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martes, 27 de junio de 2023

Escenas míticas del cine (CCLXXXIX)

En 1963 Luchino Visconti adapta la inmortal novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo quizás la mejor adaptación de un libro al séptimo arte. Ambientada en el Siglo XIX, es la época de la unificación de Italia en torno al Piamonte, cuyo artífice fue Cavour. La acción se desarrolla en Palermo y el protagonista principal es Don Fabrizio, Príncipe de Salina al que da vida un magnífico Burt Lancaster, y su familia, cuya vida se ve alterada tras la invasión de las tropas de Garibaldi de Sicilia en 1860. Todos correrán a refugiarse en la casa de campo que tiene la familia del Príncipe en Donnafugatta. Hasta allí se desplazan, además de la mujer del Príncipe y sus tres hijos, el joven Tancredi (Alain Delon), sobrino predilecto de Don Fabrizio y simpatizante del movimiento liberal de unificación. 
Con una magistral dirección y una puesta en escena de fuertes influencias pictóricas, la película se sustenta en un guión adaptado rico en detalles y matices de Suso Checci D'Amico y ENrico Medioli, al que Visconti viste con las mejores galas, mientras la fotografía de Giuseppe Rotunno es extraordinaria, el vestuario es magistral por Piero Tosi y la música de Nino Rota es maravillosa, recuperando para la ocasión una sinfonía suya inacabada y un vals inédito de Verdi.


En la escena mítica del baile sucede una muy interesante conversación entre Don Fabrizio y Angelica (Claudia Cardinale), portentosa secuencia de insuperable diseño y la excelente música que incluye ese "Vals brillante" de Verdi.

Os dejo con la mítica escena.

viernes, 25 de septiembre de 2015

The Professionals (1966)

Cartel del film


Richard Brooks dirige en 1966 Los Profesionales, un clásico del western colocado por derecho propio entre los mejores de la historia del cine. Este director tenía ya joyas en su bagaje como La gata sobre el tejado de zinc (1958) y Dulce pájaro de juventud (1958) entre otras.
Con un reparto actoral de lujo, la música de Maurice Jarre y un excelente guión basado en la novela A mule for the Marquesa de Frank O'Rourke, Brooks firma un western crepuscular sobre unos paisajes desolados, desérticos, de sol abrasador, por los que se mueven unos personajes que son algo así, como los representantes de una raza de hombres acostumbrados a vivir a salto de mata, de un lado para otro de la frontera, unas veces de lado de unos supuestos buenos y otras de su propio lado, en una delgada línea frágil.


En el año 1917 cuatro expertos mercenarios son reclutados por un multimillonario llamado Joe Grant (Ralph Bellamy) con la misión de recuperar a su esposa (Claudia Cardinale) de las manos de un rebelde mexicano llamado Jesús Raza (Jack Palance). Raza había sido compañero de los profesionales contratados, Henry Rico Fardan (Lee Marvin) y Bill Dorworth (Burt Lancaster), cuando estos dos últimos se habían unido a la causa de la revolución mexicana.
Pero la historia tendrá un giro inesperado cuando ellos vayan al rescate de la mujer, ya que no era lo que les había contado Mr. Grant.

Claudia Cardinale, diosa

En este film destaca sobre manera la descripción de seres de otro mundo, en franca retirada ante el empuje de una civilización basada en automóviles y petróleo, en el que algunos tienen el dinero suficiente para que otros se ocupen de sus turbios asuntos. En este caso concreto se trata de cobardes plagados de dólares, incapaces de retener a una mujer capaz de convertir a algunos niños en hombres y algunos hombres en niños, cosa que se comprende muy bien cuando a uno de los personajes le preguntan sobre el porqué de una recompensa tan alta por jugarse la vida por una mujer, pero claro ¡¡¡qué mujer!!! una Claudia Cardinale en estado de gracia y guapa hasta decir basta (lo siento no puedo ser objetivo con esta mujer), con una sensualidad a prueba de bombas.


La lealtad a los pensamientos, el romanticismo que todavía existe de la rebeldía, la amistad, la integridad en el proceder, el amor pertinaz o el encuentro entre idealismo y realismo son varios de los temas tratados en el film, todos ellos de manera soberbia. Un viaje de ida y vuelta con un desenlace a la altura del peculiar sentido del honor, que todos ellos comparten de manera tácita.


Os dejo con el tráiler del film.

martes, 29 de enero de 2013

Escenas míticas de cine (IV)



Para mi la obra maestra de Sergio Leone, es sin duda, Once upon a time in the west (traducida aquí como "Hasta que llegó su hora") de 1968. Con uno de los comienzos más sangrientos y espectaculares de la historia del cine, Brett McBain (granjero víudo de origen irlandés) y sus hijos que viven en una zona desértica y pobre, son asesinados por una banda de pistoleros, antes de la llegada de su futura esposa Jill (Claudia Cardinale) que viene desde Nueva Orleans.




La primera escena en la que me detengo, es la llegada de Jill a la estación de tren, con la música de Ennio Morricone bestial, en la que se la ve como espera y no comprende porqué nadie ha ido a recogerla. Es con toda probabilidad una de las mujeres más bellas de la historia del cine y en este film está deliciosa, qué ojos, y qué belleza.











Frank (Henry Fonda), uno de los malos más malos de la historia del cine, recibe su merecido por parte de Armónica (Charles Bronson, quizás en su mejor actuación) que se venga así de el asesinato de un familiar directo suyo cuando él era pequeño, recordado con el tremendo flashback.
Es el duelo final, dónde ambos están de lujo, y la música de Morricone es gloriosa con esa guitarra cortante y los coros.