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domingo, 3 de junio de 2018

Balance, un poema de Elvira Daudet

      Hoy que su cuerpo se consumirá de forma definitiva, quiero decir que pocas voces han sido capaces de transitar por y de trasmitir las emociones con la poderosa claridad de Elvira Daudet. Tenaz dentro de un físico frágil, encontró en la poesía, como también en los y las poetas, el bálsamo suficiente para revivir. Mujer enhiesta en dignidad, me honró permitiendo que la acompañara en la presentación de su Poesía Completa (Evohé, 2016) tarde, junto a tantas otras, en que fuimos felices juntos. El frío nunca volverá a ser violeta, doce rosas rojas te acompañan. Vuela Elvira. Puedes porque tú nos diste alas.


Todo está consumado, es hora del silencio.
Os di la entraña,
lo que tuve más mío y verdadero
en el extraño viaje
que me correspondió:
el frío violeta y el horror de la España
del grito sofocado por los ríos de sangre
que pudrieron mis ojos infantiles.
Los grumos del dolor inconcebible,
mis tres mejores versos, escritos al futuro
en la sangre más joven, más entera,
coagulada en las rosas fallidas del invierno.
Abrí sin compasión los labios de la herida
para mostrar el cráter de lavas destructoras,
la triste cordillera de cenizas
que invadieron la aorta y ahogaron el amor.
Es hora de callar, todo está dicho.

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Público versus lectores?

Del blog de José Luis Martín


      Está el ambiente madrileño de homenajes poéticos. Y Gloria Fuertes arrasa. Tiene pinta de ser tan popular y tan extendido como el de Miguel Hernandez de hace siete años. No es fácil ser un poeta extendido, una poeta extendida. Pero Gloria y Miguel lo son. En esa alegría estamos todos. Público y lectores. Como está por Madrid, de paso y vuelta a/de Sevilla, el vasco Karmelo C. Iribarren y no nos fue posible ir a escucharle. Su poesía en distensión está muy de moda. Dice El País. Y eso ha cabreado a muchos. Y ha enervado los ánimos. José Luis Martín incluido. Público versus lectores. El reportaje a toda página del diario de Cebrián duele a quien no lo tiene. Pero los poemas de Karmelo, tan amables, tan casi sin esfuerzo, no son mejores que antes tras el desparrame. Tampoco peores, no sean malos.


Foto de José Luis Torrego

      Nosotros estuvimos escuchando a Miguel Ángel Curiel, un poeta fértil, que a veces baja desde su retiro lucense. La cita fue en Enclave, marzo y 15. Hasta él, que es español nacido en Alemania hijo de extremeños, llega la generosidad inclusiva de la Editora Regional de Extremadura que ahora maneja Eduardo Moga. Allí le han impreso El nadador. Y vino a presentarlo a Madrid. Siempre lo hace. De forma simultánea Amargord daba a luz sus Luminarias II, conjunto de apuntes a modo de dietario en donde el poeta coquetea con la sugerencia del poema, sin atreverse a fijarlo. O tal vez sí. Porque la poesía, si es conciencia del mundo, habita donde encuentra calor, independiente siempre del habitáculo que le preparemos. Cuántos poemas canónicos han escuchado sus pasos -los de la poesía, digo- alejándose. Me lo recordaba, ya en la calle y con los fumadores, el poeta Raúl Nieto de la Torre, que pronto presenta.  Allí, en la calle Relatores, voceaba José Luis Reina Palazón su traducción de la poesía suiza contemporánea, que pronto tendrá lanzamiento. Antes, en el interior, Paloma Corrales, un puntito azorada, pero tremenda en su decir, leía un texto de presentación que enaltece esta actividad. Restallante. Un fulgor. Un texto cuidado que venía a jugar, cartas contra cartas, con la poesía de Curiel. Un reto de pisadas complementarias. Un elogio a la locura de ser poeta.

Foto de MCBarri




      Poekas quiere decir poetas de/en Vallekas. Así, sin más. A sus tertulias habituales suelen invitar a un poeta de referencia. El jueves 16 estuvo allí Elvira Daudet. Qué distinta la lectura cuando se realiza sin escenarios rigodones sino a la misma altura, cara a cara y sin micrófono. Encerrados todos con un único juguete, el del temblor que la palabra pueda convocar. Elvira es frágil de cuerpo y de acero su decir. Se ha ganado pulso a pulso el reconocimiento presente. Leyó poco, no suele leer más de seis o siete poemas, largos, de los suyos. Esta vez evitó el desamor como pretexto. Eso da muestra de su alegría actual, y de su belleza. Los oyentes colaboraron con lecturas alternativas y/o dramatizadas. Pronto será nombrada de forma pública poeta de referencia en el barrio y se editarán, por Bartleby, 1500 ejemplares de la antología que le preparó Lastura hace unos años. Porque se difunda. Porque el lector se convierta en público. Y viceversa. Que nunca viene mal en este oficio con voluntad -a veces- de secta exclusiva.

martes, 22 de noviembre de 2016

Un poema de Elvira Daudet: Autorretrato

Con este poema inició Elvira Daudet su lectura de ayer en Libertad 8
_________________________________________________________

Me llamo Soledad y estoy soltera,
quiero decir
que voy sola al abogado, al médico
y consumo mi vida
de ventanilla en ventanilla,
en esa lenta droga llamada burocracia.

Tengo dos hijos
a los que educo para hombres,
en la medida que una mujer
puede hacer hombres.
Tengo veintiséis años
y a veces, enfermo de ternura.
Estoy tan sola
que alguna vez me paro ante el espejo
y me sonrío.

Otras veces, para no enloquecer,
me coloco las pestañas postizas,
los lunares,
me encajo la sonrisa
y ensayo
el pequeño suicidio del diálogo.

Todas las madrugadas
recibo la visita de un extraño
—siempre el mismo—
al que caliento la cama hace ocho años.

Solo por esto me mantiene.

martes, 27 de septiembre de 2016

Ay, septiembre, primer fogonazo

Ay, septiembre, primer fogonazo, fin de la mansedumbre, armazón de entelequias, mueres y apuntas lo por venir, el calendario furioso de las lecturas, de las presentaciones.

      Ay septiembre, Comenzaste para nosotros en Valdepeñas, con la lectura de Antonio Hernández en el Museo del Vino. Sábado 3 y de mañana. Precedida vino de un texto de Pedro A. González Moreno que dibujaba con precisión las coordenadas del hacer histórico del poeta de Arcos. Su lectura, ante una sala repleta, estuvo dominada por la cercanía. La palabra de Antonio humanizó los textos ya de por sí hechos para la emoción. Uno de ellos ilustrará una de las tinajas de la bodega A-7, jalonada de versos de poetas que han sido premio nacional. 

