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martes, 8 de abril de 2008

Estupideces y dobles raseros (II): Cuando los críticos se clavan.




Hace poco escribía aquí sobre lo agradecidas que son las malas críticas refiriéndome a un artículo de Risto Mejide recogido en el diario ADN en el que despotricaba sobre lo aburrida que era hacer promoción de su propio libro y el poco nivel de los profesionales que habían ido a entrevistarlo.




Hoy, por sorpresa, leyendo la edición digital de El Mundo me he sumergido en el blog de Quico Alsedo (Sexo, drogas y rock&blog) y me he encontrado con esta entrada titulada: "Baricco se come a Leonor Watling". Que, si no quieren leer, va sobre la actuación de Leonor Watling (y un poco menos de Marlango) que puso música a unos textos leídos por el escritor italiano Alessandro Baricco (Seda, Anagrama) dentro de su participación en el IV Festival Palabra y Música celebrado en Gijón. Comienza así:




"7 de abril.- Leonor Watling es la Ana Belén de su generación. Una intensa de cuidao. Siempre de negro existencialista, mamá, Leonor quiere ser artista. Y es tan madura, tan aplicada, taaan DIVA... Fluye un poco, mujer, fluye.
Ayer, en Gijón, Watling dio un pasito más hacia el olimpo de las cantantes/actrices pajaronas. Porque sí, amigos, Leonor es ahora musa de Alessandro Baricco. Y la vida, ay, va dejando de tener secretos para ella. Aprovechando que andaba por las Asturias (rearme moral), me acerqué este fin de semana a la edición gijonesa del IV festival Palabra y Música, coorganizado por una periodista de esta casa, Silvia Grijalba".




Si no les queda claro de que a Quico Alsedo no le gusta un pelo Leonor Watling, que es posible que haya quien tenga dudas, les pongo un trocito de una entrada (completa aquí) del 31 de Marzo del mismo blog y que versa sobre la colaboración musical de la actriz inglesa Zooey Deschanel y Matt Ward:




"Ella se llama Zooey Deschanel. Es actriz y canta, pero olviden a las petardas de Leonor Watling y Scarlett Johansson, ese par de peluqueras. Zooey se llama Zooey por la genial novelita de Salinger, aunque no consta si la ha leído o no".




Yo desconfío intelectualmente de la gente que utiliza la palabra "novelita" para referirse a "El Guardián entre el Centeno" de Salinger y también personalmente de las personas que dudan de la capacidad intelectual de terceros ("no consta si la ha leído [la novela] o no"). Lo primero me parece una llamada de autoafirmación en eso de estar a contracorriente ("bah, si todo el mundo alaba esa novela es que no es tan buena..." confundiendo lo minoritario con lo sublime, que tampoco) y lo segundo avisa sobre que estamos ante un texto escrito por alguien repleto de prejuicios o, peor, frente a uno de esos periodistas que parece que, de un momento a otro, van a preguntar: "¿Pero usted contra quién ha empatao? ¿Me enseña su curriculum, por favor, y la lista de libros que ha leído desde prescolar?".
Por si hubiera duda, googleando me encuentro con un texto de 2002 de El Mundo firmado por Alsedo sobre la gala de los nominados a los Goya:

"(...)La nota de color, con un atrevido vestido hippioso, la puso Leonor Watling, nominada a mejor actriz por A mi madre le gustan las mujeres y feliz también por las siete posibilidades de Goya de Hable con ella: «Como me lo den no sé qué voy a decir», contaba por ahí toda sonrisas. (...)".


Al parecer el asunto viene de largo.


Indisimulada condescendencia, malicia, pocas maneras diplomáticas y formas de jemer camboyano (diría rojo pero de enterarse Pedro Jota es posible que Quico Alsedo recibiera el mismo trato plural que el desaparecido blog de Javier Pérez de Albéniz) para referirse a la Watling que, al parecer, es una cantante pajarona, petarda, peluquera, va de divaaa, es falsamente auténtica, es falsamente intensa y...ufff...qué cosas...


