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viernes, 20 de junio de 2014

Odiseas madrileñas

Hoy, 20 de junio termina la temporada en Odisea Poética. Es frecuente en la tarde madrileña la aparición de ciclos de lecturas poéticas amparadas bajo un nombre genérico y soportadas por una persona de voluntad. Suelen tener fecha de caducidad a causa del agotamiento. También sesiones de jam o micro abierto: las lloradas de Bukowski, las celestiales de Los Diablos Azules, las actuales de Vergüenza Ajena que lleva Pepe Ramos. las temáticas del Dino con Ángeles Fernangómez. Bar, cerveza o vino blanco y poesía no se llevan demasiado mal. Los poetas acuden: un día leen, cuarenta y dos escuchan. Beben. Esta temporada vimos la desaparición de Hazversidades poéticas que conducía Jaime Alejandre. Una adversidad. Aunque su periodicidad suele ser mensual, terminan por consumirse si todo recae en una sola persona. El voluntarismo tiene esas cosas. De momento, Alfredo Piquer, el “Ulises” que lleva el timón y a la vez iza las velas del ciclo Odisea Poética, parece en forma.


Alfredo Piquer con Dimitros Harisis y su buzuki  
Alfredo Piquer es poeta y coordinador del Grupo de Encuentro que concentra a los poetas que tienen el Círculo de Bellas Artes como lugar de tertulia. En un momento dado quiso airear a ras de calle la producción del grupo. Así apareció Odisea Poética. Sepan que el mundo homérico es el nudo gordiano de inspiración en Alfredo Piquer. No cabía por tanto otro título. El ciclo viene desarrollándose en el mítico Libertad 8 durante los viernes finales de mes. Iconografía y textos de la Hélade recuerdan cuando y donde estamos. Alfredo dota a las sesiones de prólogo y epílogo de longitud variable, también presenta a los invitados. Todo con cierto toque Kavafis.
A lo largo de las ¿tres? ¿cuatro? temporadas el número de participantes por singladura ha ido variando. Concentrándose, disminuyendo. De los seis iniciales, se pasó a cuatro, luego tres y en esta última son sólo dos. Buen criterio, ya que de esta manera el invitado puede leer con mayor sosiego y es posible tener mejor perspectiva sonora de su obra. El ciclo es ambicioso y sus invitados cada vez tienen más que decir. Últimamente han pasado por allí voces como las de Raquel Lanseros, Paco García Marquina, María Antonia Ortega, Antonio Crespo Massieu, Elvira Daudet, Manuel Rico, María Ángeles Pérez López… Las sesiones están ilustradas musicalmente.  Mientras la luz ha reflejado en sus crónicas algunas de sus momentos. Ahora que finaliza el curso, quiere agradecer públicamente el esfuerzo generoso de Alfredo.     

  

lunes, 16 de junio de 2014

Junio en sosiego

1

Maria Luisa Mora entre el presentador, Antonio Daganzo
a su derecha, y el editor Pablo Méndez, a su izquierda.
     Hay poetas que viven en la calma. Poetas seguros de sí mismos, de que su relación con la poesía no tiene exigencias, y conocen la longitud del sendero. Que caminan con ella y en diálogo. También en el sosiego que da el retiro, cuando hace falta el descanso. Una de las poetas que así respira es María Luisa Mora Alameda, toledana, isleña en Yepes. Conoce desde mucho la sanadora costumbre de decirse conversando con la poesía, no guarda otra pretensión que la de estar cerca de ella, escuchando siempre y alguna vez diciendo. 
Estuvo en Madrid el pasado jueves 12, sin hacer ruido apenas, pero segura, clara, ojos tristes y limpios. La editorial Vitruvio ha editado su obra completa casi (11 de sus 12 libros) en un tomo, físicamente enorme, bajo el título El pan que me alimenta. Ya hubo otra presentación anterior. El piso de arriba del Comercial estuvo habitado por poetas, en su mayor parte manchegos, como ella. Es necesario que existan poetas pegados al corazón, suyo y de la tierra, que escriban desde él para aventarlo y aventarse, que cuenten el azar de lo cotidiano, que, sin despreciarlo, no se escondan bajo el pulido nácar del lenguaje, y que sepan levantar edificios así de conmovedores. La presentó Antonio Daganzo que no pudo ni quiso zafarse de la necesidad de las citas para ilustrar lo que de tierna sencillez y honda trascendencia vital hay en los poemas de María Luisa Mora. Agradeció la poeta esta nueva ocasión brindada. Sigue escribiendo, dijo, porque sabe que no lo ha dicho todo. Aparte, luego, confesó que su nueva entrega, Simulacro Cero, que ha obtenido el premio Nicolás del Hierro, incorpora momentos que hasta ahora no se había atrevido. La mujer, la soledad de su lucha, el amor, la entrega, la tensión de los otros, la muerte y la vida, el compromiso, el pan, la mirada a la misma altura del lector, la nobleza del traje con que viste el verso… todo estuvo en su lectura. No es extraño que los libros se agotasen como pocas veces. Mientras la luz estuvo.

2

Alejandro Sanz iniciando el acto
     Mientras la luz estuvo, viernes 13, en el patio de Velintonia, 3, actual Vicente Aleixandre,3. ¿Por qué los poetas, que suelen pedir nombres de calles para sus colegas muertos, en está ocasión prefieren el nombre anterior? Sin duda, el mito. La Historia sin duda. En Velintonia 3 está el Vicente Aleixandre poeta y vivo. En Vicente Aleixandre 3, la simple oficialidad, la escayola. Era el asunto ocupar de nuevo el patio, como el año anterior. En esta ocasión para recordar los 30 años de su muerte y acompañar la presentación de un libro-compendio editado al efecto por La Revista Áurea. Y bien editado por cierto. Dos cientos de personas se evitaron la vergüenza del debut futbolero de España en el mundial. Y no sólo eso, sino que vieron atardecer, suave, prestadamente, desde uno de los lugares señeros de Madrid. 
Actual interior 
Hizo de conductor Alejandro Sanz, presidente de la Asociación “Amigos de V.A.” Después, un tranquilo y prolongado desfile de manifestaciones verbales y lectura de poemas. Pureza Canelo como siempre. Destacaron las de Vicente Molina Foix, Fernando Delgado y Javier Lostalé, jóvenes entonces, saludadores de Sirio y contertulios del poeta malagueño. No faltó la reivindicación a las instituciones para que se interesen por el edificio, santo y seña de la poesía española del siglo XX. Lleva 30 años desocupado y los herederos, parece, no pueden sostener más. Amaya, sobrina del poeta, hizo relato de aproximaciones históricas cuyos fracasos han desembocado en la nada actual, la de entregarlo a una inmobiliaria para su venta. Puede ser detonante. Se agradeció mucho, muchísimo, la intervención final y generosa de Luis Eduardo Aute, que cantó.  Al terminar el acto, la casa, casi encendida, pudo ser visitada por los asistentes. Con emoción. Con la misma que se espera el resultado de esta partida que ya dura 30 años. ¿Volveremos? 

