malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

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sábado, 18 de abril de 2015

poema drenaje



Soy la que habita esta malpagada soledad que llena todos los estadios de mi alma.
Eterna aleación de la hembra que vuela y naufraga.
Me estrecho para atravesar los domingos sin que me vean
de puntillas, insonora, indolora, como la nada.
Hago cuenco con mis manos, por si las lágrimas,
que luego vienes a pedirme la sal.

Traes tu voz calmante, para la desnortada niña que me vuelvo de vez en cuando,
que las hojas muertas borran los caminos de regreso
y cuando me nublo no me sirve ningún sol.
Traes el poema drenaje,
el deseo amplificado en tu mirada.
Toda mi extensión para ti, tan señalada de abismos y alambradas.
Hinchados de suspiros para respirar en los fondos
en la belleza submarina de algunos versos
que no se sabe si eran sangre o eran yodo.

Fabricar huidas y dejar atrás las costumbres,
sus manicomios, sus maromas.
Volvernos carnada,
dulce señuelo que pliega cual abrigo su coraza.
Intentar romper el día, partirlo como una baraja,
hallarnos en un punto impreciso pero precioso.
Sellar la noche en nuestros cuerpos
Un altamar del vicio hecho con nuestros restos
y que nos nazcan líricas branquias.

Sernos
Encerrarte en mi boca
y que el poema conspire bajo tierra
y eyacule cantos extremos
y árboles que serán ataúdes o libros.
Dueños de nuestra propia gangrena.
Con crayón darte mis más obscenos colores,
justo cuando las ideas en mi cabeza me ensucian la boca.

La aventura de la conversación que caliente el futuro de la próxima media hora,
las arrugas del mantel
augurando el oleaje del vino en la habitación
que ya se esculpirán mañana los fracasos de este momento,
ya volveremos sin remedio al mar de los sargazos
y a los lamentos.

viernes, 30 de mayo de 2014

neopreno


























no hay cicatriz que pueda con tu herida:
cela siempre un tesoro de amargura
la dorada morralla de la vida /Jon Juaristi/


Tuve, una piel tan fina como el papel de fumar
para sentir, el golpe de la mirada, lo turbio de la lengua,
el techo del éxtasis, la náusea de lo arrancado,
para sudar los deseos-incesante rocío
y celebrar la cadencia perfecta de un cuerpo sumergido en otro cuerpo,
como si me clavara un paisaje en la carne.

Ahora, se me desmaya la luz de la tarde
en el pontefract que queda entre nosotros,
construido con torpe ilusión,
devastado por lo anárquico del asunto del amor y su malicia,
cuando la sonámbula pena nos pasea por edificios gigantes y abandonados,
contando balcones, con sus saltos y moquetas tristes e infectas,
con sus luces parpadeantes y sus señales de éxit hacia ninguna parte.
Con el jaco de las canciones que atrapan momentos y surcan nuestras venas,
y con una portuaria nostalgia
de ramera de vino y sobremesa
que nos hace sentir hasta bien

La lucidez es un barranco que nos estalla por dentro
sin necesidad de tirar de ninguna anilla
llámese país, mujer o cicatriz en el filo
pero algo desnuda a la neblina que envuelve la nada
la nada efervescente que pica en la garganta.
Como si nos metiéramos en la cabeza de Dziga Vértov,
plano cenital sobre nuestra miseria, nunca rescatada, nunca recatada.
Perra insana que husmea la sangre bajo la ropa,
polvorienta y rocosa, luz del día que atraganta.

Para abarcarme por dentro sin reflejos,
haré de mi piel neopreno.
Coraza tributo que anule lo insondable del desenfreno.
Ancla tatuada en mitad del desgarro, demonios meridianos haciendo en tu nuca su trabajo.
No hay sombra en la ausencia, sólo esperas en incendio. Exilio de la oportunidad. 
(Por ser mansa, por apestar a lejía).
Pánico en la simulación de vuelo. El peso y el poso de los malos finales felices. Racimos de caricias que no fermentaron. Dudas, vidrio en los ojos mientras sueño que amputo los mares que un día nos eclipsaron. Cuando todo y digo todo, se arreglaba con un abrazo.


miércoles, 26 de febrero de 2014

porque somos una maraña de anclas frías que sueñan arenas en mitad del viento





































será esto (dile amor) una Atlántida
que «en un solo día y una noche terribles»
deja reguero de mapas que desnucan horizontes para siempre,
corriente melodrama inyectable en vena,
para pasar los días
herida de firmamentos?

será esto la sintaxis de cuerpos que no existe
ponerse perdidos y salpicarnos de amor en cada esquina
embadurnar la casa
mientras la rutina se amontona como nieve sucia en la puerta
que acabaremos devorando hasta salir huyendo?

