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viernes, 12 de diciembre de 2008

Karamanlis y la quinta falta personal


Franco sobre Tokyo” hubiera sido una buena película. Básicamente iba de un enorme Francisco Franco con superpoderes y gigantismo que emanaba de su tumba del Valle de los Caídos después de que un grupo de científicos, en el futuro, hubiera hecho un experimento en la abandonada cúpula donde descansa (espero que mal) el Funeralísimo. Franco despertaba de su letargo convertido en un gigante y se dedicaba a destruir Madrid, se comía a la gente y comulgaba con una enorme ostia consagrada que la Conferencia Episcopal había cocido para darle de comer a unos feligreses que venían de peregrinación a la enésima movilización en contra del aborto. Después se limpiaba los dientes con el pirulí y hacia “arrrghhh” y esas cosas. Secuestraba al Rey y le daba el mismo tratamiento que King Kong le daba a la rubia en su peli. Después, los mismos científicos, arrepentidos decidían despertar a Azaña y el final era un combate cuerpo a cuerpo en plan japan monsters. Ganaba Azaña, claro, que se perdía en el horizonte mientras una niña agitaba un pañuelo y decía: “¡Adios, Azaña, Adios!”.

Franco sobre Tokyo” pasó por tres etapas vitales: guión para peli-guión para cómic-relato de ciencia ficción y burruño de papel.
Demasiado cara para ser un cortometraje, demasiado evidente para ser un buen cómic, demasiado ligero para ser un relato (¡Poco político, dales más caña! ¡Es escapista!) y después adopto su forma final: un perfecto y olvidable burruño de papel.
Enric me dice que no hablo de Grecia y lleva metiendo la cuchara durante unos días para que me moje, para que diga algo. Bien sabe Enric que no se va a producir ese efecto mariposa de que el aleteo de este blog mejore la situación caótica del país heleno pero hay que intentarlo dice Enric desde el Mediterráneo, sentado entre las peñas cual Poseidón. Lanzándome improperios mezclados con espuma de mar y espuma de Voll Damm.
Grecia está en llamas. Grecia arde de cuando en cuando en estallidos de violencia que acojonan al más pintado. Le tengo miedo a los griegos porque eran de los que te asaltaban a las puertas de los pabellones deportivos en busca de una entrada para el basket que no habían tenido la decencia de comprar en taquilla. Creo que he corrido delante de tíos del Aris de Salónica, del Iraklis, del Olimpiakos y del Panathinaikos. Te salían de cualquier parte, en tromba, con las navajas en la mano gritando: “Ispaniol Malaka, malaka”. Y pensabas que donde había quedado la mesura aristotélica y rezaba porque uno de esos mamelucos no consiguiera bailarme un sirtaki encima de la cabeza.

La afición griega es ruidosa, muy chunga, grita, tira monedas al campo, putea al contrario, maneja la mesa de tiempos para que siempre le beneficie y se emplea duro con el contrario. Sus jugadores eran o tremendamente técnicos (como Nikos Gallis) o unos mamotretos criminales como Fassoulas o unos macarras de pelo en pecho como Panagiottis Giannakis. Los enfrentamientos con un equipo griego tomaban tintes de broma pesada cuando se disputaban en el Pabellón de la Paz y la Amistad de Atenas.

En la Final Four del 95 los griegos del Panathinaikos y los del Olimpiakos jugaron la primera semifinal. Gano Olimpiakos y los del Panathinaikos apedrearon la sede propia como muestra de repulsa al mal juego de sus jugadores. En la otra semifinal el Real Madrid pateó al Limoges francés. La final fue una nadería aquí pero en Grecia los del Olimpiakos quemaron su sede para dejar claro que estaban un poco disconformes con el juego de su equipo.

