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jueves, 23 de julio de 2009

La gran comedia involuntaria


Casi todos hemos recibido unas cuantas cucharadas de educación religiosa en la rama católica, ya sabes, portarse bien con el prójimo, darle cañas a los negritos de África en lugar de peces, respetar a tus papás, ser casto, no ponerse condón, quemar brujas, quemar clínicas abortistas... en fin, un despiporre que igual te recomendaba poner la otra mejilla que aplicar la ley del Talión.

Me acuerdo poco de aquello porque soy más bien de tener el alma sucia y de pecar bastante (pensamiento, palabra, obra u omisión) pero si me acuerdo mucho que me insistían en no reírme en los momentos solemnes o en los momentos en que no tocara. El que se reía en misa o al paso de una procesión, en presencia de un alcalde (de ahí para arriba) o en una comida familiar estaba poniendo la primera piedra de su adosado en el Infierno.

Es una pena que, a través de los años, haya podido comprobar que el personal nos lo pone difícil para no reírnos con sus gracias pese a que se declare uno de la escuela de los que prefieren comenzar el chiste por uno mismo que de la otra, la de contar chistes de cojos, tuertos, gangosos o de la otra que es peor que es la que promulga los valores de coger al más débil de la reunión y montar todo un espectáculo cómico taurino con su sola presencia.

En la mayoría de los casos el que hace reír es que quiere hacer reír, es decir, se ha aprendido un chiste, ha rebuscado un vídeo en internet para mostrarlo en la oficina y convertirse en un potencial objetivo de las Brigadas de Limpieza Recursos Humanos, se curra unos powerpoints con fotos de monitos vestidos de etiqueta que son para mearse, se pasa horas ensayando voces en su casa de personajes famosos para hacer morisquetas etc., etc. Hacer reír es fácil y tiene algún riesgo como el de convertirse en el "gracioso de la pandilla" ("Hostias, corramos ahí viene Pepe, seguro que quiere contarnos un chiste de leperos mientras hace equilibrios sobre un monociclo") pero tiene muchas ventajas. La más importante es que todo el mundo sabe que cuando a un macho o hembra Alfa de renombre le preguntan por cuál es su ideal de belleza del sexo opuesto hará un mohín, se dejará caer con garbo sobre una cheslón y poniendo boquita de piñón dirá: "Para mi lo importante no es el físico, busco alguien sincero, sencillo y que me haga reír". Pese a que no está demostrado ciéntífica o antropológicamente y al final resulta que modelos y actores se casan o se emparentan para su reproducción (o el simple refocile) con seres que uno diría son atractivos de por sí pero de los que no sabemos si, en la intimidad, son la guasa, la risa y/o la alegría de la huerta.

Pero, como tantas otras veces, me estoy escapando del tema principal. Disculpad la no elipsis.

Hacer reír es complicado, siempre lo he pensado así, y sin embargo hasta la comedia se llega por los caminos más extraños, de hecho hasta la comedia se puede llegar también involuntariamente. Me refiero a esa gente que, sin querer, nos provoca una carcajada y nos manda, según aquél cura del comienzo de la entrada, una risa burda y gratuíta de lo más pecadora y peligrosa.







Ahí está, Paloma San Basilio, cantando el hit "juntos". Cúantas horas de ensayos, cuanta coreografía, cuanta morisquetas, qué difícil casting para encontrar a dos bailarines que, sin rechistar, aceptaran participar en el número de playback...Ya ves, tu estás ahí, y dices este temazo necesita un número estupendo de baile que acompañe a la canción, compremos vestuario, sobornemos a personas honradas para arañar unos minutos en televisión. Joder, un esfuerzo grande. Pues nada, la gente se ríe y se queda en la risa tonta y no repara en la belleza de la canción, en su contenido, en su bonita historia.

Pero no es este el único ejemplo, veamos otro...extraído de Tuituza Chronicle.




