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domingo, 26 de octubre de 2014

Normalidad de octubre


Pasado Poemad IV, desmesura que no pudimos cubrir como hubiéramos querido por bajas en la redacción, y de las que nos quedó la sorprendente manera de César Antonio Molina, la ironía cauta de Vicente Molina Foix y la lectura a cuatro de -alguien cercano preguntó, sin lograr respuesta, si son las cuatro patas sobre las que se sustenta la mesa poética española- Antonio Lucas, Carlos Marzal, Benítez Reyes y Pilar Adón, aplaudidos, los actos poéticos entran en la normalidad de octubre.      


Martes 21

 
Ana Garrido
Yo no
sé si hay poetas con vocación de mayoría o si eso afecta solamente a los políticos. Quiero decir poetas que convoquen con poder en los momentos de sus lecturas y/o presentaciones. Si los hay, y los hay, una de las voces con esa capacidad es la de Ana Garrido. Ana es poeta de poetas, con poetas y para poetas, directora de la revista La hoja azul en blanco, llenó hasta reventar el salón de la Casa de La Mancha en Madrid para presentar Noticia del asombro, poemario que obtuvo el premio Mario López el pasado 2013. La poesía de Ana fue descrita por Antonio Daganzo con tal lucidez y pulcritud de texto que debería servir de escuela a tantos esforzados de la ruta que se dedican a vestir los prolegómenos. Una verdadera joya, así en la construcción como en la exposición. Y que tuvo la virtud de sosegar primero y reforzar después a la poeta. La poesía de Ana y su concreción lectora lograron el clima que los asistentes sospechaban. Ana leyó con suavidad potente, con lentitud subrayadora, diciendo a todos, degustando. Leyó una poesía, la suya siempre, basada en lo esplendente de la imagen poética. Es poesía leve, de brisa misteriosa, afilada y certera, buscadora de la sugerencia. Su hacer atiende menos al discurso que al rumor: a los rumores que buscan ser palabra. Poesía para el espíritu, es dicción que escarba en el temblor del símbolo, en la ambición y en la derrota, en los caminos del hombre y la mujer que van o vuelven a la hoguera, de la hoguera. Porque su poesía es una luz que busca contemplarse, que merodea y nombra. Así nos pareció Noticia del asombro según lo escuchado la tarde el martes 21. No fui testigo solo, más de 80 personas oyeron conmigo en la tertulia que dirige Manuel Cortijo

Jueves 23

Nieves Fernández
  Es tan prolífica la actividad editora de Vitruvio que hay semanas en la que debe realizar hasta cuatro presentaciones, tal ocurrió en esta. Esta editorial es un prodigio en el aspecto de abarcar autores. Y autores de todas las geografías. El jueves 23, en el templo del café Comercial, tuvo lugar el lanzamiento de Sobre la nieve, de la poeta manchega Nieves Fernández. Entre el público, una mayoría de poetas de su tierra: Miguel Galanes, Antonia Cortés, Pedro A. González Moreno y Mª Luisa Mora quisieron estar. También el profesor Matías Barchino. Juan José Alcolea fue dueño de las palabras que presentaron el poemario como un paso ambicioso en la obra dilatada de la autora. Nieves es poeta que ha prestado atención a la literatura infantil, donde es especialista y que está empeñada en la elaboración de una completa antología de poetas ciudadrealeños. Ahora con Sobre la nieve ha querido desparramar su mirada sobre sí, sobre sus experiencias y sobre el mundo que la circunda. La nieve como símbolo de esperanza a veces, como revulsivo de la memoria en otras. Y siempre como provocación y como compañía. La nieve como mirada humilde sobre las cosas, como lugar en donde cobijarse y a quien preguntar. Nieve amparadora que desvela. Nieve vital que escribe su biografía. Leyó con alegría transitiva una poesía construida desde la sencillez sonora de una palabra que guarda su memoria de canción. Sobre la nieve confirma la ya sabida claridad de lenguaje que acompaña su hacer. Y muestra la ambición por ampliar su mirada hacia nuevos horizontes. Mantiene una página personal.

Viernes 24

   Ha vuelto Odisea Poética a los escenarios de Madrid. El ciclo que mantiene en Libertad 8 Alfredo Piquer ha vuelto con voluntad de adelgazamiento en el número de poetas invitados. El viernes 24 lo fueron dos: Julia Conejo y Santos Domínguez. Y la voz sorprendente en sus matices de la boliviana Luz Scott.

