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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Fe de ausencia

 


      Septiembre y su final. Viernes. Lunes. Miércoles. 23/26/28. Tres poetas amigos hacen lectura y presentación de sus libros en Madrid. Miguel Galanes. Manuel Juliá. Rafael Soler. (Tres mocitos sevillanos tituló Díaz-Cañabate una crónica taurina en ABC por Puerta, Camino y Romero, allá en los sesenta). No son mocitos ni sevillanos estos, sí tres poetas que me importan. Ida y vuelta entre Madrid y La Mancha. No estaré en ninguno de los tres actos. No es mi costumbre faltar de donde debo y quiero, y me duele, por eso escribo. Se anuncian en Madrid y yo estaré lejos, físicamente. Pero animo a los lectores de Mientras la luz que puedan asistir a que deseen asistir. Y asistan. Yo iré con ellos.


      Miguel Galanes, fiel a Vitruvio, edita una nueva trilogía La vida ante todo en un solo volumen. Ya lo hizo con la anterior en 2019, estuve entonces. Desea por tanto repetir modos, camino a sus lectores. José Luis Morales hará, y lo hará bien, de presentador del triple texto. El mundo, la vida, la muerte. Será viernes y en el Centro Riojano. Buen lugar para seguir luego con el copeo y el tapeo celebrativo.


      Manuel Juliá abre la semana en la Alberti y arropado. Por Benjamín Prado como introductor y con las voces de Carlos Hipólito y Manuel Galiana para escuchar a su través poemas de El corazón de la muerte. Fiel a Hiperión, bajo su sello viaja esta antología que firma Jesús Barrajón, profesor de la UCLM, y en donde por algún sopié aparece mi nombre. Hay tabernas cerca que cierran tarde.


      Rafael Soler elige clásico: Libertad8 y 28 miércoles. Recupera en edición exenta el libro venero de su voz, Los sitios interiores, que publicó Adonais cuando Adonais. Fiel a sus amigos, lugar sin duda, Cuadernos de la Errantía, la editora unianual de Raúl Nieto de la Torre, se encarga de darle luz. Quiere celebrar con los mismos de entonces y los mismos de hoy, el renovado aroma de la tinta en flor. Aconsejo el Mercado de San Antón.

      A los tres poetas en trance les reitero desde aquí mi no presencia. A los amigos que ignoren este texto, se extrañen de la situación y pregunten -alguno habrá- por mí y las causas, aclárenles que no hubo falta de voluntad, por favor, por favor, por favor. Y que me duele desde ya.

jueves, 17 de octubre de 2019

Arde Madrid. Zhivka y Galanes


Arde, arde Madrid en actividad poética. El derecho a escribir y a leer en público echa llamas. Nada que envidiar a otras ciudades. Y aún nos queda POEMAD, que este año viene más descentralizado y más internacional. Poco a poco adquiriendo la talla de un vero Festival y no un mero gesto de voluntades.
Elisabeta Botan, Margarita Todorova, Ricardo Virtanen,
Álvaro Hertnando y Gragorio Muelas
La pasada semana estuvimos ocupados en las cosas que pasan en la calle, ya saben los consuetudinarios eventos. Vino Gregorio Muelas, miércoles 9, todo tensión ilusionada, a presentar el nº 6 de Crátera, la ecléctica revista valenciana de poesía que dirige junto a otros dos amigos. La que se goza con las impresionantes portadas que Juan Carlos Mestre les regala. Un don. Dijo que tienen más de 50 suscriptores y varios encargados de secciones internacionales. Con algunos de ellos departimos a gusto en la chueca librería Nakama, pequeña y tierna a un tiempo. Les vi futuro. Tienen más acompañantes que subvenciones. Y eso es sano. Nadie a quien echar culpas cuando llegue el momento del cierre. 

