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miércoles, 23 de marzo de 2011

Lago, Wallace...la supervivencia del escritor.


Conocí a Eduardo Lago en 2006 cuando vino a España a recoger el Premio Nadal que ganó con su primera novela "Llámame Brooklyn". Por aquel entonces el interés que despertaba su obra era mínimo por una sencilla razón: Lago residía en NY desde finales de los 80 que se había dedicado al ensayo y daba clases en la Sarah Lawrence School y era completamente ajeno al mundillo literario español. Como era un currante de la letra, cosa que es complicado que se aprecie, lo cierto es que el departamento de prensa de su editorial lo tenía complicado para conseguirle entrevistas y darle un poco de publicidad por lo que, si no recuerdo mal, en la nota de prensa que te enviaban se comentaba que era "amigo de Paul Auster y profesor de su hija Sophie". 

El reclamo, pese a lo burdo, no dejó de causar su efecto porque cuando me senté delante de él a entrevistarlo me comentó que todo el mundo le había comentado lo de su relación con los Auster con el desasosiego del que sabe que, el que le está lanzando preguntas, no ha tenido tiempo de leerse más que la contraportada de la novela y la dichosa nota de prensa. 

Si con bastante frecuencia nos reímos de la mecánica y las coletillas utilizadas por los periodistas deportivos que, más o menos, hacen todos los días las mismas preguntas y se revuelcan un tanto en la obviedad lo cierto es que el periodismo cultural tampoco está tan alejado de las mismas preguntas tipo como "¿En qué te has inspirado?" ¿Cuánto tiempo le has dedicado?" "¿Qué hay de real y de ficticio?" y, también, de un supremo interés por conocer la opinión del escritor, cineasta, pintor o acuarelista o lo que sea sobre cualquiera de los temas que a uno le apetezcan. A mi, todo eso, me parece un síntoma de que uno va a la entrevista sin haberse documentado demasiado o, peor, que no sabe hacer demasiado bien su trabajo. 

Cuando me senté con Lago no tenía ni idea de quien era pero me había leído "Llámame Brooklyn" en tres días. El hecho de no saber qué tipo de persona tienes enfrente merece pues que centres todas tus preguntas en su trabajo y que, a partir de ahí, vayas viendo como surge la cosa. Estuvimos sentados en el despacho de aquel enorme palacete de La Castellana como dos horas donde hablamos sobre todo de literatura y, más que de eso, del oficio de escribir. A mi me resultó apasionante escuchar a un escritor hablar de estructura y del aparato técnico que sostiene una narración para, poco a poco, hablar de influencias y, finalmente, de como había llegado a la conclusión de que, lo mejor, era contar la historia que se le había ocurrido contar. Es una pena que, por aquel entonces, no me permitieran publicar la entrevista porque resultaba un tanto "árida". Es posible que así fuera y que una entrevista donde se habla de Joyce, O´Henry, Cervantes, la pintura del XVI y XVII y cosas así interese menos que si Auster tomar cerveza o si su hija es buena estudiante pero me parecía que era la entrevista que un escritor debería siempre de conceder por encima de su interés, un interés muy acentuado en los escritores españoles, de hacernos saber lo que opinan sobre el ruido que hacen los bares, la fiesta de los toros o la ordenación urbanística. 

En la actualidad Lago es director del Instituto Cervantes en NY y ya tiene una segunda novela en el mercado, la poco apreciada "el ladrón de mapas", y suele colaborar con El País con lo que, me imagino, que si me tuviera que sentar a charlar con él me sería mucho más fácil hacerle una entrevista de esas menos áridas y más fértiles. 

El caso es que Eduardo Lago publicó el domingo un interesante artículo en El País sobre la publicación de "The Pale King" la novela inacabada del escritor David Foster Wallace. El norteamericano se suicidó en 2008  sumido en una depresión crónica. 

