Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Gaspar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Gaspar. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de enero de 2023

Sergio Gaspar y Fonollosa. Un poema



         En provincias, que se decía entonces, también florecen rosas. Incluso azules y poéticas. Sucede en Logroño y en esta ocasión durante el invierno. Allí vive Enrique Cabezón y su 4 de agosto ediciones. De él florecen esos cuadernos ocre profundo, mínimos de tamaño, amplios de intenciones y doble grapa. No conozco a Enrique, pero sí tenemos amigos comunes, lo que me ha permitido, junto a otros, construir una entrega homenaje a José María Fonollosa, el poeta que, dicen, escribió libre, lejos de miradas lectoras y cerca del hombre y sus obsesiones. Bajo el título Ciudad Fonollosa vio tinta y luz en Logroño a finales de diciembre. Y lo hará pronto en Madrid. Contiene 27 poemas del barcelonés –cuyo centenario ha pasado de puntillas– en diálogo consentido o forzoso con 27 poemas contemporáneos. Con 27 poetas. Muchos son amigos personales; otros, buenos amigos ocasionales de lecturas o saludo. Con otros permanezco a la espera. 


   De entre todos elijo (viene al caso tanto por este sarpullido enero repleto de ediciones y presentaciones como por esa vocación de estar presente que a tantos sofoca) el texto del poeta que fuera editor de éxito y/o de culto, que sigue llamándose Sergio Gaspar, y que titula

 

EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA UN ESCRITOR NOVICIO

 
A ti, que soy yo, que eres casi cualquiera,
que somos la mayoría plácida e inmensa,
que vive y camina por la ciudad del hombre:
 
entre que publicasen tu libro
o el libro de otro ¿qué elegirías?
 
Entre que apareciese una entrevista contigo
o una entrevista con otro, ¿qué elegirías?
 
Entre que te invitasen a un congreso
o le invitaran a otro ¿qué elegirías?
 
Entre ganar ese premio que deseas
o que lo ganase otro –piénsalo bien,
porque tienes mucho tiempo para hacerlo
y, además, seguramente no vas a ganarlo–,
¿qué elegirías?
 
Entre que se conociese y aplaudiese tu obra
o la obra de otro, tal vez mejor que la tuya,
si pudieses elegir, cosa que no está en tu mano,
pero sí en tu deseo, ¿qué elegirías?
 
Cuando tengas preparadas las respuestas,
podrás comenzar a escribir tu primer libro.

martes, 23 de marzo de 2021

Un inédito de Sergio Gaspar: Romance infiel de la distancia social

 









    No vive en la paz de los desiertos quevedianos, pero si con libros junto. El sosiego que sigue a la agitación editorial no ha apartado a Sergio Gaspar de la poesía. Sin ganas, de momento y según confiesa, de editar cuanto escribe, dice hacerlo desde el refugio de una libertad que procura más irónica que contundente. Nacido en Checa (Guadalajara), lugar a donde vuelve con frecuencia estival, este barcelonés de pro busca para el solaz el camino de los bosques, los escenarios del silencio ángel y las encinas. Como bien se sabe, tuvo la osadía de hacer nacer, crecer y fenecer a una editorial de culto, DVD, que sigue viva en la memoria de los que la quisieron. Y marcó tendencias. ¡Aquellas albas portadas! Ni envidioso ni envidiado, pero sí lector atento de poesía y otras artes, escribe de los males y bienes que gratuitamente se le ofrecen y contempla. Colabora en El Cuaderno Digital (ver último artículo) y ha querido hacerlo también en Mientras la luz con un poema inédito. ¿Una dulce y acerada sorna acerca del poeta, de la moda forestal, de la forzada distancia, del romance desestructurado? El poema.

 _______________

Romance infiel de la distancia social

 
(Pasando el verano de 2020 
en los apartamentos de Villa Engracia, Les Masies, 
Conca de Barberà)

 
Corría aquel exótico verano de la covid-19,
cuando quiso el poeta poner fin a su exilio
y repatriarse a España.
 
Porque el mundo es extraño,
y porque a algunos nos gusta que los muertos regresen
y porque hay muertos que a veces aceptan regresar.
 
Al pie del monte de Poblet,
en el arranque del barranco de Sant Bernat,
allí nos encontramos en la tarde de julio
azul y rosa y transparente, como un dios
horizontal y deseado.
 
Nos sumergimos en los árboles,
entramos hondo en la tarde,
Juan Ramón y yo,
entre ternuras redondas,
entre los troncos constantes,
mientras la brisa volvía
con una caricia suave
el bosque en un instrumento
de música silenciosa.
 
No recuerdo si algún pájaro nos dio la bienvenida.
Recuerdo, eso sí, que una muchacha de oro,
criatura afortunada pedaleando el aire,
presencia casual efímera surgiendo de un sendero
montada en su veloz bicicleta de montaña,
a punto estuvo de llevarse
al poeta por delante.
 
Andábamos en silencio.
El bosque se volvía
de un verde más oscuro
instante tras instante,
de un verde que brillaba
en el nublado de nácares,
como el ascua gigante
del día al apagarse.
 