(Foto: Jesús Cogolludo)

De allí salimos presto. Y prontos a escuchar a Zhivka Baltadzhieva, nuestra poeta búlgara, que por fin ha logrado reunir, en la colección El Levitador, de Polibea, sus poemas en torno a la represión familiar sufrida. Llegamos tarde, nos perdimos las palabras de Verónica Aranda, pero no la lectura –verdadera, tensa, humilde y susurrante­– de Zhivka. Uno piensa que a veces la poesía puede ser verdad y no un juego de lenguaje y espejos para iniciados. Llegamos tarde, pero a tiempo de aprender ciertas lecciones de cosas. Que se decía. Uno está últimamente poco receptivo a que le enseñen, pero siempre en disposición de aprender.
(Foto: MCBarri)
Al día siguiente sí que llegamos a tiempo para escuchar a Miguel Galanes, poeta de inequívoca personalidad. Tanta tiene que no quiso presentador y fue su actual editor, Pablo Méndez, quien improvisó algunas palabras. No entendí de ellas la razón por la cual para enmarcar (y remarcar) la manera reservada que tiene hoy Miguel de acercarse al hecho y al acto poético, tuvo que poner en cuestión otras costumbres, otros modos. Cosas. Miguel Galanes y la editorial Vitruvio presentaron un libro amplio en las dimensiones, extenso en su paginación (345 páginas) y ambicioso en su trazado. Bajo el título de La vida a contratiempo, reúne en un volumen tres libros del autor: Secreta aventura, New York Stress y Luces y sombras de ciudad: Madrid. Viene de lejos esta voluntad del daimieleño para asociar sus títulos en trilogías. Leyó Miguel con sosiego concentrado y enorme seriedad. En concilio buscado y obtenido con los asistentes. Numerosos. A nuestro parecer nunca ha tenido la palabra sensismo más sentido que el jueves 10 de octubre en el Centro Riojano. Es Miguel un poeta de sensaciones a flor y ras de piel, provocación a las que se entrega de inmediato mientras pone la palabra al servicio de tal sacudida. Como contestación, como necesidad y alivio. Y es también un libro escrito sobre tierra manchega, sobre asfalto y sobre adoquines. Poemas andados verso a verso. Nada de extrañar este así sabiendo la afición de su autor a lo peripatético. Poemas en donde la realidad, las lecturas, los prejuicios y las motivaciones dialogan, se retan, se enmascaran y/o se revuelven. Eso nos pareció. No es un libro habitual. El poeta tampoco lo es.
(Foto: MCBarri)

Por si Madrid se apagaba, estuvimos, espectadores, en el encuentro de poesía iberoamericana que organiza Alfredo P. Alencart en Salamanca. Buen ambiente. Nuestro impagable Francisco G. Marquina recibió el premio Francisco de Aldana a su combate poemático y psicológico con la figura de un Dios que existe, como nos recordó. Por allí estaba el poeta ecuatoriano Iván Oñate, al que pudimos saludar y al que escucharemos el próximo lunes en Madrid, en el Comercial, con motivo de la inauguración del curso en la Tertulia Hispanoamericana Rafael Montesinos. Arde Madrid.

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GLORIETA DE LEGAZPI

La sangre no llegará al río,
pero ver como pude ver aquella mañana,
en compañía del pintor José Lucas,
las salas de despiece en el matadero de Legazpi,
no sólo me transportaría a las regueras de la sangre,
los estómagos por el suelo, los menudos, las tripas,
las cabezas pendiendo de un gancho,
las manos y las patas en sangre sobre una mesa,
las pieles vueltas y los entresijos
y los gatos por los alrededores husmeando,

los matarifes con sus monos azules y sus botas
de goma, el cuchillo y los ganchos de hierro de tirar,
y las canales frías, colgadas y descuartizadas,
desprendiendo ese vapor nauseabundo
que distinguía la carne caliente
del ambiente gélido en el matadero municipal
en las mañanas de invierno en Lemiday

sino que los balidos, los mugidos y los chillidos
fueran un único aullido de lamento y protesta
por haber nacido y verse en el sordo ambiente
de unas voces alzándose entre tanta sangre
como la costumbre y el trabajo de otra forma de vida. 

La sangre no llegará al río,
pero era una y líquida y la misma
corriendo por las venas de mis ojos
y al descubierto como el cuchillo del matarife.

La sangre no llegará al río,
pero los ladrillos aún siguen estando rojos
y en pie como parte del artesonado de una historia
que cambia, ríe, se divierte y llora
en un triste y desgarrado lamento.