Wallace fue un escritor que consumió sus tiempos de la misma forma desaforada con la que transcurren sus novelas y ensayos. En 1987 publicó "The broom of the system" -con  solo 25 años- convirtiéndose en el segundo niño prodigio de la llamada "Generación X" tras Breat Easton Ellis. Ellis se convirtió en un escritor de masas que alimentó su imagen de estrella intelectual y en una especie de colaborador necesario para darle rollo cultureta a MTV y a algunas publicaciones muy modernas mientras que Foster Wallace se esmeró en labrarse una carrera mucho menos vendedora y discreta que no lo llevó a las grandes cadenas pero que le hizo labrarse una reputación literaria junto a Michael Chabon (que también con 25 publicaría en el 87 la fantástica "Los misterios de Pittsburgh"). 

En el artículo de Lago  resalta el escritor español que, quizás, no hay nada peor para un escritor que publicar una obra maestra demasiado pronto: en 1996 Wallace publicó "La broma infinita". A partir de ahí la obsesión del escritor por alcanzar un nuevo estado de perfección se convirtió en un lastre que lo mantuvo postrado durante varios años pese a que siguió publicando azarosamente y haciéndose hueco en todo tipo de experimentos (desde sus ensayos, sus cuentos, la revista McSweeney´s, artículos...). Foster Wallace, cuenta Lago, parecía inconsolable a la hora de encontrar esa perfección. 

El oficio de escritor, el oficio de escribir, de pronto, se convierte más que en una bendición en un lastre que le incapacitó para la felicidad. "Escribo a regañadientes, sumido en sentimientos ambivalentes sobre lo que hago, hundido en el dolor. Estoy cansado de mí mismo, de mis pensamientos y asociaciones mentales, de la sintaxis, de mis hábitos verbales" le escribiría a Jonathan Franzen poco antes de quitarse de en medio. 

Ya ven, un genio de la literatura sumido en el aburrimiento y en hastío de sí mismo, con la sensación de estar repitiéndose, de no estar haciendo nada bueno...qué curioso que no haya ningún papanatas que no se aburra también de sí mismo. 

"The Pale King" se publicará el mes que viene en Estados Unidos y Reino Unido. Es una novela difícil sobre un tema algo chocante: la vida de un inspector de hacienda que trabaja en una oficina de la ciudad de Peoria. Un trabajo inacabado que le llevó 10 años de su vida y que, al final, verá la luz por pura demanda del mercado. No me cabe duda de que, como dice, Lago la literatura de Wallace se sustenta sobre la doble combinación del trabajo muy bien hecho y de una experiencia basada en la pasión. Una pasión arrasadora que te deja, la mayoría de las veces, vacío. Un trabajo ímprobo de ordenación de empujones emocionales, de recolocación interior y de mucha observación. Una labor ingrata en la que el autor se enfrenta a la exposición de su obra (como parte inevitable del proceso de la misma) pero también a la lucha consigo mismo. Wallace, Lago y otros tantos -estoy pensando en los amigos que de verdad escriben- deben de tener esa sensación rara de que, en realidad, no se merecen estar ahí y que, de entre la multitud, saldrá un dedo acusador que les pondrá en el paredón resaltando todas sus vergüenzas y sus debilidades como escritores...muchas veces, como en el caso de Wallace o en el de Sánchez Ferlosio (en su faceta de novelista), ese dedo acusador es el de ellos mismos. 

Es muy común que se escuche, y más en estos días, que los que se dedican al asunto artístico son unos privilegiados. Es un comentario común que se dibuje así, un poco a la ligera, a los escritores, cineastas, pintores o bailarines de claqué como miembros de una élite que hace lo que quiere porque quiere. No llego a entender cuál es el privilegio en vivir una vida que se basa, únicamente, en estar en paz con uno mismo.






