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jueves, 30 de abril de 2020

El pajarero del visillo 2: Otras especies


La anterior entrada la dediqué en exclusiva a los gorriones por su abundancia en ejemplares y observaciones, pero hay otras especies que se he podido cotillear y fotografiar desde detrás de la ventana en estos días de confinamiento, a la espera de poder salir a mi entorno y disfrutar de esta primavera que, por todos los indicios, debe ser impresionante.
Comenzaré con los esquivos mirlos, Turdus merula, que se dejan ver a diario pero rara vez con tranquilidad. Ellos no dependen de las golosinas de los comederos, sino de las lombrices y demás bichillos que pululan por el suelo del jardín. Haciendo eso, son responsables de algunos pequeños destrozos entre las plantas de pequeño porte. Así, arrancan el sedum y las siemprevivas de la rocalla en su exploración buscando el alimento. Se ven en varios sitios del jardín y estoy seguro de que tienen nido, seguramente entre la hiedra, lo que me retiene un poco a la hora de podarla. Como me parece muy interesante y hasta sorprendente, me referiré a unos estudios de hace unos años en los que se descubrió que los mirlos descubren a las lombrices bajo el suelo gracias al oído. En efecto, cuando se observa a un mirlo buscando lombrices se ve cómo tuerce la cabeza para escuchar los sonidos bajo el suelo.
Un buen momento para verlos y hacerles fotos es el del baño, del que disfrutan como casi todo emplumado hijo de vecino. Siempre van solos, o como mucho en pareja, pues son muy territoriales y pendencieros.
Sobre ellos ya escribí hace unos años, cuando descubrí cómo un par de madres se dedicaban a alimentar a sus hijos con los frutos del serbal de los cazadores, cosa que por cierto, a un experto investigador le sorprendió mucho ya que lo normal es que les den de comer proteína animal. Las observaciones de un simple jardín pueden tener más importancia de lo que se piensa. También es curioso que dos hembras se dediquen a alimentar a un solo pollo tras haber perdido una de ellas al suyo. AQUÍ está el ENLACE.
Tras los gorriones y tórtolas, los más fieles al jardín son los carboneros comunes, Parus major, que vienen a todas horas al comedero. Son varios, aunque raramente coinciden, lo sé porque los puedo diferenciar: entre los machos uno es más colorido, otro más pequeño y despeluchado, uno está anillado, además de las hembras. Intento hacer fotos "carnet" de cada uno, pero mucho me temo que me llevará demasiado tiempo.
En la foto anterior una pareja en plena bronca. En la ristra de cacahuetes quedaban pocos con semilla y el macho los tiene acaparados a pesar de la insistente queja de la hembra. Cuando la ristra está repleta no existen esos problemas conyugales.
Otro alimento que les he puesto recientemente, a modo de experimento, y que comen de vez en cuando, es un trozo de tocino. Debo decir que cuando los insectos son abundantes en el entorno, los carboneros dejan de venir al comedero. De hecho en pleno verano los cacahuetes duran semanas, mientras que en invierno tengo que renovarlos cada pocos días. Ahora estamos en una época de transición y empieza a haber insectos, pronto dejarán de venir.
Especial ilusión me hace ver a las currucas capitoradas, Sylvia atricapilla, "rara avis" en el jardín. Se ven con más frecuencia en otoño, a las diversas bayas y frutos que tengo en arboles y arbustos y, muy especialmente cuando el olivo tiene aceitunas, pero ahora en primavera a lo que vienen es a tomar el néctar de las flores. Las descubrí el año pasado en el almendro de mis vecinos, que tiene muchas ramas sobre mi jardín, y estos días pasados las he visto en el árbol del amor, Cercis siliquastrum, como se ve a la hembra en las siguientes fotos.