                                         Miguel Galanes

jueves, 14 de junio de 2012

Divino Carnaval. Miguel Galanes. Un poema


Divino carnaval. El canto de Deucalión es un poemario que exige tensión lectora. En ella estoy. Es la última entrega de Miguel Galanes, editada por Vitruvio (11 euros). Pablo Méndez es un hombre de olfato. Autor y editor llevaban años rondándose. Ha habido encuentro.

Miguel Galanes presentando Divino Carnaval
en el Café Comercial el viernes 18 de mayo
El poemario significa ruptura en las formas acostumbradas del poeta, pero significa también una profundización en sus obsesiones. Viene de lejos la enorme categoría poética de Miguel Galanes, creador de mundos, constructor de lenguajes. Predomina el eneasílabo, aunque el poeta, siempre libre, impide que las nueve sílabas le constriñan, se le impongan. Miguel siempre es libre, Miguel siempre rompe. Nunca las ataduras métricas lograrán ceñir su voz, buscada como azar, como pleita, buscada dúctil.

Miguel Galanes presentando
el libro en Daimiel
el pasado 5 de mayo
El carnaval, la juerga, la fiesta de la vida y sus contradicciones, la máscara que muda y que todo lo muta, el rechazo de la fama y el éxito como búsqueda, el anhelo de los sencillo, las preguntas, los condicionales, el baile de contrarios, un espacio necesario para el roce, lo individual, lo permanente que deviene en volátil; Deucalión y Pirra transformando piedras en voluntades humanas, la herencia barroca del mundo: escena de la fugacidad, del desengaño, el orden y el caos, la perversión que acecha, la constante paradoja; el castillo de Calatrava la Nueva como lugar de canto, como alta luz que vigila; la antítesis como mirada, el hombre como espectador y como personaje. Ciudad y/o Naturaleza. Vivir como tragedia. Lo absurdo y la belleza en sucesión. El carnaval. Miguel Galanes y la tensión lectora.


Hay que volver, pero mientras este poema sobre una provocación inmediata y por su compromiso


Aquellos días ya perdidos 
vuelven la máscara en engaño, 
culo y miradas con guarronas 
trazas. Lo mismo el bleu jeans 
que una chaqueta de pana, 
guapos que ocultan voto y timo, 
compraventa y oro. Las tarjetas 
con el reclamo de serpiente; 
y en sus feas nalgas descubiertas, 
el aquellarre de los pelos, 
la mascarada y los posibles, 
la bolsa llena y el registro 
repleto. Ellos, la máscara, 
a fino suenan. Cheque falso. 
¿Qué nada aquí es agradable? 
¿Que qué se escurren de estos versos 
como por un estercolero? 
La martingala pirotécnica, 
los bucles, la memoria hitórica, 
los arlequines de la rosa 
made in spain y rojo engaño. 
Rosa y hojarasca. Baratijas. 
Tribulaciones de la sarna 
de Pepo y Zapa, juntos todos, 
con otros muchos licaones 
en la cucaña del poder 
sobre truncadas marionetas. 
Risa, los naipes bien marcados, 
espada en ristre y atentado, 
brújula ciega, humor negro 
y humo, mucho humo en esta casa, 
rica en jirones y a tiras 
por sus fronteras. Esta patria, 
reino de Taifas, ahora en venta.



viernes, 10 de septiembre de 2010

El viento me hizo: noticia última de Miguel Galanes

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Calladamente, con discreción intencionada, con suavidad, apareció a finales de la pasada primavera la última entrega de uno de nuestros poetas actuales más señalados y seguidos. Hablo de Miguel Galanes y de su noveno poemario “El viento me hizo”. La edición ha sido realizada por la editorial madrileña Huerga y Fierro dentro de su escogidísima colección Signos que dirige Ángel Luis Vigaray.

Miguel Galanes cierra con este libro su tercera trilogía: “La vida de nadie”, comenzada con “Añil”, editado por la BAM a finales de los noventa, y continuada con “La vida por dentro” en el pasado 2007. Casi quince años han sido precisos para que el poeta manchego haya completado un proyecto que se ha ido realizando con extraordinario rigor, pasada ya la hora de las urgencias y consciente el autor de la necesidad de lo intocado en la mirada que dirige sobre los espacios que le habitan y/o le circundan.