jueves, 22 de mayo de 2014

Manuel Mantero estuvo por aquí


Manuel Mantero en el Ateneo (Foto de Maxi Rey)
    Estuvo por aquí, miércoles 21, Manuel Mantero, con más años, 83, pero con los mismos labios afilados y su envidiable sevillano acento, inconfundible. Desde 1969 reside en USA, ahora en Athens (Georgia), a donde debe estar regresando. Tuvimos ocasión de hablar con él primero y luego el disfrute de escucharlo. Se agradecen tardes así, tardes con poetas que han vivido y saben contarlo. Vino de la mano de Pilar Gómez Bedate, que gestionó el encuentro para el Ateneo de Madrid. A cambio, el auditorio, paciente, escuchó unos folios del trabajo que está realizando sobre la obra de sevillano. Pero Manuel no se deja reducir a folios. Y conserva buena memoria


     Habló del ambiente asfixiante de la Sevilla de los 50, jesuitas incluidos. Dijo de su amistad con Julia Uceda para la creación de Rocío, revista que intentaba vapulear la siesta poética de su ciudad. Recordó el ciprés y los labios, muerte y amor, de su primer libro. Y su traslado a Madrid en 1960. El fulgor repentino de su fama y nombre, y el éxito de obtener ese mismo año el Premio Nacional de Poesía. En la sala estaba Antonio Hernández, estudioso de su obra, que asentía. Hubo un instante en que se despertó la hidra personal: recordó a los poetas sociales, a los afamados del 50 con una retahila que trajo preparada. Con una suma de declaraciones a favor de la poesía como útil social y de la responsabilidad del poeta, que, dichas así, seguidas, cargando tintas irónicas, y con nombres propios (de Castellet a Claudio, de Blas a Gil de Biedma) parecía que los citados pretendían a los poetas como predicadores sindicales. Alguien me dijo luego que es un lugar común en Mantero, el cual siempre se ha negado a formar parte de la cohorte del 50 y de cualquier otra, y ese mismo alguien me filtró luego un recorte con un poema que reproducimos abajo.

Manuel Mantero (Foto Maxi Rey)
     Organizó Manuel la lectura de manera curiosa, escogiendo poemas inéditos del tiempo de sus libros, poemas que por razones que no recuerda fueron apartados a la hora de la selección. Es poeta exigente en la forma; remarcó con énfasis que el lenguaje poético está basado en el ritmo, que es la musicalidad el elemento diferenciador entre poesía y prosa. Las digresiones entre poema y poema se imponían a su lectura de estos. Habló de su experiencia universitaria en Atlanta, de su relación con Ángel Crespo y con Jorge Guillen. También con Alexandre (visita dominical). De aquellas conversaciones se le escapó una anécdota que no resisto. Tiene que ver con Luis Cernuda, de quien dijo que era tan buen poeta como raro ciudadano, parafraseando a Primo sobre Valle-Inclán. Parece que Vicente y Luis no se eran muy devotos. Que ya en 1934 cuando Aleixandre se acercó al Ministerio a presentar su manuscrito de La destrucción o el amor para optar al Nacional de Poesía, se encontró allí a Luis Cernuda. Mantero reprodujo para nosotros aquella charla, traída de los labios de Vicente más o menos en estos términos
A: Hombre, Luis, ¿qué haces tú por aquí?
C: Pues nada, aquí que estoy.
A: ¿No habrás venido también a presentar un libro para el premio?
C: ¡Yo! En absoluto.
A: ¡Cómo que no! Ahora mismo se lo pregunto al secretario.
C: ¡Pero cómo! No irás a creer más al secretario que a mí.  
A: ¡…!   
Mantero era devoto de Vicente Aleixandre, de quien aseguró haberlo visto alguna vez de pie, quiero decir en posición vertical.

     En fin, salpimentada con chismes y reflexiones, siguió la lectura, que incluyó un soneto amoroso. Y siempre la profesión de libertad personal y poética como viento necesario, sin capillas ni escuelas. Negó la existencia de generaciones, aunque aceptó la de promociones ligadas a un espacio temporal, cultural y social vivido en común. 50 años después volvió a contestar lo que ya contestó a los señoritos (Barral, Costafreda, Ferrater´s…) de Barcelona que le acusaban de señorito andaluz: señorito por señorito prefiero lo andaluz. No recuerdo bien lo que dijo de los celos irremediables de Valente, excitado siempre por ser el líder del Tour, pero sí cuando contó su relación en USA con una hija de Ezra Pound, la cual, preocupada porque no entendía los poemas de su padre, oía como este le gritaba: En poesía, entender es lo último.

     Terminó leyendo algo de lo que está elaborando. Lo titulará El olor de la azalea, aclarando que las azaleas no huelen. Son poemas-coplas de tres o cuatro versos con sabor a sentencias. (Deslizó algo sobre la Cábala y su pasión por estos números). Quedó por el aire una vuelta al origen, a su sentir andaluz. Hubo humor en muchas de ellas. Tomé al oído esta. Como un hotel es la vida/ nada es tuyo, duermes, pasas/ y pagas a la salida. Habló luego de la necesidad de corregir los poemas, de que hay poetas obsesivos con ello (Juan Ramón, claro) y de otros que negaban (Valente, Blas de Otero) y juraban no hacerlo jamás. Entonces recordó la sentencia de Platón: Los poetas mienten mucho.  

     En fin, que se agradeció el aire fresco, desenfadado y libre, culto y pendenciero a un tiempo, de alguien que vuelve todavía a su tierra una o dos veces al año, y que va a cumplir 84. Al salir del Ateneo otro alguien se me acercó con otro recorte de poema y con el siguiente sucedido: el padre de Manuel, militar, le consiguió, para que viniera a Madrid, un puesto en el Servicio de Meteorología, así que cuando obtuvo el Nacional de 1960 con Tiempo del hombre, en la Tertulia con mayúsculas se comentó aquello de Mira, el Tiempo del hombre escrito por el Hombre del tiempo.  Años después, Mantero respondió con el poema llamado Delante del café de los escritores  que dedicó a los poetas del Gijón. Se despedía, se marchaba cansado de aquella España en la que Franco terminaba de entronizar a Juan Carlos. Mantero, hijo de un requeté, era fiel a D. Juan y no entendió su renuncia, el pasteleo. 