También, como no, visitan el baño, que siempre tienen a su disposición. En la anterior entrada mostré cómo un macho tenía que esperar su turno hasta que terminase de bañarse un gorrión. Aquí está el mismo, en plena faena.
Es un placer conseguir ver a los verdecillos, Serinus serinus, inquietos como ellos solos y difíciles de fotografiar. Como otros años, creo que tienen nido en el jardín. Aquí un precioso macho bebiendo en el estanque.
También bajan a los frutos del olivo, desde los tejados y cables eléctricos donde se suelen posar, los estorninos negros, Sturnus unicolor, pero casi nunca lo hacen a los comederos, aunque varios años han criado en el jardín. Así, estos días me tengo que conformar con verlos de lejos, como este día nublado de hace un par de semanas, cantando al amanecer.
En los tejados también veo a menudo a las urracas, Pica pica y últimamente tienen vigilada la colonia de gorriones de los paneles solares. Continuamente sorprenden con su inteligencia. Me temo que cuando salgan los volantones van a hacer alguna trastada. Visitan el comedero, al menos, dos parejas que se turnan esperando pacientemente a que las anteriores se vayan. Son muy desconfiadas, cuando ellas bajan los gorriones huyen, pero no se atreven a acudir cuando en el comedero hay alguna tórtola, como ya conté en esta otra entrada (AQUÍ).
En la foto, el último día de nieve, en el comedero:
Y hablando de tórtolas, Streptopelia decaocto, las segundas más fieles al comedero, como dije antes. Una pareja viene directa desde un gran cedro del vecindario, donde supongo que tienen el nido. En cuanto salgo al jardín y ven que vuelvo a entrar en casa, deben suponer que les he puesto comida y bajan rápidamente. La mayoría de las veces se llevan un buen chasco, pero no parecen perder la esperanza.
Comparten comida perfectamente con los gorriones y carboneros, pero son intransigentes con otras tórtolas. Sólo baja esa pareja y es siempre la misma, reconozco a una de ellas porque tiene una pluma cobertora descolocada en una de las alas. Como se les ocurra venir a otras, que hay bastantes en el vecindario, la que les montan es de órdago.
A veces las veo también comiendo sedum en otras partes del jardín y también recogiendo ramitas para el nido a primera hora de la mañana, pero no son necesariamente la misma pareja, porque llegan y se van con su carga desde diferentes lugares. El comedero está en el otro lado de la casa.
La última especie que he podido fotografiar desde las ventanas, es la paloma torcaz, Columba palumbus. Son desconfiadas, acuden raramente al comedero, pero sí a beber agua, más en el estanque que en el bebedero que les pongo. También recogen ramitas para su nido. A algunas las veo llegar volando desde más lejos, desde el norte, pero tengo una pareja criando a escasos metros, en un pino de la parcela vecina, al sur.
Y hasta aquí las especies cotilleadas desde las ventanas. Otra cosa son las que pasan volando y veo estando en el jardín. En estos días de confinamiento han sido, que recuerde: buitre leonado y negro, águila imperial, águila calzada, milano real y negro, cigüeña y golondrina. Tengo algunas fotos que no merecen mucho la pena, pero por su importancia, añado a este damero de águila imperial, Aquila adalberti, que es la menos habitual y que más ilusión me hace.


viernes, 24 de abril de 2020

El pajarero del visillo: Espiando a los gorriones




Que me perdone José Mota por tomarle prestado el título, no es "la vieja" sino yo mismo el que se esconde tras los visillos de mis ventanas para espiar a mis vecinos... alados.
En estos días es todo un clásico en las redes sociales de los medios naturalistas mostrar las fotos, fundamentalmente de aves, vistas desde balcones y ventanas. Yo mismo en mi Facebook no he podido resistir la tentación de publicar durante el confinamiento, empezando con el título "Desde el Hide Ventana de la cocina". Si bien llevo años haciendo fotos desde ese lugar y muchas veces mostrándolas en este blog.