Siempre se ha movido el poeta en la zozobra, en la inestabilidad de las sensaciones, en la imposible certeza de la observación y por tanto en la fugacidad del conocimiento del individuo frente a las cosas, en la siempre cuestionable objetividad de las cosas, a las que busca e inquiere. Ya en “Añil” inició el regreso al paisaje de su infancia, unos parajes entonces desolados por la falta de agua, un paisaje para él necesario, pero también imposible para el consuelo, para el equilibrio buscado. Con “La vida por dentro” siguió escarbando, y sin abandonar el paisaje campesino y sus gentes, incorporó una mirada interior cada vez más poderosa, mas ascética, capaz de renunciar a tanto cuanto perturbe. Una intención de despojamiento. Un yo poderoso reclamaba su capacidad para enfrentarse al mundo, tanto para la pregunta pura como para la desnudez de la respuesta. Un yo que deseaba instalarse en la indagación de ese territorio de cieno y esplendor que supone el lugar exacto, si es que existe, entre el ser y el estar, objeto de su búsqueda personal y poética. “Este juego va a cuenta de mis días. / Conozco su final, pero hoy fluye / otro río ante mis ojos, que sólo desean / ver en lo que pienso.”

En el recién y sigilosamente aparecido “El viento me hizo” hace explosión la subjetividad de esa mirada interior que se venía anunciando. Es para mí el libro más descaradamente personal e íntimo de su autor. Es el punto de llegada en esa progresión hacia la serena ebullición interna; no como estéril ensimismamiento del poeta, sino haciendo de él como individuo el interlocutor necesario a los interrogantes que desde el mundo, desde las cosas y sus gentes, le convocan. Dividido en cuatro apartados, está precedido de un prólogo en el que Miguel Galanes admite y proclama que han sido las palabras el viento que siempre lo envolvió, y que siempre se dejó arrastrar por ese viento en la búsqueda del lugar, literario o vital, donde existir, que no es sino el territorio donde estancia y conciencia puedan ser éticamente compatibles.

La poderosa presencia del paisaje, cómplice necesario, se hace más evidente en el segundo capítulo, “Elogio de la ruina”. En el tercero, el poeta se inaugura con unos sonetos desacordados -de pleita, me atrevería a decir-, huérfanos de rigidez, arriesgados, atrevidamente personales, cuya sola forma hace más intensa la reflexión poética y moral que envuelve al libro. Reflexión planteada por la primera parte, titulada con acierto “Acordes de jazz para Jim Thompson”, con versos que transitan en desgarro rítmico y vivencial; reflexión que acentúa un desasimiento casi místico, moralmente comprometido con la pureza de la intenciones. Hay en esta parte un discurso persuasivo de saxo y voz, atento a la denuncia y al descreimiento, al desengaño (tan patente en el poema “Nadie”), que pide, y casi siempre obtiene, un contrapunto de tensión y de rabia en versos como instantes, como solos inmediatos de trompeta. Simplemente la vida y sus cuestiones, las hipótesis de su inutilidad, el morado canto del hombre después de traspasar el medio siglo.

El tiempo, los otros, el campo humanizado de la tierra calatrava, la palabra, el conflicto, las preguntas, el cansancio y los propósitos. Tan cercano todo. Y a veces tan lejano. Es en la última parte, la titulada “El viento solo”, donde el poeta hace confesión de su actitud ante la vida, de su activa contemplación. Es aquí donde se atisba la posible fusión del yo con las cosas, de las cosas en el yo, como solución posible y aceptada del diálogo emprendido. Nada y nadie son palabras que imponen su presencia. No es casual para los que conocemos su acercamiento a la poesía oriental que el último de los poemas esté dedicado a Corredor Matheos.

Harían bien los avisados lectores de poesía, numerosos o escasos, en no perder de vista este poemario aparecido de manera tan callada, cuya forma de llegar a las librerías tal vez pudiera ser reflejo de la situación emocional del poeta. “De cara a la pared la sencillez del vivir / mira al infinito, allí donde la ausencia habita / y la protege del mundo el silencio / de todo cuanto ama…”
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martes, 13 de abril de 2010

Yong-Tae Min, poeta coreano

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Yong-Tae Min es un poeta coreano, hispanista en activo, doctor por la Complutense, profesor en Seúl, que ahora está otra vez en España. Aquí cuida y guarda numerosos amigos. Poeta siempre, escribe poemas en español y en coreano. Sencillo, sensible, suavemente irónico, a la manera cervantina, observador, elegante. Publicó en Huerga y Fierro una antología de su obra con el título de“La lluvia tiene 11 años”.

