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jueves, 7 de octubre de 2010

La televisión es Palmariana



Les cuento una historia barroco-progre:

Allá por principios de los 70 mi padre daba clase por la provincia de Cádiz. Sobre las razones por las cuales mi padre, extremeño, se vio obligado a estudiar la carrera en la escuela normal de Pontevedra y a luego impartir clases en la otra punta de España es algo que se nos escapa a casi todos sus parientes cercanos pero, ahí está, el afán viajero del Padre Manson.

El caso es que mi padre se lo estaba pasando guay: en Cádiz descubrió el flamenco, el poker, se hizo colega de los Hermanos Rivera (los toreros) y parece ser que se estaba dando a la vida disipada que tanto en el norte como en su procedencia de interior le resultaba tan lejana. De hecho, de todas estas historias de juergas, francachelas y cachondeos no hemos tenido noticias en la familia hasta hace relativamente poco tiempo y siempre por testimonios indirectos de personas que lo conocieron cuando se estaba dando a la masacre festiva. Después ha sido un tipo bastante más muermo con momentos de esplendor como ya les contaré en otra ocasión.

Pues ahí tienen ustedes a mi padre, tan juerguista y tan progre, impartiendo clases en un colegio de Barbate (Cádiz) –Barbate es como nuestro Graceland porque “siempre hay algo que nos llama a ir a Barbate”- y un buen día uno de los compañeros de curro comienza a dar la barrila con el tema de las apariciones marianas de El Palmar de Troya.

Según cuenta mi señor padre en aquellos tiempos el asunto religioso y esotérico se puso de moda además de que comenzaba a notarse ese rollo de atracción inevitable hacia el rollito OVNI…es curioso pero, si lo piensan bien, ese tipo de historias suelen generarse con mucha fuerza en países que están a punto de abandonar un sistema dictatorial o que acaban de dejarlo. Sólo hay que pensar en la cantidad de noticias de carácter “Ikerjimenezco” que nos proporcionó la extinta Unión Soviética y de la rápida caída de los camaradas en las chuminadas del otro mundo amén del sincero estallido de devoción religiosa que les atenazó y que ahora no saben como quitarse de encima.

El caso es que mi padre, tan moderno y tan necesitado de experiencias (y me imagino que tan continuamente resacoso), se vio envuelto en un road trip de proporciones bíblicas: una excursión a la muy noble y muy leal villa de El Palmar de Troya para asistir a esas apariciones que la prensa decía eran una especie de experiencia sorbenatural donde los videntes, aquellos a los que la Virgen Santísima se les colaba dentro del cuerpo, hacían que bailara el Sol (algo que sigue asegurando Pitita Ridruejo sobre las apariciones marianas de El Escorial), tomaban la comunión directamente de las manos de Dios, hacían caminar a los paralíticos, recuperar el sentido a los locos…o sea, la hostia.

Para ya se fueron unos cuantos maestros. Mi padre lo cuenta más o menos así: “Aquello era deprimente, puff, un secarral con una mierda de olivo seco en medio. Una mierda vamos, se te quitaban las ganas…yo quería irme a ver al Cádiz que me había hecho socio y cuanto más rato estaba allí más ganas tenía de irme. Una mierda tú, un asco. Además no hacía más que llegar gente en autobuses, todos rezando y no hacían más que llegar ambulancias con gente con goteros en la nariz (sic) y personas en muy mal estado. Me acuerdo que había hasta un chaval con síndrome de Down. Pobrecito. La gente se arremolinaba al lado de dos crías y de aquel tío, el Clemente que estaba un poco más allá al lado de ese otro, de su novio, de Manolo ¿Te acuerdas que vimos la película? Pues nada, los que estaban haciendo negocio eran aquellos dos y el jeta del cura del pueblo que había puesto una especie de chiringuito donde vendían cerveza y refrescos. Encima todo carísimo. De pronto estabas allí y uno de aquellos decía “mirad para el Sol que baila, que baila”. Coño, como no iba a bailar, si se te estaban desprendiendo las corneas de mirar y, encima, con toda la solanera encima te quedabas gilipollas”.

Mi padre narra el momento anterior, quizás unos años antes, a que el conocido como Misterio del Palmar de Troya se convirtiera en un escándalo de proporciones bíblicas. Por si ustedes no lo saben, las presuntas apariciones marianas de esta localidad sevillana tienen una historia que, punto por punto, es correlativa con cualquiera de las apariciones marianas que se han sucedido desde finales del siglo XIX hasta nuestros días: niños que encuentran un lugar alejado de un pueblo donde se dan de bruces con la aparición, in person, de la Virgen que les traslada unos cuantos mensajes claramente apocalípticos que tienen que ver con el aligeramiento de las costumbres, la falta de rigor para abrazar los preceptos de la Iglesia, la falta de fe y, claro está, la advertencia de los malos rollos que eso conlleva como la condenación eterna. Comenzaron en 1968 y se extendieron en el tiempo hasta 1975.

Aquellas apariciones fueron aprovechadas por Clemente Domínguez y Gómez y Manuel Alonso Corral, pareja residente en Sevilla (uno cobrador de impuestos y otro abogado, los dos timadores) que urdió el plan de convertir al primero en un místico presentándose como tal en la localidad de El Palmar. Sin duda, la mayor preparación de estos dos individuos y el hecho de que inventaran un genial truco visual les permitió ir expulsando a las primeras videntes y quedarse con todo el negocio. Clemente entraba en trance y al momento la boca se le llenaba de una espuma blanca efervescente. Al abrir la boca se podía ver una hostia consagrada en la lengua…era un alka seltzer que tomaba subrepticiamente. Pero la cosa funcionó.

De hecho les funcionó también que convirtieron aquel pequeño timo en un timo a gran escala: con el tiempo ambos fundaron la Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz consiguiendo los fondos de unos cuantos chiflados que consiguieron que el Arzobispo de Hanoi los nombrara obispos. Como el cuento no paraba tuvieron la ocurrencia de provocar un cisma con la Iglesia católica oficial y nombrar a Clemente, Papa. Recibió el nombre de Gregorio XVII. Desde entonces todo tipo de escándalos (curiosamente no tan diferentes de los que atesora la Iglesia de Roma) han acechado a esta simpática orden que tras la muerte del primer Papa nombró a Manuel Alonso como sucesor bajo el rimbombante nombre de Pedro II.

Si les interesa la historia además de mucho material literario les recomiendo la versión cinematográfica de los hechos titulada Manuel y Clemente. Es una gozada.

Sobre literatura sobre el tema vale la pena que intenten retrotraerse a los tiempos en que muchos himbestigadores de lo oculto le dedicaron crónicas francamente creíbles sobre la naturaleza completamente real de estas apariciones y la simpar bonhomía de estos dos personajes y de todos los videntes allí convocados. Luego, como suele ser habitual, ninguno de ellos ha querido retractarse de sus palabras.

El caso es que mi padre, francamente aprensivo, por fin consiguió hacer desistir a sus compañeros de quedarse más tiempo en aquel lugar. Los 120 kilómetros que separan Sevilla de la costa no son los mismos de la actualidad y se podían tardar sus buenas tres horitas en cubrirlos por completo.