será lo que se rompe y se pierde
  
el hombre que se rescata sabe que viene del plomo
y de la deriva de los inviernos
y de la hembra del eclipse entre las piernas
que deviene yunque estancado dentro
y de clavarse puñales locos y lentos en el mar de la memoria 
y sabe leer en lo turbio y no volver a nombrarla

porque somos una maraña de anclas frías que sueñan arenas en mitad del viento
y contenemos trazas de naufragios y cuchillos que reflejan vértigos
 
movemos el dolor de sitio,
/porque esto siempre tuvo algo de dolor/

mutación tan salvaje
del animal que lame la mano al desgarro en sus fauces
lo enterramos en las playas como cuando niños hasta que suba la marea
para que después sea el lodo de nuestro puño y letra infecta
para que sea alimento
para que sea un iris dilatado y desangrado en imágenes punzantemente bellas
es una fábrica de escozor y jardines,
de urgencias y abrazos que quebraron cimientos
y será una Insolación gozosa que nos abrasó hasta el hueso

es la trampa de pez abisal donde se ahuyenta la luz

donde tendemos la tragedia para que seque
donde amaina el viento que contiene suspiros y palabras arrojadas
donde amasarnos feroces las puntas y los huecos
el cuenco donde verter el óxido del hierro que se llora por dentro. 

sábado, 26 de enero de 2013

Escribir el rechazo - Kepa Murua


No sé si regresar al pasado
y verme en el final de una distancia
que congela las horas
y aquieta las embestidas del corazón.
Detrás de los gestos anodinos
la verdad de las cosas.
Luego llega la calma
la fluidez del mismo porvenir.
La palabra sostiene el silencio sin saberlo
y el silencio talla el pulso de la poesía
en nuestras manos.
No sé si volver mi cabeza
en el instante que la sombra gira
para contar los pasos
que nos sitúan uno frente a otro.
Es febrero y en el correo
una carta manuscrita
de quien he rechazado.
¿Ser rectitud o ser renuncia?
Ser repudio.
Ser permanencia.
Ser nada cuando empiezas.
Tiempo mientras eres.
Algo cuando llegas.
Ser nombre cuando mueres.
Pero más difícil todavía:
hombre cuando lo has perdido todo.
Alguien cuando te cuesta
hasta abrir la boca.
Así las palabras que se dicen
y no se escuchan.
Así febrero que nos impide ver
lo que hay más allá de nuestra sombra.
Así el silencio sin pretenderlo.
Reducir la vida a un gesto es de locos.
Traducir la vida a un mes no se puede.
Resumir sus pasos en un libro, tampoco.
Pero gritar, gritar sí.
Mientras la luz avanza
hasta el interior de mis ojos
en esta carta que leo
alguien se atreve a hacerlo
y lo hace con su puño y letra
como si escribiera en mi nombre.
No sé si merece la pena
situarse en un final
tal como nos ven los demás.
En un tiempo oscuro
cuando los nombres
que se escribieron en las paredes
caen por su propio peso.
Ser como pensamos que somos
no tiene desperdicio.
Pero ser diferente a otros
es demasiado atrevido
si en los gestos cotidianos
se oculta la verdad de las cosas.

 http://kepamurua.wordpress.com/

martes, 22 de enero de 2013

Yannis Ritsos

 
" En esta casa me ahogo. Y es que la cocina
es como el fondo del mar. Las pequeñas cafeteras
colgadas brillan
como redondos como inmensos ojos de peces
fabulosos,
los platos se mueven lentamente cual medusas,
algas y conchas se aferran a mis cabellos -no logro
arrancarlas,
no consigo alcanzar la superficie-
la bandeja se me cae de las manos en silencio -me
desplomo
y veo subir las burbujas de mi respiración,
suben
las miro e intento distrarme
y me pregunto: si alguien estuviera arriba y viera esas
burbujas, qué diría?
Quizás que uno se ahoga o un buzo tantea las
profundidades?

Y en verdad no son pocas las veces que descubro
allí, en el fondo del ahogo,
corales y perlas y tesoros de barcos zozobrados,
inesperados encuentros pasados, presentes y
futuros
casi una confirmación de la eternidad,
cierto alivio, cierta sonrisa de inmortalidad, como
suele decirse,
cierta felicidad, embriaguez, y también entusiasmo,
corales y perlas y zafiros;
sólo que no sé darlos -no, sí los doy;
sólo que no sé si pueden aceptarlos -y sin embargo
los doy.
Deja que vaya yo contigo. "

                                                                        (Soneto del Claro de Luna)





ahora ya nos quedamos aquí, como en las manos quedan manchas amarillas de polen
cuando se cortan flores en el jardín al atardecer, muchas flores
para los jarrones del comedor y los domitorios de los muertos
como el polvo del camino que se cuelga por la verja y espolvorea los tallos
como unos cuantos bichos alados o desalados,
y unas cuantas tibias gotas de rocío,
como esas arañas  finísimas e inevitables
que anidan entre las flores, y cuando se apaga el rojo ocaso en los cristales
se tiene la sensación de un cuchillo afilado que se arroma
por la sangre y la leche de las flores -una extraña sensación, mezcla
de terror y asesinato- una belleza ciega, amable, aromática e infinita,
una ausencia desnuda. Así es. Todo nos ha abandonado. 







A mí -dice me coges...                       
A mí -dice- me coges.
A mí me encierras
me matas.
¿Puedes coger aquel pájaro?
¿Puedes matar
el aire que escondo
entre mis uñas?