Desconfío de las críticas que dedican más tiempo a las apreciaciones personales que a la descripción del objeto a criticar en sí y, mucho menos, si estas van acompañadas de insultos. Al parecer a Quico lo que no le gusta es que las actrices se metan a cantantes porque, claro, ya saben, bueno, es posible que este intrusismo apague definitivamente la sagrada llama que arde en las cumbres del Monte Olimpo del Rock&Blog que no del Rock&Roll.



Desconfío de los integristas porque, en general, pervierten el mensaje de todo aquello que adoran: de hecho creo que las religiones tendrían bastante mejor prensa y también Star Wars si no llamaran la atención de tantos fanáticos.

La verdad es que solo falta que hubiera dicho que es una "hija de puta". No hubiera desentonado.

Desconfío mucho de las críticas que te dejan un sabor amargo y la convicción de que están escritas con tinta de revancha. ¿Qué motivos tiene Quico Alsedo para cargar contra Leonor Watling? Al parecer existir pero, como decía, Steve Buscemi a Nicholas Cage en Con Air para referirse al comportamiento de Cyrus The Virus (el malo interpretado por John Malkovich): "Es una incógnita, será que sus padres le pegaron demasiado cuando era pequeño...o demasiado poco".

Sobre todo porque Leonor Watling no se lo merece. Les cuento una anécdota: Hace poco me encontré con ella en un excelso cutre bar madrileño (sí, vale somos viejos conocidos) y, cuando se ausentó, la camarera del local me suelta "Fíjate que viene por aquí con las gafitas, con la nariz siempre metida en el libro...¿Es que esta chica es famosa?".
No es Leonor de las que va pidiendo guerra de portadas y no le falta talento ni para interpretar, ni para cantar pero no seré yo el que le haga una innecesaria loa, ahí está su trabajo para demostrarlo.


Y sobre la crítica, yo que también ejerzo cuando me dejan, contaré esta segunda anécdota: Hoy he pasado por la puerta de mi antiguo Instituto y me he dado cuenta de que estaban construyendo en lo que nosotros conocíamos como "El Huerto del Pajero". El lugar era una especie de tierra arada y baldía en la que, con puntualidad británica, se aparecía un señor a las 13:30 horas. El tipo, mirando al tendido, o sea, al instituto se bajaba los pantalones, se ponía en cuclillas y plantaba un pino. Sin solución de continuidad, en la misma posición aprovechaba el fresquito para hacerse una gayola. Era de aquellos espectáculos que uno no quisiera ver pero que, por la carga emocional que conllevan para el artista por encima incluso de la ejecución, uno no puede dejar de mirar. Lo más curioso es que El Pajero se animaba con los insultos y frases de repulsa produciéndose un extraño efecto: cuanto más gente lo veía, cuanta más gente le gritaba, cuantas más risas más rápido iba el asunto, de hecho, al principio acompañaba su número con una revista porno que, en las últimas actuaciones que recuerdo, fue suprimida del número. Cuando el asunto se acabó por convertir en algo tan monótono como para que nos volviera a resultar interesantes las clases de latín de última hora, El Pajero nos abandonó dejando tras de sí sólo el bautismo del huerto homónimo.

Aquella anécdota me persigue cada vez que voy a usar la palabra "provocador" o "transgresor" para referirme a un espectáculo y, de hecho, creo que no le acabo de pillar el punto a La Fura por culpa de aquél performer anónimo y tocado del ala. Alguien me dice:

- "Guau, es que es delirante, me pone los pelos de punta, es super transgresor".

- "¿Te he contado lo del Huerto del Pajero?" Digo yo.

También me enseñó que la gente hace y dice muchas tonterías por el simple placer de ser observado o leído y que, como única arma para brillar por encima de los que normalmente, se lo merecen están dispuestos a cualquier cosa. Si uno quiere que desaparezcan sólo tiene que dejar de mirar (o de leer).

