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jueves, 21 de agosto de 2008

Canon de belleza insustancial




Al parecer no he descubierto nada y resulta que las nerds, las geeks, las empollonas se están poniendo de moda. Al parecer no me he vuelto loco, las gafotas están de moda. Bien por ellas. Los gafotas no. Mal por mí. Al menos no mi fenotipo gafotas (el tradicional vaya, el garrafón) que no se pondrá de moda nunca, Brad Pitt con gafas sí, claro. No te jode.


Tengo debilidad por la inteligencia y por los detalles sutiles (voces, formas de colocarse el pelo, risas, gestos...), de hecho si una chica no tiene algo muy peculiar siempre me parecerá una belleza boba que dice mi abuela Petra. Me gusta fijarme en esas cosas, no sé, alabar unas tetas estupendas o unas piernas de escándalo me parece un poco obvio...como ponerse delante de un cuadro de Goya y decir ¡Qué obra maestra! Pues sí, claro. ¿No es evidente? ¿No te lo está diciendo el guía turístico, gañanazo?

A mi lo raro me pone, en toda su extensión...no estoy hablando de raro en el sentido de Lunas de Hiel (Roman Polanski, 1992), que también, que hay ahí un mundo afuera de lo mas weirdo, bizarre, y no se cuantos anglicismos más... yo digo lo rarito, así dulcemente, lo peculiar. Yo estoy en la fase "dame amor y, por Dios, algo de conversación o pega la vuelta porque jamás te pude comprender...". Fantaseo con chicas con las que puedo ir a comprar libros o discos, compartir la colección de cómics, incluso que hayan militado en un Club de rol...¿Que no sabes quién es Peter Bagge? pues no tienes nada que hacer conmigo. De hecho, condenado como estoy a militar para siempre entre los pagafantas, creo que lo que he generado es una especie de mecanismo de autodefensa o que me he pasado mucho tiempo trabajando en revistas masculinas y, ni fú, ni fá.


Ahí va mi ranking de las empollonas que me hacen perder la cabeza, el orden está hecho al buen tun tún o sea, que todas me parecen igualmente dignas de ser elevadas a los altares:



1. Frida Önhell, integrante del grupo I´m From Barcelona. Brutal. Estoy colgadísimo de ella. Quise conocerla en el Primavera Sound del 2006 y hasta el hotel donde estaba me acerqué para pedirle que me firmara un autógrafo y caer rendido a sus pies pero, cuando pasó a mi lado, me desconcerté, me entró un terrible ataque de vergüenza ajena y me sentí como López Vázquez persiguiendo a la sueca (que lo es) en versión moderna. Soy un mierda, ya lo sé. Si la ven díganle que estoy por ella...


2. Jorja Fox. La de CSI. No se las razones (¡Corazón loco!) pero esta actriz me gusta tremendamente mucho. Vean la serie en versión original y me cuentan si su acento neoyorquino y su voz no tienen un no se qué sideral. Además en la serie se enamora de otro pagafantas (fenotipo atormentado y algo turra) de Grissom. Me la imagino llegando a casa, oliendo a formol, pistola en ristre y...bueno...


3. Thora Birch en Ghost World. Cada vez que me acuerdo de la máscara de Catwoman me tengo que ir a confesar. Lo siento, gafapastas, con el pelo negrísimo, vestida rara y con flequillo es ir provocando al personal. Por lo menos a mi, vaya. Un icono del avant nerdismo que diría David Glamour. Además coleccionaba discos y era artista...¿Se puede pedir algo más?



4. Meg White de White Stripes. Amante de la lectura, coleccionista de arte y, encima, sabe tocar la batería. ¡Yummy!. Un pibón del quince que diría Paquirrín si pudiéramos entender lo que dice. Es un poco jaquetona, dice siempre mi hermana...¡qué sabrá ella!



5. Tina Fey de Rockefeller Center. Le dediqué este post de aquí recientemente donde hablé de este mismo tema. Vosotros mismos.





6. Danica McKellar (Winnie) de Aquellos maravillosos años. El claro ejemplo de que el nerdismo puede ser bello. La ex de Kevin se ha convertido en toda una mocita que ha posado para revistas como Maxim mientras que terminaba la carrera de Matemáticas y se licenciaba con honores por la Universidad de UCLA.



7. Lauren Ambrose de A dos metros bajo tierra. Bajita, pelirroja, voraz lectora, amante de la fotografía y del arte contemporáneo y todo en la vida real. En la ficción conducía un coche fúnebre, se ponía de cristal hasta lo ojos y le chupaba el pie a un novio suyo cantidad de díscolo.




8. Parker Posey. Actriz. La ex amante de Adam Sandler es una de las musas del nuevo cine americano, es divertida, está chiflada, pertenece al fenotipo mujer espátula (otra maldad de mi hermana Manson) y es una ávida consumidora de rock, techno, ama a McCarthy sobre todas las cosas y parece ser que, incluso, es una buena cuentachistes. Además le da a Chejov cosa mala. ¡Aparta Britney!



9. Asia Carrera. Porno Star. Los 90 fueron suyos en lo que a porno se refiere y reinó junto a la suicida Savannah (aquella rubiaca que se voló la cabeza en extrañas circunstancias) y a otras chicas del (jugoso montón). Asia fue la primera actriz porno en administrar su propia página web, es ávida consumidora de videojuegos y un cerebrito en lo que a tecnología se refiere. Ha redirigido su carrera hacia las nuevas tecnologías y, parece ser, que quiere abrir su propia empresa de soportes informáticos. Ya os advierto que no está como en la foto porque, abandonada la interpretación horizontal y recién enviudada, se ha dejado llevar por la depre. Esperamos que se recupere pronto.

