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martes, 25 de noviembre de 2008

¡Vade Retro, ateo!


Después de morirse caben dos hipótesis:

1. Desaparecer (que parece lo más comodo).

2. Transustanciarse (sólo pronunciarlo da pereza) en otra forma de vida espiritual o, como apuntan los budistas, ocupar otro cuerpo de superior, inferior o igual valor que el que ocupamos en la actualidad.

Aunque todo apunta que lo primero es lo más probable siempre es posible que, en un giro teológico inesperado, me encuentre frente a una deidad hacedora de todo el Universo conocido que me pida cuentas por haber sido tan idiota de que, habiendo recibido las señales necesarias en forma de zarzas ardientes, rayos, centellas, testimonios de pastorcitos, inexplicables entradas en trance, repentinas revelaciones en forma de charlas en arameo y/o estas extrañas subidas de temperatura que me dan de vez en cuando y me invitan a amar a mi prójimo (si es femenino, mucho más), no me haya coscado de que existía y que tendría que vivir con su código.






Si la deidad que me espera es Alá u Odín ya nos podemos dar por jodidos porque ni he hecho la Yihad, ni me he repasado dos o tres aldeas a sangre y fuego. La verdad es que no tengo ni idea de cuál es el castigo eterno de los pecadores en dichas religiones me imagino que, en el primero, estar atento a que los ríos de miel no se ensucien o currar de segurata en la puerta del haren de las vírgenes esas, como castratti, claro. En el caso de la religión vikinga supongo que me tocará vestirme de bávara y repartir cerveza soportando requiebros chuscos, pellizcos en la ingle y otras morisquetas de los señores con cuernos.


Si me tocara hablar con Dios, bueno, con el nuestro lo primero sería identificar si es el que preconizan los protestantes (y dentro de los mismos saber si es el de los adventistas, los testigos de jehová, los baptistas...), el que dicen los católicos o del que hablan los judíos lo tendría claro:

-"Lo siento, tío ¿Yo que sabía?".

Y a esperar a misericordia. Si no me va a tocar cocerme en la misma olla de Richard Dawkins y de Bill Maher (al menos espero vivir más que esos dos vejestorios) que, mira, si hay descanso pues siempre seráb buena compañía aunque les guardaré rencor por haberme llevado a una vida de completa y absoluta ignorancia. Por cierto. De todas maneras me temo que muchos de los próceres de las diferentes religiones (rabinos que llaman a la exterminación de los árabes, curas que abusan sexualmente de chiquillos, mulahs que llaman a la exterminación de todo Cristo) también van a tener que responder ante sus diferentes deidades y tendrán que justificar como mensajes a priori tan puros han sido interpretados tan mal.

Hay un chiste muy viejo que cuenta como un tipo llega al cielo y allí no hay ni pirri. Al preguntar por la falta de animación un San Pedro algo hastiado le dice: "Joder, para cuatro que vienen no vamos a comprar un radiocassette". Pues eso, que el infierno tiene que estar más petado que Marina D´Or en sus golden years y el cielo -por la absoluta imposibilidad de seguir coherentemente ninguno de los códigos éticos que se proponen en los libros sagrados que invitan igual a sacrificar cabras que a, un poco más tarde, aniquilar a los faraones o ser virgen- pues tiene que estar un poco vacío.

