viernes, 27 de septiembre de 2013
Armados y cabreados ( Bobcat Goldthwait, 2012)
martes, 8 de febrero de 2011
Princesas de barrio o la realidad según Almodovar
El domingo vi "Princesas de barrio", un docu-show que se ha sacado La Sexta de la manga y que, me imagino, que es como una especie de spin off de aquel programa que se titulaba "Mujeres ricas".
Tras Almodovar se puso de moda la palabra "maruja" (muy celebrada) e incluso artistas como Martirio se permitieron la licencia cómica de jugar con dichos términos (cantaba por aquella época la eximia cantante andaluza aquello de "Son las osho menos cuarto/me tengo que levantá/necesito una pastilla pá ponenme a funsioná...) y un cierto jolgorio alrededor del ama de casa que vestía con bata y atendía como una esclava a "su santo" fue filtrando hasta convertirse en una caricatura. No me cabe duda de que la relectura que Almodovar proponía de su propia vida (infancia en La Mancha, adolescencia en Extremadura, madre dicharachera, estudios becados, un padre currante en una gasolinera, el despegue del estrellato desde un trabajo en Telefónica) tenía algo de cariñoso y también de agresivo. Con razón. Vender en España que uno ha salido de las estrechuras y ha triunfado gracias a su talento es para nosotros algo vergonzante...sólo echenle un vistazo a las biografías de nuestros personajes más reconocibles y verán ustedes cuantos de ellos reconocen haber tenido una infancia flojilla. Ser pobre, o haberlo sido, siempre es en nuestro país algo sospechoso de no ser buena persona o no ser de fiar porque siempre flota la pregunta: "¿Cómo lo habrá conseguido?".
"Princesas de barrio" es un programa que parte de la falsa percepción de que el extrarradio de las ciudades y sus habitantes es un semillero de historias escritas por Almodovar y que si se te ocurre dar una patada a un bote en un descampado te salen cinco o seis Belen Esteban dispuestas a rellenarte cuatro o cinco horas de chisme-televisión. No es el caso. De hecho seguir el periplo laboral de una madre soltera que tiene a su hijo viviendo con su abuela, a su vecina, a una go-go de Pachá que se quiere poner un culo falso, a la cantante de una orquesta y a una chica que vive con un novio pescadero parece no dar para una chispeante ficción de esas que parten de la premisa: "Son pobres pero se lo pasan guay".
La mirada zoológica hacia las estrechuras ajenas nunca me ha resultado excesivamente interesante. Sea porque vivo en un barrio normalucho, sea porque soy normalucho y de clase media o sea porque, desde nunca, me han gustado las bromas que parten de otras personas. Yo creo que, el humor bueno, parte de uno mismo y luego va hacia los demás.
Ficcionar la realidad y que no se note es una ardua tarea que, sin duda, "Princesas de Barrio" no sabe hacer. Ya sea porque las protagonistas están muy interesadas en llamar la atención y pierden naturalidad, ya sea porque se provocan una serie de situaciones (la visita de una vendedora de un robot de cocina, un concierto de Camela) que quieren colar como reales. Un bluff. Una pedorreta merecida porque, sinceramente, no se puede uno lanzar a la producción de un programa sin haber sondeado el material con el que se quiere contar y sin haber testado la fuerza de la idea del mismo.
Si "Princesas de Barrio" ha sido un intento de hacer un "Operación Esteban" ha fracasado tan estrepitosamente como en su intento de convertirse en un chiste sobre unas cuantas chonis. Desgraciadamente de todas las protagonistas dos parecen dedicarse al mundo de espectáculo (¿No es asquerosamente moralista mostrar a una go-go como si llevara malos pasos?) y las otras tres parecen ser retratadas más desde su situación laboral y social que desde el hecho de que sean, efectivamente, unas chonis que hablan fatal...incluso, en este punto, parece que se obliga al personal a hablar fatal.
Es posible que, en otros países como Estados Unidos o Inglaterra, donde la clase media vive una situación mucho más desahogada que la nuestra y donde la diferencia entre el barrio obrero y el barrio de funcionarios o PYMES es mucho más grande este tipo de programas tengan su razón de ser e incluyan esta mirada zoológica a otras clases económicas que no comparten ni nuestro suelo, ni nuestros barrios, ni siquiera nuestros mismos colegios o centros de trabajo pero, sinceramente, en un país donde las diferencias son tan estrechas y donde todo el mundo ha asistido a una boda donde la gente acaba por hacer el gilipollas poniéndose estupideces en la cabeza es normal que tengamos que forzar la maquina y alejar al objeto de nuestra observación para que nos resulte interesante.