La soledad era eterna,
el silencio inacabable.
Detenidos un momento,
oímos hablar a los árboles.
 
¿No los escucha usted?
Me están hablando, como antes.
 
Maestro, le dije al maestro,
ahora no está de moda
hablarlos sino abrazarlos.
Es la tendencia, maestro.
Calma la mente y el cuerpo.
 
¿Está seguro?, me dijo.
Estoy seguro, le dije.
 
Gracias. Probaré entonces.
 
El poeta se arremangó,
eligió un pino alto, verde,
como el Moguer de su infancia,
y se abrazó a su tronco.
 
Abrazado a su tronco.
oyó a aquel árbol hablarle:
Ojo, mantén la distancia.
Son dos metros. ¿No lo sabes?
 
Se daba cuenta de todo.
No quería contagiarse.
 
Juan Ramón me miró,
no sé si con ira o tristeza.
En la tarde melancólica,
oí decirme al poeta.
 
¿Para esto querías
que regresase de mi muerte…?
(Perdón, me había olvidado
de la rima del romance).
¿Para esto querías
que de mi muerte regresase?
¿Para escribir un chiste
y hacerlo pasar más tarde
por un poema moderno
o posmoderno o quién sabe?
 
Y ya muy tarde, más tarde,
entre los campos de vides,
miré a aquel viejo alejarse.
 
Se daba cuenta de todo
-porque la patria es la muerte-
y deseaba marcharse.
 
Y yo me fui,
porque se hacía tarde.
 
Y se quedaron los árboles hablándole.
 
 

lunes, 21 de enero de 2013

En semanas como la que pasó



Dice el jefe que, salvando Chile y Portugal, aquí se juntan todos los poetas que pueden soñarse. Tiene razón desde Lope de Vega. Madrid es así. La acumulación de actos, leedores y lugares continúa creciendo. Un nuevo lugar para las Jam´s, El Dinosaurio de Lavapiés8, y otro nuevo espacio:; un subterráneo en calle Reina37, se unen al Palacio de Cibeles. Hay poetas para todo, para todos. Veamos. Este año tampoco habrá rescate para la poesía. Goza de mejor salud que la banca. Y no necesita caja B. Por cierto, qué buen nombre sería Bárcenas para un buen poeta.

Martes 15

Ricardo Fernández Moyano, es de Albacete, reside en Zaragoza y vino a leer a Madrid. Estuvieron sus editores A. Huerga y C. Fierro. Escribe delgado y corto, algunos poemas se reducen a un verso. Sirva éste de ejemplo: Es larga la noche sin luna. Ricardo apenas leyó. Leyeron  por él María Monjas, Laura G. Recas y Marisa Peña. También Ángel Guinda. En la presentación, dijo Pepe Cereijo a los 30 oidores: el libro es el testimonio de que el poeta ha descubierto que la vida iba en serio. La poesía también debe ir. Estuvo animado el coloquio. El poeta José Luis Morales insistió en la lateralidad frugal del yo poético, Manolo López Azorín defendió el valor del poema independiente de la persona desde donde se aborda. Cereijo recordó el viejo tema del poema como objeto, como producto distinto al poeta y el recurso del tú autorreferencial para establecer una cierta distancia. Luego, entre vinos, y más socarronamente, se abordó el tema de los poetas de tracción y los poetas de madriguera, tema sobre el que tiempo habrá.

Miércoles 15

Miguel A. Yusta, Marisa Peña, Laura Gómez Recas y Rafael Soler
La FNAC se vistió de fiesta, de guirnaldas, de alegría. Este redactor entró al ajetreo con Jesús Arroyo y formaron parte del centenar de personas que se agolparon, sedentes y erectos, para concelebrar la presentación de dos libros. Quadrivium, una editorial catalana e iniciática, lanzaba los libros de dos madrileñas, de Marisa Peña y de Laura Gómez Recas. Dos poetas orales, que han roto sus horas leyendo en locales y convocatorias por toda España y en Bruselas. Para Marisa es su tercer libro, para Laura el primero. En la mesa estuvieron flanqueadas por el aragonés Miguel A. Yusta y por Rafael Soler. Dos primeros espadas, sin duda. Me conmovió Marisa al citar a Ángela Figuera para presentar su libro. Leyó maravillosamente. Yusta dijo de ella que es una poesía de lo inconforme, de lo vital, del afán y las ansias, de la necesidad. Soler dijo de Laura que entiende el lenguaje como lugar de encuentro, como emoción. Habló de la tensión perfeccionista que la anima. Y Laura, que leyó maravillosamente, habló de la concepción del libro como un conjunto de poemas que la explican, donde lo rojo, donde la amapola, roja y débil, es el símbolo del existir. Algo dijo de sus dudas para dar el sí a la edición. Ambas, cosa curiosa, dieron las gracias a sus familias, desde abuelos a hijas fotógrafas, por haberles permitido el hacer poético. La sala llena. Un inmenso murmullo. Una enorme fila esperando la firma. Ana Montojo, María Sigüenza, Isabel Miguel, José María Garrido, Juana Vázquez, Hilario M. Nebreda, José Miguel Arranz, Ana Galán, Antonio Capilla, José Cereijo, Ángel Guinda, Ana Garrido, Fernando Fiestas, Jesús Arroyo, Ángeles Fernangómez, Rosa Jimena, José Luis Gracia Mosteo, Gonzalo Melgar, Guadalupe Covadonga, Silvia Cuevas, Rosa Silveiro… llenaban los corrillos de las conversaciones. Una fiesta.