Julia Conejo durante su lectura
  Abrió el nuevo ciclo la leonesa Julia Conejo, a quien nuestra falta de atención había acumulado con su hermana, la también poeta Ana Isabel Conejo. Deshecho el equívoco, para nuestra felicidad, hallamos dos por el nombre de una, hallamos a una poeta hacedora de su generación. A una voz que, respetuosa con los mimbres de la musicalidad, renuncia a la impostación de los versos, a la búsqueda por la búsqueda de las metáforas, al fervor de la imagen por la imagen. Sus poemas discurren por el camino de la misteriosa cotidianeidad, por las sorpresas y las paradojas del vivir diarios, por sus enseñanzas y sus desengaños, reservándose siempre la sorpresa del verso final, del guiño final, que da sentido a una descripción aparentemente plana de cuanto observa en sus alrededores. Poesía clara, frágil, mágica, que busca complicidad. Dijo que tiene tres libros publicados, de los tres leyó. Peces transparentes obtuvo el premio Alfons el Màgnanim. Mantiene el blog Telas mal cortadas

Santos Domínguez y Pablo Guerrero
momentos antes de la lectura

  El cacereño Santos Domínguez es un poeta comprometido con la lectura, pero también con la escritura. Miles de libros reseñados y 18 libros escritos lo contemplan. Ahora espera otro: La vida navegable. Libro de libros, antología –no cronológica- de poemas en torno al mar. De él leyó. Por lo escuchado, el libro es un hombre solo que contempla y dice. Un hombre atento frente al abismo horizontal de lo infinito. Sin desafío, sin rendición. Tal vez con algo de cansancio ante un reto aceptado por ineludible. Ni celebración del mundo ni agonía, sino diálogo a veces franco, a veces tumultuoso, y siempre reflexivo, por lo que pudimos traducir. Habrá que esperar a la edición de la antología temática por parte de la sevillana La Isla de Siltolá. La lectura, sin apenas afectación, permitió una primera impresión gozosa. A ella asistió su paisano Pablo Guerrero. Mantiene los blogs Encuentros de lecturas y En un bosque extranjero.

sábado, 27 de abril de 2013

De correpoetas


 Preparados
El editor Pablo Méndez escribiendo su elogio

    Pero aplaudan, coño. Quien así rogaba y exigía no era otro que Joan Margarit, premio nacional de poesía, tras leer uno de sus poemas. Sucedió en Blanquerna el 24. Me lo contó el jefe, que ante la abundancia de actos quiso echar una mano. A sala llena, hizo lectura completa en castellano. Y toda ella en pie, con lo cual no fue preciso recurrir, como suele, a levantarse para reforzar emotivamente el final de los poemas. No puede con el silencio. Madrid estuvo animado la tarde anterior, la del martes 23. Claro que, pocos y además repartidos, los actos no lucieron demasiado. Más humildes, poetas de Verbo Azul hicieron lectura pública en la librería Cervantes y Cía, de Manuela Malasaña, lugar a donde volverán. Los Vitruvios doblaron. Primero en el Comercial, su actual casa expositiva, y luego en Fuentetaja. Iniciaron un blog en donde los presentes escribían elogios, escribían de lo bueno que es el libro por ser libro y de los beneficios que su lectura aporta al individuo y a la sociedad. Original. Tierno.  

Listos

   El miércoles fue día 24, y no 4 como se empeñaron los alemanes. La animación del martes se tornó expectación y decepción de forma sucesiva. Pero la poesía no entiende de Borussias y cuatros a unos. Los más irreductible asistieron a un espectáculo que parecía diseñado para el éxito, del que ya se tenía experiencia. El grupo A3 formado por Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales leían en Libertad 8. Un público selecto, serenísimo, disfrutó de poemas leídos con el magma de la sabiduría. Hay mucha tensión poética en la voz de temple con que levanta Carmina sus poemas elegíacos y/o desengañados, esos poemas que cuentan el roce, y su desgaste, de la piel por los días. Cómo hay emoción en Elvira Daudet, de quien tanto hemos hablado en Mientras la luz y que levantó el aplauso –sin pedirlo, sin rogarlo- tras concluir su poema deuda con Paul Celan. Sus devotos echaron en falta (según dijeron luego) poemas inconmensurables de su libro El don desapacible. Terminó la lectura Paloma Corrales, voz en carne dibujada. Leyó poemas escrupulosamente construidos, limpios, donde la sugerencia dejaba paso a la posibilidad. Todo parece convocado, todo esperado y todo hace que el poema quede abierto hacia la vida. Bellísima sesión. Presentada magistralmente por Jaime Alejandre..
Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales
Ya

