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viernes, 27 de septiembre de 2013

Armados y cabreados ( Bobcat Goldthwait, 2012)


Bobcat Goldthwait tiene una de esas trayectorias cinematográficas que, están tan apegadas al momento en el que se hacen, que es complicado que no resulten tachadas rápidamente como dañinas, exageradas o perjudiciales por sus contemporáneos.

Si has visto “Los perros dormidos mienten” (2006) o “El mejor padre del mundo” (2009) sabrás que son películas correosas de digerir, negras como el carbón y fuera de los límites de lo políticamente correcto. Cuando digo esto último quiere decir que, de verdad, están fuera de esos límites porque Goldthwait no juega al juego de provocar si no que se limita, con maestría, a hilar unas comedias tan unidas a la realidad y tan conocedoras de nuestros defectos como seres humanos que su sorpresa reside en que rompen por completo el pacto implícito y secreto que se establece entre el espectador y la narración donde el primero adivina unos segundos antes cuál será la reacción de los personajes.
Solo unos segundos antes. Te sientas ahí y esperas que los personajes de la película reaccionen como héroes ante la adversidad o que revelen el gran secreto de la existencia o que se sacrifiquen por el equipo o que descubran que la chica fea, en realidad, es un bellezón cuando se quita las gafas y la coleta y que por eso la han invitado al baile…aquí, no esperen esa piedad, ese optimismo o esa esperanza sobre el ser humano. Lo mejor de los personajes creados por Bob Goldthwait es que suelen reaccionar mal que es como suele reaccionar la gente que se ve envuelta en alguna situación que no comprende o que le supera.

El protagonista de “Armados y cabreados” (originalmente titulada “God bless America” y aquí sufriendo el hecho de que las distribuidoras tienen a bien poner títulos gilipollas a las comedias) es Frank (Joel Murray, hermano de Bill Murray) un apocado trabajador de una aseguradora. Está divorciado y tiene una hija que no quiere verlo porque se empeña en llevarla al zoo y hacer actividades en lugar de estar en casa jugando a la videoconsola. Por las noches no puede dormir porque tiene migrañas y porque sus vecinos se pasan el día discutiendo e intentando hacer callar a un hijo desatendido aún más ruidoso que ellos. Frank, además, vive aterrorizado por la programación televisiva y por lo que ve en ella: concursos de “talentos” que patrocinan a frikis para ganar audiencia, una enorme variedad de reality-shows chuscos y unos programas informativos y de debate donde la estulticia campa a sus anchas en un clima de gritos, mala educación y posicionamiento político radicalizado y polarizado que no puede soportar.


Tras algunos avatares (evitaré el spoilerazo) se ve envuelto junto a una preadolescente tan crítica con el país en el que vive como él llamada Roxy (Tara Lynn Barr) en un tour por los Estados Unidos que, sin rumbo fijo, tiene el objetivo de ir eliminando a la gente más molesta que se encuentran en su camino.

En “God bless America” se cruzan “Al final de la escapada” (Jean-Luc Godard, 1969), “Un día de furia” (Joel Schumacher,1993), “Bonny and Clyde” (Arthur Penn, 1967), “Asesinos natos” (Oliver Stone, 1994), “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino, 1994), “El profesional” (Luc Besson, 1994), “Ocurrió cerca de su casa” (Rèmy Belvaux, André Bozel, Benoit Pooelvorde, 19929 , “American Dreamz, Salto a la fama” (Paul Weitz, 2004), “Network, un mundo implacable” (Sidney Lumet, 1976), "Trabajo basura" (Mike Judge, 1999) y un largo etcétera de menciones cinéfilas que hacen que la película sea una pieza de ritmo continuado pero que salta desde el más lento del cine independiente y de autor hasta la acción y donde las menciones directas a la cultura popular norteamericana van saltando de Woody Allen a Alice Cooper o a George Bush Jr.

Se identifican otros motores para la trama que avanza a golpes de dos escuelas de la filmación de la violencia, la poética de Peckimpah y la más gráfica y "comiquera" de Tarantino, del mismo modo que la propia trama avanza engrasada por un desmadre a lo John Waters (El de "Los asesinatos de mamá"(1994) donde una ama de casa intenta imponer su visión del mundo a toda la ciudad de Baltimore) al que sobrevienen momentos de reflexión que nos recuerdan a la visión comedida -en términos de movimiento de cámara y disposición de personajes en el encuadre- de Jim Jarmusch . Curiosamente, y aunque suene como una especie de "coitus interruptus" continuo o una especie de indecisión a la hora de hablar de ritmo, esa duplicidad es el código ideal para una película marcada por unos personajes -todos los personajes- a los que es imposible encasillar dentro del grupo de "buenos" y "malos".    



La única duda que me asaltó viendo “God Bless America” es la misma y algo prejuiciosa que tenemos ante este tipo de narraciones tan honestas: ¿No me estarán sermoneando vilmente?

La respuesta es no, en tanto en cuanto, la película no incluye ninguna moraleja en todo su metraje, ni tampoco señala a ningún culpable, si no que, más bien, va haciendo cada vez más evidente la cuestión de que unas redes sociales convertidas en caja de resonancia de cuchicheos y maldades, que una televisión repleta de programas estúpidos, que una celebración, a su vez, de estos comentarios estúpidos en todo tipo de charlas banales de oficina que giran alrededor del éxito de youtube donde alguien hace el ridículo y un largo etcétera de espectáculos dañinos y penosos son más un síntoma (“El típico espectáculo como el circo romano que aparece en la decadencia de una civilización” dice Jack) que un aviso. Si Goldthwait no sermonea –como sí se sermonea descaradamente en otros géneros más prestigiosos que el de la comedia- es porque está más preocupado por mostrarnos un mundo real y absurdo que parece que, en lo que a su orden se viene abajo,  que en señalarnos a los culpables. De hecho en toda la película se cruza con el por qué con el  que las victimas de Jack y Roxy les piden explicaciones sobre su actitud con el por qué cada vez más agonizante de sus protagonistas que parece que tampoco tienen respuesta sobre lo que ha ocurrido realmente.
Unas preguntas que jamás se cuestionan los gustos de los demás si no, más bien, una pregunta más desasosegante que es: ¿Por qué disfrutas viendo/haciendo/participando de esas cosas? ¿Por qué no te callas la boca en el cine? ¿Por qué usas la palabra "feminazi"? ¿Por qué estás mirando tu página de facebook en el móvil mientras hablamos? ¿Por qué mi hija cree que, con solo 9 años, tiene que tener un Iphone o una Blackberry? y, en definitiva, la más jodida de todas que es ¿Qué narices hemos hecho mal y donde perdimos los papeles? 

En la esencia de esas preguntas está una de las sorpresas de la película que parte  de cuestiones evidentes y que siempre son vistas a través de esos análisis de medio pelo que intentan cuestionar y culpabilizar al individuo a través del análisis de los comportamientos grupales (la alegre participación en la celebración del mal gusto en este caso)  para ir reduciendo todo a una cuestión más pequeña en presencia pero mucho más retorcida, jodida y personal que dirige a la audiencia: ¿Qué interés tiene la civilización y sus avances cuando no parecemos querer ser civilizados? 

Entiendo que la obra de Goldthwait resulta inmoral para los conservadores e incómoda para los que pudieran estar de acuerdo con el discurso aparente (insisto en que creo que es más un retrato bastante fiel a la realidad y como la realidad es negativa pues lo transformamos automáticamente en un discurso crítico exagerado) por parecer  agrio y combativo -algo así como le pasa a Moore con sus documentales pero, aviso, Moore señala culpables y Goldthwait no- pero en realidad es un llanto de rabia ante el panorama que vive Norteamérica que se agrava con la presencia de un patrioterismo barato (Tea Party, Libertarianismo, iglesias evangélicas radicales, etc.) que también es leído en clave de "síntoma" y no de "enfermedad" que no queda muy claro si se puede combatir. 


Ante la pregunta si el discurso o la definición de la actual situación de todo un país -de España me atrevería a decir, en tanto en cuanto, nuestra falta de interés por la preservación y la valoración de nuestra propia cultura popular nos convierte en el perfecto "país esponja" que absorbe todos los malos hábitos norteamericanos en cuestión de segundos- es demasiado ácido, combativo, exagerado (digamos, "políticamente incorrecto") y, por tanto, injusto y debería ser reconducido por su autor hacia un terrenos más conciliador, más dialogante o más flexible surge también otras preguntas importantes: ¿De verdad hay que tratar con cariño y comprensión a una gente que se comporta tan mal, que demuestra tan poca comprensión con todo lo que le rodea? ¿Si bajamos el tono del discurso acabarán comprendiendo que se equivocan?
¿Tiene derecho alguien que porta una pancarta donde pone "El SIDA es una plaga divina" ante la puerta de una clínica a ser más escuchado todavía? ¿Cómo es posible que el conductor-opinador de un programa que dedica el contenido del mismo a llamarnos anormales o criminales pida respeto para sus opiniones cuando demuestra tan poco tacto con las ajenas? 

Como Bobcat Goldthwait carece de discurso deja a estas preguntas sin contestación o esconde la contestación en pequeños detalles de la trama o, lo que es mejor, nos avisa de lo peligroso que es disentir para sobrevivir. Es más, incluso podríamos pensar que se nos está haciendo otra pregunta: ¿No te cansas de aguantar callado todo lo que pasa a tu alrededor? 