Cuando iniciaron la marcha, comenzaron a notar que el conductor se ponía de lo más raro y que estaba todo el rato hablando del tema, de lo mucho que le había impactado, de lo cerca de Dios que se había sentido. Mi padre, que tiene una fe ciega en una estúpida teoría que tiene que ver con los presuntos efectos que el sol tiene sobre la cabeza de las ovejas (aunque ya desconfía un poco sigue pensando, al igual que su tío Juan, que las ovejas no pueden estar demasiado tiempo al sol porque se “amodorran”, es decir, se vuelven gilipollas…lo que es una explicación que ha quedado un poco atrás cuando todos conocemos ya el Síndrome de Creutfelz-Jacob o “Síndrome de las vacas locas”) es el mismo que tiene sobre los humanos achacó durante años lo que ocurrió a continuación con el calor que habían pasado y que estaban pasando todos metidos en un 850 con las ventanillas abiertas….

De pronto el conductor comenzó a aminorar la marcha y a decir “la veo, la veo, la veo…” al principio bajito y despacio y a medida que pisaba el acelerador más alto y más rápido. El caso es que el coche comenzó a salirse de la carretera y a ponerse en dirección a unos árboles que sólo la pericia del copiloto (mi padre, a esas alturas estaba ya intentando abrir a cabezazos el cristal trasero para saltar del coche en marcha) consiguió pisar el freno y que el posible choque mortal quedara en un golpecillo en el parachoques y un susto.

Mi padre cuenta aquello más o menos así: “Yo lo que tenía ganas en ese momento era de salir de allí atrás como fuera y luego de sacarlo del coche a gorrazos. Qué cabrón. El tío aquel decía que había visto a la Virgen, ¡A la Virgen! Que si XXXXX no da un volantazo claro que vemos a la Virgen, coño, y a San Pedro y a la Corte Celestial porque hubiéramos cascado. Yo tenía ganas de matarlo, de verdad. Pero eso fue culpa del calor, que le dio en la cabeza…y encima me quedé sin ver al Cádiz…que me había hecho socio del Cádiz…para ver fútbol porque yo soy del Madrid pero el Cádiz me cae muy bien…bueno, el caso es que volvimos más tranquilos, paramos en una venta a tomar algo y parece ser que se calmó un poco. Yo no quise volver a un sitio así, en la vida. Había hasta un niño con Síndrome de Down. Pobrecito. ¿A quien se le iba a ocurrir la cabronada de convencer a unos padres analfabetos de que su hijo iba a curarse por irse a un secarral? Qué gentuza, de verdad, qué gentuza. Pero lo mejor no es eso, es que el tío aquel, el de “la veo, la veo, la veo” años después dejó el magisterio y se hizo cura de El Palmar, de los de El Palmar, se metió en el seminario que tenían en Sevilla”.

Desde entonces mi padre no volvió a pisar un lugar así e, incluso, declinó varias ofertas para unirse a varios grupos de avistamiento OVNI que montaban. Es más, cuando vivíamos en Catalunya (Palafrugell, Girona) tampoco quiso unirse a ninguna de esas reuniones hipermodernas de gente que hablaba de chakras y de reyki y de piedritas mágicas y de echarle maldiciones a Franco para que cascara antes.

En lo que siempre hemos estado de acuerdo es en que el caso de Manuel y Clemente, los fundadores de El Palmar, son una prueba inequívoca de que todos somos muy capaces de comernos una mierda enorme aunque el aspecto que tenga por fuera tenga la peor pinta posible. Evidentemente El Palmar de Troya era un timo, incluso antes de que aquellos dos señores sevillanos lo capitalizaran y lo exprimieran ya era un engaño gigantesco. La diferencia es que unos sólo vieron la posibilidad de venderles coca-colas a los incautos mientras que otros supieron maximizarlo hasta poder construir una basílica, la actual, que es más grande que la de San Pedro en Roma. Una inversión alta pero que no tiene más objetivo que el de atraer a más incautos a las cercanías de El Palmar para que sigan llenando las huchas petitorias.

Cada vez que enciendo la tele me acuerdo de Clemente y de los chiflados de El Palmar. A diario, y con más insistencia si cabe en los últimos días, acudimos a un nuevo milagro, un milagro diario más grande aún que darle de comer a una hambrienta multitud con apenas una lata de sardinas y un chusco de pan.

Ese milagro tiene un nombre: Belén Esteban. Dos cadenas nacionales (Telecinco y Antena 3) alimentan sus programas de mayor audiencia gracias a la vida de una mujer completamente vulgar. Y no me refiero a su forma de hablar, a su escasa preparación académica o a lo parvo de sus actividades sociales sino a que Belén Esteban es una persona completamente normal-normalísima (una nomenclatura que usa mucho mi padre).

La fascinación que provoca la vida de la ex novia de un torero no puede nacer más que de la intensa necesidad de las estrellas mediáticas por alejarse todos los días, un centímetro más, de la realidad. Es Rosa Pereda, en El País, la que ayer mismo se unía al carro de los creyentes en este milagro con un artículo en el que describía su fascinación por el personaje con una frase que también se repite mucho “Belén Esteban tiene algo”.

Ese “algo” es la fascinación real o impostada (más bien creo que impostada o autoimpuesta) por lo que muchas personas creen un estilo de vida tremendamente lejano y, por tanto, exótico y excitante.

Curiosamente, los mismos mecanismos que han mantenido vivos los espectáculos de freaks hasta nuestros días, son los que impulsan este milagro mediático. Fíjense si no en la adopción de Joseph Merryll, El hombre Elefante, por parte del doctor Treves en el Siglo XIX. El buen doctor, un hombre compasivo al parecer, se sintió fascinado en primera instancia por la enfermedad (Síndrome de Protheus) de Merryll pero, tanto para él, como para los demás miembros de la alta sociedad inglesa que lo visitaron lo más sobresaliente no es que fuera un ser humano completamente deforme. No. Lo interesante de Merryll es que, pese a ser pobre como una rata y no haber recibido apenas educación, leía y escribía de forma notable y había criado una sensibilidad estética y ética que los dejó completamente atónitos.

En otros términos, y por asuntos mucho más chabacanos y menos de letras, la fascinación que el personaje de Belén Esteban produce sobre sus jefes tiene un carácter francamente parecido pero, en este caso, con haber encontrado a una persona que, casi sin formación y sin haber recibido más que una educación básica, es capaz de conectar con (a su entender) millones de personas todos los días.

Cuando los medios de las tripas y el corazón señalan a Belén Esteban como “La Princesa del Pueblo” lo hacen, claro está, con una medio sonrisa sardónica en la que les blanquea la piñata y, bueno, en cierto modo saben que semejantes epítetos les sirven para vender más coca-colas y más refrescos a los incautos pero también satisfacen la necesidad de los que creen a su altura y que también fingen estar lo suficientemente alejados de las vidas de los extrarradios como para mostrar esa extraña fascinación por un personaje como Belén Esteban.

Como el amigo aquel de mi padre, algo que comenzó como una cuchufleta entre cuatro maestros de provincias que querían emprender un Magical Mistery Tour sureño, poco a poco hemos visto como esta presunta tormenta de verano (la capacidad de resistencia de Belén Esteban en un medio televisivo que necesita devorar historias todos los días es francamente admirable) se iba agrandando, creciendo más y más hasta el punto de poner a luchar a dos cadenas nacionales (aunque las otras se nutren también del milagro en mayor o menos medida) y hasta el punto en el que más de un incrédulo, más de un escéptico y más de un ateo que no cree que la televisión tenga que girar alrededor de un solo personaje comienza a despertar como un absoluto creyente y acelera y acelera contra el árbol de la estupidez diciendo eso de “la veo, la veo, la veo”.