Jueves 16

Concha García
No termina de arrancar lo del ciclo Favorables en el Palacio de Cibeles Y es un ciclo ambicioso. Escaso público, unas 27 personas, en la lectura de una de las primeras damas de la poesía en España, la barcelonesa, la cordobesa, Concha García. Causas: ¿falta divulgación? ¿el formato? ¿el conductor? Juan Carlos Suñén presenta al invitado/a por medio de una larga entrevista no siempre entretenida ni afortunada. En esta ocasión, con poco fruto y extendida en el tiempo. 45 minutos son demasiados. Cuando la poeta comienza a leer la atención está agarrotada, si no muerta. Leyó Concha de sus últimos libros. Me interesaron los inéditos, donde su poesía discursiva y observadora se acerca a la descripción del instante: intuición, rapidez de registros. Fugacidad en fondo y forma. Me sorprendió la presencia de la ventana en tantos de sus poemas. La insistencia de la mirada escrutadora sobre la calle, la presencia de la poeta como testigo oculto de la vida, de la sorpresa de la vida. Y la mujer siempre. El ciclo, que se ocupa de poetas nacidos en los 50, anuncia para febrero la presencia de María Antonia Ortega. Entrevista y lectura. Tiempo más tiempo.

Viernes 17

Elena Medel y Sergio Gaspar
A la misma hora Sabina y García Montero presentaban, a sala repleta, Las Identidades, el libro de Benítez Reyes en la colección pija de Visor. Media sala en el Círculo para el Homenaje que Manuel Rico y Javier Lostalé habían ideado para Sergio Gaspar. Necesario. Unas 70 personas, en su mayoría poetas. En las últimas filas Juan Carlos Mestre y Julieta Valero. Mantuvo Sergio un gesto adusto (para cuando me ves tengo compuesto) durante todo el acto, que fue largo. Se trataba de glosar, valorar y agradecer el riesgo editorial de DVD, el empeño surgido a mediados de los 90 como alternativa a lo que apestaba a establecido y convenido. Se trataba de decir que era entendible el final de la apuesta, por valiente. Habló Lostalé, centrando el acto, habló Eduardo Moga sobre la identidad del proyecto clausurado, habló Jordi Doce, componiendo un centón exquisito con versos y títulos de la editorial, habló Juan Manuel Macías y habló Manuel Rico que leyó un poema de Sergio de corte gilbiedma sobre la fugacidad de los goces, sobre la vida en serio. Y habló Sergio Gaspar. Simplemente, dijo, para dar las gracias, para decir que DVD mereció la pena, para señalar que la rica creación española está herida, abandonada por los lectores, la sociedad civil y la institucional. Y que no se arrepiente de haber intentado defenderla. 
Tres checanos. Tomás, Antonio y Sergio
Se emocionó cuando vio en la sala la presencia de sus paisanos de Checa que acompañaban a este redactor, léase Antonio M. Mansilla y Tomás Mansilla Arrazola, dijo que esperaba en el acto a poetas y editores, pero no a checanos. Y señaló con fuerza que “al igual que su padre, cuando deje de ser todo lo que es, lo último que le quedará será ser de Checa”. Lo que dicho por alguien que llegó a Cataluña con un año de edad es decir mucho de su persona. Leyó luego el poema Algunos metros de infinito (ver aquí vídeo) de su libro Estancia, conmoción de la madre reducida. Y otros poemas que hablaban de ruinas, de derrumbes, y de la necesidad de reconocerse en ellos. María Fortuny, su mujer, escuchaba. Poetas de la casa pasaron luego por la mesa para agradecer y/o leer. Pablo García Casado, García Román, Martín Vega, Elena Medel, Antonio Lucas y Fernández Mallo entre ellos. No fue lo mejor, aunque sí necesario.    

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Dos poemas
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
(II)

Se nos quebró la luz y la esperanza
en el último instante del abrazo.
Yo envolví tu recuerdo con silencios
para que se durmiera, sin pudor,
en mi regazo oscuro.
Allí estará por siempre,
indemne a la derrota,
a salvo de ese mundo y de esa niebla,
herida por la luz de lo perdido.

 Marisa Peña

Derrota

Demora de mis dedos en tu cuello
en tu perfil clavado en mi mejilla,
demora de mi cuerpo entre tus brazos,
de mi piel elevada a tus pupilas.

Acércame a la altura que no encuentro;
prendida estoy. Y  estoy casi vencida,
a rama de tu amor, casi hoja muerta,
en pleamar, adiós, casi ceniza.

Laura Gómez Recas