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miércoles, 11 de marzo de 2009

Piqueras vs. Daniel Plainview


Cuando era joven Pedro Piqueras soñaba con ser un artista folk. Fundó un grupo de poco éxito llamado Carcoma junto a Javier Castro (que luego militaría en los muy castellanos Nuevo Mester de Juglaría, los que tienen padres progres entenderán, los que sean de Segovia mucho más) y también estuvo haciendo sus pinitos en algunas formaciones como Nuevo Mundo, si no me equivoco. El pujante folkie español, formado básicamente por matrimonios de profesionales liberales, nació a finales de los años 70 y, como todavía no se podía decir lo que uno quería, se buscaba la excusa de las letras de la música tradicional (plenas de críticas al señorito, al dueño y que hablaban del agravio del rico sobre el pobre) para armar un poco de lío y soliviantar a unos cuantos grises.

Pues el caso es que Pedro Piqueras era uno de esos optimistas jovenzuelos que llevaban fulares y estaban pegados al diario Madrid o a Pueblo; soñaban con escaparse a Mallorca o Ibiza a hacer el "hippipollas" (eso no es mío, es de Moncho Alpuente, que siempre ha sido más rockero) y fundaron chifladuras como el Festival de Rock de Canet cuyo documental, dirigido por el rrrrutilante Angel Casas, es una de las colgaderas audiovisuales más grandes de los años 70. Como nota "diver" diremos que Loquillo, en sus años mozos, se sacaba unas perras vendiendo costo y tripis junto con un colega suya y nos imaginamos amedrentando a los hijos del incienso y el macramé con su "rock attitude" (esto no es nuestro, lo reconoce el propio Loquillo en su documental).


¿Cómo se puede pasar de ser un pastueño periodista nacido en Albacete que cree en el buen rollito "folkie", que reconoce que es un "cachondo" al que le hubiera gustado "ser un cantante de swing" y que disfruta del Atleti...o sea que es un canalla en el fondo...haberse convertido en el "asustaviejas" oficial del Estado Español?

Es una de esas cosas que jamás entenderé, quizás tampoco que intentara reconvertirse en una Ana Rosa masculina fugazmente, y que me parece intrigante.

Esta tarde viendo "Pozos de ambición" (Paul Thomas Anderson, 2007) junto a mi señor padre, que se ha quedado con el culo torcido, me he acordado de Piqueras. Fugazmente. La película cuenta la historia de un prospector de petroleo llamado Daniel Plainview al que sólo mueven los malos sentimientos, avanzado a su tiempo, el personaje de Daniel Day Lewis (que cuenta la leyenda urbana, más bien pueblerina, que pasó por mi pueblo montado en una moto desde Portugal preguntando por Miguel Indurain, o sea, francamente despistado) representa a un hombre avanzado a su tiempo al que mueve la codicia y que se dirige en su vida con una violencia extrema que traspasa la línea de los negocios. En realidad es tan listo, y los pueblerinos californianos tan tontos o tan inocentes, que no encuentra ninguna dificultad en elevarse sobre ellos y en eliminarlos si se ponen muy tiquismiquis.


Queda, por descontado, que Piqueras es un santo varón que jamás la emprendería a golpes con un desgraciado para quitárselo de encima pero sí representa, en mi humilde opinión, una especie de salto temporal incómodo que nos ha dejado, a algunos pueblerinos televidentes, con la sensación de que algo está pasando sin que podamos enterarnos ni remotamente de las intenciones últimas que esconde el informativo que dirige.
A mi lo que me acojona del telediario de Piqueras no es que tenga una especial afición por el gore, algo un poco adolescente pero justificable, como para su capacidad de estarnos diciendo: "Todo está mal pero es que va a empeorar". Hoy el asunto de un lonely gunmen en Alemania nos ha enseñado una noticia parecido ocurrida en Alabama y de ahí ha saltado mágicamente a Columbine, al surcoreano que la emprendió a tiros en la Universidad de Virginia, y luego al finés que se publicitó en youtube, para después incidir en una noticia sobre la investigación de Marta del Castillo...para terminar en un abuelo de Murcia que se ha bajado a cuatro trabajadores de la Seguridad Social. Ya saben: Nadie está libre de que le de un parraque de rabia homicida.

Gracias a Piqueras la España Negra se globaliza y puede ser mezclada con otras desgracias dejándonos ante un panorama desolador de violencia doméstica, robos, bandas de albano kosovares y eso, que todo esto está cada vez peor y se parece cada vez más a Mad Max y la Cúpula del Trueno.

Como Plainview, aterrizando en la primer California, Piqueras ha aterrizado en nuestras televisiones para avanzarnos como será el panorama del periodismo televisivo del futuro y que ya pisa con fuerza en Estados Unidos, Italia o Inglaterra donde se ha montado todo un debate sobre los límites catódicos de la noticia. Un mundo desolador de noticias de saldo, de amarillismo reconcentrado, de sacarte los colores pero que pita entre nuestras vecinas. En realidad Piqueras y otros que tienen menos audiencia, pero que le gustaría tenerla, tiran de la misma tripa de los espectadores esperando acojonarlos, ofreciéndoles un espectáculo que no pueden dejar de mirar pese a que les repela.

Es curioso como una efectiva red de medios espectacular, de satélites, de internet, de profesionales, de unidades móviles que son capaces de deberían de ser capaces de informarte de todo lo que pasara en cualquier lugar del mundo en tiempo real son malgastadas en enseñarte lo que ocurre en la esquina del lado, haciendo más pequeño nuestro mundo y nuestras miras. Eso es lo que separa a Piqueras de Plainview, su incapacidad para entender esta grandeza, de sacarle partido pero es normal porque dentro de Piqueras debe de seguir existiendo un cantante de folk flipado con lo rural, con sus leyendas, con hacer música con un almirez y una botella de anis del Mono.

Nota (triste) del Insustancial: No me gustaría irme a dormir hoy sin acordarme de Álvaro Carrión que murió tal día como hoy hace cinco años en la Estación de Santa Eugenia. Conocí su historia a través de su hermano, Diego Carrión, con el que tuve el placer de compartir redacción y, desde entonces, cada 11 de este mes tengo un rato para acordarme de los dos. Como The Pentangle, otros folkies, me sigo preguntando cuando se romperá el círculo.