¿De verdad? ¿Has recibido carta?
¿De verdad? ¿Has recibido carta?
Rómpela
luego la recogeremos
trocito a trocito
la pegaremos
y la leeremos.
¿Escuchas los disparos?





El guante que llevas...
El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

domingo, 6 de enero de 2013

No - Susana Thénon






Me niego a ser poseída

por palabras, por jaulas,

por geometrías abyectas.

Me niego a ser

encasillada,

rota,

absorbida.

Sólo yo sé cómo destruirme,

cómo golpear mi cabeza

contra la cabeza del cielo,

cómo cortar mis manos y sentirlas de noche

creciéndome hacia adentro.

Me niego a recibir esta muerte,

este dolor,

estos planes tramados, inconmovibles.

Sólo yo conozco el dolor

que lleva mi nombre

y sólo yo conozco la casa de mi muerte.

sábado, 5 de enero de 2013

La caída - Beatriz Vignoli




Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.

viernes, 5 de octubre de 2012

como Lisboa en 1755



el problema es que quiero interpretar tus caricias, repetir la escena frente al espejo, quiero función diaria con el mismo reparto. sabes que también tienes que fichar en mí y que sólo vale tu huella y tu hebilla. así se enciende la luz roja.  - si hubiera una luz roja al final del dichoso túnel nadie intentaría evitarla, no crees?- 

una sale a la calle y obedece semáforos y rostros conocidos. una compra un libro y se llena de paz. un escudo protector lleno de poesía. un halo que te dice: calma. una sobrevive sin alardear, en una ciudad llena de calles con nombres de muertos. callejero-cementerio. doble de queso y una sin. una sin qué? sin vida, sin rabia, sin tensión, sin pasión, sin tu mano oprimiendo mi cuello mientras me indagas. yo es que contigo he hecho un pantallazo de tetris maravilloso, salían chispas de nuestros raíles, ardían como Lisboa en 1755. era la rama que crujía con tu peso. la junta de dilatación que quería fallar y filtrar tu ansia.  
dame tus noches a solas, dame cada una de las vueltas que das buscando postura, dame ese gesto ancestral que llevas dentro como el buen can que eres, como el lobo que te habita. marca el territorio de tu carne. yo quiero hablar con el enemigo. quiero abrazarlo. quiero agarrarme a lo incurable que llevas dentro. empeñarme al diablo por tus madrugadas. una sonrisa sucia y una inexplicable rabia. gastar tu boca, tu nombre y tu alma. y que me digas qué hacer con el desolador deseo de amarte a todas horas. dónde lo meto, cómo aprendo a vivir con él, dime. eres mi vocación, mi escondite y el momento en el que me rindo. una tragedia maravillosa, una instantánea de ciudad abandonada, una polaroid en las manos de un niño que cree en la magia, un horizonte de antenas y ropa tendida. la distancia es un cristal y ando buscando piedras. amanezco muy brusca. será culpa de la ausencia. al otro lado de la noche hay pájaros durmiendo en las ramas. esperando volar, imaginando el vuelo. yo también, desciendo desarmada, dando la espalda al dolor, blanco fácil. crece la sangre, y crece el deseo. se demoran los besos mientras te recreas en mis afueras. lame el perímetro que te aflige y que te alimenta. es tuyo, terreno cercado, con perros salvajes que lo amparan. si el dolor es tierno como un amor de verano, yo soy la cala y espero el desembarco. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

center - Andrea Cote







































A las cuatro y cuarto
entre los viajantes de Chinatown
le digo:
Yo sobreviví al terremoto y al agua.
Soy 1979 partiéndose en dos
y lo que usted piensa ahora mismo,
también lo soy.
Soy una muchacha suave
-soy china-
Como esa que cree usted
se vería mejor callada
y despeinada
en otra parte
y no aquí,
que se vería muy bien desnuda
y estirada
en un cuadro de Modigliani.
Soy ella.
Sí.
Y, por supuesto,
señor,
yo soy Modigliani.
Soy la punta de la estrella,
y la cosa de papel que cae desde el aire en los aniversarios,
el autor de la teoría
de que el espíritu
es el hueso que no se puede roer.
Soy las ganas de romperse y de decir algo.
No puedo pagar la entrada al cine,
pero salgo en todas las películas
y por eso estoy sucio
y cansado
y más triste que dios.
A esta hora soy el cartón
y la masa
y la muchacha ideal,
la esterilla de papel
y la esquina morada
y lo que dejaste en la estación.
En el año de 1979 yo le doy la vuelta a mi casa
y la hago explotar.

Yo soy el pie en el estribo
y la última cosa en que pensó Paul
y soy capaz de decir cualquier cosa porque estoy sucio
y no puedo pagarme la entrada al cine.
Soy el autor de la teoría del espíritu
y soy un lado del espíritu

soy la muchacha ideal.

En verdad,
señor,
yo soy Chinatown.
A toda hora
y en demasía,
tengo una calle en cada esquina del mundo
y soy,
naturalmente,
lo único que nos queda.