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sábado, 18 de febrero de 2017

Davina Pazos escribe, gesta cadáveres


 Cinco puñaladas en flor
(Para Davina. Con ocasión de Cadáver para un libro.)

      Dije con ocasión de Voces, su libro anterior, que Davina Pazos, ecuato-española, es poeta hasta la raíz de las batallas, belleza que duele, sugeridora, luz urgente, pómulos donde el presagio anida y hoy añadiría: mujer con olor a dama negra entre campos de dalias y luminarias de acero. Porque Davina vive transitada por el ansia de la frontera que separa la muerte de la carne y la vida del amor. Esa oposición de contrarios. Eros y Tánatos con voluntad de madeja. Es poeta que juega con el hambre de la noche. Y el azul del amor.

      Sometida por voluntad y decisión, al imperio enamorado de las vegetaciones, al dolor resignado de las hojas, a los hervidos círculos de las lentejas, al sueño subterráneo que a los tubérculos atormentan, sueña la muerte de la carne. Vehículo inútil de las emociones. La carne con su cerco de epidermis estorba en el poema. Es preciso apretar con fuerza la materia por la cruz de la garganta, cegar los tránsitos, lograr con la mudez el grito de la poesía. Todo poema es un crimen. ¿Es preciso borrar de la hoja de acero que lo escribe las huellas dactilares?


      Asesinar. Vivir en la certeza de la creación. Ser Díos a la inversa. Tal es el camino. Convertir el acto de morir en una obra refinada. Solo la voluntad de obtener, de procurar, placer convierte el oficio en arte. Lo execrable es la rutina. Es preciso matar como se escribe, como un acto de conciencia, pues ambos confluyen la plenitud de la belleza. Recuerden a Omar Kayyan, persa poeta y su amistad con Hassan, el viejo de la montaña, el primer assasins. Una finísima lámina separa lo sublime del horror. Es preciso conocerla. A un lado, el poeta y su culto; al otro, un vulgar criminal de a 30 años.

      Davina lee con aceros. Davina afina su decir. Lo pule. Lo aguza. Lo ancla en intenciones para que no yerre. Aquí más que en ningún otro de sus libros se aúnan mano, cerebro y corazón. Escribir, matar, deben acercarse a la perfección del hacer y el decir. Y en este solo poema fragmentado –qué bien edita Lastura– lo consigue. El yo poético hace masculino al protagonista, el que dice. Soy un hombre entregado./ Me deleito en mi obra, la disfruto/ y a cada uno doy lo que merece.  Quiere decir: la forma de muerte que merece. De eso hablamos. ¿Por qué hombre cuando el único asesino es ella… la vida? No es justo, no es cruel. La vida mata, escribe JL Morales

      Carne lívida sobre la que escribir. Boca en boca donde la sangre mana. Luz de acero que perfora y enmudece. Vino tinto vertido en los pozos de la llaga. La lentitud eterna donde vive el instante. Las fauces abiertas de lo oscuro y el sur fatal de Borges. El alivio de la penetración y la tensión de lo anónimo. El fulgor de lo urgente. ¿No es esto poesía? Las horas también matan y son nuestros oráculos. Tomás de Quincey, Jonathan Swift, Allan Poe, José Mª Fonollosa lo supieron. Y lo cantaron. Cómo no tú, dama negra, que habitas los alrededores de su aliento. Exquisito cadáver para un libro de sangre y de papel.

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XXXIII

Llega la noche y algo en el poeta
se enciende y es delirio,
sinfonía de luces y de sombras
despiertan en el alma
las ganas de matar,
hallar el huéped perfecto de mi filo.

Decía, tuve ganas, sin más,
de dar con alguien
que llegue tarde a casa
por caminos desiertos,
algún triste
que vaya a caminar por aliviarse
o vaya al cine solo
o llore solo
o busque a quien cortarle la garganta.
Qué ironía.
Dos que saquen los cuchillos a la vez,
dos con ojos incrédulos
y espanto,
dos con el mismo oficio
y con las mismas ganas.

jueves, 3 de julio de 2014

Las “Voces” de Davina Pazos



     Es una suite, es una sucesión de música y susurros, fragmentos de amor barroco. Es el ensueño que rueda despeñándose en los abismos de lo que fue. Es rebanar el tiempo que sucede a la muerte. Lo que queda de vida. La memoria sin cuerpo. Si hay algo que pueda derrotar a la ceniza, es el amor, es el deseo. El deseo perdura, hace revivir la carne del que todo dejó, de la amada que queda. Araña, crece, surge, vuelve, llega junto a la noche: llama. Todo el poemario es un solo delirio, un solo texto. Es una sola espera, una lumbre. Todo el libro es un cuerpo temblando, es una luz horizontal surcada por diez dedos. Dice su autora que lo comenzó a escribir mientras participaba en un recital junto a otros dos poetas. Que fue inevitable, que sentía como alguien le ascendía su cuerpo desde la misma tierra. Que allí comenzó el trance. Lo inmediato del pálpito.

