En 1993 Tony Scott dirigió la que para mi es probablemente la mejor película de su filmografía, y donde contaba con el guión de un tal Quentin Tarantino, aunque el bueno de Tony lo cambió de arriba a abajo, algo que ha hecho siempre renegar bastante del film a Quentin, sobre todo porque la idea original era dar saltos temporales, pero Scott prefirió una línea cronológica.
El film narra la drástica historia de amor entre Clarence Worley (Christian Slater) y Alabama Whitman (Patricia Arquette), él que es dependiente de una tienda de cómics está enganchado a las películas de artes marciales y es fanático de Elvis Presley, mientras ella es una prostituta contratada por un amigo de Clarence para alegrarle el día de su cumpleaños. Lo que empieza como un encuentro pactado acaba en ardiente relación amorosa, en la que él decide alejarla de la calle, pero tendrá que enfrentarse a su chulo Drexl (Gary Oldman), y cuando va al club a recoger las pertenencias de ella, la maleta está llena de droga, asunto que provocará un reguero de muertes.
En una escena brutal Vincenzo Coccotti (Christopher Walken) es un gánster que desea la droga de la maleta, y para ello tortura a Clifford Worley, (Dennis Hopper) un agente de seguridad y ex-policía que es el padre de Clarence, pero antes de matarle tienen una tremenda conversación en que Clifford le explica a Vincenzo que los sicilianos proceden de los negros...