Elvira


      En la mitad de todo, el fulgor de Cuenca. Luminosa de Júcar y dignidad. Ocurrió tal y como anunciamos. Convocados alrededor de la fragilidad sensible de Elvira Daudet, un grupo numeroso de poetas y amigos acudieron a compartir verdad y palabra, afecto y justicia. Es sabido que la excusa fue la lectura de la placa con su nombre que honra a una calle de Cuenca. Un gesto, un abrazo del Ayuntamiento para con una de sus hijas. Era necesario que no pasara inadvertido, era necesario vernos y verla. Elvira Daudet, conquense de origen, hija de maestros, Mujer con eme mayúscula, atenta a su alrededor, infatigable en el combate por lo justo, tan fuerte como tierna, acariciada por un sol apacible y fraterno, recibió el cariño emocionado, emocionado, de cuantos pudieron desplazarse. Amigos y poetas escucharon, bajo la placa, las palabras de bienvenida de José Ángel García presidente de la Real Academia Conquense de las Artes y las Letras. Sábado y 17.

Luego, trasladados todos al local de la Academia, comenzó el tiempo de la palabra. Los poetas Rafael Soler y Jaime Alejandre condujeron el acto con justeza, con la entraña. Lo abrió Julián Huete, como voz del Ayuntamiento, con un discurso nada protocolario y con atención abierta. Estaba Elvira en la mesa acompañada por Carmina Casala y por Paloma Corrales, dos poetas como dos ángeles cotidianos de amparadoras alas. Luego, la glosa de Jaime Alejandre señalando los motivos del acto y subrayando la categoría personal y poética de Elvira Daudet, tanto tiempo en mitad de la sombra y ahora, en que por fin es conocida, en los cielos de la luz. La agarrotada garganta de Jaime contagio a una sala que era puro temblor. Numerosos asistentes tomaron la palabra para expiar sentimientos, pero sobre todo para, con la lectura de poemas de Elvira Daudet, dejar patente el porqué de todo, para dar cuenta y razón de que bajo la mejor poesía puede latir la mejor persona, y cuando esto ocurre, como es el caso, es necesario que el susurro privado se convierta en vuelo público. Y reconocernos todos. Tras Rafael Soler, certero siempre y elegante, cerró el acto la poeta –temblor de voz y gratitud unidos– con la lectura de uno de sus poemas más indomables: Esperando a los bárbaros. En pie y largo, en comunión de todos, el aplauso que puso fin al acto, el que abría la Puerta de Elvira a los corazones.

Julieta

      Más cómoda en las respuestas que en la lectura de sus poemas, en donde nunca se sintió a gusto, Julieta Valero estuvo en Enclave de Libros –lunes 26– convocada por el grupo conVersos. Se atrevió a expresar su temor de que sus poemas no trasmitieran la emoción suficiente a los que escuchaban. Prefería no leer, se notaba. Prefería conversar, describir su posición ante el hecho poético. Con humildad en el tono y con sosiego, se confesó sierva de su hacer, incapaz de no escribir. Todos mis poemas, dijo, son parte de mi vida. Una vida que ha cambiado con el deslumbramiento de la maternidad, don que la ocupa de pleno. También aseguró que otra de sus preocupaciones es la Memoria Histórica, el hecho de que nuestro país no haya sido capaz de asumir el drama de la Guerra y superarlo. Y que cada vez se siente más comprensiva con los demás, más alejada de la radicalidad juvenil, más partidaria de poner, en el asunto de los afectos, antes a la persona que al poeta. Ya en los finales, confesó que le parece estar cambiando su manera de poetizar. Alejándose del magma, de las dificultosas construcciones lingüísticas que la caracterizan y acercándose a la concisión, a la esencia. Algo en lo que no ha puesto intención, advirtió, pero a lo que ha llegado. Que ahora no necesita más palabras para decir. Leyó algún inédito que lo confirmaba. Tal es el estado de cuestión.   

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Elvira Daudet y Cuenca

Abrazada por Carmen Bermejo, Elvira Daudet
en septiembre del año pasado.
Foto. MCBarri



     Y el sábado 17, encuentro homenaje con Elvira Daudet en Cuenca, su tierra natal. La circunstancia que convoca es la visita a la calle que el Ayuntamiento de Cuenca ha rotulado con su nombre. Que ha dedicado a su persona y a su obra. Cuenca, como en tantas ocasiones, no ha sido insensible a la belleza.

      Poeta, periodista y novelista, Elvira Daudet, conquense de origen, hija de maestros, Mujer con eme mayúscula, atenta siempre a su alrededor, infatigable en el combate por lo justo, fuerte y sensible, viene agitando en torno a ella nuevas miradas de afecto y reconocimiento. Toda esta nueva efervescencia brotó hace unos años, pocos, con su lectura durante la segunda sesión del ciclo Hazversidades poéticas que gestionaba con tino Jaime Alejandre. El deslumbramiento por lo poderoso y la verdad de su palabra fue inmediato en una nueva generación de amantes de la poesía. A partir de entonces, el seguimiento de su obra y el aprecio a su persona no han hecho sino crecer. Hasta cercarla.

      Conscientes todos de su frágil físico actual, los actos se concentrarán -confiados en la benevolencia del sol septembrino- en las horas centrales del día, Serán el abrazo y el tiempo breves, pero de tremenda intensidad. A las 12 visitaremos la calle y leeremos la placa que guarda su nombre. Metal que la recuerda tanto para sus paisanos conquenses como para los poetas de voluntad verdadera. En la sede de la RACAL se celebrará a continuación el acto de las palabras. Porque las emociones hay que decirlas en alto, hay que escucharlas a corazón abierto. Habrá luego momento para la confraternidad sedente de la restauración.  

      En todo, convocando y sintiendo, han estado de forma permanente Rafael Soler, Jaime Alejandre y Rafael Escobar. Gratitud a los tres por permitirnos expresar de forma conjunta nuestro querer común con Elvira  


sábado, 8 de noviembre de 2014

Elvira Daudet: fértil, indispensable

   Tarde del 5 miércoles. Alegres y felices, arrobados. Con el libro en las manos. Con libros –dos, tres- en las manos. Con sitio para una flor roja, roja, sobre el pecho. Con el cariño expuesto y la emoción exhausta. Así llegaron las buenas gentes amigas de Elvira Daudet y de la poesía a la presentación de su Antología poética 1959-2012 que ha editado Lastura. Elvira Daudet convoca porque es una de las pocas poetas verdaderas que van quedando. El tiempo es el mejor crítico, dicen quienes saben dichos. Cuando tantas cosas mueren, o confunden, solamente nos queda el poeta en pie frente a la vida. La poeta. A Elvira, periodista testigo de tantas cosas, mujer con los ojos abrasados de contemplar el dolor, la rescató Jaime Alejandre para todos nosotros en sus añoradas Hazversidades Poéticas. Hace cuatro años. Desde entonces ha ido congregando alrededor de su coraje, de sus poemas, de su compromiso, a cientos, a miles de personas. Los abrazos de los poetas y lectores de todo el mundo han ido llegando cronológicamente tarde, podría parecer, pero vitalmente muy a tiempo. Elvira, dueña de la amistad con tantos del grupo del cincuenta, tuvo entonces para su obra escasa difusión. A partir de Hazversidades, y por una vez en este país tan cruel para tantas cosas, ha sido posible la justicia.

