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miércoles, 19 de noviembre de 2008

El arte y los dineros











Se cometen muchas insensateces en el nombre del arte...muchas, enormes, las cometen los artistas, los productores y también los mecenas.




En la enorme Abajo el telón (Tim Robbins, 1999) se cuenta como sobrevivió el mundo del espectáculo al gran crack del 29, como el gobierno de Roosvelt subvencionó el cine, el teatro, pero también a las cabareteras, los adiestradores de perritos y los ventrílocuos. Quien no pudiera trabajar podía emplearse enseñando a otros parados el noble arte de hacer malabares o algunos trucos de magia. También se cuenta como Rockefeller le encargó a Diego Rivera pintar la fachada del Rockefeller Plaza y como este se rió en su cara haciendo una especie de enorme pintada anticapitalista que el banquero no dudó en destruir. "¡Yo quería contratar a Matisse!" dice John Cusack interpretando a Nelson con desesperado nerviosismo. Rockefeller quería colorines bonitos para decorar su banco sin mucha ideología.



Si Rockefeller tuviera que encargarle a alguien repintar su edificio en la actualidad (si este no fuera ahora parte de un entramado de inversores japoneses y siguiera vivo el tunante), sin duda, haría como la ONU, se quitaría de problemas y contrataría a Miquel Barceló. Por 20 milloncejos de euros el pintor mallorquín podría demostrar que el arte puede ser algo bonito y raro y carecer completamente de sentido. Formalismo contra ideología.



No pillaréis en un renuncio de decir que eso lo hace un niño porque me leí el reportaje del EPS en el que Barceló cuenta como para imitar la naturaleza, las rocas, el inicio de la vida ha necesitado de un compuesto química más raro que el copón, de una pistola de esas que utilizan los yuppies para dispararse bolas de pintura y de una especie de supercompresor industrial tamaño Enterprise. A mi ver como alguien intenta capturar el sentido de la naturaleza utilizando armamento industrial me recuerda a ese Ingeniero Sideral de La Guía del Autoestopista galáctico que se dedicaba a construir galaxias caprichosas y todo tipo de planetas.



Barceló me cae bien porque me gusta lo que hace y porque me da la sensación de que es un tipo con el que te puedes comer un bocata de salchichón en un banco del parque y un litro de cerveza, quitarte las migas de los pantalones y, así, en desabillé que te diga: "¿Te vienes a la exposición que tengo en el MOMA? Es que no quiero ir solo". Y te deja ir con él aunque no vayas arreglao.



En el dichoso reportaje del EPS Barceló, sin embargo, no podía evitar representar, a mi entender, algo de ese esnobismo tremendo de los artistas presentándonos a unos curiosos amigos suyos: un fotógrafo ciego, un chef que lo ha dejado todo para estar cerca de él y aprender a cocinas y unos cuantos miembros de una tribu de Mali ¿Como Hansel en Zoolander (Ben Stiller, 2001)? Sí, aquel modeluqui un poco tontorrón que vivía en un enorme loft con varios enanos lapones, una tatuadora, unos skaters, unos sherpas tibetanos y algún monje budista. Leyéndolo me imaginaba a Barceló llegando con esa tropa al asunto de la ONU y enseñándoles el asunto: "Mirad, aquí voy a hacer unas estalactitas de colorines que se va a cagar la perra, dadme un papel que os voy a hacer un dibujo...espera, no os lo voy a modelar para que el ciego lo vea...así y luego a la diestra y luego un poco así en punta.Mira, toca". Es posible que para los mortales tener un amigo, yo que sé, que ha vivido un año en Lisboa sea la leche del cosmopolitismo y que con eso ya nos hayamos ganado los comentarios del barrio pero Barceló necesita mucho más.