Jugando con fuego (Goldthwait es uno de esos tipos que consigue que la carcajada esté muy cerquita de la lágrima y que la risa sea a veces tontamente sincera y otras veces simplemente histérica) “God bless America” consigue que un adulto que no está en sus cabales que viaja por los Estados Unidos con una niña de 16 años matando gente que no les ha hecho “casi” nada –un asunto que parece feo pero que también dejaré fuera del spoiler…y mira que me está costando- te caiga bien y que, en el fondo, acabes entendiéndolos y queriéndolos porque son contradictorios, ridículos, naïfs, tontos y, en definitiva, humanos como todos nosotros. Y si esa tarea tan ardua se consigue a la perfección es porque los actores bordan sus papeles. Joel Murray completando magistralmente a un complicado personaje que es a la vez un asesino despiadado con las formas robóticas de Kitano pero, mostrando a la vez, una ternura y una comprensión al estilo de Willy Loman en "La muerte de un viajante" al que identifican las mejores virtudes que pensamos que tiene un padre y el de Tara Lynn Barr que también fluye entre la adolescente hiperactiva e inteligente que rechaza cualquier pensamiento único y prefiere aislarse de la corriente dominante pero, que, también muestra una faceta comedida y tierna en varios pasajes de la película. Así Frank descubre en su relación con Roxy una doble faceta de padre y educador -dirigido no hacia el bien si no hacia el mal pero igual que efectivo- que su propia hija rechaza y a Roxy al padre que no tiene miedo a tratarla como una adulta y que no le exige que se normalice. La pareja protagonista, y volvemos a la ambivalencia, se mueve a veces en la relación paterno filial  de Ryan O´Neal y Tatum O´Neal en "Luna de papel" (Peter Bogdanovich, 1973), otras, con muchísima sutileza, en la de  Bill Murray y Scarlett Johansson en "Lost in traslation" (Sofia Coppola, 2003) porque, en definitiva la cosa no va de gente mayor que se enamora de gente joven, y también, a veces, nos recuerda a Jeff Bridges y Hailee Steinfeld en el remake de "Valor de ley" (Joel y Ethan Coen, 2010)

Es una pena que el cine de este autor, que en “El mejor padre del mundo” consiguió que Robin Williams hiciera una de las mejores interpretaciones de su carrera y que de ser este un mundo justo hubiera tenido que haberse coronado con varios premios…incluso el Nobel para la propia película, sea tan desconocido en nuestro país y en el resto del mundo, que su visión ácida y crítica lo aleje de las grandes audiencias por la sencilla razón de que nadie está dispuesto a identificarse con sus personajes porque, como bien aconseja la protagonista de “Los perros dormidos mienten”, hay cosas que es mejor que se queden en casa haciéndole compañía a uno que sean del dominio público. 



Ya saben, si el espectador sospecha que el tipo o la tipa que está en pantalla es una copia de sí mismo, y no por buenas razones porque en el fondo todos tenemos una buena opinión sobre nosotros, es posible que rechace lo que ve y decida que le gusta más una de esas películas donde los buenos son buenísimos y los malos malísimos, donde las putas son princesas, los borrachos dicen la verdad y siempre existe la posibilidad de que el terrorista desactive la bomba que acababa de activar porque llega a la conclusión de que en la CIA también hay gente buena sobre todo porque, en el fondo, ese es el acuerdo tácito y no escrito que tenemos con la ficción: que nos de un respiro siendo un poquito compasiva. La gracia es que cuando esto desaparece tienes muchas posibilidades de reírte mucho por las razones adecuadas y certificar que “es gracioso porque es verdad”. Verdad de la buena y risa de la buena. Un poco amarga y un poco histérica pero muy sana. Prepárate para reirte y cuanto se asalten las dudas de sobre quién coño se están riendo recuerda que Bobcat Goldthwait se ríe de todo y de todos. Pero es porque no tenemos solución. Y eso también puede entenderse de muchas formas. 

martes, 8 de febrero de 2011

Princesas de barrio o la realidad según Almodovar


El domingo vi "Princesas de barrio", un docu-show que se ha sacado La Sexta de la manga y que, me imagino, que es como una especie de spin off de aquel programa que se titulaba "Mujeres ricas". 

Allá por los años 80 Pedro Almodovar se dedicó a reivindicar a la mujer de extrarradio o, más bien, eso entendimos nosotros porque si le echabas un tiento a "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" te dabas cuenta, un poco, de que lo que hizo Almodovar fue crear a unos cuantos personajes y hacer una ficción donde una señora que se dedicaba a limpiar mostraba una vida muy perra soportando a un hijo delincuente y porrero, a un hijo menor chapero, a una suegra completamente ida de la olla y a un marido taxista y maltratador enamorado de una alemana y que era la llave de unos pretendidos diarios de Adolf Hitler. 

Almodovar, como muchos de nosotros, solo utilizó de partida la vida de los barrios de inmigrantes interiores de la capital de Madrid (su hermana vivía en Parla y estaba casada con un Guardia Civil, si la memoria no me falla) para sacarle al asunto punta desde un punto de vista un tanto aberrado: niñas con poderes telequinéticos, monos de tranquilizantes para los que no hay recetas, Jaime Chávarri hablando del tamaño de su chorra frente a una prostituta de buen corazón, un asesinato utilizando las técnicas del Kendo japonés y un largo etcétera de situaciones que incluían a Javier Gurruchaga haciendo de lascivo dentista, un lagarto llamado "Dinero", Gonzalo Suarez emborrachando a Gutierrez Caba con vino peleón...

Era el director manchego, por aquellos años, un remedo de John Waters cañí que, de pronto, jugaba a la contra de la modernez de La Movida (dispuesta a quemar todo lo viejo o, al menos, a meterlo debajo de la alfombra hasta que pasara el temporal) reivindicando las conversaciones de vecinas y lo que parecía no una vida de sueldos bajos y casas de protección oficial si no una especie de chispeante aventura de la lampancia diaria repleta de personajes colgados y situaciones carcajeantes. Almodovar fue, ya por aquella época un postmoderno incomprendido.

Tras Almodovar se puso de moda la palabra "maruja" (muy celebrada) e incluso artistas como Martirio se permitieron la licencia cómica de jugar con dichos términos (cantaba por aquella época la eximia cantante andaluza aquello de "Son las osho menos cuarto/me tengo que levantá/necesito una pastilla pá ponenme a funsioná...) y un cierto jolgorio alrededor del ama de casa que vestía con bata y atendía como una esclava a "su santo" fue filtrando hasta convertirse en una caricatura. No me cabe duda de que la relectura que Almodovar proponía de su propia vida (infancia en La Mancha, adolescencia en Extremadura, madre dicharachera, estudios becados, un padre currante en una gasolinera, el despegue del estrellato desde un trabajo en Telefónica) tenía algo de cariñoso y también de agresivo. Con razón. Vender en España que uno ha salido de las estrechuras y ha triunfado gracias a su talento es para nosotros algo vergonzante...sólo echenle un vistazo a las biografías de nuestros personajes más reconocibles y verán ustedes cuantos de ellos reconocen haber tenido una infancia flojilla. Ser pobre, o haberlo sido, siempre es en nuestro país algo sospechoso de no ser buena persona o no ser de fiar porque siempre flota la pregunta: "¿Cómo lo habrá conseguido?".

"Princesas de barrio" es un programa que parte de la falsa percepción de que el extrarradio de las ciudades y sus habitantes es un semillero de historias escritas por Almodovar y que si se te ocurre dar una patada a un bote en un descampado te salen cinco o seis Belen Esteban dispuestas a rellenarte cuatro o cinco horas de chisme-televisión. No es el caso. De hecho seguir el periplo laboral de una madre soltera que tiene a su hijo viviendo con su abuela, a su vecina, a una go-go de Pachá que se quiere poner un culo falso, a la cantante de una orquesta y a una chica que vive con un novio pescadero parece no dar para una chispeante ficción de esas que parten de la premisa: "Son pobres pero se lo pasan guay".

La mirada zoológica hacia las estrechuras ajenas nunca me ha resultado excesivamente interesante. Sea porque vivo en un barrio normalucho, sea porque soy normalucho y de clase media o sea porque, desde nunca, me han gustado las bromas que parten de otras personas. Yo creo que, el humor bueno, parte de uno mismo y luego va hacia los demás.

Ficcionar la realidad y que no se note es una ardua tarea que, sin duda, "Princesas de Barrio" no sabe hacer. Ya sea porque las protagonistas están muy interesadas en llamar la atención y pierden naturalidad, ya sea porque se provocan una serie de situaciones (la visita de una vendedora de un robot de cocina, un concierto de Camela) que quieren colar como reales. Un bluff. Una pedorreta merecida porque, sinceramente, no se puede uno lanzar a la producción de un programa sin haber sondeado el material con el que se quiere contar y sin haber testado la fuerza de la idea del mismo.