 La antología editada comprende en 131 páginas 41 poemas sin remedio, que cuentan. Cuarenta y una longitudes de vida expuestas al sol. Memoria y alma. La luz del desengaño en primera persona. La lucha como alimento. La voluntad de caminar erguida, la voluntad paciente de alguien que ha ido contando los golpes. Aldeas de memoria. Praderas de algodón y de desesperanzas. Poemas. Tormentas desplegadas. El miedo de ser. La decisión de atravesar las puertas. 41 poemas. 131 páginas. En ellas, Lastura, la joven y prometedora editorial que dirigen Lidia L. Miguel e Isabel Miguel, han volcado su voluntad de buen hacer, que es mucha. Ya desde la portada -un almendro sin hojas florecido- se anuncia el descarnamiento y la belleza de su interior. Hay que señalar que los textos ahora impresos han estado, por voluntad de la autora, a la consulta pública en la web de Alacena roja, en donde ha reunido más de 60.000 lecturas de todo el mundo. Las editoras mimaron (ese centro de lilium, ese centro) el acto con detalles no acostumbrados para Mientras la luz. En todo hubo expectación no acostumbrada.

   La sala estuvo a reventar aforos. Gentes en pie. César Antonio Molina director de La Casa del Lector, donde se celebró el acto, recibió a los asistentes, poetas en su mayoría. Tras el saludo, Lidia anunció la manera de encontrar –en lectura libre también– los muy últimos poemas (2012-2014) de Elvira Daudet en la página de Lastura. Así de generosos son los nuevos tiempos, ocupados y en riadas por la gente generosa. El maestro Ángel Guinda, aragonés exigido –y cuerda rota para presentaciones, prólogos y solapas durante las próximas dos temporadas– tuvo el encargo de las palabras previas. Enorme. Hizo un paseo frutal por la obra de Elvira. Habló de dignidad humana y poética, ligó a la autora con su tiempo; una poeta clásica y viva, fértil, indispensable, dijo. Señaló luego cómo se reúne en ella lo meditativo del barroco y la emoción de lo romántico. Todo arrancado por un dolor que nunca es entelequia ni construcción retórico-jeremíaca. Habló de antropoemas, de clara arquitextura, de conciencia no distraída, de transparencia exultante, enérgica. Y textualmente: No es la suya una poesía intelectual sino una poesía salvajemente natural, sencilla. Que hace inefable lo común, relevante lo pequeño. Que muestra la  grandiosidad oculta de las cosas y de los hechos de manera humildemente sabia.

Fotografías de Nunci Vaamonde
   Tras él leyó la autora. Leyó tras agradecer. Leyó con seriedad sonora, transitiva, decidida a la comunión del instante. Ocho poemas en directo. Desde Autorretrato, de Crónicas de una tristeza (1971) hasta Sin cuerpo del desbordante Cuaderno del delirio (2012). Tensión sin esfuerzo, le basta con ser ella para lograr el aire denso de las grandes ocasiones, el aroma raíz, lo que conmueve. Tuvo la ayuda de su “hermano” Paco Moral que leyó Todo es aire, un poema profecía de 2010 en el que ya reclamaba los nuevos tiempos, los jóvenes que se avecinan. Los sentados, los en pie, los del clavel, los de los libros de par en par, los arrobados aplaudían cada poema. Alguno antes de haberse terminado; miren si no este vídeo que grabó a pulso nuestra becaria. A mi lado, alguien nuevo preguntó ¿Qué tiene Elvira Daudet? Otro cercano resolvió, tajante: Sabiduría y verdad. Cualidades necesarias, decimos nosotros, para que la poesía deje de ser un ejercicio formal y vuelva a ser, como decía Hölderlin, la religión primera de la Humanidad. Busquen por ahí a Elvira, búsquenla en esos territorios, busquen el libro aquellos que necesiten de la inteligencia, de lo íntegro, de la voluntad de vuelo. Busquen en el papel de Antología poética1959-2012 aquellos que deseen saber en que consiste este premio o castigo que supone la obligación de existir. Elvira es poeta, ha gozado, sufrido, ha tomado muchos trenes, sabe ver y contar ese milagro que consiste en recorrer la vida. Y su impiedad.

   Queda decirles que la lectura finalizó con aplausos en pie. ¿Recuerdan ustedes algo igual? 

lunes, 5 de mayo de 2014

Parece que abril....

    Parece que abril quiere morir con dignidad, me comentó el jefe cuando le comuniqué la agenda de sus días finales. La redacción estaba alborotada con la cercanía del puente. Que luego no ha sido para tanto. Cumple, me dijo, tráeme noticia de lo que tienes subrayado y puedes irte. Durante cuatro días callan los poetas. El ocio culto cambia sus formas. El sol ya calienta, nos calienta. Treinta horas después tenía mis folios sobre la mesa. Los retiene. Resulta que ahora quiere corregirlos, visionar dice, porque últimamente ha sonado su teléfono en demasiadas ocasiones. Y bastante airado. Dice que por cositas, que por gratuidades que se podían haber evitado. Me dice: De lo esencial no he de tocarte nada. Vale, le concedo. Pero yo sé que no sabe qué es lo esencial. Lo digo porque a veces lo esencial suele esconderse, sin que yo lo pretenda, en lo que él llama pasajes gratuitos.

Alfredo y Cristina en el Círculo
(Foto: MCBarri)
    Leyeron el martes 29 en la Casa de Castilla-La Mancha dos poetas a los que une una gran amistad: Cristina Cocca y Alfredo Piquer, miembros activos del grupo Aula de Encuentros. Tienen su sede en el Círculo de Bellas Artes madrileño. Allí cultivan la poesía. Realizaron lectura conjunta y alternativa, en general de poemas de largo aliento, característica que también los une. Cristina, poeta de las emociones, modificó en parte su tono melódico para dotarlos de mayor contundencia, Alfredo, poeta del mar y de lo heleno, buscó en su decir la suavidad y el rumor del oleaje. Si bien es cierto que no introdujeron demasiadas novedades en la elección de sus poemas, si la encontraron en el presentador, Francisco G. Marquina, el cual anduvo por el hacer de ambos con envidiable habilidad y finura de análisis. Lo que se agradeció. Como el regalo de los comentarios finales de Juan Pedro Carrasco y de Manuel Cortijo, responsables de la tertulia, que todos cinco estuvieron en la mesa. Numerosos amigos poblaban la sala.