Sin duda este tipo de programación no es más que un cisma de la televisión convencional, una televisión palmariana, un insulto a la inteligencia pero, sin duda, el truco es tan burdo que seduce a cientos de miles todos los días que acuden al milagro de la multiplicación de algo insignificante que les es devuelto en forma de debates, reportajes, comentarios, mesas, charlas, coloquios, imágenes difusas, cotilleos y un sinfín de personajes secundarios que alimentan, como los apostoles, puntos de vista cada vez más sorprendentes, más retorcidos, más milagrosos.

Como la Basílica del Palmar todo parece ser una broma, un pequeño timo, que se ha ido poco a poco descontrolando hasta coger una pendiente peligrosa.

Ahora sólo nos queda saber cuanto más va a durar todo y cuál será la próxima revelación.

Nota del Insustancial: "La televisión es nutritiva" es uno de los himnos a la Tecnología del grupo Aviador Dro que, no sin cierto optimismo, preconizaban desde comienzos de los 80 con un futuro donde los aparatos electrónicos y los avances en el campo de las ciencias nos harían evolucionar hacia otro tipo de especie que fuera mitad máquina y mitad ser humano. Pese a que el cuento sonaba bien lo cierto es que se ha convertido en justamente lo contrario. En todo caso es una gran canción.

sábado, 26 de junio de 2010

Lo malo de no echarle tiempo o como lo "pasemos" de bien en Casa Vasile

Les cuento una anécdota: un director llama a un guionista y le pide que trabaje en un guión a toda leche porque tiene que entregarlo para hacer una película. El guionista le pide la mitad de la pasta y, cuando la recibe, se lía un poco con las cosas de la vida y con tener dinero en el bolsillo después de mucho tiempo y, cuando llega la fecha de entrega sólamente tiene unas cuantas ideas anotadas. El director, preocupado, le llama y el guionista buscando una última vía de escape le dice "vale, voy por tu casa y lo terminamos juntos porque no lo tengo claro". El director, apremiado, le dice que vale. El guionista acude, el director se pone delante de la máquina y el guionista poco a poco va soltando ideas medio hiladas que puedan llegar hasta la ansiada página 90 o 94. Pese al disparate, el barullo y el atropello la noche se alarga y el director sigue tecleando un poco mosqueado por los pasos que está tomando el guión. El guionista, acorralado completamente, encara la última secuencia en la que se le ha ocurrido que todo termine en un juicio. El director le apremia a terminar y él dice, "ya, ya tengo la última frase, apunta". El director sigue tecleando sobre la máquina mientras el guionista dice: "En verdad, señor juez, que no hay fresón como el fresón de Aranjuez y....ya, fin". 

Obviaré el nombre de ambos protagonistas, por ser ellos lo suficientemente reconocibles, pero ni que decir tiene que ni la película se hizo ni el guionista cobró el otro 50%.  

No tengo dudas de que algo parecido debió de pasarles a los guionistas de "Perdidos" en la última temporada: quizás las fechas eran muy ajustadas para terminar un guión decente, no se pusieron de acuerdo en cómo terminarla o, simplemente, estiraron demasiado un truco lo suficientemente agotado en las cinco campañas anteriores. Como decía uno de los protagonistas de la anécdota que encabeza esta entrada "hay películas que van perdiendo estrellitas de los críticos con los años y otras que las van ganando". Se puede aplicar esto mismo a las series de televisión, me imagino, el final de "Perdidos" es sólamente el resultado de una serie de guiones torpes y propios de gente que no se entera porque está a otras cosas.

Siempre que alguien me pregunta sobre como se escribe una historia le cuento, básicamente, lo mismo: usa el sentido común. Es decir, aplícale cierta lógica a los movimientos de los personajes y permite que circulen diciendo cosas coherentes, que hablen como hablarían, que actúen como deberían de actuar. Da igual que estes escribiendo una película de barcos o una serie sobre un vecindario: todos los personajes tienen que estar cubiertos de cierto sentido común, si eres capaz de aplicarlo, es posible que tengas una historia que no se caiga a pedazos. La simple aparición de una pistola en una narración (me estoy refiriendo a nuestro país) es ya un embrollo que hay que explicar porque la gente normal no suele guardar pistolas en su casa y, por lo tanto, tendrás que explicar de donde viene esa pistola y, sobre todo, por qué el personaje que la tiene sabe empuñarla. Si eres capaz, estás en el buen camino.

Este año Cesar Strawberry y yo fuimos requeridos por Casa Vasile para escribir una serie de bajo coste para uno de los canales de TDT de dicha cadena. Aplicamos esa misma lógica dentro de una comedia chiflada que se parecía más a "Los Informáticos" o "La Pareja basura" que a "Friends" o "7 Vidas". El caso es que, durante un tiempo, nos dejaron hacer y parecían encantados con que estuviéramos escribiendo una serie sobre gente tarada. Estuvo bien porque, durante algunos días, pensamos que de verdad iban a rodar nuestros guiones sin tocar ni una sola coma y a respetar la dictadura total del absurdo. 

En estas apareció una vieja gloria de las series juveniles en una de las reuniones para decirnos, muy cordialmente (que es como se le dicen las cosas a un tío con los brazos tatuados y al gordito nervioso que tiene al lado), que la serie "fallaba". Todavía quitándonos las legañas de la estupefacción dejamos al pájaro darnos una charla sobre la necesidad de hacer unos personajes menos extremos que se expresaran en términos "más agradables" para la audiencia, que esas cosas estaban bien pero que el público no las iba a entender. En lugar de darle dos tortas nos echamos a reír tan alto y tan fuerte que estuvimos a punto de caernos de la silla, por un  lado porque el discurso de "yo se lo que hay que hacer" nos pareció una de las cosas peor planteadas, más ampulosas, más llenas de tópicos y menos interesantes de la historia y, por otro lado, porque creo que el compinche y yo mismo tuvimos un simultáneo ataque de realidad o, lo que es lo mismo, tomamos conciencia de donde estábamos, con quien estábamos y lo que estábamos tratando de vender. ¿Casa Vasile comprando guiones de ese tipo? No lo creo, amigo. 

Dos días después, y con un frío e-mail, nos comunicaron que estábamos "fuera del proyecto". Comprendimos que habían aplicado el sentido común: Quiero "Aída" no vuestro rollo.

El caso es que cogieron a otro equipo y la serie anda rulando por la parrilla de la TDT con más pena que gloria. Lo que me lleva un poco al principio: al fresón de Aranjuez. Es verdad que es malo no atender a tu trabajo pero, también lo es, pedir milagros en una semana. Es contraproducente. Es una de las razones por las cuales la ficción tiene un camino tan malo, en algunos casos, en nuestro país: las cadenas parecen desconectadas completamente de la realidad y actúan como esos clientes pesados que jamás se dejan aconsejar sobre nada. Mal hecho. en la BBC no entienden muchas de las series que producen como cuenta, solapadamente,Ricky Gervais en su estupenda "Extras" pero las ruedan y las estrenan olíéndose que al otro lado de la pantalla hay gente que sí las va a entender. En nuestro país eso no ocurre. Si nos fijamos en un formato de producción, aunque sólamente sea por recursos, es mejor tomar a los ingleses como referencia y no a los norteamericanos que nos llevan años luz.

Por otro lado es absurdo ese "sí o sí" de producir a toda prisa y, lo que es peor, exigir que se escriba a toda prisa con la esperanza de recortar un poco el presupuesto. Si a un arquitecto le dices que tiene que ahorrar en las calidades de los cimientos lo normal es que te diga que se te va a caer la casa encima.

"Perdidos" es el ejemplo de que no se pueden hacer las cosas mal, de que hay que cuidarlas hasta el último minuto para no dar el resbalón.