Nota del Insustancial: "Rust never sleeps" es el disco que Neil Young & Crazy Horse publicó en 1979. Se abre y se cierra con las canciones "My My, Hey Hey" y "Hey Hey, My My" o quizás una sola canción interpretada en acústico y en eléctrico y con pequeñas variaciones sobre la letra. El verso "It´s better to burn than fade away" (es mejor arder que apagarse lentamente) formó parte de la nota de suicidio de Kurt Cobain lo que impactó a Neil Young que lo homenajeó en el disco "Sleeps with angels" (1994). En las postreras interpretaciones de la canción Young ha cambiado ese verso por "once you´re gone you can´t come back" (una vez que te has marchado no puedes regresar). El verso "Out of the blue into the dark" tiene varias interpretaciones desde una bélica -acuñada durante la guerra de Vietnam- pero luego juega con el significado doble de la palabra "blue" y se utiliza para hablar de una caída en la depresión, una bajona producida por las drogas o el alcohol o como metáfora poética de la muerte. 

martes, 1 de marzo de 2011

¡Ayúdense a ayudarse! (y de paso ganen unos euritos)


Me sorprendo mucho cuando me entero de que un colaborador de El País le ha colado a dicho diario un texto que no es suyo. Lo dice @elteleoperador en un twitt que, de esto, sabe un huevo y que lee el periódico al que le tengo hecho un absurdo boicot mientras no se me pase el cabreo por lo del amigo Nacho Vigalondo (por cierto, hasta la fecha, ni una maldita rectificación). La historia entera está aquí

Borja Vilaseca es un periodista de 30 años especializado en estas cosas de la autoayuda y el coaching. Eso de la "autoayuda" tiene mucha gracia porque, en realidad, parece que significa "ayudarse a uno mismo" pero no, porque para llevar a cabo todas esas técnicas tienes que comprar unos cuantos libros, asistir a algunas conferencias y aguantar algunas charlas. Ya sabes, mola eso de que te estás ayudando a ti mismo, tu solito pero, en realidad, no haces más que poner en práctica una serie de técnicas que te ayudarán, teóricamente, a mejorar tu relación con los demás y, más allá de eso, a ser más eficiente o, como no, a trepar más rápido y alzarte con el control de la empresa en la que trabajas y en la que tan poco se te valora. 

Desde que cayó en mis manos un libro de Paulo Coelho que alguien me vendió como la biblia moderna y que me recomendaran vehementemente un libro sobre ratones que pateando en un cubo de leche hacen mantequilla y no se ahogan y, en fechas más cercanas, alguien me sugirió que entrara en esa secta de la gente que se ha leído un libro llamado "El Secreto" he tenido siempre la misma sensación: aquello era una especie de mezcla intragable y mal digerida de las ideas más elementales y peor entendidas de la filosofía, la religión y la psicología universal puestas en el tablero de la forma más burda, estúpida y naïf que había leído nunca. Frases ridículas como "Ayudate a ayudarte" o "lo bueno atrae lo bueno" son, simplemente, proyecciones de una vaciedad propia de un mundo que no tiene interés ni en ayudarse ni, claro está, en atraer lo bueno. 

Me consta que muchas personas que objetan falta de tiempo para leer o para pasar más de dos horas de su vida delante de una pantalla donde estén poniendo una película que tenga más de dos giros de guión un tanto inesperados degluten esta especie de nueva ideología salida de la regurgitación de ideas de otros cogidas a vuela pluma aquí y allá como una especie de nuevo y moderno dogma. El que quiere ser moderno ni puede participar del todo en una religión organizada (porque dejaría de serlo automáticamente) y tiene que esconderse en esas frases tipo "hay una energía ahí arriba" o "Creo en Dios pero no en la Iglesia", ni claro está puede no estar con los tiempos y no ir tan rápido como los mismos para sentarse en un parque a degustar a Descartes o a Platón. Ufff, que puto agobio. Esa inequívoca mezcla de religiones y filosofías orientales, masters en dirección de empresas occidentales y ese punto del misterio misterioso de la energía que nos mueve y que mueve al Universo tan intocable, impalpable e incomprobable como la misma idea de Dios o de las ideas concretas es lo que ofrece cada uno de estas publicaciones y estos cursillos tan útiles como, por ejemplo, perder la tarde en asistir a una charla de Nueva Atenea o a una que de una organización económica piramidal. 

La purrela intelectual ofrecida y, en general, la cancamusa espiritual entregada a cambio de sus euros les permitirá ejercer como sabios en eso tan difuso que se llama "inteligencia emocional", "ley de la atracción" y otras tantas y tantas obviedades revestidas de profundidad. 

