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martes, 26 de julio de 2022

Escenas míticas del cine (CCXXXVI)


Como decía días atrás, en 1980 Stanley Kubrick dirige El resplandor, un film con el que esperaba romper la taquilla después del fracaso en ese sentido de Barry Lyndon (1975) (aunque luego lo remendara el mercado casero). Este film estaba basado en la novela de un joven escritor que tenía sus mismas iniciales curiosamente, y que respondía al nombre de Stephen King, del que no había leído nada pero había visto el film Carrie (1976), dirigida por Brian de Palma, basada en otra novela suya. Kubrick entonces echó mano de la escritora Diane Johnson, y él mismo escribió el guión dejando fuera a King, quien siempre manifestó su rechazo a la película, de hecho decía que Stanley no entendía las reglas del género del terror. Curiosamente años después King recuperó los derechos de la novela para producir y escribir una adaptación televisiva, enormemente fiel al libro, dirigida por Mick Garris y con Rebecca de Mornay en su reparto, y que no resiste comparación con el original. Sea como fuere, El Resplandor ha pasado a la historia del cine como una de las adaptaciones que mejoran con creces el material original.
La historia nos cuenta como Jack Torrance (Jack Nicholson) se traslada con su mujer Wendy (Shelley Duvall) y su hijo de siete años Danny (Danny Lloyd) al impresionante Hotel Overlook en Colorado, para encargarse del mantenimiento de las instalaciones durante la temporada invernal, época en la que permanece cerrado y aislado por la nieve. Buscan paz y sosiego para que Jack escriba una novela. Pero, poco después de llegar al hotel, Jack empieza a padecer inquietantes trastornos de personalidad y se suceden extraños y espeluznantes fenómenos paranormales.
En una escena mítica Jack va al salón donde hay un bar, el camarero Lloyd (Joe Turkel) que ya le conoce de una visita anterior le sirve su bourbon, pero no le deja pagar alegando órdenes de la casa... y se produce ese feeling entre camarero y cliente, ese extraño feeling.


Os dejo con la mítica escena.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Ayer cumplió 99 años Issur Danielovitch Demsky.


Hace 99 años nació este descendente de familia judía bielorusa, residente en New York, cuyo nombre artístico es Kirk Douglas. Desde pequeño destacó en deportes como la lucha libre y en lides actorales, dónde le gustaba dirigir y actuar.
Lauren Bacall le introdujo en Broadway, situación que se vió interrumpido por su llamada al ejército en plena Segunda Guerra Mundial. Luego regresó, después de su licenciatura con honores a Broadway dónde se hizo un nombre importante.
En 1946 actúa en su primer film, "El extraño amor de Martha Ivers" dónde ya deja su sello.
A partir de ahí su carrera es imparable El ídolo de barro (1949), El gran carnaval (1951), El loco del pelo rojo (1956), Senderos de Gloria (1957), Los Vikingos (1958), Espartaco (1960), Los héroes de Telemark (1965),  El día de los tramposos (1970), etc., y tantos más jalonan una carrera inolvidable. Nominado en tres ocasiones al Óscar, no fue hasta 1996 cuando subió al escenario para recogerlo, eso si, honorífico a su trayectoria profesional.
Es uno de los pocos casos, en que un hijo suyo ha salido tan buen actor como el padre, su hijo Michael Douglas de su primer matrimonio con Diana Dill, es otro grande.




Hoy en homenaje a este pedazo de actor, hablo de Senderos de Gloria, de 1957, la primera película que protagonizó a las órdenes de Stanley Kubrick. En ese film, el escenario es la Primera Guerra Mundial, año 1916, donde el General francés Boulard (Adolphe Menjou) ordena la conquista de una inexpugnable posición alemana y encarga esa misión al ambicioso general Mireau (George MacReady), cuyo encargado de llevarlo a cabo será el Coronel Dax (Kirk Douglas). El ataque a la colina resulta un desastre y un infierno, y el regimiento se retira a las trincheras. El alto mando, muy irritado por la derrota, infringe un terrible castigo al regimiento como ejemplo a los demás soldados.


Se trata de un film histórico, que además contiene pasajes memorables como la cita del doctor Samuel Johnson "El patriotismo es el último refugio de los canallas" que el coronel Dax lanza al general Mireau. Brillantísima historia sobre la utilización de los combatientes y soldados rasos que luchan en las trincheras, frente a la inhumanidad y ambición que se respiraba en los lujosos cuarteles de los generales en la I Guerra Mundial. El soldado es un simple número, carne de cañón.
Por esto y más razones, quizás esta película sea el mejor film antibélico de la historia del cine.
Mención monstruosa para Kirk Douglas, cuya cara descompuesta tanto cuando atraviesa las infectas trincheras o cuando dirige el ataque a la colina de las hormigas, o como no, cuando se dirige a sus superiores para desafiarles y avergonzarles, son momentos históricos del cine.