Nota del Insustancial: Rajoy División es una formación de Valencia (yo diría que representan todo aquello que es bueno y justo por tierras valencianas)  que afirma "hacer música para triunfadores" y como esta es una historia sobre fracasos me parece que daban el punto perfecto. Si quieren saber más sobre esta banda y sobre su frontman, Alex Martí, visiten el blog losperrosdelcurro.blogspot.com una de las mejores cosas que se escriben en la red.

lunes, 17 de mayo de 2010

La tele te odia...y todos los demás también...



Hay una razón de peso para que Cuatro y La Sexta programen horrores como "Mujeres ricas" o "Casadas con Hollywood": venganza. Una venganza servida en plato frío, una venganza pensada y calculada pausadamente porque, la verdad, cuando emitían cosas de calidad todo el mundo les dio la espalda y, por ello, es normal que ahora se venguen de todos nosotros con ciega ira y castiguen a su potencial audiencia con dos programas deleznables repletos de gente dispuesta a mostrarnos como se gastan en una sola mañana el dinero que ustedes tendrán que pagar en hipoteca en los próximos 25 años.

Es posible, sólo posible, que Cuatro y La Sexta hayan sido infectadas por el conocido "Síndrome Garzón". Es esa enfermedad que, de pronto, atacó al famoso juez y lo convenció de que España era un país democrático, europeo, sostenido sobre instituciones sólidas que aceptaría con normalidad que, desde la judicatura, se pusieran los medios necesarios para abrirle un  proceso al Franquismo y cerrar así un proceso histórico jamás cerrado por la vía natural y sólamente cerrado en falso por esa tirita infantiloide llamada "Transición". 

A lo mejor Cuatro y La Sexta se despertaron un día y pensaron que, a lo mejor, esto de la crisis era una gilipollez, un espejismo, y que España es un país rico y próspero donde los hombres juegan a amasar fortunas especulando en ese nuevo Shangri-lá llamado "Los mercados" mientras las mujeres pasean el palmito por gimnasios, tiendas de alta costura etc. 

Si se ha demostrado que Garzón era un pobre iluso que se ha quedado solo y ha sido arrollado por la institución a la que un día le dio brillo, esplendor y cierta pátina refulgente de modernidad es normal que ambas cadenas, que van de rojillas, modernas y de implicadas en la realidad se estrellen de nuevo en este intento por hacer de la exposición indecente de la riqueza el mismo negocio que han hecho con la exposición indecente de la pobreza en formatos como "Callejeros". 

No me cabe duda de que la trampa está, como siempre, en la mala digestión de los conceptos. Desde que era un renacuajo en esto de los medios de comunicación he estado escuchando una palabra clave, uno de esos mantras vacíos de significado: "Aspiracionalidad". Al parecer la gente quiere ver cosas a las que aspira y por eso los tíos compran revistas de coche o con tías en portada (mucho antes de que la ola de conservadurismo reinante se hiciera con los corazones y las mentes de los tradicionales anunciantes de las revistas masculinas y comenzara a lanzar el bulo de que "la desnudez sólo interesa a un lector de gama baja"...es decir, de pocos recursos, pobretón y poco consumidor) y las chicas prefieren comprar revistas con chicas a las que les gustaría parecerse vestidas con la ropa que les gustaría poder permitirse.

¿Es verdad? Es posible, pero sólo en parte porque lo que olvidan Cuatro y La Sexta es que "lo aspiracional" también tiene que parecer asequible, cercano y, sobre todo, tener una imagen simpática. Sin duda Nescafé, parte del grupo Nestle, perseguida por los grupos ecologistas por la forma en la que gestiona sus recursos, se ha intentado limpiar dicha imagen negativa poniendo al frente de su campaña de la maquinola Nespresso a dos tíos que caen bien: George Clooney y John Malkovich. Ambos emiten unas señales completamente diferentes a la de la marca suiza: están comprometidos socialmente, son intelectuales, impecables, demócratas (en el sentido norteamericano del término). Cuatro y La Sexta nos presentan a ricachos y ricachas incómodos de ver, indolentes, sin fondo, que parecen idiotas sin oficio ni beneficio...algo malo en un país de raigambre católica y educado en el catolicismo, doctrina religiosa que, frente al protestantismo, viene a contarnos que el que se enriquece lo hace porque no ha tenido escrúpulos. Es posible que más de un programador y más de dos tengan que volver a la escuela a aprender lo que significa, en realidad, el término "aspiracional".

Estamos pues ante un problema de visión de la realidad porque, no se me olvida, que a lo mejor Cuatro y La Sexta están enfermos del "Síndrome Camps". Mi político preferido de todos los tiempos, por encima de aquellos sátrapas que ocuparon la Casa Blanca en el siglo XIX, el gobernador de Luisiana Jimmi Davies (cantante de country de profesión y compositor de la deliciosa "You are my sunshine" pero, sobre todo, un tipo populista y escalofriante) y todos los macarras que se inventaron el turnismo político en España (ese que se aplaude tanto en Intereconomía...gensanta...) opinaba el otro día que los 45 millones de españoles estaban convencidos de que, en realidad, era completamente inocente y que nadie en su sano juicio se creería de verdad que un político podía venderse por tres trajes...cuyo valor, por cierto, ascendía a 4.000 pavos por traje. 

¿Cómo se genera una cosmovisión como esa? Pues del mismo modo que en aquel viejo chiste en el que el Papa acudía a un país africano y, sorprendido por la extrema delgadez de los niños, preguntaba por la razón exacta de la misma ¿Enfermedad? ¿constitución genética débil? ¿mala conciencia? Un Obispo se le acercaba y le decía: "Es que no comen". El Papa se bajaba de su coche y agarrando a uno de los chiquillos por los carrillos le recomendaba con paternalismo y campechanía: "¡hay que comer, niño, hay que comer!". Pues con Camps pasa un poco lo mismo. Me pregunto qué será lo que Camps ve por la ventana, que informes maneja, qué información recibe, qué le cuentan sus colaboradores, sus allegados, sus familiares sobre la situación real en la que se encuentra su comunidad pero, sobre todo, me pregunto qué es lo que piensa Camps que es el servicio público, cuáles son los límites que nunca puede traspasar un cargo electo pero, también, qué narices le cuentan sus abogados sobre lo que es y lo que no es delito y la situación real en la que se encontraría de no ser juzgado, directamente, por un juez que es un amigo íntimo. 

Miren la alegría con la que Rita "GodzRita" Barberá pide "la filiación" (un término que no se escuchaba desde que se desmovilizó a las tan añoradas SS) a los ciudadanos que opinan públicamente que Camps es un delincuente...¿Qué pasa por la cabeza de la alcaldesa de Valencia para hacer algo así? ¿No será que de verdad cree que entre las atribuciones de su cargo está la de pedir el DNI a quien se le antoje?

Observen la alegría con la que Gallardón aniquila el presupuesto de festejos de Madrid en enmoquetar la Gran Vía en plan Christo en un acto ridículo, absurdo...¿Que tiene en la cabeza el alcalde de la capital para hacer semejante cosa?

A lo mejor Cuatro y La Sexta no están demasiado informadas sobre nuestra realidad, la que viven sus propios trabajadores, la que sufren los que han sido víctimas de los durísimos recortes de personal de ambas empresas de comunicación y me pregunto qué influjo reciben desde fuera para pensar que este era el mejor momento para producir formatos tan francamente lamentables como estos. 

Que quede claro: el desconocimiento de una ley no es eximente de un delito del mismo modo que el desconocimiento de la realidad no es eximente para crear una atrocidad. 