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GENERACIÓN POÉTICA DEL 50 (O DEL 60)

Míos son vuestra edad, nación, idioma,
no vuestro tema. No os entiendo,
oh aburrida asamblea monocorde
a los pies de los ídolos abuelos.
Me indago
como una espina penetrando un cuerpo,
lloro en Dios porque lloro lo que borro,
excavo mitos y en sus atrios duermo,
mi muerte tiene forma esbelta de ángel
no sé si de la guarda o del tormento,
mi palabra se afirma entre mis manos
golpeada y vertical (Colón y el huevo)
y es mi poesía contingencia mágica,
moderno aroma, juventud del hueso.
Esta mañana, al levantarme,
en vosotros pensé. No os pertenezco.
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DELANTE DEL CAFÉ DE LOS ESCRITORES 
(Fragmento)

Usados nombres y borrosos nombres
tras el helado ventanal diario,
república cansada de las letras
jugando a monumento tan temprano,
coro de piedra, prehistoria inútil,
lloradero común de los fracasos,
adiós.
Me voy, perdón, a mis asombros.
Yo soy de carne, yo camino y paso
como el tiempo, delante de vosotros:
estampas de álbum, simulacros
de eternidad, masa amarilla
de atrición, peces muertos en su acuario.

lunes, 5 de mayo de 2014

Parece que abril....

    Parece que abril quiere morir con dignidad, me comentó el jefe cuando le comuniqué la agenda de sus días finales. La redacción estaba alborotada con la cercanía del puente. Que luego no ha sido para tanto. Cumple, me dijo, tráeme noticia de lo que tienes subrayado y puedes irte. Durante cuatro días callan los poetas. El ocio culto cambia sus formas. El sol ya calienta, nos calienta. Treinta horas después tenía mis folios sobre la mesa. Los retiene. Resulta que ahora quiere corregirlos, visionar dice, porque últimamente ha sonado su teléfono en demasiadas ocasiones. Y bastante airado. Dice que por cositas, que por gratuidades que se podían haber evitado. Me dice: De lo esencial no he de tocarte nada. Vale, le concedo. Pero yo sé que no sabe qué es lo esencial. Lo digo porque a veces lo esencial suele esconderse, sin que yo lo pretenda, en lo que él llama pasajes gratuitos.

Alfredo y Cristina en el Círculo
(Foto: MCBarri)
    Leyeron el martes 29 en la Casa de Castilla-La Mancha dos poetas a los que une una gran amistad: Cristina Cocca y Alfredo Piquer, miembros activos del grupo Aula de Encuentros. Tienen su sede en el Círculo de Bellas Artes madrileño. Allí cultivan la poesía. Realizaron lectura conjunta y alternativa, en general de poemas de largo aliento, característica que también los une. Cristina, poeta de las emociones, modificó en parte su tono melódico para dotarlos de mayor contundencia, Alfredo, poeta del mar y de lo heleno, buscó en su decir la suavidad y el rumor del oleaje. Si bien es cierto que no introdujeron demasiadas novedades en la elección de sus poemas, si la encontraron en el presentador, Francisco G. Marquina, el cual anduvo por el hacer de ambos con envidiable habilidad y finura de análisis. Lo que se agradeció. Como el regalo de los comentarios finales de Juan Pedro Carrasco y de Manuel Cortijo, responsables de la tertulia, que todos cinco estuvieron en la mesa. Numerosos amigos poblaban la sala.

Elvira Daudet y Paloma Corrales en el Comercial
(Foto Andrea Andreu)
    El aire se alteró el miércoles 30. En la terraza del Comercial esperaban la hora Elvira DaudetPaloma Corrales. Elvira presentaba a Paloma y un libro de Paloma: El runrún de las palabras. Lo ha editado La Baragaña, editorial que lleva Jorge Espina, y que suele acoger autores de conciencia crítica, poetas que se piensan no asimilados, denunciadores sociales. Esto podía prevenir sobre la poesía de Paloma. Nada más lejos. Elvira lo dejó claro desde el principio. Si es un primer libro tardío, lo es porque la autora ha querido apurar la destilación de su lenguaje, la decantación de sus emociones y estar conforme con la concreción de cada uno de los poemas. Estoy con ella. Paloma es poeta volcada a la poesía, suya y ajena. Son muy conocidas y valoradas sus entrevistas televisivas a poetas con fuerza y actualidad. Pero ella es otra, única, su poesía tiene valor en sí. Es personal, cuidada, íntima, de estilo hallado, potente, transitiva, nueva. Halla, dice, conmueve, hace volver sobre ella. Leyó con temblor y segura esos poemas tan suyos que parecen fragmentos de una suite, abiertos en sus principios y en sus finales. Leyó mientras sonaba la guitarra de Chema Abascal. Tuvo serenidad para introducir algún poema y la gentileza de dedicar dos de ellos a Rafa Soler y a Paco Moral, presentes. Como presentes estuvieron Gsús Bonilla y Roberto Menéndez. Luisa Navarrete, activísima Alacena Roja y emocionada, vino desde Murcia. El acto, 35 minutos, limpio y emotivo, fue grabado y puede verse aquí.   

Eduardo Merino y Víctor M. Carrascal (leyendo)
(Foto MCBarri)
    Un poquito más tarde, en La Tapa de Era, Fuencarral abajo, leían Eduardo Merino y Victor M. Carrascal. No sabíamos que el local tendría vida efímera y con él el ciclo Bájate al sótano que conducía David Morello. Este, hoy lo sabemos, fue el último acto poético. El pequeño local estaba repleto como nunca. Eduardo, dueño de una poesía de construcción clara, nacida de la experiencia y crecida sobre la reflexión, leyó poemas primeros, otros éditos y algunos en espera de serlo. Curiosamente, él, que no se prodiga, fue padrino bautismal de Victor M. Carrascal, poeta oculto a la luz pública, que duda, pero que emocionó con alguno de sus poemas y sobre todo en el último, leído a petición de Esperanza, que es un cántico sereno a la muerte de su padre. A la salida, José Luis Torrego, Ana Ares, Paco Moral, Francisco Castañón, Carmen Bermejo, José Luis Fernández Hernán…, dicharacheros, ocuparon la calle.