Elvira Daudet y Paloma Corrales en el Comercial
(Foto Andrea Andreu)
    El aire se alteró el miércoles 30. En la terraza del Comercial esperaban la hora Elvira DaudetPaloma Corrales. Elvira presentaba a Paloma y un libro de Paloma: El runrún de las palabras. Lo ha editado La Baragaña, editorial que lleva Jorge Espina, y que suele acoger autores de conciencia crítica, poetas que se piensan no asimilados, denunciadores sociales. Esto podía prevenir sobre la poesía de Paloma. Nada más lejos. Elvira lo dejó claro desde el principio. Si es un primer libro tardío, lo es porque la autora ha querido apurar la destilación de su lenguaje, la decantación de sus emociones y estar conforme con la concreción de cada uno de los poemas. Estoy con ella. Paloma es poeta volcada a la poesía, suya y ajena. Son muy conocidas y valoradas sus entrevistas televisivas a poetas con fuerza y actualidad. Pero ella es otra, única, su poesía tiene valor en sí. Es personal, cuidada, íntima, de estilo hallado, potente, transitiva, nueva. Halla, dice, conmueve, hace volver sobre ella. Leyó con temblor y segura esos poemas tan suyos que parecen fragmentos de una suite, abiertos en sus principios y en sus finales. Leyó mientras sonaba la guitarra de Chema Abascal. Tuvo serenidad para introducir algún poema y la gentileza de dedicar dos de ellos a Rafa Soler y a Paco Moral, presentes. Como presentes estuvieron Gsús Bonilla y Roberto Menéndez. Luisa Navarrete, activísima Alacena Roja y emocionada, vino desde Murcia. El acto, 35 minutos, limpio y emotivo, fue grabado y puede verse aquí.   

Eduardo Merino y Víctor M. Carrascal (leyendo)
(Foto MCBarri)
    Un poquito más tarde, en La Tapa de Era, Fuencarral abajo, leían Eduardo Merino y Victor M. Carrascal. No sabíamos que el local tendría vida efímera y con él el ciclo Bájate al sótano que conducía David Morello. Este, hoy lo sabemos, fue el último acto poético. El pequeño local estaba repleto como nunca. Eduardo, dueño de una poesía de construcción clara, nacida de la experiencia y crecida sobre la reflexión, leyó poemas primeros, otros éditos y algunos en espera de serlo. Curiosamente, él, que no se prodiga, fue padrino bautismal de Victor M. Carrascal, poeta oculto a la luz pública, que duda, pero que emocionó con alguno de sus poemas y sobre todo en el último, leído a petición de Esperanza, que es un cántico sereno a la muerte de su padre. A la salida, José Luis Torrego, Ana Ares, Paco Moral, Francisco Castañón, Carmen Bermejo, José Luis Fernández Hernán…, dicharacheros, ocuparon la calle.

martes, 15 de abril de 2014

Antes de que diluvie


Dios, que por detalles así nos avisa que existe, ha dispuesto esta semana de descanso antes de que diluvie. No hay sorpresa en cuanto a la fecha, está señalado para el próximo miércoles 23 de abril. Lo del día del libro se ha convertido para algunos en un nuevo diluvio, en un nuevo día de poesía a brazadas. No tuvimos bastante con el pasado 21 de marzo. Ni con Machado en febrero. La Comunidad de Madrid echa leña al fuego húmedo editando un folleto sobre el blancor de la noche donde todos quieren estar. Maratones, concentraciones, altavoces azules, púlpitos en ocho, quedadas… cualquier cosa vale para el poetiqueo lector que se anuncia. Desde la ONCE al Gijón, del Ateneo al Comercial… si no está usted convocado para llover: para leer, lleve paraguas. Será el diluvio. No hay remedio. Un buen amigo y editor,José Luis Loarce, suele decir: Los poetas, de uno en uno.  No le falta razón. Es la manera de no llegar calado a casa.   


Nieves en la librería

Un momento de la presentación
Foto: de la Red
Apurando las fechas, vino Nieves Álvarez desde Santander. Nieves es amiga de Mientras la luz desde siempre. Vino a la librería Antonio Machado del Círculo, que se está asentando en esto de las presentaciones como lugar de alto caché. Nieves es poeta de vocación a más de atender otros edificios del arte de la literatura. Termina de publicar, con Cuadernos del Laberinto, Desde todos los nombres, tal vez el libro más suyo de todo lo hasta ahora publicado. Fue presentado por Ana Garrido y Juanjo Alcolea que quisieron destacar el temblor rabiosamente humano y el compromiso unamuniano con la verdad que el libro contiene. Nace el libro, según se contó, de esta circunstancia: Nieves ha sabido tarde, muy tarde, de la presencia de su padre durante muchos años en los campos de concentración franquistas. En trabajos forzados. A esa conmoción siguió luego una investigación. Y tras esta última la urgencia de la creación poética. Es un libro sobre las raíces del dolor. No de uno en particular, sino del dolor de todos. De un dolor del que muchos fueron o quisieron ser ignorantes. Dijo que su padre respondió a este dolor con la alegría. Los poemas miran de frente a la realidad. Su decir sincero produce conmoción. (Véase el poema He nacido muerta). Presentado ya en Santander y en Madrid, pronto lo será en Ávila, Torrelavega, Alicante y Barcelona. 
Ana Bella López-Biedma, voz que atiende, cantó tres veces la hermosura.   

De dos en dos

Paco y Elvira. Lectura y atención
Foto: de la Red 
Está de moda, tal vez para contradecir a mi amigo Loarce. Está de moda leer de dos en dos, buscando suelo y/o cielo. Apoyo siempre. Alternativa. En esta ocasión sin color de reto, sino en clave de hermandad. Sucedió en Enclave Libros el viernes 11, a punto de bajar el cierre. Paco Moral, el joven editor y poeta, quiso junto a sí la reaparición de Elvira Daudet. Sabe lo que quiere y sabe la forma de conseguirlo. Tal vez soñó la exquisitez de su voz, lo rotundo de su voz, junto/frente a la sonora fragilidad de Elvira. Lo consiguió. Un público justo, a la medida y ya entregado rompió el tabú, la convención de lo selecto, y no dudó en aplaudir y jalear uno a uno todos los poemas leídos. Paco y Elvira, Elvira y Paco se alimentaban mutuamente. Brotó el calor, brotó la comunión, quién los vio allí y así será imposible que los imagine por separado. Apenas 20 poemas para quedar juntos en la memoria mía. Veinte, diez por poeta, suficientes para cerrar, qué lejos enero, áureamente la estación y esperar el tiempo de la penitencia. Tres ángeles vigilaron de cerca: Mara Troublant, Ana Ares y Cecilia Quilez (a punto de nueva luz) para que todo funcionara. Luego hubo vino en plaza pública con Carmina Casala, Eduardo Merino, Jorge Torres, José Luis Nieto, Aarón García Peña, Antonio Capilla, Patricia Pérez, Jaime Alejandre, Alfonso Bresmez, Alfredo Piquer…  la vida.