No todas las especies que veo consigo fotografiarlas, algunas porque no acuden a los comederos o baños y otras por ser muy desconfiadas y asustarse en el mismo momento en que me asomo, aunque sea a través de dos ventanas con dobles vidrios y, como no, medio escondido detrás del visillo.
Pero hasta los más humildes gorriones son dignos de admirar y apreciar su belleza, aparte de que nos hacen testigos de primera línea de interesantes comportamientos.
Así, comenzando por los gorriones, puedo disfrutar al verlos despeluchados a primera hora de la mañana, al salir de sus nidos y comenzar a atusarse convertidos en una graciosa bola de plumas, aunque la falta de luz y sus movimientos no colaboren para hacer una buena foto.
Poco después vuelan a buscar su desayuno pero no tardan en volver, muchas veces cargados de palitos, plumas y demás materiales para arreglar el nido. Al menos, en los primeros días de nidificación, supongo que pronto estarán más atareados consiguiendo comida para los pedigüeños polluelos.
Este año un gran grupo de gorriones han decidido formar una colonia bajo los paneles solares que mi vecino colocó en su tejado para calentar la piscina. Supongo que ahora que hace fresco les vendrá bien el calorcillo, cuando sale el sol. No se que pasará cuando apriete el calor de verdad, bajo esa superficie negra pensada para absorberlo. Supongo que tendrán que hacer mudanza antes de ponerse con las siguientes nidadas. Las fotos del día de la nevada, hace casi un mes, me recuerdan a cuando yo mismo tenía que palear la nieve para salir al trabajo.


Para recoger el material rebuscan en el suelo y entre los restos que hay en el propio tejado, de los que hayan podido arrastrar unos u otros al salir de sus nidos, pero también arrancan hierbas y ramitas de los árboles cercanos. En casa les gustan especialmente las más finas del taray. 
Hace ya años que desapareció una bonita planta que tenía mi esposa en su zona de jardín, Cineraria maritima (antes llamada Senecio cineraria) que, con sus suaves hojas vellosas les debían encantar para mullir los nidos, y no dejaban una. A este respecto recuerdo que esa planta, igual que su pariente la hierba de Santiago, Jacobaea vulgaris (antes llamada Senecio jacobaea), es tóxica. Se ha afirmado que las aves utilizan plantas tóxicas y aromáticas para mantener sus nidos libres de parásitos. En casa, más adelante porque ahora aún no han crecido, también arrancan ramitas de menta, es posible que con esa función, pero no está nada clara la intencionalidad consciente por parte de los pájaros. En el caso de la cineraria estoy casi seguro de que les gusta por ser un buen y suave aislante. De hecho, también tengo hierba de santiago en el jardín y no la tocan.
En su libro "Un leopardo en el jardín", Álvaro Luna, comenta el caso de los gorriones urbanos que utilizan las colillas de cigarrillo, con su filtro impregnado de nicotina, como material del nido. Está comprobado que esos nidos tienen menos parásitos, sí, pero también se ha analizado a padres y polluelos y presentan anomalías sanguíneas, luego la nicotina no les beneficia para nada. En cualquier caso, más que intención por parte de las aves habría que buscar una ventaja adaptativa y es demasiado pronto para sacar esa conclusión.
Antes de continuar, diré que si bien la primera hora de la mañana es la preferida para recoger material para el nido, se les puede ver haciéndolo a otras horas, pero no tan a menudo. Es posible que el rocío de la madrugada haga que los materiales humedecidos sean más maleables para colocarlos y darles forma en el nido.
En casa tenemos diversos tipos de comederos para atraer a las aves, normalmente no les doy tanto de comer y si lo hago es más bien en invierno, que es cuando más lo necesitan. Esta primavera, de manera quizás un poco egoísta, les pongo algo más y más variado para tener más oportunidades de observarlos y hacerles fotos. 
Algo de pan, muy poco porque poco comemos estos días, y comida para pájaros domésticos es lo que les pongo. De vez en cuando algún resto de fruta, les encanta la manzana, y los cacahuetes que les roban a los carboneros. Ellos son los encargados de extraerlos de las cáscaras... cleptoparasitismo se llama eso, pero esa es de otra historia que conté en otras entradas (AQUÍ la explicación  y  AQUÍ los vídeos).
En pleno verano, más importante que los alimentos, que de sobra encuentran en el campo, es la disponibilidad de agua. En mi jardín tienen los estanques, pero les gusta más su propio baño, con poca profundidad. He visto que no dudan en bañarse con temperaturas de 6ºC. ¡Frioleros no son! Aunque hay que reconocer que no se mojan el cuerpo, el agua no les llega a la piel, solo les vale para peinar las plumas y aislarse mejor.
A veces otros "vecinos" tienen que esperar cola para usar el baño. También se dan sus baños de arena, aunque en la siguiente foto más bien es de gravilla. Creo que lo que hacían era secarse al frotarse contra el suelo.