Repasadas la venganza, el desconocimiento de la realidad y la ignorancia de la misma ya sólo me queda una razón: el odio. 

Decía mi amigo Fran que la clase política tiene implícito en su ADN el odio hacia los votantes y que sólamente de ese modo se puede explicar que las decisiones que toman tienen más que ver con jodernos que con alegrarnos la vida. Es decir, ese odio, vendría dictado por la sensación más que real de que su cargo y, por lo tanto, lo que son está pendiente de un hilo muy fino que es el del pueblo caprichoso que siempre es identificado como analfabeto o demasiado pueril como para permitirle más de dos o tres oportunidades cada cuatro años de expresarse, una expresión que encima suele ser adiestrada por medidas campañas publicitarias, mentiras, lecturas falsas de la realidad, un manejo primitivo de los impulsos de la masa...una decisión que, en esto el PP tuvo que hacer un curso acelerado tras el 11-M, nunca puede ser contaminada por la realidad social que vive el votante porque, a lo mejor, de serlo es muy posible que este cambie de voto o de opinión, que no marque nuestro nombre en la papeleta, el votante realista que está bien informado o que, de pronto es consciente del truco, se enfada, se mosquea y te vota al contrario en plan castigo, así como enfurruñado, con mala hostia porque si nos molesta descubrir el truco del mago mucho más nos jode ver como este o el otro manejas los hilos de una situación para su propio interés. 

Es por ello que el diálogo entre político y ciudadano siempre se establezca en unos términos ridículos donde el político utiliza frases estúpidas como "eso es muy complicado para explicarlo en dos palabras" cuando se le interpela directamente sobre una cuestión concreta dando por hecho que es usted un gilipollas sin formación o un maleducado al que no le importa abordar a un político para hacerle una pregunta incómoda cuando está, por ejemplo, a punto de inaugurar 100 metros de autopista que volverá a inaugurar dentro de dos meses y este diálogo se suele cerrar con alguna frase aún más absurda como "pida usted hora el día que quiera, le recibo y le cuento personalmente y en mi despacho lo que quiera saber". Ejem, ejem...inténtenlo y, cuidado, porque si alguna vez le recibe lo hará con un fotógrafo y una cámara de televisión y acabará siendo un convidado mudo de una noticia del tipo "El excelentísimo procer de la patria, Ministro de la Verdad, la Integridad y Vicepresidente de la Asociación por la Recuperación de las buenas costumbres recibe a los ciudadanos para contestar sus preguntas". Verá que cara de gilipollas pone en la foto...

Pues, al parecer, la tele comienza a actuar igual, con odio, revolviéndose contra la audiencia y contestando a preguntas concretas como "¿Es posible hacerlo peor y emitir más mierda?" con acciones criminales como emitir programas de baja estofa que sólo persiguen vengarse de que usted tenga una línea ADSL y pueda disfrutar de todas sus series preferidas haciendo un click. No, no es culpa suya, como siempre es culpa tuya, de ustedes. Se intuye que nos odian porque, en realidad, creen que ustedes verán esos programas movidos por los peores instintos: la envidia de ver a gente más rica que ustedes pegándose la gran vida; la pulsión masoquista de descubrir que hay gente para la que la palabra hipoteca no tiene ningún sentido; la necesidad de criticar, de encabronarse con los demás, de poder llegar al día siguiente a la oficina o al lugar donde ustedes trabajen y despacharse diciendo eso de "qué asco lo que vi anoche" y cosas así. 

Yo no tengo escapatoria y, por mor de mi trabajo, tengo que ensuciarme los ojos viendo porquerías de este calibre pero ustedes son libres, son príncipes y princesas de su bloque, emperadores de su casa, dictadores de su tiempo libre, ejerzan su derecho al libre albedrío en su ocio y no les den cuartelillo. Pequen del peor pecado del español: el desprecio. Devuelvan esta andanada de mal gusto con el grito del protagonista de Network (1976, Sidney Lumet): "¡Estamos hasta las narices y no vamos a aguantar más!".     

Háganlo por ustedes, manténganse limpios, no se encabronen más de lo necesario.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

G-20: En el País de Risto


Hagamos una crítica como si tuviéramos en el bolsillo el título de "critico televisivo" por la Risto Mejide´s School:

G-20 es una puta mierda de programa.


(A continuación les ofrecemos la versión ampliada para aquellos que quieran quedarse a leerla...ustedes mismos...)
Como ya sabemos Risto Mejide se hizo famoso por ser el jurado borde de OT y luego por convertir dicho papel en el de "crítico de Operación Triunfo que tenía una nómina en Operación Triunfo".
Que nadie se llame a engaño porque ambos papeles los podría haber desempeñado cualquiera: el primero, el de jurado borde, es fácil porque en realidad sólo hay que tener un poco de gusto musical para entender que lo que se ve es un flagrante timo y el segundo, el de "crítico de..." también porque para desempeñarlo sólo hay que tener un poco de sentido común porque si los niveles musicales eran ínfimos los niveles estéticos y éticos eran, simplemente, inexistentes.

Con un enemigo tan débil, y con tan poco argumentario, era inevitable que la pelea fuera desigual: Ver a Risto vapulear los cimientos de OT frente a una masa de adolescentes granulientos que lo abucheaban soltando las verdades del barquero y cantando defectos visibles incluso para un ciego era como ver a un panzer pasándole por encima a un lancero polaco en las cercanías de Postdam. Una lucha desigual porque, la verdad, el programa es débil y malo y ante eso hay poca defensa.


Risto Mejide salió de Operación Triunfo uniéndose al infalible supergrupo de malos malosos televisivos en el que ya militaban Los Tacañones y Tacañonas, la Bruja Avería, Angela Channing, El Enterrador y el Poli Loco y un largo etcétera.

A sabiendas, es tipo leído, que los personajes negativos son el reflejo esperpéntico de los terrores colectivos de su tiempo o la explotación de los resortes del pánico de este o de aquel grupo identificado entre la masa Risto Mejido ha esculpido al malo más repugnante que los televidentes españoles pueden digerir: El maloso Risto es snob, culto, leído, seguro de sí mismo, con una altísima opinión sobre su persona y cuida su aspecto para parecer cosmopolita o, incluso, extranjero.




En unos tiempos en que todo lo que sale por la tele quiere ser cercano, sencillo, reducido para que cualquier idiota pueda entenderlo, populachero, demagógico y, por ende, polvoriento, vetusto, cutre y pueblerino Risto parece sin embargo orgulloso de poder decir de carrerilla una lista de diez libros, diez películas y diez discos que te dejen con el culo torcido.


Es una pena que tanto talento para esculpirse una imagen pública en la que se cultiva la elegancia gatuna que todos les presuponemos a los personajes crueles y ladinos haya ido a parar a algo tan absurdamente malo como G-20.


El cuento es muy sencillo: 20 personajes diarios en una lista tipo 40 principales que reciben los zurdazos, bofetones, latigazos y "patadas en la boca" (sic) en forma de discurso de Risto Mejide que, delante de un enorme pantallón, les dedica. Estilísticamente la realización recuerda a los planos aberrados del cabezón de el Gran Hermano de "1984" (1984, Michael Radford) y el formato parece el mismo que el que conducía el personaje de Howard Beale, protagonizado por Peter Finch, en "Network" (Sidney Lumet, 1976) y en el que Beale intentaba canalizar las iras de la masa contra el sistema pese a estar metido de patas en el mismo sistema.