    El libro ha sido editado por Vitruvio en su colección negra (Nº 418). El libro es un trallazo que conmueve. Davina Pazos, ecuato-española, poeta hasta la raíz de las batallas, belleza que duele, sugeridora, luz urgente, pómulos donde el presagio anida, ha escrito las voces del amante muerto, del que se sabe muerto y sabe que su amor ha muerto inacabado. Un enorme poema de 28 estancias y 60 páginas, en donde la poeta otorga al cadáver voz en primera persona, una voz que solamente, y sola, la amada siente, que la sacude, que la llena de fiebre. Una voz derrotada, pero en guerra civil desde lo oculto. La poeta ha creado un escenario distinto, tanto para la erosión como para la supervivencia que supone el amor. No habitan los recuerdos ni se agitan en aquel de los dos que sobrevive, sino en el otro, en quien es ya polvo, o su camino.

     La autora titula a su libro Voces, dejando por el aire la sospecha de la alucinación, pero el lector siente algo más que voces al leerlo: siente la inquietud de morir sin haber respondido cuando a su puerta llamó el deseo, o bien la sensación de no poder ser nunca calmado. Perro de sombra el amor, que no deja de ladrar, de llamar. Un lenguaje ceñido, de verso corto y afilado, justo, medido entre lo sublime y lo carnal, perfilado con cuido, permite la claridad del decir. Se alza con el poema la voz del amante muerto, su voz cuanto reclama, cuando ruega o exige. En Voces vive tanto el temblor de quien ya no es, pero desea amar, como la clara conciencia de su imposible. El inmenso riesgo que ha asumido Davina Pazos, escribiendo desde el yo (personal y poético) de un amante en el mármol, invirtiendo el esquema clásico de la elegía, demuestra su calidad de poeta: decidida, nueva, distinta. Desde el riesgo ha levantado un edificio poderoso, un libro de amor, de amor creíble, vigilante, cierto. Es Davina poeta que juega con el hambre de la muerte. Y el azul del amor.

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XXV

Recuerda,
no sólo yo estoy muerto,
sino todo conmigo,
esta ciudad, el cine,
los paseos, tu mano
pequeña
al fondo de la mía,
y pese a todo
yo aquí,
pendiente de tu sombra,
alerta ante tus ojos,
tu perro, hasta tu almohada,
el dedo que te muerdes
para que nadie sepa
cuando me ves y lloras,
y es precisamente
lo que quiero,
que llores,
qué otra cosa de ti
por saber que me Amas.
Y que me llores mucho
como el nombre que llevas
colgado de tus ojos
y que quema en los míos;
que guardes mis zapatos
debajo de la cama;
mis besos y mis labios
adentro de tus labios,
porque ahora soy eterno
y no te olvido,
y este hielo que empuño
no deja que te olvide,
es mi lápiz azul
de dibujarte peces
de selva que te cantan,
es el canto de lluvia sobre el cielo
que transformó mi voz en un ladrido
rodeando la humildad de tu cintura;
y en esa tarde, Amada,
en esa noche en la que te diluyes,
en la voz de tus ojos
te esperaré abatido,
y triste todavía,
como quedan los huesos
del cadáver de un niño enamorado.       

lunes, 27 de enero de 2014

Testimonios de ausencia

Por asuntos referidos al corazón, la redacción de Mientras la luz no pudo asistir a dos actos importantísimos del pasado martes 21, sin embargo se resiste a dejarlos sin testimonio.

1

 El poeta Rafael Soler presentó su libro Ácido almíbar (Ediciones Vitruvio) en el local de la Asociación de la Prensa repleto de público. Al día siguiente lo hizo en Guadalajara. De este último acto rescatamos esta crónica de Juan Garrido, presidente de la asociación Siglo Futuro, que lo organizó.