Hay otras especies, no demasiadas, que he podido ver y fotografiar estos días, pero lo dejo para una próxima entrada.

miércoles, 5 de junio de 2019

Dos historias de pájaros en el jardín.

Comedias, dramas y pequeñas tragedias ocurren cada día en nuestro entorno sin que apenas nos demos cuenta. Varias veces me he encontrado un pajarillo muerto en el jardín: volantón ahogado en el estanque, decapitado por quien sabe que depredador, junto a la casa, quizás chocado contra una ventana. Algunas veces he podido saber a ciencia cierta lo que había ocurrido, como la vez que mi vecina pudo observar que una rana cazó y ahogó a un gorrión que se estaba bañando en la orilla y luego tuvo que dejarlo, al no poderlo tragar. Otras veces son situaciones más alegres, como ver cómo sacan adelante los polluelos, los cortejos, las discusiones entre machos y la competencia incruenta por el alimento o los baños en agua y en arena.
Hoy en un rápido apunte voy a contar dos historias cuyos protagonistas han sido un petirrojo (Erithacus rubecula) y un herrerillo común (Cyanistes coeruleus). La mala del cuento, aunque de manera involuntaria, será la urraca (Pica pica).

En el jardín, este año, hay un petirrojo. No es muy frecuente en primavera y verano, aunque sí en otoño e invierno que es cuando acuden a los comederos y andan por el suelo. Este es difícil de ver, se mueve entre las bases de los arbustos y pasa muy desapercibido. Pero cuando mi mujer se pone a regar su pequeño huerto no tarda en aparecer y seguirla. Y es fiel a su cita a la caída de la tarde.
Estoy seguro de que se aprovecha de los pequeños insectos y lombrices que se descubren al recibir el chorro de agua pero, como puede verse en las fotos, también es el momento para darse un baño en los charcos. Es curioso: tiene a su disposición varios cacharros de poco fondo con agua limpia y renovada casi a diario y es donde se bañan otros pájaros, pero él, como hacen a menudo los perros y los niños, prefiere chapotear en los charcos.
Espero que siga haciéndolo y que me dé más oportunidades de fotografiarlo.


La historia del pequeño herrerillo podía haber terminado muy mal, pero afortunadamente esta vez fui testigo de la escena y pude intervenir.
Estaba viendo toda una familia de herrerillos, los padres y al menos cinco pollos volantones, entre las ramas del olivo, los tarayes y uno de los estanques, bañándose y bebiendo junto a algunos gorriones. 
Me llamó la atención que uno de ellos en lugar de usar el platillo que habitualmente utilizan, prefirió posarse en una hoja de nenúfar y aprovechar el hundimiento de esta para sumergirse parcialmente y hacer su abluciones. Me pareció un deporte de riesgo, pero no tuvo ningún problema en salir volando.
Sin embargo, entre ellos había uno que parecía estar despistado del resto...
Estaba observando y fotografiando a este pequeño que se había mojado en las rocas de la orilla cuando llegó volando una urraca y provocó la desbandada general de toda la familia, que desapareció como por encanto.

