Si voy a ver "Ángeles y Demonios" estoy seguro de que me voy a sentir igual que un neonazi leyendo "El niño del pijama a rayas". Más que nada porque el asunto va de una secta centífica, Los Illuminati, que quieren cargarse el Vaticano lo que me va a poner, irremediablemente, del lado de los malos pese a que tengo reparos arquitectónicos y conservacionistas sobre arte y arquitectura (esta mal cargarse el patrimonio cultural) y la ejecución de personas me parezca una forma algo ruda de llamar la atención (esta mal cargarse a la gente).
El asunto de Dan Brown, y sus bien calculados pasos para hacer pasar una obra de ficción por un riguroso estudo, me recuerdan la historia de Maurice Joly. Joly fue un escritor satírico francés que en 1864 publicó "Diálogos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu", una obra provocadora en la que criticaba el gobierno de Napoleón III. La obra que enfrentaba el discurso de un liberal (Montesquieu) y un absolutista (Maquiavelo) fue arduamente perseguida en Francia y su autor encarcelado. Se suicidaría en 1871 francamente asqueado...y con razón.
Algún miembro de la Okhrana, la policía secreta zarista, halló este libro de Joly en Suiza, donde se editaba con regularidad, y pensó en utilizarlo para un fin mucho mejor: la creación de uno de los mayores mitos de la historia moderna que, no es otra, que "los Protocolos de los Sabios de Sión".
Publicados en 1903 "Los Protocolos..." son una "veraz" transcipción de las actas de los "Sabios de Sión", una malvada organización judía que tendría como objetivo aniquilar el orden establecido y, por ende, dominar el mundo...sin que faltaran ni las conexiones con los masones ni, claro está, las infiltraciones de los malvados judíos en el peligroso e incipiente movimiento marxista. Ni que decir tiene que la publicación de semejante "revelador documento" le venía como anillo al dedo a su Majestad el Zar que, curiosamente, tenía que justificar los pogromos (o linchamientos) de judíos que se producían por todo el país y, claro está, de paso eliminar a los masones (que por aquellos años detentaban el poder liberal frente a la monarquía) y comunistas (que ya comenzaban a hacerse populares por la madre Rusia).
Poco importó que en 1921 el periodista Philip Graves publicara en el diario The Times que dichos textos eran un plagio de la obra de Joly porque el texto ya se daba como auténtico en todo el mundo e, incluso, fue incorporado por Adolf Hitler algunos años después como argumento principal para justificar el genocidio alemán. Lo triste es que, actualmente, mucha gente sigue creyendo que el texto es cierto.
Y es que la mercanchiflería es un atrayente negocio que deja grandes dividendos (que se lo digan a más de uno que no se llama Dan Brown y que sigue teniendo la cara de presentarse ante la audiencia con la etiqueta de "riguroso investigador", "periodista de lo paranormal" o "resolvedor de misterios varios) pero en la mayoría de los casos sus infinitas dosis de ignorancia suelen salir bastante caras.