¿Qué diferencia hay entre el madurito de pantalón de pinza y camisa de Ralph Lauren que se acoda en la barra del bar rodeado de amigotes y comienza su parlamento diciendo "ayer tres, sin sacarla" que el hecho de que un viejito soriano llamado Fernando Sánchez Dragó saque pecho de un presunto menage a trois con dos adolescentes japonesas en el Tokio de 1967?
Es más, repasen el textito mil veces repetido en la red, y díganme si no se han revolcado solazmente en historietas parecidas reproducidas en medios de gran alcance como la revista LIB o el Consultorio de Charo Medina. Por si no lo saben ese trovador urbano llamado Arlequín ya en los años 70 se sacaba unas perrillas contando sus hazañas sexuales con alemanas frescachonas y educadas en la liberación sexual.
La historia que cuenta Fernando Sánchez Dragó no es más que un cliché mil veces repetido por el cine porno y, seguramente, sea la fantasía sexual más extendida entre los hombres de todo el planeta: vas a hacer unas gestiones y, por el camino, se te aparecen dos muchachas de buen ver con las que acabas en la cama.
¿No se acuerdan de la escena de "La naranja mecánica" en la que Alex va a comprar unos discos de Ludwig Van y le ocurre eso mismo?
No le den importancia. El mismo Sánchez Dragó antes de que le creciera un manifiesto (por cierto, impulsado por su colaborador Javier Ruiz Portella) ya dijo que todo era poco más que un malentendido. La culpa, otra vez, es suya que tiene la mente calenturienta y donde leyó lo de aquellas dos ninfas de trece años entregadas a darle gustito al escritor lo que en realidad tendría que haber entendido es que todo no fue más que un encuentro casual con una pandilla de adolescentes alrededor de una mesa y unos cafés que terminó en unos cuantos besos castos y torpes.
Y es que, la verdad, parece todo sacado de un diccionario de tópicos. No solo la historia sino también el hecho de que esta sea nada más que una exageración. Ya saben lo que dice la sabiduría popular: "los hombres son como las fichas del parchis que se comen una y se cuentan veinte".
La cosa ha sido tan tópica que, como ocurre últimamente, al ser descubierto un ciudadano en renuncio o fechoría este, en lugar de reconocer que ha metido la pata, inicia una campaña de autobombo exagerada dirigida a denunciar una presunta conspiración universal contra su persona. A estas alturas el "Tema Tokio 1967" ya ha dado para que algunos se pongan a lado de Dragó diciendo que hay gente que pide que se "quemen sus libros". La verdad, no lo había escuchado hasta hoy. Sí había escuchado a Esperanza Aguirre comparar a Dragó con Miller, García Márquez y, el tío de Esperanza, Gil de Biedma. Fíjense lo que quiere la Presidenta de la Comunidad quiere a Dragó que no tiene empacho en ponerlo a la misma altura intelectual, moral y personal que a un familiar directo del que, me imagino, conocerá toda su obra.
Si a estas alturas ustedes se soliviantan por las afirmaciones de un bocachancla (lean este estupendo artículo de Grace Morales y disfruten porque nos da a todos sopas con ondas...o papas con ondas o como se diga...vamos que nos da una paliza) es que tienen la piel más fina de lo que exigen estos tiempos.
Es paradójico que Sánchez Dragó que tanto ha viajado y tanto ha leído en realidad no haya podido superar al ignorante sesentón con el hígado hecho mierda que supura rencor por cada poro de su piel contra el género femenino (y en especial por su ex esposa, que se lo ha montado mejor tras el divorcio) y que se sienta noche tras noche en el último taburete del pub del barrio esperando que otros, tan tristes e ignorantes como él, se le acerquen para contar a voz en cuello la última visita a un puticlub y las maravillas que allí se produjeron. Esos, que no han salido de España nada más que para hacer la mili en Ceuta y que se creen que no hay mejor sitio para veranear que un apartamento en Santa Pola, piensan igual que él y, puestos a contar historias verdes, exageran con el mismo énfasis y me, imagino, que pillados en la trola es posible que se justifiquen con la misma saña. Dragó, que tanto budismo zen ha mamado, ha demostrado ser incapaz de quitarse el pelo de la dehesa y de arrancarse la herencia cultural más machistoide y cateta. Mis conmiseraciones.
Es una pena que un tipo que va de escritor notable (algo que es una especie de etiqueta que se ha colgado él mismo) tenga tan poca imaginación que no se le ocurra mejor recurso que, para darse pisto ante un colegui, repetir la línea argumental de esa maravillosa cinta titulada "Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo".