Si los niveles éticos de OT estaban por los suelos no se puede decir que los de la cadena que emite también G-2o estén mucho más altos: es ridículo que Telecinco intente criticar a alguien cuando no tiene ningún sentido crítico ni sobre su programación, ni sobre sus informativos. Es más, me pregunto si la lista de Risto contendrá en algún momento el nombre del máximo accionista de Telecinco que se llama Silvio Berlusconi cuando este vuelva a meterse en líos Bennyhillianos con sus "velinas".


Pero como eso no lo veremos sí hemos tenido cargas de presunta profundidad contra Paquirrín, Cristina Tárrega o Fernando Alonso así como la inclusión del Presidente del Gobierno bajo el nombre de "Presidente Zapatiestas" (ahí se nota la mano de un tío elegante) o del Ministro de Trabajo. Curiosamente todos personajes que parecen hacer gracia a la cadena: el hijo de la cantante trabajó en La Sexta y es diana de uso corriente para los comentaristas rosas de la cadena, la Tárrega cae mal a casi todo el mundo y trabaja en otra cadena y ni Zapatero, ni niguno de los ministros socialistas parecen ser del agrado ni de los Informativos, ni de los contertulios de la cadena (tachemos de la lista a Jorge Javier Vázquez, que sí, que dijo ser del PSOE o simpatizante).


Semejante baratería de personajes pretende llamar a la audiencia por medio de la polémica y si no echemos un vistazo al viral que la productora coló como adelanto del programa:








Desgraciadamente no existe humor o el personaje de Risto no tiene cabida nada más que para una risilla falsamente maliciosa. Es una pena porque tanta caña y tan mal repartida sólo puede ser digerida demostrando mucho sentido del humor. No sabe Risto que las cosas con una sonrisa entran mucho mejor y que, sin ella, sólo queda la mala hostia derramada sin sentido, como la baba colgante de un chucho con rabia. Y lo dice uno que ha escrito muchos artículos de estos de lista (una de las inspiraciones de Risto) con las mismas pretensiones malvadas pero sabiendo que estás cosas hay que hacerlas siempre con mucha gracia.


Es posible que G-20 fuera concebido como un arrollador programa presuntamente ácido y polémico construído a imagen y semejanza de su presentador pero le falta un buen guión, libertad para decir lo que le de la gana y, posiblemente, bastante más ingenio que una campaña de publicidad que pretende ser polémica (y que se ha quedado en casi nada) y eso de adelantarse a los demás hablando de lo que es "populista" y "demagógico" -explicación un poco rala del presentador empeñado en decir "que son cosas peligrosas según quien las utilice" sin saber que son cosas negativas malas en manos de cualquiera- utilizando una norma básica de la Propaganda inventada por Goebbels: "proyectar nuestros propios defectos en nuestros enemigos".


Evidentemente G-20 no es una idea original, claro, ya sabemos desde hace tiempo que nuestra televisión adolece por completo de sentido de la imaginación y que prefiere comprar formatos de éxito para destrozarlos o, directamente, copia formatos que disimula como si fueran propios fingiendo que las telespectadores también tiene youtube en casa y ya han visto la mayoría de las cosas que se hacen por el mundo.


G-20 está directamente fusilada de los rankings que el presentador David Letterman lleva haciendo durante 30 años en su programa lo que ocurre es que Letterman fulmina sus listas en menos de 10 minutos y son divertidas y ágiles algo que está muy lejos de verse en el cansino programa de Risto Mejide.



Si además de todos los evidentes defectos del formato añadimos el de un presentador desnortado y nervioso y el de un público nervioso, juvenil y Risto-Fans dispuesto a reir cualquier gracieta por estúpida que esta fuera y sin necesidad de ser azuzados demasiado por el regidor de turno tenemos un gigante fiasco que, no dudo, habrá tenido más por novedad que por mérito (aunque fallo más que una escopeta de feria) unos estupendos índices de audiencia. Veremos cuanto tarda en remontar o caer en desgracia siendo sustituído por cualquier formato o resumen de GH.


Es una pena que un tipo que, de primeras, parece que puede caerte bien y que parece poder mantener una discusión coherente venda su alma de ese modo y más cuando hace pocas semanas apareció en "La Noria" para conceder una entrevista en la que dijo:"Creo que esta cadena vive demasiado de la confrontación y del ruido". Por ahora no se ha aplicado el cuento y prefiere participar de él.

lunes, 17 de noviembre de 2008

La pesadilla de John Logie Baird (Una pequeña historia de violencia catódica, pescado barato y telebasura)


Hay un estupendo documental llamado La pesadilla de Darwin (Hubert Sauper, 2004) donde se cuenta como la inserción en el ecosistema del Lago Victoria de una especie extrana (El percasol o perca) ha acabado por repercutir no solo en la total y absoluta degradación del propio Lago si no que ha afectado irremediablemente al quebradizo tejido social de las comunidades cercanas al mismo.

La llegada de la perca a ese remoto lugar de África fue vista en su momento como una interesante alternativa económica: es un pescado que se reproduce a velocidades de vértigo (incluso mucho más que Miranda y Julio Iglesias), alcanza muy pronto la edad madura y su mercado se extiende por todo el mundo, especialmente, por Europa donde su carne es consumida en la dieta habitual de los países del Este.

El Lago Victoria fue reconvertido en una enorme piscifactoría por una empresa rusa que se ahorró así los enormes costes de construir una artificial en cualquier otra parte del mundo, los costes de las contrataciones de personal y todos esos engorrosos trámites burocráticos. África era visto como la posibilidad de producir pescado a cascoporro a precios tirados.
Es una pena que la llegada de la perca a las aguas del Lago, en realidad, supusiera la absoluta desaparición del ecosistema del lugar ya que el bicho es muy voraz y resultó adaptarse a su nuevo entorno llegando hasta la cumbre de la pirámide alimenticia con la misma pasmosa facilidad que lo haría un ciclista enajenado por la EPO.
Roto el equilibrio del lago y desaparecido el producto autóctono los pescadores de la zona se tuvieron que convertir en asalariados de la nueva planta o emigrar y las diferencias sociales se acrecentaron. La llegada de occidentales sin escrúpulos (si uno es capaz de echar un inofensivo pececito en un lago africano qué no será capaz de hacer con las personas…) cargados de rublos crujientes provocó la llegada de la prostitución, la marginalidad, la contaminación, el tráfico de drogas y un largo etcétera de enfermedades que, si bien son tolerables en ecosistemas económicos más fuertes, en la zona resultaron desastrosos.

¿Alguien duda que la perca catódica que se hace en nuestro país ha sido lo que se conoce como “telebasura”?


Digamos que unos cuantos productores de la antigua autonómica valenciana (canal 9) se reunieron un día para echarle un vistazo a un proyecto televisivo llamado “Tómbola”. Una festiva celebración del mundo del corazón, una relectura un poco más malévola que el otro programita ese de las sobremesas de Telecinco que presentaban Belinda Washington y Chapis que se llamaba “¡Qué me dices!”. En realidad “Tómbola” era, incluso, mucho más barato: era una tertulia de cronistas de sociedad que comentarían las noticias de las revistas y se traería a un invitado de actualidad a golpe de talón. Un programa tirado de precio, en serio, unos cuantos redactores, un equipo técnico normal y algunas caras que comenzaban a hacerse conocidas como Lidia Lozano, Karmele Marchante, Jesús Mariñas y eso, un largo etcétera.