   Como ahora son los viernes los días elegidos, se colman de actos. A veces obligan a esfuerzos que parecen no propios de humanos, sino de correpoetas, esos seres extraños que asisten y asisten sin fatiga. El 26 de abril fue uno de ellos. Ocurrió que la Galeria Suñer, de la calle Barquillo, fue la elegida por la colección de la Universidad Popular de Sanse para dar fe de su existencia. Allí estaba la mano cordial de Guadalupe Grande moderando un coloquio con Félix Grande y Antonio Hernández como figuras. El compromiso del poeta con el mundo que le asedia y el impacto de la crisis actual sobrevolando las conciencias. Terminó Antonio Hernández recitando un poema de Alberti en que el poeta derrotado reta a la niebla con la alegría. Un cierre magnífico. Se presentaba la edición de los cuentos completos de José Hierro.

Ana Ares en Odisea
   Unas manzanas más allá,  Alfredo Piquer regaba las baldosas de Libertad 8 con versos mediterráneos de Cavafis, leídos en griego y español por Yuli Bizou. Perfecto homenaje. Yuli, que también recitó versos suyos. Luego leyó Ana Ares, a lo curroromerro, unas gotas atractivas de esencia de sus último y próximo libros: amor y viajes. Ana Garrido, que volvía aclamada a Odisea, bajó los ojos, serenó su voz y elevó su verbo como pocas veces antes lo habíamos oído. Es poeta cada ves más segura, con más mundo que contar. Tras la música, tras las cuerdas griegas de Dimitris Harisis subió Carmen Rubio, maestra y dueña, para hablar por la boca de Penélope de la ausencia y del mar como elementos con los que contar la espera. Otra vez cuatro mujeres.


   Y otras manzanas hacia el sur, en el Ateneo, Bárbara Butragueño, la eterna (para nueve años ya) promesa de la poesía en la Corte y Villa, presentaba por fin libro. Incendiario. Lo hacía en edición de Los Conjurados. Más de cien jam-treintañeros, vestidos de uniforme para la noche, colmaban la sala. Batania ha escrito el prólogo. Por fin Bárbara tiene libro impreso. (Tiene otros tres escritos, dice). La presentó Juan Antonio Marín con la timidez y la precisión que acostumbra. Eso sí, cuando el verbo sin fin de Ángel Rodríguez Abad, que habló de la ausente Almudena Urbina, declinó. Pero como el sonido del salón de actos ateneísta es tan perverso, apenas si pudimos aprovechar algunos de los poemas de Bárbara, que parecía contenta. Y pensando que era mejor aguardar ocasión otra y mejores medios, Mientras la luz decidió abandonar la sala. Mutis. Uff.

domingo, 31 de marzo de 2013

CUATRO FOTOGRAFÍAS, CUATRO POETAS CON LOS QUE MIENTRAS LA LUZ FINALIZÓ MARZO

UNA


La poeta Ana Garrido firmando ejemplares de su libro Traigo en vilo los ojos y las ganas, en la Casa de Cadtilla La Mancha el día 19 de marzo. Juan José Alcolea hizo la presentación y Manuel Cortijo la proclamación. 

DOS



Manuel López Azorín el pasado 20 de Marzo, durante la presentación de su poemario Romancero Flamenco, donde tuve la fortuna de acompañar. Se leyeron poemas, se escucharon canciones de Rafa y Moncho y se disfrutó una emocionante soleá cantada por David Morello.(Ver aquí)

TRES


Ana Montojo leyendo en la sesión de la Odisea Poética del jueves 21 de Marzo. Su lectura abrió la sesión, a la que se incorporaron Carlos Vázquez, Ana María Martín Puigpelat, Teresa Núñez y Ana Bella López Biedma. El timón en la mano sensible y firme de Alfredo Ulises Piquer.