martes, 29 de abril de 2014

Una, dos, todos

Una

María Antonia Ortega
    Puede parecer no creíble, pero fue cierto. María Antonia Ortega, invitada el pasado martes 22 a la tertulia Rafael Montesinos, leyó con fiereza. Quiero decir con la decisión de quien desea que su poesía muerda, dentellee, deje herida en la piel, haga presa. Para Mientras la luz fue novedad. Sabe, como todos, de su figura delicada y frágil, de su pausado porte, de su apariencia física que insinúa quebrarse. Pero María Antonia puede levantar una hoguera si desea prender su poesía. Leyó intencionadamente textos de libros distintos, a los que agrupaba en un continuo de fiebres.  Recitó uno de sus poemas primeros sajando la memoria, sin que le fuera posible permanecer sentada, paseando la madera del estrado en todas sus longitudes, añorándose, recordándose en los tiempos en que lo decía con una corona vegetal en la cabeza, vestida con túnica deslavazada. 
Mientras la luz, deslumbrado, quiso seguirle el rastro durante la semana del libro. Al día siguiente leía en CentroCentro, invitada por Juan Carlos Suñén junto a otros poetas, y el viernes 25 en la Odisea Poética que organiza Alfredo Piquer para Libertad 8. No nos fue posible. Y todo porque el don de la ubicuidad que se nos atribuye ya no funciona (el jefe no ha pagado a los dioses la cuota que lo renueva). Aunque algo sabemos en ausencia. De su actuación del viernes, dijo en FB Elvira Daudet, testigo presencial, que fue sofisticada y mística, cuya espiritualidad le ayuda a levitar en los momentos oportunos. Esto es más creíble. Pero no queda aquí su actualidad en esta semana, que sin duda ha sido suya, porque, a los tres actos citados, añadan la aparición en librerías de su nuevo libro: El emparrado, surgido de la mano de Nuria Ruiz de Viñaspre en la colección M de ediciones La Palma. Visitando su texto promocional hemos sabido que casi sustituye a la razón como posibilidad de desarrollo pleno de la conciencia, (sí, la razón es sustituida por la soledad), cuya capacidad genesíaca, que es la poesía, es capaz de proyectarse y concebir a mucha distancia. Los hijos de la soledad nacen con frecuencia lejos de su progenitora, y no siempre coinciden con ella en el espacio y en el tiempo. También que cuánto más cruda sea la realidad más suave habrá de volverse la palabra que la alude. Quede claro.

Dos

Pablo Y Rafael
   Se atrevieron. Al fin y al cabo era en su casa, en el café Comercial. Los dos, el editor y la principal figura de su catálogo. Se atrevieron a competir con los 193 eventos que a esa misma hora -19:00 del miércoles 23- estaban convocados en la Villa y sus alrededores poéticos. La gente desea ser escuchada, qué carajo. Fueron valientes, muy valientes. Mientras la luz los eligió por ello, tras una reflexión emocional e intelectiva. Mientras la luz conoce sus dos maneras de leer poesía, conoce sus dos maneras de construir la poesía y conoce sus diferencias. Uno musita, otro proclama. Uno ruega, otro exige. Diez poemas cada uno que supieron a poco, con la generosidad de que entre sus propios poemas, y sin ser expresamente señalados, se incluyeron textos de otros autores, algunos recién fallecidos. Se dijeron poemas de Domingo F. Failde, que seguro reconocería la poeta Dolors Alberola, allí presente junto al también sureño y también poeta Carlos Guerrero. De la lectura, peleada con los micros, sacamos una enseñanza, y es esta: la manera de leer un poema condiciona tanto su comunicación como su intención, cuando Pablo leyó un poema rebelde de Rafael, parecía un poema gatito, o sea de Pablo; y cuando Rafael leía un poema de Pablo acudía la rabia de inmediato. Cosas. Terminaron pronto. Se separaron. El editor se marchó, Castellana arriba, en busca del 1-0. El autor tomó otros caminos.    

Todos
Ana Bella cantando en el Café Gijón el pasado día 23
en el acto que organizó Verbo Azul

   Todos, explico, son todos los miembros de grupo literario y poético Verbo Azul. Fueron citados en el Café Gijón para leer poemas y/o relatos. Muchos acudieron. Ocuparon todo el ángulo interior. Pepe Bárcenas –no confundir con PP/Bárcenas-, ligado al grupo y ligado al Café Gijón, hizo de mecenas literario, de sabio agitador y gran maestre, lo que facilitó mucho las cosas. Presidían, tras un delantalito blanco, Ana Garrido y Juanjo Alcolea que convocaban, nombrando, a los lectopoetas. Para inquietud de algunos parroquianos, el acto que amenazaba, comenzó. Los poemas se levantaban sobre los murmullos del Café. Algunos clientes se quedaron. Poemas frente a un micro que vacilaba entre marchar o permanecer. Todos en alfabética hilera. Acudieron, según recuerdo, Cristina Cocca, Isidro Sánchez Brun, Hortensia Higuero, Ana Bella López Biedma, Eva Barro, Manuel Cortijo, Tano García-Page, Fernando Fiestas, Alejandro Cernuda, Francisco Caro, Fermín Fernández, Ana Garrido, Nieves Álvarez, Juan José Alcolea y un especial invitado. Los verboazules son infatigables. Todos. Volverán.

Todos, también estuvieron todos en el salón de la ONCE, recitando, leyendo, cantando... desde las 11 de la mañana hasta las 11 de la noche en un Marathón organizado por Elena Peralta y donde coincidí, mediodía del miércoles 23, con Ana Galán, Manuel Martínez-Carrasco y Rosa Jimena. También con Paquita Dipego, venida desde Lérida.  Oí cantar a Diana Trigueros. Volverán. Son tenaces.

jueves, 24 de abril de 2014

Mientras la luz compró




Mientras la luz lo hizo. Muchos de sus lectores también, seguro. Tras la visita de puestos y librerías, la consabida charla y el manoseo, compró poesía. Eligió la Obra poética (1935-1998) de Octavio Paz que ha editado Galaxia Gutenberg. Una reedición de dos de los tomos de sus obras completas, los que comprenden toda su poesía. Advirtió para la ocasión Octavio que no ha dejado descansar a sus poemas en toda su vida, que no ha dejado de sobarlos, de podarlos, de definirlos. Está obra trae su decisión, su selección final, pero en su momento confesó que no sabía si era la mejor, sino la que en ese momento deseaba. Traemos el ejemplo de un poema: titulado primero La llama, el habla, después aparece con el de Conversar. Un poema que nos atrae especialmente por estar cercano al mundo de mi paisano Ángel Crespo. Entre paréntesis la estrofa que decidió suprimir para esta edición. Ustedes verán.

Por cierto, ¿compraron ustedes algo? Se puede saber qué.

Dicen:
Ana Garrido: Las pequeñas espinas son pequeñas, de Raquel Lanseros y La insistencia del daño, de Fernando Valverde.

Leopoldo Espínola: La fiesta de los vivos, de Alejandro Martín Navarro.

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Conversar

En un poema leo:
conversar es divino.
Pero los dioses no hablan:
hacen, deshacen mundos
mientras los hombres hablan.
Los dioses, sin palabras,
juegan juegos terribles.