Es normal que a Borja Vilaseca, periodista especializado en este tipo de publicaciones y teorías, lo contratara un medio como El País (necesitado como está de cubrir todos los paladares, como si de una heladería Baskins y Robbins se tratara) y que, finalmente, fuera este periódico objeto de la naturaleza propia de la especialidad que Vilaseca preconiza ser entendido: un artículo donde, a modo de cocktail mal digerido, este periodista literalmente copia párrafos enteros de un vídeo de youtube con millones de visitas y otras tantas cosas más. ¡Claro! ¿Qué se esperaban? ¿Un pensamiento original? ¿La verdad rediviva en las páginas de su periódico? ¿Una inequívoca señal de luz que marcara un camino unívoco de triunfo profesional y personal? Pues no, como todos los maestros de la autoayuda Borja Vilaseca no ha hecho otra cosa que picar de allí y un poco de allá para hacerse la componenda. 

En este país, que es el despiporre y la guasa de la blasa, nos han crecido en unos años unos cuantos textos plagiados y unos cuantos autores cogidos en el renuncio. Pese a la diferencia entre ellos, el denominador común de los mismos ha sido una enorme caradura: Ana Rosa Quintana achacó a un fallo informático el hecho de que, en su libro "Sabor a hiel", se hubieran colado párrafos enteros de una novela rosa escrita por una autora inglesa superventas; Lucía Etxeberría dijo que el fusilamiento que había inflingido a la obra de Antonio Colinas y, más tarde, al psicólogo Jorge Castelló  era una "intertextualización" y, finalmente, Vilaseca que es mucho más 2.0 ha aducido que, lo único que ha querido copiando a otra persona era "democratizar la sabiduría" y que, opinaba, "que el conocimiento no es de nadie". 

¿Ven? He aquí un muchacho que opina que hay que democratizar la sabiduría...eh...a ver...no, vamos, que bien, que está muy bien que la sabiduría se democratice...o yo me he hecho un lío: ¿Que tiene que ver democratizar con la sabiduría? ¿Entiende Vilseca que "democratizar" es lo mismo que "hacer accesible"? ¿Qué diccionario tiene este hombre? ¿Nos está tratando como idiotas? Posiblemente. Si ustedes tienen tiempo pueden pasarse por el vídeo de youtube que Vilaseca ha plagiado (aquí) ¿Le parecía a Vilaseca poco democrático que el vídeo estuviera en una página de uso masivo que las tuvo que poner en El País para que llegara a más personas? Pero...eh...el caso es que Vilaseca no le contó a nadie de donde había sacado su artículo dando la sensación de que, cáspita, todo lo escrito había salido de su linda cabecita. Pues no. 

Ya que cobró por el artículo convendremos en que es bueno el intento de democratizar la cultura y, claro está, llevarnos un dinero por tan loable labor. Vilaseca cobró por un artículo que había copiado algo que, claramente, estamos en predisposición de hacer cualquiera de nosotros con un poco de tiempo. ¿Se imaginan que un diario de tirada nacional les paga dinero por transcribir vídeos de youtube? 

De intento de despiste fallido diría yo que es esa frase de que el conocimiento es de todo el mundo. ¿Lo es? Sí, claro, pero es que no hablamos de conocimiento si no de una obra intelectual ajena sujeta a una propiedad. Se que es difícil de entender pero es así: la obra intelectual pertenece a quien la crea y no es de uso público a no ser que su autor así lo permita. Incluso, cuando lo permite, hay que ser agradecido y nombrar, al menos, a la persona a la que pertenecen las palabras que usamos. Máxime cuando vamos a cobrar simplemente por transcribirlas. 

He aquí un claro ejemplo de persona que se lucra con la publicación de un material que le es completamente ajeno y que se escuda en el actual debate sobre la propiedad intelectual para utilizarlo de manera torticera escudándose en él para su  beneficio económico. Sin mediadores, sin intermediarios, sin grandes compañías dispuestas a sacarle las tripas a los sufridos consumidores. La idea de A pasa a B y B la publica quedándose con los beneficios íntegros. Reduciendo el debate a la mínima expresión del mismo se haya una verdad como un templo, o dos, de grande: hay gente que se lucra (mucho o poco) con el trabajo de otros haciéndolo, además, pasar por propio lo que es una especie de remate colosal a la cuestión. 

