¡Al abordaje!
Esta mañana encontraron a Cloe tirada en la playa desvariando sobre un barco maldito y unos piratas sin rostro que les habían abordado. La capitana de ese buque, Elizabeth, era un ser sin corazón que solo buscaba tesoros y no le importaban nada las personas a las que estos pertenecieran. Había tomado su barco y, al ver que no llevaban nada de valor a bordo, entró en cólera y empezó a destrozarlo todo. Mandó apresar a Diana y echó un bote al agua. Dijo a Cloe que subiera y que fuera a tierra para conseguirla algún tesoro y que, como no volviera antes del anochecer del día siguiente, su amiga lo pagaría muy caro.
Cloe remó como alma que lleva el diablo. Estaba agotada cuando llegó a la costa de las MiniDamiselas y nada más pisar tierra firme se desmayó, exhausta.
Al conocer la historia, todos pensaron en cómo ayudar a Diana, algunos querían ir a rescatarla a la fuerza, pero sabían que no podrían con los tripulantes del buque maldito. Tardaron todo el día en recolectar suficientes tesoros para que Elizabeth estuviera contenta y consiguieron un barco para que Cloe volviera a por su amiga.
Mientras tanto, en el barco de Cloe, la capitana sin corazón interrogaba a Diana sobre todos los lugares que había visitado y si había algo que mereciera la pena en alguno de ellos. Diana no le hablaba de los objetos materiales, sino de las personas, la contaba lo bien que las habían tratado aquí y lo bien que se lo habían pasado allá... Elizabeth se estaba desesperando y empezaba a pensar que a la muchacha la faltaba un tornillo. Entonces la preguntó sobre su procedencia, a lo que Diana solo contestó con un agachamiento triste de cabeza. La capitana percibió sus sentimientos y la dijo que si había dejado a alguien querido en tierra. Diana asintió y dos lágrimas cayeron por sus mejillas, empezó a relatarla su infancia. Cómo, de pequeña, había sobrevivido a una tormenta mientras que, el resto de tripulantes del barco, habían perecido. La adoptó una familia amable y fue feliz con ellos, pero al caer enfermo su padre adoptivo, su madre decidió que no podía ocuparse de ella y la mandó con su amiga Cloe, para que aprendiera a amar el mar de nuevo.
Cuando Diana terminó de relatar su historia, levantó la cabeza y vio, para su asombro, como Elizabeth también lloraba.
-"Yo también perdí a mis padres en la mar"- dijo ésta como respuesta a la pregunta que Diana no había llegado a formular. -"Me tiré años buscándolos, no quería creer que hubieran muerto. Después de estar tantos años vagabundeando por el mar, ya había olvidado el motivo de mi viaje. Yo no quería terminar así, no quiero ser la clase de persona que hace daño a otros. Gracias por recordarme mi verdadero motivo."- Y diciendo ésto cortó las cuerdas que rodeaban a Diana.
-"Eres libre."- Dijo mientras cruzaba la puerta.
-"¡Elizabeth!"- dijo Diana, y la aludida se volvió. -"Buena suerte."-
La capitana sonrió y la dio las gracias, subió a su barco y dijo a su tripulación que había cambiado de opinión, que por esta zona no había nada de valor y sería mejor tomarse unas vacaciones.
Cuando Cloe vio su barco alucinó al ver a Diana en la cubierta, sola, esperándola. La contó lo que había ocurrido y ambas volvieron a la costa para devolver sus pertenencias a toda la buena gente del pueblo de las MiniDamiselas.