CUATRO


Eugenio Arce Lérida, poeta manchego, que presentó el viernes, día 22, en Ciudad Real su libro Siempre será mañana. Con palabras previas de Mercedes Blanco y lectura de poemas por parte de José María González Ortega y José María Arcos. Eugenio es el presidente del Grupo Poético Guadiana, y el libro ha sido editado en México.

miércoles, 16 de enero de 2013

Una mujer espera, poema de Ana Garrido

Ana Garrido es poeta desde siempre, intuitiva. Escribe desde la delgadez del verbo, desde la intensidad de la emoción. Hay en ella pureza de imágenes y una acuosa sonoridad. Le da gracias al aire. Vuela cuando siente, cuando escribe. Es también poeta raíz de las que miran y ven. Una vez dije que su poesía es lo más parecido a un patio cuajado de geranios. Me reafirmo. Dirige la revista La hoja azul en blanco, es miembro del grupo Verbo Azul y amiga de esta redacción. Recientemente ha visto la luz su primer poemario, mitad liturgia, mitad misterio. Lo titula Traigo en vilo los ojos y las ganas. Doy fe. De él hemos escogido el siguiente poema para los lectores de Mientras la luz.

Una mujer espera  II


Sólo nos pertenece la tristeza, 
lo que queda en la luz cuando se astilla 
el aire en las paredes. 
Y siempre el mismo grito, 
la misma oscuridad bajo la ropa. 

Hay un rastro de antorchas encendidas 
en mitad de la infancia 
y un puñado de naipes. 

He aprendido de Dios a despedirme, 
a volver al lugar donde comienzan 
sus ojos en los míos. 
Quizá cuando regrese 
traiga el tiempo creciéndome en las manos. 

Un tambor se hace añicos al final de la noche. 
Y una mujer espera.    

jueves, 23 de febrero de 2012

Odisea Poética


Ana Bella y Alfredo Ulises Piquer.
Fotografías de JJ Alcolea
Bien sabe Alfredo Ulises Piquer que nada hay que temer de cíclopes ni lestrigones. Ya dijo Konstantin que no existen si tú no los llevas. Y él, que tiene el alma limpia de gigantes, tampoco teme al feroz Poseídón. Por eso continúa navegando en Libertad8 sin prisa alguna por llegar a la isla. Su empeño es la belleza conocida de la navegación, del viaje. Por eso busca poetas que le ayuden a levantar los aparejos, voces que reten al aire con sus canciones. Por eso, mensualmente, convoca a los helenos aburridos a contemplar el paso de su nave. Alfredo Ulises Piquer lo llama Odisea Poética. Tiene forma de ciclo. Y ocurrió por vez última el pasado viernes, 17 y febrero.

Davina Pazos
Ojalá que sean muchas las tardes en que arribe con el mismo contento. Porque fue un gozo escuchar los poemas de José María Garrido recitados por la voz de Dori. José María es marinero delicado, feliz entre la duda y la esperanza de las cosas, del viento cotidiano. 
Y aconteció que tras él surgió una negra sirena, ecuatoriana, una voz temible en su atracción. Los poemas del vino dulce y del deseo dulce, presentido y fugaz, de Davina Pazos hicieron necesarias las cuerdas y los mástiles. En ellos se ató Juana Pinés para poder salvarse del desatado huracán, y sensible, que llenó la sala de de un sísmico temblor. Pero le fue imposible, como a todos.
Fue precisa después la serenidad culpable de José María Herranz, leída en largos tragos. Marinero de distancias, José María es poeta atraído por la forma clásica y la provocación de la sensualidad. El sexo es un cuchillo que reflexiona en su voz. A veces queja, victoria en otras. Siempre afán de perfección serena. 

Elena Peralta, a quien desconocía, es marinera en tierra de volcanes. De ella vierten los poemas como vierte la lava. Poderosa, roja, caliente. Vibra, interpreta, discute con las olas. Navega sin vientos a favor. La sala de Libertad8, es decir, el mar, hervía. 
Ana Garrido
Ulises Piquer anunció, por último, a Ana Garrido. Hay un momento en que el viento amaina, hay momentos en que es precisa la armonía.  Así leyó Ana, sabiendo que la nave necesitaba su trazo suave para llegar a puertos nunca visitados. Versos nacidos del coral para el coral, del ébano para el ébano, del ámbar para el ámbar. Música que vibra, que se extiende, que calma y acomoda las aguas. Y así fue, con Ana Garrido, como la tarde se tornó del color de los tesoros.