El espíritu baja
y desata las lenguas
pero no habla palabras:
habla lumbre. El lenguaje,
por el dios encendido,
es una profecía
de llamas y una torre
de humo y un desplome
de sílabas quemadas:
ceniza sin sentido.

La palabra del hombre
es hija de la muerte.
Hablamos porque somos
mortales: las palabras
no son signos, son años.

Al decir lo que dicen
los nombres que decimos
dicen tiempo: nos dicen.
Somos nombres del tiempo.

( Mudos, también los muertos
pronuncian las palabras
que decimos los vivos.
El lenguaje es la casa
de todos en el flanco
del abismo colgada. )


Conversar es humano.

martes, 15 de abril de 2014

Antes de que diluvie


Dios, que por detalles así nos avisa que existe, ha dispuesto esta semana de descanso antes de que diluvie. No hay sorpresa en cuanto a la fecha, está señalado para el próximo miércoles 23 de abril. Lo del día del libro se ha convertido para algunos en un nuevo diluvio, en un nuevo día de poesía a brazadas. No tuvimos bastante con el pasado 21 de marzo. Ni con Machado en febrero. La Comunidad de Madrid echa leña al fuego húmedo editando un folleto sobre el blancor de la noche donde todos quieren estar. Maratones, concentraciones, altavoces azules, púlpitos en ocho, quedadas… cualquier cosa vale para el poetiqueo lector que se anuncia. Desde la ONCE al Gijón, del Ateneo al Comercial… si no está usted convocado para llover: para leer, lleve paraguas. Será el diluvio. No hay remedio. Un buen amigo y editor,José Luis Loarce, suele decir: Los poetas, de uno en uno.  No le falta razón. Es la manera de no llegar calado a casa.   


Nieves en la librería

Un momento de la presentación
Foto: de la Red
Apurando las fechas, vino Nieves Álvarez desde Santander. Nieves es amiga de Mientras la luz desde siempre. Vino a la librería Antonio Machado del Círculo, que se está asentando en esto de las presentaciones como lugar de alto caché. Nieves es poeta de vocación a más de atender otros edificios del arte de la literatura. Termina de publicar, con Cuadernos del Laberinto, Desde todos los nombres, tal vez el libro más suyo de todo lo hasta ahora publicado. Fue presentado por Ana Garrido y Juanjo Alcolea que quisieron destacar el temblor rabiosamente humano y el compromiso unamuniano con la verdad que el libro contiene. Nace el libro, según se contó, de esta circunstancia: Nieves ha sabido tarde, muy tarde, de la presencia de su padre durante muchos años en los campos de concentración franquistas. En trabajos forzados. A esa conmoción siguió luego una investigación. Y tras esta última la urgencia de la creación poética. Es un libro sobre las raíces del dolor. No de uno en particular, sino del dolor de todos. De un dolor del que muchos fueron o quisieron ser ignorantes. Dijo que su padre respondió a este dolor con la alegría. Los poemas miran de frente a la realidad. Su decir sincero produce conmoción. (Véase el poema He nacido muerta). Presentado ya en Santander y en Madrid, pronto lo será en Ávila, Torrelavega, Alicante y Barcelona. 
Ana Bella López-Biedma, voz que atiende, cantó tres veces la hermosura.   

De dos en dos

Paco y Elvira. Lectura y atención
Foto: de la Red 
Está de moda, tal vez para contradecir a mi amigo Loarce. Está de moda leer de dos en dos, buscando suelo y/o cielo. Apoyo siempre. Alternativa. En esta ocasión sin color de reto, sino en clave de hermandad. Sucedió en Enclave Libros el viernes 11, a punto de bajar el cierre. Paco Moral, el joven editor y poeta, quiso junto a sí la reaparición de Elvira Daudet. Sabe lo que quiere y sabe la forma de conseguirlo. Tal vez soñó la exquisitez de su voz, lo rotundo de su voz, junto/frente a la sonora fragilidad de Elvira. Lo consiguió. Un público justo, a la medida y ya entregado rompió el tabú, la convención de lo selecto, y no dudó en aplaudir y jalear uno a uno todos los poemas leídos. Paco y Elvira, Elvira y Paco se alimentaban mutuamente. Brotó el calor, brotó la comunión, quién los vio allí y así será imposible que los imagine por separado. Apenas 20 poemas para quedar juntos en la memoria mía. Veinte, diez por poeta, suficientes para cerrar, qué lejos enero, áureamente la estación y esperar el tiempo de la penitencia. Tres ángeles vigilaron de cerca: Mara Troublant, Ana Ares y Cecilia Quilez (a punto de nueva luz) para que todo funcionara. Luego hubo vino en plaza pública con Carmina Casala, Eduardo Merino, Jorge Torres, José Luis Nieto, Aarón García Peña, Antonio Capilla, Patricia Pérez, Jaime Alejandre, Alfonso Bresmez, Alfredo Piquer…  la vida.

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He nacido muerta

Yo, aunque no lo creáis, 
he nacido muerta, 
y decía mi padre 
que hubo un tiempo 
en que los niños y los hombres, 
las mujeres, las niñas, 
las personas mayores 
-casi siempre- 
nacíamos muertas. 
Luego resucitábamos 
-o no- 
pero algunas 
se seguían muriendo poco a poco, 
de ciudad en ciudad, 
de llanto en llanto, 
de laberinto en laberinto. 
Se morían de pie o de rodillas, 
en el bosque, en la plaza, 
en las trincheras. 
Se morían de muerte artificial, 
de tristeza congénita, 
de repente,
de sobrarles la boca y el estómago, 
de seguir vivas. 
Yo, aunque no lo creaís, 
he nacido muerta, 
pero aquí me tenéis, 
aún sigo viva, 
intentando 
no quererme morir 
hasta el último aliento 
del reloj.

                     Nieves Álvarez

jueves, 10 de abril de 2014

Testimonio de regreso. Tres notas

   El jefe estuvo de acuerdo. Merecéis unas vacaciones en esto de las crónicas. No se debe acumular dinero por encima de las necesidades. Ese es el inicio del toda corrupción. Dicho y hecho. La redacción, jubilosa y viajera, ha dejado -en qué pocos días- la caja a cero. Es preciso volver a la tarea. Generar pecunio. La becaria advierte: Puesto que la recuperación es evidente, lo dice La Razón, qué hay de lo mío. No se atreve a decir salario todavía. El jefe está en ello, le decimos. Hemos vuelto a la faena. Tres notas.  