El pasado miércoles día 22 de enero de 2014, ante un numeroso público que casi llenó la Sala Tragaluz del Teatro Buero Vallejo de Guadalajara, el poeta RAFAEL SOLER presentó su nuevo libro de poemas, editado por Vitruvio, "Ácido almíbar". Estuvo acompañado por FRANCISCO GARCÍA MARQUINA, que,  en representación de la Fundación Siglo Futuro, introdujo y presentó el acto, el editor PABLO MÉNDEZ y el poeta ANTONIO HERNÁNDEZ, que apadrinó el nuevo libro. En su alocución, primero hizo un profundo recorrido por las tendencias poéticas a partir de principios del siglo XX y de las generaciones, para después centrarse en el  autor, al que calificó como "un poeta extraordinario", y en el libro, del  que  dijo que era "fascinante y "una verdadera declaración de intenciones". RAFAEL SOLER cerró el acto literario recitando una serie de poemas que integran las siete partes en las que se divide el libro. Su voz y su forma de declamar caló en los espectadores. Sus versos son como lanzas que se clavan en las conciencias y nos invitan a una profunda reflexión sobre la vida hasta más allá de la muerte. Terminó diciendo:  "la vida siempre nos ofrece una cosa y lo contrario". El público le aplaudió largamente. Asistieron al acto la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, Isabel Nogueroles; la Diputada Provincial, Eloísa Rodríguez y el Presidente y Directivos de la Fundación Siglo Futuro. 

2

 En la Casa de Castilla-La Mancha, la poeta Davina Pazos ofreció a la misma hora del martes un magnífico recital. Traemos aquí un fragmento de la reseña de Manuel Cortijo Rodríguez para La Tribuna de Albacete.

 

En la segunda parte, tras un breve exordio pronunciado por el poeta rodense Manuel Cortijo Rodríguez,  la poeta Davina Pazos, sola en el escenario, filigrana trazada de sus vuelos más altos, nueva siempre de luz y entregando su voz a tantísimas pulsaciones emotivas, ofreció una brillante lectura interpretada de poemas seleccionados de su libro Lo que más duele es tu nombre, poemario reconocido como ganador de la edición de 2006 del Premio de Poesía “Ernestina de Champourcín”, que convoca la Diputación Foral de Álava. En este libro, según confesión de la autora, la madre habla con su hijo muerto, lo recuerda en cada rincón de la casa y lo que hacía. Entonces se puede sentir el terror de esa pérdida. Así mismo seleccionó varios poemas inéditos, incluidos o no en libro para completar y redondear la iluminación de su lectura. Estuvo sencillamente sublime e impecable en el decir y arrolladora en el hacer corporal. Todas las virtudes poéticas van en ella, en esta poeta que, en cada verso declamado, se le escapa una porción benéfica, innata,  de su alma grande.



Hemos podido saber que asistieron, entre otros, los poetas José Mª Garrido, Cristina Cocca, Alfredo Piquer, Antolín Amador, Isabel Miguel, Juan José Alcolea, Ana Garrido, Javier Díaz Gil, Esther Giménez, Victoria Díaz, Carmen Bermejo, Alejandro Torres, Luis Martínez Morcillo, Ana Bella López Biedma, Elena González, Cristóbal López de la Manzanara y Fermín Fernández Belloso; la editora Lidia López Miguel y el Consejero de Cultura de la Embajada del Ecuador en Madrid, Juan Carlos Coellar.



lunes, 17 de junio de 2013

Junio feliz


Miércoles

Davina Pazos
Fotografía de Maxi Rey
    

 Davina Pazos,  melodioso albor de pantera, hizo una lectura íntima, recogida, casi extraña para su furor. Colmillos sosegados en matiz. Silbo entre dientes que subrayaban el fuego. No leyó, dijo. Con saliva de acero y miel, dijo. Fue el miércoles 12 en el blancor subterráneo de Galileo 52, lugar donde se fabrican libros bellísimos que apenas se venden en España. Éramos 12. Dijo poemas de la tierra usurpada que es la muerte cuando vuelve al amor desde el amor. De su próximo Voces. Dijo poemas de ese enigma en pedazos que es el deseo cuando Tánatos araña. Una lectura exacta, sazonada, porque así lo quiso, con una copa de vino mientras. Davina Pazos es un enigma agreste, bosque de océanos, voz que como mano tienta. Qué belleza ser pocos cuando es tanta la hermosura. Aquí está el video.


