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jueves, 16 de junio de 2011

Revolución, Involución, Movimiento, Proceso...palabras que están en nuestras manos

Necesaria nota del autor: Por el propio texto advierto que este que escribe lo hace para que, del mejor modo, se entiendan sus palabras sin que medie en su intención azuzar ninguna tendencia violenta o posicionarse en las mismas. Las menciones militares no deberán, en ningún caso, de ser tomadas como una postura ideológica a favor de una intervención armada o chifladura semejante y, simplemente, me han parecido necesarias para explicar lo que quiero explicar que creo que queda bastante claro. El que suscribe piensa que los militares y policías donde mejor están es en los cuarteles y comisarías, echando una mano en misiones de paz, haciendo acciones de salvamento y, sobre todo, sirviendo al pueblo soberano. Entiéndase, del mismo modo, que este texto no pretende ser una crítica frontal ni a personas, ni a instituciones, ni a plataformas si no una llamada de atención sobre la necesidad de hacer de todo lo acontecido en estos días una alternativa real que, en mi puta cabeza, pasa por eliminar todo aquello que es accesorio. Si, después de esto, no has entendido nada es mejor que te dediques a otra cosa y no sigas leyendo. Gracias a todos, avisados lectores. 



Por varias razones el proceso democrático alumbrado en Portugal con la conocida como "Revolución de los claveles" me parece mucho más interesante que la Transición democrática española.

El 24 de abril de 1974, a las 22:55 de la noche, suena en la onda de "Emissores Asociados do Lisboa" la canción "E depois de adeus" de Paulo Carvalho. A esa misma hora los mandos medios encargados del traslado de una nueva remesa de tropas a los conflictos bélicos de las colonias de Angola y Mozambique detienen dicho traslado y mantienen a las tropas acuarteladas hasta nueva orden. Un poco más tarde, y a través de Radio Renascença comienza a sonar la popularísima "Grandola, Vila Morena", que es la segunda señal pactada por los  militares que forman el Movemento das Forças Armadas (una organización ilegal de militares que representan a diferentes ideologías de izquierdas) para dirigir a las tropas no hacia su destino de ultramar si no hacia las ciudades más importantes de Portugal que son tomadas en cuestión de minutos sin que nadie sospeche que se está gestando un golpe de estado. Es normal, Portugal vive en ese momento bajo la dictadura de Marcelo Caetano que ha heredado desde 1968 el cargo del que fue depuesto el General António de Oliveira Salazar, y el control de ejército y servicio secreto (la terrorífica PIDE) es algo a lo que se han acostumbrado para su desgracia los ciudadanos del país.

Mientras una columna de tanques e infantería viaja hasta el centro de Lisboa para obligar a Caetano a renunciar al cargo los Capitanes de Abril discuten con los mandos que no se han adherido al golpe de estado y que pertenecen a Marina y Aviación. La posibilidad de que los barcos de guerra zarpen del puerto lisboeta para bombardear desde el Atlántico las posiciones tomadas por los rebeldes que temen, además, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la Infantería de Marina que desembocaría en un grave derramamiento de sangre.

Antes de las 14:00 horas del 25 de abril el ejército sublevado ha alcanzado la unión de los tres ejercitos portugueses y, a través del Capitán Salgueiro Maia, Caetano recibe un ultimatum: si a las 16:00 no ha abandonado su puesto tomará el palacio a la fuerza. Sabiendo que la Guardia Republicana y la PIDE es insuficiente para combatir a los sublevados Caetano pide rendirse pero ante un alto mando militar. A las pocas horas acude a su despacho el General Antonio de Spinola curiosamente depuesto por el propio Caetano con el que había mantenido varios enfrentamientos públicos y privados. Esa misma tarde el gobierno en pleno, con su presidente al frente, es puesto de camino a Brasil donde viviría en el exilio hasta su muerte en  1980.

La imagen icónica que nos ha dejado la conocida "Revolución de los claveles" es la de los civiles decorando las bocanas de las armas de los militares con claveles rojos. Una imagen tan potente que asustó al régimen de Franco hasta tal punto que, en un primer instante, se urdiera desde El Pardo la posibilidad de iniciar una operación militar contra Portugal para que, de forma preventiva, las ansias democráticas de los españoles no fueran a desbordarse o que dentro del propio ejército (existía la casi desconocida Unión Militar democrática que era muy parecida al portugués MFA) no se produjeran movimientos contra el régimen.

Pese a que el golpe de estado fue pacífico se registraron cuatro muertos en diversos enfrentamientos con miembros de la PIDE, la policía secreta del régimen, y el ejército tuvo que sofocar varios intentos de linchamiento contra ciudadanos que habían trabajado como informantes a diversos niveles de dicho cuerpo policial.

El golpe militar se tradujo en lo que es conocido como Proceso Revolucionario En Curso (PREC), un proceso político y social que tenía como objetivo la regeneración de las instituciones portuguesas y la creación de garantías para un estado democrático al estilo europeo. Se puso en libertad a Mario Soares y a Alvaro Cunhal, detenidos por el régimen salazarista, y se inició la entrega de las colonias portuguesas en diferentes lugares de África para evitar un derramamiento de sangre mayor (el servicio militar obligatorio hacía que casi el 95% de los efectivos militares tuvieran que servir en lo que ahora son países como Guinea-Bissau, Angola o Mozambique). Además de eso el camino a la democracia estuvo empedrado por cinco gobiernos provisionales, el anuncio de que Portugal había decidido abrazar el socialismo, una tensión que auguraba una guerra civil larga y cruenta azuzada por dos golpes de Estado. La situación se normalizó con otro golpe militar "blando" dado el 25 de noviembre de 1975 que fue apoyado por los partidos más significativos y que acabaron con la instauración de una nueva constitución en 1976 y la celebración de elecciones.

