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martes, 14 de junio de 2016

(La promoción del 60)


      Excepto a Manuel Ríos Ruiz, a quien no conocíamos personalmente, la tarde nos permitió saludar a algunos de los componentes de la promoción (hubo mucho cuidado en no llamarla generación). Se la conoce como “la del lenguaje” porque, con las debidas diferencias, pareció a los críticos que cuidaban más el medio que sus predecesores, los poetas de la bien conocida y divulgada Generación del 50: Claudio, Blas, Ángel González, Gil de Biedma, Pepe Hierro… que sí tienen un lugar en los libros de texto. Estos no. Estos no han logrado ese estrado desde donde puedan ser advertidos por la masa estudiantil. Bien se dijo allí, en presencia de ellos mismos. De Antonio Hernández, de Benito de Lucas, de Paca Aguirre, de Carlos Álvarez que asistieron junto a Rios Ruiz. Bien lo explicaron, hasta la saciedad, Manuel Rico como estudioso del grupo, e invitado al acto, y los responsables del libro Los poetas del 60. (Una promoción entre paréntesis). Estudio y Antología, los malagueños Francisco Morales y Alberto Torés. Sobre todo éste último como responsable máximo del estudio editado. Se trata de los poetas del 60, los que no lograron despegarse de la herencia de sus padres famosos del 50,  los que siempre han vivido como epígonos, aunque no lo sean. Tampoco lo niegan. No tuvieron, parece ser, la intención ni el estímulo para iniciar un nuevo tiempo, a pesar de su gran valía. Hay varios premios nacionales entre ellos.

Carlos Álvarez, Joaquín Benito de Lucas, Manuel Ríos Ruiz,
Francisco Morales, Paca Aguirre, Alberto Torés,
Manuel Rico, Antonio Hernández
Foto MCBarri
      No estuvo Jesús Hilario Tundidor (tampoco Ángel García López y Rafael Ballesteros), lo que no impidió que se hablase de él como uno de los valedores históricos del grupo, de su conciencia. También se habló de José Luis García Martín, crítico airadamente negado a calificar a estos poetas como generación. Ni siquiera como grupo. Uno de los lugares comunes entre los oradores fue el lamento por su coincidencia con la aparición de los nueve nuevos, de los venecianos, de aquel fulgurante fogonazo mediático que impuso al culturalismo como daga edípica con la que asesinar y enterrar a los sociales. La genialidad de Castellet los eclipsó. Luego aparecieron los muchachos de la experiencia, a finales del XX, para alejarlos definitivamente de los focos. El llamado “grupo del 60” careció de llamarada y/o razón para ser visible. Asunto que pretende remediar el libro que se presentó. Algo complicado parece con el desbarajuste actual en donde nadie se acuerda ni reconoce a nadie y se edita como si el mundo acabare mañana. La comidilla actual se centra en la banda corintellada de los Marwan´s y el sofoco de sus ventas. Ellos, los del 60, ya están mayores para estas pendejadas. O muertos. Como Soto Vergés, como Félix Grande, como Pérez Estrada y José Miguel Ullán. O, salvo claras excepciones, solos.

      La convocatoria, en el Ateneo de Madrid, apenas atrajo a sus personas y sus familias. JC Mestre, tan solo, representaba a la tribu. Poca farándula en un viernes, 10 de junio, caluroso, de casi verano. Por cierto, se aprovechó su presencia para traer a la sala la memoria de Diego Jesús Jiménez encargándole (Társila a Juan Carlos) la lectura de uno de los poemas del de Priego. Los poetas presentes leyeron por turno. Alberto Torés desveló que Manuel Vázquez Montalbán dijo sentirse más cerca de ellos que de los novísimos, causa de su inclusión en el grupo y en el libro. Y que, por el contrario, Martínez Sarrión se incomodó en extremo cuando conoció que pretendía incluirle. Cosas de los egos.

      Es el caso que el libro, que hubiera merecido un recibimiento como el del venezolano Rafael Cadenas en la Casa de América, hace justicia a una generación dignísima, de buenos poetas, que por las circunstancias externas que se dijeron, o por otras intrínsecas, no han logrado un lugar al sol, un balcón en el frontispicio del edificio poético español. Siguen siendo bien conocidos para sus lectores, pero desconocidos, en gran parte, para el público no avisado. Para el canon, que se dice. Y no digamos para los cuarentones de la crítica actual. Recordamos un artículo de Ángel L. Prieto de Paula en Babelia -durante un agosto, para más inri- en donde los despachaba a todos juntos, tres líneas para cada, al hilo de la publicación en Calambur, tras subvención autonómica, de la obra reunida de algunos de ellos. Y no es eso, y no era eso.

      Lo contrario, ya hemos dicho, de Rafael Cadenas, venezolano de su misma época. A reventar el auditorio de la Casa de América el lunes 30 de mayo. Donde algunas intervenciones antológicas, la de Álvaro Valverde y Jordi Doce, por ejemplo, o muy respetuosas como las de Antonio López Ortega y Manuel Rico, señalaron el nivel de consideración que un gran poeta necesita. Y hay algunos grandes en la promoción entre paréntesis del 60. Entre visillos. Porque esa es otra: Negada desde el inicio su cualidad de generación, se les disminuye a promoción y no basta, hay que añadirle “entre paréntesis”, como pidiendo perdón. Y esto lo hacen sus grandes defensores. Con todo, nos gustaría que el libro, tan a contracorriente, no pasara desapercibido. Es una cuestión de justicia hemos dicho.            

martes, 31 de mayo de 2016

Trinidad de lo real y de lo poético


     El jefe flipaba en Gilet (Valencia). Bien lo recuerdo. Escuchaba de labios de Jaime Alejandre que según los cuánticos toda realidad que no es observada no existe. O dicho de otra manera: todo lo existente necesita ser percibido para convertirse en realidad. Que es preciso el observador. No como testigo, no, sino como necesario agente. Ya que es la mirada del que observa quien crea la realidad. Perplejo, el jefe se rascaba el occipucio (qué palabra), sacaba el móvil y hacía una foto para comprobar. Elucubraba: Entonces no han existido. Y alargaba su reflexión: Entonces apenas si han existido actos poéticos en Madrid puesto que en estos tres últimos meses Mientras la luz ha permanecido casi ausente de ellos. Nunca pensó que aquella decisión de casi desparecerse fuera capaz de alterar realidades. No obstante, algo confundido estuvo cuando escuchó, en su refugio de Cibeles, la perorata de Juan Carlos Suñén intentando diferenciar la prosa de la poesía, el mal poema del buen poema. No lograba dilucidar si aquello había existido o no. Pero el recordatorio de Jaime Alejandre era una revelación. Es el asunto que esto de la realidad se ha puesto tan de moda que terminaremos encontrándola en alguna tertulia. Por mucho que se enmascaren, terminarán siendo reales los poetas. Ya lo verán. Alguien los encontrará. Los leerá, los escuchará. Hacen falta agentes que los creen, claro que sí. Observadores que crean que lo que escuchan es poesía. Verán como sí. 