Si "Princesas de Barrio" ha sido un intento de hacer un "Operación Esteban" ha fracasado tan estrepitosamente como en su intento de convertirse en un chiste sobre unas cuantas chonis. Desgraciadamente de todas las protagonistas dos parecen dedicarse al mundo de espectáculo (¿No es asquerosamente moralista mostrar a una go-go como si llevara malos pasos?) y las otras tres parecen ser retratadas más desde su situación laboral y social que desde el hecho de que sean, efectivamente, unas chonis que hablan fatal...incluso, en este punto, parece que se obliga al personal a hablar fatal.

Es posible que, en otros países como Estados Unidos o Inglaterra, donde la clase media vive una situación mucho más desahogada que la nuestra y donde la diferencia entre el barrio obrero y el barrio de funcionarios o PYMES es mucho más grande este tipo de programas tengan su razón de ser e incluyan esta mirada zoológica a otras clases económicas que no comparten ni nuestro suelo, ni nuestros barrios, ni siquiera nuestros mismos colegios o centros de trabajo pero, sinceramente, en un país donde las diferencias son tan estrechas y donde todo el mundo ha asistido a una boda donde la gente acaba por hacer el gilipollas poniéndose estupideces en la cabeza es normal que tengamos que forzar la maquina y alejar al objeto de nuestra observación para que nos resulte interesante.

Y, por otro lado: ¿Por qué las protagonistas siempre son mujeres? ¿Es que todos los tíos de este país son uno gentlemen? 

lunes, 30 de agosto de 2010

Soul Kitchen (Fatih Akin, 2009)


De Fatih Akin había visto "Contra la pared" (2004) y "Al otro lado" (2007). Qué quieren que les diga. Las dos películas me gustaron pero, en realidad, temía que el director alemán de origen turco se repitiera más que el ajo en el campo del drama.

Me ha sorprendido que un director aclamado (por tratar temas sociales y el asunto interracial) se haya bajado un instante del carro para rodar una comedia como "Soul kitchen". ¿No era la comedia un género menor? Pues no, sinceramente, no.

Divertida y muy poco pretenciosa la película cuenta la historia de un cocinero greco-alemán que busca quien se encargue de su restaurante mientras él se larga a vivir una temporada con su novia (más alemana que la cerveza) a Shangai donde ella ha conseguido un puesto como corresponsal. En la búsqueda conocerá a un cocinero de un restaurante de tres estrellas Michelín cansado de su trabajo, a un despiadado viejo amigo del instituto que se ha convertido en un agente inmobiliario y la sorpresa de que su hermano, un delincuente de poca monta, ha salido de la cárcel y quiere que le firme un contrato de trabajo falso para que pueda beneficiarse del tercer grado. Entre medias un dolor de espalda y algunas otras cosas más.

"Soul Kitchen" demuestra dos cosas: que la comedia romántica es como el arroz blanco lo que permite mezclarla con cualquier cosa y que sepa bien y que estamos frente a la película de un director que ha decidido explorar la capacidad de denuncia de la comedia.

Me imagino que habrá quedado satisfecho: la película se lee en dos niveles y el que quiere chistes los encuentra, el que quiere historias de amor las encuentra y el que quiere alimento para el alma también.

Sin perder la sonrisa, a veces la carcajada, Akin se encarga de reírse de la clase alta alemana y sus vicios, de denunciar la terrible especulación inmobiliaria, de explorar los resortes de las relaciones familiares y de retratar la sociedad de su país desde el prisma de eso que se llama su "multiculturalidad".
Resalta no sólo el guión (tan bien construído, tan bien hilado, con todas las tramas y las resoluciones en su sitio...¡Aprende Nolan, que eres un cabrón!) sino la interpretación de todos los actores que están, como es una marca de Akim, de lujo. Me ha llamado la atención el protagonista Adam Bousdoukos, una de las protas femeninas Anna Berdeke (a esta actriz no la había visto en mi vida aunque creo que salía en un thriller de médicos titulado "Anatomia", también alemán), el actor turco Birol Üdel (fantástico en su papel de cocinero tarado) y, claro está, Moritz Bleitbreu uno de mis actores alemanes preferidos (visible en "Munich", "La lista de Schindler", "El experimento", "Llamando a las puertas del cielo", "Speed Racer", "Corre, Lola, Corre" etc) y que siempre me da la sensación de que está bien en cualquier cosa que haga.

Por si fuera poco el reparto cuenta con la presencia de Udo Kier, ese señor inquietante que siempre hace de tío inquietante, haciendo de señor alemán inquietante. Papel que, claro está, borda.

Película fina, fantásticamente bien rodada, película para ver, disfrutar y echarse un rato agradable con las andazas de estos personajes.

Si Winterbottom es capaz de darnos cada vez una película diferente no está de más que directores como Akin sigan su ejemplo y prefieran no encasillarse, concretamente, en un tipo de historia, en una forma narrativa y en una temática uniforme. Se agradece.

Nota cultural: El gran grupo para triunfadores Rajoy Division ha sacado un nuevo disco titulado "Baile, arte y ocio" donde indagan en el campo de techno, el pop, el rock y esa cosa llamada Valencia ofreciéndonos su disco más conceptual (aunque sólo sea porque todas las canciones tienen siglas por títulos). Se puede escuchar aquí. Se recomienda escucharlo en algún chiringuito  elegante de El  Saler donde pongan patatas bravas, vestido para la ocasión y con sonrisa de no haber recibido una comisión en la vida.   

lunes, 8 de febrero de 2010

La carretera...o como cambiar la (mala) opinión de la intelectualidad española sobre el cine de género


Iba a ponerme en plan Boyero y cantarles aquí las maravillas de "La carretera" (Jim Hillcoat, 2009). Muy en su estilo iba a contarles lo triste de la historia, lo desarraigado del paisaje, lo bien que se transmite el tono de la novela, lo estupendo que es que haya películas que sepan rescatar esos asuntos del alma. 

Es más, iba a contarles que "La carretera" entronca con la tradición americana de las novelas de viajes y de aventuras iniciadas en el siglo XIX pero que, aunque tiene ese aspecto, es un espejo deformado de las mismas pese a que ambas, al final, intentaban descubrirte que el viaje y la carretera acaban sacando al verdadero ser humano que llevamos dentro, que aflora con la lucha en contra de los elementos.  

Pero es que, como no me ha dado tiempo, pues Carlos "El Maestro" Boyero y otros tanto lo han hecho ya y corro el riesgo de repetirme más que el ajo.

Les cuento, por tanto, el cuento desde otra perspectiva: No hace mucho tiempo que en este país el género era algo profundamente vituperado. El intelectual español de corte progre denostaba este tipo de cine por insulso y falto de compromiso mientras que el intelectual español fachón ni siquiera se preocupaba de esas películas extranjerizantes que parecían entretenimiento de niños o la justificación para las parejas para meterse mano en los cines aprovechando los sustos.

La novela de género en España, la de aventuras, posiblemente murió con El Quijote y sólo se podían ver caballeros y marcianos, detectives y vaqueros "made in Spain" en las páginas de nuestros cómics. En ese campo desde los clásicos hasta Carlos Giménez (y su imprescindible y recomendable HOM) hicieron bandera del género mientras que este tipo de novelas fenecía en las estanterías y florecía en los kioscos gracias a la edición de las novelas de edición barata. En el cine, los géneros vivían una suerte parecida y, pese a ser francamente rentables en muchos casos, lo cierto es que nadie hablaba demasiado bien de ellos.

La intelectualidad española aplaudía el western (por Ford y Leone) pero, la verdad, no era muy entusiasta del género de terror que venía de fuera -la sangre, la víscera, el destripamiento- y muy poquito de la Ciencia Ficción.

Es decir, que nos hemos perdido algunas cosas interesantes como, por ejemplo, que la historia de la relación que hay entre un padre y un hijo puede contarse desde muchos puntos de vista y, uno de ellos, puede ser más claro, más meridiano y más interesante si los pones a caminar por un decorado apocalíptico mientras son acechados por grupos organizados de caníbales. Pongan este argumento encima de la firma de Stephen King y recibirán ustedes una sonora pedorreta...McCarthy es otra cosa y más ahora cuando flipamos (todos, que yo lo descubrí con el siglo empezado) con el escritor americano que igual se marca una historia sobre un Juez chiflado que arrasa la Tierra de Nadie que hay entre México y USA, que te inventa a Anton Chigurh que es un asesino que lleva consigo una pistola de aire comprimido para matar ganado...

Gracias a McCarthy y a películas como "La carretera" ya a nadie le avergüenza decir que le molan las películas de zombies...seguramente porque "Zombieland" es una de las mejores películas del año junto a "Resacón en Las Vegas" que es una de las mejores comedias de los últimos años...ambas dos han sido ninguneadas por la Academia de Hollywood pero, bueno, que se puede esperar de unos señores que le dan nueve nominaciones a Avatar...