Por desconocimiento, infantilismo, estupidez o maldad (coja cada uno lo que le toque) se viene instalando en el discurso cada vez más desdibujado y naïf de todo lo acaecido tras la concentración del 15 de Mayo en Madrid una cierta reafirmación en la idea de que se está viviendo en nuestro país una REVOLUCIÓN. Desgraciadamente para nosotros el campo semántico de una palabra tan atractiva (tanto que forma parte de un alto porcentaje de campañas publicitarias y diversas creaciones artísticas de toda índole y signo) está plagado de términos no tan atractivos como "enfrentamiento", "violencia", "derrocamiento"...en su esencia una REVOLUCIÓN es un cambio drástico y traumático de lo conocido que da paso a otro estado de las cosas. Si puede ser, y por mantener el significado de la propia palabra, de la manera más rápida posible. Tras las revoluciones se abren, como en el caso de Portugal, procesos de discusión donde se analiza a la propia revolución y, claro está, lo que está ha generado. Es decir, muchísimo trabajo, pero sobre todo la convicción de que poco o nada de lo que conocíamos como la sociedad en la que vivimos va a quedar en pie. La REVOLUCIÓN es un cambio profundo que, por su naturaleza, no puede contar con la adhesión de todo el mundo. Es más, muchos de los que no se adhieren a ella, suelen pasar de gobernantes a presos políticos o viceversa como fue el caso de Mario Soares en el vecino Portugal.

La REVOLUCIÓN por drástica, profunda y traumática necesita, como ya digo, de que un nucleo duro de una sociedad diga "basta" y salga a la calle a protestar pero no solo a protestar; también a enfrentarse abiertamente con lo que se conoce como orden establecido que, de algún modo y aunque solo sea por no perder su posición dominante, responderá con todas las armas disponibles a su alcance. Lo que es un poco torpe pensar es que los que mandan vayan a entregar el poder a un grupo de personas por una especie de epifanía, por una especie de alumbramiento, de despertar espiritual que, en plan milagro, les haga caer la venda de los ojos para reconocerse en toda su torpeza o maldad (o ambas). No. No lo hacen.

Fíjense ustedes en ese casi depuesto dictador portugués Marcelo Caetano que ya, con todo perdido, con los fusiles apuntándole a la cabeza tuvo todavía arrestos y desvergüenza de negarse a entregar el poder a un simple capitán para solicitar que fuera un General el que viniera a coger su forzada renuncia o, como él mismo afirmo, para que "el poder no caiga en las calles". Es decir, ni acorralado, ni vencido por las circunstancias, ni rodeado por un grupo de militares y civiles quiso Caetano caer en ese gesto vil de entregarle directamente la vara de mando a unos cuantos desarrapados y quiso hacerlo frente a un general. Qué gesto más chulesco para alguien que, en ese momento, bien podría haber sido fusilado al estilo de Ceaucescu si es que la calma de nuestros vecinos no se viera derrotada ni en los casos en los que tiene una ametralladora en la mano.

¿Es lo que existe a día de hoy en nuestro país una REVOLUCIÓN? No lo es, en tanto en cuanto el metro sigue funcionando, las tiendas abriendo a su hora y la gente acudiendo a su trabajo (o a la oficina del INEM más cercana...para nuestra desgracia).

Entiendo una REVOLUCIÓN como un proceso que se traga todo lo que ocurre a su alrededor y no como algo que se pega a la chepa de lo ya existente.

La necedad de que existe la posibilidad de crear REVOLUCIONes pacíficas es un mito. Como ya escribí por ahí arriba ni siquiera una revolución tan calmada como la portuguesa pudo evitar que en menos de 24 horas murieran 4 personas y, claro está, tampoco evitar los brotes de violencia posteriores al 25 de abril.

Lo que me convence de las aspiraciones más que burguesas de todo este asunto, me refiero siempre al discurso general, es la necesidad de convencer a la gente de que estamos interesados en un cambio pero en un cambio pequeño, casi imperceptible, en una especie de reajuste de las condiciones que traerá una sociedad calcada a la actual pero solamente un poco mejor. Es esa necesidad mínima lo que, en cierto modo, me inquieta y lo que me hace augurar que, a cambio de muy poco, y si hubiera cabeza dentro de nuestra clase política tocando algunos pocos botones todo esto se desactivaría por completo. ¿Han escuchado a Esperanza Aguirre hablar a favor de las listas abiertas? Es normal, como decía mi amigo Fran hoy mismo, "Inglaterra, que es un país muy conservador, tiene listas abiertas y tampoco parece la gran cosa". Tiene razón, la idea, otra vez "buenista", de que las listas abiertas permiten a los parlamentarios votar "en conciencia" desoyendo a las secretarías generales de sus partidos es, simplemente, una falacia. En Estados Unidos ese voto libre y en conciencia que se esperaba se ha convertido en un mercadeo de lobbys y, en Inglaterra, la presencia de grupos de presión y de jefes de grupo parlamentarios que se dedican a retorcerle el pescuezo a los parlamentarios díscolos o que disienten de la voz del Partido suelen dar unos buenos resultados. Solo así se explicaría la casi unanimidad del Partido Laborista en el envío de tropas a Iraq. Por poner un ejemplo claro. ¿Alguien piensa que aquellos diputados votaron "en conciencia" o que llevaban la voz de su distrito al Parlamento o, quizás, lo hicieron presionados por un compañero de partido que les recordó que, a lo mejor, sus votantes recibirían menos dinero en obras públicas si no hacía lo que le indicaban.

Quizás sería el momento de hablar de otras cosas pero de no nombrar la palabra REVOLUCIÓN más de la cuenta si es que, de verdad, se intenta sumar a más y más gente en la lista de reivindicaciones interminables que, por cuestiones absurdas como esas asambleas donde la minoría puede vetar cualquier cosa y que son bastante sensibles a la presencia de reventadores profesionales (por ejemplo gente de los propios partidos) o chiflados de toda índole (no me quiero ni imaginar lo que un tío de ciertas asociaciones de amantes de los OVNIS y las conspiraciones puede liar), no han llegado a ninguna parte.