Hace un lustro acompañó al poeta español Miguel Galanes en su Corea natal durante unos días del verano, de allí surgió el poema de Miguel que ofrecemos. El próximo viernes, Miguel Galanes lo presenta en La Cacharrería del Ateneo, a las 22,30.


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La cigarra y los días

Muy próximo al templo budista Sulunsa,
en el pueblo llamado Gochang,
visito, en compañía del poeta Min Yongtae,
el enterramiento de su, maestro Soh Yongchu,
el poeta de la reencarnación y el sueño,
a quien conocí en Madrid el año mil
novecientos ochenta y cuatro.

El mármol negro y la escritura
son el soporte de un vuelo sobre el bosque de arces y camelias.
Oigo, en el incansable canto de las cigarras
del bochornoso verano de Korea del Sur,
una voz que retumba en mi alma
y, mientras me alejo lentamente, pienso
si, ya en mi tierra manchega, en otra tarde
de verano, oiré, durante la apacible y bochornosa siesta,
alguna cigarra en su canto sobre una encina,
o tal vez en el volar de un cuervo
sobre las murallas de Calatrava la Nueva,
me llegue junto a mi silencio, el espíritu
de aquellas camelias del bochornoso verano
junto al templo de Sulunsa, en estos versos de Soh Yungchu,
el maestro de mi maestro Min Yongtae:
¿Me convertiré en un pozo quieto que no va ni viene?
¿O seré mejor una flor serena?


Miguel Galanes
(De La vida por dentro)
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miércoles, 24 de junio de 2009

HOMENAJE A MIGUEL GALANES EN VALDEPEÑAS

Miguel Galanes
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El próximo domingo, 28 de junio, a las 12,30, están convocados, por los miembros del Grupo A-7 y en su recinto-bodega de la calle Buensuceso de Valdepeñas, los amigos, paisanos y poetas que quieran sumarse al homenaje que se le dedica a Miguel Galanes.

Miguel Galanes es un poeta de referencia para la poesía manchega. Cada vez más nutrido por la luz y las ondulacions de la tierra que lo vio nacer, su voz ha ido descansando, con la mayor delgadez posible, en el espíritu más carnal que de esta tierra emana. Tal vez por eso se convoca a los avisados; sin duda que para poder compartir con él la lectura de esos poemas escogidos que para la ocasión se editan (escrupulosamente por Matías Barchino). Tal vez por eso se ha convocado a Félix Pillet, geógrafo de la Mancha, alicantino y poeta, para introducir su persona, su obra.

Miguel quiere que el acto sirva para homenajear no sólo a la tierra, sino también a un grupo de poetas que, allá por los años de la Transición, fueron capaces de renovar, añadiéndose, la tradición poética manchega. Poetas y paisaje.

Será una buena mañana. Y calurosa. Tal vez el ágora o el Ágora nos refresque después.

lunes, 13 de abril de 2009

Miguel Galanes

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Publicado en Lanza. Extra de Navidad 2007. Con motivo de la edición en dicho año de "La vida por dentro” (Huerga y Fierro), segundo volumen de la trilogía “La vida de nadie”

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Miguel ya no es, desde “Añil”, el poeta que mira, sino alguien que escribe para sí mismo, para salvarse – y él sabe que es un náufrago – del carnaval de la vida. El poderoso aliento poético de los poemas contenidos en “La vida por dentro”, un libro largo, generoso, surgido a lo ancho de los últimos diez años, no se debe tanto a la memoria de las formas como al afán de búsqueda que trasmiten. El poeta se desviste del tráfago habitual, de las convenciones sociales que le perturban, del ruido de la corte, de la urbe –“tanta gente en la ciudad”- para volver su mirada contemplativa a la senda de lo sencillo. Así, una serie de poemas incluidos en la primera parte insisten en tal intención: léanse “Oficio de claridades, “Rosa de nadie” y “La vida por dentro” en donde se impone el sentimiento de angustia, de incomprensión entre el mundo que está -el interior, el de dentro- y el mundo externo que llega para desasosegarlo. O la dialéctica entre armonía y conflicto que supone la convivencia entre lo necesariamente permanente y lo necesariamente mutable, y que se hace más explícita en los versos del poema “Las lágrimas de Heráclito” donde ve en el ciprés, en el poeta, “como crece y perdura en su fuerza y su color./ Parece que no cambia pero no es el mismo cada día / ni se orienta de igual manera hacia el cielo.”