10. Miss Kiddo. Personalidad cibernética. Uno de los descubrimientos del año 2008. Una personita capaz con un corazón tan negro como la empuñadura de su katana. Imprescindible en esta lista aunque sólo sea por que va en moto, me ha descubierto a Love of lesbians y Manos de Topo y también a Georges Perec y se apunta hasta un bombardeo. Un alma gemela, en todo caso.

11. Elsa. Autora del blog Reflexiones de una mujer insustancial y más cosas. Fotógrafa, escritora, periodista, bloguera, maquetadora y no sé cuantas otras cosas más la conocí cuando ambos trabajábamos en el Cuore y todavía me tiene positivamente epatado.

Pues hasta aquí puedo leer...por cierto, me doy cuenta de que no hay ni una sola rubia lo que no quiere decir qué, desde aquí, quiera yo extender prejuicios negativos (no los hay de otros, se lo aseguro) sobre ningún tipo social. Me imagino que rubias&empollonas las habrá a puñados pero no he tenido el placer. Ahí les dejo a la suya, personas.

viernes, 2 de mayo de 2008

Glandulas y escritoras/es

Me tomo como una provocación (cuasi personal) la edición de un libro erótico titulado "Lo que los hombres no saben...el sexo contado por mujeres" (Planeta).

13 escritoras nos quieren enseñar a los hombres lo que es bueno y, para ello, no han tenido mejor idea que la promo la haga Lucía Etxebarría, liberadísima escritora.

Lucía se ha unido recientemente al grupo de escritoras que se desnudan como la cubana Wendy Guerra por las cosas de demostrarnos que no tiene empacho y, lo segundo, por las cosas estas de la promoción.

Alzo los brazos al cielo y me pregunto: ¡¡¡¡¿Por qué?!!!! ¡¡¡Why, My Lord?!!!

Imagino el insondable universo literario e ideológico asentado sobre una única idea: "El hombre hetero es imbécil". Y no hay escapatoria.

Y si no tenemos sensibilidad para entender su literatura, para encontrar la ruta mental necesaria para que la prosa de Lucía (o de otras) se nos sea revelada en su mayestática grandeza; una grandeza evidente, de una perturbadora belleza, cincelada en un juego secreto de sensibilidades, decidme ahora, machitos, si seríamos capaces de provocarle no ya un orgasmo, si no un pequeño rubor.

Para la escritora el femenino es un término complejo, repleto de recovecos, de señales, de sugerencias, un mundo atávico y desconocido regido por unos códigos indesvelables. El femenino, la condición de ser mujer es en sí, un universo donde flotan ingrávidos algunos cuerpos celestes...¿A que mola?

El masculino, sin embargo, es simple. Un monolito. Algo inservible y absurdamente rígido. El masculino, la condición de ser hombre es en sí, adorar a un totem el que adoraban los monos piojosos y malolientes de 2001, Odisea en el espacio...¿A que estás pasado de moda?

Aquí dejo un fragmentito del prólogo del libro para que comparéis, gañanes...

"En general los hombres, en literatura, cuentan las cosas sin tapujos. Hablan de la polla o del agujero del culo y describen las escenas gráficamente, casi como lo haría una cámara que rodara la escena. Las mujeres hablan del miembro o del ariete, y utilizan complicadas metáforas o elipsis para dar a entender lo que sucede". (para seguir...aquí...)


Y así, también, en la vida real...claro porque ¿No es la literatura una extensión de la vida real?

Si contestais que "sí" inconscientemente leed a Chomsky o Derridá para que os saque del error o terminaréis por convertiros en unos cursis y/o letraheridos.

Si no entiendes (o no te gusta) lo que escribe Lucía Etxebarría (lo otro, es completamente libre) es que eres un hombre y si eres una mujer y no la entiendes o no te gusta es que estás subyugada a la cultura masculina que te rodea. Pobrecita mía, pero, al menos, tu podrás liberarte de las cadenas, el hombre está perdido, sentado a la puerta de su caverna, viendo seguramente un partido de fútbol o una corrida de toros, esperando que pase una hembra de su gusto para bajar, arrastrarla de los pelos y decirle al oído eso de "Uga-Uga", en plan palabras de amor.

Lo curioso es como muchos escritores españoles reducen su arte a un asunto puramente glandular sexual: Pérez Reverte piensa que escribir es una cuestión de huevos y la Etxebarría una cuestión vaginal. O sea que escriben como les salé justamente de ahí; con semejantes argumentos no me extraña que ambos estén siempre en la lista de los más vendidos.



Pensándolo bien ambos pivotan sobre tópicos sabidos: Al hombre lo mueve el ardor guerrero y el olor a hembra (él) y a la mujer la mueve una especial sensibilidad para conocer su entorno (ella).


También a reflexionar sobre la promo literaria: ellos han de mantener una pose de desencantados lobos de mar a punto de pegarse un tiro por ser incapaces de soportar la estupidez y la blandenguería que los rodea y ellas tienen que despelotarse para demostrar que están desprejuiciadas y que son unas provocadoras.



En definitiva creo, que ni Reverte está capacitado para extender certificados de hombría, ni la Etxebarría para firmarme el pasaporte que me franquee el paso al punto G (literario) de las escritoras y ya que estoy tampoco al otro que ya tengo mapa...

Me pregunto que pensarán los escritores homosexuales de todo esto.