Y, por otro lado: ¿Por qué las protagonistas siempre son mujeres? ¿Es que todos los tíos de este país son uno gentlemen?
lunes, 30 de agosto de 2010
Soul Kitchen (Fatih Akin, 2009)
lunes, 8 de febrero de 2010
La carretera...o como cambiar la (mala) opinión de la intelectualidad española sobre el cine de género
martes, 5 de enero de 2010
Antes James Cameron molaba pero ahora es la mierda
Será porque muchos de esos defensores hasta hace bien poco cargaban sistemáticamente contra cualquier película de género que asomase la gaita por nuestra cartelera y la mayoría consideraban el cómic como un arte menor. El entusiasmo, parece ser, es uno de los rasgos definitivos de cualquier converso que se ve obligado a aplaudir con las dos manos bien abiertas y en pie a cualquier cosa que lleva la etiqueta de moderna.
Nadie que haya visto esa película y que tenga dos dedos de frente, o que esté en sus cabales, puede creerse eso de que "Avatar es la película que cambiará la historia del cine" como se nos ha repetido machaconamente desde la bien desplegada maquinaria propagandística del film. Es una película mediocre, con un guión muy malo, es descabellada en todo su planteamiento, plana hasta lo infantiloide (que no hasta lo infantil porque sólo en el primer fotograma de Los Increíbles -Brad Bird, 2004- hay más cine que en todo la nueva de Cameron) y larga como un día sin pan.
De hecho hay algo inquietante en que se diga eso de que Avatar cambiará la historia del cine...espero que no. De verdad. No me puedo imaginar como está, en general, el cine si avanza con ejemplos como este.
Hay algo en todo el entramado publicitario de la cinta que recuerda bastante (y un poco más) al movimiento que Cameron hizo con Titanic (1997). Al parecer Cameron también declaró que había tardado varios años en acometer el proyecto porque la tecnología no estaba lo suficientemente avanzada para retratar fielmente el hundimiento del barco (aunque no tuvo empacho en colocar el cuadro "Las señoritas de Avignon" dentro del propio Titanic pese a que el lienzo de Picasso cuelga en el Museo de Arte Moderno de NY dando a entender que lo importante son los medios y no el mensaje) y la oficina de prensa también dijo eso de que la película cambiaría definitivamente el rumbo de la historia cinematográfica.
¿Nos podíamos creer semejantes cosas sabiendo que el tema principal estaba cantado por Celine Dion?
Cursi, predecible como las películas bíblicas y con un guión deficiente Titanic es, poco a poco, recordada como un bluff, como una especie de locura colectiva. Se llevó 11 oscars. Una cifra escandalosa en su momento y que ahora con cierto sentido común le parece una broma pesada.
Habría que preguntarse por qué a la gente le pareció tan mala Waterworld (Kevin Reynolds, 1995) y, sin embargo, halaga con desvergüenza a estas dos películas ¿No será que Costner se quedó sin dinero para promocionar convenientemente su película? ¿Que tendría que haber despedido a su jefe de prensa? Es posible que así sea porque, sinceramente, no se me ocurren razones técnicas por las cuales Avatar sea superior a la película de Reynolds. De hecho tienen más o menos lo mismo: agua, barcos, una historia de amor, gente repelente a raudales y cosas que dan cosica como Kevin Costner vestido de Aquaman y con unas branquias debajo de las orejas...sustituyamos a Costner por Di Caprio intentando hacerse pasar por un bohemio bebedor de absenta de pasado torturado y tortuoso -pese a tener aspecto de estar recién salido del gimnasio- y tenemos dos películas gemelas. Incluso ganaría la primera que tiene a Dennis Hopper.
En todo caso Avatar es muy mala. Es una película débil que, sólamente se sostiene por el espectáculo visual (no muy original) que supone su metraje.
La cosa va de una corporación malísima que intenta arrebatarle a los habitantes de Pandora un mineral apreciadísimo (no se nos explica para qué sirve) que puede extraerse de debajo del lugar donde viven. A estas alturas ya es para pensar que la cosa es un "Bailando con lobos" (1990, Kevin Costner) -another bluff- o un "Un hombre llamado caballo" (Elliot Silverstein, 1970) o cualquier película que tenga que ver con un hombre que acaba conectando con una tribu extraña a la suya. No es raro pues que el malo sea una especie de remedo musculado, y un tanto gay, de John Wayne. Un malo tan chulo, tan redicho y tan idiota (tanto que revela sus planes, más o menos, en su primera intervención) que cada vez que aparece tienes que reírte un poco.