Y entre todos, con aromas de sal mística, una voz que cantaba, una voz que era el escalofrío, la de Ana Bella López Biedma. Cuatro entregas de exquisita emoción. Voz que amenaza de forma permanente con quebrar su hilo. Voz tintada con el timbre del dolor actual, del amor verdadero. Voz capaz de la tensión, de conseguir el espeso silencio de la complicidad. Oír, escucharla, era estar al borde de los límites. 
Ana Bella López Biedma

Parece que la nave de Alfredo Ulises Piquer seguirá navegando. Ojalá tarde en llegar a la isla, ojalá sea larga su estela. Que ni los cíclopes de la rutina ni los lestrigones del cansancio hagan corto su camino. Que Nieves Álvarez y Miguel, dos almas artistas, poeta ella y fotógrafo él, santanderinos ellos, que nos acompañaron, puedan asistir, de nuevo y con nosotros, a otro paso de la nave. Y hacerse algo más ricos en otro puerto que, como el de este pasado viernes, ignorábamos antes.


Un hallazgo


Entre los espectadores de la Odisea estaba el poeta y pintor Fernando Fiestas. Y con él, su hija Alicia, de nueve años. Al terminar, y mientras los mayores conversaban naderías, la niña se acercó con una hoja de papel escolar y en él este poema, producto de su imaginación y sus lecturas aprovechadas:


Tic, tac, tic, tac ¿qué hora es? 
El reloj marca la hora 
nunca es antes ni es después. 


Tic, tac, tic, tac ¿qué hora es? 
¿Cuánto tiempo es un ratito? 
¿Cuánto falta para ayer?
.


miércoles, 26 de enero de 2011

Nueve días de enero

.
Los que van del lunes 17 al martes 25, inclusive. Comencé escuchando a Alberto Infante. Otro aquejado, según confesión, de esa enfermedad llamada vatetardismo, con la que se dispone a convivir. Leyó poemas fundamentales de su tercer libro -también Vitruvio- con voz sosegada y envolvente. Su lectura era un plus para el discurso. Poemas al hilo de las cosas: de las emociones, de las lecturas, de los paisajes… Elgarresta y Soler me acompañaron en la escucha. “Los poemas de Massachusetts”, su libro de poemas más ambicioso, y último hasta el momento, se vendió bien tras sus palabras.

Continué el martes en el Círculo de Bellas Artes. La Biblioteca de Autores Manchegos presentaba su edición facsímil de los 33 números de la revista ALBORES, un sarpullido literario, digno y católico en el Tomelloso de finales de los cuarenta. Antonio Serrano, profesor, ha sido el impulsor y comentarista y la Diputación su mecenas. José Luis Loarce al lado siempre de cuanto de bueno ocurra en Ciudad Real. Asistieron los dos últimos colaboradores vivos: Julián Creis y Emilio Ruiz Parra (que habló). La sala concurrida de manchegos y otros. Buena idea.

Al descanso de miércoles, jueves de sesión continua. Por la tarde en el Ateneo “1 de Mayo”, leía, a sala llena, María Ángeles Maeso -conocida de tiempo, poeta siempre- una selección de sus poemas. Al tanteo elíptico de sus comienzos ha ido sucediendo una atención a la rabia social de nuestros días. Por la red circula una precisa reclamación de silencios por parte de todos los precarios laborales que son y serán. Búsquenla. De su último libro “Basura Mundí” extraigo el poema que finaliza la entrada. Por la noche, en el Ateneo del XIX, presentación de la revista ÁLORA, LA BIEN CERCADA, que dirige en Álora José María Lopera y en Madrid Isabel Miguel. Presentó Carmen Feito y leyeron casi todos: no había sitio para todos los madrileños. Noté el vacío de las voces de Antolín, Antonio y Alfredo, amigos míos. También la repetición anual de Miguel Losada, de María Antonia Ortega.

