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jueves, 12 de enero de 2012

21 Ciclodofagia laboral 3.0

    Aquí les presento a un agotado Descortio Febrizzi ante su vigésimo entrevistado de la mañana entre una montaña de papeles y acomodado en su butaca de piel. Cada vez se le hace más tedioso bucear en la miseria de los candidatos, pero está ahí por lo que está y se considera un profesional. Un cazatalentos. Aún así se permite divagar cuando pregunta. Síganme, veámosle en liza.

      Bien, así que además de las propias, parece que domina el Inglés, Francés, Alemán comercial y tiene nociones avanzadas de Chino.

              Sí, siempre se me han dado bien las (blablá…)
  
 (Será inútil el pavo, y a mi qué tus idiomas. Fuck you. ¿Me entiendes?)


    —Además de IESE, MBA en Harvard y… veo que tres, no perdón, cuatro máster más, (gilipollas, ¿con este traje vienes a la entrevista? Armani mínimo, ¿no?  Jajaja, y ese careto de cerdito Porky, jajaja, ya decía yo que me recordabas a alguien) se ha doctorado en Ingeniería de Teletransmutaciones y en Informática cuántica aplicada (puto pelotudo, para lo que le va a servir en esta plaza, jajaja)dejemos la formación, es completa, hábleme de su experiencia laboral (de mierda) y de sus logros (de remierda y que me la sudan, paleto)
    —Debería empezar por la dirección general de (blablá…)
    —Ahá, así que fue en ese puesto en el que logró vender a los americanos (jajaja, vaya barrigón tiene el payaso) la idea de los viajes meta-transhumánticos cuánticos. Interesante (de cojones, vamos, estoy flipando con éste. El mejor. Jajaja)
    —Un éxito hasta la crisis, créame (blablá…)
    —Sí, sí, está bien, pero vamos a lo que vamos. Verá, en esta plaza el sueldo bruto que se ofrece es de 750€ por mes en doce pagas, aunque claro, con su historial…
    —Lo pueden mejorar un poco, ¿no?
    —No (mendrugo, no. Con ese careto tendrías que pagar para trabajar en esa empresa de mierda. Jajaja) lamento tener que decirle que veo que no tiene experiencia de mamporrero y… bien, habrá que formarle (jajaja, cómo me gustaría ver eso) así que el sueldo bruto (y tan bruto, que como lo laves se te queda en nada) será de 600€ para una jornada de 8 a 20h.
    
    Esto llega a su fin, Descortio se despide del candidato cortésmente asegurándole que le llamarán  para la plaza, que no le cabe la menor duda.
Por favor, síganme, tengo que hablar con él.
    —Sr. Descortio (jajaja,menudo nombre le pusieron al panolis. Cachondos sus padres), hemos estado analizando su método de entrevista a lo largo de la mañana (una mierda, te he visto sólo esta última, para qué engañarnos) y lamento comunicarle que no da el perfil que buscamos (con ese narizón cómo vas a dar el perfil, cenutrio). Muchas gracias por su tiempo.

    Pues ya está señores, ahora dispénsenme pues debo acudir de inmediato al despacho del director. Me han dicho que tiene algo importante que comunicarme.

lunes, 28 de noviembre de 2011

06 Belleza (en cinco actos)

1 Efímero

La belleza se desvanecía como otras tantas veces en acres vapores densos y la nitidez de su rostro se desdibujaba al ritmo cadencioso del pequeño reloj de arena.
La observó con mirada desvaída. La desazón volvió a inundar su ánimo. Otra vez. No había nada que hacer. Era imposible fijar la imagen. No conseguía captar su esencia y plasmarla para la posteridad en la fría placa de metal.

2 Revelado

Sus ojos aparecieron como ausentes. Sin vida. Ningún brillo ni expresión en aquellas enormes lunas eclipsadas que miraban fijamente, sin ver, a su observador desde el fondo del tanque. El disolvente de aceite de lavanda y aceite de petróleo blanco seguía actuando. Cuando empezaron a contrastarse en la placa, J. se dio cuenta de inmediato y pensó en volverla a romper. No era lo que soñaba. No era la primera vez y la sospecha que no sería la última se transformaba en certeza después de cada nuevo intento. Su búsqueda de la belleza no era ninguna abstracción. Era algo más bien tangible. La veía, la perseguía y la captaba. Él era el artista máximo. El perfecto soñador de grandezas creadoras. Y sin embargo ...