Todos menos, justamente, el que estaba fotografiando en ese momento, que se quedó literalmente petrificado. La urraca no le vio, miró el comedero, que estaba vacío y volvió a irse, pero el herrerillo, cuando minutos después consiguió volver a moverse, lo que hizo fue caerse al agua.

Todo esto lo estaba observando desde la ventana de la cocina, así que salí a tiempo para rescatarle y ponerle al sol en las ramas del olivo donde puede seguir vigilando por lo que pudiera pasar. 

La familia no volvió a por él, dicen que los pájaros no saben contar y quizás no le echaron de menos, pero poco a poco él se fue atusando las plumas para secarse, ...

 ... fue capaz de salir de su estado de pánico y dar un corto vuelo a una rama más alta para finalmente irse por el mismo camino que tomaron sus padres y hermanos. No los he vuelto a ver, espero que los encontrase o, por lo menos, que haya sido capaz de alimentarse y buscarse la vida. Creo que sí, que era bastante grande para alimentarse solo... o eso me gusta pensar.




domingo, 16 de octubre de 2016

Baño de aves en el jardín


En varias ocasiones he mostrado las diferentes especies de aves que acuden a los comederos del jardín y a los estanques. Este verano, veía que algunos jóvenes tenían problemas para acceder a beber el agua de los estanques. En cambio, usaban con frecuencia el agua que quedaba en los platillos de las macetas cuando regábamos. Así, se me ocurrió dejar junto a uno de los estanques un platillo siempre lleno de agua.
El éxito fue inmediato, varias especies han estado acudiendo a usarlo, tanto a beber como a bañarse, hasta tal punto que tenía que rellenarlo más de una vez al día para evitar peleas. No siempre lo he podido hacer, igual que no siempre he podido grabar el vídeo hasta hace poco por un pequeño problema con la cámara, que afortunadamente he resuelto.
El año que viene espero poner un sistema más automatizado que rellene el recipiente (o recipientes) cuando funcione el riego por goteo, aunque sé que eso no me ha evitar algo de trabajo, porque los pájaros son bastante sucios y hacen sus necesidades dentro obligándome a lanzar un chorro de agua a presión para limpiarlo, casi a diario.
Durante todo el año, además, utilizan una zona despejada del jardín para sus baños de arena, pero me resulta más complicado de grabar, por el lugar que usan y porque no siempre lo hacen a la misma hora.
Y sin más dilación... aquí está el vídeo.

Es muy gracioso observar a los gorriones, a veces parece que hacen cola esperando su momento y hasta hay discusiones. Es el vídeo solo se juntan tres, pero en ocasiones se reunen de ocho a diez junto al plato.

martes, 1 de diciembre de 2015

El fuerte carácter de las tórtolas turcas

Una de las aves más fieles al comedero que tengo puesto en el jardín es la tórtola turca.  De hecho, podría decir que es la que más veo después de los gorriones. Sin embargo solamente una pareja, que es como si tuviesen monopolizado el territorio de mi jardín, con el comedero incluido, aunque creo que crían en un cedro del vecindario. 

En el resto de la calle puedo ver otros ejemplares, pero por el momento aquí solo llega uno o dos ejemplares al mismo tiempo, claramente una pareja, que a veces están esperándome en el cableado para bajar en cuanto me ven entrar en casa por si les saco ya la comida. Pero antes de hablar de las tórtolas de mi jardín, no puedo menos que dar un repaso a algunas curiosidades de esta especie. 

