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domingo, 24 de mayo de 2015

Casi recuperados

    Pasadas las tendinitis de codo y rodilla que han tenido a los habituales miembros de la redacción sin poder visitar y sin poder escribir. Ni pensar. Por los agudos dolores. Que ni los emplastes de la becaria lograban reducir. Pasadas digo, y mientras atendemos a los resultados del terremoto (grado 5, se esperan sacudidas mayores) y sus efectos en los edificios ya de por sí agrietados, queremos dejar señal de la semana. Leves señales.

   Una. Que María Luisa García-Ochoa crece en la poesía desde la humildad y la emoción. Hizo una lectura muy medida de sus primeros, de sus editados y de sus últimos poemas. Fue en el Hogar de Ávila, lunes 18,esa tertulia escondida y de tradición. Presentada por José Félix Olalla, contuvo su propensión a la sonrisa cómplice para hacer valer la fuerza reflexiva de sus textos, que paradójicamente eluden la ironía habitual de su carácter. Tal vez padezcan, sin saberlo, de esa enfermedad tan extendida que supone hacer de la poesía un acto trascendente: Aunque algún guiño hubo. Asistió Carlos Murciano, quien nos contó de la recién reedición de su poemario sobre Teresa de Jesús, De roble y seda.


 Dos. Que Ana Gorría leyó en Función Lenguaje, la sala que la antigua Escuela de Escritores mantiene en la calle Doctor Fourquet. Miércoles 20. La presentó sin emoción Antonio Ortega. Era nuestra primera visita, y el lugar es disperso. Juan Soros, Pedro Provencio, Miguel Casado entre los asistentes. Consuetudinarios parecen. No nos pareció de acertado actuar la poeta invitada. Leyó escasamente cuatro poemas, para pasar a un "juego", así lo llamó ella. A un poema dialogado (luego supimos que eran alejandrinos trinchados) que leyó a dos voces con Antonio Ortega, quien había aceptado sin emoción. Luego, a los 7 minutos de comenzado todo, llamó a los asistentes al coloquio. La sala, fría, no respondió. Ella aprovechó el tiempo para expansionarse sobre sus motivaciones y los rasgos de su proceso creativo. Sobre su intención de llevar las cosas del lenguaje hasta el límite, repetía. Y repetía. Y demandaba preguntas. Miguel Casado, sin emoción, hizo alguna. Ante el escaso éxito, Antonio Ortega, sin emoción, le pidió que leyera algo más. Aceptó, pero volvió rápida a las andadas de explicar deslavazadamente, a poetas avezados, cómo y por qué, y desde qué confusión, hace ella un poema. Me hizo recordar aquello del Juan de Mairena apócrifo:

Será de verdad poema
el poema que me dices 
si en mi corazón resuena 
no porque mucho lo expliques.

   Tres. Que la sesión final de Odisea Poética, viernes 22, logró una calidad de tono y susurro como pocas veces. Un emocionado Alfredo Piquer vivíó con todos su emoción de vísperas. Estuvo en Libertad 8 al mismo tiempo que estaba ya en la noche del domingo 24. Esta del recuento. Cuando escribo. Tres voces femeninas, Gema Palacios la primera, su voz contenida, sin apenas modulación, subrayó unos textos claros y comprometidos, de tensión intimista y buena factura. Luego la sevillana Sara Castelar, que ha vuelto un mes después a Libertad 8 para obtener un aplauso cerradísimo. Hay lenguaje poético a raudales en esta mujer, de quien ha poco dijimos, y que se muestra entusiasmada con su empeño editorial. Karima se llama. Y para el final, la reconocida Raquel Lanseros, que llegó ajustadísima de hora (decían que de acompañar a LGM). Cerró la sesión de forma espléndida leyendo poemas que la han consagrado justamente y que cantan a la vida. Da gusto sentir cómo trasmite gozo en su lectura. Estuvo por allí Enrique Gracia Trinidad, atareado y atento.


Otro sí:  La redacción en pleno espera que pasen las aflicciones físicas y los ibuprofenos y que podamos seguir dando cuenta de todo cuanto pasa, que es mucho. Porque han de saber que la gente se arremolina y levanta la voz cuando la Feria se acerca. También debe existir esperanza (de la buena) en los poetas. ¿Por qué no? Informaremos si alguien vende más de 50 libros (descontado Marwan, claro).

lunes, 18 de mayo de 2015

Críticas inmejorables

   Ha obtenido críticas inmejorables, decía el cartel que lo anunciaba. Tras la lectura, J. Lostalé, también presente, me confirmó el aserto cuando inquirí ¿quién es?. El asunto ocurrió antes de que abril se agostara. En la librería Enclave. Doce personas para escuchar a tres poetas. Juan A. Marín, impecable y melancólico premio José Hierro 2014 y la gallega irredenta Luz Pichel eran los otros dos. La verdad es que la lectura del así anunciado fue sorprendente, tanto por la longitud desacostumbrada de sus poemas, como por la intención de crear con ellos, o en ellos, un mundo onirico-real a la manera de las grandes folletines del Señor de los Tronos o los Anillos del Juego. 
Isamel Belda
(Foto de la red)
  
