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martes, 17 de marzo de 2009

Depredadores



La Iglesia católica nunca había estado tan acertada como con el lanzamiento de esta nueva campaña en la que nos avisa de que los niños están mucho más desprotegidos que los linces ibéricos. Es cierto. No sé de qué os extrañáis. En este país es simplemente imposible encontrar un caso de un lince ibérico violado por un cura y, sin embargo, muchos niños y niñas de todo el mundo han sufrido abusos por parte de señores con sotana (¡Que su Dios los confunda!). Un claro ejemplo de que atendemos mucho más los intereses de nuestras especies animales que las de nuestros propios vástagos que dejamos al cuidado del primer tío con falda que abre un negocio a la puerta de casa. Es posible que si esas leyes tan modernas no fueran tan tiquismiquis ahora estaríamos hablando de pecados como "animalismo" y no de "pederastia" que está peor vista. Seamos claros: si hay que elegir entre dos males, elijamos el menor porque, está claro, que a estos tíos no hay quien los convenza de que sus propias normas les impiden tener relaciones sexuales.

De hecho la vieja ley cristiana es tan ancha que auna todas las tendencias y deseos sexuales bajo el mismo epígrafe: "Pecados carnales". Sección pecados capitales. Capítulo: "Lujuria". O sea, que pecas igual deseando a una octogenaria que a un tierno infante. Otra cosa es lo que dicta el sentido común, claro, que es otra cosa.






Mucho tiene que aprender la Iglesia católica todavía de la Iglesia Protestante. Un Flanders cualquiera, de los que llegó a Norteamérica embarcado en el Mayflower, sintió a su llegada que las tentaciones de la carne aumentaban con el contacto con las nativas de la zona. Atormentado por esta tendencia quiso saber si era de naturaleza pecaminosa y, para tranquilizar su conciencia, envió una carta a su pastor donde le informaba de los hechos y, sobre todo, le rogaba que le dijera si todo aquello era malo o no.

El Pastor, un hombre de su tiempo imagino que de la Iglesia Reformista Holandesa o algo parecido, le contestó en los siguientes términos: Como no tenemos muy claro que los habitantes nativos de las colonias sean personas, ya que no están bautizadas en nuestra fe y no tienen nuestro color de piel, lo mejor es no tocarlas, ni tener contacto sexual con ellas. Si quieres aplacar estas tentaciones lo mejor es que encuentres a un animal de granja que, como no tiene alma, no pasa nada. Abajo los derechos de los animales. Arriba las sotanas. ¡Ay, Lutero, por qué nos has abandonado!





Aprendamos del enemigo (¡Que el Diablo se lleve a esos anti papistas!) y dentro de pocos meses aumentará el número de monaguillos, se engordarán las filas de los coros y los boy scouts pero, sobre todo, dejaremos de sentirnos incómodos cada vez que un miembro de la Conferencia Episcopal use los términos "protección de la infancia". Sólo le veo una desventaja a esta despenalización: muchos fieles, al ir a misa de domingo, descubrirán el templo cerrado y una nota clavada a la puerta donde podrán leer: "Me he ido unos días a visitar las oseras de los Picos de Europa, vuelvo el lunes".

Nota del Insustancial: Disfrutad de la selección musical que también deja claro que hay desventaja entre las canciones dedicadas a linces y a personas pequeñas. La canción de Camilo, sentimiento de amor, es una de las cosas más escalofriantes que he escuchado en mi vida. Le acompaña Camilo Sesto Junior, por cierto.