María Jesús Fuentes en Velintonia
Fotografía de MC Barri
Jueves    

 María Jesús Fuentes es vándala voraz y ajena. Vive entre mares. Desde el azul de Ceuta vino hasta la arcilla vidriada de Pepa Nieto. Al sofoco que llaman meseta. Algo dijo de ella Miguel Losada para presentar su lectura en Arco Poético. Algo dijo ella de sí. Luego, su poesía tiene cien vientos, mil ventanas, corceles de lumbres que atraviesan. Intuye, mira, resuelve. Hay en ella una rebelde serenidad que las formas no sujetan. Todo estalla porque le estalla. Vándala dispuesta a no callar. Poemas donde el coraje sabe del hambre y la misericordia, del dolor, donde la voz ignora los pronombres. Poemas imposibles para conciencias acomodadas. Dijo ser malagueña y en Ceuta feliz. Leyó con sal de ida y vuelta, sujetando el acento. Rompe mapas cuando el grito le urge. Y deja que lo poemas supuren. Digan. Estuvimos allí el jueves 13, por eso sabemos. No fuimos demasiados, pero sí José Cereijo, Carmen Jodra, Marga Clark, Jesús del Real, Milagros Salvador o Jesús Munárriz, entre otros..   

Viernes

Luis Rosales Fouz
Fotografía MC Barri

   Alegría y tristeza. Emoción y elegancia también en el patio de Velintonia 3, bajo el cedro que plantara Vicente en 1926. Con fondo de luz encendida, de casa iluminada. Unos 20 lectores se turnaron para dar voz al texto más conocido de Luis Rosales. La Casa encendida. Comenzó la lectura su hijo, Luis Rosales Fouz y la concluyó Alejandro Sanz con aquello de Gracias, Señor, la casa está encendida. Algo de música.en la noche serena para las 150 personas que llenaban el patio. Y algo de tono reivindicativo. Estuvo Telecinco para reforzarlo y estuvo Mientraz la luz con amplia representación. Hubo ambiente generoso y cuidado estilo. Al finalizar Alejandro Sanz, presidente de la Fundación Vicente Aleixandre comentó para los asistentes el recorrido por las habitaciones del abandono. Estuvieron Pureza Canelo y Elena Diego, de la Fundación Gerardo Diego que soportó económicamente el acto. Y Maxi Rey grabándolo. 
La batalla continúa. ¿Vendemos? ¿Compramos? La que fue Casa de la Poesía se ofrece a la venta para seguir siéndolo. ¿Por qué no se vende? ¿Por qué no se compra? Un drama su estado. Eduardo Merino y Carmen Bermejo, incorregibles y acalorados, seguían discutiéndolo a las 3,34 AM. Les digo: no se venderá. Habrá más actos. Para nuestro bien.


Inserción solicitada

Tuvo que ir el jefe, tuvo que ver para creer: Juan Carlos Suñén, sombrero, abrigo y jersey negro, 13 de junio, cerró el ciclo Favorables: 32 grados, el sol era un gentío azotando las ventanas del torreón de Cibeles. Ciclo bien diseñado y de escaso público. Incluso con Juan Carlos Mestre, nuestro celta bardo, que cerró. A duras penas el segundo JC sorteó el Derby de Epsom que supone la biografía dialogada que el primer JC ofrece de aperitivo. Advertido, no cabe duda, hizo cuanto pudo para no ser descortés ni mostrar sumisión.  Leyó cuando le fue consentido, posible. Dejó, dicen,  a los que oían, escaso número, en el deseo. Hubo acordeón final para el cavalo morto y el sastre de las mariposas. Suñén y su gin-tónic degustado en público prometen volver el próximo curso. Contaremos.    

lunes, 12 de marzo de 2012

Días de blanco y rosas

.
Alma Pagés, Marisa Montesinos, Miguel Losada

La verdad es que me distraje, jefe. Queda lejos lo de Alma Pagés, martes6 y Tertulia Montesinos; apenas si recuerdo. No quedó satisfecho. La verdad -defendí-, es que Miguel Losada en su introito habló de multitudes de poetas que lo creen y no lo son, y de alguno que hace centro en mundos cotidianos y sus poemas nunca trascienden. Me distraje pensando tales novedades, jefe, hablaba de poetas perroflautas. Pero al jefe, nada le convencía. Ni la postertulia. Tenía delante un tique de cuatro botellas de blancosrueda. Sospecha siempre de gastosdieta que yo creo obligados y él prescindibles. Lo cierto es que nada tuvo que ver el vallisoletano con mi falta de fijación en la lectura. ¿Dónde las rosas?


