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jueves, 13 de enero de 2011

Humor español: Todo permanece, nada cambia



Ahí arriba está José Luis López Vázquez disfrutando de los encantos de la noche madrileña y gritando como un loco "¡Beatnik!" en la película de Mariano Ozores "Operación cabaretera" (1967). Las películas españolas de los 60 y los 70 están llenas de títulos y de sketches que tienen que ver con hacer humor de lo modernos desde lo convencional.  Ye-yés de los que se criticaba su pelo largo, su música extranjerizante y a los que se acababa de reconducir con un corte de pelo al cero (Paco Martínez Soria en "¿Qué hacemos con los hijos?", 1967) , Alfredo Landa ejerciendo de hippie en "Una vez al año ser hippy no hace daño" (1968) o el simpar duelo musical que enfrentó a Manolo Escobar (y a la racial copla española) con Concha Velasco (y los ritmos modernos)  en "Pero... ¿En qué país vivimos?" (1967) son solo tres ejemplos de lo mucho que al franquismo sesentero le gustaba sacarle punta y hacer un poco de sangre con la incipiente nueva ola.

Las carcajadas a costa de aquello que no entendemos o, directamente, sobre los usos y costumbres del prójimos son una costante en nuestro humor patrio que, repetidamente, se ha servido no solo de los ciudadanos más modernos si no también de los extranjeros (todos esos chistes que acaban con un español poniendo en evidencia a un francés y a un inglés...) que nos han servido como objeto de mofa tanto en chanzas como a la hora de pasarles facturas exorbitadas por una jarra de sangría (lease vinacho barato, gaseosa y fruta pasada). Ahora los alemanes se vengan de nosotros con este tema de la deuda pública, calculen lo caro que nos ha salido el cachondeo...

Sabiendo que este tipo de humor es tan agradecido y tiene tanta raigambre no me ha extrañado ni un pelo que José Mota hiciera una parodia de los Conciertos de Radio 3 (programa de la 2) donde se dedica básicamente a unir su linaje con el de aquellos grandes cómicos españoles repartiendo cinturonazos y golpes de cachava a un grupo "indie" que canta una canción absurda...una canción que los más cetrinos no tardarían en identificar como "GUACHIGUACHI" que es el descojone como adjetivo y que ha identificado a la discografía de todos los grupos de habla inglesa en nuestro país desde la llegada de The Beatles. Es esta.


Posiblemente lo más revelador de todo es que Juanma Ortega, tan unido a los 40 Principales (tan mainstreams, tan poco dados a la modernez, tan de los éxitos de toda la vida) sea el que propine unos cuantos y, seguramente, merecidos golpes a toda ese grupito de sinvergüenzas y enterados a los que, sin duda y como dice Mota haciendo un humorístico comentario, habría que "poner a zancochar". Que es una opinión que, sin duda, comparten muchos de sus espectadores y fans y que por eso les hace gracia porque, últimamente, todo lo que es verdad hace una gracia tremenda.

Si Jose Luis López Vázquez y Paco Martínez Soria aprendieron a la perfección  que al español medio lo que le gusta es reírse de los demás, es normal que ahora Mota recoja el testigo y en su afán popular copie las artes y usos de toda una tradición tan española. Les dejo con un acertado ejemplo de español de toda la vida y con un grito finisecular.


BOLA EXTRA: 
Aquí tienen el texto de la revista Rolling Stone íntegro y una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que se hable de un sketch que fue emitido el día 31 de diciembre casi quince días después? ¿Es que todo el mundo estaba viendo otra cosa? Y a tenor del texto: ¿Quienes son los círculos indies y quien ha demostrado su malestar? 

sábado, 3 de enero de 2009

Los superjuguetes duran todas las navidades


No soy de navidades, desde chiquillo. Ahora menos porque en el pueblo no tengo internet y me tengo que dar al entretenimiento analógico: leer "El Arco Iris de gravedad" de Thomas Pynchon (un Himalaya literario de 1200 páginas de lo más recomendable), ver pelis y "españolear" mucho.


Se que estamos en navidades porque en la tele ponen muchas pelis infantiles y puedo ver por enésima vez esa cosa loquísima llamada "Los fantasmas atacan al jefe". Una requeteversión del cuento de Navidad de Dickens dirigida por Richar Donner (me temo que puesto de muchos estupefacientes de alta calidad) y protagonizada por ese genio incomprendido llamado Bill Murray. Bill Murray es uno de esos actores que siempre quiso ser un tipo serio. Después de el éxito de los Cazafantasmas se negó a rodar una secuela y se largó a París para estudiar francés prometiendo que sólo comprometería su nombre en películas de alta calidad. Rodó una adaptación de "El filo de la navaja" de Somerset Maughan y se arruinó teniendo que volver a la comedia, cosa que, al parecer, le resulta harto dolorosa. Wes Anderson y Sofia Coppola lo recuperaron para una comedia más inteligente (más rarita, más moderna, más estilizada, más guay...) e, incluso, Tim Burton le dio en Ed Wood uno de esos papeles que vienen ni al pelo para un actor que quiere convertirse en el nuevo Buster Keaton a costa de poner cara seria en cada plano mientras que a su alrededor se desencadena la debacle.