A contraluz, Soledad Serrano, Jaime Alejandre y Alicia Arés
Uno

      De momento ha vuelto a las andadas. El jefe, digo. Ha decidido volver a pagar las nóminas, y en consecuencia a enviar a sus andarines redactores por veredas líricas. Lo primerito, nos dijo, a escuchar a Jaime Alejandre, nuestro profeta. Y fuimos a escucharlo. Leía su nuevo poemario ...Y más allá de mi vida, en Los editores, esa librería de capricho que sin un solo codazo está abriendo brecha. Claro que no es difícil en este páramo actual en donde faltan locales con sello y ganas. Jaime, decidido, tan sereno como valiente,, confesó su realidad. Ha escrito un libro de amor porque está enamorado. Esa es su coherencia. Lo que convierte la potencia en acto. La realidad táctil que él ha creado. La que nosotros creamos escuchándole, observando su timidez sonora. Ya saben que para este asunto hace falta cierta colaboración, claro. La colaboración, bellísima y de color subido, estaba presente. Teoría y praxis en la tarde del martes 24. Animado que fue a la pública declaración por la palabra armoniosa de Soledad Serrano. Única. El local repleto multiplicó la insobornable realidad. Todo sucedió en 24, martes de mayo. Así da gusto, jefe. Envíenos más. Además estuvo Rosa Jimena, la africana. Con aroma de regreso. 


Manuel Rico,  Ana B. Martín Vázquez y Manuela Temporelli
Dúo

      El miércoles y 25, tomada de nuevo la costumbre, quiso que creáramos más realidad asistiendo a la presentación de De paso por la vida, editado por la últimamente vacilante Bartleby. Acto que tuvo por marco la fundación FUHEM, lugar donde labora Ana Belén Martín Vázquez, su autora, a quien ya escuchamos en el soberbio ciclo que Casa de Fieras celebró el mes de febrero. Glosó el libro con buen oficio Manuel Rico, director literario y fiel amigo de la casa, como se sabe. Y de manera inane lo glosó Manuela Temporelli, que se guareció en el cobertizo de los “felices instantes compartidos” y "qué buena es Ana Belén" para rellenar su disertación. Leyó sobria la poeta a un público amigo y entregado. Poemas de sensaciones, al modo de haikús extendidos. Colores, emociones, lluvias, derrotas, autobuses… a lo largo de las cuatro estaciones (del año). Parece un libro real, pero de bautizo. Sin compromiso todavía con el látigo. Buenísimas formas, exacta su dicción, enhiesto lo sensitivo. Voz entonada. Dispuesta a recibir la violencia de un discurso próximo. Ojalá y llegue. Que llegará, es fácil sospechar tras lo escuchado. A seguir. Otra realidad creada.

Y trino

      La trinidad se consumó en viernes 27. Vino desde Levante, donde reside, el manchego Manuel Moreno Díaz. Poeta que se anunció luminoso hace 10 años ¡diez años ya, Dios mío! con la aparición  de La saliva del sol, premio que fue Alarcos Llorach, y visor, y su primer libro. Ha esperado para el segundo, que aparece en Renacimiento. Estuvo contento, comunicativo. Dijo que espera ser más humilde con el tercero. No sabemos respecto a qué. Armonía y estrago, tal es el título. Orden y caos, las dos caras de lo real. Tuvo un presentador de lujo, Pedro A. González Moreno. Un lujo caro de convencer por su decisión de no y no, aunque que en esta ocasión fue. Señaló la presencia de la luz, del color, del sol como motor desencadenante de la poesía del tomellosero Moreno Díaz. Análisis prolijo, serio a veces y brillante en otras, cuya dicción coloquial no eclipsó su tono analítico. Pedro A. mostró a cada paso, con versos ejemplares, la certeza y el rigor de sus aseveraciones. Estuvieron en la sala Valentín Arteaga y Nicolás del Hierro, poetas nobles, testigos y manchegos. Esta segunda entrega, de la que su autor hizo conciencia mientras la lectura, continúa su línea de poesía bien trabada, espléndidamente concebida y seriamente plasmada. Endecasilábica mayormente. Con barniz celebrativo, a lo valenciano, tan de moda todavía. Basada en recuerdos, en gentes, en experiencias. Dijo que en Valencia se lo había presentado Antonio Cabrera. Un referente. No digo más. Moreno Díaz es de condición poeta. Como tal lo hizo real nuestra mirada. Un poeta al que en opinión de Juan Pedro Carrasco, también presente, es obligado seguir.

      Y ya es suficiente de “realidad” para este tímido regreso. Seguiremos observando, creando, creyendo. Pero no olviden el término. Empléenlo de vez en cuando en conversaciones sobre poesía, quedarán bien. También queda estupendo ficisidad.

martes, 5 de abril de 2016

Alfas y omegas. Siempre hubo

          
      Solos en la redacción, digo al Jefe: Algunos se largan a Kenia durante una semana para descansar del ajetreo. Otros a Perú, al festival de Lima con deseos de atiborrarse de lo que allí se cuece o germina. Alfa y omega de las reacciones. Hay tantos poetas jóvenes como escasez de escaparates. Siempre los hubo. Y hay tantos poetas maduros que han pasado la vida escribiendo en callado como los hubo siempre. Y siguen sin ruido (Luis Hervás, por ejemplo). Alfa y omega de las situaciones. Hay editoriales que gozan de su estatus (sin pasarse ni en lo de estatus ni en lo del goce), y las hay, mayoría, que andan haciendo cuentas día y noche sin hallar equilibrio. Alfa y omega de los emprendedores. Viene esto último a cuento por unas entradas en Face de Javier Sánchez Menéndez, el exitoso, parece, editor de la isla sevillana de Siltolá, y poeta. El que abre taberna de Libros y Copas estos días para oxigenar, para oxigenarse. Está Javier tan dudoso de la existencia de poetas jóvenes, él que tantos jóvenes ha editado, como de que la mayoría de los críticos sean solventes. Alfa y omega de las emociones. Él sabrá. En fin, nosotros a lo nuestro, porque el fin de tanto desfile procesional televisado nos ha devuelto a la normalidad del día a día editor. Tuvo la semana de regreso un alfa y un omega, un lunes y un viernes, prometedores. Veamos.

Lunes 28


      En el templo de la Alberti, a salvo aún de las banalidades, se presentó Re-generación. Una entusiasta y bien tramada antología de poetas jóvenes. Le ha dedicado tiempo y ganas José Luis Morante. Hay poetas jóvenes en España. Incluso algunos son capaces de romper barreras y vender. Y es que el lenguaje poético tiene la virtud de ser necesariamente proteico. Habita en él la voluntad de dejarse trastornar en sus modos y formas. Tiene la piel joven siempre, abierta al tacto de manos jóvenes que lo exciten y lo muden. Tiene el deseo abierto. No se quedará con todos, no irá a las alamedas ni a los lechos de plumas con todos, por supuesto. Pero se deja. Morante y la granadina Valparaíso han querido conocer a los que aspiran y ejercen. Contarlos al día de hoy. Se han detenido en 24 de los nacidos entre 1980 y 1995, los que inauguran, escribiendo, el siglo. A los nombres más conocidos. Luna Miguel, Elena Medel, Fernando Valverde, Elvira Sastre, Rubén Martín, Ben Clark,… añade otros nacidos de su búsqueda, de sus encuentros, hasta la cifra de la doble docena. El libro pasa de 300 páginas y se presentó el lunes 28. Introdujo el acto con humildad y justeza el antólogo. Resaltó su deseo de construir lar habitable y señaló la tentación de lo real y el poder de lo virtual, de las redes, en el quehacer poético actual. Todo antes de dar la palabra a los presentes. Diego Álvarez Miguel, Javier Vicedo Alós, Paula Bozalongo, Aitor Francos, Francisco José Martínez Morán y Javier Temprado hicieron lectura de algunos de los poemas seleccionados. Advertimos su anclaje en los modos, su frescura en los temas, su tentación culturalista, su densidad de intenciones. Apaciguadas las tentaciones adanistas, las veleidades de vanguardias inoperantes, olvidados de lo que distrae, parecen saber su oficio. Y tienen temple, ganas.     