Luego, en la segunda parte, el poeta, consciente, aunque dudoso, de la desnudez de su yo, recorre el camino que pretende le lleve a la plenitud mística de la comunión con la belleza, al concilio sereno con su espíritu, tras haberse reconocido en el yo descubierto. Y como para tal reafirmación es necesario el otro con quien medirse, con quien fundirse hasta alcanzar la meta de la comunión más silenciosa, lo busca en el sueño, en la mujer, en la palabra más despojada: “Todo tu vestuario / fue el aire de aquella tarde”; trinidad de aspiraciones que el autor deliberadamente presenta confundidas porque son sólo una y única verdad. Miguel Galanes alcanza aquí su más depurada voz, en poemas cortos, intensos como nunca, plenos de significado, de trascendencia. El poeta busca poseer y ser poseído “Profundamente, desde mi ambición a ti / tenerte a mi lado es no tenerte./ Quiero todo. Lo imposible”. Poemas que llegan a ser instante, concepto; alma que desea no el contacto, no la imagen, no la rosa, sino entrar, penetrar en el misterio de la serenidad y de una aceptación inacabada -“me convertiré en un pozo quieto que no va ni viene”, dice en el poema que dedica a Min Yongtae, poeta coreano- aunque en ese camino, abierto a los abismos, queden rastros de fatiga, de dolor, y sea preciso despojarse del deseo bastardo y la impureza, del ahogo de la cotidianeidad. O de la tentación de las ambiciones.

Con la palabra encuentro titula Miguel Galanes la parte final del poemario, la más amplia, compuesta por 33 poemas, en ella, el poeta continúa deseando “estar inmóvil, con mis ojos limpios / en la verdad más pura” pero a los ojos del lector parece dominada por el hallazgo de un espacio donde ser, que es algo distinto al lugar donde se permanece o por donde se pasa. El paisaje físico, que el individuo se ve obligado a habitar, es transformado por el poeta, al percibir lo que hay en él de permanente, en espacio donde quedarse siendo en él, formando parte de su naturaleza. Es la intención de ser raíz, memoria de la vida, ante el caos cíclico de las hojas que el viento, léase el mundo, no deja de agitar en su fugacidad. Todo es más necesario y más único cuanto más sencillo se nos presenta; hay en esto la horaciana reflexión, “todo está aquí, contemplándolo los ojos / que lo miran, sin voz ni cambio alguno / en su movimiento, una y otra vez”, la estoica voluntad de Marco Aurelio: somos parte de partes, infinitud, una mañana de libertad que se despierta; pero también la aceptación de que somos “la sangre coagulada y la ceniza en el fondo de la copa”.

Recorrer con lentitud “La vida por dentro” es acompañar al poeta en el sendero que busca el equilibrio, la vertical del fiel en esa balanza existencial que compara lo vivido con la espera; seguirle hasta el alcance místico de la quietud en la contemplación, camino único para despojar a la esencia de sus circunstancias.

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IMPOSIBLE

El espacio que ocupas
te viste de cristal.

Libre
como el aire, escapas,
te alejas tras haberte
llamado.

Y te encuentro,
realidad desnuda,
inaprensible como la niebla en el mar.
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jueves, 8 de mayo de 2008

NOTICIA DE MIGUEL GALANES


“EL ARTE DE LA ILUSIÓN. ELOGIO DE LA DIGNIDAD”: NOTICIA PASADA Y ACTUAL DE MIGUEL GALANES


Francisco Caro



El último libro de Miguel Galanes, “El arte de la ilusión. Elogio de la dignidad” es un libro inusual y hermoso.