Pero seguro que me estoy alargando sin hablar de la fotografía de Javier Aguirresarobe que ha hecho un trabajo excelente o más que excelente fotocopiando la atmósfera de la novela original. Fantástico. Por cierto, les recuerdo que por aquí hay una entrevista que se publicó hace tiempo en este blog con el propio Aguirresarobe en el que cuenta algunas cosejas de la película. Aquí

Gran adaptación del texto original al que se le han colocado algunos adornos (Charlize Theron) y algunos planos un poco superfluos que, me imagino, intentan hacer un poco más de sangre con el espectador y hacernos ver la historia de los protagonistas de la película antes de la hecatombe. No era necesario, ya te haces una idea de como es la vida actualmente y como tiene que quedar el asunto después de una catástrofe que arrasa con la humanidad. Como decía un maestro del guión "lo único que hay que hacer para adaptar una novela es quitarle lo superfluo y no intentar mejorar el trabajo narrativo del original porque, para algo, te has empeñado en comprar los derechos de una novela". Pues eso, Hillcoat debe de haberse aprendido ese consejo de maravilla y lo ha aceptado sin añadir, ni remover demasiadas cosas. Era menos necesario que los planos pre-apocalipsis.

Por lo demás y ya en plan Boyero les diré que "La carretera" me ha emocionado profundamente y que es una muy recomendable film. Mucho más recomendable, por ejemplo, para las personas que actualmente lo están pasando guay y un poco menos para los que la vida les pinta en bastos porque triste es un rato pero, bueno, también lo es el frenillo de Rajoy y dicen que va a ser presidente...yo, en una de estas, me hago finlandés con acento argentino como Vigo Mortenssen...o americano con acento danés o...bueno, da igual. Lo diré una sola vez: "La carretera" es tan buena que, incluso Vigo, lo hace bien...incluso mejor que en "Promesas del este".

martes, 5 de enero de 2010

Antes James Cameron molaba pero ahora es la mierda


Mucho más que los entusiásticos comentarios sobre Avatar (James Cameron, 2009) me ha sorprendido que toda la cohorte de defensores de la cinta no hayan hecho ninguna mención a la influencia que el trabajo de los dibujantes Boris Vallejo, Moebius o Richard Corben (su considerada obra magna, Den, tiene bastante que ver con la película en muchos aspectos) han tenido sobre los diseñadores del Planeta Pandora, escenario único de la película.

Será porque muchos de esos defensores hasta hace bien poco cargaban sistemáticamente contra cualquier película de género que asomase la gaita por nuestra cartelera y la mayoría consideraban el cómic como un arte menor. El entusiasmo, parece ser, es uno de los rasgos definitivos de cualquier converso que se ve obligado a aplaudir con las dos manos bien abiertas y en pie a cualquier cosa que lleva la etiqueta de moderna.

Nadie que haya visto esa película y que tenga dos dedos de frente, o que esté en sus cabales, puede creerse eso de que "Avatar es la película que cambiará la historia del cine" como se nos ha repetido machaconamente desde la bien desplegada maquinaria propagandística del film. Es una película mediocre, con un guión muy malo, es descabellada en todo su planteamiento, plana hasta lo infantiloide (que no hasta lo infantil porque sólo en el primer fotograma de Los Increíbles -Brad Bird, 2004- hay más cine que en todo la nueva de Cameron) y larga como un día sin pan.

De hecho hay algo inquietante en que se diga eso de que Avatar cambiará la historia del cine...espero que no. De verdad. No me puedo imaginar como está, en general, el cine si avanza con ejemplos como este.

Hay algo en todo el entramado publicitario de la cinta que recuerda bastante (y un poco más) al movimiento que Cameron hizo con Titanic (1997). Al parecer Cameron también declaró que había tardado varios años en acometer el proyecto porque la tecnología no estaba lo suficientemente avanzada para retratar fielmente el hundimiento del barco (aunque no tuvo empacho en colocar el cuadro "Las señoritas de Avignon" dentro del propio Titanic pese a que el lienzo de Picasso cuelga en el Museo de Arte Moderno de NY dando a entender que lo importante son los medios y no el mensaje) y la oficina de prensa también dijo eso de que la película cambiaría definitivamente el rumbo de la historia cinematográfica.

¿Nos podíamos creer semejantes cosas sabiendo que el tema principal estaba cantado por Celine Dion?

Cursi, predecible como las películas bíblicas y con un guión deficiente Titanic es, poco a poco, recordada como un bluff, como una especie de locura colectiva. Se llevó 11 oscars. Una cifra escandalosa en su momento y que ahora con cierto sentido común le parece una broma pesada.

Habría que preguntarse por qué a la gente le pareció tan mala Waterworld (Kevin Reynolds, 1995) y, sin embargo, halaga con desvergüenza a estas dos películas ¿No será que Costner se quedó sin dinero para promocionar convenientemente su película? ¿Que tendría que haber despedido a su jefe de prensa? Es posible que así sea porque, sinceramente, no se me ocurren razones técnicas por las cuales Avatar sea superior a la película de Reynolds. De hecho tienen más o menos lo mismo: agua, barcos, una historia de amor, gente repelente a raudales y cosas que dan cosica como Kevin Costner vestido de Aquaman y con unas branquias debajo de las orejas...sustituyamos a Costner por Di Caprio intentando hacerse pasar por un bohemio bebedor de absenta de pasado torturado y tortuoso -pese a tener aspecto de estar recién salido del gimnasio- y tenemos dos películas gemelas. Incluso ganaría la primera que tiene a Dennis Hopper.

En todo caso Avatar es muy mala. Es una película débil que, sólamente se sostiene por el espectáculo visual (no muy original) que supone su metraje.

La cosa va de una corporación malísima que intenta arrebatarle a los habitantes de Pandora un mineral apreciadísimo (no se nos explica para qué sirve) que puede extraerse de debajo del lugar donde viven. A estas alturas ya es para pensar que la cosa es un "Bailando con lobos" (1990, Kevin Costner) -another bluff- o un "Un hombre llamado caballo" (Elliot Silverstein, 1970) o cualquier película que tenga que ver con un hombre que acaba conectando con una tribu extraña a la suya. No es raro pues que el malo sea una especie de remedo musculado, y un tanto gay, de John Wayne. Un malo tan chulo, tan redicho y tan idiota (tanto que revela sus planes, más o menos, en su primera intervención) que cada vez que aparece tienes que reírte un poco.

Sin ninguna explicación, ni de personajes secundarios, ni siquiera en realidad del nombre de la malvada corporación, todo consiste en sentarte y en disfrutar del espectáculo visual. Vaya. Como mirar un Matisse o ver uno de esos montajes que la Fura des Baus monta para la Comunidad de Madrid y que van de epatar mucho al personal pero de no contarte nada ya que, en realidad, los colores y los bailoteos valen igual para celebrar el bicentenario de una ciudad que para saludar la candidatura olímpica.

Es Avatar una película sin significado y sin trascendencia, con una falta de mensaje dolorosa (en tanto en cuanto va de película profunda que quiere contar muchas cosas) y también por desgracia con series contradicciones que nos hacen pensar en que Cameron es un tipo incapaz de articular nada con un discurso medianamente decente. En este punto quiero dejar claro que no creo que, necesariamente, una obra tenga que tener mensaje pero que se exige que, si no lo tiene, al menos no se quiera vender uno. En este caso Cameron invierte 2 horas y 40 minutos en contarnos que "hay que ser bueno con la naturaleza". Guay. Estoy de acuerdo en esto último.

Pero, la verdad, la imagen que Cameron tiene de la naturaleza y, sobre todo, el inquietante hecho de que todos los habitantes de Pandora estén interconectados por una especie de cable USB universal que permite que, entre ellos, se comuniquen a la perfección dando igual que uno sea animal, mineral o vegetal me hace plantearme que Cameron no entiende muy bien las reglas de la biología y que pretende vendernos una especie de extraño discursillo sobre la incapacidad del hombre para "conectar" con su propio planeta cosa por la cual nos lo estamos cargando. Francamente una idiotez repetida mil y una veces y que, claro está, deja fuera del debate el hecho de que la destrucción del medio ambiente planetario tiene más que ver con cuestiones económicas que con cuestiones metafísicas.

Por desgracia para nosotros el director si entiende que el cine es más economía que metafísica o, al menos, más economía que guión. Es por eso que Avatar nos regala algunos de los momentos más sonrojantes de los últimos tiempos y que su guión sea una sucesión de lugares comunes, frases hechas y poses mil veces vistas. Si hubiera que salvar algo yo diría que Michelle Rodriguez, que se llama Trudy Chacón (hace de soldado...una coincidencia en el apellido con nuestra Ministra de Defensa), es lo más salvable de la misma.

Sin duda me quedo con la frase que dijo mi amigo Alex nada más salir del cine y que es el título de esta entrada: "Antes James Cameron molaba pero ahora es la mierda". Un sabio, sin duda.

martes, 20 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos


Raquel me arrastró a ver la última película de Juan José Campanella. Boyero había dicho que era buena y que "thumbs up!" pero, la verdad, no es un director que me emocione. De hecho la única película de Campanella que no me había hecho bostezar hasta la fecha era "El niño que gritó puta" (1991).

No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.

Pero no hablemos del pasado porque, es posible, sólo posible, que el trabajo de Campanella como director de series de televisión como "House", "Rockefeller Plaza" o "Ley y orden: Unidad de Víctimas especiales" le haya convencido de que se pueden hacer buenas películas sin tener una profusión de primeros planos ñoños y conversaciones sobre el ser y el querer y de que el sentimentalismo es una especia fuerte que debe de administrarse con cierta tacañería.

Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.

Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset,   Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...

Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´

¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.

Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han  tomado más cuerpo y vigencia.

Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.

Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.  
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de  los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.

Que la disfrutéis....

PD: Se corre el riesgo de salir de la película hablando en argentino diciendo cosas como "vamos a cagar a esos fachos a trompadas" y un largo etcétera...quedan advertidos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Malditos bastardos


Esperaba que la última película de Tarantino fuera mucho más violenta. En serio. "Malditos bastardos" no es ni de lejos la película más violenta del director texano que no alcanza en ese campo a "Kill Bill" y desgraciadamente tampoco es la más mostrenca. Es violenta a veces y mostrenca a veces y es, en esos mismos instantes, donde la cosa se pone interesante y la película alcanza los objetivos esperados.


El peor lastre de esta película es que Tarantino sigue fiel a la filosofía narrativa que el personaje que él mismo interpretaba en "The man from Rio" (la cuarta historia de "Four Rooms"). En dicha escena QT daba una larga explicación a Tim Roth (que interpretaba al Botones) sobre las razones por las cuales le había pedido subir hasta la suite donde se celebraba la fiesta y que trajera consigo un trinchante, una tabla de cortar carne, dos clavos, una bola de bramante y un martillo. Cuando se estaba alargando demasiado alguien le pide que acelere y él dice: "Es posible que mi explicación de la vuelta al mundo pero llega hasta donde yo quiero que llegue".


Nadie lo ha dicho más claro y nadie ha sido tan fiel a su filosofía desde sus comienzos: las películas de Tarantino, un rasgo compartido con la literatura y el teatro del Siglo de Oro y con Shakespeare curiosamente, parecen perderse en explicaciones pero, al final, vas entendiendo que todo justifica un final épico (cuenten cuantos finales trágicos o abruptos ha generado Tarantino...).


"Malditos bastardos" intenta recuperar la fórmula narrativa de "Pulp Fiction" (¿Que era Pulp Fiction si no una enorme y contínua digresión?) pero sin alcanzar el nivel de los parlamentos que se largan Christopher Walken sobre el reloj que llevó insertado en su ano durante el cautiverio de Vietnam, el de Vingh Rhames en off ante la cara de mármol de Bruce Willis sobre las punzadas de la honradez o el de Samuel L. Jackson ante la jeta de Honey bunny y Pumpkin sobre por qué soltaba aquella cosa de la Biblia y que identificaba como el pasaje de Ezequiel 25:17 (por cierto, inventado y alargado por Tarantino).


Pese a ese fallo los logros de "Malditos bastardos" son tan grandes que hacen olvidar que, en algún momento, la narración te provocó un bostezo. Me tomo este "Malditos bastardos" como la primera parte que dará parte a otra película centrada completamente en las aventuras de los bastardos del Teniente Aldo Rayne.


En la primera posición de los logros de esta película está lo bien que se desenvuelve Tarantino a la hora de manejar los diálogos. En serio, son artificiales e impostados y son la antítesis del naturalismo o el realismo, están llenos de frases guays que sólo eres capaz de reproducir en plan paródico en la vida real pero, coño, funcionan tan bien dentro de las películas de Tarantino...


Después la elección de un tipo como Christoph Waltz para interpretar al que se revela como personaje casi principal de la película: el "caza judíos" Hans Landa. Un tipo vil, malo como el baladre, chungo, inteligente, cursi, refinado y, claro está, violento y amante de la jerarquía. Un mal bicho que representa todas aquellas cosas negativas que uno conferiría al Tercer Reich y a todos los que lo hicieron posible. Sin duda una de las mejores interpretaciones de los últimos años y uno de los personajes más interesantes que se ha visto en el cine de los últimos años. Es tan bueno que es capaz de zamparse a todos los actores con los que comparte secuencia casi sin esfuerzo.


Rinden a gran nivel también los otros actores europeos desde Daniel Brühl, metido en la piel de un personaje con dos caras, hasta Sylvester Groth que se marca un increíble Joseph Goebbels que no te hace olvidar al que interpretó Johannes Silberschneider en "La niña de tus ojos" (Fernando Trueba, 1998).


En el apartado actoral Eli Roth queda algo desdibujado haciendo de Donny "Jüden Bear" Donnowitz al igual que Mike Myers que fue la primera elección de Tarantino para encarnar al jefe de los bastardos, Aldo Rayne, y también al personaje de Hans Landa pero que luego se ha tenido que conformar con una aparición muy pequeña.


No me gustaría tampoco olvidarme de Brad Pitt que borda el papel del chiflado y violento Aldo Rayne, Teniente y al parecer inventor de la operación de los bastardos, en su faceta de paleto sin corazón (en la vida civil se dedicaba al contrabando de alcohol en Tennessee) que consigue el puntito de desmitificación que daban los personajes de "Los Doce del Patíbulo" (Robert Aldrich, 1967) o el de James Coburn en "La Cruz de hierro" (Sam Peckimpah, 1977). Seguramente sin el concurso de Pitt, atentos a la escena en la primera escena en el interior del cine y a los caretos que pone en segundo término, al película hubiera sido otra completamente diferente porque, en el fondo, frente al refinado europeo y cruel que representa Landa está su némesis que no es otra que el cateto americano violento, montaraz y poco educado de Rayne.


Es una pena que el padre de la revisitación de los géneros bastardos (películas de atracos, blaxplotaitions, artes marciales, western, gore, grindhouse etc.) se haya perdido en derroteros más formalistas, más intensos, más de auteur y no haya confiado en lanzarnos a la cara una película totalmente mostrenca porque la ocasión lo merecía. Es una pena que sus ganas por firmar una obra maestra lo hayan alejado de su objetivo.


Los que hemos leído los tebeos de "Hazañas bélicas", leído a Sven Hassel y coleccionado soldaditos de plástico de la marca monta-plex nos sentiremos plenamente identificados con esta película y las razones que ha tenido Tarantino para ofrecernos semejante espectáculo. No se si ustedes serán de esa generación pero a todos los que debajo del árbol de navidad nos encontramos en algún momento una winchester de plástico, una ametralladora dotada de un ingenioso gatillo que la hacía sonar como un arma de verdad (o casi) o un casco de color verde de los Marines comulgaremos perfectamente con las razones que ha tenido Tarantino para jugar así con el género y con las historias de la II Guerra Mundial. En cierto modo ha hecho lo mismo que hacíamos nosotros cuando nos perdíamos por los descampados simulando ser un comando que acababa de saltar de un avión en paracaídas detrás de las líneas enemigas en una zona atestada de malditos nazis: contar nuestras propias historias y echar la tarde. A Tarantino le ha costado unos cuantos millones más de dólares pero, bueno, se trata de lo mismo.
En definitiva: Malditos bastardos es una gran película. Una película de Tarantino en todos los sentidos de la expresión y eso es mucho en un panorama cinematográfico que parece cada vez más condenado a los productos impersonales donde no importan quien se siente en la silla donde pone director. A costa de hacer las cosas medio bien (y nunca medio mal) Tarantino va a pasar a la historia como uno de los grandes del cine por la sencilla fórmula de redescubrirnos a los clásicos y de reinterpretarlos. No está nada, pero nada mal. Ya digo, es casi una obra maestra.

martes, 11 de agosto de 2009

"American swing": tiempos sucios y divertidos


En los años 70 Nueva York se convirtió en la capital oficial del mundo occidental. Pasados los febriles y comunitarios 60 la intelectualidad abandonó atropelladamente el Oeste huyendo del violento y repentino invierno que aniquiló la primavera de las flores y se volvió a refugiar en los 70 para inaugurar una década más individualista.
A toro pasado la clase media norteamericana comenzó a asumir los cambios que la revolución hippie había propuesto, y que hasta ese momento se habían considerado como descabelladas, y se generalizaron las protestas contra la guerra de vietnam (mucho más amplias y virulentas), se comenzó a liberalizar el mercado editorial, la industria cinematográfica entró en una barrena (que fue mitigada por una nueva generación de barbudos que hacían cine de autor) y, en general, la perspectiva de una vida menos encorsetada se hacía bastante patente.

Las convulsiones sesenteras (una década llena de crímenes de estado, revueltas sociales y raciales, el recrudecimiento de la guerra de Vietnam, el terror nuclear y la Guerra Fría...) habían desgastado poco a poco a los norteamericanos de USA y los sumió en una necesidad de divertirse (algo parecido le pasó a la corte Española, sólo a la Corte, cuando murió Felipe II y subió al poder Felipe III...pero esa es otra historia) y sobre todo de conocer otros mundos que estaban en este...nada más y nada menos que subirse al carro de eso que se llamó Revolución sexual.

Nueva York se convirtió en toda una referencia por distintas razones,por un lado había asumido definitivamente la capitalidad intelectual (dejando a los californianos el negocio de la televisión y el cine de entretenimiento) pero también asumiría la de la capital del entretenimiento para adultos y sólo para adultos.