Anoche vi un interesante documental de la serie 30 días dirigida por Morgan Spurlock (el tío de "Super Size me" y "Where in the world is Osama Bin Laden?"). La serie de documentales, de menos de una hora, juega a introducir a una persona dentro de un terreno completamente hostil -granjero homófobo en un barrio gay, el propio Spurlock en una cárcel, un workholic en una familia new age- y que conozca de primera mano como es la vida de sus pretendidos personajes antagónicos. El asunto trataba de la convivencia de una atea dentro de una familia de creyentes, muy creyentes, adscritos a una de esas iglesias norteamericanas tan raras que se llaman " no confesionales" (New Church de Ted Haggard fue de las más famosas hasta que al bueno de Ted, conocido asesor espiritual de George Bush, se le descubrió el flagrante relación homosexual con un chapero que, en principio, se negó a tener relaciones sexuales con él -un asunto de precios- y luego sí a cambio de una jugosa cantidad de metanfetamina que el buen pastor le suministró) y que derivan entre el protestantismo puritano, la política neoconservadora y el creacionismo. Los sorprendentes resultados de la peli (aquí) destapa un dato interesante: el ateísmo provoca un extraño vacío existencial en los creyentes, una duda que va más allá de lo razonable. Curioso.

Saco el tema porque me ha sorprendido muchísimo la reacción de Rouco Varela (mi capacidad de sorpresa es siempre grande incluso para personajes como este) donde nos invita a vivir nuestro ateísmo de puertas para adentro y circunscribirlo al ámbito de lo privado. Curioso, curioso, curioso. En plan San Manuel Bueno Martir, el gran Rouco, nos ordena que no andemos por ahí tocándole las narices con nuestras miserias intelectuales y que, en caso de no creer, callemos. Es decir, no protestemos por los crucifijos en las escuelas, por el pertinaz e indisoluble compadreo entre Iglesia católica y Estado y hagamos como Bono, o sea, que llevemos en una mano el capital y en otra la Biblia a ser posible y que si no lo es simplemente callemos.


No diré que soy de los que se quejan de los crucifijos, es más, me dan bastante igual. No me agrede ver símbolos religiosos. Soy de esa generación de españoles que todavía tuvo que bregar con profesores que te hablaban muy bien de Franco y no pude elegir entre ética y religión hasta quinto de E.G.B. por lo que tengo los ojos más que acostumbrados a todas estas cosas.

Otra cosa es que me parezca que Rouco Varela, por representación, y la Iglesia Católica por extensión deberían de aplicarse el cuento -obrar según lo que predican- y llevar todo este asunto de la religión al ámbito de lo privado. Cuando digo esto no quiero, evidentemente, que los cristianos vuelvan a las catacumbas pero, en realidad, me gustaría que los símbolos externos de mi país fueran lo menos religiosos posibles. Y digo de todos los símbolos religiosos: ni cruces, ni medias lunas (medias noches sí, de esas con jamón serrano de los cócteles elegantes que te cuesta mucho alcanzar porque la gente es bastante puerca y gorrona y van a los sitios que paree que no han comido en la vida...pero eso es otra historia), ni estupas a Buda, ni estrellas de David. Cero, nada.



Cuando yo tenía como diez años todavía iba todos los domingos a misa e, incluso, me lo curraba como monaguillo de cuando en cuando. Un servicio por cierto sin el traje ese que me hacía bastante ilusión, o sea, que he sido monaguillo de paisano. De hecho es que ni siquiera era en una iglesia porque, en mi barrio, un lugar un poco raro no había templo con lo que el servicio religioso único (el de los domingos) se hacía en el ¡Bar! del barrio también único. Una cosa rara ya les contaré algún día. Pues un día se me ocurrió preguntarle al cura, juro que con toda inocencia, que cómo era posible que Dios y Jesucristo fueran la misma persona y que se hubiera mandado así mismo a la Tierra para ser despedazado por aquellos salvajes que ocupaban Judea que, por ende, eran criaturitas creadas por él.