3 Exposición

En el estudio tenía dispuesta la cámara oscura. La parte posterior daba a un patio orientado a norte de donde captaba la suave y envolvente luz a lo largo de todo el día. Con un estudiado juego de espejos suspendidos la concentraba en el corazón de la estancia donde había ubicado la silla. Era más bien una confortable butaca en la que la séptima maravilla de aquel mes se prestaba a ser acomodada por el artista.
Durante más de ocho horas debían permanecer en aquel lúgubre espacio. Sin hablar. Sin moverse. Sin verse.
J. fijó la placa en su sitio después de tomar las distancias y se aseguró que ella estuviera cómoda. Sólo entonces quitó la protección de la caja y empezó a fluir la belleza por el ínfimo agujero, sorbiendo toda su alma en una larga y constante aspiración.

4 Preparación

J. llegó a su estudio con la modelo a primera hora del alba. Debía darse prisa. La luz estaba por nacer y se aventuraba un día de duro trabajo. No había tiempo que perder. Cogió la placa de cobre, la colocó sobre la mesa de trabajo con la cara pulida y plateada hacia arriba y empezó a extender suavemente el barniz de betún de Judea disuelto en aceite esencial de lavanda. Dominaba este proceso por harto practicado. Cuando acabó le echó una mirada de complicidad a su modelo desnuda y le preguntó si estaba dispuesta y preparada. ¡Pues claro que lo estaba, como todas!

5 Localización

J. se encaminó directamente a la orilla del río. Sabía que allí encontraría a su ansiada modelo. Aún no sabía quien sería pero estaba seguro que esa noche, la belleza no le sería esquiva. Levantó los pies del adoquinado y bajó veloz y renqueando con la bicicleta arrastrando su carretón fijado a la parte trasera. Probablemente era el primer hombre en la ciudad que disfrutaba del ridículo ejercicio de caminar sentado. Para J. era un invento del demonio. Aquella noche también estuvo a punto de volcar en más de una ocasión.
Dejó la vía adoquinada, nada práctica para su marcha y se mantuvo en la acera. Entonces la vio. Bajo una tenue y trémula luz pudo intuir su perfección. Se acercó a ella y cuando la abordó, con humildad de artista herido le susurró.



- Debo decirle, mi querida dame que es usted la belleza más sublime que puede un artista imaginar a este lado del Sena. Permítame inmortalizarla en mi atelier.


Minutos más tarde, mientras la asfixiaba le confesaba a modo de disculpa.


- No tema nada. Pero no deberá moverse en absoluto y he de asegurarme.






Fotocomposición Xesc



jueves, 17 de noviembre de 2011

01 Náufrago


La marinería ha sido mi vida. Yo puedo decir que me he cortado el pelo en el mar en bastantes ocasiones. Sí, efectivamente, he naufragado en incontables mares. Colgarse una moneda al cuello siempre trae fortuna en esos casos. La gente es más misericordiosa con tu cuerpo flotante a la deriva. En tiempos de los romanos se podía naufragar con cierta seguridad. Eran gente que sabía lo que hacía y tenía leyes que castigaban severamente el latrocinio a los hijos errantes del mar. No puedo decir lo mismo de la época del derecho de naufragio. Los visigodos no fueron un pueblo tan refinado.

Hay una ley de mar no escrita que dice que un náufrago recogido por otro buque no vuelve a naufragar. Que es imposible. Supongo que es estadística pura. Puedo corroborar que hasta la fecha así ha sido y debo manifestar mi pesar al respecto puesto que nada me haría más feliz que pasar a la historia como el primer marinero en concatenar dos naufragios seguidos y sobrevivir.

He vivido entre orinques, gavias, juanetes, molinetes, maromas; como escribiente, paje, grumete, gaviero, artillero, timonel, carpintero, maestro velero, oficial de derrota y hasta de guardiamarina y teniente. De babor a estribor, de proa a popa, del trinquete a mesana; en cubierta, bodega, camarote o entre mamparas, siempre he vivido en un barco; carraca, nao, navío, bajel, goleta, carabela, galeón, corbeta, fragata, qué más da, siempre he estado enamorado, atrapado, hechizado por la mar. La mar es una mujer. La mejor.

Estuve en el HMS Sussex en misión secreta. Fue el primero de la lista. Se me ocurrió al ver las 10 toneladas de oro y las 100 de plata en lingotes escondidos en las bodegas. No volví a repetir hasta el 1850 a bordo del Adelaide embarcado como agente secreto de Su Graciosa Majestad. Aún sigue el misterio envolviendo el caso y lo cierto es que jamás encontraron el cofre, de la misma forma que jamás se encontró el oro del Serpent cuarenta años después. Ah, la Costa da morte ha sido muy propicia, una aliada implacable e impagable para mis intereses de náufrago y futuro arqueólogo. De momento anoto las coordenadas de todos los naufragios.

Ahora me embarco en un nuevo reto. 1912. Dicen que no se puede hundir. Ya veremos. Sólo espero que no encuentren jamás las auténticas vías de agua.