    Es el caso -me amplió Lostalé- que en ABC salió una crítica escrita de rodillas por Andrés Ibáñez, y el libro se vendió como la espuma. Un Andrés Ibáñez, supe luego, contrito y feliz porque con la lectura y reseña de La universidad blanca le había llegado su momento culmen: la ocasión de ser el descubridor de la voz poética que marcará el siglo XXI español y europeo. Una voz que culmina los intentos, ahora sabemos que frustrados, de Yeats, Wallace Stevens, Lezama Lima, Rubén Darío, LM Panero, Roberto Bolaño y Vladimir Nabokov. Una voz que añade a tal arquitectura “los colores traídos por Rilke, por Kleist, por Hölderlin”. Todo esto lo supe cuando llegué a casa y tecleé. (Pueden ustedes hacerlo aquí.) Y como uno es así, crédulo de nación, intenté retener autor y libro: La universidad blanca, de Ismael Belda. Dice la solapa que, nacido en 1977, lleva 10 años escribiendo una novela que llama Vesperal y nuevo en esto de publicar, aunque no en la crítica. Es colaborador habitual de Revista de Libros. Me dijeron también que se había agotado la primera edición (La Palma, 2014), por eso me alegré tanto cuando encontré un ejemplar de ella en la reciente Feria del Libro Antiguo. Y lo compre, 8 euros, no fuera a escapárseme la joya, amigo Andrés, y la posteridad. Y voy leyendo sin prisas. Y con sorpresa alejandrinos en rima pareada y consonante. Una rima que busca, pienso yo, lo facilón, roces de ripio, lo no afectado ni literaturalizado, porque así se provoca y/o remueve. Véase: rayo con gallo, pocos con locos, viejos con lejos, lento con viento (en varias ocasiones), bellota con gaviota… ya saben, el mundo del rap elevado en su dignidad, que bien lo merece. Recuerdo de aquel acto en Enclave, y en su favor, que leyó una sextina sin que mi persona huyese, algo que no han lograron conmigo ni David Coll ni Aaron G. Peña. La misma que hoy termino de abandonar. La que ha provocado este pequeño apunte.
   
El núcleo del libro lo construye un poema largo, narrativo y largo… que da título al libro, y en pareados. Como estos que les adjunto

En el suelo una lámpara rota. Guada barrió
los cristales. Cerró la ventana. Tomó
varias fotografías sin saber bien por qué.
De la ventana, el techo, la alfombra y el parqué.
Más tarde al revelarlas (salió de su lavabo
iluminado en rojo, tomó un pequeño cabo
de vela – le gustaba de pronto la costumbre
gótica de mirar sus fotos a la lumbre…

por si animan y me acompañan.         

domingo, 26 de abril de 2015

Regreso en Cibeles


A. Gamoneda tras el acto, flanqueado por José Luis Torrego
y Cecilia Quílez
.

Consumida la pena –legal y moral- a que fue condenado Mientras la luz por el Comité de Ética Bloguera, el jefe ha decidido que se vuelva a dejar constancia de ciertos actos sucedidos en nuestra presencia. Que hayan dejado cierta memoria, advirtió,. aunque sea alguna. Apenas si podemos (observen el guiño Goytisolo) rescatar de estos días pasados,  el enésimo –y los que vengan- homenaje a Ángel Crespo con la presencia de su viuda y una pléyade de poetas instalados en los medios. Muchos de ellos declararon haber no conocido al postista, mas de él dijeron. Vino Gamoneda desde León para asegurar que su cercanía personal y poética con Crespo nunca fue exultante, pero si sincera. 
Foto: McBarri

Otro apenas: la escasa docena de espectadores, Chus Visor incluido, que acudieron a ver la presentación de Todas las canciones de Luis Alberto de Cuenca, a pesar de la anunciada presencia de Loquillo. Repleto debiera, murmuró un espectador azorado, si hubiesen venido la quinta parte de los que le reclaman para sus presentaciones. Y a las que él, elegante siempre, acude. Cosas. 


El 23 de los fastos

Nos repetimos si aseguramos que las gentes del mundillo entienden los fastos de La Noche del Libro madrileña como una urgencia por recitar y recitarse. Algunos declaman hasta oírse en el futuro.. Salvo la de Vitruvio, que aprovechó la fecha para presentar la poesía editada completa de Dámaso Alonso, las demás convocatorias parecían puro agit-prop, tam-tam, necesidad de oídas. Quiso el jefe que estuviéramos en CentroCentro. La tertulia que allí tiene su sede había programado sesión doble. Primero una lectura de curso legal, atendida por Noni Benegas y Ana Rossetti, en torno a vida y obra de Santa Teresa, otro icono reclamo de la temporada. El cartel de aforo completo nos impidió asistir. De segundo, una sesión musical a cargo de la Favorables Blues Band que comanda Ildefonso Rodríguez, ilustrada por poemas, entre otros, del propio Ildefonso y de Juan Carlos Suñén, responsable del acto. Casi dos horas de palabra y jazz. La música, perfecta, y causa de nuestro estar, supo acomodarse a las lecturas, O guardar silencio.

Concha García e Ildefonso Rodríguez en primeros planos
(Foto: McBarri)
Leyó a lo llano Alfredo Félix-Díaz, mexicano y guionista, poemas de sus dos últimos libros. Y se derramó agua fresca y poderosa desde las altas bóvedas blancas. Voz dura para una poesía directa. A estas alturas del partido se agradece la ausencia de trampas. Como un disparo el poema a su padre. Todo distinto en Teresa Sebastián, a quien no conocíamos y que parecía examinarse de Preu, con tensión dramática, afectadísima, declamaba unos poemas de intención confusa. Textos largos nos parecieron. Y de agobiada intrascendencia. Excitado pareció Suñén en su turno, con espíritu novillero. Decidido, interpretó prosas poéticas en donde la soledad se transformaba en valentía inquisidora y las razones en dudas que apenas nos soportan. Bien. Escuchándose. La barcelonesa Concha García, cada vez más habitual en este Madrid que aguarda, aportó concisión en las entregas de su último Calambur. Y elegancia estética en su lectura. Serenidad de lo sencillo, textos que buscan lo cómplice de la distancia tacto. Sosiego habitable. Lo consiguió. Perfecto Ildefonso, de concisión potente, con dos poemas conceptuales de corte interrogativo en los que, dejando el saxo, su instrumento habitual, se acompañó de raros, para nosotros, aparatos sonoros. Volvió Suñén a recitar. Aún con más fe. Frontera al grito. Gustándose. Buenos textos que no necesitaban de tal fórceps. Y en tal ambiente, José Tono Martínez, el director de CentroCentro, quiso sumarse a la fiesta. Buen gestor cultural, tiene probado, se divirtió leyéndonos versos de su autoría dedicados a Madrid y Buenos Aires. Dos ciudades a las que ama, dijo, con buenísima voluntad de abrazo. Solo por eso mereciera que a él lo amase la poesía.

sábado, 28 de marzo de 2015

Ocurrió por segunda vez: NO MADRILEÑOS


Poetas (en el centro) y colaboradores
Foto: Javier I. Sanchís


Ocurrió por segunda vez. Y alguien apuntó que en esta ocasión aparecieron gotas de magia atropellándose. Otros dijeron que se parece poco, o nada, a los actos de costumbre, que hay cierto toque. Alguien señaló que la Sala Trovador tiene un aire distinto, un algo, con sus negros solemnes, su cercanía, su buen escuchar. Paco Marquina ha escrito que nadie se sintió espectador. Y lo ha clavado. Toda la redacción de Mientras la luz se activó para celebrar por segunda vez su quinto aniversario y sus lectores y amigos presentes y futuros aprovecharon para saber que la becaria es alguien real, no un ente de ficción escrita. 