Viernes 1
Antonio Cubelo y Rafael Escobar
Foto de Mara Troublant
    
      Hay poetas escondidos, humildes, que escriben como pidiendo permiso, y a los que cuesta moverse en el mundillo. Poetas a los que sus amigos veneran, quieren. Sin duda que Antonio Cubelo Marqués es uno de ellos. Agobiado en sus tiempos por las obligaciones laborales, cada poema es un milagro. Su anterior libro Julia, agosto, septiembre –qué título, por Dios-, apenas tuvo tiempo de presentarlo y circula casi clandestinamente. Ahora aparece Hablo contigo en la editorial Tigres de papel que codirigen Mara Troublant y Paco Moral. Y esta vez sí se presentó. Ocurrió el viernes 1 de abril en el recinto de Casa del Lector. Vino desde Cuenca a presentarlo Rafael Escobar, poeta raíz. Habló –serenidad de voz culta– de la concisión esbelta del lenguaje, de su alejamiento del coloquialismo y la anécdota, de la capacidad de apresar el instante, (paisaje y sensaciones), de su voluntad comunicativa, del amor como difuso escenario, de la fusión celebrativa con la Naturaleza. Pero habló sobre todo de la apuesta, a todo o nada del poeta, por el poder de la palabra sobre el discurso. Una impecable, por certera y respetuosa, presentación. Luego hablaría el poeta, voz de pausa plomada, para confirmar lo anunciado. Y lograr lo que parece un imposible: extender la emoción con unos textos tan esenciales, tan enjutos, tan en sí, tan alejados de los adjetivos y los trucos sensoriales. Poesía grande, humilde y honesta la de Antonio Cubelo. Poemas que él entiende sin título, para no condicionar al lector. O con una propuesta entre paréntesis como mucho. Así en este que adjuntamos.

(estar herido)

Las huellas
que te cruzan, ojalá,
ojalá
que dibujen un árbol:

para tenderte
a la sombra

desnudo como un pájaro
en la tierra.  

lunes, 22 de febrero de 2016

De la prisión en los poetas

Morante y García Martín en Granada
    
    Está merecidamente contento. Hablo de José Luis Morante, poeta y crítico. Termina de salir su Re-Generación. En la granadina Valparaíso. Una antología con buenísima pinta y título sugestivo. Recoge 24 autores jóvenes nacidos ENTRE 1980 Y 1995 y que han comenzado a publicar en el presente siglo. Buena definición cronológica y creo que una excelente selección. Lo advertimos para que no se les escape. Ha conseguido además acto de alternativa. Se la ha dado, con foto incluida, el maestro en estas lides José Luis García Martín, que hizo labor semejante –Las voces y los ecos, de la finiquitada Jucar– en su momento. Ahora va por los foros proclamando que de estas cuestiones se ocupen Morante y Luis Bagué. Sea. Están bien las antologías que lo son de veras. Las que se ejecutan con decisión tras estar serenamente trazadas. Y merecen por ello ser leídas, criticadas. Hay en esta algunos poetas cercanos a Mientras la luz, otros son novedad total.   

Martes 16

Antolín Amador y Cristina F Zambrano
Foto MCBarri
       Debería ser así. Los poetas deberían invitar a personas tangencialmente ajenas al mundillo para hacer las presentaciones. Hay en ellas frescura y sinceridad. Y una mirada limpia. Ocurrió en la Casa de La Mancha para la lectura de Antolín Amador. El texto de apertura estuvo a cargo de Cristina F. Zambrano, artista visual., que conoce a la persona y se atrevió a hablar de su poesía. Lo hizo con un desparpajo de nata crecida.  Lo hizo para señalar el carácter irónico y urbano, evidentes en la construcción y el vocabulario de los poemas. De Antolín. Le escuchamos –dijo- hablar más de farolas, cubos de basura y colillas que de almendros y margaritas.  Es un transeúnte entre palabras –recalcó- alguien que respira hondo. No quiso dejarla mal Antolín, que leyó con enorme destreza –¡cómo cambian los tiempos!– una selección de su obra. Predomina en ella la desenvoltura, el golpe de efecto, el gusto por la paradoja del lenguaje, de las situaciones. Poesía decidida, provocadora, de aristas. Donde la descripción de las cosas son el atrezzo en la reacciones de los protagonistas. Porque es una poesía de las personas, de sus afanes y sus dificultades. Reactiva. Nueva. Lástima que Morante no sepa de él. Terminó con poemas inéditos, que lo fueron de amor. El suele escribir del deseo y sus concreciones o deflacciones, pero en esta ocasión fueron de amor con declaración expresa. Lo que levanto algún que otro rubor público. Ay, la poesía.  

Jueves 18

      La becaria estaba algo más que sorprendida, alterada. A punto de salir para la lectura del día, el Jefe la llamó al despacho para decirle: El poeta no es libre. No. El poeta es un ser que ama lo inútil desesperadamente. Apenas le queda el pequeño margen de dar forma a lo prescindible, de trazar su cauce gráfico. Está atrapado. No intentes aprenderle por los datos que conforman sus poemas. Es un ser maniatado por lo alrededores de la realidad. Y es azar. Azar encarcelado, condenado por las cosas a contar cuanto no importa de ellas, lo sin peso, lo no medido. Las personas tienen otras vidas, los azules escriben. No dijo nada al salir, pero la vi llorar. El jueves. Cuando se ponía el abrigo camino de la Casa de Fieras.  

José María Parreño en Casa de Fieras
    
     En el Retiro esperaba como emergente Ana Belén (Martín) Vázquez, inédita aún en libro, que espera en Bartleby la salida de Los pasos y los días. Parece poeta aseada, de doble filo en sus contenidos: conciencia crítico-social (por eso ha sido elegida) y discurso intimista. Dijo que ahora trabaja en tres poemarios a la vez y con lentitud. Démosle tiempo entonces. Y esperaba José María Parreño. Presentado como poeta de referencia, respondió con ironía que disfrutaría del instante porque siempre pensó que pasaría de joven esperanza a poeta injustamente olvidado. Se prodiga poco, de ahí su pátina de poeta de culto. Y escribe poco. Dijo salir a 8 poemas de media al año. Lamentablemente la sala no estaba a reventar como merecía. Leyó el primer poema de su memorable accésit del Adonais, aquel de te regalaré la lluvia, tan imitado después, y declaró que poco a poco la realidad había ido desplazando a la experiencia en su personal bestiario poético. Su lenguaje tiene tanto de potente como de delicado. camina sobre el filo de dos abismos: el del construir elegante y el de la provocación gratuita. Vive, y lo sabe, en la contenida fortaleza de las imágenes. y actualmente en el disturbio del yo, en la conciencia distanciada. Señaló que su ultima entrega, el Pre-Textos Pornografía para insectos, lleva nombre engañoso porque no hay sino un poema que intente lo que anuncia. Que se debería llamar El desvividor, por el intento de explicarse con mirada escéptica. Su figura enjuta, de blanco halo, y su discurso de hilo permiten escucharle como se escucharía a un místico en Úbeda. La becaria decidió no acudir.