Studio 54 así como otras grandes discotecas inauguraron la etapa del disco, una etapa famosa por los cambios de consumo (de hecho EE.UU. parecía querer resarcirse de una década en la que se había hecho bandera del "no consumo") en el campo de la moda (la gente comenzó a vestir como si todas las noches hubiera que asistir a una fiesta), la música (sonidos más urbanos, nacidos en los clubes, hechos por grupos nacidos en los cinturones industriales de las industriales ciudades del norte) y también de las drogas donde se dejó paso a las sustancias de consumo comunal que garantizaban experiencias comunales (básicamente alucinógenos, opiáceos y marihuana) para meterse de lleno en la cocaína que garantizaba 100% de pasotismo inducido químicamente y luego, un poquito más tarde, del consumo masivo de la heroína (no tan famosa en los años 60) y también esa necesidad de hedonismo de medio pelo.

Las películas X, estrenadas al principio con la etiqueta de películas científicas, comenzaron a hacer esa labor. Unas películas que no podrían haberse estrenado nada más que cuando la industria del cine necesitó una inyección monetaria extra y decidió saltarse a la torera el código Hays que había constreñido la creatividad durante unas cuatro décadas.

El interés de los americanos por el género ínfimo, circunscrito básicamente a chungas emisiones privadas de películas ilegales o europeas, se disparó en aquellos años de tal modo que "Garganta profunda" (Gerard Damiano, 1972), que había costado 25.000 dólares recaudara más de 600 millones de dólares o que otras películas como "Tras la puerta verde" (1972, hermanos Mitchell) fuera de las más taquilleras del año, también que Playboy o Hustler alcanzaran su esplendor en estos años abandonando por completo el lugar de semilegalidad de la que habían (no) disfrutado.

Tan necesitados estaban los norteamericanos de impulsos y de nuevas experiencias que decidieron inaugurar (con el discreto patrocinio de Henry Kissinger) una liga profesional donde el Comos de NY ponía el glamour y los grandes jugadores (Chinaglia, Pelé, Beckembauer, Cabañas, Neeskens...) mientras que los San Louis Earthquakes ponían el oficio y los títulos...al menos al principio.
Esta historia se puede ver en el divertidísimo documental "La asombrosa historia del New York Cosmos" (2006, Paul Crowder&John Dower) que resume la historia oculta de este chiflado experimento deportivo y que tiene mucho que ver con el documental "American swing" (2008, Jon Hart&Matthew Kauffman) que trata de la historia de uno de los personajes más bizarre de la historia de Nueva York: Larry Levenson.

Conocido como el "Rey del Swing" su apodo no le venía por mover bien el palo de golf, ni tampoco por cantar como Frank Sinatra aunque llegó a tener tanta fama como él. Lo de swing le venía por ser el rey de los swingers o, lo que es lo mismo, el intercambio de parejas.

Aficionado a este tipo de prácticas desde los años 50, Larry era un enfebrecido aficionado al sexo. Muy trabajador pero muy mal empresario decidió unir su afición (zumbar) con su sueño (hacerse rico) y se dio cuenta de que todos los intercambios de parejas se producían en el ámbito privado, dentro de domicilios y entre personas que comenzaban a aburrirse de estar siempre juntos. Larry se fijó en que los bares gays ofrecían fiestas de sexo liberal y abierto y que el ambiente llevaba bastante adelanto en lo que a esa materia se refería. De ese modo decidió calcar el modelo de negocio y alquiló una vieja sauna gay neoyorquina para abrir su primer y único negocio: Plato´s retreat. O, lo que es lo mismo, el Retiro de Platón.

Semejante chiflado nombre convirtió su local en un lugar de referencia y, de buenas a primeras, lo convirtió en todo un personaje que se sentaba todas las noches en un trono junto a su novia (y socia) Mary.

Contado con ritmo y con gracia "American swing" hace un repaso del auge y la caída del local y del personaje, los personajes famosos que acudían con ganas de marcha (Richard Dreyfuss y el elenco de SNL, el actor porno Ron Jeremy que tiene como siempre mucha gracia en sus testimonios), escritores, periodistas, artistas y también el testimonio de clientes anónimos que recuerdan el lugar con una mezcla de caspa sentimental y pulsión naïf digna de ser vista. Aunque se queda un poco flojo o se oscurece en algunos aspectos interesantes -como la conexión de Larry con la mafia o la ruptura entre los dos socios- lo cierto es que te hace pasar un buen rato y te retrotrae a unos tiempos fugaces en los que el SIDA, uno de los asesinos del local, ni siquiera existía.

Cargado de material real que capta la deshinibición general y el rollo desenfreno un poco macarril que se respiraba "American swing" bien podrían servir para comparar semejante libertinaje con los actuales tiempos en los que parece que todo el mundo agradece eso de que el personal se la coja con papel de fumar.

Por cierto, puede verse aquí. Pero no digáis que os lo he dicho.

miércoles, 5 de agosto de 2009

UP


¿Alguien se acuerda de cuando durante el verano no pasaba casi nada? Los periódicos se llenaban de cosas inútiles como suplementos "fresquitos y diferentes" en el que mostraban al mundo que el periodismo de solera también sabía ir en bermudas por la vida. Los telediarios se llenaban de incendios, de accidentes de coche y, muy de vez en cuando, una tragedia enorme cruzaba por nuestras vidas detrás de una gran pelota azul oscuro con la palabra NIVEA escrita en su panza.

Pero este verano está especialmente cabrón: Caso Gürtel, Camps convertido en nuevo martir de la conspiración socialista a escala global, terrorismo, la programación de Telecinco, el tío ese que escribe bajo el pseudónimo de Carlos Cay en El País, la polémica de la piscina de Pedro José Ramírez...

Había que darse una dósis de optimismo y convencí a Raquel para dejarse llevar hasta una sala donde proyectaban UP (Peter Docter & Bob Harrison, 2009) ¡en 3D!

En los años 50 un norteamericano llamado William Castle fue el primero en intentar llevar el cine a otra dimensión o, más bien, en devolver al cine a la barraca en la que nació. Aprovechando el gusto de los adolescentes por las películas de terror Castle decidió convertir cada uno de los estrenos de sus películas en una experiencia única. A Castle le debemos algunos trucos como las películas en Odorama: un simple artilugio que lanzaba bocanadas de olores que acompañaban a la película y que ayudaban a reforzar la experiencia sensitiva de los espectadores y que el chiflado de John Waters volvió a utilizar para Polyester (1981) entregando con cada entrada una tarjeta impregnada de olores como el de "caca de perro", "sudor", "hamburguesas" y que los espectadores iban rascando siguiendo las indicaciones de la pantalla.

Además de eso Castle, un mago para vender películas de serie B, equipaba las salas con cepillos que pasaban por los pies de los espectadores cuando aparecía en pantalla una marabunta de insectos, cutre fantasmas florescentes que atravesaban la sala, actores que simulaban sufrir ataques de pánico o apostados en la puerta de las salas disfrazados de médicos y obligando a los espectadores a suscribir un papel donde juraban no demandar a la productora si morían de un ataque al corazón y, claro está, cosas como el 3D que tuvo un repunte en los 60...algo debido al consumo de LSD y que también benefició al reestreno de Fantasia (1940) que se convirtió en toda una experiencia para la masa hippy. La vida de Mr. Castle, o un remedo de ella, puede verse en la estupenda "Matinee" (1993, Joe Dante).

El caso es que Disney ha querido volver a reutilizar este truco (francamente mejorado, se han sustituído las gafas de cartón bicolor por unas muy modernas de tres lentes irisadas) para intentar sobrellevar lo mejor posible el asunto del pirateo. No está nada mal, la verdad, de vez en cuando dejarse seducir por estas cosas.

UP es seguramente una de las sorpresas de esta temporada. Una película que parece concebida por Terry Gilliam y que recuerda, tremendamente, al corto del comienzo de "El sentido de la vida" (Terry Jones & Terry Gilliam, 1983), aquel en el que un grupo de viejecitos empleados en una vieja empresa de seguros deciden hacer zarpar su edificio y enfrentarse contra una moderna y joven corporación.

Aquí es un viejete a medio camino entre el Spencer Tracy de "Adivina quién viene a cenar esta noche" (Stanley Kramer,1967) y Walter Matthau convierte su casa en un zeppelin casero impulsado por globos de helio atados a los hierros de la chimenea para llegar a las Cataratas Paraíso. Sin duda una premisa que podría pertenecer al realismo mágico (ahora que su virtudes han sido descubiertas por los realizadores y guionistas norteamericanos) o a ese tipo de películas independientes con grandes rasgos naïf.

Un comienzo de cuento para adultos (la vida de una pareja desde la infancia hasta la vejez) enlaza con un primer plano calcado de "Nuestros pequeños aliados" (Matthew Robbins, 1987) y de ahí a una historia chiflada en la que se entremezclan un torpe niño explorador, parecidísimo al personaje de Gordi de "Los Goonies" (Richad Donner, 1985), un pajarraco extraño a medio camino entre el Correcaminos, Buster Keaton y el velocirraptor malvado de "Parque Jurásico" (Steven Spielberg, 1993) y un malo malísimo colgado y perdido en medio de la selva con rasgos de Klaus Kinski o, mejor, del Coronel Kurtz de "Apocalypse Now" (Francis Ford Coppola, 1979) al que no le falta su ejército de adeptos formado por perros que llevan un collar que les permite hablar como a los seres humanos olvidándonos así de tener que preguntarnos por qué en las películas de dibujos animados los animales se comunican orálmente sin que a nadie le resulte extraño.