MªÁngeles Pérez López
Foto Javier I. Sánchis

Ocurrió según lo anunciado. Si el año pasado dos enormes poetas: Vicente Gallego y Federico Gallego Ripoll llenaron la sala, en esta ocasión lo han sido dos No madrileños que habitan el occidente solar, Basilio Sánchez, cacereño, y Mª Ángeles Pérez López, salmantina de profesión, cuidados con mimo hasta ese instante por Rafa Soler. Y a quienes agradecemos. Dos poetas distintos en la concreción y parejos en sus mundos sensibles, lo dijo Antonio Crespo Massieu en el coloquio final. 

Basilio Sánchez
Foto Javier I. Sánchis

La palabra de los poetas invitados fue introducida por los textos de José Luis Morales que ofrecemos ut supra. Y que hablan por ellos mismos. Luego, las lecturas, plenas de sensaciones cómplices, consiguieron la densidad de un silencio doloroso, la sensación de sentir la poesía como una garra. Hirieron extensamente en forma e intención. Los más de 80 asistentes fueron despojados así de su comodidad, de la distancia de ser espectadores. Y ya no pudieron volver a ella. Dos poetas intensos que ejercieron su condición de tales. Emocionados, emocionantes.


En tal estado se entró en el segundo territorio de la convocatoria, el de la conversación degustada, es decir en los haceres gastronómicos- libatorios, en la distancia corta. El frío patio y el cálido salón sirvieron de territorios para fumadores y no, para disminuir la tensión soportada, para alegrarse, para el proyecto, para los ánimos, para el vino de Rueda y el delicioso tinto de Socuéllamos, para pedir que todo continúe como exigía Jaime Gil en Formentor: tertulia, noche, quesos y compañía. Hubo capítulo especial para la pálida redondez de las tortillas. Porque sepan que muchos de los amigos/as de Mientras la luz aportan a un caudal que no por recrecido deja de aspirar a su consumación.
Público final durante las actuaciones
Foto Juanjo Alcolea

Ya es habitual que la reunión termine con el alma de los artistas alzada en los aires. Momento de comunión final que hace entendible todo: el prodigio de que siempre que nos encontremos estemos juntos. Quiso José Sacris ser el primero en actuar con monólogos y canciones donde el humor y el cómic rompían máscaras, traducían la nocturnidad en ida y vuelta. Deseó Ana Bella que la redacción se conmoviera con un hermosísimo regalo sin sospecha, y su interpretación lo consiguió, como lo consiguió con todos su unánime Alfonsina y el mar. Pretendió Carmen Bermejo conciliar cuerpo y voz en sugerencia para decir maravillosamente un texto suyo que hablaba de metro, deseo, vida y soledades, qué gran actriz, entregada y nuestra. Violeta y su Volver a los 17, a dos voces de voluntad, pusieron el punto final antes de los gin-tonics.   

La vida, la poesía. Gracias a todos. Os sé, os sabéis, nos sabemos.

(Imposible nombrar a todos los asistentes, poetas o no, pero creo recordar a los colaboradores: Javier I. Sanchís, Antonio M. Mansilla, Hortensia Higuero, Lucía Comba, Ana Garrido, Pedro A. González Moreno, Carmen Bermejo, Davina Pazos, Fermín. F. Belloso, Juanjo Alcolea) 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Entre los dos destierros

   Así fue, tras varios considerandos, la resolución del Comité Nacional de Ética Bloguera: sea durante 15 días recluido en la paz de los secanos, junto a pocos olivos, aunque doctos. Textualmente.
    
   Sepan que Mientras la luz fue denunciado a finales de febrero ante el colegio profesional por amabilidad ficticia, uno de los delitos más odiados del oficio, dicen. Hay que hablar bien de todo y todos, sin ambages, o callar, acusaron. No valió a la defensa sus argumentos históricos: qué hubieran hecho ustedes con la ironía tacto de Cervantes, con el acero mordaz de Góngora y Quevedo. Señaló nuestro letrado. Pues bien, a pesar de que, como cargo, el Comité solamente pudo espigar un par de textos sospechosos, decidió recluirnos en la nevera agrícola durante dos semanas. Cuya primera mitad hemos cumplido socráticamente y junto al Segre. A partir de hoy comienza la segunda semana de apartamiento. No a la Torre de Juan Abad, como hubiéramos deseado, sino al helios meridional, malacitano.  

   No nos moverán. Mientras la luz, si no siempre entendido, siempre abierto, ha decidido no enmendarse una vez comprobadas las consecuencias benéficas del castigo  Y la becaria, conocedora de la trascendencia de nuestra labor, apoya tal decisión: Ojalá y cundan las denuncia, dice.  