Tras el collejón me dijo que todo era una cuestión de fe y que era mejor que no preguntara nada, que me concentrara en creer. Se lo comenté a mi padre que, al fin de semana siguiente, se acercó para decirle al buen señor que no se le ocurriera volver a darme una colleja en su puñetera vida (porque estaba estudiando y porque se reservaba el derecho presente, pasado y futuro de zurrarme cuanto quisiera...el hombre se lo ha reservado tanto que nunca me ha tocado un pelo...así he salido, claro) y al explicarle el hombre los hechos le dijo:



-"Mire, el chaval...es que el chaval... se lía con sus cosas y está todo el día a por uvas. A nosotros nos gustaría que fuera un delincuente juvenil o idiota. Lo primero nos permitiría quitárnoslo de encima de cuando en cuando y que durmiera en el reformatorio que, quiera o no, pues nos daría a mi señora y a mi un poco de libertad y lo segundo nos regalaría unas cuantas subvenciones ministeriales...pero, fíjese que le ha dado por pensar y decir idioteces. En la medida de lo posible, si tiene preguntas que hacerle se las hará porque está muy consentido por su madre y era cojito de pequeño y usted, en la medida de lo posible lo mejor que puede hacer es contestarlas porque se pone bastante intenso. A nosotros nos tiene la cabeza como un bombo y mire, aquí estamos".



-"Yo no tengo la culpa de que su hijo haga esas preguntas y no me voy a poner a explicarle cosas tan complicadas a un niño. Lo que tendría que hacer es no dejar que lea tanto que el niño es un repipi".



...Vale...mi padre no le dijo eso al cura (me apetecía guionizar un poco, que el tema es aridísimo), le dijo que no me zurrara y que en mi casa se contestaban todas las preguntas, que pese a que no le hacía gracia que fuera a misa pues que esperaba que al menos no volviera con la cabeza como un bote. Ni que decir tiene que la respuesta del cura si se acoge bastante a la realidad. Ni que decir tiene que mi padre me prohibió ir a misa con ese cura pero se ofreció para que fuera a la iglesia que quisiera. Eso hice, hasta que me di cuenta de que, en realidad, nunca iba a hallar ninguna respuesta y me desconecté por completo.

La Iglesia católica en España tendría que iniciar un proceso de reflexión bastante grande y replantearse por qué pierde fieles y no echarle la culpa al proselitismo ateo, a Zapatero, al relativismo filosófico o a que haya unos padres en Valladolid que quieren que sus hijos no reciban educación pública debajo de una cruz. Eso es un síntoma. En la inclasificlable Molocai (1959, Luis de Lucía) contiene una interesante escena: el protagonista, un padre misionero del Sagrado Corazón, reparte escopetas y escapularios a los autóctonos para defenderse del ataque japonés. ¿Es esa la imagen que quiere mantener la Iglesia de sí misma? Pues parece que sí, no me cuesta mucho imaginarme al Alto Mando Católico repartiendo pistolas para defender la parcelita de poder.


En definitiva yo no hago proselitismo porque no me apetece, no lo creo necesario, no explico por qué no creo porque entiendo que no hay motivos para subrayar lo evidente, porque entiendo que la razón (la científica, no el periódico) está conmigo pero no me callo si me preguntan del mismo modo que Rouco es muy señor (¡Oh, Señor!) de decir lo que le venga en gana. Si las religiones pierden clientes será porque su papel en la historia reciente española no ha sido el más honroso, porque han paseado a un dictador debajo de un palio, porque han participado en terribles atrocidades, porque divulgan un mensaje que necesita de un terreno poco abrupto para que llegue a todas partes y que ya, actualmente, no entra a golpe de colleja. Seguramente también porque mantienen un entramado informativo llamado COPE que no obra con la prédica central del cristianismo, quizás el problema sea que el mensaje que llega es de total intransigencia que muy poco tiene que ver con el amor fraterno. Que no me digan que yo empujo, acoso, derribo o pongo chinas en los zapatos de la gente que va a misa porque no lo hago. No agredo si no que, contínuamente, soy obligado a explicarme, a postrarme o a mantener un educado silencio ante las creencias de los demás. Esto último lo hago cada vez con menos gusto, pero lo hago aunque sólo sea por ahorrarme problemas, amargas discusiones o dañar a personas cercanas.