Las primeras noticias que tuve de ellas, aparte de verlas en las guías de campo sin hacerles mucho caso, datan de hace unos 30 años, en un viaje de estudios por Cantabria integrado en las prácticas de Zoología de Vertebrados, cuando estaba estudiando la carrera. Entonces, en un determinado momento del viaje, el profesor, Manolo Fernández Cruz para más señas, hizo parar el autobús para mostrarnos un ejemplar posado en un cable de teléfono al borde de la carretera.

En ese momento me enteré de que era una especie que antes no estaba en la Península Ibérica, que había entrado desde Francia y estaba extendiéndose por la costa hacia el oeste. Posiblemente ese era uno de los primeros ejemplares que se veían en Cantabria.

Tórtola turca comiendo sedum en una roca del jardín en 2008. Cuando la nieve cubría esa gran roca las tórtolas escarbaban buscando la planta que se escondía debajo.

Como no soy "fervoroso pajarero" no me volvió a preocupar mucho la tórtola en cuestión. Supongo que alguna que otra vez la volví a ver en alguna de mis excursiones, pero no lo recuerdo especialmente. 

Ya fui plenamente consciente de ellas cuando me vine a vivir a la Sierra de Guadarrama, hace 16 años, pues escuché su canto y vi algunos ejemplares en los pinos de un jardín vecino.

Desde entonces, me acostumbré a verlas acudir al estanque de casa a beber, a las rocas a comer el sedum (lo comenté en ESTA ENTRADA de diciembre del 2008) y tímidamente, al principio, a alguno de los comederos.

Gorriones y la pareja de tórtolas en el comedero del jardín, soportando la nevada en febrero del año pasado.
A partir de ahí, en los alrededores su número no ha hecho más que aumentar, igual que en el resto de España. 

Es curiosa esta expansión coincide con la disminución de las tórtolas comunes. Posiblemente la razón sea que al instalarse en parques, jardines y cercanías de casas rurales y urbanas, se libra de la presión de la caza que es lo que está extinguiendo a nuestra tórtola común. Me parece que es el mismo caso que el de las palomas torcaces que habitan los pueblos y ciudades, en franco aumento, frente a las que realizan migraciones y son abatidas a su paso por los valles de montaña. Pura y dura selección natural frente a la depredación humana.

Para seguir con las curiosidades no puedo aguantar la tentación de comentar el origen de su curioso nombre científico: Streptopelia decaocto

Streptopelia viene del griego. Streptos quiere decir collar y Pelia quiere decir paloma, es decir: Paloma de collar.
Y decaocto, quiere decir dieciocho y parece ser que viene del nombre de una sirvienta de la mitología griega que fue convertida en tórtola por negarse a pagar un impuesto anual de 18 monedas. Sin embargo, hay otras explicaciones, como que es una onomatopeya de su canto, o que viene de otra deuda sin pagar relacionada con la crucifixión de Cristo.

Momentos de la danza de cortejo de una pareja de tórtolas turcas.
Y volviendo al vecindario y a mi jardín, he observado el comportamiento de las tórtolas en muchas ocasiones y no me cabe ni la menor duda de que aparte de la proximidad a las viviendas urbanas y el refugio que eso le supone contra cazadores y depredadores naturales, tiene mucho que ver su agresividad. Pero ¿agresiva una pequeña paloma? Pues sí, cuando se pelean por hembras o en defensa de un espacio el ruido que emiten es insospechado para un ave tan inofensiva, pero es que, además, las he visto varias veces lanzándose en picado contra las urracas que estaban en el comedero de casa y tengo comprobado que éstos córvidos las respetan. Si una urraca está en el comedero huye ante la llegada de una tórtola y, si es la tórtola la que está en él, entonces no se atreven a acercarse y se conforman con merodear por el suelo a esperar que caiga alguna migaja. Lo mismo ocurre con los rabilargos, que esperan impacientes en los árboles cercanos o rebuscan en el suelo y la rocalla al pie del comedero.

Rabilargo rebuscando la comida que cae al suelo. Las tórtolas desperdician mucha comida y otros pájaros la aprovechan.