De hecho, tiene tan poca imaginación, que sigue el mismo patrón que todos los fantasmones del folleteo: ligo mucho y follo más pero siempre lo hago en una ciudad que te costará visitar alguna vez y con gente que no te cruzarás jamás. Otro montón de conmiseraciones.
Leo estos días "Out", una novela de la japonesa Natsuo Kirino, que es un retrato criminal de la sociedad nipona. En uno de los pasajes del libro una de las protagonistas está en casa viendo la televisión y se queja de que se emita, por enésima vez, otro de esos reportajes sobre teens niponas que tienen novios en edad de perecer con tal de hacerse un fondo de armario que ríete tú del de Ann Wintour.
El viejo verde que corre torpecito detrás de las treceañeras es, desgraciadamente, también un cliché cultural en el otro lado del mundo.
Yo no quiero que ustedes pidan que se censure a Sánchez Dragó, de hecho ni siquiera estoy de acuerdo con que se le quite ese programa suyo de libros donde se habla un poco de otras personas que no son él mismo, y la verdad pese a que mantengo una opinión bastante personal sobre si es bueno o no quemar libros tampoco les invito a acercarse a la biblioteca pública más cercana con un bidón de gasolina (a no ser que dentro aniden zombis o Frankenstein) para hacer una pira con la obra completa de este señor.
En estos días en los que se ha secuestrado una revista satírica por sacar en portada una caricatura del Papa Ratzinger XVI y parece ser que el debate sobre "A serbian film" alcanza niveles de mal viaje total no seré yo el que pida la cabeza de un fantasmón que se entretiene inventando batallitas. Más que nada porque en estas costrosas cuestiones siempre hay dos varas: una que sirve para medir y otra que sirve para dar palos de ciego. Yo no consumo nada que haya sido tocado, ni con la punta de una pértiga olímpica, por este infraser y pese a no entender qué interés puede tener nadie en leer las divagaciones de ese menda sobre las vidas pasadas que tuvo su gato entiendo, como aquel torero, que hay gente pa tó. Si me gustaría que estos mismos que ahora, tan enardecidamente, usan la palabra libertad como trapo para taparse el culo fueran capaces de demostrar el mismo amor por el libre albedrío ajeno porque, la corrobla de la caspa, se pone muy libertaria cuando se trata de no poner límites a la empresa privada o de justificar que de nuestros impuestos salga un dinerito que subvenciona las procesiones de Semana Santa pero te montan una manifa en plan Berlín 1933 a la mínima que dos mariquitas (que se quieren y se respetan porque son personas humanas buenas) quieren pasar por el altar y organizar un banquete nupcial.Pregúntenle ustedes al autor del manifiesto a favor de Dragó sobre la conveniencia o no de quemar un libro que estuviera firmado por Stalin a ver que le cuenta del asuntito ese de que todos los que queman ediciones de bolsillo son unos nazis.
Pero, volviendo al tema y para terminar que ya me estoy columpiando again, a mi que un tipo use términos como "putita" públicamente para referirse a las mujeres o que defina la vagina más apetecible como "chochito rosaceo" me produce menos asco que vergüenza ajena. Sí, también siento cierta repugnancia mezclada pero, la verdad, es que creo que es Sánchez Dragó como idea (como Sostres como idea, por ejemplo) lo que me produce arcadas. Son cosas como estas las que me ponen triste y mal.
Si el texto de Dragó quería ponernos como berracos, sinceramente, es como toda la obra de Dragó un enorme fracaso: sólo de imaginar esas carnes colgantes en movimiento, esas caderas tensándose, ese bizqueo de remate y ese gritico propio de la berrea de colofón me pone los pelos como escarpias. Ya podría haberse leído, de cabo a rabo, esa novela erótica de Francisco Umbral titulada "La bestia rosa" (que va de un viejo con sexo tardobarroco y una jovencita que "lleva gafas de Ramoncín y un tiranosaurio en el hombro) y haber cogido notas con esos post-it de colorines con los que decora todos los volúmenes que reposan sobre el atril de su "negro sobre blanco". No hay color. Eso sí es literatura.
Nota del Insustancial: para ilustrar un tema tan peliagudo como este me he decantado por el grupo japonés 5,6,7,8´s formado por chicas que cantan el temazo "The Barracuda".
Nota del Insustancial: para ilustrar un tema tan peliagudo como este me he decantado por el grupo japonés 5,6,7,8´s formado por chicas que cantan el temazo "The Barracuda".