Rafael Soler en "El Monaguillo"
Foto MC Barri
  
    Es el caso que no sé si la becaria entendió al Jefe o quiso desantenderlo, pero acudió a El Monaguillo, café de la calle Segovia esforzado en crear un ciclo de poesía. Jesús Arroyo, su muñidor, entrevistaba para el previo a Rafael Soler. Poeta poderosísimo. Y poeta que aprovechó la cercanía física del público para hacer una lectura íntima. Tanto en el tono como en la selección. Maestro como pocos en el retrato de personas y/o situaciones, tensa el lenguaje con violencia hasta hacerlo gotear ternura. Subrayó con emoción las elipsis, esas que suelen llenar a sus poemas de sentido, de múltiples sentidos. Guardó para el final los textos que centran su atención en modelos de mujeres. Vitales, nocturnas. Las que esperan, las que exigen. Las dueñas del mundo. Poeta reclamado en numerosos foros, fue un lujo para la becaria verlo, oírlo y sentirlo tan de cerca preso de fiebre por la poesía. Tal vez vaya comprendiendo al Jefe.   

lunes, 15 de febrero de 2016

Casa de Fieras

      Advierte el Jefe que debemos seguir atentos la iniciativa del grupo de mujeres poetas que se hacen llamar Genialogías, unas cuarenta, muchas de ellas amigas de Mientras la luz. Dice que tras denunciar con energía lo inconveniente de unas declaraciones de responsable de Visor sobre la menor calidad de la poesía escrita por mujeres (en España y en el s. XX) han tomado el asunto por los cuernos. Porque cuernos tenía. Así, en colaboración con la editorial Tigres de Papel, van a crear una colección en donde se rescaten textos afilados y agotados de poetas mujeres y españolas. Por fin Torremozas no estará sola. Comenzarán con Juana Castro, Los cuerpos oscuros, y Mª Victoria Atencia, Marta y María. Cuentan con la colaboración de Cristina Morano en el diseño. Bien hecho. Llevan recogidos más de 5000 euros, pedían 4000 para comenzar, en esta cuenta de Verkami. Alta luz y esperanzas altas.

Martes 9. Riojano

Jorge durante la presentación 
de Amor fouel jueves 11.

      En pleno barrio de Salamanca, el Centro Riojano ha hecho apuesta por la Poesía. Rosaura de la Cueva dirige con modestia y decisión una tertulia semanal. Segundos martes. En éste, 9 de febrero, acudió Jorge Urrutia presentado por Milagros Salvador.  No suele estar Jorge cómodo en las lecturas. Es esta la segunda suya a la que asistimos. Lo decimos por sus excesivas justificaciones, sobre todo en lo que afecta al carácter algo cerrado de una poesía cercana al autoanálisis. Señaló que hace tiempo tomó la decisión escribir en tercera persona, por eso del distanciamiento. Pero en realidad escribe para anotar la mirada de la primera. Subjetivismo disimulado. Cuarenta minutos que dieron para muchos poemas. Hubo afán lector. Poeta reconocido, es cierto que su obra no está divulgada profusamente. ¿Pero cuál lo está? ¿Quién como Benedetti? Poemas de corte reflexivo sobre el peso del existir. ¿Hay otro tema? La anécdota sucedió a la hora de cierre. La coordinadora quiso halagar al poeta con la lectura de un poema de juventud que a ella le gustaba en especial. Pero a él lo contrario. Lo rechazó públicamente. Hay obsequios que matan. Tenemos dicho que después de la palabra del poeta nadie debe hablar, ni comentar, ni preguntar, ni alabar, ni especular, ni…   sencillamente: es el tiempo del vino en compañía.

Jueves 11. Fieras

Juan Antonio y Paz

     Alberto Gª Teresa, que dedicó su tesis doctoral a los poetas de la conciencia crítica y que labora en las bibliotecas municipales de Madrid, es el mentor responsable de un ciclo que ocupa los juevestarde de febrero. Se celebra en la Eugenio Trías, antigua Casa de Fieras del Retiro madrileño. Recinto novedad del año en esto de las convocatorias. Un poeta de obra reconocida acompaña a uno que emerge. Paz Cornejo es de Arganda y emergente, la presentó Alberto y dijo sentirse periférica a tope, que en Madrid-ciudad juega en campo contrario, y que en su obra trata de reflejar la realidad cotidiana de la afueras. La del sueldo sin sueños, la de Ikea y Zara como ideales, la del trabajo inestable y ralo, La de mañanas de cercanías y crisis. Poemas cortos que pretenden golpear conciencias. Fotografías emocionales de cuanto allí ocurre. El extrarradio como motivación. Concisa y apenas sin novedades formales, sus poemas sociocríticos y bienintencionados terminan por ser previsibles. Aunque el texto con que cerró sus lecturas anuncia un tiempo diferente. Juan Antonio Marín era el poeta invitado de obra reconocida. Pero tampoco está satisfecho. Los premios Adonais y José Hierro no han logrado disipar las sombras. Piensa que su obra no llega, no trasmite con inmediatez y manifestó su deseo por hacer más transparentes sus abstracciones, sus obsesiones (lo presentó Javier Lostalé). Es poeta autorreferencial que escribe del yo desde la angustia de la soledad, desde la insatisfacción. Realidades nacidas de las ausencias constatadas, golpeadoras de una sensibilidad en excitación. Esas que le llevan desde la sutileza de la observación al lamento flagelado, a la revuelta de lo imposible. Bella en su construcción, bella en el largo aliento de los poemas. Sorprendió con los tres inéditos finales. Con tres llamadas de auxilio. Con tres buceos viscerales en su infancia, en su presente. Potentísimos. En fin, un ciclo de buen diseño. Y un público no muy numeroso, pero jaspeado de poetas amigos.   

Viernes 12. Más Fieras

Jon Juaristi y Nacho Sánchez
  
En el Ateneo, y con una lectura, presentaba Jesús Munárriz, el editor Hiperión, su antología Materia de asombro. Lectura prologada por palabras de Fernando Beltrán, uno de los últimos poetas de una casa otrora grande y ahora en recesión voluntaria (sinecura de premios aparte).  El jefe quiso que volviéramos a las Fieras. Allí, en una sala pequeñísima, donde dicen que entristecía el león, hacía público la editorial Vitruvio el texto Diaria, de Ignacio Sánchez. Poemario que obtuvo el premio Covibar-Ciudad de Rivas. Jon Juaristi realizó la presentación en tono conversacional. Desde la cercanía al autor y a la obra, señalando su carácter elegíaco y la seriedad de su propuesta y resaltando el diálogo entre el yo y el nosotros desde el que suele construir Ignacio. Usó para ello, malcitando su nombre, el texto que Pedro A. González Moreno había escrito para Calle del reloj, la anterior entrega del poeta. Luego estuvo algo zacandil interrumpiendo la lectura del autor con preguntas e insinuaciones, pero logrando un tono distinto a las seriedades habituales. Ignacio es poeta que se consolida y del que esperamos. Y aunque este libro, escrito con anterioridad a Calle del reloj no recoja su momento actual, nos reafirma en su apuesta por el uso de la construcción cadenciosa del poema, por el respeto a la forma para lograr la libertad en el trato de los asuntos. Dijo Jon que muchos de los poemas podían entenderse como canciones, por lo sutil de su musicalidad.  En cualquier manera es poeta a lo machadiano de escribir cuanto se pierde. Incluso los anhelos de una generación. Como en este poema que añadimos.