Inusual porque aunque el título sugiera una continuidad con el anterior- “El arte de la profanación. Elogio de la individualidad”- no hay tal. En esta ocasión el autor se despega de los modelos literarios que otros han forjado y con los que viajó en busca de la singularidad del existir que hiciera en el anterior. Ahora, en este nuevo libro, articula un complejo y novedoso territorio en donde buscarse a través de diversos caminos. Caminos entre los que se advierten la permanencia de su afán literario, animal abocado a la escritura; la necesidad de introspección en sus intereses personales más íntimos: religiosos, familiares, poéticos; la violencia moral que le provoca la destrucción del paisaje físico, tal vez del humano, de su tierra... a más de otros que el lector futuro y atento debe averiguar, como también la de múltiples senderos afluentes por donde acuden a los caminos del tiempo los soles de la espera, o la voz tan real como figurada de La Mancha. Y todo ello conjugado en el singular de la persona primera.

Hermoso porque el poeta -en este caso ensayista- no se desnuda, sencillamente se busca, se recorre a sí mismo ante la vista de todos los lectores y se recorre en sus deseos, en sus crisis, en sus ambiciones, en su historia, en su conciencia y amigos, en sus debates, en sus lecturas, en sus escritos, en su deseo de ser uno y ser digno. Uno en su única vida y digno en la necesidad de una herencia que se deja porque se recibió. No es fácil, pero es necesario. Porque es necesario para todo hombre, cuando se frisan la mitad de los cincuenta años, buscar y usar de la balanza, medirse en el qué he sido, dónde estoy y cómo debo mirar lo que me espera. Materia frente a espíritu. Es el enigma de la edad que nadie puede resolvernos; pero es el caso que en Miguel Galanes, y ahí está su estatura de escritor, tal balance se hace público sin miedo a través de una palabra culta, pretendidamente clara, reflexiva y serena. Sin miedo hacia donde se incline el fiel. Porque el intento de Miguel no es ajustar cuentas sino saber del aire y del espacio necesario para la salvación, cuando se está, usemos las palabras de Dante, “en mitad del camino de la muerte, en mitad del camino de la vida”.

Amalgama sutil de la plata de los días y su mercurio, es “El arte de la ilusión” un libro inusual y hermoso porque se estructura como un extraño y ordenado dietario, recuperado en parte, porque en, sobre y entre los textos grises de lo escrito en el pasado, -cuadernos amarillos, los llama él- se reparten e imbrican las reflexiones presentes, las cuales reafirman, matizan o contradicen los estados anímicos y las ambiciones morales que los escritos recuperados ponen sobre la mesa del tiempo actual, mientras que por los intersticios se introducen, de forma casi violenta, los vigores de la infancia, la frescura de las higueras idas y las norias, las cavilaciones y los diálogos que rodean a Iluminado de Néminis, trasunto del autor, las campanadas de las citas de escritores leídos y anotados, la necesidad del silencio como la forma más severa de la dignidad; y porque, en todo ello, las constantes oposiciones entre abatimiento e ilusión, entre literatura y vida, entre pasado y presente actúan como las tres dimensiones de su espacio íntimo; de un espacio íntimo que, sin renunciar al análisis, se acepta en la conformidad. Para contarlo, el mundo y la prosa de Miguel Galanes se mueven con clarividencia desde el instinto a la intuición, desde el ansia interior a la exterior y desde la conciencia de las sensaciones a su inteligencia.


De algunas de estas cosas se habló durante la tarde del último 30 de abril en la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla”, de la Complutense -mientras en los pueblos manchegos las rondallas se preparaban para levantar el grito primaveral y redivivo de los mayos y ante un público tan numeroso que obligó a gran número de los asistentes a seguir el acto en pie- por parte del profesor Luis Martínez de Velasco, que presentó la obra después que Antonio Lázaro recorriese los motivos de la edición por el servicio que dirige y poco antes de que el poeta de Daimiel recordara el espíritu reflexivo que presidió la elaboración del libro, se reafirmase en la convicción de que se aprende tanto de lo vivido como de lo leído y nos advirtiera que el camino a recorrer para vivir con dignidad no es otro sino el de comprender la dignidad de la vida, sólo entonces.


El arte de la ilusión. Elogio de la dignidad
Miguel Galanes
Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo. 2008