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He nacido muerta

Yo, aunque no lo creáis, 
he nacido muerta, 
y decía mi padre 
que hubo un tiempo 
en que los niños y los hombres, 
las mujeres, las niñas, 
las personas mayores 
-casi siempre- 
nacíamos muertas. 
Luego resucitábamos 
-o no- 
pero algunas 
se seguían muriendo poco a poco, 
de ciudad en ciudad, 
de llanto en llanto, 
de laberinto en laberinto. 
Se morían de pie o de rodillas, 
en el bosque, en la plaza, 
en las trincheras. 
Se morían de muerte artificial, 
de tristeza congénita, 
de repente,
de sobrarles la boca y el estómago, 
de seguir vivas. 
Yo, aunque no lo creaís, 
he nacido muerta, 
pero aquí me tenéis, 
aún sigo viva, 
intentando 
no quererme morir 
hasta el último aliento 
del reloj.

                     Nieves Álvarez

lunes, 27 de mayo de 2013

Todos los días, to... dos.

¿Es esto crisis? Puede que sí, pero saturados. Hay miles de intenciones deseando leer, leer. El jefe y la becaria se han tenido que remangar y hundirse hasta los codos. No es posible atender a tantos frentes, dice el jefe de los redactores, la semana ha sido, gota a gota, agotadora. Chicos - anuncia el mandamás- esta semana que hoy comienza será de vacaciones. Viva –se oye, con alegría primera. Huyamos todos a La Mancha -sigue el jefe. Y con resignación después. 

Ana Montojo, Julia Gallo, Juan Calderón y Maxi Rey
Fotografía de FGM
La primera en la frente para que nos libre… Así comenzaba una retahíla religiosa-infantil de los 40. Que vuelven. No lo duden. Alienación y garbanzos. Tal vez Ana Montojo y Maxi Rey hayan oído hablar de ello. Leían ambos en Telefónica. Julia Gallo y Juan Calderón en el centro de la mesa, aquellos, como buenos invitados, en los extremos, sin querer molestar. Poco público propio tiene está tertulia del grupo Tinta Viva. Una ligera ojeada descubrió que los sendentes, además de escasos, era aportaciones de  los poetas invitados. Leyó Maxi del mundo mágico de las montañas astur-leonesas, poemas que articulan la relación agónica de la atracción y el pánico entre los femenino y lo masculino. Hay originalidad. Ana Montojo respondió con publicados e inéditos que describen la tensión y el desengaño entre el hombre y la mujer, antagonistas encerrados en un mismo juguete. Fobias y filias. Noes. Síes. Encantamiento y frustración. Maxi y Ana, magia y realidad. Lunes y 20. Un poco después, en Libertad 9, los murcianos Alberto Caride y Tono Clemente llenaron la sala de carnalidad poética y precisión en el tacto de las seis cuerdas. Magnífico acople.

El martes, Almería. Quiero decir la voz, digamos que entrañable, de Aureliano Cañadas, poeta siempre Y al que la poesía siempre perdona. De él guardo el encanto lector de su Cuerpo celeste, poemario que editó Poeta de Cabra. Leyó principalmente de su nuevo libro, Diamantinamente,  premiado en Navarra. De él explicó que trata sobre el silencio de Dios y el revoloteo del diablo. Dejó clara su simpatía por el segundo y esas cosas. Pidió perdón varias, varias, varias veces por si alguien se sentía ofendido por su descreimiento. La conocida buena educación de Aureliano, que viene de pasar días difíciles. Presentado por José María Herranz, atendió después, con su cortesía habitual un animado coloquio, en donde no intervinieron los poetas José Luis Morales ni Ezequías Blanco, allí presentes. Tampoco lo hicieron Javier Díaz Gil ni Alma Pagés. Todo esto fue martes 21 en la Casa de La Mancha. Allí, Manuel Cortijo dirige esta tertulia. Más poblada.

Las mañanitas de los miércoles 22 no suelen ser demasiado usadas. Esta vez sí, y con provecho. Jorge de Arco, el responsable de Piedra del Molino, sacó pronto a las gentes de su casa para que llenasen a reventar la sala de la Real Academia de San Fernando.  Aunque parezca extraño, sí es posible desarrollar un acto de forma elegante y cordial. Sí se puede. Aquí se hizo. Homenaje al ilustrador de este número 18, Luis García-Ochoa, académico. Jóvenes a los 92 años su persona y sus trazos. Se leyeron, bien, los poemas. Pocos, escogidos. Bonet Correa presidió el acto. Se obsequió la revista, modelo de calidad: poemas inéditos, poetas jamás repetidos. Y llena, esta vez, de buenos poetas manchegos: Eugenio Arce, José Mª González, Juana Pinés, Santiago Romero de Ávila, Paco Jiméz Carretero, Alfonso Ponce, Julia Rivero… Hubo vino-tapas, obsequio de los organizadores. Muy charlador estuvo Alvaro Fierro. Daban ganas de quedarse a comer por allí cerca. Las poetas Teresa Núñez y Ana Garrido lo provocaron.   

Paco García Marquina
Foto: T. Velasco 
Este 23 y jueves fue territorio Marquina. En Libertad 8, el poeta madri-alcarreño, original y sabio, chispeante siempre, presentó su último poemario: Esto no es una pipa. Sí, sí lo de Magritte. Con él ha obtenido un nuevo reconocimiento. Y hasta el mismísimo Ansón, que sabe de poesía la pasta gansa, le ha dedicado un zigzag en El Cultural de El Mundo. El poeta Paco García Marquina llevó hasta la sala, repleta de fieles y nuevos adeptos, la sorpresa de un cofre conteniendo el frasquito del “elexir de lo prohibido poético” que ha logrado por destilación de la jalea real. Entre los poetas presentes -Jefe, ¿puedo citar a Enrique Gracia, a Rafael Soler, a Ana Montojo, a Eduardo Merino, a Aurora Auñón y a Nicolás del Hierro como mínimo?- eligió a este último, a modo de homenaje merecido, para hacerle entrega de un c.c. del mismo. Los vinos fueron tardíos. Hubo asistentes, múltiples, que aprovechan para la ceremonia de la firmación. Y retrasan, claro. Cosas del oficio cuando el artesano es bueno.