Jueves 5

Leire Olmeda y Enrique Valle
(FotoA. Fernangómez)
   En este breve intervalo de pre.primavera que disfruta Madrid, tuvimos el privilegio de ser uno de los pocos espectadores que pudieron contemplar la sesión de marzo en el mítico ciclo Poesía en Sidecar. Libertad 8. Leían Enrique Valle y Leire Olmeda. Si alguien fue con la esperanza de ver enmendarse a Enrique Valle debió salir frustrado, sigue fiel a su poesía, descarnada y suciamente tierna, ácrata y provocadora en que se instaló ha más de 20 años. Algo envejecida, sigue siendo válida. Tanto porque su calidad intrínseca la mantiene, como por los tiempos que corren, duros y poco complacientes, la han vuelto a poner de actualidad. ¿Para qué cambiar en tiempos de irritados? ¿por qué volver a escribir? Y menos ahora,. Leyó sentado y con una copita de pacharán castizo a falta de un bloody mary a mano. Su adversaria poética, Leire Olmeda, nos pareció, ante Enrique, comedida en voz y tono. Pretenden sus textos ser un canto a la lucha popular contra las oligarquías. Y ser denuncia del sufrimiento de las gentes humildes. Voz al servicio del pueblo que busca la poesía. Hubo un instante en que llegó a confesar en alta voz ser de Izquierda Unida, algo que al parecer el público ya conocía. Luego, casi al lado hay un bar Viñes, especializado en riquísimos blancos manchegos. Es una debilidad que fortalece.

Viernes 6

Isabel Miguel Y Lamis Saidi

Eduardo Merino y Aurora Auñón
Foto MCBarri
    Un ratito en la presentación de la prestigiada revista Álora, la bien cercada, que presentaban en la Casa del Lector José Mª Lopera e Isabel Miguel. Pleno de poetas para leer sus textos aportados. En primera fila el gran Paco García Marquina junto a la argelina Lamis Saidi, que vino expresamente. Un taxi más arriba, en el Comercial, Aurora Auñón, setenta y tantos años de 15-M y Podemos presentaba su segunda entrega poética en negro vitruvio. Versos dispersos, es el título. Porque recoge producción poética de varias épocas. Aurora es dueña de una poesía reflexiva, tan delicada como temerosa con la emoción descontrolada. Vive una juvenil primavera editorial – ha publicado 2 poemarios, una novela y un ensayo en los últimos tres años– y se muestra nueva en su fortaleza. Fue presentada por un Eduardo Merino sosegado y firme en el análisis de la autora y de su texto. Con un rigor tal, que puso a los numerosos asistentes en fila de atención. Habló del activismo utópico de Aurora, de su compromiso con la memoria, con la belleza de la amistad, de su tensión hacia el concepto y la pregunta de Dios. También de su riqueza estrófica y de su vocación decidida por el soneto. Luego, la proverbial elegancia lectora de Aurora hizo el resto. Los poemas, que viven también en su memoria, se alzan sobre su ser plenos de musicalidad y tono. Cadencia en vuelo. De Versos dispersos es el soneto que ofrecemos.


Martes 7

Marisa Calvo y Javier Lostalé
(Foto Maxi Rey)
   

A los 10 años de su muerte, la tertulia que lleva su nombre quiso homenajear a Rafael Montesinos. Un acto sencillo y noble. Conducido con albina elegancia por su hijo Rafael César y emocionadamente presidido por la esposa del poeta, Marisa Calvo. En el C. M. Guadalupe, sede actual de la Tertulia. A salón lleno. La mecánica era sencilla, se trataba de leer sin comentar, para que todo transparentase, los versos diáfanos y dolorosos del poeta sevillano. Se consiguió a pesar de muchos de los lectores-poetas. El amor por Sevilla, por su mujer, los aromas de la infancia, el hombre que quiso ser, los avisos de la muerte, la soleá como destino. Rafael Montesinos. Una voz que ha sido y será puente y razón entre Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón, Alberti y las nuevas generaciones. Juana Vázquez, Julio Santiago, Pedro A. González Moreno, Aureliano Cañadas, Acacia Dominguez Uceta, Ricardo Virtanen, Antonio Daganzo, Antonio Hernández, Manuel López Azorín, Rafael Soler, José Cereijo, Ángel Rodríguez Abad, Pepa Nieto, Federico Leal, José Luis Morales, Miguel Losada, Julio Diamante, Maxi Rey, Javier Lostalé… leyeron.  El acto se cerró tras la guitarra de Sergio Burgas y la voz flamenca y grave de David Morello cantando aquello de

Se puso a contar sus penas
y prefirió irse al mar
a contar granos de arena.

A contar granos de arena,
los montocitos que hacía
los llevaba las marea.

(Quién tuviera una marea.
Los montoncitos del alma
nadie viene y se los lleva).

________________________


En la Sainte Chapelle

Colocaron un día tus cristales
manos humanas en celeste vuelo
y creció, sin esfuerzo, desde el suelo,
vergel de luz sembrado por vitrales.

Verde, amarillo, azul… en verticales
anticipan la atmósfera del cielo,
arden los rojos en ferviente anhelo
de quemar las escorias terrenales.

Sin música aquel canto se escuchaba,
embriaguez de misterio y colorido,
el alma, unida al Todo, comulgaba

los límites del yo, perdió el sentido,
no percibí mi cuerpo porque estaba,

polvo de estrellas, en la luz fundido.

                                                   Aurora Auñón

domingo, 22 de febrero de 2015

36 euros de humildad poética

Martes 17

Antonio a la guitarra. (Foto Lastura)
   Él se llama Antonio Pastor Gaitero comenzó a tocar la guitarra y a cantar cuando todos. O sea, cuando la Transición. Ahora denostada por la pose de algunos. Cantautor sin desmesura, sin fama desmesurada. Letra y música. Nunca lo ha dejado. Algunas veces la fortuna se cruzó en su camino, otras lo ignoró. Nada nuevo bajo el sol. Hace dos años, con la joven editorial Lastura editó un libro de sonetos dignísimo, que ha agotado dos ediciones. Antonio conduce, tras la marcha a Ecuador de Teo Rubio, la tertulia poética del Café de Oriente, lo que ha reforzado su anhelo de vivir poeta. El martes 17 presentó en la Casa de Castilla-La Mancha su segundo poemario, también Lastura Tan sólo por la luz la sombra existe que fue presentado con palabras cordiales y sabias por Alfredo Piquer. Leyó después algunos poemas, en general provocados por situaciones emotivamente cercanas, antes de interpretar otros con delicada sensibilidad. Se agradece escuchar a estos autores que como Antonio levantan su obra desde la sinceridad humilde, desde la autenticidad serena sin otra pretensión que hacer de la poesía un confidente de la conciencia. 10 euros.   