Sin duda achaco a la organización de nuestra prensa el hecho de que no exista un departamento encargado de comprobar las historias que se publican. Estos departamentos sí existen en las publicaciones anglosajonas y sirven, básicamente, a mantener limpia la imagen del medio y, claro está, a proteger a los lectores de perder su tiempo leyendo mentiras, falsedades o textos firmados por alguien que no es su autor. Es verdad que estos mismos departamentos no evitaron el escándalo de "New Republic" (una prestigiosa publicación política norteamericana) cuyo ambicioso reportero Stephen Glass estuvo publicando todo tipo de paridas durante 3 años o que Jayson Blair le colara 36 artículos falsos al New York Times entre 2001 y 2003 pero, al menos, sirven como una especie de salvaguarda moral de la prensa en general.

Muchos periodistas norteamericanos (juntaletras tan poco prestigiosos como Woodward, Cronkite, Jennings o Bernstein) se han quejado públicamente de que el debilitamiento o desaparición de estos departamentos de control de fuentes y prevención de plagios son la peor debilidad que muestras actualmente los medios lanzados a una carrera de búfalos en pos del titular que atraiga a más lectores como único fin por encima que el de ofrecer información veraz. 

Es posible que los contenidos que están por Internet parezcan piezas de casa ideales para colgar encima de nuestra chimenea, que todos podemos alimentarnos de ellos sin temor a que nadie reclame su autoría o su propiedad. Ese cuatrerismo intelectual de robar el ganado ajeno para revenderlo como si fuera nuestro es una fea práctica, una práctica asquerosa y lamentable, es pobre y no hace otra cosa que rellenar los bolsillos de unos cuantos trepas que, oh la lá, se creen más listos que la media y piensan que, nadie en este planeta, va a caer en la cuenta de que lo que escriben es, en realidad, parte de un vídeo con una audiencia millonaria o un trozo de un libro que ha vendido 4 o 5 millones de ejemplares. 

En realidad, el concepto de autor no es tan viejo. Apenas se lleva hablando de la autoría desde el siglo de Oro. Antes era normal que el autor se sintiera nada más que un miembro de una tradición literaria que no tenía empacho en revisitar una y otra vez a los clásicos griegos o romanos (que ya parecían haberlo inventado todo) pero es que, por aquel entonces, todo el mundo estaba ya avisado del truco. Esa, de hecho, sí hubiera sido una buena justificación para Vilaseca, algo que yo podría haber respetado: "Soy parte de una tradición, de una estirpe de mercachifles, soy un hijo de Coelho y nada más". Qué pena que, al parecer, Vilaseca solo sea capaz de entender un poco "El Principito". 

Por cierto, les he hablado de Jayson Blair, un periodista que le coló 36 artículos falsos al "New York Times": ¿Saben a qué se dedicó después de dejar el periodismo? Al Coaching. Ahí lo dejo, por si hubiera alguna duda.   

domingo, 3 de octubre de 2010

Soltando al hurón (felices e ignorantes)


En El País de hoy se habla del caso del matemático ruso Grisha Perelman. Un genio que decidió retirarse después de resolver la Conjetura de Poincaré en 2002 y que, desde entonces, ha renunciado a varios honores y, sobre todo, al millón de dólares que el Instituto Clay le quería regalar por su trabajo. 

Al parecer Perelman vive como un ermitaño urbano y se le puede ver un poco sucio y vestido con ropa vieja en los alrededores de su apartamento del que apenas sale para pertrecharse de lo necesario. El artículo equipara, en cierto modo, la conducta esquiva del ruso con la que mantuvo el ajedrecista Bobby Fischer tras retirarse de la competición mundial en 1975 cuando debería de haber defendido su título de campeón frente al ajedrecista Anatoly Karpov.