Peliculón de principio a fin, historia de aventuras, sin muchas pretensiones a primera vista (quizás menos introspectiva que "Wall-E") pero que destila gran cine por estar realizada con un tino espectacular y escrita de maravilla.

Por si a alguien le sirve la información diré que no es una película demasiado adecuada para niños demasiado pequeños pese a que, por la publicidad, y porque en este país cualquier película de dibujos animados es pasto de las sacrosantes familias, las salas suelen llenarse de infantes que no acaban de enganchar con la película hasta que la trama se vuelve más infantil y no hay que fijarse ni en los diálogos ni en la presentación de los personajes que se ven envueltos en asuntos que a los chiquillos les quedan bastante lejos.

Pixar, el estudio que la ha producido y que distribuye Disney, que ya es dueña de algunas de las mejores películas de animación de la historia (tengo verdadera debilidad por Toy Story) ha alcanzado con UP lo que ya pretendió con Wall-E que no es otra cosa que demostrar que hay un cine comercial interesante y divertido que puede ser digerido sin necesidad de sonrojarse a cada línea de diálogo o con cada situación planteada en la pantalla.

Se habla estos días mucho de que Pixar ha reformado un género...se habla mucho de artistas que renuevan géneros cuando, en realidad, lo único que están haciendo es volver a las raíces del mismo. Este es uno de esos casos porque UP es una película de aventuras clásica para entretenerse durante unos minutos, un espectáculo visual impresionante, un regalo, un tinto de verano bueno, bueno, para refrescarse de tanta desgracia, una oportunidad para dejarse llevar.

sábado, 11 de julio de 2009

Crash: descarga de realidad


En uno de los episodios de las primeras temporadas de "El Séquito", la enorme serie de la HBO protagonizada por Adrian Grenier y producida por Mark Walhberg y que trata sobre la vida de una emergente estrella y sus amigos en Hollywood, aparecía el director Paul Haggis interpretando una parodia de sí mismo (algo normal, la serie está llena de cameos de este tipo). Paul Haggis alcanzó la fama con la película "Crash" (2004) que se alzó con seis Oscars: Mejor actor secundario (Matt Dillon), el de dirección y guión (Paul Haggis y el otro compartido con Cathy Schulman), mejor película, mejor montaje (Hughes Winborne) y mejor canción (Kathleen "Bird" York).

Desde entonces Paul Haggis ha trabajado con Clint Eastwood como guionista y ha producido la interesantísima "Los Hermanos Donnelly" (tristemente cancelada a los 16 episodios) además de haber rodado una de las mejores (y más desapercibidas) películas de los últimos años: "El Valle de Elah".

El caso es que en la escena en la que aparece en "El Séquito" Paul Haggis comenta que estaba pensando en convertir "Crash", su éxito cinematográfico, en una serie de televisión. Buen chiste, pensó la audiencia e, incluso, la audiencia más cinéfila pensó en aquél otro sketch de "El juego de Hollywood" (Robert Altman, 1992) en el que Buck Henry, coguionista de "El graduado" (Mike Nichols, 1967) estaba sentado en el despacho del productor Griffin Mill (Tim Robbins) para ofrecerle una segunda parte de "El graduado".

Pues en realidad Paul Haggis no bromeaba cuando decía que quería convertir "Crash" en una serie porque el año pasado el canal de cable Starz Channel estrenó los primeros 13 episodios de la saga y estrenará a mediados de septiembre la nueva temporada.

¿De qué va "Crash"? Básicamente de la vida en Los Angeles que es de lo que iba la película en la que se inspiraba y que usa la misma técnica coral que "Vidas cruzadas" (1993), la adaptación de la novela de Raymond Carver que hizo Robert Altman, es decir va contando varias historias de diferentes personajes que por diversas y estúpidas razones (un poco como la vida) van interrelacionándose. Como plato fuerte la historia de un productor musical alcoholizado y drogadicto interpretado por Dennis Hopper (que aquí claramente se hace una autoparodia) y su hombre para todo (Jocko Sims) y de ahí hasta la historia de la familia de un constructor desaparecido tras un incendio provocado, unos cuantos polis corruptos en diversas escalas, un espalda mojada guatemalteco...

Inspirada, dura, realista, creíble, bien interpretada, bien rodada para "Crash" se agotan los adjetivos como ya se agotaron para la película del mismo nombre.
Aprovechando que el canal 2 del Plus la ponía hoy completa he terminado de ver los episodios que me faltaban me han venido a la cabeza las novelas de James Ellroy (L.A. Confidential, Jazz Blanco, El gran desierto, La Dalia Negra) y las novelas angelinas de Bret Easton Ellis de Menos que cero y también de "Los informadores" que este año será estrenada y que será dirigida por Gregor Jordan que ya dirigió la grandísima (y casi inédita) "Buffallo Soldiers"; De las películas de Altman, de Chinatown, de Hal Ashby y sus Ocho millones de maneras de morir, del Mullholland Drive de David Lynch, de "Historias de Los Angeles" (Mick Jackson, 1991) una comedia grande como lo era "The big Picture" y de otras tantas que también han intentado captar el caos de una ciudad extraña que ha crecido alrededor de una enorme autopista justo debajo de un cartel donde pone Hollywood. Todas esas historias parecen caber en "Crash" como también todas esas influencias aunque para comprobar las coartadas tendréis que verla.

viernes, 10 de julio de 2009

Presagios bíblicos


Ayer hubo tornados en Valencia. A punto estuvimos de llamar a Helen Hunt para que se presentara con su ejército de cazatornados, esos que salían en Twister (Jan de Bont, 1996). Sí, por 1996 la Hunt hacía películas de acción para quitarse la costra de costumbrismo de aquella serie llamada "Mad about you". La verdad es que los 90 fueron loquísimos...lo he podido comprobar hoy después de una excursión a la Playa de Cullera, Raquel me iba señalando todas las discotecas de la Ruta del Bakalao. Puzzle, Barraca, Face, Chocolate, Salitre...todos parecen amenazantes antros cuando se miran a la luz de la tarde y sin medicar. Impresionante vista del atardecer desde el mirador de la Albufera con el agua tragándose, literalmente, este sol blanquecino de tormenta que lleva desde ayer por aquí y que ha hecho bajar la temperatura de 36 a 21 grados en apenas 48 horas.

Sin duda el cielo quiere decirnos algo por aquí. Ya ves. Tornados, tormentas bíblicas, constipados en pleno julio...pero no sólo eso...esta mañana en Canal 9 un presentador ha dicho: Recién llegado del otro mundo...¡Michael Jackson!. Hostias, era verdad, Michael Jackson ha entrado en el plató pegando palmas, bailando dislocádamente y haciendo el moonwalk más largo de la historia, nada más y nada menos que desde la cancela de San Pedro hasta los estudios de la televisión autonómica valenciana. He pensado: "Joder, muertos levantándose...esto es digno de la profecía...que alguien llame al Padre Karras". Luego se me ha pasado porque la persona que ha entrado en el plató era un Jackson, Francisco Jackson para más señas, hijo de esta tierra y doble "oficial" de Jacko. Al ser preguntado por lo que hubiera hecho de haber sido invitado al sepelio del Rey del Pop ha dicho en un claro valenciano: "mantenerme en un discreto segundo plano". O sea, bien, porque no hubiera sido plan de haberle quitado el protagonismo a Stevie Wonder o haber captado la atención de las cámaras en el momento en el que Brooke Shields comentaba lo buena persona que era Michael. La gente de estas tierras es así.


Lo que está claro es que en Valencia las cosas están del revés: las nubes no se levantan, los pajaritos no cantan y los muertos se aparecen por Canal 9. La razón es clara: son muestras del enfado celestial por la próxima crucifixión de un inocente. De un inocente, de un hombre honrado, de un místico que, a la mínima, te casca un discurso en lenguas. Y no lo digo porque sus apóstoles anden jurando en arameo en estos días si no porque Don Francisco Camps habla una deliciosa mezcla de valenciano y español tan rara que sólo podría ser entendida en las praderas del Señor donde acampan angelitos y serafines y Cristo nuestro señor pastorea a su rebaño.

Si Dios castigó a los egipcios con siete terribles plagas para liberar a los judíos no tengo muy claro que hará ahora para liberar a su queridísimo pueblo valenciano quele monta visitas al Papa que ríete tú de los fastos de U2 y es uno de los más devotos del mundo en palabras de la alcaldesa de Valencia Doña Rita Barberá, tan divertida ella, tan campechana y tan milagrera que, a una declaración suya, es capaz de convertir el agua en vino y una lata de anchoas en una cuestión de estado.

Hemos comenzado con las trombas, después con los tornados, pero no me extrañaría que dentro de unas semanas El Cabanyal entero desapareciera y después otro barrio y después otro; que el Turia se convirtiera en sangre y que David Villa acabe fichando por el Getafe.

Todo sea por evitar que veamos como crucifican al bueno de Camps entre dos ladrones. No me extrañaría que muy pronto Camilo Sesto se apareciera en el Oceanografic para cantarnos un temita que le viene al pelo a esta situación...

miércoles, 3 de junio de 2009

Algunas preguntas que me hago últimamente...

