Terminé de ver "La Ola" (Dennis Gansel, 2008) y me quedé con la sensación de que los alemanes tienen todavía un lío irresuelto con la cuestión nazi. Da igual que se rodaran "El Submarino" (Wolfgang Petersen, 1981) o "Stalingrado" (Joseph Vilsmaier, 1993) que intentaban explicar la II Guerra Mundial desde el bando perdedor enfocando la cuestión desde un punto de vista meramente militar o que "El Hundimiento" (2004, Oliver Hirschbiegel) se centrara en, más o menos, justificar los últimos días de resistencia alemana en Berlín como una mezcla de desesperación de la cúpula nazi (Stalin había prometido encerrar a Hitler en una jaula del zoo de Moscú para luego exhibirlo hasta su muerte como si fuera un animal), de pánico generalizado entre la población civil (Stalin había dado vía libre a sus tropas para saquear en plan medieval...luego hemos descubierto que los americanos, sin permiso directo, también hicieron de las suyas) y de un cierto sentido de entonar un "se acabó lo que se daba y hemos sido tan malos que nadie nos lo va a perdonar" (las juergazas presuicidas se multiplicaron por el Berlín semiocupado).
Quizás Hirschbiegel olvidó lo que, otros, como Gunter Grass -un hombre con un sentido del remordimiento infinito- han intentado explicar: con los nazis muchos fueron felices y siguieron alegremente la comparsa cerrando los ojos ante el terror y sólo se sintieron culpables en la derrota lo que, resulta, cuanto menos poco gratificante.
Evidentemente la cuestión nazi sigue abierta en un país donde es obligatorio que los infantes visiten uno de esos campos de concentración para comprobar desde muy pequeñines las maldades del pasado y donde cualquier actividad relacionada con el nacionalsocialismo, desde la edición de libros hasta la exhibición pública de símbolos o, incluso, levantar el brazo para saludar a la romana están penados duramente. Los nazis en Alemania desfilan ahora levantando la mano derecha y extendiendo los dedos pulgar, índice y corazón en plan garra de águila, conservan la bandera alemana preconstitucional tricolor -negra, blanca y roja- y editan su periódico en el estado norteamericano de Nebraska o en Madrid y Barcelona (España/Espanya respectivamente...aquí ya saben bajo el epígrafe de NSDAP-AO, o sea, Partido Nazi Alemán en el exilio. Algo de lo que deberíamos de tomar nota en nuestro país donde se permite todo esto y donde negar El Holocausto no es un delito...primero tendría que ser un delito negar las matanzas franquistas, pero bueno, eso es otra asquerosa historia.
Pues el caso es que el asunto debe de dar tanta vergüencilla todavía en Alemania que Hirschguibel rodó la, un poco cutre, "El Experimento" (2001) en el que se reproducía un experimento de psicología social que una facultad americana llevó a cabo en los años 70 y que consistía en reproducir una cárcel a escala con sus celdas, sus normas etc. e introducir en ella a dos grupos de personas que, aleatoriamente, eran elegidos para engrosar a los presos o a los guardianes. Ni que decir tiene que se sucedieron los abusos, los excesos de autoridad etc. hasta tal punto que el asunto fue suspendido a los pocos días. El asunto servía al director alemán para, como no, hilar demasiado fínamente una historia sobre cómo muchos superan su mediocridad poniéndose un uniforme...en España lo resumimos así: "Si quieres conocer a Juanillo dale un carguillo". Pues eso, que Hirschguibel intentaba limpiar un poco el honor patrio extendiendo la culpa a todos los humanos (¿Cómo reaccionaría usted si le dieran el poder absoluto sobre un grupito de personas?) y de paso pues tranquilizar en la medida de lo posible la conciencia colectiva de un país que, según muchos alemanes, lleva demasiado tiempo en el diván.