Elvira, Fernando, Evaristo, Rebeca y Alfredo Piquer
Fotografía de FB
Para eso está el abono del tendido 7 en Libertad 8, para ser ocupado. Lo nuestro nos cuesta. La 13 travesía de Odisea Poética nos encontró en el sitio. Los viernes son buenos días si ocurren en 24. Y éste lo era. Un instrumento de cuerda extrañísimo usó de manera delicada, Iván Moreno, venido desde el País Vasco para interpretar música prebarroca. Los remeros jóvenes fueron Rebeca Álvarez Casal, promesa de poesía carnal y vocativa, y Fernando López-Guisado, que vuelve desde su prosa a un mundo poético más amable y que leyó con densa pasión. Igual que rema en Rivas. Contramaestre experimentado fue Evaristo Cadenas, poeta de enorme voluntad, cuyos textos rezuman honradez y acierto.  Tres poemas leyó Elvira Daudet desde el puente, tres para señalar el exacto norte, para avisar de la deriva. No más hizo falta para que alumbraran los luces del puerto. Carmina Casala, Davina Pazos y Ana Galán firmaron el acta del arrivo. También lo vio todo Cristina Cocca, Fedatarias.  Qué diría Cavafis.  

Ana Bella  (Foto de MCBarri)
Por excepción, un sábado: el 25. Su tarde. La que Ana Bella López-Biedma precisó para darnos noticia de su poemario En clave de mí y de su disco Enclave de do-s. Precisa presentación dialogada la que hizo con Isidro Sánchez Brun. Leyó y cantó como suele hacerlo, combinando drama y suavidad . Es su momento. Cada vez más reclamada. Es una poeta clara que sabe estar con los poetas. El encuentro sucedió en una librería necesaria y nueva: Cervantes y compañía, se llama. Saben que ser librero ahora es una actividad de riesgo. Llevan poco tiempo funcionando y tiene un espacio, pequeño y de calor, para ser usado. En Manuela Malasaña 25. Vayan. Tienen la poesía muy cerquita de la puerta (y de la caja). Y son amables. Valentín Martín, salmantino, poeta y periodista opina lo mismo 

Llega la feria, nosotros nos vamos.

sábado, 27 de abril de 2013

De correpoetas


 Preparados
El editor Pablo Méndez escribiendo su elogio

    Pero aplaudan, coño. Quien así rogaba y exigía no era otro que Joan Margarit, premio nacional de poesía, tras leer uno de sus poemas. Sucedió en Blanquerna el 24. Me lo contó el jefe, que ante la abundancia de actos quiso echar una mano. A sala llena, hizo lectura completa en castellano. Y toda ella en pie, con lo cual no fue preciso recurrir, como suele, a levantarse para reforzar emotivamente el final de los poemas. No puede con el silencio. Madrid estuvo animado la tarde anterior, la del martes 23. Claro que, pocos y además repartidos, los actos no lucieron demasiado. Más humildes, poetas de Verbo Azul hicieron lectura pública en la librería Cervantes y Cía, de Manuela Malasaña, lugar a donde volverán. Los Vitruvios doblaron. Primero en el Comercial, su actual casa expositiva, y luego en Fuentetaja. Iniciaron un blog en donde los presentes escribían elogios, escribían de lo bueno que es el libro por ser libro y de los beneficios que su lectura aporta al individuo y a la sociedad. Original. Tierno.  

Listos

   El miércoles fue día 24, y no 4 como se empeñaron los alemanes. La animación del martes se tornó expectación y decepción de forma sucesiva. Pero la poesía no entiende de Borussias y cuatros a unos. Los más irreductible asistieron a un espectáculo que parecía diseñado para el éxito, del que ya se tenía experiencia. El grupo A3 formado por Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales leían en Libertad 8. Un público selecto, serenísimo, disfrutó de poemas leídos con el magma de la sabiduría. Hay mucha tensión poética en la voz de temple con que levanta Carmina sus poemas elegíacos y/o desengañados, esos poemas que cuentan el roce, y su desgaste, de la piel por los días. Cómo hay emoción en Elvira Daudet, de quien tanto hemos hablado en Mientras la luz y que levantó el aplauso –sin pedirlo, sin rogarlo- tras concluir su poema deuda con Paul Celan. Sus devotos echaron en falta (según dijeron luego) poemas inconmensurables de su libro El don desapacible. Terminó la lectura Paloma Corrales, voz en carne dibujada. Leyó poemas escrupulosamente construidos, limpios, donde la sugerencia dejaba paso a la posibilidad. Todo parece convocado, todo esperado y todo hace que el poema quede abierto hacia la vida. Bellísima sesión. Presentada magistralmente por Jaime Alejandre..
Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales
Ya

   Como ahora son los viernes los días elegidos, se colman de actos. A veces obligan a esfuerzos que parecen no propios de humanos, sino de correpoetas, esos seres extraños que asisten y asisten sin fatiga. El 26 de abril fue uno de ellos. Ocurrió que la Galeria Suñer, de la calle Barquillo, fue la elegida por la colección de la Universidad Popular de Sanse para dar fe de su existencia. Allí estaba la mano cordial de Guadalupe Grande moderando un coloquio con Félix Grande y Antonio Hernández como figuras. El compromiso del poeta con el mundo que le asedia y el impacto de la crisis actual sobrevolando las conciencias. Terminó Antonio Hernández recitando un poema de Alberti en que el poeta derrotado reta a la niebla con la alegría. Un cierre magnífico. Se presentaba la edición de los cuentos completos de José Hierro.

Ana Ares en Odisea
   Unas manzanas más allá,  Alfredo Piquer regaba las baldosas de Libertad 8 con versos mediterráneos de Cavafis, leídos en griego y español por Yuli Bizou. Perfecto homenaje. Yuli, que también recitó versos suyos. Luego leyó Ana Ares, a lo curroromerro, unas gotas atractivas de esencia de sus último y próximo libros: amor y viajes. Ana Garrido, que volvía aclamada a Odisea, bajó los ojos, serenó su voz y elevó su verbo como pocas veces antes lo habíamos oído. Es poeta cada ves más segura, con más mundo que contar. Tras la música, tras las cuerdas griegas de Dimitris Harisis subió Carmen Rubio, maestra y dueña, para hablar por la boca de Penélope de la ausencia y del mar como elementos con los que contar la espera. Otra vez cuatro mujeres.