Hace unos días pude ver como durante más de 5 minutos una sola tórtola mantuvo a raya a media docena de rabilargos. En el vídeo se ven en plena acción.


Cuando por fin la tórtola parecía saciada, fue cuando se retiró y los rabilargos entraron en tropel. Curiosamente, con los gorriones no tienen el menor problema en compartir la comida y ellos no se asustan.
Después de haber visto  a los rabilargos en documentales como se ensañan con los buitres negros en su nido e incluso con águilas y milanos en pleno vuelo, me resulta graciosísimo verlos achantarse ante una inerme tórtola.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿No hay nada en enero?

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El frío y las nieves de febrero nos han hecho olvidar muy rápidamente que hemos tenido un mes de enero casi primaveral. Con el título de esta entrada en Biodiversidad Virtual han retado a sus colaboradores a conseguir fotografiar, entre todos, al menos 2015 especies diferentes durante ese primer mes del año. Es una típica queja de los naturalistas que en pleno invierno hay poco que ver y hay que reconocer que en ciertas zonas es complicado ver insectos o flores. Sin embargo, este mes de enero se ha portado como para ayudarnos a lograr ese reto con tiempo cálido e incluso seco.
Issoria lathonia.

La zona donde vivo no es la más adecuada porque el clima es bastante extremo, así que no puedo presumir de haber contribuido mucho a conseguir el reto de BV, pues no he llegado a las 60 especies y la mayoría son repetidas con las que han visto otros compañeros. Si embargo sí he hecho el esfuerzo de fijarme más y darle uso a la cámara del teléfono que siempre llevo encima, aunque solo fuese en mis paseos mañaneros de fin de semana para ir a comprar el pan o rebuscando en el jardín, y hasta me he llevado alguna que otra sorpresa y desde luego, he aprendido algunas cosas.
Lycaena phlaeas.

Ver mariposas en enero no es lo más normal, sin embargo, en varios paseos he podido encontrarme con estas dos especies Issoria lathonia y Lycaena phlaeas. Me he dado cuenta que los ejemplares de I. lathonia son mucho más pequeños que los que he fotografiado en otras ocasiones, en primavera o en pleno verano. Volaban incluso a bastante altitud, las he visto a casi 1.400 metros en la madrileña Sierra de los Porrones, la continuación de la Pedriza hacia la Maliciosa. Pero más impresionante que ver mariposas ha sido encontrarme en ese mismo lugar con una jara pringosa, Cystus ladanifer, florecida, nada más y nada menos que el 8 de enero, muchos meses antes de lo que le corresponde.
Jara pringosa, Cystus ladanifer.
Y muy cerca de ella, también en plena montaña, una caléndula.
Calendula arvensis

Una de las flores en las que libaban las mariposas era el romero, que igualmente estaba florecido en la cañada que discurre entre Cerceda y Colmenar Viejo. Allí también estaban buscando su comida las abejas de la miel.
Romero, Rosmarinus officinalis.


He encontrado otras flores, pero me han extrañado menos porque sé que son más oportunistas, que aprovechan el momento para reproducirse y por ello las encontramos en las cunetas de las carreteras, en cualquier rincón con tierra de pueblos y ciudades y claro, en mi propio jardín. A este grupo pertenecen los dientes de león, los geranios silvestres y las malvas, entre otras.
Erodium cicutarium.

Malva sylvestris.

Diente de león, Taraxacum sp.

Veronica sp.
Y volando entre ellas, como no, alguna es esas moscas que tan bien saben imitar a las avispas.
Sírfido o mosca de las flores, Eupeodes sp.

Típico de los días soleados de invierno es encontrar pequeños reptiles que habitan en los roquedos. Las rocas y los muros de las casas se calientan mucho más que el aire y suelo circundante y eso les permite activar su metabolismo y espabilarse lo suficiente como para salir a cazar los insectos que se encuentran en sus mismas circunstancias. Así, en los muros de mi casa he podido ver a las lagartijas ibéricas, que ahora me tengo que acostumbrar a llamar Podarcis guadarramae (antes P. hispanica).