Miércoles 18

Miguel Losada (Foto Maxi Rey)
   Un gran acto social. Una puesta en escena de la poetería andante madrileña, Maxi Rey, el ojo que no olvida, dijo que era la más alta concentración de poetas en (no de) salón que había visto desde enero del año pasado. Un lugar escogido: la Casa Club de la calle Pinar. Y organizado por Rafa Contreras. Se presentaba Todas las estrellas solitarias, poesía reunida, con gotas inéditas, de Miguel Losada que ha editado Vitruvio. Hasta el editor, Pablo Méndez, intentó la corbata. Miguel es poeta relacionadísimo por ser el responsable de la tertulia Los Viernes de la Cacharrería, en el Ateneo, lugar en donde se fomenta, cultiva y refuerza la amistad. Lució pajarita para la ocasión, Y lució a Javier Lostalé y a LA de Cuenca, cercándole, en la mesa. El primero, Javier, resumió su visión del libro en un vocabulario preciso y trabajado, el segundo, Luis Albeerto, felicitó al autor y subrayó algunos fragmentos. Luego, Fermín Higuero, autor del prólogo-40-páginas leyó y leyó demasiadas de ellas. No se deben leer los prólogos en una presentación, hubiera sentenciado mi jefe. A pesar de ello se vendieron libros, muchos. Miguel apareció humilde y feliz, tranquilo con su poesía, Un poeta comme il faut. Hubo después vinos, muchos. Y cava y canciones, porque Miguel cumplía años. A final, en un grupo numeroso que capitaneaba verbalmente Ángel R. Abad y en donde escuchaba JC Mestre, se especulaba sobre el nombre del próximo poeta Ministro de Cultura de la próxima república tercera. 15 euros.

Viernes 20

María Solís, Rebeca del Casal y Oscar Curieses
(Foto Romero Galán)
   Ella es nueva tigresa. Ella se llama Rebeca del Casal (Rebeca Álvarez Casal del Rey, en el siglo y en su primer poemario Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida). Ha reducido su nombre y el título de sus libros. Este segundo, que presentó en la Casa del Lector, se nombra con el escueto Permanecer. Igual sucede con la extensión de los contenidos, reducido aquí a 23 poemas. Búsqueda del minimalismo se llama eso. Y no sé si también humildad, pero es posible. Rebeca fue ya un fogonazo con su primer libro. Madrid es ciudad pródiga en estos fenómenos poéticos femeninos. Promesas que concitan esperanza con sus aldabonazos. La presentó María Solís Munuera, otra supernova brillante y prolija. Tanto que debió aligerar sobre la marcha el texto escrito. Luego habló Oscar Curieses resaltando las líneas generales del libro: reinvención del universo de la autora, cambio de tono, no exhibicionismo, el dolor como desafío y superación…  Esto de los dos presentadores se está poniendo de moda, y pesadísimo. (Nota incisa: como el libro es breve, breve, se incluye a su final una entrevista de Rebeca con Oscar Curieses que explica el libro, su disposición, el cambio de nombre, la oportunidad de las citas. Y otros detalles, como la finura -en la solapa- de situar la obra de Rebeca entre la de Sharon Olds y la de Wislawa Szymborska). El acto siguió con la lectura de los poemas por una risueña y comunicadora Rebeca del Casal. Siempre en poeta. Y finalizó en coloquio. Según se cuenta en las páginas de agradecimientos el libro fue leído y aconsejado, antes de su publicación, por trece poetas distintos, lo cual sí que me parece un rasgo de humildad muy destacable. Abrió el acto Mara Troublant, editora de Tigres de papel. El profesor poeta Morales Barba fue testigo. 11 euros.   


sábado, 14 de febrero de 2015

¿Por qué? y otras preguntas


Fotografía de portada de Ouka Leele
 Jueves y 12

    Dicen que esta es la cuarta fiesta y que habrá más. Las tres primeras debieron ser un éxito. Una motivación coyuntural nos animó a sentarnos junto a otros muchos en la planta séptima de El Cortes Inglés Callao. Se presentaba un libro colectivo de prosa y poesía, un híbrido editado por Sial (léase Basilio R. Cañadas) y dedicado al amor -San Valentín, ya saben- con un título acertadísimo: La primera vez... que no perdí el alma, encontré el sexo . Dicen que han sido 62 los participantes atraídos por el señuelo de contar la vez primera. Convocados y organizados por Antonino Nieto. Pueden hallarse en él poemas, dijeron, desde autores como LA de Cuenca hasta el que pesca en ruin barca. Sabemos que todo acude a su razón, pero ¿para qué o para quién se hacen estas ediciones? Y sobre todo ¿por qué producen tanta alegría estos revoltillos? Ramón Pernas dio la bienvenida en nombre de la casa. Habló, habló, habló Basilio. Leyó Antonino un prólogo alborozado de penes y vaginas. Estropeó Roció Castrillo con su lectura los no muy afortunados fragmentos que había seleccionado. Chema Paz Gago dijo que esta alegría era posible por la constancia, la insensatez y la ingenuidad de Antonino, el coordinador. Seguro que sí. Y todos se felicitaron y se prometieron otro para el año siguiente. O saben las respuestas o las siguen buscando. La exposición de LA de Cuenca, que estaba anunciada, no ocurrió.  En medio de todo, y como ilustraciones musicales, David Morello, Eloy Boán y Luis Farnox intentaron salvar el acto. También una chica muy flexible, que danzaba y leía al tiempo, dejó unas gotitas de agua fresca.
Momentos antes de que todo terminase nos advirtieron que el libro estaba a la venta. Aprovechamos el desconcierto para salir.  