Viernes en San Lorenzo del Escorial. En su Cafetín Croché, en la bodega, presentando el número que LA HOJA AZUL EN BLANCO dedica a Luis Rosales. Ana y Juanjo, espléndidos en su puesta en escena. El calor de los verboazules, infatigables y animosos. La grata acogida de la anfitriona. El café, los versos. José Luis Morales leyó su emocionada despedida a Luis Rosales. Isidro, Hortensia, Antolín (ahora sí), Fernando, Anabella (en la imagen, su voz frágil cantando la Autobiografía rosaliana) y Vicente (tardío y pronto, acosado por el vértigo de la altura). Todos. Dos canciones castellanas de Guridi, interpretadas por Encarna Martínez Oliveras, nos despidieron. En la calle vivía el frío.

Y vuelta al martes. Ahora, 25. Antonio Martínez Sarrión, algo irritado con las prebendas de los políticos, tuvo tiempo para hablar de Albacete y de haikús, convocado como estaba para presentar el libro de Valentín Carcelén “Hilo de hormigas”. Cien haikús periurbanos, perirurales, escritos con tan delicada precisión que uno puede hacerlos suyos. Haikús seducidos por una delicadísima presentación editorial a cargo de Añil Literaria. Buen poeta parece este Carcelén. Todo en la tertulia Juan Alcaide que lleva Nicolás del Hierro.

¿No es demasiado?
.

El amor en tiempos del despido libre

No se miran ni son animales.
Vienen del río de la vida
y son señor y señora del agua.

Berrean saturados de antiguo testamento.
Se huelen y en la punta del alma
reconocen un sabor
que la naturaleza fabrica en serie.

Se aprietan entre sí como las flores
del efímero mes de mayo,
con la fragilidad de los sábados en guardia.

Se husmean sabiéndose marchitables.
Se horadan con el grito de los gallos
que atraviesa tumbas,
el que llega de memoria
hasta aquí mismo
y me hace cerrar los ojos.

Se lamen, no pueden pronunciar
sus nombres. Ni sonreír
ni pensar en mañana.
Que es el tuyo o el mío,
pero no el de ambos.

De ellos no salen palabras,
sino agua.
Y esos sonidos
que la naturaleza fabrica en serie.
.

lunes, 17 de enero de 2011

Los poemas ocultos de Ana y Vicente

.


La calidad y el misterio han querido unir los poemas de dos amigos en una misma plaquette, que ha llegado recién hasta mis manos. Se llaman Ana Garrido y Vicente Martín. He leído. Quiero traer aquí los dos poemas ocultos que me dedican. Que me ofrecen para que por ellos transite. He transitado. Los he descubierto cifrados en otros.

1/ Ana

No importa el nombre
que demos a las cosas:
todo tiene la forma de lo efímero.

La luz es la pregunta,
la voz su trayectoria: la mirada,
los desvanes del orden.

Lo primero es saber
que la hoguera deslumbra,
que desde
la oscuridad se hace
la luz más íntima, más alta.

Después, no importa el nombre.

Las mañanas azules
sí,
la incandescente
consumación de la memoria
en los vidrios, el miedo
a que la luz se extinga
dormida en el perfil de las manzanas.

Vivir es la pregunta, nombrar muros antiguos.
Y es inútil rendirse,
vigilar las aceras a golpes de renuncia,
regresar del exilio a las puertas cerradas.

En almendros oscuros, alguien grita mi nombre:
prefiero ese dolor
a la inocencia.



2/ Vicente

Sólo estamos tú y yo en nuestros ojos.

Sólo estamos tú y yo: en nuestros ojos
termina el universo.

Hay un sauce inclinado que nos llama.
Nuestros brazos podrían
ceñir el mundo.

Y son altas las costas y afiladas.
Quizás fuera
equivocado
quedarnos tanto tiempo.

¿Qué hemos hechos guardando tantas cosas
en un puño cerrado?

Para ti no encontré
sino verdor oculto,
un manojo de rosas repetidas,
aunque rosas.

No podremos callarnos
esta lacia desgana
de estar solos, el deseo locuaz,
inconfesable,
de acabarnos mañana.
.

lunes, 10 de mayo de 2010

Días de mayo / Miguel, Isidro

Fotografia de Julia Caro
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Mayo comienza en la meseta con un ritmo poético infernal. Lecturas, presentaciones se suceden al paso, al trote y al galope antes de los calores de junio, y antes de que la feria del libro ponga el punto final y den comienzo los bolos veraniegos.