Mientras el proceso se eterniza en una batalla encarnizada por la NADA más absoluta camina el asunto ya hacia los páramos de lo completamente ignoto y desconocido, es más, a costa de no querer ser reivindicado ni pintado de ningún color más de un espabilado está corriendo a hacer caja de la manera más descarada como puede leerse en este atropellado artículo del siempre atropellado Quico Alsedo. Aquí

Yo me quedo con este final que nos regala Enrique Dans:  


"España firmó una transición modélica hace 35 años y la gente dejó aparcadas sus diferencias. Ahora que la sociedad ya no es unidireccional, podemos llegar a un nuevo consenso, una segunda transición. Debemos fijarnos en aquella"

Es decir, que un "agitador" (así dice Alsedo que es Dans) no se le ocurre una mejor fórmula para reconducir la situación actual abriendo una "segunda transición" que sea tan "modélica" como la primera. ¿Puede hablarse de una Transición modélica? Quiero decir, en términos que no hagan que un politólogo se le parta la caja de reírse. Solo puedo decir que Enrique Dans, un hombre bastante alejado de la imagen de revolucionario pero que, sin duda, ha sabido capitalizar parte del éxito de esta protesta-movimiento para iniciar una carrera política dentro de un conocido partido político (UPyD), opta por una solución tan sencilla como una nueva Transición. Ajá. Touché. Ya están las cartas encima de la mesa. ¿Se puede hablar de regeneración cuando alguien quiere devolvernos a la segunda mitad de los 70? ¿Eran las condiciones en las que se produjo esa Transición las mismas que las actuales? ¿Por qué alguien que quiere cambiar las cosas y que se ha convertido en un abierto crítico de la clase política querría, con la que está cayendo, hacer tantas señales de quererse embarcar en la misma? ¿No tienen ustedes la sensación de que Enrique Dans es una persona que le está haciendo señales desesperadas a un taxi en una calle para que pare y pueda montarse?

Dejemos a Dans que está muy entretenido montándose su nuevo y flamante chiringuito, su propio asalto a los Palacios de Invierno, miren como toma carrerilla mientras en nuestras cabezas suena la banda sonora de "Carros de Fuego". Yo digo alto y claro: No nos representan y este aún menos.

Entiendo que, entre todas las voces, y por pura agonía lo que se postula como una REVOLUCIÓN comienza a convertirse pues en un proceso absurdo en el que se reivindica, como en "El Gatopardo" que "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Raro.

Eso por un lado. En el otro lado de la cuerda existe el convencimiento de que esto es una batalla entre el BIEN y el MAL. Es por eso que adherido a las reivindicaciones propias haya crecido la rémora del lenguaje espiritual-religioso-newage tan molesto que se centra en eso que se ha dado en llamar como "despertar conciencias". Corren por las calles los paralelismos entre "Matrix" y lo que está ocurriendo. La ultraderecha americana conspiranoica ya ha utilizado esos mismos términos tan atractivos de las conciencias dormidas para hablar de sus maguferías y, como por arte de magia, estas aparecen en los discursos sobre el 15M de una manera tácita y sin que a nadie se le mueva una pestaña al escuchar semejantes barbaridades. Por no ponerme pesado con la dialéctica diré que eso de "despertar conciencias" es de una profunda vaguería intelectual aunque solo sea porque emite el deseo de que la gente, toda a la vez y a la misma hora, abra los ojos y caiga en la cuenta de que las cosas tienen que ser más buenas y más justas. Es decir, se acude al deseo de que ocurra una especie de milagro, una epifanía civil colectiva en la que la gente, sin necesidad de leer o informarse, dirima de manera perfecta sobre lo justo o injusto. ¡TACHAN! ¡TODOS SALVADOS! ¡TODOS BUENOS! Como decía Neo: ¡YA SE KUNG-FU!


Pues no. Creo que es por eso por lo que en las asambleas se ha instaurado la necesidad de que todas las reivindicaciones sean tomadas en cuenta sólamente si se vota de forma unánime, si todo el mundo está de acuerdo. Pues no. No todo el mundo puede estar de acuerdo y eso es sano.

Caigamos en la forma en la que el Subcomandante Marcos (por poner un ejemplo cercano) contaba sobre la manera en la que los Zapatistas aterrizaron en Chiapas. Marcos aludía a una forma responsable e irresponsable de hacer las cosas. La irresponsable era, cláramente, más fácil. Solo tenía que aunar el dolor de aquellas personas y armarlas hasta los dientes sin explicarles nada más. La responsable, la que el zapatismo eligió, fue la de la formación política.

Entiendo que, para convencer a la gente de algo, se necesita INFORMAR a la gente de las cosas. INFORMAR a la gente bien sobre las cosas. Ser un pesado y explicarles todo el rollo económico en el que se metieron en su momento, explicarles los porqués de la situación actual y, más que eso, enseñarles que muchos de los males heredados por nuestras instituciones tienen que ver con que fueron, directamente y por mucho punto idílico que le ponga Mr. Dans, directamente construidas sobre las bases podridas del Franquismo. Heredamos una policía y un ejército que dio un golpe de Estado (y varias intentonas) y, claro está, nuestros primeros dirigentes (UCD) venían directamente de los cuadros intermedios del antiguo régimen.   No es un proceso rápido, no es un proceso agradable, es un proceso que requiere trabajo, esfuerzo y, sobre todo, paciencia. No es el caso. Sí vale, lo dijo Jim Morrison "We want the world and we want it now" pero, la verdad, no se tomó La Bastilla porque toda Francia cayera en la cuenta de que el rey era malo y nada más.

Es decir, a lo que voy, los cambios profundos requieren una implicación real y profunda. Requieren esfuerzo, trabajo y, claro está, que a la gente se le informe claramente de las consecuencias que pueden tener sus acciones. Si le pedimos a nuestros políticos que se bajen del caballo, que se acerquen a la gente, que no tomen sus decisiones a la gornú, es necesario que, la gente que sueña con estos cambios, que se implica directamente en un proceso de esta índole no se le cuente la milonga de que todo es cuestión de desear las cosas muy fuertes, de que se produzca el milagro de la revelación democrática y, sobre todo, de que todo esto conlleva, o podría conllevar, sangre, sudor y lágrimas. Es decir: que el poder se defenderá y se podrán producir hechos mucho más graves y cruentos que los que hemos visto en Barcelona, Madrid o Valencia.