Este programa se llamaba "El punto Gilton" y era uno de los programas de Mobuzz.tv, esa televisión que lanzó el entrepeneur Anill de Mello y que acabó naufragando después de desaparecer su jefe con 30.000 euritos de donaciones que, previamente, había pedido a espectadores y fans de su método de negocio. Una pena. No por el dinero porque cada uno le da su pasta a quien quiere si no porque una joya como esta desaparezca y no pueda volver a reproducirse. Lo tienes todo para hacer un programa decente, una cámara, una presentadora mona, un equipo recogido en un plató-chalet con piscina y no se te ocurre más que hacer un "Aquí hay tomate" con gente que tiene una cuenta en Twitter y que, pese a su innegable buen corazón, es posiblemente el grupo con menos telegenia del hemisferio occidental. Una buena idea (en realidad la vida de Belén Esteban no es mucho más emocionante que la de un anónimo usuario de twitter) y, sin embargo, nos provoca la risa...una risa floja y que da cosica pero una risa en fin y yo que se, reírse es bueno. Da igual que no te lo propongas, lo importante es hacerle a la gente la vida un poco más agradable y de pedirle luego unos euros a cambio. Si yo hubiera visto este vídeo de Mobuzz antes estoy seguro de que habría soltado dinero para que no se extinguiera semejante chorro de interesantes contenidos. ¿Alguien puede explicarme cómo es posible que un canal así desapareciera? Que pena. Pero hay muchos ejemplos más...


Es la portada del mundo del día 22 (miércoles). Qué cosa más cómica. Veamos, Pedro Jota se pone solemne, en plan "Generación del 98", como dejando caer que esa foto nos escupe desde, paradójicamente, la cubierta de su periódico. Ahí está la palabra vergüenza en grande y luego la construcción "firmeza anticolonianista" que todos sabemos que, en realidad, se traduce en esas pintadas de "Gibraltar Español" y la aportación de José Luis y su guitarra...





O, claro está, este sketch de cámara oculta de "To er mundo e güeno" (1982, Manuel Summers)...


Y hay todo un mundo ahí, muy cómico involuntariamente que tiene que ver con grupos de teatro amateurs, declamaciones de poesía, discursos en inauguraciones de centros comerciales, políticos que aceptan regalos y comparan anchoas con miles de millones de euros y un largo etcétera pero, cuidadito con reírse, que puede ser pecaminoso. O no.

jueves, 16 de abril de 2009

Santitos no quiero...



Leido en la Tuituza...


"- O la del cura del pueblo de un colega en el sermón mañanero del domingo: "Hermanos, debemos amarnos los unos a los otros como Cristo nos enseñó. Recordad que todos los hombres son iguales ante Dios, que me he enterado que algunos feligreses tratan a los negros como si fueran gitanos"."


¿Somos así en España? ¿Mito? ¿Bulo? ¿Realidad? Me inclino por lo tercero. Recuerdo mucho a una tiernísima amiga de mi abuela que utilizaba la palabra "mongolito" para referirse a niños con Síndrome de Down como si aquella palabra fuera la máxima expresión de bondad, ternura y corrección política inventada. Esta señora se sentó una vez con mi abuela y comenzó a prodigarse en este monólogo:

-"Ay, que ver, la hija de la no se cuantas ha tenido un mongolito...¡Qué cruz! ¡Con lo buena que es! ¿Te sale un hijo mongolito y qué haces? Toda la vida ahí, cuidándolo, sabiendo que no va a volver en sí, el pobre niño. Aunque bueno, la verdad es que los mongolitos son mucho más cariñosos que los niños normales, no se van a ir nunca de tu lado y se mueren antes, los pobres, que una no sabe si eso es una condena o una bendición...".



