Me han llegado mensajes de gente preocupada por mi posicionamiento en este asunto ("mira a ver, tío, no vayas a cabrear a alguien...", "Los de La Sexta te están utilizando para la guerra entre cadenas...", "Te van a dar la espalda cuando la cosa se ponga fea...") y me han recomendado insistentemente que me quitara de el medio de la polémica.
Bien saben mis amigos y colegas de profesión que colocarse del lado del sentido común suele ser una mala baza y que, la mayoría de las veces, defender ciertas actitudes profesionales suele condenarte al ostracismo o al despido mientras que los que saben obedecer las órdenes más absurdas o alimentar las formas de trabajo más chifladas, los que saben callar, nadar y guardar la ropa etc. son favorecidos, aplaudidos y, como no, promocionados aunque después el resultado de su trabajo esté entre lo lamentable y lo francamente deleznable. No diré, claro, que soy un santo pero creo que he pagado con creces mis meteduras de pata.
No diré que la reacción de Hernán Casciari ante la polémica surgida desde Antonio Rico y alimentada desde este y muchos otros blogs me haya parecido desmesurada, en realidad, pese a utilizar de manera tan burda palabras como "fascistas" o "fascistoides". Nada en contra, cada gallo cuida de su gallinero como quiere o puede y la opinión es como los culos, todo el mundo tiene uno. Muchas veces nos olvidamos de añadir que hay culos bonitos, feos, culos pestilentes y culos que huelen a bebé, culos que quieres seguir cuando te cruzas con ellos en la calle y culos que no tocarías ni con un palo. Mi opinión sobre el culo de Casciari es que es un culo metido dentro de una faja: muy espectacular al primer vistazo y muy engañoso cuando lo tocas. Un culo pensado para llamar tu atención ("¡Los Blogs han muerto!", "¡Los de noveaslaentrevista.com son unos fascistas!") pero que luego no se sostiene con la primera palmada.
Entre los periodistas y escritores hispanos (Hernán es argentino, por lo que no diré sólamente españoles) hay una cierta tendencia a intentar eliminar a la competencia. Es decir, a no competir, o a plantearse el mundo editorial como un mercado real donde la gente, por huevos, tiene que posicionarse entre pepsi o coca-cola, nesquik-cola-cao, fanta-mirinda, braga-tanga...mi concepción es que cada uno ofrecemos un tipo de trabajo y de sabor diferente perfectamente combinable. Es decir, el lector puede elegir venir aquí y luego perderse en la infamia de Luis Carlos Campos y no pasa nada. Sólo hay que echarle un vistazo al Ipod de las personas para saber que la mezcolanza se ha hecho fuerte y que hay gente que lleva dos canciones de Falete, el Brothers in arms de Dire Strait y un single de Kate Perry para saber que nos enfrentamos a los gustos de una generación (más)tuttifrutti (que nunca).
Casciari es muy dueño de anunciar la (aparente) muerte de los blogs en EBE y seguir manteniendo el suyo en El País solapándose en que dicha defunción se producirá a dos años vista. Evidentemente la ponencia está establecida sobre un presagio emitido por algún magufo porque, en realidad, no aporta ningún dato sobre el que se asienta su vaticinio excepto decir que la revista Wired es un pufo. Del mismo modo, que ha sido muy dueño para decir que todos los implicados en la campaña del "Yes, we can" echábamos una peste a fascistas que mataba a las palomas. Muy bien. No estaría de más que Casciari hubiera explicado que, en realidad, lo que iba a contar a EBE era que se había confundido "medio con mensaje" (es decir, los blogs no son un género en sí, si no una herramienta, que es lo que viene a contar) y que había llegado a tarde a la crítica de la entrevista con Julián Muñoz, o sea, que tenía envidieja de que le hubieran levantado, por milímetros, la posibilidad de encabezar semejante movimiento.
Y digo lo de la envidieja porque Hernán ha sido de los que más vapuleó en su momento a la telebasura (ganándose un hueco en nuestro corazones) y lo de los blogs porque lo de la confusión entre medio/mensaje ya estaba establecida por McLuhan. Llueve sobre mojado (lalalalá-Lalá) que diría Fito Páez.
Visto lo visto, Casciari tiene más posibilidades de ponerse al frente de un equipo de guionistas en Telecinco que yo mismo que me he pasado los últimos quince días enseñándole la chorra a Paolo Vasile.
Pese a todo este sinsabor he de reconocer que la polémica me ha servido para ampliar mis amistades (Gromland, Antonio Rico, la gente de noveaslaentrevista.com el recién llegado Oscar Magris...la más que insustancial @andina y un largo etcétera), tener una polémica felizmente cerrada con el ilustrador/artista/dibujante/etc. Pablo Vallejo y escribir mails, echarme unas risas con todos los comentarios y vaciarme públicamente sobre el tema de la telebasura que era algo que el cuerpo me estaba pidiendo desde hacía tiempo.
Esta noche Julián Muñoz ejerciendo sus libertades ciudadanas cobrará un jugoso cheque de 350.000 eurazos emitido por una televisión privada. Muchas de las personas que verán la entrevista no habrán probado en su vida el caviar iraní, ni habran viajado en primera clase, ni le podrán pagar a sus hijos una educación universitaria privada en un exclusivo centro norteamericano, jamás podrán comprarle a su marido un reloj de oro o ofrecerle a su esposa un collar de brillantes para recompensar los treinta años de matrimonio. En contrapartida muchas personas esta noche, cuando se certifique que la entrevista ha sido un éxito, lo celebrarán estas navidades cobrando un jugoso bonus de su empresa y se irán al Caribe a celebrarlo, no a uno de esos resorts llenos de parejas de novios, no, se irán a una estupenda residencia de Isla Guadalupe o dirigirán sus pasos hacia la Polinesia Francesa. Los telespectadores podrán estar orgullosos de no haber hecho nada y, sin embargo, haber provista a estas personas de poder mantener este estupendo tren de vida. Todos contentos. Cachuli podrá comerse un corderazo de Ávila a la salud de quizás millones de españoles y comprarse su paquetito de tabaco, y su botellita de cava y comerse las uvas con la satisfacción de haber tenido la oportunidad de explicar lo inexplicable ante una circunspecta audiencia. Es más, encontrará el apoyo de muchos, muchos ciudadanos que le palmearán los hombros diciendo: "¡Yo hubiera hecho lo mismo, macho! ¡Ole tus cojones".
Otros, muy poquitos, seguiremos comiendo bocatas de sardinas, pagados por nuestros sufridos bolsillos. Sintiendo que no nos podemos vender porque no hay nadie que nos compre. Pobres y estúpidamente honrados, recordaremos todo esto diciendo que no valió para mucho pero, al menos, nos reímos y bastante. Desde aquí, me despido diciendo: "Es más triste robar que decir lo que uno piensa". Ah, y que a nadie se le olvide, Cachuli pilla pero Telecinco paga.