Sigo pensando que es una completa y absurda inanidad lanzar a la gente a demostraciones de pacifismo azuzadas por consignas sobre moral y espiritualidad y no añadir un "pero por si acaso, llévate un casco y un pañuelo para la boca para defenderte de gases lacrimógenos y porras y, por si acaso, ten en cuenta que es posible que te detengan aunque no estés haciendo nada y pases unas cuantas horas o un par de días detenido en una comisaría". No se trata de "no asustar" si no de regalar la misma honestidad informativa que exigimos a los gobernantes. Es posible que la fuerza moral esté en la calle pero, amigos y amigas, las porras y las defensas de plástico, los botes de humo y las bocachas que lanzan pelotas de caucho las llevan otros y esos no juegan en nuestro equipo.

Repasando el eje de la algarada callejera llegamos, claro está, a la inserción icónica de "V de Vendetta", esa adaptación cinematográfica del cómic de Alan Moore, que tan mal entendida está siendo. Lo es por una sencilla razón: V y Evey luchan solitos contra el sistema dictatorial dirigido por Adam Sutler. Mientras tanto, los ciudadanos se mantienen encerrados en sus casas mirando el espectáculo, disfrutando del nuevo héroe que les está poniendo la salvación en bandeja sin que tengan que intervenir mucho excepto cuando la batalla parece ya completamente ganada y, por fin, el mutante tras la máscara va a volar el Parlamento Inglés. La romántica imagen de que la REVOLUCIÓN o, si quieren, el cambio puede hacerse de forma tranquila está latente en la producción de Hollywood en la que solo vemos morir a una niña con gafas. Ya ven. Todo el entramado político y militar de una dictadura se tambalea con la simple aparición de un tío vestido de opereta que solo quiere salvar el alma de la pobre Evey que se niega a tomar partido en todo el asunto hasta que las cosas se ponen realmente feas. ¿Se han dado cuenta que todos los fans del film pasan de puntillas por el hecho de que Evey es tratada bastante mal para perder sus miedos y se centran en los atentados de V? ¿No será intencionado el hecho de olvidarnos del dolor para centrarnos en la imagen que, al fondo, representa el triunfo de todo lo que creemos justo y, encima, sin mover un dedo?

Creo, de verdad, que es necesario informarse más antes de aludir a dos películas ("Matrix" y "V de Vendetta") como todo argumentario. Y hablo, claro está, de la generalidad del asunto y, en ningún caso, de lo que entiendo son reivindicaciones completamente justas, claras y cargadas de buenas razones solo que estas, que son las que yo creo necesarias, se han visto completamente rodeadas de un cúmulo de rémoras dialécticas que en nada benefician al fin último del asunto.

Si no queremos que todo esto se venga a pique, si no queremos que todo esto no sirva para nada, sentémonos por una única vez a organizarnos bien, a dirigir nuestros esfuerzos a actuaciones concretas, a entender nuestro entorno y la sociedad de la información en la que vivimos, a utilizar términos adecuadamente, a buscar interlocutores válidos y, en definitiva, a jugar la necesaria baza de ganarle al poder en su propio terreno.

No quisiera largarme sin decir que es erróneo pensar que vivimos en un estado NO DEMOCRÁTICO. La prueba de ello es que, en estos días, muchos cargos elegidos directamente en las urnas están tomando posesión como ya saben ustedes y que, salvo en sonrojantes ocasiones, el tongo electoral se encuentra bajo mínimos. Líbremente muchos ciudadanos han expresado su opinión en las urnas (de manera equivocada o no, eso solo lo podremos saber cuando se haya consumido la legislatura) y han elevado a sus políticos preferidos para que gobiernes Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Esto es así. Vivimos en una democracia donde el sistema de elección funciona bien, otra cosa es que sustente instituciones o cargos que no nos gustan o que pensamos que hay que cambiar con toda lógica aunque solo sea porque lo que hemos heredado ni siquiera lo elegimos nosotros. La idea, como ya digo, es que de aquí a la celebración de unas elecciones generales seamos capaces de articularnos en algo que pueda cambiar las cosas de manera REAL. Olvídemonos de lo accesorio, depuremos el discurso, limpiemos de broza el camino, apartemos todo lo viejo, todo lo que no vale y recordemos que estamos preparados para tomar la rienda. Eso es lo importante. Nadie ha dicho, o eso creo, que se PUEDE GOBERNAR SIN MORAL PERO NUNCA JAMÁS SIN VOTOS. Si ustedes, si yo, si nosotros, no ejercemos nuestro derecho a votar, no nos implicamos, no nos movemos en una dirección clara, si no nos expresamos contundentemente sobre las cosas que nos afectan directamente el grito de "no nos representan" se traduce en una única verdad: quieras o no te representan de facto, quieras o no tienen la sartén por el mango, tanto si les votas como si no van a gobernar porque habrá otros que los votarán. Es muy sencillo de entender: LA DEMOCRACIA ES REAL SI SON REALES LAS ALTERNATIVAS. ESTÁ EN NUESTRA MANO. PERO CONLLEVA UN VERDADERO ESFUERZO Y NO TODO EL MUNDO ESTARÁ DE ACUERDO.

Por retomar el comienzo de este artículo me gustaría resaltar las palabras del Capitán Salgueiro Maia, héroe de la "Revolución de los claveles", palabras dirigidas a la tropa de la Escuela Práctica de Caballería de Santarem de donde salió la columna de tanques que tomó Lisboa:


"Señores míos, como todos saben, hay diversas modalidades de Estado. Los estados sociales, los corporativos y el estado al que hemos llegado. Así, en esta noche solemne, vamos a acabar con el estado al que hemos llegado. De forma que, quien quiera venir conmigo, vamos para Lisboa y acabemos con esto. Quien sea voluntario, que salga y forme. Quien no quiera salir, se queda aquí".