En realidad las únicas similitudes entre la historia de Perelman y la de Fischer no llegan más que ahí: ambos abandonaron la práctica pública (no creo que el americano dejara de jugar al ajedrez en la intimidad de su retiro y que Perelman tenga alguna dificultad para seguir investigando en el campo de las matemáticas) jóvenes y en pleno éxito y que, desgraciadamente, han sido fotografiados vistiendo fuera de los dictados de la moda y careciendo de cierta higiene personal.

De hecho Perelman ha optado por callarse desde hace ocho años y Fischer no paró de hacer desafortunados comentarios durante su vida y protagonizó algunos escándalos lamentables.

A ambos, eso sí, se les achaca la posibilidad de ser enfermos del síndrome de Asperger, un tipo de autismo que, al parecer, es el culpable de la genialidad de cientos de personajes famosos de las ciencias y de las artes (desde el actor Dan Aykroid hasta Newton pasando por Bill Gates, Syd Barret o Tim Burton). 

Es decir, el Síndrome de Asperger es una enfermedad (aunque se pone en duda si lo es) que afectaría sólamente a las personas que destacan en algún campo. ¿Es molón tener Asperger? Bueno, al parecer sí, o al menos, es una justificación ideal para leer la vida de los genios. Si te dedicas a resolver complicados enigmas matemáticos y llevas zapatillas de deporte con traje y eres un poco tartaja no es que detestes los zapatos y te dediques a las matemáticas es que, seguramente, tengas Asperger. 

De hecho, he conocido a algún autonombrado genio que me ha confesado tener esta enfermedad o, al menos, algún tipo de autismo leve como signo inequívoco de su elevado estatus intelectual y sus pésimas habilidades sociales. En este caso concluiremos que sí, que tener Asperger es molón pese a ser un poco molesto para la gente que te rodea que, bueno, si saben que eres rarito te entenderán mucho mejor.

En el artículo de El País, por tanto, se ponen de manifiesto algunas de los prejuicios que tenemos hacia la gente inteligente: viste mal, es aburrida, no le gusta la gente, tiene actitudes antisociales y, todo esto, por culpa de tener esa dichosa enfermedad que tiene la gente lista o, peor, de ser demasiado inteligente lo que es, en definitiva, un obstáculo para tener una vida normal.

Al parecer lo que es inconcebible es que Perelman (o Fischer) no disfrutaran de sus logros. Es decir, que su noción de la fama y la popularidad no fueran las aceptadas universalmente. Si Perelman, por ejemplo, después de resolver la Conjetura de Poincaré se hubiera retirado igualmente pero hubiera aceptado todos los honores, hubiera concedido todo tipo de entrevistas y, finalmente, aceptado el cheque extendido a su nombre por el Instituto Clay y reconvertido esos fondos en trajes, bañeras y una casa de diseño seguramente sería señalado como un excéntrico pero no como alguien que, al parecer, está como una regadera. Más que nada porque lo único que ha hecho Perelman ha sido borrarse del asunto público y permitir ser fotografiado con ropa de mala calidad y con el pelo revuelto (dice el artículo que como un vagabundo). En realidad Fishcher, que se hizo arrancar las muelas porque creía que el KGB le había introducido micros entre otras lindezas, sí dio señales de tener el hilo musical de El Corte Inglés sonándole todo el rato dentro de la cabeza. Perelman ni siquiera. 

En Público, hoy también, Umberto Eco denunciaba que un periódico italiano había sacado una noticia sobre él titulada: "China está cerca". El texto, acompañado de una foto en la que se le veía comiendo en un restaurante chino, versaba alrededor de eso, de que estaba comiendo en un restaurante chino. A partir de ahí el texto, firmado por "redacción" que es un sinónimo tristemente extendido últimamente en la prensa, trataba de sembrar dudas alrededor de Eco, nada más. El asunto trataba de advertir del peligro de que un conocido izquierdista estuviera comiendo en un restaurante chino como símbolo inequívoco de que la invasión de la economía del país de Mao estaba, como Hanibal, ad portas.  Amargamente, el semiólogo, se quejaba de la proliferación de este tipo de textos alarmistas que no tienen otro interés que sembrar dudas sobre ciertas personas. Dudas un tanto peligrosas en un país gobernado por Silvio Berlusconi.