Hay historias que cuentan su silencio
aunque ya nadie escuche.
¿Os acordáis? Estábamos
sin voz entre los rostros de la infancia,
altivos y peinados en la foto
amable del progreso,
abriendo el porvenir como un regalo.

Hablo de los ochenta.
Por vez primera el mundo
-así nos lo dijeron-                                      
                                  estaba a nuestro alcance.
           
Bastaba con guardar
la historia y sus preguntas                                                    
                                  en un cajón inútil,      
bastaba con seguir aquel guión         
que el siglo nos había reservado.

Y no nos dimos cuenta,
                                  pero entonces teníamos                     
el mismo brillo ingenuo
de aquel país pasado a limpio.
Porque quién de nosotros
no sintió alguna vez
los pasos cómplices del tiempo,
la fe en que todo lo mejora hasta llegar
a la mentira que habitamos,   
a esta página rota
que es nuestra                        
                               y es de todos.

Solo más tarde comprendimos
la trama y la verdad de tanto lujo,
su grito sordo de miseria.
Solo más tarde nos buscamos
más allá de nosotros,                                    
                               como mudos testigos.
                                  
Al final de la historia,           
allí donde ya estábamos                                                                   
                            –según nos advirtieron-,
es hora de volver       
al día que se abre                   
                              y encontrar
las manos repartidas de la luz,
las palabras que esperan
debajo de un silencio.

sábado, 6 de febrero de 2016

La Alberti como morada

      Seguimos en lo mismo. Ante la dimisión de tantos foros antaño de prestigio, la Librería Alberti parece el único lugar posible para atender una digna demanda del toma y daca poético. Su semisótano ligero y sabio guarda intenciones de sancta sanctorum. Colaboran en ello, y sin descanso, la agilidad de las editoriales sevillanas, que no dejan pasar una sin presentación madrileña. Todo corre el riesgo de ser rutina. Pero no. 
Otro sí. A la chita callando regresa la sabiduría poética a Cibeles, A CentroCentro. El ciclo de años anteriores, Favorables Madrid Poema que manejaba Juan Carlos Suñen, vuelve con el mismo conductor pero mudado de nombre y estrategia. Ahora se hace llamar Favorables Taller Poema, aunque sigue celebrándose en Madrid. Su responsable pretende indagar un jueves de cada mes en el pozo, insondable y secreto, del hacer poético. Lanzar cantos, no sabemos su grosor, para saber si hay agua. Para escuchar si hubiera eco. Anuncia que para arrojarlas contará con la presencia de Ildefonso Rodríguez, músico a no perder, Menchu Gutiérrez, Pilar Martín Gila y Jorge Riechman. El Jefe está interesado en el experimento. Mas nadie se acerque, me dice, si no está limpio de corazón y sabe geometría.   

Jueves 4

Chema, Soler y Paloma Corrales
Foto: Jaume Suau
  
    Comenzaba en la Antigua Casa de Fieras del Retiro, hoy biblioteca pública, un ciclo de poesía actual para los jueves de febrero, leían Ada Salas y Sara R. Gallardo, buena oferta, pero en la Alberti estaba Paloma Corrales, una poeta emergente de gran calado. Madrileña, vive en Alicante por razones climáticas y tal vez laborales. Y porque la poesía. Si hace dos años nos sorprendió con El rurún de las palabras, su primer libro, en esta ocasión vino con Celebrar el aullido, al que ha puesto papel La Isla de Siltolá. Isla que camina con urgencia hacia la superpoblación. Atendiendo a lo nuevo, seleccionando. Magnífico el acto, pleno de buen hacer, atractivo por elegante, por bien tramado. Cuando se habla lo justo y por lo mismo se dice, cuando la música es ángel, cuando la lectura es dicción sosegada y explosión, cuando el silencio adquiere la densidad de lo aceptado, pueden producirse estas rarezas, estos milagros. Habló Rafael Soler calmo y directo, ocho minutos, señalando las heridas ocultas como baluarte de la poeta. Dijo de la consolidación de su voz. Personalísima. Resaltó la justeza de sus elecciones, así como la belleza de su tanteo alrededor de las provocaciones, de como hace ley de la sugerencia. Provocaciones que la poeta no logra (porque no lo pretende) ni sofocar ni describir. Siempre las mantiene en el nivel de inestabilidad preciso para que el poema sea poema, para que jamás habite en ellos la solución. Leyó Paloma sin apenas preludio, sino el preciso de los agradecimientos y en especial a dos personas. A la ausente y amiga Elvira Daudet y al presente Jaume Suau, leridano venido para la ocasión. Leyó y la guitarra de Chema Abascal lo agradecía con susurros a lo divino. Leyó, con potencia contenida, poemas que se asoman a las laceraciones, a lo curvo del existir, a la carne y sus afanes. Poemas que atisban el hallazgo y la pérdida, el vuelo triste y la generosidad de la lluvia. Que escriben lo inestable, el hoy y su espiral, la celebración de la fugaz plenitud. Nadie pudo mover un músculo tras la palabra gracias con que suelen finalizar los poetas. Algunos escucharon con los ojos cerrados.    

Viernes 5

Lostalé, Fombellida y Canelo
Foto: Librería Alberti
   
      De la colaboración entre la Fundación Gerardo Diego, cántabra, y la sevillana Renacimiento surge Dominio, la poesía reunida de Rafael Fombellida. Llegó a última hora, pero llegó, Abelardo Linares, el editor, que no intervendría. Dijeron que nace urgida por Pureza Canelo, gestora de la Fundación, que abrió al acto con la alabanza de una de sus últimas publicaciones: el tomo que recoge todas las noticias, autores, obras y circunstancias de la poesía en Cantabria durante el XX y el XXI. Luego, azorada por la pérdida de los papeles (que traía escritos) vino a la fuerza de un discurso improvisado. Que tal vez algunos agradecieran. Sí los conservó, y numerosos, Javier Lostalé, presentador acostumbrado a penetrar, berbiquí, en la tensión emocional de la obra presentada, presto siempre a la empatía con lo leído. Habló con largueza, temporal y analítica, de la poesía de Rafael. Dijo: lenguaje traspasado por la vida, el amor, los sueños y la muerte, cada vez más afirmado en sus motivaciones, discurso no interesado por la moda de lo coloquial, cuidadosamente dispuesto: poesía visual, pintura sonora, transparencia de los estados interiores, imaginación táctil, sensualidad. Todo lo ilustró con la lectura de amplios fragmentos de los poemas, todo dejaba ver, y por extenso, la admiración. Llegado al fin el turno del poeta, dijo a lo Larra que escribir en Cantabria y en los ochenta, sin maestros, sin tradiciónes, sin difusión, era llorar. Que él aprendió leyendo, vagando, tanteando, buscando. Y que está conforme con el ahora. Dijo que en Dominio ha seleccionado, corregido y en ocasiones reescrito. Es hombre cordial, dado a las explicaciones en la corta distancia. Tardó en leer. El primer poema apareció casi una hora después de comenzado el acto, pero mereció la pena. textos largos, discursivos, meditativos, pero de luz asumible. Con toques biográficos en sus provocaciones, pero sin moraleja, sin afán sentencioso. Parecen de voluntad minuciosa, deseosos de anotar todo lo que el poeta percibe. Y con anhelo de perfección formal, que se agradece. Leyó el poema Nadadores, que ofrecemos, con la garganta trabada. Rafael, que llegaba por primera vez a la Alberti, es junto a Carlos Alcorta y Lorenzo Oliván, el presente más conocido de la poesía del Norte, con norte.