Está en nuestra mano. 

martes, 24 de mayo de 2011

Debacle y Restauración




La victoria del PP en Extremadura bien puede tomarse como el claro ejemplo de por qué el PSOE ha fracasado de manera tan ruidosa en los comicios celebrados ayer mismo. Un histórico militante de la formación de Ferraz, hace ya como un par de años, me advertía en una charla amistosa sobre las posibilidades reales de José Antonio Monago de arrebatar la presidencia de este feudo histórico de la socialdemocracia a Guillermo Fernández Vara. 

No tenía nada claro como el sucesor de Ibarra, que había arrasado en su primera participación en unas elecciones sacándole una histórica ventaja de 25 puntos a su adversario Carlos Floriano (un político que pasó de ese fracaso a ocupar un puesto en el gabinete de comunicación de guerrilla estratégica comandado por Pons demostrando que la política española es la única en la que un fracaso puede convertirse en un ascenso dentro del propio partido), iba a desmenuzar esa cantidad enorme de votos en tan solo dos años a lo que me contestó más o menos así: "Monago es un populista que hará una campaña a pie de calle, visitará cada pueblo pequeño, cada rincón desbordando campechanía y buenas maneras. Lo hará ganándose a la gente y rompiendo con la típica imagen de señorito de cortijo alejado de la realidad que ha mantenido el PP en esta comunidad autónoma. Va a sacar al PP a la calle y le va a dar cercanía. Va a jugar al mismo juego que Fernández Vara y que el PSOE han explotado en todos estos años, va a sacar réditos de la misma estrategia, aunque sea un derechista convencido va a bajarse del caballo y va a salir de la finca. Va a plantar cara de verdad". 

Pese a que el análisis me pareció, en ese momento, de lo más catastrofista (hasta hace unas pocas horas parecía imposible un vuelco así en Extremadura) lo cierto es que dio en el clavo. Monago ha jugado esas cartas y le ha salido bien frente a un candidato que, con todas las de ganar, ha pensado desde que se aposentara en Mérida para dirigir los designios del gobierno extremeño que lo mejor era mantener una imagen pública de hombre de izquierdas pero menos al estilo de José Bono o José María Barreda. 

Que un dirigente socialista se exprese públicamente con tibieza sobre asuntos morales o, incluso, se alinee con algunas de las tesis del PP no deja de ser un detalle nimio y sin importancia en un escenario de bonanza económica. Cuando el mar está tranquilo y estás en cubierta disfrutando de un solecito de escándalo a nadie le importa quién maneja el barco, bien puedes tener el timón a recaudo del más tonto de los marineros que, sin duda, pensarás que la calma chicha lo acabará aburriendo y que la embarcación no se moverá peligrosamente más que unos pocos grados a estribor o a babor...se puede jugar a la tibieza cuando las cosas están tibias pero, sin duda, es absurdo intentar mantener esa imagen de socialdemócrata de perfil amabilísimo que se confunde con el de un conservador de perfil amabilísimo cuando arrecia la tormenta económica. En ese caso, a tu electorado, no le estás dando razones para que te mantenga al timón si no, más bien, le estás dando la coartada para que monten un motín a bordo y elijan a otro capitán aunque solo sea por una sencilla razón: ya que los dos son iguales veamos qué cosas puede aportar el nuevo, probemos a ver que tal capitán es y si es capaz de poner en práctica todo aquello que dice. 

Hay, sin duda, una cierta intención del PSOE de cazar a un unicornio, a un ser mítico, llamado "descontentos de la derecha". Ni siquiera la irrupción de esa marca blanca y personalista llamada UPyD que parece la depositaria de esos votos les ha hecho desistir de la posibilidad de aumentar su margen electoral no entre los ciudadanos que se consideran, en mayor o menor grado de izquierdas, si no entre una nebulosa de indecisos votantes que, teóricamente, cada cuatro años se levantan para ir a votar sin saber a quien van a votar. En cierto modo la socialdemocracia más tibia ha sido fuerte dentro del aparato del partido y ha ido insuflando estas tesis baratas sobre la necesidad de no plantarle cara a las reivindicaciones de la Iglesia católica o de abrir la mano un poquito más todavía a banqueros y grandes empresarios. 

En cierto modo el PSOE parece haber llegado a la conclusión de que contaba con una serie de votantes fieles que, en un momento, se sentirían amenazados por la irrupción del PP y correrían a echar su voto a la urna como salvavidas ante una nueva derechización de España mientras han alimentado la derechización dentro de sus filas sin entender que, a lo mejor, debería de haber movilizado con más brío, decisión y gestos de izquierdas al electorado de la misma ideología. 

Repito: ante candidatos que ofrecen lo mismo y en una situación de crisis tan grave lo normal es que el elector se decida por una cara nueva cansado ya de que, los que parece que no van a arreglar nada, puedan incluso empeorar aún más la situación. 

Sin duda esta última legislatura del PSOE no ha sido fácil. La economía ha entrado en estado de catástrofe, se enfrenta a un panorama mediático sonrojante donde casi todos los medios se le han puesto en contra y no ha sabido comunicar bien ninguno de los éxitos que consiguió en estos ocho años. Ni siquiera los más básicos. El PSOE se ha mostrado como un partido francamente débil en aspectos importantes y no ha jugado ni una carta de forma inteligente desde hace ya demasiado tiempo ni siquiera dentro del propio partido. Actualmente, y mucho más con esta derrota, ha aparecido como una formación en crisis incapaz de gestionar con verdadera sangre fría la aparición del movimiento 15M y la acampada de Sol y de distanciarse del peligroso discurso de "disolución de las manifestaciones" que ha mantenido claramente el PP.

Si algo nos han mostrado estos días de ruido es que, por alguna razón que a nadie puede escapársele, lo cierto es que estamos enfrentados a una clase política que es incapaz de entender que la realidad afecta al discurrir de la política, que trabaja para nosotros y que siempre reacciona mal y con gesto de estupefacción, indolencia o absurdo ante la más mínima protesta de la ciudadanía y, aún peor, cuando esta toma ya un carácter informativo importante.