Es decir, si Barceló quiere representar que es Barceló y no un tipo con las uñas manchadas de pintura que se toma una cerveza en un parque, tiene que ir acompañado de una batería de gente exótica (cocineros, señores de Mali, fotógrafos...ciegos...insisto) un aparato casi tan impresionante y colorista como su cúpula de la ONU. La cosa, yo creo, reside en que Miquel (como muchos de sus contemporáneos) es consciente de que sólo alcanza la categoría de arte lo que está expuesto dentro de una casa en cuya fachada está escrita la palabra MUSEO o se encuentra en la vía pública señalado por un cartelito y subido en un pedestal. Barceló fuera del estudio de pintura, de los márgenes de los libros, de las retrospectivas o de los museos es solo Miquel, un chalado de Mallorca y, por eso, incapacitado para caminar sobre un pedestal mecánico (que seguramente tendría que instalarle Philip Starck) o demasiado modesto para llevar una placa con su nombre que lo identifique necesita de esa troupe que bien podría ser un conjunto de esos que hacen "músicas del mundo".


Anoche, en el telediario de Antena 3, se hablaba de "escándalo Barceló". A la cadena le parece abusivo que el presupuesto haya sido aportado por empresas españolas (13 millones) y el gobierno español (7 millones) y mucho menos que 500.000 euros de ese presupuesto hayan salido de nuestros presupuestos de ayuda al desarrollo. Así se lo quisieron transmitir a Barceló cuando le preguntaron:


-¿Estás al tanto de la polémica?

-¿Qué polémica? ¡Gracias! Dijo el pintor mallorquín yéndose a saludar al Rey campechano.


En realidad no hay ninguna polémica. El gobierno se ha gastado ese dinero, en eso y ya. Para. Prou que diría Barceló ¿Cuál es el problema?


El PP se hace el loco y pide responsabilidades. Ayer Soraya, a la que se le ha puesto cara de pocos amigos, reclamaba la cabeza del Ministro de Asuntos Exteriores por lo que calificó de "estafa" ¿Ha estafado Barceló al Gobierno Español? ¿Nos han estafado 500.000 euros? No se entendía muy bien. Es curioso porque Soraya no le ha pedido responsabilidades a la CAM y a la lideresa Esperanza Aguirre por gastarse 16 millones de euros en la última película de Garci y otra jugosa porción de pasta en la de Antonio del Real (demostrando que pancarteros, paniaguados, vampiros de subvenciones, titiriteros etc. son solo unos cuantos y que todavía queda gente decente en nuestro cine) en una expresión artística que ni siquiera podrá visitarse, ni verse, que de hecho ya ha desaparecido.

Pero tampoco me cogerán en el renuncio de decir: Barceló Guay, Garci Caca. Niet. Será que les molesta que los 500.000 euros hayan salido de unos fondos que se negaban a aportar, que el PP se negaba a aumentar, a lo mejor es que el dinero...bueno, pues si yo no lo entiendo me imagino que mucho menos Barceló (perdido con las musas), el señor de Mali y mucho menos el fotógrafo...ciego...vuelvo a repetir.

Pero nadie me va a coger de nuevo en el renuncio de hablar mal del PP porque es muy aburrido y lo que quiero es hablar de otra cosa. No sé. De todas maneras yo lo tengo claro: Barceló debería de ser Ministro de Economía porque, en estos tiempos de crisis, ya me dirán quién es capaz de sacarle 13 millones de euros a las empresas privadas que han aforado más de la mitad de la cúpula de la sala 22 (Sala "Dúo Sacapuntas") de la sede europea de la ONU. Si tengo que pedir un crédito -jajá, lloro y río a la vez, mi expediente bancario es en sí una página de sucesos- lo haré diciendo: "Miren señores, este dinero no es para mí, se lo voy a dar a Miquel Barceló, el pintor de la naturaleza, ese que capta como nadie la unión entre los pueblos, el pedazo de artista internacional...para que me pinte el techo del salón. Prometo que, además, en mi casa nunca faltará una cama y un plato de comida para ningún señor de ninguna tribu de Mali y que las fotos familiares nos las va a hacer un fotógrafo...ciego...en serio que lo hago todo por el arte. O sea, por morirme de frío".

¿Que esos 20 millones podrían haber sido utilizados en otra cosa? Pues es posible, lo mejor es que el PP organice una campaña en el 2.0 titulada "No veas la cúpula" o "El arte ha muerto (si tú quieres)". Que pregunten por Antonio Rico.