 Viernes y 13
  
¿Corta? ¿larga? Teresa Sebastián, la coordinadora en Enclave Libros del ciclo Poetas en la Resistencia, parecía ofrecer al interviniente presentarlo en más o menos tiempo. Él prefirió el exceso. Lo era. Pero sirvió para dejar claro el compromiso del poeta invitado con el lenguaje, y su desprecio por la tosquedad. Y por lo necio. Leyó de su La habitación amarilla (Bartleby), premio de la Crítica de Madrid. No sé si entero, pero parecía. En la lectura: ella, el agua, el gato, la habitación amarilla, el laberinto, los pájaros, las flores. Lo irracional y la contemplación en danza dionisíaca. O lo inconcluso yendo y viniendo en una reflexión introspectiva, pregonada. Y las contradicciones admitidas. Pero dicho todo en continuo, en una salmodia monocorde apenas si quebrada por segundos de silencio; instantes que parecían advertir de la segmentación del texto en la caduca forma de poemas. Aún. Versos dichos en la intención de la monotonía, sin conciencia de ritmo, ¿Por qué? Neutros en entonación ¿inquirían tal vez al intelecto más que al recuerdo, más que al corazón? La rima apareció fugaz y disimulada.  A la izquierda del poeta, la coruñesa Chefa Alonso buscaba con sus apuntes minimalistas la excitación musical, el diálogo. Un auténtico hallazgo, este sí, superador. Contrapunto. Crótalos, metal, cuero y susurro: milagros de improvisación sonora. La percusión que salva, el roce como insinuación, azar frente a letargo.
Más que como petición expresa de disculpa, que puede, nos pareció que la frase final del poeta Suñén  apuntaba al hecho de su lectura, de cualquier lectura, como un acto único, intransferible: Esto -dijo- no volverá a ocurrir.    

domingo, 8 de febrero de 2015

La enfermedad del frío


Anoten la primera semana de febrero. Al atmosférico se unió el televisivo. Gracias a este último la sensación de tal se hizo casi insoportable para los urbanitas madrileños. La buena poesía, bien ingerida, tiene en estas condiciones, está probado, las mismas propiedades de un buen caldito, hace entrar al cuerpo en calor. Con tal argumento -y una bufanda que los Reyes trajeron- nos convenció el Jefe para transitar las rúas madrileñas. Sin nieve las pobres, sin reporteros sabuesos, sin rostros fugaces que digan yo esto no lo había visto nunca. Y luego dicen del egoísmo de Madrid con su alfoz peninsular. Las cosas bonitas pasan lejos. Eso sí, poetas nunca faltan, para envidia o alivio de otros. Sería necesario que arreciase mucho, mucho, pero mucho, el temporal para que notásemos su falta, para quedar a salvo de su dicción. Los poetas aguantan. Poetas y/o similares, se entiende. La becaria dice que hay tantos recitales poéticos como programas culinarios en la tele. Nos hemos comprometido a contarlos y compararlos. Lo haremos un día.

Martes y 3.

Las editoras con presentador y poeta. (Foto Lastura)
   En mitad del XIX, en su centro, en el salón de la AEAE de Leganitos y dirigido por Pilar Aroca, se celebró el acto de presentación de Zagüan de paso, libro de Isidro Sánchez Brun que ha editado Lastura, la joven editorial de Lidía S. Miguel. Es Isidro un poeta de largo recorrido, de voz grave y precisa, organizada, que combina sus maneras clásicas con una joven imaginación. Ha querido dar a la luz poemas que le vienen acompañando durante tiempo y ha logrado un volumen equilibrado, coherente. Fue presentado con precisa sabiduría y visible temblor, hilo que amenazaba romperse,  por Guzmán Alonso, quien trazó las líneas de apoyo y los tiempos que sostienen la obra del poeta navarro. Después de la intervención de la editora, Isidro hizo la claridad con su lectura, segura y susurrante, matizadora y múltiple de intenciones. Regaló para terminar un par de inéditos de un próximo poemario que debe tener pronta luz.  Estuvo magníficamente acompañado: amigos y amantes de la poesía: miembros del grupo Verbo Azul, al que pertenece.

Miércoles y 4

JC Mestre leyendo (Foto JL Torrego)
Enésimo y merecido homenaje a Félix Grande, uno de los grandes. Aprovechando que era fecha de su aniversario y apenas una semana después del año de su pérdida. El salón de La Casa Encendida estaba a reventar para un acto potente y sencillo. Acudieron Paca Aguirre y Lupe Grande, esposa e hija de Félix. Era ocasión para que Bartleby presentara en sociedad la edición exenta de La cabellera de la Shoá. Ese enorme poema conminatorio que Félix incluyó en la última edición de Biografía y que ahora se presenta en separata a iniciativa de Manuel Rico, director de la colección, e introducido por la brillantez de un texto de Juan José Lanz. Quien por cierto no pudo acudir desde Vitoria por la nieve real. Pepo Paz leyó el texto que Juan José previno para el acto. Lenguaje, experimentación, ser y conciencia. Insistía: después de Adorno solamente es posible escribir desde la ausencia. Y que el poema es denuncia, memoria activa, desconfianza, una agresión a los indiferentes. ¿Saben ustedes escuchar? repite el texto. Félix entendió que no hemos escuchado realmente lo que significan esas dos toneladas de cabello humano. La Shoá, la masacre, nombre que los judíos dan al Holocusto debería sublevarnos ad infinitum. Con esa intención leyeron Jorge Riechmann, Javier Lostalé, Antonio Crespo Massieu y Juan Carlos Mestre fragmentos del poema. La sala llena de poetas en ejercicio. Antonio Hernández, nuestro recién premio nacional, también. David Morello y J. L.Torrego muy cerca.

Así la sala. Al fondo, muy al fondo, Enrique (Foto FB)
   Instantes después con Laura G. Recas y M.A. Yusta, y abrigados, caminábamos perdidos por la calle Santa María, amunt y avall, que diría Margarit, hasta dar con un portal clandestino, traspasar una puerta vigilada y encontrar gentes por los suelos. Ni pared quedaba para apoyarse. Se iniciaba un nuevo ciclo de lecturas. ¿Tan necesitados estamos? Lo convoca la bonhomía de Jesús Urceloy. Y la inteligencia. Porque acudió a Enrique Gracia Trinidad para ser su primera voz. Leyó EGT ironía en los poemas de Juego de damas, libro recién premiado en Salamanca, y derrochó saber hacer, frescura. Tras él leyeron Juan Manuel Navas y Chelo de Torre. Un poco nerviosillos porque era, dijeron, su primera vez. Se entiende. El ciclo se llama Poethree ya que son tres poetas. Ingenioso. Y parece que hay tres turnos para cada uno. No nos fue posible comprobarlo, llegar al final. Pero un llenazo. Promete.