   Y otras manzanas hacia el sur, en el Ateneo, Bárbara Butragueño, la eterna (para nueve años ya) promesa de la poesía en la Corte y Villa, presentaba por fin libro. Incendiario. Lo hacía en edición de Los Conjurados. Más de cien jam-treintañeros, vestidos de uniforme para la noche, colmaban la sala. Batania ha escrito el prólogo. Por fin Bárbara tiene libro impreso. (Tiene otros tres escritos, dice). La presentó Juan Antonio Marín con la timidez y la precisión que acostumbra. Eso sí, cuando el verbo sin fin de Ángel Rodríguez Abad, que habló de la ausente Almudena Urbina, declinó. Pero como el sonido del salón de actos ateneísta es tan perverso, apenas si pudimos aprovechar algunos de los poemas de Bárbara, que parecía contenta. Y pensando que era mejor aguardar ocasión otra y mejores medios, Mientras la luz decidió abandonar la sala. Mutis. Uff.

martes, 26 de febrero de 2013

El placer de sentirse espiado


Nombrar es crear. Es bien sabido. Silenciar lo que existe ¿es destruirlo? El jefe lleva unos días rumiando la pregunta, remendando respuestas. Hablo en términos poéticos. Él sabe que es difícil distinguir, en ocasiones, caos y razón. Un solo nombre puede envenenar mil sueños. Otras veces callar es el mejor sinónimo de mentir. ¿Qué hacer? Cualquier sugerencia es al tiempo bienvenida y al tiempo rechazada. En esto se distrae. Mañana será peor. Los tiempos son convulsos. Mientras resuelve, procura por el redactor. Durante estos días, hemos sido estrechamente vigilados por la brigada poético-social que organiza el despacho de detectives Moralares, con el que ha contratado. Durante tres días consecutivos hemos sentido sus voces fraternales, sus sonrisas. A veces vigilancia y amistad son palabras que se llevan bien. Suelen terminar juntas en los bares hablando de revolución. Aplazada, claro. Como toda la vida. Nombrar o no nombrar es cuestión escolástica.

Primero

Antonio y Pilar
Este lunes, señalado con el 18, decidimos estar en el Ateneo. Fue algo íntimo, especialmente buscado. Ni siquiera la tozudez altisonante de Antonino Nieto pudo romper el ambiente. El poeta, el sevillano Antonio J. Sánchez, publica su segundo libro, que ha querido de homenaje amoroso a Madrid, a la ciudad que le deslumbró, que le deslumbra desde hace 4 años. Él vive en Móstoles, pero habla de Madrid. Ha publicado Leyenda Urbana, 58 páginas abiertas a la agitación de una ciudad, a sus señas de identidad callejera, a sus sabores y sonidos, a los trenes, a los meses robados, al azar de Sabina. Antonio estaba contento de presentar su libro en el Ateneo, tal vez por eso invitó a sus amigos a leer con él –una moda, parece- y en especial a Paco Moral y a Antonio Daganzo. La sorpresa final, de la que todo quedó impregnado, fue la lectura conjunta con Pilar. Pilar es su amor. Leyeron el poema que contaba la frescura del encuentro (primero). No ocurre muchas veces. Intimidad serena y compartida. Gracias.

Segundo


Alejandro Céspedes
Un hombre solo. Un poeta solo junto a una pantalla. Un lector frente a un libro. Una sala repleta. Expectación. Alejandro Céspedes y la libertad del títere. Sala Fernán Gómez II. Bajo Colón. Un aparte en el misterio, en la historia de un libro que fue negado. Topología de una página en blanco. Alejandro comenzó su escritura, le oí decir, tras una discusión sobre los límites de la creación poética. Sobre la capacidad del lenguaje para la concreción. Y del papel del lector para soportarlo. Dónde y cómo. Es la tarde en punto, las 20 horas de un martes 19. El vértigo y la desolación ocupan el territorio de un escenario oscuro y limpio. Un hombre solo durante 46 minutos. Un hombre como otro cualquiera. Un poeta. La sala es nuestro espejo. La voz es densa, instrumento, es un potente susurro. Una oferta. Lee mientras en la pantalla desfila el aire, personas, paisajes, cercado todo por la incomunicación. ¿También por el deseo? Planos horizontes, duros en su blancor. Hay un pozo.
¿Son un pozo las páginas? Un proyectil sin alma, lento, que atraviesa.  Alejandro lee y es exacto. Quietas miradas. La soledad como espejo en donde verse. Nadie respira. Como síntesis dialéctica de dos soledades. La voz transita también a nuestra espalda. Los pájaros caen tras ser ametrallados. Será difícil volver a escribir después de un texto como este. Él lo sabe. Y lee. Espera. Hay un plano final en el que un títere corta, ve cortados, uno a uno sus hilos, las palabras. Conoce su derrumbe. Un hombre solo para ordenar la nieve. La imposibilidad de ser. De ser feliz. ¿Por qué? ¿Para qué el engaño de escribirnos?  ¿Cuándo el apaciguamiento?   

Tercero

Elvira Daudet
El miércoles, 20, la colección Intravagantes organizó, en la cueva de la Librería Fuentetaja, una lectura de Cuaderno del delirio, esa crónica enamorada del desamor que Elvira Daudet escribió, guardó, y desde hace dos años es un caudal. Casi 60 cómplices bajo los rojos ladrillos de una bóveda. El alivio de un acto sereno en su presentación. Después leyó Elvira. A veces me pregunto cómo puede. Es un libro que desgarra el silencio. ¿Cómo puede narrar así un abandono, el frío de su instante? Lo presentido no disminuye, nunca, por ello su dolor. Sí queda, como en los versos de Wordsworth, belleza en el recuerdo, París. Pero también, y mezclada con ella, como detonaciones, aparece el rastro de la angustia rebelde, la insumisión y el daño de lo ido, los mimbres donde conspira el áspid de la memoria. Elvira, que en el poema sabe controlar el potente rigor de sus emociones, que lo dosifica para el lector, hizo una lectura adulta y viva. Apenas siete poemas le bastaron para contar lo que fuera esplendor en la hierba y cuánto hay de irrevocable en las balas de su final. Luego, apenas el aroma de las cosas que conocieron a los amantes, apenas el camino que regresa a los hielos de la vida, apenas lo que grita que la única vida posible es sentirse en la hoguera. Elvira, que dudó primero, que tembló después en la lectura de dos de los poemas, tienen el don de inquietar con la autenticidad de la belleza. Así me lo dijeron Paloma Corrales, Tomás Rivero, Alfonso Brezmes, Jorge Gartorrego. También los inspectores Paco Moral y Ana Ares una vez que agotaron su misión..

viernes, 30 de noviembre de 2012

Martes, miércoles, jueves... noviembre


(Dijo: Lo primero es antes. Yo sé de su origen rural y su imposibilidad para decir prioridades. Lo primero es… la labor de recogida del fruto invernal por excelencia; antes… que el tiempo que se dedica a la labor del visiteo poético. Y así se hizo. Es tiempo de claudicaciones.  Aunque puede que en esto tenga el Jefe razón. Dijo que no hay mejor poema que garrafas colmadas con óleo arbequino. Y añadió algo sobre la superioridad del esfuerzo físico sobre el intelectual. Nunca discuto, pero me agrada la rutina, la vuelta a los desfiles de presentaciones y lecturas, a los amigos, a las cervecerías).