 1

Elia, Ana, Luz y David
Foto: con poca luz
Hay un nuevo lugar para la poesía. Subterráneo. Se llega a él tras bajar una pina y estrecha escalera. Junto a la mole de Telefónica, en Reina, 1. Los miércoles, casi a las nueve. Es un lugar pequeño, media luz, amueblado con palets. Sugerente. Regido para la palabra por David Morello. Anden atentos. El miércoles 2 acudieron tres polluelos de Luz Pichel y Luz Pichel. De esa feliz conjunción de euracas y castrapos inasequibles, habladores. Elia Maqueda dio la impresión de saber construir el poema. Y tener discurso. Ana Cibeira, alumna y tanteadora, dejose ver atraída por las lenguas de frontera y las maneras conversacionales. David Haller pareció enamorado de lo que escribe, tan sorprendido como feliz, sin duda le gusta el oficio que está aprendiendo. De Luz, protectora, qué decir sino que leyó tan renovada como sorprendida de nuestra asiduidad a su causa. En el piso de arriba, a nivel de la calle, vinos y tapas. Nombre La Tapa de Era.

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La sala de La Central
Foto La Central
   El jueves 3 ocurrió la presentación de Alacena Roja en Madrid. Sepan que Alacena Roja es una biblioteca virtual, una editorial, y una librería que imprime bajo demanda. Los tiempos corren y Luisa Navarrete, lista y ágil, con ellos. El deslumbrante impacto que produjo la edición virtual de la obra de Elvira Daudet (mas de 40.000 lecturas) se confirmó con ediciones de José Elgarresta y Manuel Lacarta. Madrileños. La editorial tiene su sede en Ceutí, un pueblecito de Murcia. Vino a Madrid. A la Central del Reina Sofía.  
Óscar, Isla y Carlos
Foto: Alacena Roja
Y vino para presentar la obra, en papel, de Óscar Ayala y la de Isla Correyero.  Carlos Morales, el editor, en pasado, de la recordada Toro de Barro, hizo de presentador. Con látigo hacia tendencias pasadas.   Oscar Ayala es el autor de Parajes de lo incierto, del que leyó algunos poemas. Casi todos atravesados por la sorpresa de lo poético y la palabra como posibilidad, como tanteo, como lazo que aprese la realidad. Poesía que intenta explicarse a sí misma: verso, acento, nombre, palabra, poema lenguaje… son los términos más usados. Cerró con un poema de amor, inédito. Isla es otra cosa. Parece repuesta o no repuesta de su Diario de una enfermera. Lo ha recuperado para, unido a una nueva obra, Occidente, formar una entrega a la que llama Género humano. Son poemas de la carne, del amor y del desaliento. Pero queda en ellos patente que la corrupción de la carne no puede ni debe ser la de la vida. Me pareció que los poemas crecían al ser dichos, sobre todo en credibilidad, en tensión dramática. Un poema es un shock individual que tiende a convertirse en un shock de dolor en todos. Es posible que el impacto de Diario de una enfermera no sea fácil de mantener tantos años después, pero aquella desolación sigue estando inestable y presente. Recordé aquello de Vallejo “tanto amor y no poder contra la muerte”.

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   Esto de los intercambios poéticos Murcia-Madrid tiene su aquel. El de miércoles 9, bajo la iniciativa de Rosa Jimena, fue presentado por el ingenio de Enrique Gracia como un combate de boxeo. Guantes sobre la mesa incluidos. Y pajarita de árbitro. Qué hábil EGT, hombre siempre diestro entre las cuerdas. Las púgiles fueron Inma Pelegrín y Katy Parra. Katy, con más historial, levantó al final la mano de su oponente. Nada que objetar en el ring de Libertad 8.

Inma Pelegrín y Katy Parra
Foto: EGT
Porque es el caso que la poesía de Inma Pelegrín sabe acomodarse tanto a la cotidianeidad del vivir como consigue adivinar sus contraluces. Las paradojas de lo evidente.  Y todo ello es sabiamente administrado en beneficio de la sorpresa final, sin la cual el poema no se concibe. Hay un modelo repetido: son lecciones de cosas que, a modo de parábolas, logran explicar sensaciones, emociones. Limpio, sencillo. Como beber agua. Leyó con la misma suavidad con que discurre su escritura, apenas sin subrayar, sin imponer. Su oponente, la vascomurciana, Katy Parra, amiga, según dijeron de los gatos, bebe desde antes de parecidas fuentes. A lo que añade toques autobiográficos. Que desprecia los oropeles retóricos, los engolamientos y las impostadas trascendencias parece obvio. Lo dijo explícitamente en un poema, dijo que prefería la palabra abrelatas a la palabra ternura, sin duda porque sabe de la falsedad con que esta última puede usarse en el oficio. Buen dúo, con buen humor en escena. Aire fresco en abril. El público de su parte.

Aquí el video del acto producido por Enrique Gracia Trinidad.

martes, 11 de marzo de 2014

Hombre solo para dobles parejas


 Hombre solo

Pablo Méndez lector
(Foto publicada en FB por Vitruvio)
  

  Este hombre solo en el escenario, encaramado sobre un taburete, tan elevado sobre un color extraño, que reluce, es el poeta Pablo Méndez en el café Comercial. Ocurrió el viernes 7. El motivo de esta grave situación fue la apuesta por un nuevo libro suyo Oh, siglo veinte. En esta ocasión de poemas y editado por la editorial que dirige. Como un tema toledano nos tenía en vilo a la misma hora, no pudimos ver en directo la altura que va alcanzando su poesía. Eso que nos perdimos. Hace casi un año, en Fuentetaja, dijimos de ella que…  La mirada de Pablo Méndez busca al hombre ante la vida, y solo. Busca su temor seguro, sus ansias inevitables, su desamparo sin remedio. El individuo es, para la poesía de Pablo Méndez, un frágil cristal en medio de una multitud. La soledad, la vejez, la miseria, lo desvalido como paisaje. Siempre he creído y aquí lo digo que la ternura y el riesgo de los retratos a tiza que pueblan su Alcalá blues de 2006 son, a mano alzada, su retrato poético. No estuvimos. Hablamos en ausencia. No sabemos si las cursivas anteriores siguen siendo válidas tras un nuevo texto que, ya desde el título sorpresa, parece mirar con asombro el tiempo pasado.

Primera pareja. Antes

Pedro Letai y Laura Caro
(Foto de FB)
    

El jueves día 6 los sidecares realizaron nuevo viaje. En esta ocasión, más sosegado. La performance que acostumbran tuvo más de emocional que de acción lúdica, lo que se agradeció por un público que llenaba. También sirvió para que pudiéramos conocer la disparidad de las dos propuestas. Una, la de Pedro Letai, de quien nos gustaría mayor contundencia en la lectura,  basada aún en el deslumbramiento del amor y de la vida, con la posibilidad de la entrega como primer asunto, tan imaginativa e hímnica como deudora de lecturas, ligera y joven todavía. Otra la de Laura Caro más elegíaca, sin riesgo, traspasada por el sentido de la madurez, realizada con una enorme voluntad y que trajo la emoción de un último poema dedicado. A veces se complementaron, a veces no. Es lo que suele ocurrir en estas lecturas alternativas, y de poetas dispares. Contaron con  la participación invitada de Manuel Martínez-Carrasco que marcó límites con un poema llamado Testamento, que se recuerda.  Aquí pueden ver la parte final del sidecar.  