NADADORES

En el lago mi hijo es una cuerda atirantada.
Hemos nadado juntos hasta que mis pulmones se han abierto
y dejado escapar su poco hálito. Lo veo regresar 
         suculento y desnudo
desde la orilla en donde espero. La tiniebla escarlata 
         del crepúsculo
encapota mi piel abandonada a un húmedo estremecimiento.
Cuánto detesto esta rojez de gasa adherida a una honda cortadura.
A mi lado, mi hijo está secándose envuelto en esta luz 
        color fresón maduro.
Silba Lady Tonight, se tiende soberano sobre el entarimado
y remece sus sólidos tobillos en la maraña tosca 
       de las plantas acuáticas.
Me habla con mi voz, pero su idioma no es mi lengua muerta, 
        es un desperdigarse
suelto, vivaz, sincero lo mismo que un galope de caballo.
Soy el padre de un hombre, un hombre grave, meditativo, oculto,
que se gobierna con pericia mientras cabe pensar
que su mano, ya enorme, clausurará mis párpados  
        como se sella un ataúd de plomo.
Su cuerpo se ha acostado bajo la vena cárdena del cielo.
Miro su trazo hermoso, la cabellera untada con arcilla 
        de un ocaso granate.
El braceó más lejos con mi salud, mi fuerza, mi enconada constancia,
y se reclina ufano como un bárbaro después de violentar 
        a sus mujeres.
Es la masa engreída que yo amo con el temple 
        del nadador de fondo.
Es el rival que aguarda mi ahogamiento con el bravo estupor 
        del aspirante.
Ocupa mi lugar porque es su padre joven, prematuro,
inconsciente de toda dentellada del tiempo. Disfruto esa codicia
de converger conmigo, arriesgada ambición de parecérseme.
Miro el milagro de su mocedad. La atmósfera bermeja
de la última hora da a su pecho el impulso de un incendio.
Ha cerrado los ojos. Silabea sin ganas Love, hate, love.
Despreocupado, ajeno. Sólo espera que el púrpura del aire
me desintegre. Adoro el esplendor de su avidez.

jueves, 21 de enero de 2016

Enero a trancas


       Regresados por fin a la ciudad cómplice. De inmediato. La navidad aturde. La lejanía aturde. Y el estado del Jefe oscilaba entre la melancolía y la mudez absoluta. No era cuestión de prolongar castigos. El viernes 8 la redacción abrió sus puertas, lanzó sus redes, oteó. Madrid a trancas. Soñoliento. Indecisa la voz de los poetas, de los que leen enero.  Salvo la Librería Alberti. A la que Lola Larumbe, con clarividente tozudez, ha ido conservando como única guarida de prestigio ante la abdicación de tantas que fueron. Por lo demás, vegetación acostumbrada, endogamia sonora, repertorio y canciones. A veces una flor. Libros, libros. A veces amenazas.   

Lunes 11
En primer plano Ana Cibeira leyendo, al fondo
Berta García Faet
Foto de Jesús del Real

       Leyó Chantall Maillard en Getafe, en el centro José Hierro, que dirige con mano de metal Julieta Valero, pero el Jefe prefirió que escucháramos a dos voces jóvenes, bellas y varsovias. Aprovechando su estancia vacacional estuvo en Madrid, Berta García Faet, a quien seguimos con fruición. Por si algo le faltara a su poesía, al coloquialismos surrealista que la caracteriza, a la explosión provocadora de sus intenciones –el amante como posibilidad- se añade su estancia en New Haven y sus recorridos por los modos intrínsecos a la poesía norteamericana -hace poco estuvo por aquí Sharon Olds admiradísima- lo que, unido a su inteligencia poética, la convierte en un ave rara y perseguida. Leyó en la librería Enclave ante un público escaso pero joven, muy joven, muy sediento. Leyó alternándose con Ana Cibeira, poeta forjada en la mixtura de gallego y castellano que pregona Luz Pichel. Poemas largos los de ambas. Más de impresiones asombradas los de Ana, más en el centro del dilema los de Berta. Ambas tienen libro nuevo. El jefe nos encargó el de Berta, La edad de merecer, que Elena Medel ha seleccionado para La Bella Varsovia. Bien sabe por qué. Aunque parece libro de agregación.

Miércoles 13
JL Morante, H Barrero y J Muñoz
Foto de Enrique Bueres

     A barrancas. Estuvo la becaria en Ferraz 100. En la presentación del libro de la infatigada Mª Antonia García de León, El yo conquistado, que ha editado la infatigable Huerga&Fierro. La manchega es poeta tardía, coloquial, apegada a lo sucesos, de poso reflexivo y con unas enormes ganas de compartir. Extravertida y cariñosa, seguramente ya está preparando una nueva entrega. Muy cerca de allí, en la Alberti, el toledano Hilario Barrero, otro neoyorquino de vacaciones. A Hilario le ha editado La Isla de Siltolá, otra infatigable, sus Diarios (2012-2014) avalados por José Luis García Martín. Venía de hacer lo propio en su natal Toledo. Y tanto Pepe Muñoz –largo, premioso- como José Luis Morante –breve, certero- señalaron la generosidad y precisión de su mirada, su tiempo y memoria compartidos entre NY y Toledo, y la originalidad de intercalar en sus páginas, en su miscelánea, un mosaico de poesía norteamericana actual. Hilario se mostró pleno de jovialidad, mental y física. Agradecido. Dicen que todavía corre maratones.  

Dos mujeres

       Y amigas, aprovecharon las fechas para recordar sus libros con nuevas lecturas. En la Casa de Galicia, el lunes 18, lo hizo Pepa Nieto para su Nacer del fuego, lugar en donde ha reunido –publicados e inéditos– los poemas de brasa erótica que le han ido acudiendo. Una lectura fresca, cercana, resaltó su carácter de juego, su voluntad de piel, su ensoñación de cuerpos.  Y en la Casa de La Mancha, el martes 19, hizo lo propio Cristina Cocca con una nueva edición de La heredad de la luz que lleva en portada un dibujo de su padre, el pintor Maximiliano Cocca. Fermín F. Belloso y Alfredo Piquer hicieron de presentadores. Una lectura sosegada e intensa permitió a los asistentes volver a gustar algunos de los poemas y sobre todo conocer las nuevas provocaciones en que la poeta trabaja ahora: una, el agua; la otra, las mujeres de ficción. En ambos casos un público numeroso..