Y bajo las piedras del campo, un ejemplar activo de culebrilla ciega, Blanus cinereus.
... A la que acompañan lombrices, litobios, escarabajos, arañas, hormigas y otros invertebrados que en lugar de profundizar su enterramiento en el suelo para alejarse del frío, se acercan a la superficie bajo las soleadas piedras para calentarse.
Tenebriónido Scaurus puncatatus, que tiene la costumbre de agruparse en sus refugios bajo troncos y rocas.
Y también las buenas madres de las tijeretas, a las que encontré en sus nidos bajo piedras con sus puestas y con las ninfas ya bastante crecidas.
Hembra de tijereta, Forficula auricularia, en su nido con dos tamaños de ninfas, posiblemente fruto de dos puestas, a los que cuida.

Pero las que nunca fallan son las moscas, cuyos ciclos no tienen tanto que ver con periodos del año concretos sino con la disponibilidad de alimento. Por muy malas que sean las condiciones, siempre saben encontrar el rincón adecuado, dentro o fuera de nuestras casas.
Calliphora vicina, una de las especies necrófagas más utilizadas por los entomólogos forenses para determinar el tiempo de la muerte de un cadáver.  


También se me antoja que he visto muy temprano a las cigüeñas preparando sus nidos, pues estaban crotoreando ya las parejas y acarreando palos a su gran construcción en los pueblos de El Boalo y Cerceda.
Cigüeñas blancas, Ciconia ciconia, crotoreando en el nido mientras otro ejemplar las estaba sobrevolando. Al hacerlo muestran las manchas negras de la parte inferior de su pico. Tejados del pueblo de El Boalo, 8 de enero.

Otras plantas y animales cumplen sus ciclos con más normalidad, como por ejemplo los enebros que estaban dispersando su polen...
Enebro de la miera, Juniperus oxycedrus, en el momento de dispersar polen por una racha de viento.

 ... mientras que en las ramas de los ejemplares hembra los frutos del año anterior maduran ...
Frutos maduros de enebro de la miera, Juniperus oxycedrus.

... tanto el enebro de la miera como el común...
Enebro común, Juniperus communis.

... y ofrecen alimento invernal a aves y mamíferos, entre ellos al señor raposo, que deja así sus restos.
Mientras, en un rincón soleado, junto a una charca creada en una cantera abandonada, se abren los frutos del problemático estramonio, que hace unos años provocó unas cuantas intoxicaciones a los que jugaba a aprendices de bruja.
Cápsula de semillas de estramonio, Datura stramonium.

Las chinches, como otros insectos voladores, se esconden en grietas de los troncos de los árboles y maderas de construcciones, así como bajo tejas y entre ladrillos pero se dejan ver los días soleados. 
Rhaphigaster nebulosa.
Y así encontré a la chinche de los piñones, Leptoglossus occidentalis, en una doble ventana de El Ventorrillo, como el año pasado, cuando lo conté en el blog AQUÍ. Igual que esta otra especie que tiene la misma costumbre de acercarse al calor de las casas metiéndose en la zona de las persianas o en las grietas de los marcos de las puertas.
Rhyparochromus pini.

En cuanto a las aves, en el jardín llegan los carboneros, que en cuanto hace frío se acuerdan de que aquí hay comida, y un solitario petirrojo, menudos son ellos como para compartir espacio con sus congéneres, acompañando a los habituales gorriones, tórtolas y urracas.
Petirrojo, Erithacus rubecula, siempre alerta, sobre uno de los comederos del jardín.
Por último, como siempre, agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual su ayuda en la determinación de las especies de plantas e invertebrados a las que no llegaban mis conocimientos.