Con una capacidad de adaptación terrible el estilo de Tómbola tornó de inofensivo a abiertamente violento con la misma rapidez en que su primera invitada, Chábeli Iglesias, abandonaba el plató entre los abucheos del público y los contertulios tras ser ofrecida a los dioses del periodismo visceral con un cuestionario chusco, ofrecido con una línea tosca, de enfrentamiento…


No sin tino aquello podía haberse llamado “la rebelión de las mascotas”, el hasta entonces edulcorado cronista social que vivía de la bondad de marquesas y “duqueses”, actrices y actores, de la venia de pelotearle a Los Franco, Los Martínez Bordiú, los Sarasola, Los Gotor (Cuca y Pocholo) los otros y los marotos de pronto se revolvía públicamente contra todos aquellos ilustres apellidos que los habían sentado a su mesa, los habían utilizado como nota de color, de la Bohemia (el cronista social era animal nocturno que se movía entre dos mundo irreconciliables pero menos, si no me dirán ustedes de donde ha salido Don Leandro de Borbón), que se había dejado invitar a comer, a desayunar, a las vacaciones en Palma mordía públicamente la mano que le daba de comer.
La crónica social edulcorada, repleta de personajes aspiracionales, de V.I.Ps, de estrellas internacionales, de playboys sin oficio ni beneficio, de príncipes, de princesas y de eternos aspirantes al trono desaparecía a favor de una nueva y vieja invención: la puñalada trapera.
Un grupo de aguerridos periodistas decidió hacerle la guerra a la prensa escrita exponiendo curiosamente sus debilidades, por otra parte, sabidas: las entrevistas se conseguían a base de cheque, los amores y desamores se publicaban a tiempo para la promoción de la película o la obra de teatro a estrenar y, lo que es peor, la mayoría de las cosas que leíamos no estaban ni siquiera escritas por las personas que firmaban los artículos.

Todo era un tom-tom-tombola de muchos claroscuros y de un color víscera intenso, un circo, un espectáculo, una ficción creada para satisfacer las ventas. Al circo se le habían rebelado los enanos y los leones y estaban comiéndose al domador y al director de pista delante del asombrado público que, en lugar de salir despavorido, aplaudía el espectáculo ¿La gente quiere sangre? ¡Pues pásame el sable, querida!

Como un mago que decide mostrar sus trucos, el periodista de lo rosa estaba desmontando todos los números pero se guardaba un as en la manga: estaba transformando la prensa del corazón en un asunto de vísceras. Y lo bueno es que a nadie le importaba, es más, sabido que todos los bofetones eran de mentira y que todas las puñaladas parecían pactadas lo mejor era sentarse a disfrutar del enorme culebrón que, además, se desarrollaba en cualquier esquina y en cualquier lugar. Es más los mismos periodistas rebeldes comenzaron a sentirse mucho más famosos y protagonistas que los teóricamente famosos y protagonistas y comenzaron a venderse las rencillas entre profesionales como parte del circo (¡Que te calle Karmele!) con resultados a veces sonrojantes (Lidia Lozano y el caso de la desaparición de Ylenia Carrisi, hija de Albano Carrisi y Romina Power). Además apareció una saga mucho más virulenta y el periodista de oficio fue sustituído por el paparazzi-contertulio cuyo único mérito era acercarse a las celebrities con un teleobjetivo tamaño cañón de artillería, no saber escribir y tener apariencia de no saber leer pero ir vestido con una ropa que parece robada del armario de Tony Montana. Menos Beatriz Cortazar (enorme periodista de estos asuntos, gran profesional...sin mácula) y más barata algarabía.

Arrinconadas las viejas celebrities a esa reserva natural que se llama ¡Hola! Donde los príncipes se casan todavía con las princesas, las marquesas te enseñan su casa y se informa puntualmente del enlace de los Sansotero de Mendíbil, empresarios de la plata, con los Vizcondes de la Picha pelada, simplemente ellos, se dio paso a una nueva especie: “los no específicamente famosos” o directamente los frikis.
De pronto descubrimos que había un torero aquejado de satirismo que tenía un tigre llamado Currupipi y una hermana que se quería hacer un hueco en el mundo de la pasarela…¿Alguien duda de que eso parecía escrito por un guionista?
Sin duda el nuevo periodista del corazón, antes caniche ahora hiena, se dio cuenta de que la realidad era una enorme máquina de crear ficciones o realidades paralelas y, cuando no, siempre se podía hablar de la podrida maquinaria: el modo en el que este o este otro cobraba por preparar una trola, lo que ganaba sentándose en un plató, las verdaderas motivaciones que le habían llevado hasta allí o sea, más dinero, o una absurda necesidad por “ser famoso”. No ser famoso por nada simplemente entrar dentro de una nueva categoría profesional. El Tomate y GH nos mostraron que cualquiera puede convertirse en un personaje atractivo para los medios de comunicación y si es un miserable o tiene una vida plagada de infames episodios (drogas, un paso efímero por la prostitución, robo con escalo, picor de huevos…) mucho mejor.


El “famoso” podía ser el tendero, podías ser usted mismo ¿Qué había de malo en que todo el mundo ganara un poco de dinero con todo aquello si alguien estaba dispuesto a deshacerse de él?
Eso mismo lo cuenta Leonardo Dantés: no hay nada de malo en ganar un poco de dinero a costa de hacer un poco el ridículo y, por eso, te cuenta con tantas ganas como junto a Tony Genil y unos cuantos personajes del lumpen artístico se reunieron un día en un bar de cañas de una de las paralelas de Gran Vía, donde se reunían todos los currelas del Teatro Lope de Vega a beber botijos. Una tímida reunión de algunos personajes de la margen más deprimida del espectáculo (Dantés, Genil, Tamara, Paco Porras…) pusieron patas arriba el panorama patrio contando chorradas, inaugurando fruterías, montando el pollo. Y los tomaron en serio. Es decir, según los cánones de la nueva televisión: llevas a alguien al plató y le pagas por contar algo que todo el mundo sabe que es mentira pero, sin embargo, y pese a que sabes que es una mentira lo invitas para cargártelo en directo y hacer algo de leña del árbol recién erigido.