Si la Iglesia quiere que me calle ante las procesiones, que transija con los gastos que nos ocasiona un culto en particular al menos les pediría que tuvieran el mismo respeto o que, al menos, me concedan el beneficio de la duda. Yo ya tengo un plan si me encuentro con Dios:le voy a pedir perdón y luego explicaciones ¿Donde estabas tú cuando toda esta gente se estaba muriendo de hambre? ¿No pudiste fulminar al creador de OT? ¿No te parece que ya hemos sufrido un infierno en vida para ponernos ahora tiquismiquis?

martes, 21 de octubre de 2008

Gente muy tonta (V): Juan Manuel de Prada




Una de las tres dicharacheras dueñas de Demimadre (Miguel Yuste, 7 Madrid), uno de los mejores locales de la capital para comer sano en un ambiente modernesque, decía ayer mientras me ponía el café que "lo viejuno pone bastante a la gente últimamente". Se refería a la materia de los estético (papeles pintados, mobiliario, ropa...). Quizás el extraño término incorporado por la troupe de Muchachada Nui/LHC, que ya le va a la zaga a Chiquito de la Calzada en eso de meter palabrejas en el uso diario de los españoles, sea nuestra manera de redefinir el término "vintage" como algo antiguo con clase y, además, con cierto toque entrañable.

Viejuno sería el Mediterraneo de Serrat, las fotos de Marisol para Interviú hechas por Cesar Lucas (uno de los maestros de la fotografía), el Black is Black de Los Bravos o los VW Escarabajo por ejemplo. Viejo sí, molón también.
"Lo viejuno" es la antítesis de "lo rancio". "Lo rancio" es previsible y huele a armario cerrado, a poco ventilado. "Lo rancio" sería Latino de Francisco, el corpus artístico de Paco Martínez Soria, la Falange, los pareos, el bling-bling, Telemadrid. "Lo rancio" no se mueve y aburridamente permanece en nuestra cabeza como ya oído o visto mil veces, de hecho no tiene que ser demasiado antiguo para recibir esa categoría.


Si hay un escritor que defina lo rancio, por encima incluso de J.J. Benitez o los telediarios de Hermann Terstch en Telemadrid, es sin duda Juan Manuel de Prada (Barakaldo, 1970).

Lo cierto es que no es extraño que ve o escucha a Juan Manuel de Prada le de la sensación de que vino al mundo ya en el estado que presenta actualmente, con sus gafas y con fular. Tampoco que, durante su crianza en Zamora, se caracterizara por ser el gafotas, el empollón y el chivato de la seño porque, la verdad, es que entra dentro del fenotipo humano conocido como "repelente" y más concretamente como el de "repelente hasta la nausea vital". Dice la máxima, un poco cambiada: "Que lo viejuno es oportuno porque no huele a chotuno".

Incapacitado para hacer nada realmente interesante De Prada irrumpe como un elefante en una cacharrería con un trabajo de provocador título: "Coños" (1994). En realidad una cursilada de amplio espectro basada en "Senos" de Ramón Gómez de la Serna en la que se dedica a hablar de las partes pudendas de mujeres que no lo tocarían ni con un palo aunque se empeña en dejar claro que el de mujeres pues que muy bien y que no hay castellano leonesa que se haya resistido a su verbo y a sus dotes de ligón literario. Aunque no hay datos que lo certifiquen es posible que las presuntas apariciones del fantasma de Gómez de la Serna en diferentes puntos de la capital como la Biblioteca Nacional, la sede de la RAE y el Café Gijón agitando cadenas y rompiendo platos mientras ulula un evidente: "¡Vengadme, vengadme!" sea por culpa de esta primera obra.

Tomando ya la cuesta de lo definitivamente rancio De Prada se labra un prestigio absurdamente elevado con obras mediocres como "La soledad del Patinador" (un grupo de cuentos) y "La máscara del héroe" una temible novela hecha a trozos de Baroja -sobre todo-, Ayala, Galdós y otros cuantos escritores más que tampoco le perdonarán desde la tumba el asalto interesado que ha hecho de sus obras.