Bill suele renunciar a hablar de sus películas comerciales y tampoco suele ser muy dado a comentar muchos aspectos de su paso por Saturday Night Live donde el elenco original (Chase, Aykroyd, Radner, Belushi, Martin, Kaufman...) le dio bastante mala vida. SNL es otro de esos programas que he podido disfrutar estas navidades encontrándome con la paradoja de pensar que, joder, esta nueva generación de cómicos americanos es bastante inferior a la de temporadas anteriores...una pena, pero es lo que ocurre cuando tienes algo idealizado.


En España tenemos un caso parecido con dos actores de comedia que también se aparecen por estas fechas: Josema Yuste y José Mota.


Ambos siempre se han querido reivindicar como actores serios echándole la culpa al vulgo de su permanencia en sus respectivos dúos cómicos (Martes y 13 & Cruz y Raya) que, en realidad, parecen haberles hecho disfrutar muy poco. Por desgracia, el camino hacia el drama -el que ha hecho Resines, por ejemplo- es difícil en un país donde tendemos a querer siempre mucho más de lo mismo lo que explicaría el por qué los buffets libres de nuestros hoteles presentan esas montañas de patatas fritas precongeladas que son la envidia del mundo civilizado y esclerotizado.


Josema se ha vuelto a la pareja cómica junto a Flo y Mota ha iniciado una carrera en solitario con un humor amable y conservador al que no le faltan los números musicales de musicales de Broadway del pelo de Hair, Cabaret etc. que me imagino que dejarán a nuestros abuelitos con el culo completamente torcido.


La pareja cómica es la gran incógnita de nuestro show bussiness: ¿Por qué cazan nuestros cómicos en pareja? ¿Por qué se rompen en la cima esparciendo un tufillo a mal rollo insoportable? ¿Será que soportamos mal el éxito propio pero mucho peor el éxito ajeno? Haced cuentas, insustanciales, y os daréis cuenta de que el mal rollismo más acojonante se encuentra en las historias de nuestros duets cómicos desde tiempos inmemoriales y que abarca a Lusson y Codeso; Santos y Zori, Juanito Navarro y Doña Cocreta; Esteso y Pajares, Manolo Cal y Eloy Arenas y un largo etcétera que te lleva hasta las puertas mismas del infierno.


Los superjuguetes cómicos son para las navidades, etapa donde los aullidos de alegría y las puñaladas se dan la mano amablemente y donde en cada casa se vive una especie de tragicomedia que va del 24 o el 25 (sea Castilla, sea Cataluña) y se repite en su segundo acto del día 31 donde como el cava y la sidra corren con más alegría pues se espera que llegue el perdón de todos los pecados del año.


No había más que ver el resumen que hizo Está pasando de sus momentos estelares (Paqui Peña destruyendo cosas adrede por toda España para mendigar un zapping, gente abofeteando reporteros, personitas humanas corriendo delante de una cámara de TV, gestos largos, malas caras) para saber que hay cosas que no cambian.


Sin duda, la alegría del año me la ha dado José María Carrascal con este artículo publicado el día 29 en el diario ABC donde confundía a Harry el Sucio con Larry el Sucio. En serio, no era una simpática inocentada del periodista español, no, es que simplemente le falta mazo el riego o algo. Ahí está José María sonriente escribiendo su columnita a una pastufla de vellón por palabra incurriendo en uno de esos errores que también te aseguran que las cosas no cambian. Enhorabuena a ABC (que es el periódico que compra uno de mis abuelos y que devoro en estas fechas) por mantener a semejante momia entre sus firmas.


Como nada podía ser malo del todo en medio de la vorágine del cotillón de Nochevieja (en que me vestí, como mandan los cánones, de comisario de la Brigada Social con una corbata estrecha estilo Kennedy del abuelo) acuñé un nuevo término al ir a saludar a una personita: "Gente patata frita". Así me asaltan a mi los grandes pensamientos filosóficos, en medio del bullicio...y con un Johnny Walker aguado en la mano, claro. Me explico:


Te compras una bolsa de patatas fritas de esas de churrería, que vienen en una bolsa de papel que se va haciendo transparente al ritmo que se pringa de aceite. Llegas a tu casa, te las pones en un bol, te pones a ver la tele tranquilamente, sacas una sin mirar te la metes en la boca y...¡Asco! has cogido la típica papa frita a la que se le ha hecho una especie de verruga rellena de aceitazo y, cuando la muerdes la boca se te llena de ese líquido viscosillo y a duras penas llegas al water para escupirla. Coges el bol de patatas fritas y lo tiras por miedo a que una de esas cabronas esté allí agazapada. Pues hay gente que es así. Parecen patatas fritas normales, agradables y, sin embargo, le crecen las verrugas repletas de aceite por dentro y te dan como cosica.


Quizás Carrascal y la "gente patata frita" hayan sido de las mayores revelaciones de todo este tiempo vacacional excesivamente largo donde, como no, también he visto a las viejas amistades que me han alegrado estas dichosas fechas.


Pronto vuelvo a Madrid, a mi conexión de internet 24 horas, a mis cosas, al día a día...menos mal, el exilio me sienta entre fatal y medio bien. ¡Que voy a contaros! ¡Feliz año nuevo, personas!


Nota del Insustancial: El título de la entrada está fusilado del muy recomendable "Los superjuguetes duran todo el verano", cuento de Brian Aldiss que inspiró a Spielberg y a Kubrick la película "Inteligencia artificial".