Para el PSOE no hay excusas puesto que ha fracasado en la única tarea a la que se encomienda en todas las elecciones a las que se ha presentado desde que abandonara el barco Felipe González: remover al electorado. No es que el electorado de izquierdas (socialdemócratas) se vaya al campo, es que simplemente prefiere no votar cuando se trata de seguirle a un juego a un gobierno que parece no estar al tanto de la situación y que ha perdido el fuelle del ideario neoprogresista que se había marcado en la agenda.

Para el PP, mientras tanto, la fórmula de la campaña de la negatividad le ha venido al pelo no ya por la situación del país, si no por el apoyo incondicional de los medios cercanos a Génova que se han movido, como siempre, rápido y saliendo a cada ataque para evitar el desgaste del propio partido lanzando, en plan ciclista, a toda la plana mayor de gregarios y aguadores que tiene en cartera y que ya se olisquean que, casi con toda seguridad, pueden acomodarse en un puestecillo de ser Mariano Rajoy el próximo presidente del Gobierno. Desde los tiempos de Aznar el PP se ha bebido, literalmente, todos los manuales de los grandes organizadores de campaña norteamericanos y ejerce con alegría ( y peligrosa inconsciencia en muchos sentidos) de pirómano encenciendo fuegos donde no los hay y azuzando los que ya están encendidos. La premisa es clara: desmovilizar al electorado y no hay nada que desmoralice y desmovilice más al personal que ese claro mensaje de que, en realidad, ir a votar o no da igual porque todos los partidos políticos son completamente iguales. Si el partido republicano norteamericano sabe que su electorado es fiel y que acude a votar contra viento y marea al PP no le ha faltado tiempo para entender esta misma raiz del voto conservador. Por lo tanto, solo tiene la labor de procurar que el menor número de votantes de izquierdas (socialdemócratas o en la estela de IU) se acerquen a las urnas el día de las elecciones. Si quieren ustedes empaparse bien de este tipo de teorías les recomiendo fervientemente que lean "¡Arriba Simba! Siete días en la campaña de un anticandidato" incluído en "Hablemos de langostas" (Mondadori) de Robert Foster Wallace en el que el fallecido escritor americano cuenta su experiencia en la campaña por la candidatura de McCain en el año 2000 y como intentó, de forma fallida, jugar al mismo juego que su adversario George W. Bush.

Fuera de otra valoración, y como ya contaba por ahí arriba, la irrupción de partidos que no van de partidos (Ciudadanos, UPyD) ha beneficiado al PP en tanto en cuanto movilizan a sectores de votantes que, o son indecisos, o son una especie de votantes que ansían una especie de partido al estilo del UCD de Suarez, una formación teóricamente apolítica y equidistante de izquierda y derecha, una especie de "voto útil" para mantener una pretendida "paz social". Pese a los rosas, los actores, la palabrería y los claros toreos ideológicos al progresismo y al conservadurismo, pese a esa apariencia de partido nuevo y recién amueblado reside en estas formaciones, posiblemente, lo peorcito de eso que se llama "Espíritu de la Transición"; aunque solo sea por esa incapacidad de asumir que en política no existe ni lo "apolítico", ni lo "centrado", ni mucho menos la falta de ideología. Aunque solo sea porque la ideología es una suma de ideas sobre la conformación del Estado o del orden de las cosas. ¿Se imaginan que alguien llega a presidente/a del gobierno/a y no sabe si declarar el estado socialista o el estado del neoliberalismo? ¿Y si decide una cosa un año y, al año siguiente, decide otra?

Si el bipartidismo creciente en estos últimos años ha sido algo así como un cáncer (el bipartidismo solo es posible en otras formas de gobierno, en otras democracias, donde la disciplina de partido no es tan ferrea como en nuestro país...aunque haberla, la hay, no se crean que la gente es gilipollas, échenle un vistazo a "El lado Oeste de la Casa Blanca" o a la serie "Castillo de naipes" y sabrán de lo que hablo) la irrupción de una tercera fuerza como UPyD o con esas mismas señas de identidad pretendidamente "apolíticas" es ya, de hecho, lo que se podría entender como la aparición de una nueva "marca blanca" política...y nada más. Un accesorio que vendrá bien hasta que uno de los partidos mayoritarios absorba a esos votantes de nuevo ya sea por pura frustración o por una de esas alianzas políticas españolas en las que el partido grande se declara "Casa común de la izquierda" (para absorber al ala más conservadora del PCE) o en "Gran Partido conservador nacional (para absorber con la misma alegría a democristianos o a la extrema derecha).

En este orden de cosas las aspiraciones de IU de convertirse en la tercera fuerza política nacional han sido sustituidas por la recaptura del voto perdido (que en las anteriores elecciones cayó en el saco del PSOE) y el afianzamiento en la nimiedad y en la triste sospecha de que, en nuestro país, ante la duda no se vota más a la izquierda ni aunque estemos viendo entrar al ejército rojo (reconstituido) por la Puerta de Alcalá. Si en el periodo de la Transición la derecha se encargó, con mucho mimo, de desactivar al PCE de la manera más burda beneficiando a las formaciones nacionalistas burguesas (PNV y CiU) con una ley electoral que venía de Bélgica (la famosa Ley D´Hont) pese a saber que, a lo mejor, le crecían los enanos con el nacionalismo menos amable (Herri Batasuna)...ya pueden ustedes imaginarse el miedo que estos señores le tenían a Santiago Carrillo...fue el PSOE el encargado de imprimir a fuego un argumento que, peligrosamente, se le ha vuelto en contra de cuando en cuando: "La izquierda está trasnochada porque no entiende las razones de Estado, no entienden que hay que estar en la OTAN, no entienden la economía de mercado, no entiende quienes son nuestros aliados naturales y, claro está, no entiende que hay que estar en Europa". Desde aquel famoso Congreso de Suresnes en el que González tomó el poder de la organización y viró del marxismo a la socialdemocracia para convertirse, olisqueando el viento de cambio, en una fuerza real de gobernabilidad lo cierto es que se ha dedicado primero a darle zarpazos a los viejos dirigentes del PCE (que se habían desangrado literalmente durante el Franquismo) y, más tarde, a intentar atraer a todos los Secretarios Generales de dicho partido o de la coalición postrera (IU) hacia sus aguas con la promesa de convertirlos en la voz de la izquierda dentro de la propia izquierda regalándoles ese puesto tan raro de Pepito Grillo. Ni que decir tiene que, por la extraña conformación ideológica del PCE, no ha sido difícil para nadie (ni siquiera para el PP en tiempos de Julio Anguita) hallar la forma de hacer volar, desde dentro, a la dirección del partido.