Editor, Claro, Jenaro y Marta
Fotomóvil
Miércoles 20

      Otra vez la Alberti. Y un gozo inicial. Javier Lostalé exhibía feliz un ejemplar de la poesía completa de Carlos Sahagún, que recién ha publicado Renacimiento. Y que incluye sus celados poemas inéditos. Parece que Carlos, cuidadoso y ordenado hasta la extenuación lo tenía dispuesto para. No pudimos adquirirla, se habían agotado los escasos ejemplares recibidos. Vendrán más. La causa de nuestra visita fue la presentación de El sueño de Einstein editado por Salto de página. Curioso título, luego lo explicaría, que Jenaro Talens, ha dispuesto para una extensa colección de poemas en prosa con los que intenta recrear fragmentos de su infancia. En un ida y vuelta hacia el presente. Fragmentos que tal vez le expliquen pero que no son su biografía, aseguró. Es incapaz de escribirse. Dijo que su magdalena-de-proust consistió en una invitación a la comida 50 aniversario de antiguos colegiales maristas. Clara Janés y Marta Agudo intentaron acercarse al tiempo de Jenaro, al vital, al metafísico, al cronológico y destacaron su atracción por lo científico que le viene de la juventud. De cuando corría el hectómetro y era veloz. Ana Merino, Antonio Ortega, Miguel Casado, Jordi Doce… entre otros asistentes no quisieron prolongar la velada con preguntas.  

lunes, 14 de diciembre de 2015

Arañando los últimos


      Terminaremos por convertir diciembre en un mes inútil. No sólo laboralmente sino también para el ajetreo poético. Entre puentes a revisar –Constitución e Inmaculada dicen que huelen moribundos– y la alegría comercial de las Navidades, la cosa se queda en nada. Apenas si 10 días, del 9 al 18, por lo que todo se presenta apretadito. Estuvo por aquí el maestro Eloy S. Rosillo, en la Alberti. Cada vez más reconocido como el espejo de la claridad aparente. Álvaro Valverde habla de esas aguas cristalinas (de esos versos cristalinos y en calma) que nos engañan sobre la profundidad del fondo en que muestran y guardan las cosas. Lo presentó Andrés Trapiello. Me perdí saber en directo cómo se consultan y corrigen versos mutuamente, y escucharle leer con pausa una buena cantidad de poemas. También oírle cómo animaba a los asistentes a participar en el coloquio y cómo uno de ellos le agradeció que trabajara (como poeta se entiende) para nosotros. Por allí estuvo Eduardo Merino, poeta y lector. Y José Luis Morante, poeta y antólogo de Eloy.

Miércoles 9. Paco G. Marquina

Marquina mostrando la escarapela
Foto: Cecilia García Baena
      En Trovador, la renovada sala que ahora gestionan Raúl y Fabián. Sigue siendo sede de la tertulia Prometeo coordinada por Ángela Reyes, que en esta ocasión apostó por un lector único y por la ausencia de los sobados poemitas navideños. La cosa iba en serio. Y es que García Marquina, Paco Marquina, el especialista en Cela –sabemos que anda ajetreado con la biografía de Camilo- es un peso pesado de la poesía española. Dueño de una obra longa y firme. Y amo de un sentido del humor tan sigiloso que suele envolver, aprisionar, al personal sin ser apenas notado. Es cosa de elegancia. Leyó con voluntad de estilo, como en un autoexamen, una selección sorprendente de poemas. Digo sorprendente porque escarbó en los baúles de los enamoramientos, de los ensañamientos, de los tiempos en que la mirada y la acción se convertían en tigres. Los oyentes, que casi llenaban el anfiteatro, se lo agradecieron. En especial Elvira Daudet, Carmen Rubio y JL Morales que ocupaban la primera fila. Poco a poco fue acercándose al prado de los sonetos, a los alrededores de la sonrisa, a los pozos de su sabiduría. Hondos. Honda. Poemas dejados por el aire a lo balduendo, como en desgaire, que semejaban bombas de racimo. La voz le fue creciendo hasta un soneto final esplendoroso. Y muy aplaudido. Tanto que, y esto fue sorpresa, al levantarse para el saludo final le había crecido en el pecho la escarapela verde de la gratitud. La cual mostró orgulloso a petición del público. Lectura, ya pueden suponer, que reconcilió a la clientela con los vinos que siguieron. Porque siguió comentándose. Que se repita.   

Viernes 11. Rafa Mora

López Azorín y Rafa Mora
      En la librería Lé (Castellana 154), que mantiene una decorosa sección de poesía. Allí adquirimos Barbarie de Andés G. Celdrán. Editado por Adonáis. Editorial de referencia, pero en retirada, como Hiperión. Ya no apuestan, Sólo o casi sólo publican premios. Una lástima. Todo lo contrario que Eirene, pequeña y con fiereza. Que mana con el empuje de Chelo Altable, su promotora. Hace poco editaron un precisa antología de Antonio Hernández bajo el título Distancia que regresa, y de la que ofreceremos noticia. El viernes se trataba de presentar el primer poemario de Rafa Mora por parte de Manuel López Azorín, responsable de la sección de poesía. El poemario de Rafa se titula Naturaleza urbana, y según se dijo forma parte de una preocupación pretérita del autor: la ciudad es un libro que se anda con los pies. Preocupación, se dijo luego, que ya va por otros barrios y estéticas, pero que consideraban necesario hacerla pública. Lleno a rebosar en la librería. Apenas si pudimos escuchar el primer poema leído por el autor –debíamos ausentarnos– no sin observar como Alberto Ávila, Ana Montojo y Julio Santiago seguían el resto de la lectura. Rafa Mora forma con Moncho Otero un dúo musical conocidísimo en los ambientes literarios de Madrid. Suelen musicar poemas de diversos autores y mantienen mensualmente, en Libertad 8 y bajo el título de Versos sobre el pentagrama, un acto al que acostumbran a invitar, para intercalarle recitando entre sus canciones, a un poeta con gancho de la nuit poética.


Viernes 11. Blas Muñoz 

Rafael Soler y Blas Muñoz.
Foto: Vitruvio
      El 27, Castellana abajo, nos traslado casi a Colón. Muy cerca, en el Centro Riojano, Rafael Soler presentaba la antología de Blas Muñoz Pizarro que, bajo el título De la luz al olvido, ha editado Vitruvio sobre la obra del valenciano. Queríamos estar por el autor. Y por el presentador, uno de los pocos que a más de marcar los tiempos –para, templa, manda– suele combinar generosidad y justicia en sus análisis. Rafa Soler se ha convertido en un puente necesario entre lo valenciano y lo madrileño en los afanes que preocupan al mundillo. Imprescindible, dicen algunos. Llegamos cuando ya leía el autor. Voz ronca, tomada, que añadía un toque de trascendencia. Blas ha sido un poeta intermitente. A la manera de un Halley. Tras una aparición fugaz y luminosa a principios de los 70, se alejo para volver a la fiebre hace ya unos 10 años. Una década, esta última, fructífera en actividad, en escritura, en creación de mundos. Respetó el orden cronológico para la lectura de sus poemas, el mismo que guarda la antología. Nos fue posible apreciar la evolución hacia una poesía cada vez más reflexiva, más nacida desde las emociones de la naturaleza, más íntima, más sencilla también. Preocupada siempre por la fugacidad, por la proximidad de la nada, por el necesario goce de la luz, de la vida. Y atenta a cuanto de pérdida se advierte en derredor. Al haz y al envés del olvido. Construida desde la sonoridad clásica pero sin someterse. Es autor excelente de sonetos. Sonetos de donde la rigidez se ausenta, donde apenas se observa su tentación de caja Y aunque no forma escuela, es posible observar en su obra el toque sensorial que baña a la poesía valenciana actual. Oriente a donde tantos miran. José Elgarresta, Alberto Infante, Alfonso Berrocal, escucharon a nuestro lado. Pablo Méndez, el editor, dijo que esta fue la 80 y última presentación del año. No está nada mal. Luego, fue imposible no prolongar la tarde en el cercano Platea, lugar más que actual para dejarse ver y ser visto.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Crónica en dulce otoño