El martes 4 leyó Miguel Losada en Montesinos. Miguel lleva desde hace años los Viernes de la Cacharrería en el Ateneo de Madrid. Leyó una pequeña ración de editados y descansó con un cuaderno manuscrito de inéditos que navegaban entre la reflexión y las anotaciones del instante. Hubo un debate con vibraciones, al hilo de la lectura. Se habló de un castellano elegante y suave, de la conjunción de sentido y sensibilidad en sus versos, de sus intenciones, de sus destinatarios, de la necesidad de no explicar sino de situar. Miguel es un hombre hábil en la conversación, de risa cómplice.

El jueves 6, en Leganitos, ya saben en la AdEAE, presentó Isidro Sánchez Brun su último poemario: “Más de diecisiete”. Lo hizo la voz de Ana Garrido, persuasiva y primaveral, con el temblor de sus versos en la prosa, se acercó al libro sin desmigarlo, anotando lugares en donde esperar. Unos días antes Cristina Cocca, amiga de este rincón, introdujo una lectura de Isidro con palabras hondas, de compromiso lírico con el autor. Isidro es un poeta amigo, presidió la Asociación Hispana de Escritores, de fructífera labor, y desde hacía bastantes años permanecía en silencio escrito. “Más de diecisiete” revela un poeta de enjundia, imaginativo, feraz. Una poesía tan alejada de lo huero del retoricismo como de la pesadez metafísica. Es un poeta que sabe su lugar: la clara serenidad de la metáfora al servicio del hombre, de las emociones del hombre, de las esperanzas pasadas y futuras del hombre. Sólo advertir de cierto desequilibrio en la última parte, en donde los sonetos varían una línea perfectamente construida. Tal vez por que es un libro vivo. Desde ahora esperamos sus paisajes africanos, en los que trabaja.
.

viernes, 2 de octubre de 2009

Ana Garrido escribe


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Ana Garrido es una amiga mía y de la poesía. Preside la asociación literaria “Verbo azul”, de la que en alguna ocasión hemos hablado en este blog. Pero ahora quiero hablar de ella. Vive en Alcorcón, muy cerca de la esquina donde confluyen las calles del Ritmo y del Buen Gusto. Escribe poesía no sé desde cuando, aunque sí sé como. Con una delicadeza, con un mimo, que atrapan al lector en sus maneras garcilasianas, en la rotundidad de su ternura. Ana escribe deshaciéndose, dejándose en las huellas. Y sin embargo, Ana duda, tantea, busca. Sabe que todo, o casi, en poesía está contado y que la novedad se esconde. Lo sabe porque lee. Se deja entonces llevar por el rumor de las calles que rodean su casa cuando algún misterio la impulsa a la escritura. Y escribe. Escribe, yo os lo digo, como suenan en el alba los arroyos.

Escribe de vez en vez, sin urgencias, con algo de pereza consentida. Luego espera. Y en los últimos meses su espera ha sido recompesada, ya sabe que hay gente que escucha, que atiende a cuanto dice. Ya la había, ya éramos muchos quienes aguardábamos sus versos con delectación, ahora hablo de oídos externos, de gustos dispuestos a la comparación, a señalar lo selecto. Como sucedió en Dueñas este verano, cuando sus palabras, tendidas a los soles, recibieron el oro, el fresco oro, del más genuino recipiente.

Ana es poeta. Y en algunas tardes del Gijón, sublime.


*****


SINCERAMENTE hablando,
alguna vez debiera preguntarme
por qué se me amontonan los suicidios.
Se ha parado el reloj,
las siete en punto,
empiezan a estorbarme las canciones
que saben a destierro.

Porque la carne crece
y desordena
esta estación de paso que recoge
mi piel y mis maletas.

Voy a tomar un tren a cualquier sitio,
voy a beber de un trago los paisajes
de un diluvio de tierra
antes de que la lluvia desentone
y se acueste a dormir pespunteada
como un lento rodar de mariposas.

Pero no me digáis de dónde viene
ese temblor dulcísimo del aire.

Y estaré como siempre,
como antes,
muriendo a cada hora en cada grito,
porque sólo me quedan cicatrices
y algún rastro de sol
entre los ojos.