Como esto de la literatura da muchos réditos se alzó con el premio Planeta en 1997 con la no menos previsible "La Tempestad", una historia detectivesca que haría enrojecer a Dan Brown. La noche antes de la concesión del galardón asistió al programa de Garci donde, pese a que se emitía una película del Oeste, habló largo y tendido sobre los colores venecianos de Tintoretto. Ni que decir tiene que el título de su novela es el de un título de una obra de Shakespeare y que el cuadro que decoró la portada fue "La Tempestad" de Giorgione. Sólo al día siguiente se tuvo noticia de por qué De Prada andaba tan interesado de hablar de estos temas y unirlos al de "los colores del cine confrontados con los recuerdos".

Eso no es tan sonrojante como que se alzara con el Premio Nacional de Narrativa en 2004 con la absurda y falsamente americana novela "la vida invisible" que denota que, en ese momento, estaba leyendo a Auster, Delillo y Roth sin enterarse de apenas nada a tenor del pobre rendimiento del texto y del deficiente y displicente trato que suele regalar a los que no son de su cuerda.
¿Cómo se cimenta entonces una carrera tan rica en ventas? Bueno, De Prada se ha labrado una merecida fama de polemista capacitado, según él, para tratar de cualquier tema, delante de cualquiera y en cualquier lugar. Una estrategia de mercadotecnia que ya han utilizado otros iletrados derechistas conocidos por todos. El ínfimo arte del cacareo, de la presencia en todos los ruedos bruscos, del bocachanclismo más lamentable han hecho del vizcaíno un escritor muy conocido y reconocible por la calle o en la FNAC. Eso hace que vendas muchos libros si, además, cultivas ciertas opiniones conservadores el asunto te hará pasar además por lo que el vulgo conoce como "intelectual de prestigio". Da igual que en realidad no lo sea porque De Prada (que lo sabe pero calla) entiende que siempre se dirige a una audiencia aún menos preparada que él y que sólo quiere escuchar lo que ya sabe.

Podríamos pensar que Juanma tiene alma de concursante de "1,2,3 ¡Responda otra vez!" aunque su pensamiento parezca el del cura de Tacañón de Enmedio. Es decir, preguntes sobre lo que preguntes se ve obligado a contestar y lo hace en un tiempo record. Una cosa es que uno haya leído mucho y que tenga una buena capacidad para atesorar datos (algo en lo que De Prada no está solo pese a que se crea L´Ombelico de il Mondo) y otra muy diferentes es que sea capaz de coger toda esa información y utilizarla en la dirección en la que lo hace un intelectual: generar un corpus de ideas propias. Eso es más difícil. Con suma alegría se comienza a utilizar lo de intelectual para etiquetar a repetidores de ideas o ratoncitos de biblioteca.


Bebiendo siempre en las ventajosas fuentes de DERECHOS.A. (perdón el nuevo "losantismo") que ese compendio de medios de comunicación, editoriales etc. que copa el mayor porcentaje de medios nuestro país De Prada se ha convertido a los ojos del personal en un convencido católico de misa diaria, en un furibundo antiabortista, salvaguarda de las tradiciones hispanas, en un despistado defensor de Norteamérica, en un jaleador aznarista, defensor de la idea de la cultura occidental como bunker en lo universal y, por ende y más estúpido, defensor de las teorías del Diseño Inteligente y el creacionismo. Este tipo de cosas son conocidas como "piruetas de tertuliano".