Los equipos griegos arrasaban con grandes fichajes por aquel entonces: ¿Cómo era eso? Muy sencillo, grandes hombres de negocios se habían empeñado en que los clubes griegos fueran, simplemente, los mejores del mundo. Tiraron millones y millones en fichar estrellas de la NBA pasadas de kilos o de forma o de ganas, invirtieron en las estrellas propias para no dejarlos marchar y, claro está, se sospechaba que alteraban las competiciones soltando pasta a todos los estamentos hasta, tal punto, que Giannakis se negó a abandonar un partido contra el Barça cuando le pitaron la quinta falta personal y siguió jugando hasta el final del partido. Conclusión: ni una sola sanción ni nacional, ni internacional. Simplemente dijo que no se iba.
Los dirigentes del basket griego convirtieron el asunto en un mafioseo barato dando alas a los más radicales, desgobernando, dando una imagen negativa de su deporte y, en definitiva, de su país. Removieron el fantasma del nacionalismo delante de todos aquellos becerros y cada enfrentamiento con un equipo turco, por ejemplo, se convertía en una pelea a sillazos o en una declaración de ranciedades que terminaba con un “esta vez no dejaremos que pasen del Pireo”. Más botellazos, más golpes. Más mal rollo.

Al parecer es bastante fácil azuzar el nacionalismo en Grecia. Bien lo sabe el actual presidente Kostas Karamanlis que ha ganado unas elecciones a base de sacar a pasear a los fantasmas. Sólo le ha faltado vestirse de Spiridom Luis y correr una maratón para demostrar que a él a griego, no le ganaba nadie. Toma ya. Así, besando niños, diciendo paridas vacías y siendo como campechano se ha alzado con el poder en su país. Como los dirigentes del basket patrio no ha tenido empacho en derrochar en todo lo que se le ha venido en gana hasta sumir al país en un espejismo de bondad primero y en una pesadilla de crisis después de la que va a costar salir. Como al basket griego que no es ni sombra de lo que era y malvive en las competiciones internacionales de postín.


La única salida: seguir liándola consciente de que el monstruo de la identidad nacional bien tiene dos caras como el Dios Kronos y puede ser utilizado para bien o para mal. Muchos gestos, muchas declaraciones, mucha palabrería y poco hacer. A esperar.
Cuando la gente se ha echado a la calle para protestar y montar una huelga general el gobierno griego ha cometido el error garrafal de lanzar a la policía a la calle para dar unos cuantos escarmientos. Es un juego sabido e informativamente rico “los violentos” (normalmente cuatro desgraciados con un coctel molotov y dos piedras) son los “enemigos” que tienen que ser disueltos por todos los medios necesarios por las fuerzas de seguridad (normalmente armarios de dos puertas cargados de porras, gases lacrimógenos, defensas y preparación) que son los “amigos”.
Cuando la cosa se descontrola, bien sea porque hay mucha gente, bien sea porqu el foco de resistencia es grande y la gente está muy harta a alguien se le escapa un tiro. Es un claro ejemplo de que las cosas se han ido de las manos. Un asesinato, esta vez de un chico de 16 años llamado Alexandros Grigoripoulos. Cuando alguien muere en una sociedad democrática porque está en la calle protestando lo normal es que un gobierno entero dimita. Y ya.


La gente más caliente y más cabreada sale a la calle y sube la tensión, entonces Kronos ya es incontrolable y gira sin que lo podamos controlar.
Al más puro estilo del basket heleno Karamanlis ha calentado el horno, ha dado carta blanca a sus esbirros para que persigan al contrario al grito de “malaka, malaka” y, ahora, se posterga en el poder haciendo un mal uso de las reglas del juego de la democracia haciendo eso tan cuco que hacían los equipos griegos de alargar el tiempo de la última posesión del partido hasta que les entraba la canasta que les daba la victoria. Era una cosa que ninguno esperábamos ver fuera de las canchas de basket, una trapacería asquerosa y lamentable indigna de un país como Grecia pero, ahí esta, su comandante en jefe echándonos de nuevo los perros de la historia encima sin tener en cuenta que un disparo, rebotado o a bocajarro, es un disparo, una muerte. Una derrota sin bajar del autobús. Mala imagen para un país que no se merece semejante gobernante...aunque lo haya votado y se incluya en las lista de Sarko, Silvio, Aznar etc.

Le queda todavía a Karamanlis eso de jugarse la última carta y provocar algún tipo de tensión con Turquía por el tema de Chipre, hacer otra declaración de panhelenismo pasado de moda, caprichoso y temerario. Esperemos que no y que mañana mismo cese en sus funciones porque, la verdad, como entrenador es tan malo como yo mojándome en las cosas porque siempre acabo hablando de algo que no tiene nada que ver con el tema que nos ocupa.

Para Enric, con mucho cariño. Te debía un post. Tu a mi dos voll-dam en Benicarló.