Davina Pazos
El jueves8 fue otro asunto, apenas una cerveza primera en compañía de Juanjo Alcolea, Ana Garrido y otros amigos. Diablos azules, 20,30, y un triángulo clásico. Cristina Cocca, celestinamirona, presentó al trío como ella sola sabe: melosa y lírica, aunque exacta. Él: Alejandro Torres, dejó sobre la escena el sabor quevediano del sarcasmo soneto. Un apunte de cuanto tiene escondido. El otro: Alfredo Piquer, de verso riguroso, galán y adjetivado, clásico y veraz, de voz cautivadora, y alejado un instante de su raíz egea. Ella: Afrodita de las piernas cruzadas, perfil y Helena sobre taburete, ella, poligonal, Davina Pazos, la mujer que bebe sus versos para nosotros. Poesía sensual, labios que buscan, perfecta siempre en su decir de garras. Uuufff... Hice méritos después para otro tique de blancosrueda. Para que el jefe viera de su necesidad. Hay ocasiones. Se anunciaban con yemas ciertas rosas.
Ramón Hernández

Ya estoy acostumbrado a las dobles sesiones, y era viernes9 y Ateneo. En la tarde, Ramón Hernández, el gran novelista, presentaba el tomo grande, negro, que de sus poesías ocultas y completas le ha editado Vitruvio. Se vendía y se vendía bien. Habló Alejandro Sanz. Habló Pablo Méndez, qué buen editor. Habló Rafael Soler, amigo siempre de sus amigos y más en ese instante. Habló Caballero Bonald, tan débil como esperado, y habló del libro, Acuario en Capri, de la bondad equilibrada de sus poemas. Habló Ramón desde donde hay que hablar, desde el centro del corazón humilde –en estas ocasiones dejo de ser cronista-, después leyó nueve poemas escritos desde nueve momentos y provocaciones diferentes. Nicolás del Hierro, paisano, poeta, amigo, compró un libro, jefe, que le firmó Ramón. José Luis Fernández "Capi", Eduardo Merino y Antonio Daganzo me aliviaron de soledad en horas de blancosrueda. Juana Vázquez vino, me amonestó y se fue, jefe. Tomé nota. Carmina Casala, en cambio, se añadió. Gané. Todos esperábamos, sabíamos que esperábamos. Comenzaban las rosas a abrirse.

Rafael Soler
Y se abrieron casi a las 23. No son horas, jefe. Lleno grande en salón grande del Ateneo. Anunciado Rafael Soler. Amigo y maestro, jefe. No solamente mío, sino de casi todos los que allí estábamos. Presentado por Rafael Borge, desmesuradamente dijeron, en un desborde de recuerdos y gestos sobre y con el poeta. Había ambiente de gran gala. Rafael había leído allí a principios de los 80, dijo, con los poetas jóvenes de entonces. Miguel Galanes asentía a mi lado. Entre las muchas maneras de volver, esta de hacerlo como poeta entre los poetas, como amigo entre los amigos, es la que yo deseo, jefe, ahora que estoy a punto de irme.
Como días antes en Guadalajara, hizo Rafael una lectura modélica. A mí me pareció reflexionada, sobria, medida, transitiva y sabia. Potenciadora de toda la emoción de los poemas. Es Rafael, por encima de sus personalísimos infinitivos y gerundios con los que intenta explicarse y explicarnos, un hombre que escribe con la otra mano sobre la piel, suya o ajena. El tan estudiado proceso de la rehumanización en la poesía tiene en él un punto de llegada. Como sabe leer y sabe de lo que escribe, nada perturbó la densa claridad de los poemas, la acidez y lo tierno de cada una de sus sugerencias. De sus descripciones de tipos y oportunidades. Me agradó la elección de los poemas de su primer libro, envolventes. Y me agradó sobremanera su manera de terminar. Las rosas estallaban en aromas, jefe.   
______
LVIII 

Yo no traje los acantilados 
a este páramo de sangre 

ni forjé las noches de tormentas que me dices 
ni puse viento 
en la acerada mies de tus entrañas 

yo no elegí ser el primero en navegarte 
y surcar tu cuerpo cada noche como un río 
bebiendo amaneceres que no me pertenecen  

yo no subí las cimas coronadas de tu cuerpo 
ni bajé a sus profundidades 

yo no busqué la deriva de tu sueño 
ni tengo cien años para darte 

yo estaba en mi camino sentado con la tarde 
y tu pasaste.