Viernes y 5

Benjamín Prado leyendo (Foto MCBarri)
   En la redacción apagamos la tele hartos de la nieve acumulada en Reinosa. No hacían sino removerla, levantarla, violarla, televisarla. Venga, sin pereza, dijo el Jefe, llegaos a la casa donde vivió Lorca, a la Casa del Libro de la calle Alcalá. Allí se lee sin el troletrole de un presentador y todo es más cercano, fresco y directo. Además le toca a Benjamín Prado, ídolo de ellas-jóvenes-poetas-rompedoras. Y fuimos. Llevaba razón. Benjamín, estando ya su casa sosegada, leyó tranquilo y tímido de su Ya era tarde, visor en mano. Leyó con emoción no afectada. Contando entre poema y poema pequeñas batallas personales -se enamoró de una azafata, y sigue- o de su peña, ya saben: L.G. Montero, A. González, J. Sabina. Son poemas construidos desde la anáfora y dedicados a María. Es un libro de amor y de viajes por el espacio, por la Historia y por la literatura. Y resuelto con imágenes que no se atropellan. Hay un poema a la muerte de su madre, que leyó, y que en su momento alabó hasta José Luis García Martín. Es poesía escrita con respeto al lector, poemas, -dicho con sus palabras- que escuchan a quienes los leen. Y así nos leyó, escuchando. Y complaciendo peticiones. No es poco en los tiempo que corren. Se quedó firmando. Ah, le dio tiempo a agradecer a Fernando Borlán, profe en el inste, su iniciación poética. 10 euros.       

domingo, 25 de enero de 2015

De Tánger al Ateneo, sin parar

 Jueves  22

Desde la escalera, el recinto de la Alberti mientras
hablaba Álvaro (Foto: Libreria Alberti)
   Desde Plasencia, desde Tánger, vino Álvaro Valverde al exquisito trato de Lola Larumbe, a la librería Alberti.  Vino con Pepa Fernández, la estrella radiofónica, como entrevistadora. Se conocieron durante un programa en el Valle del Jerte. Ella quedó encantada y él la reclamó para la jornada del jueves 22. Suele Álvaro publicar con Tusquets desde hace 20 años. No ha perdido por ello su caridad elegante de hombre calmoso, sin aspavientos, de tierra sin alardes. Pepa, tras hablar de la brevedad y concisión de su lenguaje, se limitó -sabe su oficio- a inquirir sus provocaciones y a subrayar sus respuestas. Todo en torno a su último Más allá, Tánger. (No son pocas tildes para un título tan corto.) Insistió el poeta en su apuesta por la claridad, por una aparente sencillez que no significa superficialidad, dijo. Dijo que la claridad de agua puede hacernos creer que las piedras del cauce están cercanas pero es al intentar atraparlas cuando nos damos cuenta de la profundidad del río, de la hondura de las intenciones del poeta. Es hombre de palabra ágil y cordial. Con ella describió la anécdota que trama el libro: la vuelta a la ciudad añorada, al Tánger que Yolanda, su mujer, hubo de abandonar al quebrarse el estatus internacional. La vuelta del matrimonio al lugar de la adolescencia feliz es la vuelta al desconsuelo, al desánimo de lo que no existe. Y es la provocación de un libro que escribió durante un solo septiembre. Los poemas emplean aleatoriamente la primera y segunda personas de Álvaro, de Yolanda, de los dos, de los otros. Estrategia que trasmite ligereza y busca complicidades. Por lo oído, hay gusto por la paradoja. También por la instantánea que conduce a la emoción. Y la potente suavidad de un discurso que resalta la nitidez de los contrates. Acordada música y serena. Pepa Fernández reclamaba lecturas de diversos poemas. Todos le habían gustado. Y mucho. Este entre ellos: De los barcos envidio/ la promesa latente/ de una vida distinta./ Los observo a distancia,/ con vagos sentimientos encontrados:/ el de huir a lugares donde nunca se escapa,/ el de tornar de sitios de donde no se vuelve. Y el poeta leía. Rodeado y feliz, tranquilo como su verso. Y comentaba: la desmemoria, el olvido, la intemporalidad, la intimidad, los poetas como mirada y memoria, la ambigüedad, las historias familiares… (Aquí cuenta su impresión del acto)
Observé a Jordi Doce, Alfredo J. Ramos, Javier Lostalé, Pureza Canelo, José Ramón Ripoll, Andrés Catalán, Marta Agudo y Adolfo Cueto escuchar con atención. Más allá, Tánger: 12 euros de impecable edición.   

Viernes 23
 
Jesús Malía firma, Ángel Guinda espera. Foto Carmen Lafuente
 

   Pudo ser el viernes 23 unos de los días con más convocatorias en el Madrid poético. Sigan a Ángel Guinda, nos dijo el jefe, y comiencen por lo más cercano Geográficamente se entiende.  En Casa del Lector casi se solapan dos de ellas. 30 minutos y un tabique las separaban. En el aula de la izquierda Jesús Malía presentaba Deriva, nuevo amarillo de Tigres de papel. Muchos poetas en la sala. Ángel Guinda y Bolo entre ellos. En la impecable presentación, José Cereijo atendió a la intención del poeta de adentrase en el alma de la Naturaleza hasta la identificación, de ahí su apuesta decidida por los haikus. Aquí pueden leerla. Fue un acto sencillo y rápido. Jesús prefirió leer de pie. Avisó que ya no es el poeta matemático con el que se le apellida en el mundillo, y que la obra de Bashô le había llevado un año de estudio (con correcciones, matizó, a algunos de sus traductores). Leyó con emoción indisimulada, aportando palpito –algo dificilísimo- a poemas de tan corta extensión. Este por ejemplo: Miro la nieve./ Invierto mi energía/ en aclararme. Hay que advertir que al apartado de los haikus le sigue otro con poemas de versos palabra sola. Mas cortos aún que un haiku. Como este: Gota / entre/ las/ gotas/ del/ mar.  El libro, recordó el editor Paco Moral al finalizar el acto, termina con unas reflexiones en torno al hecho y la práctica del haiku. En fin, un nuevo y distinto Jesús Malía. Sensible, humilde.