Segunda pareja. Después

Olvido, Montse y Menchu   (Foto móvil)
    


Ocurrió el lunes 10, en el salón a medio gas del Instituto Cervantes, aprovechando los fastos oficiales de Ellas crean. Montse Iglesias moderó un debate sin gracia ni tensión entre Olvido García Valdés y Menchu Gutiérrez. Ni temas de interés, ni garra en las preguntas, ni sazón en las respuestas. Un ambiente de duelo (no duelo-reto, sino duelo-entierro) se extendió por la sala que iba perdiendo oyentes conforme el asunto avanzaba. De Olvido es posible recordar alguna respuesta: que se halla cómoda en la poesía sin sujeto, que a veces se encuentra el tema mientras el poema vagabundea, que hay cierto mercado para la poesía, que vendió 3000 ejemplares con Tusquets, que la poesía nace más de la atención de la mirada que de la inspiración, que tradujo a Pasolini por devoción, y a las rusas Ajmátova y Tsvetaeva por obligación gozosa… De Menchu Gutiérrez (a quien la moderadora apellidó Álvarez) poco se supo, salvo que parecía sorprendida de estar allí. A nosotros también nos sorprendió su presencia. En dos o tres respuestas, su azoramiento dijo “creo que me estoy metiendo en un jardín…" Lo pudo decir en todas. Las lecturas finales de poemas no lograron disipar el ambiente sólido y gélido, esdrújulo y torpe, que se había creado. Y porque no era posible seguir trabando más.


Envite



 

    Nuria Ruiz de Viñaspre presenta una nueva colección de libros poesía: eMe, solamente para mujeres. Como continuidad de Ediciones La Palma. Sus tres primeros títulos pertenecen a María Antonia Ortega, Julia Otxoa y María Negroni. Esperar y ver.   

lunes, 3 de marzo de 2014

Para qué un sombrero Heisenberg





   Creo que llevaré el sobrero Heisenberg -me dijo- el de Breaking Bad. Estoy a gusto bajo ese techo, soy el último en remar y eso siempre es un riesgo. Le animé, le dije que debería venir con la moral de novillero intacta, que sus 22 libros de poesía no restaban sino al contrario, que el mundo le esperaba ansioso, que el momento era ideal para su relanzamiento, que… continué diciendo, diciendo…. Me pasé en la dosis. Voy comprendiendo que alentar la autoestima en un poeta es despertar a un dragón de siete toneladas. Luego, ya en la tribuna, intentó la desfachatez del soborno público -¡¡a mí, nada menos!!- a través del lazo emocional. Nieves Álvárez, la poeta santanderina fue testigo. Confieso todo esto para el lector que prosiga comprenda mi esforzada imparcialidad.

   
Heisenberg citado
E
l hombre del sombrero apareció el viernes 28 de febrero exhibiendo un sentido del monólogo envidiable ante un público que había permanecido respetuoso hasta el momento. Un público, numeroso, que asistía a una nueva singladura de la Odisea Poética que comanda en Libertad 8 Alfredo “Ulises” Piquer. Respetuoso ante un exordio del capitán lleno de cuñas sociointencionadas y de citas versiculares, todas bien traídas. El público estuvo respetuoso antes, durante y tras las lecturas de los poetas que antecedieron al del Heisenberg: José Manuel Lucía Megías y Nuria Ruiz de Viñaspre, poetas que, lo juro, no había contactado ni alentado, por eso guardaron las formas habituales. Por lo que deduzco que lo sucedido al final debió ser culpa mía. Al menos en parte.
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   José Manuel Lucía se rodeó de inéditos. Está embarcado en algo sorprendente. Quiere contarnos en verso los últimos días de Trotsky, Sí, de León Trotsky, del revolucionario permanente asesinado en México por Ramón Mercader. Exacto. Sobre el suceso hay libros y documental cinematográfico: todo está narrado. Pero no basta, no está poetizado. Hasta ahora. José Manuel dejó claro que él se encarga de intentarlo, que le absorbe el tema. Dijo que tenía el trabajo muy adelantado. Leyó una docena, al menos, de poemas. Otros pensarán que más. Bien construidos, aunque sin grandes sorpresas ni en la erección ni en el lenguaje. Hizo evidente que no es lo que busca su hacer, sino la posibilidad de captar el drama íntimo de una mente capaz de lo sublime. De un Trotsky brillante incluso en el momento exacto de la última conciencia. Su lectura terminó con la emoción del poema que narra el entierro de Trotsky despedido por miles de proletarios de los suburbios. Ojo al texto. ¿Necesario? Ya se verá. 


   Nuria Ruiz de Viñaspre subió a leer con la conciencia de estar recién editada y recién presentada. Lo hizo el día anterior Luz Pichel en La Central de Callao. No sé si le dio tiempo a cambiar los papeles que señalaban en Pensatorium los poemas elegidos. Leyó contenida, pero con la modulación exacta. Una poesía muy suya, muy de la insinuación sobre las provocaciones, muy de tacto y punteo, con horror al cierre de los poemas, con más preocupación sobre cómo decir, dejando enormes huecos, que sobre qué decir. No de apego al fragmento, porque eso ya está pasado de moda, porque a Nuria Ruiz de Viñaspre le basta con la sugerencia, con algo cercano al guiño. Por lo dicho, poemas cortos, encariñados con el flash, buscadores de lo cómplice, empeñados en mirar alrededor para nacer. Poesía ensimismada que busca el vuelo. La portada del libro insinúa el perfil de un caballo hacia el abismo. Tal vez por ello algunos poemas tomaban al caballo como pretexto para hablar del lenguaje. Nuria estuvo respetuosa con un auditorio que respondió con atención continuada.


   Todo terminó con el hombre ataviado de pajarita y cubierto con sombrero Heisenberg. Qué desfachatez. Dijo sentirse en su octava década y sin embargo joven. Que salió joven de casa y que a medida que llega a Libertad8 había ido envejeciendo. La verdad es que basta verlo en la fotografía para comprender, que su capacidad natural para el humor que concilia venía acrecentada. No sé si por el sombrero o por mis ánimos. Empleó el viejo truco de meterse al público en el bolsillo con prevenidas tretas ¿para que disculpasen su lectura? Craso error, traía dinamita en los folios. Le hubiera bastado su palabra poética para la explosión que se produjo. Poemas tan lejos de lo enjuto y de lo absurdo como de la obviedad procesionaria. Escribe para decir, leyó para decir a los demás, disparando. Su poesía es inteligencia en busca del abrazo. Metal y cardias. Puros los dos. Le hubiera bastado. ¿Lo del sombrero y la pajarita? Ahora que voy terminando y debo escribir su nombre lo voy entendiendo, ¿Puede ser de otra manera menos genial Francisco García Marquina?         