Un reconocido periodista me contaba un día su experiencia como contertulio de Onda Cero (Protagonistas de "Luis del Olmo") y las comparaba con las que ofrecía todos los días FJ en su programa de la COPE identificando la siguiente mecánica: Losantos decía una barbaridad tipo "ZP es un chorizo" para que uno de los contertulios dijera "no, es más, te quedas corto...yo diría que es un chorizo y un antiespañol" y el siguiente comentara "no, espera, eres demasiado blando, ZP lo que es es un chorizo, un antiespañol y negocia con terroristas" y así ad nauseam o hasta que al premiere le sangran los oídos. El daño colateral de la no información no importa comparado con el hecho de que el que te contrata esté a gusto con lo que dices o, lo que es lo mismo, piruetear como un tigre mostrándole las fauces al domador que sabe que se las enseñas a la audiencia pero que, en realidad, eres un gatito amaestrado.

Desde esa prespectiva es fácil pensar que la evolución del pensamiento de De Prada tenga su próxima estación en el establecimiento de la misa en latín, la instauración del Tribunal de la Satan Inquisición, la quema de brujas y la expulsión de infieles...aunque esto ya lo pide a tenor de sus incendiarios escritos en contra de la "contaminación cultural" (pese a que últimamente se ha proamericanizado hasta el sonrojo, es fiel seguidor de Fox News y aplaude no sin alegría bobalicona las salidas de tiesto más imbéciles de la extrema derecha de la metrópoli) y de la inmigración.




Como defensor a ultranza del creacionismo tenemos este supuesto artículo serio donde Juanma, que hace gala de la ignorancia típica de los meapilas y los que se aseguran humanistas "de letras", despliega todo su cortito arsenal destripando una absurdez mística de Chesterton para ponerlo en contraposición con Darwin. Convendremos en decir que es como, por ejemplo, esgrimir el código de Hamurabi con la sacrosanta Constitución. Para ese viaje, la verdad, no hacía falta Chesterton. De Prada, del que no esperábamos menos (ni más, ni nada en realidad) ejerce pues el papel de Papa frente a Galileo. Ridículo, ya sabemos a quiñen dio la razón el tiempo. Paparruchas espirituales de medio pelo que, a decir verdad, no son ni siquiera suyas. Él sólo lee y las traslada, para que se sepa, pero sin ofrecer ni el más mínimo punto de vista personal claro, él dice lo que dice Chesterton, lo que dice Aristóteles, lo que decía Gómez de la Serna ¿Para qué inventar nada nuevo cuando hay gente que ya lo ha hecho por tí?


Siguiendo en la misma línea de la carga contra la ciencia, y es que le ha dado por ahí, ha publicado también el artículo "ciencia demente" donde carga de nuevo contra los últimos estudios científicos sin aportar ni una sola nota a pie de página y, para quitarse la que se le viene encima, publicó también "Incrédulos" en el que reincide en confundir científicos con creyentes en el fenómeno OVNI y acusa soslayadamente al entorno de la ciencia de promover ese tipo de cultos o creencias para solapar la luz reveladora de los Evangelios. En realidad es él el que habla como un iluminado de la peor especie y es desde el campo de la divulgación científica donde más esfuerzos se han hecho por erradicar esas patéticas creencias en seres verdes, abducciones y otras materias del yu-yu.



Con semejante cacao conservador De Prada es el máximo exponente de "lo rancio" como hemos querido demostrar. Un bucle conservador, un discurso vacío, una pluma muy corta y un flaco ideario que pasará, como el rayo, por nuestras vidas haciendo más ruido que otra cosa. Otro cogerá el trono que ahora ostenta, el de provocador derechón, tan ansiado para colocarse en las listas de ventas pero, en realidad, tan visto como el TBO que, por cierto, tiene más de viejuno que de rancio, ya ven la diferencia. Lo único que tiene el escritor de intelectual es lo bien que se le da posar haciendo con que piensa (carita circunspecta, mano debajo de la barbilla, caidita de ojos...) que es una cosa que le encanta por la profusión de fotos clavadas que existen a ese respective, tampoco nos extraña que alguien piense que, en realidad, el ser humano es así desde el comienzo de los tiempos teniendo en cuenta que él piensa igual que en el Siglo X y que su cara no ha cambiado desde 1970.