Os dejo con un tramo de la película y felicidades a Kirk.

jueves, 19 de marzo de 2015

Blade Runner (1982)

Cartel del film

Blade Runner ha tomado esta semana las salas de cine gracias al reestreno que nos permite ver la versión definitiva de la película de culto, es decir, que incluye un plus de metraje fundamental para terminar de encajar el puzle acerca de la identidad de Deckard (Harrison Ford). Siempre es un placer revisitar este clásico con mayúsculas de la ciencia ficción, pero poder hacerlo en pantalla grande es una ocasión que no se debe dejar pasar, y eso precisamente hice en el día de ayer, ya que en su día era demasiado pequeño.
Dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1982, está considerada como una de las mejores películas de la era moderna, y un título absolutamente de referencia a la hora de hablar de ciencia ficción en el cine. No en vano, la historia está inspirada en una novela de Philip K. Dick, autor de referencia para los aficionados a este género que tantas historias aporta y del que el cine bebe cada vez más. Dicha novela se titulaba "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", pero Scott buscó y buscó un título más atractivo y potente, hasta que dio con este de mayor relevancia.

Los Ángeles en 2019

Blade Runner nos sitúa en un futuro distópico, aproximadamente en el año 2019, donde la ciencia ha avanzado tanto que se pueden crear copias casi exactas de los seres humanos que se dediquen a los trabajos más arriesgados. Estos seres, que reciben el nombre de replicantes, son como una versión mejorada del ser humano en el aspecto físico, pero también tienen carencias a la hora de sentir y expresar emociones, eso si, el modelo Nexus 6 tiene el problema de que sólo tiene 4 años de vida. Aún así, debido a que su número ha crecido tanto en los últimos años, se acaban convirtiendo en una minoría que puede resultar peligrosa, o revoltosa al menos, y se prohíbe su presencia en La Tierra, si bien son esenciales en otras colonias fuera de nuestro planeta.

Harrison Ford (Deckard)


Los Blade Runner son los encargados de buscar y detener (o matar) a los replicantes que se mueven clandestinamente por La Tierra. Rick Deckard (Harrison Ford) es un Blade Runner retirado, pero tras la muerte de uno de sus antiguos compañeros, se le encarga la investigación del caso, originado por una fuga de varios replicantes último modelo (Nexus 6).
Pero el film, tiene características que pasan a la historia por si mismas, ya que la ambientación, esas pantallas gigantes con las imágenes de mujeres orientales haciendo anuncios o cantando, Coca-Cola o TDK en carteles de neón, las imágenes de la ciudad y de el edificio de Tyrell donde se crean los replicantes son inolvidables. En definitiva, hablamos de un diseño de producción pluscuamperfecto.

Sean Young (Rachael)

Si recuerdo, que en su día y como suele pasar a todas las obras maestras, no se recibió la película con mucho entusiasmo, ya que la gente esperaba un film con mucha acción e intensidad, y cuando se encontró con este metraje deliberadamente reposado y dispuesto para sumergir al espectador en una atmósfera negra y deprimente, la decepción fue gorda, pero es que no la habían entendido, no estaban preparados. Blade Runner no te levanta del asiento, sino que el aroma ciberpunk que destila, va calando poco a poco, sin darte cuenta te va embriagando, como esos álbumes que no te entran a la primera, pero a base de escuchas han crecido en tu interior, o un licor que al principio no te agrada, pero cuyo regusto final te satisface y quieres más. Tal vez es que su complejidad fuera difícil de percibir a primera vista, y fueran necesarias más pasadas para comprender la grandiosidad de su arte en plenitud.

Daryl Hannah (Pris) & Rutger Hauer (Roy Batty)


Una de las muchas cosas que le confieren al film en cuestión la categoría de sublime, es su banda sonora. Hay muchas veces que las bandas sonoras de las películas son un apoyo sin más, en este caso forma parte, o es la médula espinal de lo que se nos cuenta. Para ello Vangelis, que venía de ganar el Óscar con Carros de fuego el año anterior, define el tempo de la narración, contribuye de manera decisiva a la ambientación, y sobre todo nos sumerge en unas sensaciones que nos meten de manera definitiva en el universo futurista que propone el director, sin que nos demos cuenta.


En cuanto al reparto, la única estrella en ese momento era Harrison Ford, que ya había intervenido en La Guerra de las Galaxias (Star Wars), El Imperio Contraataca (The Empire Strikes Back) y En busca del Arca Perdida (Raiders of the lost Ark), taquillazos todas ellas.
Sus compañeros de rodaje no eran tan conocidos, pero vieron sus carreras despegar después de esta experiencia. Rutger Hauer  ha tenido una fructífera vida laboral, que se prolonga hasta hoy en día, así como la bella Sean Young, Daryl Hannah e incluso Edward James Olmos, estando todos ellos a un gran nivel.


Estamos sin duda, ante una película que no sólo es que ahora ya encabece las clasificaciones de mejores películas de cualquiera de los géneros que toque, sino que su influencia en cuanto a estética y narración ha sido enorme. A día de hoy muchos films siguen tirando de la madeja de éste, pero no le llegan ni a la suela de los talones.
Ahora, más de tres décadas después, parece que tanto Ridley Scott como Harrison Ford han decidido dar un paso adelante y rodar una secuela de Blade Runner, contando incluso con el guionista original de la película, pero con Scott de productor y otro director.

Os dejo con esa parte del film, en casa de Deckard, cuando suena el Love Theme, con Sean Young brutal.