En el recinto de al lado se presentaba el décimo número de la revista El Alambique. Revista siempre cuidada, modélica,, que seguimos desde su inicio. Digamos pronto que mucho más cuidada y modélica que el acto de esta presentación. Acto que trasmitió cierta apariencia de tensión relajada. Hizo de mantenedor, como es costumbre, su director Agustín Porras, que pronto dio la palabra a Ángel Guinda, quien leyó una de las dos anécdotas con Leopoldo M. Panero que incluye en su colaboración. Amador Palacios, aún con aire tangerino, presentó luego el núcleo central de la entrega que consiste en una mirada amplia sobre la poesía española del segundo tercio del siglo XX, aprovechando, aclaró, el material de dos pasadas conferencias. Desfilaron después algunos, pocos, de los poetas colaboradores para leer su poema, antes de que José Luis de la Vega declamase, sin micro, sin atril, las colaboraciones de dos argentinos. Al final se alzaron algunos lectores espontáneos. Momento exacto que aprovechamos para dejar la sala, para desplazarnos al Ateneo.
Apoteosis final con Ángel Petisme
Allí, el enjambre. Una sala repleta acogía la presentación del libro del aragonés, poeta y cantor, Ángel Petisme. Allí volvían a estar Ángel Guinda y Bolo, no nos despistaron. Sobre un mar de cráneos, vimos la mesa. Hablaba sin parar, sin parar, sin parar LA de Villena, esperaba turno LE Aute. Vimos a Maxi grabando. Saludamos a MA Yusta y a LG Recas. No cabíamos, ni quisimos (por el calor). Llamamos al jefe. Que sí nos dijo, que alguien contaría lo de Petisme mejor que nosotros (y acertó: vedlo aquí)  (o acá), que nos podíamos ir a la calle León, al sitio donde los vinos, el queso y la cecina que sabemos. Pero que le lleváramos la nota. Jesús del Real se sacrificó como testigo acompañándonos. Hay historias que terminan bien.
    

domingo, 18 de enero de 2015

El sereno misterio de Alfonso Berrocal


Alfonso Berrocal en 1996
(Foto tomada de la promoción
del acto por Ediciones Vitruvio)
   De corte reflexivo y tentación filosófica, así definió a grandes rasgos la poesía de Alfonso Berrocal su presentador. El pasado viernes 16. Ocurrió en el café Comercial, lugar donde Vitruvio suele realizar sus convocatorias. El poeta y novelista. José Luis Fernández Hernán es lector meticuloso, crítico que no desdeña fajarse con la obra en suerte. Lo hizo el otro día con Ulises nunca volvió a casa, y lo hizo consciente, con Walter Bejamin, de que la mirada objetiva, distanciadora, es una de las formas de la incompetencia. Apostó fuerte defendiendo el espíritu de odisea dublinesa que recorre el texto. La palabra deshabitado pobló su intervención justificativa del texto. Dijo que la poesía de Alfonso Berrocal es el hombre que ignora los caminos exactos de la ciudad, lugar que lo contiene, lugar en donde ha sido condenado al viaje, lugar en donde no hallará arribo. Que no abunda el libro en la iconografía homérica, pero si lo suficiente como para saber que Penélope y Ulises son el mismo ser, que el barco que se contempla llegar al puerto es el mismo que nos acerca a él. Que es posible llegar a casa y conocerte ya dentro. Lo errante, lo inestable, como certeza y territorio del misterio, siempre. Se detuvo en Heidegger, en las botas embarradas de Heidegger, se detuvo en J. Joyce, en Cavafis, para apuntalar sus dichos. Se caló las gafas en ocasiones para leer las citas y dijo que la poesía de Alfonso se construye desde la serenidad, desde la falta de afectación, desde la pulcritud de lo indeterminado, desde la belleza de lo inconcreto. Sin alharacas, libre de la tentación del deslumbramiento.

   Todo lo hizo bueno Alfonso Berrocal en su lectura. Este madrileño trasplantado alicantino, doctor en filosofía, es poeta de aire sosegado. Y voluntariamente premioso. Es este su cuarto poemario tras Al pie de las estatuas, Asceta y La habitación del huésped. Su intervención ahondó la impresión que las palabras previas habían dejado en un auditorio amplio, y sobre todo tensado en su atención. Agradeció, situó algunos de los poemas y admitió ciertas referencias lectoras, culturales. Aunque no recuerdo que lo hiciera respecto a un texto del norirlandes Derek Mahon con título similar (Google dixit).  En la dicción de los poemas corroboró las advertencias anteriores. Todo se organiza alrededor del individuo bajo sospecha, bajo la sospecha de no ser habitante ni habitado. Y la serenidad moral, de aceptación inquisitiva, con la que el hombre debe admitir el extravío como una condición necesaria de su existencia. Sin cejar por ello en el misterio del viaje. Navegar, aceptaron los clásicos, es más necesario que vivir. En el camino, el amor a modo de ancla (o de puerto). Como disturbio, como excepción que salva. Como intento.
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Ya estará atardeciendo en nuestra casa,
a medianoche habrá un incendio blanco
como la fiebre de un niño en invierno,
ardiendo estarán de ausencia sus paredes.
Ahora que no podemos volver
es ya un hogar, y sin nosotros,
resplandece como nunca en la noche.

He salido a buscarlo, voy por las calles vacías,
luz de una ventana, faro de las ciudades
y me he perdido
como el que ya sólo le queda la orilla
después de la última taberna,
como mujer que espera en un portal
no se sabe qué 
bajo un paraguas medio roto.

He salido a la noche, no sé si a la intemperie
o a su amparo, muy cerca, dentro de la oscuridad
nuestro hogar se apaga como una brasa
en el agua y en la noche me quedo
sin otro resplandor que el de la fiebre.