27 y martes

No cesa Joaquín Benito de Lucas, poeta tenaz. Ahora anda enredado en un trilogía que aúne un oficio, el alfarero, un río, el Tajo y una ciudad, Talavera. En la Casa de La Mancha, y procurado por Alfredo Villaverde, leyó la parte segunda, su Canto al río Tajo. Se aferra Joaquín a uno de sus símbolos más querido. Desde la boca fría de la nieve y la desolación de las presas al caudal desventurado con que atraviesa la llanura camino de la frontera. Y su eterno renacer. Su voz tembló en el Canto V, cuando el T/tajo atraviesa su infancia. José Luis Morales, reciente premio Villa de Aoíz, y Pedro A. González Moreno fueron testigos conmigo. También Carmina Casala, fiel siempre a la sonoridad de esta poesía.

28 y miércoles
Elvira Daudet y Rafel Soler en un acto anterior, en el Ateneo
Plato fuerte. Ediciones Evohé presenta su colección Intravagantes. Dos títulos la inician. Dos extraordinarios textos: el poemario Cuaderno del delirio, de Elvira Daudet y la reedición de El corazón del lobo, novela de culto, de Rafael Soler. Siempre digo que hay que tener cuidado en las presentaciones con los presentadores: a veces aprovechan un público que no es suyo para liberar obsesiones. Estuvo extravagante y catastrófico Ramón Irigoyen, preocupadísimo por el desuso de la pausa versal; y rigurosísimo en la denuncia de modas insustanciales, al tiempo que excelente analista, Jorge Rodríguez Padrón.  Impecable Elvira en su lectura de unos poemas que impresionan por el dolor desencantado de donde nacieron y por la finura del discurso que los sostienen. Qué gozo para la sala Manuel de Falla de la SGAE, repleta de público. Impecable y emocionado Rafael Soler, escritor que se la juega a cada línea, en una novela testigo de la época de nuestro primer descreimiento, y cuyo lenguaje nos permite reconocer el adocenado en que vive la narrativa española actual. Dos textos que apasionan, pero a nuestra opinión injustamente tratados por Juan Pedro de Gaspar, responsable de la edición.


29 y jueves

Lección psicoanalística en Libertad 8. Sin diván. Un sosegado e inteligente Julio Santiago procuró que Juana Vázquez hablase, ante un publico amigo, de las claves de su infancia y adolescencia: un padre liberal y adusto, una madre quejosa e indecisa, un ambiente pueblerino, castrante y un amor imposible, seminarista: todo para la vivacidad y la tristeza de una niña llamada Juana Vázquez Marín que quería ser poeta. Dijo también que el libro Tiempo de caramelos, 15 euros, surgió para ahorrarse las carísimas sesiones con el psicoanalista. Apenas se habló del libro, ni de la poesía que contiene. Julio Santiago condujo la entrevista en busca de los miedos y los deseos. Y estuvo acertado. Juana habló con el acierto de una enorme sinceridad. Rafael César Montesinos, Aarón García Peña y Javier Lostalé lo oyeron todo, aunque me temo ya se sabían la historia. Todos escuchamos con atención la lectura de los tres o cuatro textos  que cerraron el acto.

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Ya es otoño?




Almudena Guzmás firma un ejemplar
a José Luis Nieto
Elegante siempre. Siempre cercano. LA de Cuenca presentó la poesía reunida de Almudena Guzmán que ha editado Visor sin abusar de la palabra. Como siempre, acompañando. Sencillamente estando. Este blogero estuvo junto al poeta José Luis Nieto en la presentación. La poeta de Usted y de Zonas comunes leyó poemas de cada uno de sus libros. Lo hizo entre dudas y convicciones. Ocurrió en la Residencia de Estudiantes el jueves 5. El viernes 6, en la librería Arrebato de la calle La Palma, los asistentes permanecían en pie o sentados en el suelo. Apenas existen sillas. Viktor Gómez, director de una de las colecciones de Amargord hacía triple presentación. Dos asturianos: Julio Obeso y Ricardo Pochtar y un valenciano Pepe Máiquez. Todo con cierto aire alternativo. Buscadamente alternativo. El blogero estuvo con Antonio Crespo Massieu.  Y escuchó con deleite a Cecilia Quilez, exquisita cuando hablaba del libro de Obeso.

Antonio Daganzo
La semana de la Fiesta Nacional trajo a esta redacción noticias de amigos. Antonio Daganzo, el poeta de Arganda, presenta en Madrid el libro Llamarse por encima de la noche. Un poemario en que el autor se asoma al borde del pretil que supone el compromiso y decide aceptarlo. El libro ha sido presentado durante reciente el invierno austral, en Chile, editado por Ril. Es poemario de madurez y riesgo, de alegría aceptada, de viajes físicos e interiores en donde la belleza es una provocación. Como lo es el desconsuelo y el ansia de vivir –y no hay contradicción- en la antología que Alacena Roja presenta de Elvira Daudet, cuya lectura recomendamos (pinchad aquí) tanto para sus admiradores como para quienes no conozcan las maneras de decirse, tan contundentes como insobornables, tan de recia verdad, como son las que usa esta experiodista conquense, ganada definitiva y afortunadamente para la poesía.


Pedro A. González Moreno, José Luis Cabezas, Nicolás del Hierro
y  Manuel Juliá en el acto de Piedrabuena
Semana que continuó con la presentación en Piedrabuena, su pueblo y el mío, de “El color de la tinta. Poesía 1962-2012”, la obra reunida y seleccionada de Nicolás del Hierro, editada por Vitruvio, que ha estudiado y prologado Pedro A. González Moreno. El salón estuvo lleno hasta las cachas. Al citado Pedro A. se unieron los poetas manchegos Manuel Juliá, Natividad Cepeda, José María González Ortega, Juana Pinés, Elisabeth Porrero y Davina Pazos, que leyeron poemas del libro.  También Mari Carmen Matute, Presen Pérez y Esteban Rodríguez Ruiz. El acto estuvo conducido por Félix Ortega. Todo ello la tarde del 12. La tarde el 14, el blogero asistió a la entrega del premio de poesía mística en honor a Santa Teresa. Dos poetas, amigos de este blog, fueron premiados: Jorge de Arco y Cristina Cocca, ambos leyeron espléndidamente sus trabajos dedicados a la santa abulense, con seriedad, con clase. Alzándose sobre un acto propio de juegos flores años 40. Antes que ellos hablaron dos obispos. Tres pendones cubrían el fondo de escenario. Todo en Malagón, lugar en donde fundó Teresa. Cosas.

Cristina Cocca y Jorge de Arco en el acto de Malagón (Ciudad Real)