En "La Ola" nos encontramos algo muy parecido, de hecho casi calcado. Un profesor llamado Ron Jones invitó a sus alumnos a una clase práctica sobre autoritarismo que acabó, claro está, como el ojete moreno (consulte los detalles en el Blog de Pau que le ha dedicado un monográfico al asunto de lo más interesante). No se cuanto de necesaria es una película como La Ola que sirve como lección mínima sobre el autoritarismo y el nazismo para Emos despistados, básicamente, pero mucho más interesante es descubrir que los alemanes todavía no son totalmente capaces de verbalizar todo lo que les arrastró a la chifladura de permitir que un tipo como Adolf Hitler llegara al poder y lo distribuyera de esa manera tan curiosa ¿Están los alemanes mal de lo suyo? Pues la cosa debe de estar malita todavía cuando vas por allí buscando un campo de concentración y descubres que la gente de los pueblos se hace la longui y no te quiere enseñar el lugar (liro-liro-liro-liro...¿Nazis? ¿Qué nazis? Aquí no sabemos nada de esos señores, pequeño extranjero) pese a que, cuando lo descubres, te enteras de que el lugar está perfectamente conservado.
Es más curioso que sea el único país donde David Hasselhoff tiene tratamiento todavía de estrella mundial y haya conseguido ser número 1 de las listas de ventas musicales varias veces o que, por ejemplo, fuera invitado por el Bundestag a cantar en la fiesta de la caída del muro de Berlín. Alemania, claro está, no tiene intención de pedir perdón por ese crimen contra la humanidad o por la invasión silenciosa de Mallorca...
Bromas aparte, si tienen hijos en edad de despistarse y aparecer por casa llevando una esvástica en la camiseta deberían de llevarles a ver "La Ola" varias veces como venganza infinita, de hecho, deberían de llevarles hasta que les creciera el pelo y se les quedara largo y muerto como el que se gasta Aznar. Lo más sorprendente de la película de marras es que, pese a sus evidentes intentos por ser didáctica, lo cierto es que para mucha juventud -y no tan juventud desinformada- va a resultar una película atractiva y de haber sido más famosa seguramente le habrían crecido los imitadores porque cumple erroneamente su misión: hace atractiva la actividad delictiva (¡Como si fuera necesario!).
Aquí intentamos desenganchar a la juventud en los 70 del navajerismo rodando películas sobre El Vaquilla y El Torete ¿Qué ocurrió? "Perros Callejeros" provocó que se convirtieran en una especie de ídolos de la juventud, proliferaron los Seat 1430 trucados, las cintas de Los Chichos a toda hostia (puedo respetar y respeto a Los Chichos) y el Vaquilla´s Style consistente en pantakas de campana, chaqueta de cuero apretada sin camisa en su interior, cadenaka de oro...la infamia, se desató la pesadilla de Christian Dior.
En los USA, ya con el fantasma de las bandas cincuenteras juveniles casi acabadas, se estrenó "The Warriors" (Walter Hill, 1979). Las bandas volvieron a proliferar con más fuerza que nunca.
Pues con "La Ola" pasa igual: la juventud tan desinformada va a ver aspectos positivos en eso de formar parte de un grupo que elimina las diferencias sociales, económica etc. en favor de la obediencia a los símbolos (por muy idiotas y vacíos que estos sean) porque los muchachos que aparecen son jóvenes, salen por ahí a grafitear, forman zapatiestas guays etc. etc. etc....¿Cuáles de los que vayan a ver la peli se van a dar cuenta del trasfondo negativo entre tanto acto de vandalismo? Pues los menos. Creo que la mejor manera de luchar contra estos extremos es resaltar que lo nazi es aburrido y descerebrado y, sobre todo, más feo que picio. Sólo había que ver la cojera de Goebbels o la pinta de mierdoso de Himmler. Es más pondría esa escena de Little Nicky (Steven Brill, 2000) donde se ve a Hitler en el infierno eternamente vestido de porno chacha y recibiendo el castigo eterno de ser obligado a dejarse introducir una enorme piña tropical por el propio culo. Quizás ese rollo, quitarle cualquier rollo positivo o estético, hará que muchos se planteen que las cosas nazis son caca y no se tocan. O, yo que se, leer.