                                          Rafael Soler

jueves, 23 de febrero de 2012

Odisea Poética


Ana Bella y Alfredo Ulises Piquer.
Fotografías de JJ Alcolea
Bien sabe Alfredo Ulises Piquer que nada hay que temer de cíclopes ni lestrigones. Ya dijo Konstantin que no existen si tú no los llevas. Y él, que tiene el alma limpia de gigantes, tampoco teme al feroz Poseídón. Por eso continúa navegando en Libertad8 sin prisa alguna por llegar a la isla. Su empeño es la belleza conocida de la navegación, del viaje. Por eso busca poetas que le ayuden a levantar los aparejos, voces que reten al aire con sus canciones. Por eso, mensualmente, convoca a los helenos aburridos a contemplar el paso de su nave. Alfredo Ulises Piquer lo llama Odisea Poética. Tiene forma de ciclo. Y ocurrió por vez última el pasado viernes, 17 y febrero.

Davina Pazos
Ojalá que sean muchas las tardes en que arribe con el mismo contento. Porque fue un gozo escuchar los poemas de José María Garrido recitados por la voz de Dori. José María es marinero delicado, feliz entre la duda y la esperanza de las cosas, del viento cotidiano. 
Y aconteció que tras él surgió una negra sirena, ecuatoriana, una voz temible en su atracción. Los poemas del vino dulce y del deseo dulce, presentido y fugaz, de Davina Pazos hicieron necesarias las cuerdas y los mástiles. En ellos se ató Juana Pinés para poder salvarse del desatado huracán, y sensible, que llenó la sala de de un sísmico temblor. Pero le fue imposible, como a todos.
Fue precisa después la serenidad culpable de José María Herranz, leída en largos tragos. Marinero de distancias, José María es poeta atraído por la forma clásica y la provocación de la sensualidad. El sexo es un cuchillo que reflexiona en su voz. A veces queja, victoria en otras. Siempre afán de perfección serena. 

Elena Peralta, a quien desconocía, es marinera en tierra de volcanes. De ella vierten los poemas como vierte la lava. Poderosa, roja, caliente. Vibra, interpreta, discute con las olas. Navega sin vientos a favor. La sala de Libertad8, es decir, el mar, hervía. 
Ana Garrido
Ulises Piquer anunció, por último, a Ana Garrido. Hay un momento en que el viento amaina, hay momentos en que es precisa la armonía.  Así leyó Ana, sabiendo que la nave necesitaba su trazo suave para llegar a puertos nunca visitados. Versos nacidos del coral para el coral, del ébano para el ébano, del ámbar para el ámbar. Música que vibra, que se extiende, que calma y acomoda las aguas. Y así fue, con Ana Garrido, como la tarde se tornó del color de los tesoros.

Y entre todos, con aromas de sal mística, una voz que cantaba, una voz que era el escalofrío, la de Ana Bella López Biedma. Cuatro entregas de exquisita emoción. Voz que amenaza de forma permanente con quebrar su hilo. Voz tintada con el timbre del dolor actual, del amor verdadero. Voz capaz de la tensión, de conseguir el espeso silencio de la complicidad. Oír, escucharla, era estar al borde de los límites. 
Ana Bella López Biedma

Parece que la nave de Alfredo Ulises Piquer seguirá navegando. Ojalá tarde en llegar a la isla, ojalá sea larga su estela. Que ni los cíclopes de la rutina ni los lestrigones del cansancio hagan corto su camino. Que Nieves Álvarez y Miguel, dos almas artistas, poeta ella y fotógrafo él, santanderinos ellos, que nos acompañaron, puedan asistir, de nuevo y con nosotros, a otro paso de la nave. Y hacerse algo más ricos en otro puerto que, como el de este pasado viernes, ignorábamos antes.


Un hallazgo


Entre los espectadores de la Odisea estaba el poeta y pintor Fernando Fiestas. Y con él, su hija Alicia, de nueve años. Al terminar, y mientras los mayores conversaban naderías, la niña se acercó con una hoja de papel escolar y en él este poema, producto de su imaginación y sus lecturas aprovechadas:


Tic, tac, tic, tac ¿qué hora es? 
El reloj marca la hora 
nunca es antes ni es después. 


Tic, tac, tic, tac ¿qué hora es? 
¿Cuánto tiempo es un ratito? 
¿Cuánto falta para ayer?
.