No digo que el artículo sobre Perelman persiga crear dudas sobre el matemático pero, lo cierto, es que desde un punto de vista informativo es completamente irrelevante: la única noticia que hay del Planeta en el que habita Perelman es que no hay noticias y publicando un artículo de este tipo no saltamos una de las máximas periodísticas que antes estaban vigentes y que reza inequívocamente como "no news, good news" ("no hay noticias, buenas noticias").

De unos años a esta parte nos hemos acostumbrado a que la prensa sea tremendamente moralista, a que genere opinión o, peor, a que cuando es capaz de lo anterior emita opiniones que comparten sus lectores pero, sobre todo, nos hemos acostumbrado a que los medios de comunicación se conviertan en una especie de controladores de la actividad pública (o de la carencia de la misma) de todo tipo de personajes. 

Es lo que yo llamo "soltar al hurón". Cuando todavía era legal el uso de hurones para la caza tuvimos en casa varios de estos simpáticos bichos, bueno, simpáticos cuando estaban en casa porque, adiestrados para la caza se convertían en un bicho de lo más violento. La forma de cazar era simple: se introducía al animal dentro de una conejera y se colocaba una pequeña red en la salida de la misma. El tranquilo conejo, al descubrir que tenía una visita no deseada, salía corriendo hacia el exterior y se metía en la red. Fácil, limpio y sencillo. Detrás del hurón y del pobre conejo siempre salían dos o tres más por diferentes salidas provocando una singular estampida de bichos.

Escribir artículos de este tipo (y este no es, ni mucho menos, tan doloroso y no utiliza unos métodos tan crueles) sólo tiene como objetivo generar esa estampida. Medios mucho menos serios que El País usan desde hace demasiado tiempo a hurones travestidos en incómodos señores y señoras con micro en ristre que se dedican a introducirse en la madriguera del famoso con el único objetivo de que este salga corriendo frente a las cámaras y así poder adjetivarlo en la huida con preguntas capciosas: ¿De qué huye? ¿Por qué huye? ¿Qué hay de malo en contestar dos preguntas? ¿Qué llevaba en la huida? ¿Qué escondía? ¿No iba demasiado rápido? ¿No iba un poco sucio? ¿No es raro que se comporte así? ¿A donde va? ¿Con quien? ¿No es extraño ese comportamiento? ¿Tiene miedo de algo? ¿Es esa huida un símtoma de que está mal de la cabeza? ¿Si está mal de la cabeza será porque tiene Asperger o porque bebe o toma drogas? ¿Y si bebe y toma drogas y todo a la vez?

Cada una de esas preguntas obtiene, a su vez, una conjetura creada por un observador (colaborador le llaman ahora aunque, en realidad, deberían de llamarlo "colaboracionista") que ocupa tiempo y espacio en medios a precios irrisorios y que, a su vez, sirve para extender otras conjeturas, hacer otras preguntas que, a su vez, son contestadas por otros observadores de la realidad que, esta vez, apoyan sus conjeturas en testimonios de observación etc. etc. etc.

En un mundo tan ruidoso como este el silencio nos llena de terror. Si permaneces en silencio, básicamente, la cagas. La decisión de Perelman de dejar de existir públicamente no es tomada como una solicitud de no ser molestado (por razones que pueden ser tan sencillas como estar agotado o de tener cierto pudor) sino como una invitación a, en términos matemáticos, despejar su incógnita. Si para Perelman descifrar la complicada Conjetura de Poincaré fue un reto que, sin duda, lo apasionó no dejar de ser interesante que, paradójicamente, él mismo haya construído la Conjetura de Perelman que, para los que no saben nada de matemáticas, se ha hecho tan atractiva por contener todos los elementos que se necesitan actualmente para publicar historias: misterio, gotas de malditismo, silencio...

