Como decía ayer Martin Scorsese dirige en 1990 una película de gangsters mítica, Uno de los Nuestros. En este film cristalizan todas las obsesiones, todos los logros narrativos y estilísticos, todas las ramificaciones temáticas que durante décadas Scorsese fue atesorando y haciendo crecer en su interior. Un film de gangsters de origen italiano cuyas ambiciones y pretensiones quedan perfectamente reflejadas en el film. La primera frase del film es: "Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gángster". Una de las obras cumbre del género de mafiosos, una cinta trepidante e intensa, dónde Robert de Niro, Joe Pesci y Ray Liotta llevan el peso de los papeles más importantes. Como anécdota, la palabra "fuck" es usada en 300 ocasiones durante la cinta.
Y ahora me refiero al personaje de Ray Liotta, Henry Hill, el que me daba más repeluco, un tipo que tenía la casa a nombre de la suegra, los coches a nombre de su mujer, sus carnets de la Seguridad Social y de conducir eran falsos, nunca votaba y nunca pagaba impuestos, un fiera que iba de gorra a todos los sitios y siempre a lo mejor y más caro, claro. En la escena final de la película ya está trincado y forma parte del Programa de Protección de Testigos por lo que en el juicio delata a Paul Cicero (A quién da vida Paul Sorvino) y a Jimmy Conway (Robert de Niro) el auténtico jefe del clan, y es ahí donde va narrando (es el narrador de todo el film) que ahora iba a tener la vida de un auténtico gilipollas, es decir, la de un pobre mortal, una gran putada vaya.
Os dejo con esta brutal escena, donde en un momento el propio Liotta, deja la escena del juicio y habla a la cámara, digamos que un símil de lo que había hecho toda su vida, lo que quería.