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¿Moda? ¿Necesidad? ¿Economía de medios? Es el caso que el final de la primera semana de febrero, tenía convocados dos recitales a dos. El jefe insistió, con suavidad, en que asistiera.
| El cartel de Laura y Jesús |
Jueves 2. Uno en la moto y otra en el sidecar. O viceversa. Dando vueltas por Libertad8. Hasta que el artefacto volcó delante de los 57 fieles. Llegué tarde. Al entrar vi a Jesús Arroyo con el manillar en la mano. Lamentándose de que su generación no corrió ante los grises ni le ocurrió el 15M. Problemas de vivir en los cincuenta. Son como niños. Como poetas. Recorrió lo suyo, sus textos, con una gran voluntad. Luego llamó a Laura Gómez Recas, para iluminar la escena, sin duda. Había salido ilesa del vuelco y estaba anunciada. Leyeron dándose alternativas. La sala estaba llena, pero se quejaron, en sus poemas, de la holgazanería de Dios: que tiene su casa, y los ánimos de las gentes, sin barrer. Aunque todo con humor. Ángel Guinda llegó a gritar un viva los novios que nadie siguió. Se apresuró. La verdad es que la sala estaba caliente. Enrique Gracia salió a fumar un cigarrillo como suele. Y no volvió. No estaba alegre Emilio Porta. Isabel Miguel, lindamente tocada su cabeza.
Que fuera y contara qué es eso de Poesía en sidecar y su mensual romería, dije que me insinuaron. Pues eso, jefe: chico y chica que se encuentran y se emparejan para montar en moto, para leerse. Aunque vuelquen y se levanten sacudiéndose la tierra. Suelen hacerlo todo con gracia, con alegría. A la vista de todos. No hay más. Disfruté. Volví a la redacción cuando la marabunta buscaba bar. No conocía a Jesús. Laura es un encanto. Otros que están en el jaleo son Ángeles Fernangómez, Rosa Jimena, Laura Caro, Luis García, Luis R. Suárez, Aaron García Peña, Manuela Paso, María García Zambrano, Leire Olmedo… el bullicio.
| Carmen Jodra ha reeditado con La Bella Varsovia Rincones sucios |
Viernes 3. Ahora sí, amigo Javier Avilés, tu Red de Arte Joven y Miguel Losada han logrado dos jóvenes en La Cacharrería. 20 personas les esperaban. La noche era fría, pero en el Ateneo había calorcito. Público joven, abufandadado, con Bárbara Butragueño en la fila primera. A la mesa, un dúo de licenciados en clásicas: Carmen Jodra y Diego Román Martínez. No leyeron, musitaron. Los micros, alejados, decidieron también no colaborar. Sus voces brotaron apenas inteligibles. Sufrimiento para los escasos maduros oyentes.
Carmen, en lo que me llegó, magnífica en sus poemas, pero torpe al no dejar que se defiendan limpiamente. ¿Por qué los justifica? ¿Por qué se justifica con amplias digresiones previas? Es dueña de una poesía flexible y aromática. Mimbre y albahaca. Estoy deseando oírla sin que se esconda. Aún y así leyó con más soltura que su compañero. Diego ejerce con una poesía que busca el combate sensible. Armónica. Orientada en laberintos de amor y humor. Y el compartido gusto de leer entre amagos.
A medio recital, la sorpresa. Entre los dos sacaron, de un bolso al efecto, una imagen, religiosa, pequeñita y llena de orificios para alfileres. Era un San Sebastián, el mito del desnudo masculino, remarcaron. Dedicatoria a Miguel Losada. Y en presencia de ambos, glosaron su leyenda dorada con lecturas en griego y latín. Son de clásicas y ejercen. Leyeron a Santiago de la Vorágine con intención erótica. Hubo loas al amor sólo entre hombres. Catulinarias. Cosas.
En el final, Carmen dijo un poema de Diego, de su libro Unción de enfermos, añadiendo emoción a una belleza limpia. Sirvió para olvidar la mala jugada de los susurros encogidos, de los micrófonos vagos. Fuera hacía frío. Lo testifico. Vino el jefe conmigo. Volvimos en búho a la redacción. ¿Algo tarde, no?
Vaguedad
Ya no sé lo que creo ni lo que soy.
Me gustaría ser perfecta:
ni hombre ni mujer,
material pero sin mancha alguna
de materia.
Sin embargo mi peso en el colchón
me dice que me deje de bobadas.
Me gustaría ser perfecta:
ni hombre ni mujer,
material pero sin mancha alguna
de materia.
Sin embargo mi peso en el colchón
me dice que me deje de bobadas.
(De Carmen Jodra)
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