-¿Por qué Francisco Camps es el "más honorable de los valencianos y el más honorable de los españoles" segú Mayor Oreja? ¿No habría querido decir "El más horneable" refiriéndose al color chochinillo al horno que le ha dado a su piel?
-¿Por qué el gurusismo 2.0 (los que ustedes saben) se mata despreciando a los medios de comunicación en papel, a la tele y a la radio pero luego cuelga en youtube una entrevista que le han hecho en un programa de Intereconomía emitido a las 3.00 de la mañana y la enlaza en su blog para que todo el mundo sepa que "importa" y que "tiene algo que decir tan interesante qiue lo entrevistan"? ¿Existe un pasivo-agresivismo 2.0 hacia los "medios tradicionales"?
-¿Cuál será la canción del verano? ¿Lo que ha hecho la mujer de Fernando Alonso? ¿Por qué no vuelve King Africa?



¿Por qué un forradísimo y fantasmísimo empresario 2.0 intentaba animar a las huestes de sus trabajadores con informes de empresa donde multiplicaba las ventas y los logros de las mismas cuando era evidente que todo se iba a pique? ¿Por qué se me ha olvidado su nombre?
-¿Donde van los 51 guardaespaldas de José María Aznar? ¿En un autobús?
-¿Donde estaba Uribarri cuando los franceses silbaban a Nadal en Roland Garros?
-¿Soy yo el único que piensa que Robinho acabará haciendo películas porno?
- ¿Por qué no soy capaz de acabarme "Nocilla Dream" y mientras tanto me he leído "Diario de un atracador de bancos", "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" y he comenzado "El Chino"?
-¿Por qué Hermann Tertsch dice cosas como estas sin atisbo de que se le caiga la cara de vergüenza?


-¿Por qué Leire Pajín da los discursos como si estuviera a punto de decir "un meteorito se acerca a la Tierra...que Dios nos asista"?

-¿Por qué la Asociación de Internautas denuncia a González Sinde por "conflicto de intereses"?
-¿Se siente alguien representado por la Asociación de Internautas? ¿Hay que tener ADSL para apuntarse?
-¿Qué diferencia hay entre publicar un libro que se titula "Tytadin" y que pone en solfa toda la investigación del 11-M que publicar un libro sobre los milagros de El Escorial?
-¿Por qué es más Papa el Papa de Roma que el Papa Pedro II nombrado por la Iglesia Palmariana y fundada sobre las apariciones marianas de El Palmar de Troya (Sevilla) cuando no podemos comprobar fehacientemente con quien habla Dios de los dos?

jueves, 30 de abril de 2009

Recomendaciones a la orilla del mar


El sol que pegaba esta tarde en la Malvarrosa era como de Super 8. Abres una ventana de un hotel de Estocolmo miras hacia afuera y entiendes el existencialismo y a Bergman, te das un paseo por la Malvarrosa a última hora de la tarde y comprendes a Sorolla a la perfección. Vuelta al dulce exilio mediterráneo y vuelta a las preguntas:

-"¿Si yo fuera el Presidente de todo esto me dejaría comprar por cuatro trajes chuscos...de Milano o pondría mi listón mucho más alto? ¿Estaría dispuesto a arriesgarme a perderme este tranquilo paseo para dar con mis huesos en chirona o en el descrédito?". ´
Cuestión de gustos, ni de coña cambio yo la posibilidad de acabar en el Penal de Picassent con Miquel Ricart si puedo tomarme una caña en el Cabanyal y una ración de esqueixada. Estoy familiar y francamente costumbrista, de extraña rehab...

Raquel me ha preguntado hoy si no me siento extraño con tanto viaje y le he dicho que no, que nunca fui más feliz que cuando vivía de hotel en hotel. Se ha quedado mirándome con esa cara que pone ella de "otra vez tú y tu necesidad por editorializarlo todo", es una cara difícil de captar pero interesante de ver, como la aurora boreal. "Además estoy tranquilo porque aquí también insisten en llegar las buenas noticias" le he dicho.

La semana que viene hacemos las fotos de promoción para el estreno de "El Divo" (serie de ficción dirigida, producida y escrita por Carlos Clavijo) y ya me han pedido los cambios para el "Proyecto de Primavera" (nombre de trabajo) que estoy ultimando con La Pierna audiovisual y que tengo muchas ganas de que salga adelante y el señor de los dineros diga "OK". Todo es esperar y es mejor estar esperando aquí, a la orilla del mar o casi (en realidad esto es más huerta, dicen, pero me lío mayormente con casi todo).

VU87 batiendo records de audiencia en la TDT y ya es el programa más visto de Antena 3 Neox, es el programa en el que estuve trabajando...lo podéis pillar, con todos los episodios de la nueva temporada en este enlace. AQUI. A la derecha encontraréis un calendario con fechas de las emisiones, sólo tenéis que picar y lo encontraréis.

Mientras tanto no dejo de descubrir cosas atrasadas que dan gustico:

-Estoy leyendo "vicios ancestrales" de Tom Sharpe, no es lo que se dice una novedad pero es tan buena, por lo menos, como "El bastardo recalcitrante". Es uno de mis escritores favoritos y me temo que su aura de best seller no le ha ganado las simpatías de la crítica pero a mi me hace reir con todos esos chistes de señoritos ingleses completamente desquiciados...¿Alguien puede decirme por qué seguimos opinando mejor sobre el drama que sobre la comedia?

-Por fin he podido ver el último episodio de la serie "V". Lo juro, jamás había visto el episodio 24 de la saga y, por fin, hoy me he dado un respiro y lo he terminado de ver...les cuento, el día que emitían dicho episodio mis padres se empeñaron en llevarme a una boda de alguien y la cosa se alargó. Después de la tira de años cierro otro círculo...oh, yeah. No voy a hacer juicios de valor sobre una serie que, seguramente, jamás tuvo que hacer una continuación de 19 episodios sobre los cinco originales que eran "del cagalse" de buenos, me parece un ejercicio absurdo de nostalgia...eh, vale, ver el episodio 24 de "V" es un ejercicio de nostalgia pero, sinceramente, esperar revelaciones del mismo hubiera sido absurdo. Cosas a favor: no me acordaba de que las extraterrestres estuvieran tan sumamente mollares. O, en ese momento, con 9 o 10 años no me pareció un motivo de interés.
-He descubierto también cosas a las que no me engancharé: "United States of Tara" la serie producida por Spielberg y escrita por Diablo Cody. Me resulta un poco aburrida y no le pillo el punto pese a que sale Toni Colette que, lo siento, pero me da un morbo cercano al infinito. Definitivamente tiro la toalla con "Gossip girl" y no quiero volver a oir hablar de "Eli Stone". Mantengo mi fe, sin embargo en "Mad Men" y en "Fringe" pese a que su ritmo a veces es un poco lento.
-Como estamos con cosas viejunas quizás deberíais de echarle un vistazo a "Allo, Allo", una vieja serie de la BBC que aquí emitieron las autonómicas en los 90 y que es descacharrante. Desde que la vi no puedo experimentar más que una carcajada cacda vez que alguien se pone a hacer el saludo fascista.



-Para cosas nuevas e insolitas el documental "Man on wire" que cuenta la hazaña de Philip Petit, un funambulista que el 7 de agosto de 1974 colocó un cable entre las Torres Gemelas y se puso a hacer piruetas. No soy muy de circo pero me ha parecido de una escalofriante belleza, una especie de canto a la juventud y al tiempo perdido...aquí el trailer.







Esta tarde nos hemos escuchado del tirón "La terra es plana" un disco de Quimi Portet de hace como cuatro años, simplemente brillante. Era la parte más interesante de El Último de la fila o, por lo menos, eso creo. Aquí os dejo un vídeo del primer single de su primer trabajo en solitario "Hoquei sobre pedres". Él ya hacía música de mucha calidad (en catalán) antes de Antonia Font. La canción se llama "La Rambla".







Lo siento pero tengo un déficit enorme con la música en catalán y ninguno de los grupos más famosos (Sopa de Cabra, Els Pets, Saü...) y no porque cantaran en catalán (con la cantidad de música que consumo en italiano, francés, italiano, inglés o español...) si no porque nada me había parecido excesivamente interesante hasta este solista o al grupo pop mencionado. De hecho el gran Silvio Fernández, ese rockero sevillano tan grande, nos demostró hace años que se puede cantar en cualquier idioma, incluso en una mezcla portuaria de italiano y español y quedar elegante y pintón como en este temazo que se titula "La Ragazza del elevatore"...

Silvio es uno de los descubrimientos viejunos de este año...y no digais que es un "FREAK" porque esa es una palabra que sólo puede decirse entre iguales del mismo modo que "Nigger" solo puede ser utilizada " de noir a noir".

Finalizado el episodio de hipocondria (volví de la reunión con Grom, Edu Galán y Fran Nixon con una especie de cepa de gripe porcina que he arrastrado hasta aquí pero todo bien porque al final no me estaba muriendo)) he asentado mis reales de nuevo en el Mediterráneo a la espera de vientos propicios que no tardarán en comenzar a soplar. Mientras tanto solo puedo hacer una reflexión: prometí no hablar de mi mismo cuando comencé a escribir este blog pero, a estas alturas, todo el mundo sabe que soy de esa clase de personas que se traicionan contínuamente así mismos. Disfrutad.