En el año 2012 Christopher Nolan cerró su trilogía gloriosa de Batman, que había iniciado con Batman Begins (2005) y El Caballero Oscuro (2008) (obra maestra) y lo hace con El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace. En aquella primera se centraba en la creación del héroe, mientras en la segunda salía airoso del reto más difícil posible, aunque fuera a costa de traicionar las reglas que había jurado cumplir. Ahora es el momento de la decadencia, de darlo todo y salir por donde se pueda. Aquí Batman y Bruce Wayne están más diferenciados que nunca, un Wayne que hace todo lo posible por agarrarse a la poca humanidad que le queda y un Batman en plan casi kamikaze para salvar Gotham a cualquier precio, donde un Christian Bale portentoso borda a ambos.
Un personaje que se agiganta mucho es el del comisario Gordon, al que Gary Oldman borda, y que es un personaje que empezó como un don nadie en la primera parte, en la segunda sube en importancia, pero aquí será crucial para ayudar a Batman cuando se lo pide.
Pero la diferencia es que aquí ya no está Joker, ahora el villano es Bane, bordado por un extraordinario Tom Hardy (que se puso bien fornido, por cierto), un malo muy potente, que hasta los 3/4 del film funciona perfectamente, es capaz de matar solo con sus manos, pero sus secuaces no dan sensación de peligro, como él, y además se diluye en la parte final, y creo que no se le aprovecha del todo, siendo un personaje lleno de potencial.
En una de las escenas de absoluto dominio del mal, Bane, antes de liberar a los reclusos de una prisión, da un discurso en el que astutamente dice que dará el poder al pueblo, pero lo que provocará es la anarquía total.
Os dejo con la mítica escena.