Sin ninguna explicación, ni de personajes secundarios, ni siquiera en realidad del nombre de la malvada corporación, todo consiste en sentarte y en disfrutar del espectáculo visual. Vaya. Como mirar un Matisse o ver uno de esos montajes que la Fura des Baus monta para la Comunidad de Madrid y que van de epatar mucho al personal pero de no contarte nada ya que, en realidad, los colores y los bailoteos valen igual para celebrar el bicentenario de una ciudad que para saludar la candidatura olímpica.
Es Avatar una película sin significado y sin trascendencia, con una falta de mensaje dolorosa (en tanto en cuanto va de película profunda que quiere contar muchas cosas) y también por desgracia con series contradicciones que nos hacen pensar en que Cameron es un tipo incapaz de articular nada con un discurso medianamente decente. En este punto quiero dejar claro que no creo que, necesariamente, una obra tenga que tener mensaje pero que se exige que, si no lo tiene, al menos no se quiera vender uno. En este caso Cameron invierte 2 horas y 40 minutos en contarnos que "hay que ser bueno con la naturaleza". Guay. Estoy de acuerdo en esto último.
Pero, la verdad, la imagen que Cameron tiene de la naturaleza y, sobre todo, el inquietante hecho de que todos los habitantes de Pandora estén interconectados por una especie de cable USB universal que permite que, entre ellos, se comuniquen a la perfección dando igual que uno sea animal, mineral o vegetal me hace plantearme que Cameron no entiende muy bien las reglas de la biología y que pretende vendernos una especie de extraño discursillo sobre la incapacidad del hombre para "conectar" con su propio planeta cosa por la cual nos lo estamos cargando. Francamente una idiotez repetida mil y una veces y que, claro está, deja fuera del debate el hecho de que la destrucción del medio ambiente planetario tiene más que ver con cuestiones económicas que con cuestiones metafísicas.
Por desgracia para nosotros el director si entiende que el cine es más economía que metafísica o, al menos, más economía que guión. Es por eso que Avatar nos regala algunos de los momentos más sonrojantes de los últimos tiempos y que su guión sea una sucesión de lugares comunes, frases hechas y poses mil veces vistas. Si hubiera que salvar algo yo diría que Michelle Rodriguez, que se llama Trudy Chacón (hace de soldado...una coincidencia en el apellido con nuestra Ministra de Defensa), es lo más salvable de la misma.
Sin duda me quedo con la frase que dijo mi amigo Alex nada más salir del cine y que es el título de esta entrada: "Antes James Cameron molaba pero ahora es la mierda". Un sabio, sin duda.
martes, 20 de octubre de 2009
El secreto de sus ojos
No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.
Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.
Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset, Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...
Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´
¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.
Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han tomado más cuerpo y vigencia.
Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.
Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Malditos bastardos
martes, 11 de agosto de 2009
"American swing": tiempos sucios y divertidos
miércoles, 5 de agosto de 2009
UP
sábado, 11 de julio de 2009
Crash: descarga de realidad
viernes, 10 de julio de 2009
Presagios bíblicos
miércoles, 3 de junio de 2009
Algunas preguntas que me hago últimamente...
-¿Por qué Leire Pajín da los discursos como si estuviera a punto de decir "un meteorito se acerca a la Tierra...que Dios nos asista"?
jueves, 30 de abril de 2009
Recomendaciones a la orilla del mar
Lo siento pero tengo un déficit enorme con la música en catalán y ninguno de los grupos más famosos (Sopa de Cabra, Els Pets, Saü...) y no porque cantaran en catalán (con la cantidad de música que consumo en italiano, francés, italiano, inglés o español...) si no porque nada me había parecido excesivamente interesante hasta este solista o al grupo pop mencionado. De hecho el gran Silvio Fernández, ese rockero sevillano tan grande, nos demostró hace años que se puede cantar en cualquier idioma, incluso en una mezcla portuaria de italiano y español y quedar elegante y pintón como en este temazo que se titula "La Ragazza del elevatore"...
Silvio es uno de los descubrimientos viejunos de este año...y no digais que es un "FREAK" porque esa es una palabra que sólo puede decirse entre iguales del mismo modo que "Nigger" solo puede ser utilizada " de noir a noir".
Finalizado el episodio de hipocondria (volví de la reunión con Grom, Edu Galán y Fran Nixon con una especie de cepa de gripe porcina que he arrastrado hasta aquí pero todo bien porque al final no me estaba muriendo)) he asentado mis reales de nuevo en el Mediterráneo a la espera de vientos propicios que no tardarán en comenzar a soplar. Mientras tanto solo puedo hacer una reflexión: prometí no hablar de mi mismo cuando comencé a escribir este blog pero, a estas alturas, todo el mundo sabe que soy de esa clase de personas que se traicionan contínuamente así mismos. Disfrutad.