Leonor debería hacer suyas las palabras de Michael Jackson en La Hora Chanante y decirle a Quico Alsedo: "Te has clavao muchísimo conmigo".
P.D.: Por cierto, los terrenos de "El Huerto del Pajero" han sido adquiridos por la Comunidad de Madrid para construir un enigmático Centro Sanitario de Logística Mundial (no me intenten convencer, Madrid está gobernado por Spectra)...jo, si ellos supieran...Sobre periodistas exhibicionistas hablaremos otro día...

lunes, 7 de abril de 2008

¿En qué puedo ayudarle?

A diario paso por la puerta de una plataforma de telefonistas. Los veo apostados en pequeños grupos echándose el cigarrito, con el vasito de café de máquina o la lata de refresco en la mano charlando animadamente y gastándose bromas. Al parecer los sueldos ínfimos y las condiciones laborales de quasi esclavitud que ofrecen normalmente estas empresas genera un estupendo ambiente de trabajo a tenor de lo animado de las conversaciones.

Lo primero que me llamó la atención de esta empresa es que sus trabajadores son bastante feos y que la por mayoría van vestidos de esa forma en la que uno sabe que nunca podría pasar un control de una discoteca de moda medianamente escrupuloso o con el tipo de aspecto que te incapacita para que te permitan sentarte en el hall de un hotel de cinco estrellas a tomar un whisky.

Chicas de cutis horrible peinadas por su peor enemigo, tipos con gafas de sol de plástico que tienen el aspecto enfermizo de los que se han pasado por el caballo vestidos con chandal de tactel abierto hasta la pechera; proliferan los botos de ante falso con flecos gastados hasta el cartón de la puntera, vestidos hippies...entre la plantilla también hay dos enanos, uno de ellos se apoya sobre el dintel gastado de la puerta y fuma melancólicamente mirando hacia el otro lado de la calle como preguntándose: "¿Cómo he llegado hasta aquí?". El otro lee un periódico gratuito, también en silencio, con gesto adusto seguramente está preguntándose porqué lo que es gratis tiene que ser tan rematadamente insulso...


Me pregunto cuantas empresas habrá que contraten todavía a gente sin hacerles antes esa especie de absurdo control de estilismo. Creo que esa, la plataforma de telefonistas, es una de las pocas que no, de hecho creo que sienten una cierta tendencia a coger gente que no resalta por su físico ni por su vestimenta.




Muchas veces he estado tentado de ponerme al lado de los telefonistas y pedirle fuego al enano melancólico. Quizás tenga una voz maravillosa, como de barítono, una de esas voces que suenan a otro lado del teléfono y te dan confianza, de hecho creo que todos tienen unas voces fantásticas y que por eso, están ahí.


Como soy dado a las "aventis" (esas madrastras pobres de las leyendas urbanas fielmente recogidas por Juán Marsé en "Si te dicen que caí") imagino que son trabajadores de una línea de 803 que ofrece sensuales voces como salvoconducto para un orgasmo rápido y culpable.



El yonki del chandal se convierte en la proyección pornográfica de la aburrida ocupante de un coche cama y la hippie de las mallas rotas y el pelo desteñido es una sexy camarera que escupe obscenidades en el oído de un agente del catastro que casi puede tocar con las puntas de sus dedos las curvas sinuosas que va dibujando con cada uno de sus gemidos imagino también a los dos enanos (al triste y al lector) provocándole un orgasmo instantáneo a una pareja aburrida que ha decidido darse un caprichito...
Cuando me los imagino haciendo ese trabajo en realidad entiendo por qué salen a la calle despreocupados e incluso seguros de sus propias imperfecciones, mostrándose al mundo tal y como son. Yo también exhibiría las heridas de la dictadura de la estética diseminadas por mi cuerpo si, en realidad, manejara con pulso firme una máquina completa de generar y producir deseos, de satisfacer los instintos, de ponerle música a las fantasías...


Me acuerdo de las fichas roñosas que hacían funcionar los coches de choque y me acuerdo de los telefonistas freaks que miro todas las mañanas, si los miras parecen no tener ningún valor pero inmersos en sus exactas coordenadas de espacio tiempo se convierten en las llaves de la diversión que hace moverse el cochecito...
Y sigo andando y me pregunto porqué coño me ha dado por escribir de las mismas cosas que escribiría Juan José Millás...