Como ya saben, y mientras todas esas cosas se sucedían, estallaba en el centro de Madrid un movimiento ciudadano llamado Democracia Real Ya que tuvo el éxito de capitalizar el mosqueo generalizado ante la crisis económica y los problemas que ha creado. El mosqueo general, ni que decir tiene, que al ser general tiene tantas peculiaridades y que lejos de ser homogéneo u ortodoxo es más un grito general que reúne a muchos gritos. En ese saco del descontento están las familias de clase media que jugaron a ser inversores y especuladores en el terreno inmobiliario desconociendo el truco del asunto y que han hinchado el mercado encontrándose con una situación económica de la que han sido partícipes de forma directa, los que están convencidos en gran medida de que esta situación es absurda y que hay que redirigir y reorganizar el estado (sistema de elección, control de los políticos, control del poder judicial, aumentar la capacidad de decisión del ciudadano en los órganos administrativos etc.) y también esa masa colorista y difusa de militantes de una pretendida extrema izquierda que igual te hablan de animalismo militante que te dan cuatro soluciones para que el tofu sepa a estofado de carne. No me cabe duda que, si he de incluirme en uno de esos grupos, opto por los del medio porque, en realidad, son los que llevan consigo el espíritu de esta protesta ciudadana.

Entiendo, dolorosamente, a los que han despertado a las maldades del capitalismo cuando estas maldades se han cebado sobre ellos pero, del mismo modo, entiendo que todos tenemos que aceptar que hemos participado en mayor o menor medida de ese absurdo intento de enriquecimiento ilícito, que muchos han disfrutado de la quimera del neoliberalismo, que mientras que ha habido créditos y dinero se han olvidado cosas básicas como, por ejemplo, entender que la política no va por un lado y la economía por otro y, más allá de eso, que hay que mojarse en cualquier circunstancia y ejercer de modo responsable como individuos (e individuas). Es una parte de esa masas descontenta, esa clase media difusa que se ha trasladado a vivir a las afueras de las grandes ciudades la que ha vivido pastueñamente las lindezas del subidón del ladrillo desconectando poco a poco de la realidad e instalandose en la comodidad del silencio y del "aquí todo el mundo se ha hecho rico". Me pregunto cuáles eran las opiniones de muchos de ellos cuando la gente se movilizó para tener una vivienda digna o cuando algunos intentaron advertirnos de lo que se nos iba a caer encima con tanto fondo de alto riesgo y tanto jugar con el precio de la vivienda familiar.

En cierto modo, somos responsables de no haber sido responsables. Somos responsables de habernos dejado engatusar por contradictorios mensajes como "la vivienda nunca pierde su valor" o "hay que invertir...puedes pedir un crédito" mientras que hemos perdido nuestra capacidad para sacar las uñas en momentos determinantes.

Evidentemente tampoco quisiera participar de un grupo de ciudadanos que, por pura lejanía, prefieren hablar y hablar sobre lo mal que está todo y no hacer nada al respecto. No entiendo como, con la que está cayendo, alguien tiene el santo cuajo de proponer (lo he escuchado) absurdeces como una regulación sobre el consumo de carne o, peor, la necesidad de que la gente no se vacune (¡Polio ven a mí!) entorpeciendo lo que es una llamada a la acción para establecer otro tipo de juego democrático más cercano a las necesidades de un país cuyos habitantes ha decidido que ya está bien de que lo pastoreen o lo traten como a un menor de edad balbuceante. En el fondo de la cuestión, creo que están las razones por las que el bando republicano perdió la contienda civil: unos querían vencer y otros hacer la revolución mientras vencían. Mientras tanto el enemigo puede sentarse a tomar un café en lo alto de una loma y ver como dos facciones teóricamente amigas se despedazan o se pierden en discusiones absurdas.

No quisiera dejar a nadie con la sensación de que el movimiento ciudadano me parece mal, simplemente creo que es ridículo mezclar churras con merinas y que es erroneo lanzar cuatro mil mensajes diferentes para no llegar a ninguna conclusión. Simplemente me molesta que se diluya una protesta más que razonable en medio de un circo de brindis al Sol.    

Por otro lado creo que es erronea esa idea de que "esto no es de nadie". No, ni mucho menos. Protestas como las de Sol (y las de toda España) son de todos porque si no las reclamamos como propias, finalmente, acabarán por apropiárselas otros que nada tienen que ver con el asunto o que querrán arrastrar el ascua a su sardina haciéndose portavoces de lo que comenzarán a llamar "el espíritu real de la democracia real" o cualquier idiotez que se les ocurra. Tendríamos que ser conscientes de que, visto lo visto, un político puede ser un inmoral y seguir detentando cargos públicos y que nuestra única fuerza es echar el voto en la urna para cambiar las cosas.

Me sorprende, por tanto, que el asunto de la corrupción no haya pasado factura al partido ganador bien sea porque el electorado medio de su formación va a votarles aunque presenten a un mono yonqui y borracho, bien porque judicial y mediáticamente han jugado la carta de la maraña y el engaño de forma hábil hasta el punto de que asuntos como el espionaje en Madrid han quedado completamente olvidados o el hecho, inefable, de que la ciudadanía española tiene la conciencia de que el político estafador realmente no los estafa a ellos si no que estafa solamente a aquellos que les quieren sacar algo a cambio de un dinerito. Ante casos como el de Valencia, por decirlo muy claramente, este servidor de ustedes tiene la sensación de que, en realidad, se encuentra no en una democracia irreal si no en una democracia tan inmadura que es incapaz de entender que aquel que maneja el dinero público lo tratará con los mismos pocos miramientos con los que trata un asuntillo de recalificación de terrenos.