     Errante anduvo la redacción de Mientras la luz durante el dulcísimo otoño del pasado fin de semana. El viernes en Albacete, lugar donde se hace la mejor poesía de Castilla La Mancha. Convocados por Amuni, asociación que guarda y acrecienta el Museo del Niño. Era el caso que se presentaba su segunda publicación, un bellísimo tomo en donde colaboran más de 100 poetas españoles rememorando o glosando sus juegos infantiles, ilustrado por 18 espléndidos artistas. Antón Pirulero es tu título y Pilar Geraldo su constante y genial coordinadora. Asistieron colaboradores de toda España con obra en el libro. Manuel Cortijo Rodríguez tuvo a su cargo el saludo de los poetas. Lola Catalá el de los ilustradores. Al mismo tiempo se celebraba en la ciudad el Festival Fractal de poesía que organiza, entusiasta y sin dinero, la asociación del mismo nombre. Asistimos en la Librería Popular a la presentación del libro editado Armonía en rebelión de Luis Alfonso Iglesias Huelga, asturiano residente en La Rioja, que leyó acompañado por el albaceteño Antonio Rodríguez, que hizo lo propio de su segunda edición de Insomnio.  El sábado, y tras la sorpresa del 0-4 en el Bernabeu, en Torre de Juan Abad, señorío que fue de Francisco de Quevedo, se presentó otro libro colectivo: la entrega anual que, bajo la coordinación de Luis Díaz Cacho, ejecuta el sello editorial Oretania para poetas de Ciudad Real, en esta ocasión dedicado a la poesía de humor. A risas con la palabra es el título del tomo que reúne a 18 poetas de la llanura. Errante anduvo la redacción. Kilometrera.

23 lunes

FedericoRico, Charo Fierro y Juana Vázquez
Foto de Federico Romero
     De todas las convocatorias que empedraban Madrid el lunes 23, el Jefe eligió la del Círculo de Bellas Artes. Tendría sus razones. En la sorprendente y bella, dotada de comodísimos divanes, Sala de Juntas, se presentaba el libro El incendio de las horas de la poeta, novelista y ensayista Juana Vázquez Marín. Mesa enorme, 60 asistentes, sitio extraño para un evento que Charo Fierro, la editora, se encargó de humanizar y que Federico Rico, músico dijeron, quiso aromatizar con sus abstracciones sonoras. Juana venía guardada por dos palabras previas. Una, Rosa Silveiro, tocada y bella toda la tarde, consciente de la ausencia de megafonía levantó su voz para decir que es un libro descarnado en donde el tiempo se trocea en carne de psiquiatra, urbano, libro donde la poeta vive la ciudad desde la matinal melancolía hasta los ruidos, el alcohol y los cigarros que la llegada de tarde aportan. Dijo que es el grito desnudado de una poeta cada más transgresora, cada vez más auténtica, desde que fue capaz de Tiempo de caramelos. Dos, Enrique Gracia Trinidad. Templó la voz, como suele, para recordar los orígenes extremeños de la autora y las circunstancias de su primer poema, el que dedicó a la señora Orosia, la blanqueadora de Salvaleón. Luego habló de su amor por las palabras tristes, de su madrileñismo, de su afán por estar y escribir en el Café León. Coincidió en que el libro es un despojamiento de velos, un toque bohemio de una bohemia roja de toda la vida, de una mujer sin pose. En fin, poesía impura, contagiada de mundo, de roce, de gentes. Tras las presentaciones emergió Juana, decidida: Pues no, hoy no pienso leer los poemas en los que me desnudo, leeré poemas dulces. Soy bipolar y eso es lo que ahora me apetece. Y leyó seis o siete poemas de su incendio, poemas en donde el tiempo y las sensaciones iban de la mano, desde la melancolía de las mañanas, las tristezas de los mediodías, la exaltación de las tardes y la complicidad de las noches. En el pequeño diálogo, animado por Rafael C. Montesinos y Marga Clark, nos advirtió de su estado actual de libertad individual y del gozo que le produce el verse libre de tantos compromisos y tantas metas como la tenían atenazada. Hago lo que da la gana –repitió- y soy feliz. Lo parecía a las 20:35.   

24 martes

   
Rosa Jimena, Ángeles Fernangómes y Carmen Fabre
Foto Manuel M-Carrasco
 En el Café
Ruiz, sesión terapia entre amigos, auténtica tertulia, abierta, libre, sensitiva. Rosa Jimena, como coordinadora del grupo Poesía en Sidecar, explicaba las motivaciones y las características del grupo que durante cuatro años mantuvo un hermoso ciclo en Libertad 8. Dijo que, surgido alrededor de los asistentes al taller de Enrique Gracia, decidieron actuar para dotar a la poesía de un ambiente lúdico que atrajese a los no iniciados. Habló de los componentes del grupo, de los iniciadores. Presentes estaban Jesús Arroyo, Ángeles Fernangómez y Manuel Martínez-Carrasco que matizaban en sus intervenciones. Y de la preocupación porque otros muchos poetas cercanos se incorporaran, de las salidas a otros escenarios, de las antologías editadas, del éxito de las tres primeras temporadas y de la sensación de cansancio o de rutina, no pudo despejarse la proporción, que les llevó a tomarse este año de reposo y reflexión. Aire franco para una experiencia que ha marcado. Mientras la luz, que ha dejado constancia de algunas de sus sesiones, espera.  

25 miércoles

   
En la presentación de 21veintiúnversos
Foto de JL Torrego
 Es sabido que
en las galerías de arte escasean las sillas por eso la mayoría de los asistentes atendían de pie. Sucedió en la NF de Monte Esquinza 25. Entramos junto a Manuel Rico, reciente y afanado director de la Colegial de Escritores, con la que pretende dotar a la voz colectiva de los autores del necesario peso en la sociedad española. Habían convocado Juan Pablo Zapater, Francisco Benedito y Víctor Segrelles, misacantanos editores de 21veintiúnversos, Revista de Poesía Contemporánea, que han decidido editar en Valencia ante la ausencia de otra y la urgencia de su voluntad. Hablaron de sus razones, aclararon que en cada número figurarán 20 poetas más un artista plástico responsable de la portada (de ahí el nombre). Y dieron gracias infinitas a Jordi Teixior, allí presente, por haber realizado la primera. Animosos y sinceros, hablaron también de micromecenazgos y de su voluntad de permanencia. Tres números anuales. Para ilustrar el acto, Cecilia Quílez y Raquel Lanseros leyeron sus poemas. En las conversaciones finales, con un vino en la mano, Cecilia comento a Mientras la luz la inminente salida, esperadísima por otra parte, del nuevo libro de Alejandro Céspedes y Raquel de su participación en la próxima y mexicana Feria del Libro de Guadalajara, parece que nos debemos acostumbrar a compartirla. 21veintiúnversos ofrece como anticipo un poema del libro inédito de César Simón, El pretexto y el fervor, que verá la luz junto a su poesía completa en el volumen que, preparado por Vicente Gallego, entregará Pre-Textos en breve. Lo ofrecemos.
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La fuente de la vida

Qué reclamo divino
al fondo de la hiedra,
gruta inmortal. El pecho cómo respira
el aroma abrileño de los mirtos.
Y qué fervor supremo
este fervor de cuerpo y alma.
Sólo desnudo ven a estos jardines,
solo desnudo acércate y olvida
esa muerte que deja
tu crisálida antigua sobre la antigua hierba.
No cantes esperanzas ni alegrías.
Sólo el hondo perfume de las flores
es… para todo y nada,
como tu propia desnudez primera:
una verdad inextinguible.      

                                                  César Simón