Si ahora, en este mismo momento, estamos acostumbrados a que el famoso se exhiba diariamente tanto porque quiere exhibirse (Belén Esteban echando a su marido de casa, Angelina Jolie en misión pastoral para UNICEF, Javier Bardem en una rueda de prensa promocionando una película) lo cierto es que si el famoso decide no ser famoso esto nos indica que algo no anda bien. Es más, los medios más preparados para la caza, los que cuentan con más hurones, suelen invocar al sacrosanto mandato no ya solo de informar en total libertad (un argumento tremendamente torticero) sino de que si no se coopera convenientemente con este mandato se está atentando contra este derecho inalienable y se está recortando la libertad de presa e información. El argumento es tan claro como falaz: usted tiene que abrirme las puertas de su privacidad para permitirme que yo haga mi trabajo. Es decir, el derecho a la privacidad es siempre menor al derecho de información algo francamente falso si tenemos en cuenta de que, en la mayoría de los casos, las vidas investigadas no son las de personas que ostenten cargos públicos o se dediquen a actividades delictivas. Y, en todo caso, dudo mucho de que un cargo público tenga que abrir las puertas de su casa de par en par para que veamos su vida cotidiana si es que no hay sospechas de que en su water cuelga un cuadro de Miró...y esto, en todo caso, sería una actividad más propia de un juzgado que de un medio de comunicación.

Pero, además de toda esta perorata sobre si en realidad la palabra "ética" no exista formalmente (lo dice uno que ha forzado los límites semánticos de esa palabra muchas veces en el ejercicio de su vida profesional, que uno no es un santo aunque le hubiera gustado aspirar a tal título y ser un Woodward&Bernstein redivivo), lo que flota sobre el texto de Perelman es una sencilla idea: el que es listo no sabe vivir y es, por tanto, no un excéntrico sino un idiota peor que usted y que yo (más como yo, créanme), el que es listo vive al margen de la felicidad infinita que a cualquiera de nosotros asocia no ya a recibir galardones sino a que un Instituto norteamericano decida recompersarnos con un millón de dólares. Lo que extiende un mito: la ignorancia es felicidad y si tienes la cabeza llena de ideas lo normal es que te conviertas en un tipo raro. Un consuelo para los que, intelectualmente, no levantamos dos dedos del suelo y sí sabemos disfrutar de la mandanga. 

Si Perelman hubiera estudiado más en la Universidad de la Vida (que no extiende títulos oficiales) seguramente sabría haber puesto a buen recaudo ese milloncejo y habernos dado la tranquilidad de saber que se lo está gastando en cosas útiles. Si Perelman (o Pynchon o McCarthy o...o los muertos Fischer y Salinger) concedieran más entrevistas a lo mejor sabríamos que sus vidas no tienen interés, que sus hijos son feos, que sus esposas son aburridas, que su vida es un coñazo y podríamos tranquilizarnos con otra idea aún más estupenda: son listos pero no han sabido tener una vida a la altura de sus logros, una esposa con curvas y apetencias de actriz porno, unos hijos singularmente atléticos, una casa espaciosa con Thermomix y TDT...son unos mierdas por mucho que sean grandes profesionales.  

Por encima de otras valoraciones: la ignorancia nos vacuna contra la infelicidad o, por lo menos, contra la necesidad de rebuscar más allá del convencionalismo. Nos ayuda a integrarnos (y no a ser unos apocalípticos como decía Eco) y a pasar mejor el trago.
Le pregunté una vez a un hombre muy sabio sobre su renuencia a aparecer en los medios, a estar más activo públicamente, a volver a publicar cosas más comerciales y me contestó en esos términos: "No doy conferencias porque me aburren soberanamente y no tengo la necesidad de explicarme. Mi discurso está en los límites de lo que escribo. Y, sobre escribir más, te diré que es que siempre he considerado que soy un poco vago".

"Vaya, es un vago", pensé. Y me quedé mucho más tranquilo. En el fondo, era un poco como yo.

Nota del Insustancial: Antonio Galván es un músico que se esconde bajo el nombre de Parade. Sus canciones acercan a la ciencia de un modo sentimental extendiendo, a su manera, el mito romántico del científico algo que, en los tiempos que corren, no es muy habitual. Suena fantásticamente bien. Su disco "La fortaleza de la soledad" (2009) es francamente bueno. Que disfruten.