Más allá de eso nos encontramos con una ciudadanía que se encuentra muy pez en lo que a la política del Estado se refiere y que no tiene muy clara la misión de este. Desconociendo el caso de otras comunidades autónomas me sorprende que, pese a la política de privatizaciones y al disparado gasto público la distancia del PP con el PSOE no haga más que crecer. ¿Nadie entiende que cuando hay agujeros en los presupuestos se debe a que los que los gestionan lo hacen mal? ¿Nadie ha entendido las consecuencias de que nos hagan pagar por un sistema sanitario que ya sustentamos con nuestros impuestos? ¿Esos tuneles? ¿Esas obras para unas olimpiadas que jamás se van a celebrar?

Hoy más que nunca se hace palpable la necesidad de que entendamos como va el sistema, que nos preocupemos de como van las cosas, de que pidamos explicaciones a los que nos gobiernan porque podemos hacerlo, porque son funcionarios públicos y nada más que eso que tienen que responder ante nosotros pase lo que pase. ¿Como se sentirían si les invitaran a jugarse su propio dinero ante una mesa de Black Jack sin saber como son las reglas básicas del Black Jack? ¿No les parecería estúpido que fuera el croupier el que les contara como va todo mientras se va quedando con sus fichas? ¿No tendría la tentación de que, aunque ustedes fueran ganando, decirles que van perdiendo por aumentar los beneficios del casino?

Podemos hablar de estas elecciones en términos muy claros y asegurar que el PSOE ha sido castigado por la situación económica actual y por su falta de decisión en los momentos claves demostrando una especie de absurda inconsistencia que les ha impedido actuar sobre nada o cediendo terreno ante el poder económicos. Esa ha sido la clave, que no han sabido hacer nada bien, que se han perdido apareciendo como lo que no eran, que no han sabido encontrar su identidad mientras que, en el otro lado, solo han tenido que azuzar todo el asunto para que la cosa le beneficiara. Miren a Mariano Rajoy, no ha tenido ni que decir nada en campaña...nada de nada...daba igual porque el PSOE caminaba tranquilamente hacia el precipicio.

Mientras tanto, unos cuantos arribistas van minando el espíritu de las protestas dividiéndose entre los que querían que #nolesvotes se convirtiera en un trampolín de UPyD y en el gérmen de las protestas para ver si sacan réditos del asunto y mañana les dan un telefonazo vendiendo humo y unas cifras que son completamente absurdas e inconsistentes por razones tan obvias que no vale la pena ni discutir aplaudiéndose así mismos por unas victorias que ni han peleado, ni han conseguido. ¿Ven? Si nadie reclama #nolesvotes al final vienen unos y se lo quedan discurseando sobre absurdeces. ¿De verdad alguien cree que toda esa abstención se debe a ellos? ¿Que le han limado votos al PP? ¿Que han derrotado al PSOE? Es el problema que tienen los que se dedican al marketing y a capar sus páginas tan libres y tan bien informadas...que al pasarse a la política se piensan que todo el mundo es idiota. En realidad, dicho asunto hubiera sido un éxito si se hubiera producido un voto masivo a partidos minoritarios...

Fíjense que bien le ha ido a BILDU que, sin necesidad de tanta alharaca, se ha convertido en una nueva fuerza consistente en Euskadi y Navarra. Esos si que han sabido capitalizar el voto del descontento, si que han sabido moverse para recuperar a sus votantes y unir a ellos un claro voto de castigo. Detrás de todo ello, deben de agradecerle a la campaña del PP contra dicha formación que los haya hecho tan simpáticos ante unos grupos demográficos de votantes que, normalmente, no se levantan a votar. Si de #nolesvotes hubiera salido una fuerza mayor, una opción real que no fuera declarar que la tercera fuerza más votada ha sido el voto en blanco y la primera la abstención, si alguno de esos voceros cancamuseros fuera capaz de andar y comer chicle a la vez posiblemente entendería que lo coherente hubiera sido impulsar el voto, sacar a la gente a la calle y hacer que la gente optara por soluciones y no por un continuismo de color rosa...porque el continuismo da igual de qué color se pinte.

Hablaba la noche de las elecciones con mi amigo Alex. Es extremeño como yo (de ahí que sepamos tanto de dicha comunidad autónoma) y es una de las personas más coherentes que conozco a la hora de hablar de política pese a que me molesta que sea tan tibio con ciertas cosas. Su conclusión no podía ser mejor: "es bueno que venga la derecha, que la izquierda se apee del burro y que trabaje en otro campo diferente, es bueno que el español de a pie pruebe un poco de las soluciones que va a proponer el PP y que este enseñe sus cartas de aquí a que lleguen las elecciones generales. A partir de ahí, si previsiblemente gana, podremos ver si tienen la llave de la máquina que hace el dinero, si son capaces de rebajar el paro y si dejan de criticar para ponerse a trabajar de una puñetera vez. El juego es este y así está marcado. Mientras se cambia los que tienen que ponerse las pilas que se las pongan y los fulanos como nosotros podremos seguir pidiendo soluciones y exigiendo que las cosas mejoren que es lo que nos toca...si no es así, lo mejor es que la gente los eche y vengan otros que lo hagan mejor si pueden y, si no, pues nos vamos todos a cagar a la vía y santas pascuas...¿no te parece? Es sano que la gente pruebe de su propia medicina aunque esta sea de copago. Es emocionante saber que la caja de las soluciones del PP se va a abrir, es como uno de esos sobres sorpresa que nunca sabes que tienen dentro...me huelo lo que me huelo pero, lo cierto, es que lo del PSOE era ya insostenible y que la gente aquí, ni de coña, va a votar más a la izquierda de forma masiva. No estamos tan preparados".

A mi me parece un cierre de lo más emocionante. Un saludo y gracias.