¿Se puede ser más cabrón pretendiendo ser bueno? Pues se puede, se puede. Una amiga llegó un día a su casa y encontró a su abuela completamente aterrorizada frente a la televisión. Pensando que se había declarado una Guerra Termonuclear puso sus ojos en la pantalla para descubrir que se estaba emitiendo "El Príncipe de Bel Air". La mujer no perdía ripio de Will Smith y de Alfonso Ribeiro (uno me imagino que haciéndose el chuleta y el otro bailoteando) cuando ¡Ops! aparece en pantalla el Tío Philip y la mujer grita:


-"¡Mira, lo que hay que ver! ¡Un negrito con traje! ¡Negritos con traje! ¡Ya es que son como las personas normales! ¡Fíjate!".


Mucho más bestia a resultado la mala traducción popular que se hizo de uno de los pasajes más recordados del primer código de conducta establecido por el Duque de Ahumada para la Guardia Civil y que decía: "Se perseguirá a gitanos, murcios y gente de mal vivir". Entendiendo "murcio" como "aquella persona que se dedica al robo o al timo". Dani Wagman lo incluye, creo que erróneamente, en su columna de 20 minutos.es. Los murcianos se cabrean, con razón, cada vez que alguien les hace el chistecito. Los gitanos también, claro, pero más que nada por la literalidad de la frase.


El problema, claro está, reside en no poder esconder con nuestro discurso lo que realmente opinamos. Imposible. Además cada vez somos más incapaces. Miren si no lo que dijo Berlusconi a los afectados por el terremoto en Italia:


-"Tómenselo como un fin de semana de camping".

Il Cavaliere está, por un lado, intentando quitarle hierro al asunto y, por otro lado, dejando bastante claro que a él le chupa un huevo lo que pase en su país. Silvio es de esa raza de políticos a los que no les gusta que las cosas públicas interfieran en sus negocios y, la verdad, no le falta razón porque estoy seguro que es de los que piensa que si él no ha provocado el terremoto tampoco tiene que hacer nada por auxiliar a las víctimas. Algo demasiado corriente, últimamente, en la nueva clase política que sufrimos.


Manuel Cabada, un ínclito profesor de la Autónoma, hablaba del lenguaje como de un instrumento de comunicación pero también de conocimiento acuñando una frase estupenda:


-"Así hablan o escriben, así son. No se dejen engañar".


Ponía un ejemplo clave: Tarzán. Y decía lo siguiente:


-"¿Cómo va a ser posible que un tío blanco vaya a explicarle a los de las tribus africanas autóctonas como es la Selva? ¿No queda bastante claro en esta obra de aventuras la idea que en la época se tenía de los negros? ¿No son los blancos representados por un tío cachas de melena al viento que domina a los monos y a los cocodrilos mientras que los negros son unos enclenques que se asustan en cuanto ven una calavera pinchada en un palo?".


Con esto del internet y las nuevas tecnologías pasa un poco igual. Un par de lectores de este blog pagaron religiosamente un dinerete por asistir a dos akelarres guruísticos sobre la 2.0 donde se dieron cita los más granados intelectuales del negocio .com, todos ellos revestidos del prestigio y de la coba que, en estos últimos tiempos, se dan los unos a los otros para hacerse conocidos (es una bola de "tu me la cascas a mi y yo te la casco a ti otro ratito" que en términos empresariales suele llamarse "sinergia") y después de escuchar muchos términos como "killer app", "start up", "spin off", "pujanzas", "markets" y otras lindezas sacaron esta conclusión:

-"Joder, estos tíos/as saben menos que nosotros".

Habían ido allí confiados de que sacarían algo en claro sobre una cuestión muy sencilla: ¿Puedo usar la red como maquinaria de distribución de mi trabajo audiovisual y que sea rentable? Encontraron la "rajada", que no la "callada" que hubiera sido lo prudente, como respuesta y tras mucho discurso se volvieron de vacío.

Al final el lenguaje es la forma más rica de delación personal, lo que pone en solfa nuestros defectos, lo que nos desnuda ante los demás pese a que, normalmente, pretendemos que nos ponga guapos frente a los otros. Como decía una profesora mía del Instituto cada vez que un alumno/a se intentaba justificar con un puñado de buenas palabritas.

-"Uy, no...santitos no quiero...dime la verdad y no me enredes que no tengo tiempo".