Del mismo modo que en La Señorita de Trévelez o en Calle Mayor los señoritos del casino deciden echarse unas risas a costa de la fea del pueblo para esconder su propia mezquindad los periodistas del corazón –también rescatados del margen más deprimido de las redacciones, ocupando el peor puesto, el peor pagado, el que nadie quería – quisieron esconder sus miserias, sus travesuras, su condición sexual, sus pillerías profesionales a costa de mostrarnos a otros más raros, más pobres, más chiflados y, a primera vista, incluso más tontos.
Así tenemos unos personajes imposibles, todo el morbo que uno pueda ser capaz de tragar, temas intrascendentes, asquerosa moralina (como esos largos interrogatorios sobre el consumo de cocaína a ciertos personajes…que a veces deberían de empezar por un “de cocainómano a cocainómano, cuéntame…”) pero nos falta la bendición de la ironía, ese mundo necesitaba de una coartada intelectual y, ops, he aquí que Javier Sardá abrió su programa al circo para convertirse en el payaso listo entre tantos payasos tontos y usurpar el puesto a otro “periodista serio” Pepe Navarro que intentó, infructuosamente, mezclar a Lucas Grijander con una investigación sobre niñas desaparecidas, La Veneno…
Ahí estaba Javier Sardá, el ex rey de la tarde para ponerle a todo su media sonrisa cínica, para tranquilizar nuestras conciencias y decir “NO se preocupen, no dejen de mirar, esto es normal, es lo que hay…¡ES LO QUE USTEDES QUIEREN VER!” ¡Que bueno que un señor de izquierdas, tan catalán, tan culto, tan amigo del Señor Casamajó bendijera esta nueva revolución! En el camino se quedó Galindo y su puesto en el Observatorio moral del programa con su “tetas, tetas, tetas” y todo el elenco de cómicos como Mariano Mariano, Fuentes, Toni Clapés y un largo etcétera de colaboradores que ya no tenía cabida. La telebasura también se tragó a Sardá y a todas sus buenas intenciones de hacer un show americano en plan Letterman. Ays.
Además, de pronto, la política nacional emparentó por vía matrimonial (o de arrejunte) con el corazoneo: ahí estaban Ana Obregón primero –enrollada con el señor que, de morirse, treinta personas reinaría en España o Cachuli y la Pantoja.
En la enésima voltereta de pronto estábamos hablando de gente que se ponía los cuernos pero también de comisiones, de concejales, de Marbella y, como no, de corrupción, hijos díscolos, euros metidos en bolsas, de nuevo camellos…
El corazón, el tono, el reportero y tente tieso, la pregunta maleducada (que no incómoda porque el personaje sabe que no va a contestar…) había alcanzado a los informativos que se confundían con eso de la “diversión y el programa de puro y duro entretenimiento”.
La telebasura, los que la hacen, aluden muchas veces a aportar una “mirada fresca”, “sencilla”, “verdadera”, a trasladar al oído del famoso lo que en realidad se piensa de él: “¡Marbella no te apoya!”, “¡Tu hijo es un yonki!”, “¿Qué opinas del matrimonio gay?”. Ellos no son más que los transmisores de las inquietudes del público, de España, del Mundo…que pena que siempre se acuda a retratar al espectador más idiota, menos preparado y menos exigente de todos para retratarnos a todos.


¿Era verdad que Javier Sardá o Jorge Javier Vázquez nos estaban ofreciendo justamente lo que TODOS queríamos ver?
Pues no, simplemente nos estaban dejando sin alternativa aunque ambos dos tenían mucho más claro que sus espectadores que lo que en realidad estaban ofreciendo era pura basura. Cero alternativa añadiría. En España se suele tender a no luchar por la audiencia o a hacerlo ofreciendo un programa igualito al que tiene éxito para ser ofrecido en la misma franja. La lucha entre Coca-Cola y Pepsi-Cola ya nos advierte que suele ganar la batalla comercial quien primero se instala en un mercado y, en ese caso, las alternativas ofrecidas eran pobres.
Más allá de las motivaciones del espectador por devorar a este nuevo y, a primera vista, sabroso pescado (aunque más de uno termine con el vientre reventado como los protagonistas de Las Truchas) y de que este ha sido convenientemente redirigido o sea, que se le ha ejercitado el gusto y se le ha creado la necesidad de este tipo de programas lo cierto es que mucha gente estaba ganándose muy bien el pan. Digamos que Korpa (digo la más famosa pero hay muchísimas) podía vender una imagen de un torero llamando cabrón a su reportero por un buen precio y el comprador podía emitirla en varios programas en diferentes horarios. Bendita sea la redifusión y que las cadenas estén empachadas de esto mismo. Un video que cuesta 3.000 euros, y que dura más o menos un solo minuto, puede multiplicarse y rentabilizarse en una misma semana en forma de reportaje, fondo de reportaje, parte de una promo…¿Alguien se hace a la idea de cuanto costaban 30 segundos de Los Serrano? Pues digamos que un poquirritito más. Otra vez el maldito dinero. En realidad las teles compran una extraña ficción, cercana al reality, a cambio de unos cuantos euros.
Desde entonces hasta ahora pocos cambios, La Perca Catódica de la telebasura se ha ido apoderando de más y más franjas, muta, cambia de nombre pero, ay, ay, ay, sigue devorando con la misma facilidad a cualquier cosa que se pone a su paso: El Tomate, La Noria, El Efecto de Dos, AR, Espejo Público, Las gafas de Angelino, Visto y Oído, El Diario de Patricia, Crónicas Marcianas, Esta noche cruzamos el Mississippi, Espejo público, Tómbola, Sabor a ti, ¿Dónde estás corazón?, ¡Qué me dices!, TNT…son, en realidad, el mismo programa, hecho para satisfacer al mismo número de espectadores, tratando los mismos temas. Es más, en muchos casos, endogámicamente, están hechos por productoras que atienden las mismas necesidades en diferentes cadenas alimentándose de las mismas fuentes de información.


Son la misma perca catódica que, sin problemas, ha escalado hacia la parte más alta de la pirámide devorando todo, destrozando el ecosistema y envilenciendo la profesión, adoptando las formas del periodismo de investigación, zampando naderías y cagando rumores en forma de noticias. Dejando las aguas vacías de otras especies más débiles (documentales, telefilmes, programas de divulgación, concursos, contenidos infantiles, ficción) la telebasura se lo ha zampado todo y llegará un momento en que no podamos alimentarnos de otra cosa que de ella y eso es malo ¿Alguien querría comer toda la vida un enorme pez de río cuando ha probado las gambas de Huelva? Yo creo que no, lo que ocurre es que al señor de la piscifactoría le interesa mucho más que comamos perca que es baratita y con una salsita por encima y unas pataticas, puesta en la mesa por un camarero saleroso y unas patatitas alrededor, pasa por ser un manjar. En realidad la perca es un pez asqueroso, de sabor innombrable como su prima la catódica.
Llegados a este punto del discurso también añadiré que la cría de el Percasol catódico ha reblandecido el tejido de todos los medios de comunicación poniendo a sus profesionales al borde de un ataque de nervios, invadidos sus puestos por medianías o gente muy poco preparada, acortados los asientos para guionistas de ficción y profesionales serios condenados a largarse a otros medios o a quedarse en unos departamentos de informativos que cada vez tienen menos presupuesto y se alimentan del suceso (la otra perca, esta vez la que se está asentando en la información diaria).
¿Alguien duda por qué se utiliza la palabra “cebo” para definir a esas piecitas repletas de torpes mentiras que se colocan antes y después de la publicidad?
Si John Long Baird, inventor de la televisión, hubiera visto en qué se iba a convertir su aparato posiblemente lo hubiera enterrado en los Highlands y nunca hubiéramos sabido de su existencia. Ahora mismo su cadáver debe de estar vomitando hasta los gusanos. Si no lo haces por nosotros (pobres desgraciados) hazlo por la memoria de ese honesto prohombre que, de seguir así la cosa, pasará a la historia como uno de los peores criminales contra la humanidad de todos los tiempos.
Como conclusión aquí os dejo unos cuantos rasgos definitorios de la telebasura…
1.)Una forma de televisión de mínimos intelectuales concebida para ser entendida por el espectador menos preparado y atrapar al menos exigente o crítico.
2.)Aquellos programas que convierten el rumor y la maledicencia en noticia.
3.)Aquellos programas que utilizan el periodismo como excusa para hacer espectáculo.
4.)Aquella televisión hecha sin cariño por el espectador, ni por los personajes que trata.
5.)Aquellos programas que se basan en emitir juicios morales sobre las vidas de terceros.
6.)Aquellos programas que acomodan la realidad a la noticia que quisieran dar cortando, editando, eliminando audios…o ejercitándose en las malas artes del cebo.
7.)Aquella televisión que te llama idiota a la cara.
8.)Aquellos programas en los que no puedas diferenciar entre el periodista y el famosos.
9.)aquellos programas manejados por profesionales que hablan de negocio y no de comunicación.
Y ya sabes: La telebasura se ha acabado (si tu quieres).