Francisco García Marquina, inglés y rodeado
Fotografías de MC Barri





lunes, 17 de febrero de 2014

El reportero frustrado

   Consejo bimensual de redacción. Habla el jefe: Digo yo que la poesía parece ser una actividad indescriptible preocupada por describir lo indescriptible. La poesía espera siempre ser descrita a base de comparaciones o contradicciones, de negaciones o paradojas, mas siempre al sesgo. Los que la ejercen de forma consciente se atreven menos que nadie a definirla, tampoco a limitar su campo. Y cuando se ven forzados a hacerlo lo hacen -no demasiado convencidos- por aproximación o señalando alguna de las cualidades que se supone contiene. No actúan así porque encuentren libertad en la indefinición, sino porque saben que está en la esencia de la poesía ser, de inmediato, otra cosa que aquella que se termina de definir. Siempre te deja mal, siempre huye, no es fin sino camino. Pero eso sí, senda que ni el eterno caminar agota. Andar a su lado sirve de poco. Jamás avistaron destino aquellos que de verdad la acompañaron. Ni el del amor. Ni el de la vida. Ni el de la muerte. Por eso hay tantos que siguen en la búsqueda y perdidos. No es de fiar, ni se deja describir ni describe. Es por tanto algo ajeno a la razón, a la lógica de lo físico. Un disturbio. Un trasto, a veces necesario, entre el tacto y la irracionalidad. Tras una pausa para ver el efecto en los rostros de los redactores, concluyó: Sabemos poco del asunto de la poesía, del que vivimos, y este es uno de los pocos temas que en Mientras la luz debe quedar meridianamente claro. Sed humildes, no pretendáis entender y os mantendréis con salud.
Muchos redactores salían con la extrañeza en los ojos, mas en silencio (por respeto). Sólo la becaria se atrevió, casi inaudible, ¿De quién diablos habrá aprendido eso de meridianamente claro?

Javier Díaz Gil y Federico Monroy

 Con tal enredo –y con las horas tasadas– salimos a la descubierta de la semana. Lunes 10. Sin ánimos casi. A Libertad8, que siempre hay algo. Este es un local de conquista fácil, basta con atreverse y solicitarlo. Federico Monroy quiso estar acompañado por Javier Díaz Gil en la lectura y sus compañeros de la tertulia Rascamán en la zona de escucha. Por cierto, la tertulia ha abandonado el Café Ruiz para irse por la zona de Diego de León (La Livrería C/ Martínez Izquierdo, 9), territorio a conquistar por y para la poesía. Hubo brindis inicial, música de piano –a ver si lo arreglas, Julián– y poesía bien leída, en calma sonora. Federico con cierto riesgo, siempre al borde de… y más asentada y firme la de Javier. Mereció la pena. Alma Pagés estuvo de guardia, protegiéndome.

Javier Lostalé
   Decididos a entender, pero humildes, acudimos a la Biblioteca de la calle Azcona el martes 11, leía Javier Lostalé, que dijo extrañar el tiempo que llevaba sin una lectura individual. En Madrid, puede ser. A esta la tituló Rosa y tormenta. Javier es lord protector de los poetas madrileños, a quienes alienta y escucha con respeto, pero lee poco en público. Dijo que escribe mucho, que espera libro con Pre-Textos para el otoño, que mientras lo escribía estuvo imaginando y disfrutando una amor y una magnífica historia de amor. Y de ello trataron unos poemas que se envolvían en el disfrute de los cuerpos, y las almas, y esas cosas. Todo en un decir purísimo. Si la poesía es una forma significativa de lenguaje, aquí la hay. Tras la lectura y ante la ausencia de preguntas, el poeta mantuvo un prolongado monólogo que fue aliviándole la tensión anterior. Contó alguna anécdota táctil alrededor de su Aleixandre.

   Miércoles. Reflexión.

Jesús del Real en Arco Poético
   En la Biblioteca de Retiro continúa el ciclo 2014. A Beatriz Russo (enero) le siguió en febrero Jesús del Real. Se anuncia para marzo la de Beatriz Herranz. Parece que Pepa Nieto quiere asegurarse la presencia de Miguel Losada. Veremos como siguen las convocatorias. Jesús estuvo íntimo y reservado. Hubo palabras previas de José Cereijo, tan ajustadas y fundamentales como siempre. Se aprende con él. Debería asistir el jefe, beber de su palabra, porque el asunto de la poesía, como él dice, adquiere transparencia escuchándolo. Jesús del Real es poeta enamorado de la poesía, la busca para quedarse en ella. Bien a través del amor, bien de la naturaleza. Leyó sin levantar los ojos ni la voz, intentando trasmitir el mismo aliento con el que escribe. Son poemas basados en el temblor, aunque atravesados aún por las lecturas. Hubo bastantes poetas entre los asistentes, María Antonia Ortega y Reina Palazón entre ellos. Jueves y 13.

Jerónimo Calero en un momento de su lectura
  Rodeados de todo el siglo XIX, cantaron los poetas al amor. Otro libro colectivo de Cuadernos del Laberinto. Y van… Encabezados por una muestra antológica de LA de Cuenca, LA de Villena y de Hilario Tundidor, más de una veintena de poetas convocados reunieron sus textos para la cuestión. Era 14 de febrero en el local de la AEAE, Leganitos 10. La sala en granate tiembla y aguanta. Con la chispa que acostumbra, leyó Enrique Gracia citas en torno al amor Consiguió, horizontal, la sonrisa. Siempre lo hace. La editora justificó el fruto y el trabajo de coordinación, que no suele ser poco. 12 euros. Luego comenzaron las lecturas. Leyó un chico, joven, al que habían otorgado el premio convocado al efecto, un poema que no lo parecía, lo juro. Habían venido desde La Mancha dos amigos de Mientras la luz, Jerónimo Calero y Juana Pinés, tras leer Jerónimo su poema, ese sí, tuvimos que abandonar la sala. ¿Recuerdan lo de la horas tasadas? Una sala repleta e incomodísima para estas lecturas colectivas. Lamenté no poder escuchar a Juana, a Maxi Rey y a Ana Montojo, que aguardaban turno. No vi por allí ni a LA de Cuenca, ni a LA de Villena ni a Hilario Tundidor que tanta ilusión me hacía.  Peste de reportero frustrado.