernán Gómez; Merino el sillón m, vacante desde la muerte de Claudio Guillén, un lujo para el comparatismo español, y de quien tanto aprendimos todos los que nos dedicamos a la filología, la historia y la crítica literaria.

El cineasta tiene a punto un par de libros, un ensayo titulado El cine en nuestro lenguaje, que publicará la Universidad de Valladolid, y un libro de cuentos, El amigo de invierno, que aparecerá en mayo en la colección Reloj de arena de la editorial Menoscuarto, de Palencia. Entre sus películas, prefiero Furtivos (1975) y Leo (2002), así como la serie para televisión Celia (1993), sobre el personaje de Elena Fortún. Por otro lado, va a resultar imposible no tener en cuenta los excelentes libros narrativos que le debemos a Merino, o bien su antología del cuento español en el siglo XX. Este escritor leonés, aunque nacido en Galicia, ha cultivado con fortuna todos los géneros narrativos: el cuento, el microrrelato, la novela corta y la novela, y en todos ellos ha dejado su impronta de escritor ambicioso; no tienen más que leer La orilla oscura (1985), quizá su novela más lograda, o Los cuentos del Barrio del Refugio (1994), un ciclo de cuentos, de esa clase de libros que si lo hubiera publicado un escritor norteamericano más de uno andaría babeando con él. En fin.

De todo lo que ambos han declarado estos días, me quedo con una frase de José María Merino: "La institución debe abrirse a los nuevos tiempos e integrar cada vez a más mujeres. Voy a apoyar que ingresen más mujeres en la Real Academia Española". Así sea.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Las mujeres en la Academia de la Lengua

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Comentaba ayer una crónica periodística que en la Academia de la Lengua hay, en la actualidad, 3 mujeres y 37 hombres, y que en los últimos meses se había producido un debate en la institución en torno a la conveniencia de que ingresaran más mujeres, aunque parece ser que no han dado con ningún nombre de entidad, por "falta de categoría" de las posibles candidatas, según apuntaba el comentario.
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No sé que es más sorprendente, si lo primero o lo segundo. Quizá lo último, porque nunca se había formulado con tanta claridad. Y semejante contundencia sólo se explica desde el desconocimiento. Lo cierto es que los nombres de posibles candidatas que barajan los académicos no parecen los más adecuados, si hemos de hacerle caso a los que circulan por los mentideros. Como, en su mayoría, los académicos son escritores o filólogos, sin moverme de ese terreno, voy a sugerirles unos cuantos nombres que no sólo no desmerecerían entre los académicos de número, sino que, además, se hallan muy por encima, en "categoría" literaria y filológica, de algunos de esos caballeros que se han mostrado tan estrictos en su juicio.
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Empiezo con tres poetas: Julia Uceda (1925), María Victoria Atencia (1931) y Olvido García Valdés (1950); sigo con una narradora, Cristina Fernánez Cubas (1945); una editora y narradora, Esther Tusquets (1936); una filóloga, Aurora Egido (1946); una filósofa, Adela Cortina (1947); y, por último, Carme Riera (1948) y Paloma Díaz-Mas (1954), que son narradoras y filólogas. La más joven cuenta con 53 años y la mayor con 82, aunque les puedo asegurar que la más veterana de todas se encuentra más lúcida que nunca, en plena producción literaria, acaba de publicar un excelente libro de cuentos y está escribiendo unos poemas extraordinarios que formarán parte de su próximo libro. Me parece que todas estas mujeres que cito poseen una obra y una trayectoria indiscutible, pues han sido galardonas con varios premios nacionales de literatura, con el premio de la Crítica, y traducidas a otras lenguas. Y la contribución de las filólogas citadas al mejor conocimiento de la literatura medieval y del Siglo de Oro y a la poesía del siglo XX me parece indispensable. Quiero decir que sin sus trabajos conoceríamos mucho peor el romancero, la lírica y el teatro del Siglo de Oro, la obra de Gracián, la de los poetas de la llamada generación del 50 y la cultura y literatura sefardí.

¿Por qué no han pensado los académicos en ellas como candidatas a los sillones vacantes? ¿No es posible que tres académicos se pongan de acuerdo en uno de estos nombres, o en otro de similares méritos? No hay que ser feminista, a la manera tosca que se suele ser entre nosotros, ni siquiera creer en las injustas y humillantes (para las mujeres) cuotas femeninas, para tener que llamar la atención sobre el desconocimiento, la falta de equidad y el machismo, también, que supone la ausencia de todas estas personas en una institución que debería mostrarse más estricta en la elección de sus miembros, sean escritores del sexo que sean. Pero de lo que estoy más convencido es de que todas las citadas, y otras más que podrían aducirse, de ser elegidas, estarían en la Academia por sus propios méritos intelectuales y no como producto de las siempre arbitrarias cuotas.

P.S. El lector curioso debería visitar el blog de Juan Pedro Quiñonero, Una temporada en el infierno, ya que añade otros casos y nuevas razones sobre lo que aquí apuntamos.