En una de las secuencias de la película Bob Roberts acude con todo su equipo a una especie de Saturday Night Live capitaneado por John Cusack para cantar un par de canciones (Bob es también una especie de cantautor derechista que ha versioneado las canciones de Dylan a su antojo) lo que provoca el mosqueo del equipo de actores y el de una de las productoras ejecutivas que es despedida. 
Podríamos decir que la peli de Tim Robbins es completamente premonitoria: anoche Sarah Palin acudió a Saturday Night Live. Ni que decir tiene que el gesto ha sido interpretado como la última pirueta mortal de la campaña republicana para alcanzar a una audiencia mayoritariamente compuesta por estudiantes, profesionales liberales y, sobre todo, para alcanzar a aquellos lugares donde los republicanos no tocan pelo que no es otro que estados como Nueva York, Massachusset o California (en lo que ha elecciones presidenciales se refiere).
SNL se ha convertido en uno de los bastiones del pensamiento demócrata, sus guionistas se eligen, normalmente, entre licenciados y doctorados de universidades como Yale, Harvard o Berkeley y eso se nota. Lo normal es que uno llegue a ser guionista de dichos programas cuando ya ha pasado de largo la treintena y acumula mucha experiencia en otros programas o publicaciones tipo National Lampoon. La mesa de guionistas de SNL no ha dudado tampoco en recoger talentos mucho más naturales como los de Eddie Murphy, Chris Rock, Steve Martin, John Belushi, Andy Kauffman y un largo etcétera.
El caso es que Tina Fey (¡Dime sí o me iré con Sarah Silverman!), que ha vuelto a SNL para hacer estas parodias porque sigue embarcada en la serie 30th. Rock, se parece bastante a Sarah Palin y se ha pasado los últimos meses haciendo descarnadas parodias de la protovicepresidenta. La más celebrada es confrontar el discurso de Hillary Clinton (interpretada por Amy Poehler) y el de Palin en diálogos chiflados como este:
Hillary: Creo que el Cambio Climático está causado por el hombre.
Sarah: Yo creo que es simplemente Dios que nos abraza con fuerza.
Anoche Lorne Michaels (productor y creador de SNL, el que tiene que hacer ese trabajo de bregar con los invitados incómodos ya que es parte de la decisión de traerlos y el depositario de las quejas si es que las hubiera) compartió el arranque del programa junto a ella y el comienzo de un sketch sangrante en el que Alec Baldwin confundía a la gobernadora de Alaska con la actriz. Ni que decir tiene que Fey, furibunda demócrata, no se permitió pelotear a la Palin y que SNL no tuvo piedad con las meteduras de pata de la campaña republicana pese a su presencia en el plató. Fey no compartió ni una línea con ella e hizo mutis por el foro en el momento en que la Palin dijo eso de: "¡Desde NY, en directo, es sábado por la noche!".
El Hormiguero lo demostró el 16 de octubre invitando a González Pons, diputado del PP, al programa. El desastre fue evidente por la sencilla razón de que esta generación de políticos españoles no sabe nadar contra corriente y prefiere entregarse a entrevistas y francachelas de informadores afines que les allanan el terreno con todo tipo de preguntas que parecen hechas por su propio gabinete de prensa. Que Aznar, siendo presi, se negara a dar entrevistas a El Pais o a la SER ha sido un precedente criminal y poco edificante.
Digamos que Pons, que sabía que estaba en un programa de Cuatro, no se prestó nada más que a los sketches que él mismo trajo preparados pero no mucho más ni siquiera en un absurdo concurso de jeroglíficos y contestaba entre risitas nerviosas o "ZP" o "Rubalcaba" sin que nadie cogiera la dimensión cósmica del chiste. Se hizo un flaco favor apareciendo como un muñeco sardónico, plano, sin punch, sin ninguna gracia...muy en el tono del programa, por cierto. No hacía falta ir hasta el plató de la Calle Alcalá para decir que Rajoy te había mandado un SMS diciendo que le gustaba el programa, la verdad, y menos para poner cara de palo por un clip bastante flojito.
Fuera queda el comentario sobre la ilusión que le hace a Pablo Motos mande un SMS...si yo hubiera sido el asesor de imagen del político le hubiera dictado lo siguiente: "Me encanta el Hormiguero...¡Pásalo!"
¿No hubiera estado mucho más en línea con el programa? La verdad es que todos tienen una intensa reticencia a reírse de ellos mismos y eso es muy malo porque el que sólo tiene sentido del humor para hacer gracias sobre los demás demuestra no tener, en realidad, sentido del humor si no una capacidad más o menos desarrollada de señalar los fallos del contrario, ser un acusica vaya.
Además los colaboradores de Motos tampoco estuvieron mucho por la labor y prefirieron o entrar y salir tímidamente y hacer como que este señor no estaba ahí o como Flipy hacer una reivindicación por la inversión en investigación científica que Pons intentó justificar como un error de ZP para luego decirle: "Me gusta más tu hermana" por el personaje que hace el cómico vestido de chica. Flipy contestó: "Mi hermana es gilipollas". Una salida de tono que, en realidad, venía a decir "voy, hago mi mierda y usted no se meta, por favor".
Entre medias Pablo Motos que en los últimos tiempos demuestra más tino bregando con mancuernas y aparatos para ponerse fuerte que para dirigir su programa procuró salir en auxilio del político (al que me imagino se cruzará por Valencia) de la peor manera posible echando broncas y acelerando los chistes tontos e infantiles que se hacían sobre el PP que, la verdad, tampoco eran como para salir en defensa del invitado. Un cambio en la actitud de Motos que, sin embargo, no tiene empacho en poner en peores situaciones a otros invitados ya sea Matt Dallas (Kyle XY) al que entrevistó sin tener ni idea de inglés ni intérprete o Sylvester Stallone al que sólo faltó que le recordara que había hecho películas porno.
¿Se merece un trato diferente González Pons que un actor norteamericano? Motos pensaba que sí y esa es la actitud que hace que muchos de nuestros políticos piensen que los medios están a su servicio, para hacer la pregunta que toca...la verdad me quedo más con la cintura de los políticos americanos, ni que decir tiene que Sarah Palin rió cada uno de los chistes malintencionados que se hicieron sobre ella durante toda la noche, aplaudió y se fue de allí con un enorme dolor de estómago pero, al menos, nadie se salió intencionadamente de su papel: los cómicos hicieron comedia y nos políticos repartieron sonrisas y se prestaron a lo que sus potenciales electores esperan de ellos: que se pongan a su servicio sea para hacer carreteras o convertirse en parte de un chiste.